4.- Sueños que se rompen
- Lapis, ¿no te das cuenta de que vas a sufrir, pequeña? Van a llegar juntos y más unidos que nunca.
- No lo sé. Quizá lo hago porque debo convencerme por mí misma. La guerra terminó, y si no es por él, no tengo nada por qué quedarme en este planeta.
Peridot tomó suavemente el brazo de Lapis. Se acercó a ella y estuvo a punto de besar la delicada piel de su hombro. Pero no se atrevió.
- Aquí estoy yo, Lapis. Yo estaré contigo.
Lapis sonrió, y pasó suavemente la mano por el cabello de Peridot.
- Te lo agradezco mucho, Peri. Pero yo necesito mucho más que amistad. Necesito amor. El amor de la persona a la que yo amo. Solamente eso podría hacerme feliz.
"Y ese alguien a quien amas, no soy yo", pensó Peridot mientras la soltaba.
- Tú sabes que él la ama a ella. Y no creo que vaya a dejar de amarla por el hecho de que no pueda caminar si apoyo, ¿sabes? Antes, podría ser al contrario. Sería algo así como... su heroína mutilada, o algo así.
- Si yo creyera que eso va a ser necesariamente así, seguro que no lo intentaría, Peri – suspiró Lapis, mientras se nublaban sus ojos-. Pero necesito convencerme. Necesito ver si de verdad no tengo ni una ligera esperanza.
- Parece que estas siendo un poco egoísta, pequeña. ¿De verdad deseas interponerte en la felicidad de alguno de ellos? Quizá puedas construir la tuya en otro lugar... con otra persona...
- Pero, ¿con quién? Él es todo lo que me ha... -empezó a decir Lapis, pero se detuvo al ver el rostro de Peridot muy cerca del suyo.
- Piénsalo, pequeña –dijo Peridot, mientras sus mejillas se oscurecían. Hay otras personas que te aman tanto, y desean verte feliz...
Lapis se apartó bruscamente. Sólo en ese momento se dio cuenta con claridad de lo que Peridot pretendía. Siempre había sabido que la gema verde sentía un afecto muy especial por ella. Pero eso...
- Peridot –dijo fríamente-. Lo que tú pretendes es imposible.
- Pero... ¿por qué? ¿No me darás siquiera una oportunidad? –dijo, mientras tomaba las manos de Lapis-. ¿No te la darás a ti misma?
Lapis la empujó, y estuvo a punto de hacerla perder el equilibrio.
- Déjame en paz, Peridot. Yo no te quiero de esa manera. Mi corazón pertenece a otra persona.
Los ojos de Peridot se llenaron de lágrimas. La enorme tristeza que sentía se mezclaba con sentimientos de furia y desesperanza.
- Maldita sea, Lapis. ¿No te das cuenta de a quién le pertenece el corazón de ese... Ese híbrido? Tú y yo viviremos por siempre. El quizá muera de viejo como el resto de los humanos, ¿lo has pensado? ¿Por qué no lo dejas quedarse con su humana? ¡Maldición, ojalá Diamante Amarillo lo hubiera...
Se detuvo inmediatamente, dándose cuenta de lo que había estado a punto de decir. Pero era demasiado tarde. Lapis tenía la boca abierta por el asombro.
Del asombro transitó a la ira y atacó a Peridot con una de sus manos de agua, arrojándola a varios metros de distancia.
- ¡Maldita! –grito Lapis, con el rostro descompuesto por la furia-. Por eso no me dejaste ir a ayudar a Steven, ¿verdad? Querías que él muriera, y así tendrías una excusa para estar junto a mí y consolarme, ¿no es cierto?
- ¡Lapis! ¡Te juro que yo...
- ¡No me mientas! Ahora veo claro que estuvimos haciendo puras estupideces al final de la guerra. Enriquecer uranio... ¡Si ya no había ninguna necesidad de hacer bombas arcoíris!
- Pero...
- Cállate... ¡Cállate, si no quieres que rompa tu gema ahora mismo! –caminó decidida hacia Peridot, al tiempo que empezaba a invocar otra mano de agua- ¡Lárgate de aquí, si no quieres que acabe contigo! ¡Y si se te ocurre acercarte otra vez a mí, o a Steven, te juro que te destruiré!
