¡Muchisimas gracias, Karla Isabel O. H.! por los comentarios, jaja, me animan mucho!

Resumen resumido del cap anterior:

Inesperadamente, Keima ha invitado a Shen y la molesta de Yin a cenar junto con ellos. Al buscar más pescados para cocinar, Miharu se da cuenta de que Yin la está siguiendo; comienza a comportarse de una manera extraña; más amable y madura.

Por un descuido, Miharu baja la guardia y Yin la avienta ¡Al agua!

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Capítulo 4

Un Guardián Confidente

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.—Tal como lo sospechaba…—comentó ella con sorna.—no sabía si habías caído en un charco maldito o no, aunque ya lo he comprobado, pero… ¿Un zorro? La maldita arpía soltó una carcajada mientras yo salía del agua y me sacudía, abatida. ¿¡Cómo pude haber bajado tanto la guardia y haberme creído su jugarreta!?

—La verdad es que ya sospechaba desde que dejaste de pegártele tanto a Keima…—continuó ella, asintiendo con la cabeza y con una mano en la barbilla. ¡En todas las situaciones era una engreída!—…pero no estaba segura de que te pasaba hasta que vi que le rehuías al agua, y… ¡Ah, espera!

Salí corriendo entre los primeros árboles del bosque con toda la velocidad que esas cortas y torpes patas del extraño cuerpo del zorro me permitían. Escuché como la malvada arpía me perseguía, mientras un translúcido velo de lágrimas comenzaba a nublarme la vista. La adrenalina corría por todo mi ser; ¿Cómo…? ¿¡Cómo había permitido que esto sucediera!?

—¡Espera!—exclamó la atolondrada de Yin a unos palmos detrás de mí. Apuré el paso, me escabullí entre unos matorrales y me escondí entre las raíces de un árbol cercano. Segundos después escuché los ligeros pasos de Yin pasar presurosos junto a mí. Quedarme ahí lloriqueando y lamentándome no me serviría de nada; necesitaba encontrar agua caliente lo antes posible y, si a la pequeña arpía se le ocurría contarles a Keima y a Shen, necesitaba buscar una forma de desacreditarla.

No obstante, aunque aparentemente Yin ya no se encontraba cerca, esperé un poco más para asegurarme de que no me descubriera por casualidad. Así que, pasados unos tediosos minutos, me animé a sacar la sensible nariz de zorro del escondrijo y olisqueé el aire: al parecer de verdad se había marchado… Con cautela comencé a salir; poco a poco. Saqué la cabeza y escudriñé alrededor y, efectivamente, no se percibía rastro alguno de la molesta hermana de Shen. Salí completamente al descubierto y traté de ubicarme. Había estado en este lugar antes… volví cautelosamente sobre mis huellas hasta el riachuelo y divisé la cabaña del anciano Taro; seguramente él podría ayudarme a volver a mi forma normal.

Me apresuré a llegar a la casa y, cuando por fin la tenía enfrente, rasqué la puerta y esperé unos segundos. Nada. Ni una respuesta o sonido. Busque alguna ventana abierta, pero todo estaba completamente cerrado. ¡Qué raro! ¿Habría salido? Volví a la entrada principal y, al intentar golpear la puerta, me sorprendí al descubrir una nota atrapada en el resquicio de puerta. No perdí tiempo y, después de bajarla, comencé a leerla.

"Querido posible cliente o visitante: Ahora no me encuentro en casa,

pero puede Dejar una nota con su nombre.

Regresaré mañana alrededor del mediodía.

Lee Taro"

Me derrumbé al terminar la nota; no podía conseguir agua caliente ahí. Me levanté con pesadez y reflexioné. ¿Dónde podría…? ¡En el refugio todavía estaba el caldo de pescado hirviendo! Seguro eso serviría. Si tenía cuidado, podría escabullirme hasta llegar a la olla. No quedaba más remedio; me apresuré lo más que pude a lograr llegar a la cueva, pasando de largo los dos pescados que Yin había atrapado y puesto en la red. ¡Cómo me enfermaba esa tramposa! ¡Me las pagaría, lo juro!

Llegué a las zonas de charcas unos minutos después. Mis músculos tensos y mis sentidos, alertas. ¡No volvería a bajar la guardia, de eso podía asegurarse la arpía! Ya faltaba poco para llegar, solo tenía que cruzar... sin ser vista… Keima y Shen aún estarían entrenando, lo que significaba que podía estar tranquila, ya que estarían lo bastante concentrados como para percatarse de mí. Lo que me preocupaba era la incertidumbre de dónde se encontraría el demonio disfrazado de humana. Opté por caminar con naturalidad, como si cruzar una zona de charcas malditas en la forma de un zorro nervioso fuera lo más normal del mundo.

Miraba para todos lados, como si esperará que de un momento a otro, la demoniaca forma de Yin pudiera aparecer de la nada. Ya sólo faltaba la mitad ¡Vamos! Me obligué a mantener la calma y a continuar avanzando. Llegué milagrosamente sin contratiempos al refugio y suspiré, francamente aliviada. ¡Ahora sólo faltaba tocar el caldo! Entré y, mientras mis ojos se acostumbraban rápidamente a la penumbra, observé alrededor, por si alguien se encontraba ahí. Ramen yacía echado en su mullido trapo, sumido en un profundo sueño. ¡Qué milagro que no intentara echarle mano a la comida! Seguramente seguiría lleno.

