Contigo en invierno

1917, capítulo IV

Jasper Whitlock se había sentido inquieto durante la mayor parte del día, razón por la cual al caer la noche, había decidido salir a caminar por las frías, oscuras y desiertas calles de Biloxi. Eran estos tres factores combinados los que más disfrutaba Jasper de sus caminatas pero, esta noche, estos no habían sido suficientes. Sentíase aún muy agitado y percibió algo parecido a la turbación anidándose en su pecho.

Sentía y eso no debería haber sido ninguna sorpresa para él, sin embargo sabía con certeza que esta vez era él el que sentía.

Era esta una diferenciación importante y no supo cómo explicarlo.

A medio camino de su casa, aún sin poder comprender mucho de lo que le ocurría, un muchacho pasó corriendo a su lado sin siquiera notarlo.

Jasper lo observó alejarse torpemente y tomar la misma avenida que él tomaría para llegar a su hogar. El muchacho parecía correr con dificultad, visiblemente incómodo, como si vistiera ropas ajenas.

Experimentó la adrenalina y el miedo que cargaba y motivado por el aburrimiento, la necesidad y la certeza de que aquél era un bandido, decidió seguirlo y arruinarle la noche. Iba a arrepentirse y él iba a disfrutarlo.

Con mucha sorpresa y aún así divertido vio pasar a otro hombre, de mayor edad y de pisada fuerte, siguiendo al bandido con el rostro encendido por la ira. Seguramente este había sido víctima del muchacho y había tenido el coraje de enfrentarlo.

No le fue nada difícil seguirlos a ambos, aunque el muchacho se hallaba ahora unos cincuenta metros adelante, Jasper lo vio con exactitud. Cosa que al parecer el anciano no hacía pues su mirada rodeaba todo lo que la oscuridad le permitía observar en cada paso dado.

Aburrido de ir al paso de este se adelantó, sin que el hombre se diera cuenta siquiera de que lo habían estado observando y siguiendo desde hacía un rato ya.

Con fastidio Jasper observó como el muchacho entraba en la que era su casa desde el comienzo del invierno. Fastidio porque su aventura nocturna pronto iba a acabar, sería sumamente fácil atrapar al desgraciado en un lugar que él conocía tan bien.

Mientras el viejo terminaba de llegar a la misma zona vociferando una y otra vez, con la voz seca y molesta, Jasper entró en su hogar sin hacer el más leve sonido.

Esta se encontraba aún vacía, por lo que Jasper decidió entonces abrir una de las ventanas para que el muchacho ingresara y pudiera sentirse ufano a gusto. Por un momento al menos.

Jasper disfrutaba excepcionalmente del cambio en sus rostros al verse descubiertos, del martilleo en sus corazones, de lo dilatado de sus pupilas, todas señales de la agitación y del miedo.

El muchacho no tardó mucho en ingresar a la casa y resguardarse dentro de una de las habitaciones. Permaneció allí todo el tiempo que tardó su corazón en latir con moderación nuevamente, aunque fue un breve respiro para el joven que, en cuanto escuchó la voz del anciano desde el exterior, volvió a correr, esta vez a ciegas por los pasillos y habitaciones de la casa.

Decidió esconderse en un armario y eso limitaba mucho más la diversión del apático dueño de casa.

Jasper sabía que sus pasos no harían ruido por lo que cargó sus pisadas a propósito cuando entró en la habitación. Todo se encontraba en completa oscuridad y el cuarto aparentaba estar vacío. Se sentó, entonces, en una sillita frente al armario, simulando estar cansado y desconocer completamente lo que ocurría frente a él.

El muchacho en su escondite había optado por dejar de respirar cuando escuchó pasos ingresando en el cuarto que había elegido como refugio y Jasper sabía que eso no podría continuar por más de medio minuto. Entonces el desdichado joven permitió a sus pulmones llenarse del aire del que los había privado y no pudo evitar dejar caer un suspiro.

Si tan solo el dueño de aquella casa, aquél que ahora disfrutaba la tensión del muchacho sentado en una silla, hubiera sido otro individuo, cualquier otro, el muchacho hubiera tenido una oportunidad, mas Jasper había escuchado y no dejó pasar esta señal para hacerle conocer al intruso que sabía de su presencia.

En un solo paso Jasper se posicionó frente al armario, con una ligereza y una elegancia envidiable, con un paso etéreo aunque no por esto menos masculino que nadie pudo apreciar, pero que fue lo suficientemente suave y silencioso como para asombrar a su presa, que no se esperaba esta rápida conclusión.

Luego de abrir las puertas del ropero con un rápido movimiento sacó al que allí se encontraba y lo retuvo sosteniéndolo de las muñecas.

El muchacho no se desesperó al verlo, no abrió la boca ni intentó zafarse de la fuerza de sus manos, aún cuando el roce le hacía daño.

-¿Quién eres?-preguntó Jasper.

-Ayúdeme-pidió el joven en un susurro, mirándolo con timidez a los ojos.

Jasper observó al muchacho, tenía un rostro de finas facciones y un cuerpo diminuto. El anciano podría con él aún con todos los años que debía tener.

-¿A qué?-preguntó escéptico.- ¿A salirte con la tuya?

Se observaron un momento, en tensión ambos pero en silencio, hasta que el sonido de nuevos pasos acercándose por el corredor los puso en alerta. Fue entonces que el joven intentó desasirse de su captor, fue solo entonces que su corazón empezó a latir con violencia. En los momentos anteriores, aún sintiéndose vulnerable frente a él había experimentado una intensa comodidad y había sido por este motivo que había optado simplemente por una silenciosa contemplación.

Confuso, Jasper le había soltado y el muchacho tras un delicado brinco había vuelto a esconderse en el armario, ignorando completamente su mirada inquisitiva.

-¡Alice!-gritó alguien golpeando las paredes con los puños.

Jasper abrió la puerta, visiblemente molesto, y se encontró con un caballero de rostro frío que lo interpeló con una adusta expresión.

-¿Y usted qué hace aquí?-preguntó el dueño de casa.

-¿Dónde está Alice?-Fue toda la contestación del anciano, quien entró en la habitación con la intención de registrarla entera si fuese necesario.

-¿Le ha visto?-se volvió el caballero, buscando con la mirada algún artefacto para iluminar la habitación.

-¿A quién? ¿Por qué le busca aquí?

Su interlocutor volvió a rodear la habitación, mirándolo con suspicacia.

-¿No le molestará que eche un vistazo por aquí, no?-arqueó las cejas, esperando efectivamente todo lo contrario.

-No-respondió Jasper-En lo absoluto.

Con sigilo y en un discreto movimiento se puso delante del armario, sacó de su bolsillo un manojo de llaves y antes de que el caballero se diera cuenta lo cerró. Volvió a su lugar junto al anciano que deambulaba por la habitación con torpe movimiento. Se estaba dejando llevar por la ira, lo estaba ahogando y le impedía pensar y actuar con claridad.

Jasper intentó ignorar esta emoción, él solo podía enfadarse todo lo que quisiera. Además, ¿Por qué tendría que tomarse tantas molestias?

-¿Por qué está esto cerrado?-preguntó el anciano al intentar abrir el armario.

-Fácil, porque está lleno de cucarachas, termitas-un chillido proveniente del mismo lo interrumpió.

Jasper se puso entonces frente al guardarropa y dirigiéndole una impresionada mueca al anciano, agregó:

-Y, al parecer, también ratones.

El nuevo intruso intentó creerle y luego de revisar el resto de las habitaciones, se retiró, aún más enfadado que antes y sin siquiera disculparse o despedirse del dueño de casa.