Despertó en su cama, no tenía idea de qué había ocurrido la noche anterior, apenas si podía recordar algo y la jaqueca que traía por la resaca no le permitía pensar mucho en ello. Se incorporó de a poco, pudiendo así notar que se encontraba en ropa interior tapada por las mantas.
"¿Pero qué…?" fue lo que llegó a decir y llevó una mano a su cabeza.
Desconcertada miraba a todas partes en la habitación buscando su ropa. La puerta de la habitación se abrió lentamente y ella alzó la cabeza lo más rápido que pudo, alerta de saber quién podría estar de otro lado. Su corazón se aceleró cuando una imagen de la noche anterior cruzó su cabeza: recordaba estar con dos hombres, aunque en su mente no lograba ubicar dónde se encontraban o qué estaban haciendo. Finalmente Tinkerbell asomó su cabeza. Traía en sus manos una bandeja con café y galletas para el desayuno.
"Por fin despiertas" Le dijo y dejó la bandeja sobre la mesa de noche, luego se sentó a los pies de la cama poniendo su mano sobre el tobillo de Regina. "¿Cómo te sientes?"
"He estado mejor…" respondió ella tomando una taza de café, devolviéndole una forzada y suave sonrisa "¿Qué ocurrió anoche?"
"Bueno, no es mucha ciencia… decidiste ignorar mis consejos y beber hasta la última gota de alcohol que pudieras." Respondió el hada con cierta gracia en lo que decía. "Cuando te aburriste de beber, los hombres que te invitaban con tragos te invitaron a su habitación y…"
"Por favor dime que no…" interrumpió ella con ojos desorbitados al escuchar aquel relato. En su voz podía sentirse la desesperación que sentía.
"No, no ocurrió nada más. Agradece que esté aquí, que te traje antes de que hicieran nada. La ropa se encargaron ellos de quitarla, luego cuando estuvimos aquí no dejaste que te pusiera nada. Estabas bastante alcoholizada y…"
Regina, más tranquila de saber que nada había hecho con esos hombres, ahora bebía de su café cuando se levantó apresurada, dejando a un lado la taza y corrió hasta el baño de la habitación con la mano en la boca. Tink se quedó dónde estaba sentada, cerró los ojos con suavidad y escuchó desde la habitación las arcadas provenientes del baño. Cuando parecía que había terminado el hada agregó:
"Estuviste toda la noche igual hasta que te quedaste dormida. Te ayudé a llegar a la cama y ahí te quedaste hasta ahora."
Después de enjuagarse la boca y lavarse los dientes 2 veces, Regina salió del baño algo temblorosa y se sentó en la cama. Tink le devolvió la taza para que tomara algo y le ofreció una galleta, pero lo que Regina más agradeció fue cuando le ofreció una pastilla para el dolor de cabeza y para calmar su estómago.
"Juro que no lo volveré a hacer nunca más" comentó Regina cuando hubo tragado la pastilla.
"Eso espero…" comentó el hada tratando de no sonar muy dura "Sé por lo que estás pasando y puedo comprender como te sientes, pero no es el modo de afrontarlo. Si me permites decirlo, lo que estás haciendo no es propio de una reina o una alcaldesa y mucho menos de una Reina malvada." Regina puso una mueca debida al viejo apodo que ella misma había aceptado en su momento, por lo que el hada agregó "Sé que has dejado el mal atrás y estoy orgullosa de ti, pero no dejes tu autoestima o tu personalidad junto con ello..."
Regina la miró y torció la comisura derecha de su boca haciendo una mueca. Se limitó a tomar el café. No era buena en las derrotas y si bien esto no había sido ninguna batalla y nadie había resultado ganador ni perdedor, ella tomaba la situación como si así fuera. Precisamente por eso fue el hada la que interrumpió el silencio.
"Tenías razón... Lo que dijiste"
"¿Disculpa?" Dijo Regina alzando la mirada, recordaba muy poco de la pasada noche.
"No ha resultado bien lo que te he aconsejado, no he sido una gran hada después de todo"
"Tink, yo..." Comenzó a decir, se sentía mal por haber dicho eso y quería pedir perdón, pero Tink la interrumpió.
"pero también te equivocas. No vengo porque me siento culpable, sino porque me siento responsable de ti y quiero poder verte feliz."
"Así que... ¿Ahora eres mi hada madrina?" Preguntó a media voz un tanto sarcástica, tenía la maldita costumbre de saltar siempre a la defensiva.
"Tu amiga, Regina, tu amiga. Se que no has tenido muchas, pero aquí estoy para ti. Sólo cuida lo que dices porque nadie dura para siempre de ese modo"
"Lo siento, estaba... estoy..."
"¿Borracha y enojada? Lo entiendo, pero ¿que tal si de ahora en adelante nos consultamos antes de hacer una u otra cosa?"