Llena de pena y dolor, Peridot empezó a retirarse. Lapis estaba agachada y cubría su rostro mientras lloraba. Cuando traspuso el umbral, la miró una vez más a través de la niebla de sus lágrimas. Fue la última vez que sus ojos la contemplaron en vida.
Por fin había llegado el día. Lapis, acompañada de Greg y los padres de Connie, los esperaban a ella y a Steven.
A Connie y Steven les habían ofrecido quedarse en Homeworld. Tras la desaparición de las diamantes, ambos eran considerados unos héroes; pero ellos se sentían habitantes de la Tierra y estaban ansiosos por volver. Todos sus amores estaban allá, exceptuando a Zafiro. Y ella había decidido no regresar.
La expectación de los que esperaban llegó a su límite mientras la nave aterrizaba suavemente junto al antiguo templo. Cada uno de los que esperaban llevaba consigo su propia culpabilidad o esperanza.
Los padres de Connie no la habían visto desde hacía casi cinco años, cuando ella renunció a todas sus responsabilidades para participar con sus escasas fuerzas en la guerra contra Homeworld. Primero trataron de disuadirla, y luego recurrieron a encerrarla. Pero ella encontró fácilmente la manera de escapar de la casa, y esconderse junto a Peridot y Lapis en un centro de operaciones en la Isla Sandía. Doug y Priyanka habían buscado a su hija durante mucho tiempo, y habían tenido años para arrepentirse. Incluso le suplicaron a Greg que les ayudara. Pero él les pudo decir con toda honestidad que Steven se había ido a la guerra desde mucho antes, y no sabía nada del resto de las Gemas de Cristal. Se unió a la búsqueda con ellos, pero no encontraron nada durante años.
Solo unos días antes, Peridot se había puesto en contacto con Greg para decirle que Connie y Steven estaban vivos y volverían a la tierra.
- Llegarán dentro de dos días – les informó Greg.
Priyanka y Doug lloraron de alegría, agradeciendo mil veces a Greg y a los dioses en los que ambos creían. Pero Greg los miró con preocupación, y esperó unos momentos para informarles sobre el estado de salud de su hija.
- Lamento decirles que... parece que Connie no está del todo bien. Peridot me dijo que no puede mover las piernas. Y ni siquiera Steven pudo ayudarla a recuperarse.
Pero ellos se sentían tan agradecidos que no les había importado en aquel momento. Ahora estaban nerviosos. Esperaban ver a Connie macilenta y delgada, encadenada para siempre a una silla de ruedas.
Para su sorpresa, Steven y Connie se veían muy bien. Steven había crecido mucho, y ahora lucía como un hombretón fuerte y robusto. Connie se veía magnífica, toda curvas y belleza. Lo único que evidenciaba su estado de salud era el par de muletas que tenía que usar para caminar y el aspecto de su pierna derecha. Ambos bajaron despacio, caminando uno al lado del otro y extremando precauciones para que Connie n corriera ningún riesgo. Se detuvieron al pie de la rampa, mirando hacia todos lados; deleitados por volver a ver los hermosos paisajes que habían extrañado tanto.
Apenas bajaron de la nave, los padres de Connie corrieron a abrazarla y deshacerse en disculpas. Steven, comprensivo, se hizo a un lado y volvió la mirada hacia donde estaban Lapis y su padre.
La gema azul estaba paralizada. ¡Steven se veía tan bien! Ya le encantaba cuando lucía como un niño. Pero ahora se veía tan apuesto y maduro... Los ojos se le llenaron de lágrimas y salió corriendo hacia sus brazos.
- ¡Steven! –gritó, al tiempo que lo abrazaba.
- ¡Lapis! ¡Qué alegría verte!
Se retuvieron unos instantes entre sus brazos. Luego llegó Greg, y apartó suavemente a Lapis de su hijo.
- A un lado, Lapis. Yo fui su primer amigo – ambos se fundieron en un fuerte abrazo, como si quisieran convencerse de que en verdad estaban juntos de nuevo.
- Hijo, pensé que nunca volvería a verte –dijo Greg, con los ojos arrasados en lágrimas.
- Aquí estoy, papá. No te preocupes... Ganamos la guerra, y no volveré a irme. Ya no te preocupes más.
Se separaron unos instantes. Greg secó sus lágrimas e hizo lo propio con las de su hijo. Su pequeño había crecido tanto...