Cuando volteé a dónde había dejado la olla, descubrí también una tetera al fuego. ¿Quién la habría puesto? No importaba mucho; ¡Era el destino que quería ayudarme! Comencé a correr hacia la tetera, cuando sentí que algo me elevaba tomándome del abdomen. ¿¡Qué demonios…!?

—¿Qué haces tú aquí?—dijo la… ¡Madre mía, era la voz de Shen! Él nos puso frente a frente, y me miró a los ojos. Mi corazón se desbocó ¡Me había asegurado de que no hubiera nadie! ¿De dónde había salido? Y a todo este asunto ¿Dónde estaría Keima, qué no se encontraba con él? En ese justo momento, Ramen se había dignado a levantarse y estaba a los pies de Shen, maullando con curiosidad.

—¿Un zorro marrón? No es muy común.—susurró el chico aun sosteniéndome en brazos. Yo no intenté forcejear, ni siquiera me atreví a moverme; me limité a permanecer inmóvil y a sostenerle la mirada. Ahora que los podía apreciar mejor, Shen tenía unos ojos azules tan profundos, que podría seguir observándolos sin reparos por un buen rato más… —Lo lamento, amigo, pero no puedes quedarte aquí.—declaró él mientras se dirigía a la entrada del refugio y, aun fuera, seguía más allá.

¡Oh, no! Esta vez sí que forcejeé, y logré soltarme con cierta dificultad. Aterricé con un gemido al pisar mal y lastimarme la pata trasera derecha. ¡Maldito cuerpo de zorro! No quería acostumbrarme a él, pero como me hubiera gustado hacerlo para esa ocasión… Regresé corriendo hasta la cueva justo antes de que Shen lograra capturarme de nuevo.

—¡Bueno! ¿Y a ti qué te pasa?—inquirió el chico, sorprendido ante mi inesperada reacción. No podía gritar ¡soy yo! porque de mi boca no salían más que lastimeros gruñidos. ¡Qué frustración! Shen no me iba a dejar quedarme en el refugio, y no se cansaría hasta haberme ahuyentado. Sólo quedaba una alternativa, pero ¿Podría confiar en él? Supongo que en tal contexto, no tenía muchas opciones a elegir…

Antes de que volviera a atraparme, llegué a mi mochila y logré sacar uno de mis objetos; era un colgante que Keima me había dado, según él "Para concentrarse más en los entrenamientos", y se lo mostré al chico. Ramen llegó sin tardanza a mi lado y comenzó a olfatearme, segundos antes de restregarse a mi costado. ¿Habría reconocido mi olor?

Shen me observó sin comprender mucho al principio pero, al recordar como Ramen había escrito, opté por imitarlo y escribí el carácter de mi nombre. Shen se quedó atónito, y se puso en cuclillas.

—¿De verdad eres tú, Miharu?—preguntó, algo nervioso. Asentí con la cabeza y me acerqué él, con el gato aún pegado a mí. Shen adelantó la mano con ademán de tocarme, y yo incliné la cabeza. El contacto fue rápido pero agradable; tenía la piel cálida y su caricia fue muy suave.

—¿Cómo has caído en una charca? pensé que ya estaban prevenidos…—expresó el chico al tiempo que se levantaba e iba en dirección a la olla; tomó la tetera y volvió junto a mí. ¿Qué ya estábamos prevenidos? ¡A mí nunca nadie me dijo nada de esta maldición hasta después de tenerla! Cerré los ojos y sentí cómo Shen me roció el agua caliente en la cabeza, y volvía a mi forma humana.

Abrí los ojos y levanté la mirada con un denso velo de lágrimas nublándome la vista.

—Gracias, Shen, yo…—comencé a susurrar, sin saber exactamente que decir para agradecerle por todo.

—Esto, Miharu…—me llamó él, con la vista hacia atrás, el ceño ligeramente fruncido y con el rostro completamente ruborizado. ¿Qué le…?—estás sin ropa ¿Sabes?

La sangre invadió mi rostro ¡Si era verdad! Con una amarga protesta de Ramen, tomé la manta y me cubrí con ella.

—Esperaré afuera para que puedas cambiarte…—comentó él irguiéndose y saliendo del refugio. Agradecí intrínsecamente su reacción, mientras me ponía más roja que una fresa ¡Qué vergüenza! Ramen se desubicó ante el cambio y se apartó un poco. Tomé mi mochila y saqué el otro cambio que tenía; esperaba poder recuperar mi ropa más tarde.

Me vestí con una camisa azul que asemejaba la parte superior de un qipao chino y unos pantalones de lana grises. Suspiré y me cepillé un par de veces el cabello; era un completo desastre. Respiré unas cuantas veces más, tratando de sosegarme. Ahora Shen sabía mi secreto... y me había visto desnuda ¿Cómo reaccionaría?

Tomé valor. Fruncí el ceño, decidida a enfrentar la situación, y salí del refugio, seguida de un pequeño y entrometido gato oscuro.

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A final de cuentas Shen termina por descubrir su secreto. ¿Cómo reaccionará el chico y qué sucederá a continuación?

" Él me sonrió, y yo le devolví una sonrisa cómplice. La pesada de Yin se moría de rabia ¡Se le notaba en la cara! Me regocijé por dentro y me acerqué más a Keima, quién engullía el caldo que había preparado con sumo agrado... ¡Un momento; aquél niño era...! "