"Está bien..."
"Bien..." Repitió Tink asintiendo y en su rostro apareció un leve boceto de sonrisa.
Decidieron que lo mejor era seguir con su viaje, Regina no tenía intención de volver a cruzarse con esos dos hombres, se moría de la vergüenza de sólo pensarlo.
Empacaron sus cosas, pagaron la cuenta del hotel, el botones les ayudó a cargar todo en el auto y salieron.
Las cosas iban diferente entre ellas, ahora que se reconocían como amigas, sabían que podían confiar una en la otra y tenían fe de que todo estaría bien. Justo antes de salir a la ruta de nuevo Regina, de una forma sincera y pura, dijo:
"Es bueno tenerte aquí... Es bueno tener una amiga con quien contar"
Tink le sonrío y apoyó su mano sobre el hombro de la reina.
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En Storybrooke Henry seguía molesto por algunos comentarios que escuchaba, pero el colmo fue cuando se cruzó con Robin, Marian y Roland saliendo Granny's. Estaba por pasar desapercibido pero pensó que no podía dejarlo pasar sin hacerle saber lo que había hecho Regina.
"Espero que sepas que fue tu culpa" murmuró cuando pasó al lado de ellos.
"¿Disculpa?" Marian fue la primera en responder.
"No tuya, de él"
"Ella misma causó esto, en su pasado hizo demasiadas atrocidades, no puedo creer que no me lo dijera antes" se excusó Robin frenando en seco.
"Pero eso no te había importado hasta ahora. Me he quedado sin una madre por tu culpa"
"¿Como dices?" Se alarmó el hombre "¿que ha pasado con ella?"
"¿Aún te interesa saber de mi madre?" Exclamó Henry con una mezcla de sorpresa y reproche "ella está bien, o eso creo... Se ha ido del pueblo, dejó sólo una carta para despedirse"
"Pero y... ¿A dónde fue?" Preguntó Robin sin intenciones de demostrar el interés que tenía en ello.
"No lo sé, sólo dijo que luego de lo que pasó sólo sintió ira contra Emma y..."
"¿Y cómo es que no me sorprende?" Exclamó sarcástica Marian interrumpiéndolo.
"Pero se fue porque no quiere volver a ser lo que era" prosiguió el muchacho apretando los dientes marcando cada palabra.
"Que noble de su parte..." insistió ella en tono sarcástico.
"¡No hables de mi madre como si la conocieras!" Vociferó Henry "no sabes todo lo que ha vivido luego de tenerte prisionera, o lo que vivió para llegar a ser de ese modo. No sabes nada de ella. ¡No tienes derecho de opinar!"
"¡No le hables así a mi mami!" Fue lo primero que dijo el pequeño Roland, que no entendía demasiado lo que había ocurrido, y empujó a Henry.
"Tu no te metas, esto es cosa de grandes"
"Precisamente por ello no debes meter las narices donde no te llaman" reprochó Marian.
"¡Si que debo porque ella es mi madre!" Dicho eso, echó una mirada a Robin que evitó el cruce de miradas y hecho una furia salió corriendo de ahí decidido a donde ir.
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Era muy tarde, ya estaban cansadas, llevaban viajando todo el día y la mitad de la noche y llovía torrencialmente. A pocos kilómetros vieron la entrada a una nueva y desconocida ciudad. Sin saber por qué, a las dos se les erizó la piel. Algo tenía ese lugar. Algo que no era bueno, al menos no para ellas. Se miraron nerviosas, no había otro lugar donde parar, solo pudieron seguir en el camino. Cuando cruzaron el límite, entrando al territorio del pueblo, una ráfaga de viento chocó contra ellas. Ambas se miraron, una energía extraña las recorría llenándolas de vida. ¿A dónde era que habían llegado? Regina no se detuvo, siguió con el auto andando hasta que llegaron al centro del pueblo donde estaba ubicada la plaza, recién entonces detuvo el auto. Volvieron a mirarse y sin decir nada pudieron saber lo que pensaba la otra: esa ráfaga de viento había sido magia llegando a ellas, la magia que había en el pueblo.
"¿E-en dónde estamos?" se atrevió a preguntar Tink en un susurro.
En ese momento un relámpago iluminó todo el cielo y en el centro de la plaza pudieron observar un gran cartel que ponía: "Usted está en Salem, una ciudad libre de brujas".
Bueno, ¿qué decirles? La verdad es que tengo toda la historia en mi cabecita y sé lo que quiero hacer que pase, el problema es el escaso tiempo que tengo para escribir con la dedicación que me gusta tener. Intentaré actualizar relativamente seguido y espero que les guste como sigue evolucionando esta historia. Agradezco de corazón cualquier review que quieran dejar. ¡Muchas gracias por leer!