- Mírate, Stevo. Ya eres un hombre, y te ves mejor que nunca.
- Tú también, papá.
- No es cierto -dijo Greg mientras se reía-. Mira, ya estoy perdiendo el cabello que me quedaba.
Ambos se vieron interrumpidos por un grito de la madre de Connie.
- ¡Hija, tu pierna! ¡Mira nada más!
Los tres voltearon para ver a Connie abrazada a su padre, y Priyanka insistiendo en examinar su pierna.
- ¡Eso era lo que queríamos evitarte, Connie! ¿Y si nunca puedes volver a caminar normalmente?
- Mamá, estaré bien. Sé que te preocupa, pero...
- ¡Nada de peros, jovencita! ¡Te llevaré ahora mismo al hospital y entrarás a terapias de rehabilitación!
- Como sea, yo estoy muy feliz de verte de nuevo, mi vida –dijo Doug mientras besaba la mejilla de su hija.
- Más le hubiera valido quedarse aquí. Al menos estaría completa, y...
No pudo terminar, porque una voz amable, pero ronca y autoritaria la interrumpió. Todos voltearon sorprendidos para ver a Steven.
- Señora Maheswaran. Con todo respeto, está usted hablando de lo que no entiende. ¿Tiene idea de que, gracias a su hija y sus enormes sacrificios, está usted contemplando los cielos azules y la arena de esta playa? ¿Sabe que acabamos de librar una guerra en la que destruimos un imperio y casi acabamos con más de veinte planetas, para que hoy fuera capaz de ver a su hija de nuevo?
Priyanka y su esposo miraban a Steven con la boca abierta. Ese no era el niño afectado y un poco tímido que siempre buscaba congraciarse con ellos.
- Créame señora. Yo hubiera dado mi vida por haberle traído a Connie perfectamente sana. Pero ella es demasiado valiente, ama demasiado a sus amigos, a la Tierra y a ustedes. Fue imposible disuadirla, y en gran parte ganamos gracias a ella. Si no fuera por sus ideas, su valor y todo su apoyo, ustedes, nosotros y la Tierra hubiéramos dejado de existir desde hace mucho. Si arriesgó su vida, es porque esperaba verlos de nuevo. ¡Y en vez de abrazarla y mimarla como se lo merece, usted le está reclamando, señora!
Nadie, excepto Connie, podía creer aquello. Todos se quedaron en silencio. Con una risita, Connie tomó la cara demudada de su madre y al mismo tiempo abrazó a su padre.
- Papá, mamá... Acaban de conocer al General Steven Cuarzo Universe, Salvador de la Tierra y destructor de la perversa Autoridad del Diamante. Pero no teman, sigue siendo el mismo chico amable y encantador de siempre –dijo al tiempo que los besaba-. Steven tiene razón. Pasamos por cosas terribles, y teníamos que pagar un precio. Mi pierna derecha es un precio muy pequeño por el placer de verlos de nuevo, y saber que mi planeta está a salvo del Imperio de las Gemas. A veces alguien tiene que perder las cosas, para que todos los demás puedan conservarlas, mamá.
- P...pero, hija... Mi amor... ¿Por qué tú... -balbuceó Priyanka, tapándose la cara para llorar. Connie y Doug la abrazaron mientras Steven los veía.
- Creo que necesitan pasar un tiempo juntos y a solas. Nosotros podríamos hacer lo mismo, ¿verdad papá, Lapis? Tenemos muchas cosas que contarnos.
Al escuchar esto, Lapis se sintió feliz. ¡Steven quería pasar tiempo con ella! Quizá tenía una esperanza, después de todo.
- Claro que sí, amor –dijo Connie, mientras tomaba brevemente la mano de Steven-. Entonces, ¿les gustaría que fuera a la casa por unos días?
- ¡Por supuesto, mi amor! – Y prométeme que mañana iremos al hospital para ver si es posible hacer algo por tu pierna.
- Sí mamá, como tú quieras.
Connie y Steven intercambiaron una rápida mirada. Ahora que todos estaban felices, parecía ser un buen momento para comentarles sus planes a su familia y sus amigos.
- Mamá...
- Papá... Connie y yo queremos decirles algo.
Todos voltearon a verlos, expectantes. Connie y Steven hablaron al mismo tiempo.
- Hemos decidido que... nos vamos a casar.
