Volvíiii ... siento muchísimo los siglos de tardanza ... no tengo excusa, solo el trabajo! Perdón 😓

Bueno después de las disculpas, solo quiero decir que viendo las escasas, casi completamente inexistentes, retroalimentaciones que recibí en el capitulo anterior, me queda más que claro que esta historia no (o ya no) interesa mucho pero dado que es el regalo de cumpleaños de Ilexi05 y que, no porque a los demás no les interese la historia, ella se merece menos tenerla completa, la seguiré escribiendo hasta el final !

Me vuelvo a disculpar porque otra vez no se cuando podré volver a actualizar!

Gracias a aquellos que leen esta historia y sobre todo a los que se toman el tiempo de dejar una huella de su paso en forma de review, la verdad es que esa es la única "prueba" que tenemos de si las historias gustan o no y pues alegran el día, sino pregúntele a cualquiera que publique en este medio ( o a ustedes mismos si ademas de lectores son autores de fanfictions)

Así que, si todavía sigues esta historia, DISFRUTA este capitulo y no me odies mucho :P


Capítulo IV

Esa semana fue la peor semana de las vidas de Rick, Martha, Alexis, Lanie, Esposito, Ryan y Jim. Kate no contestaba el teléfono de su casa, ni su celular, ni abría la puerta de su departamento, incluso se negaba a contestarles a través de ésta. Tras el segundo día en semejante situación, Lanie había optado por contarles a todos ellos lo que sucedía para que trataran de encontrar juntos la forma de hacerla salir de ahí.

Cuando Castle supo que Kate esperaba un hijo suyo y que, en vez de contárselo, había decidido encerrarse y aislarse de todos, se enojó muchísimo e insultó a Lanie y a su madre por no habérselo dicho antes; pero una vez calmado su arranque, empezó a preocuparse. Él conocía las inseguridades de Kate y, si ella se había alejado de todos y, especialmente de él, eso solo podía significar una cosa: Kate tenía miendo de que él la dejara por ello. Y estaba en lo cierto, ese era el miedo que la atenazaba, lo que él no imaginaba era que ese temor no tenía su raíz en el hecho de estar embarazada, sino en querer dejar de estarlo.

Tras cinco días completos tratando de convencerla de que la amaba y seguiría con ella a pesar de tener un bebé tan pronto, Rick se desesperó y decidió tomar medidas drásticas.

Una vez dentro del departamento y dejando tras de sí los despojos de la puerta de entrada-ahora hecha trizas en el suelo del departamento-, Castle se adentró en la estancia desierta y recorrió las habitaciones para, finalmente, encontrar a Kate en el baño, acurrucada consigo misma junto al retrete. Estaba dormida, helada, con el cabello revuelto, unas grandes ojeras e infinidad de surcos salados en el rostro.

Delicadamente la cargó y se metió a la cama con ella, sentado contra el cabecero y con Kate en el ángulo entre sus piernas con la cabeza apoyada en su pecho. Se mantuvo un rato despierto, observándola, acariciando su rostro con la mirada hasta que el cansancio y la preocupación acumulados lo vencieron, ahora que estaba con ella para protegerla hasta de si misma, al fin pudo relajarse un poco y Morfeo se encargó del resto, llevándolo consigo al mundo de los sueños.

Cinco horas más tarde, un movimiento brusco lo despertaba, era Kate que corría hacia el baño. Rick se precipitó tras ella impidiéndole cerrar la puerta y la acompañó mientras vaciaba el escaso-demasiado escaso para ser sinceros- contenido de su estómago entre sollozos. Luego la abrazó fuertemente contra su pecho y la dejó llorar ahí, sin decir nada, solo mostrándole que estaba ahí con ella como lo habría estado desde el principio si ella se lo hubiera permitido y que no volvería dejarla sola porque el miedo, si tienes alguien con quien "compartirlo", es menos aterrador.

Ella reaccionó un rato más tarde y se alejó un poco de su cuerpo.

-Rick, yo- empezó con la voz débil y ronca por el llanto.

-Rick nada- la cortó él- ahora mismo me vas a acompañar a la cocina y te voy a preparar un desayuno como Dios manda, luego ya tendremos tiempo para conversar pero primero lo primero.

Kate no lo contradijo y lo siguió con lágrimas silenciosas recorriendo su rostro. Se sentía una estúpida. Sentía tantas cosas opuestas al mismo tiempo que ya ni sabía por qué lloraba, y sí que lloraba, ni en toda su vida junta había llorado tanto como esa semana.

Se sentó en la barra de la cocina mientras lo observaba preparar el desayuno en silencio, cada uno perdido en sus propias reflexiones. Permanecieron así mientras comían, lanzándose solo cortas miradas de preocupación cuando el otro no miraba. Ninguno se atrevía a decir nada. Kate trataba de retrasar el momento lo más posible, porque lo necesitaba a su lado apoyándola, abrazándola como lo había hecho unas horas atrás, pero si le decía que quería abortar y que tenía que hacerlo en la brevedad posible antes de que fuera demasiado tarde, él la dejaría, se alejaría de ella, y eso no creía poder soportarlo y menos con el coctel molotov de hormonas que tenía en su interior; Rick por su parte, pensaba en la mejor manera de reconfortarla, de hacerla entender que, aunque ciertamente era muy pronto y bastante inesperado, estaban juntos y así, unidos, podrían superar cualquier cosa. Su relación sentimental era reciente pero se conocían desde hacía ya cinco años, sabrían cómo acoplarse al embarazo y, después, al nuevo miembro de la familia sin que eso deteriorase su relación naciente. Estaba seguro de que podrían hacerlo porque la amaba más de lo que nunca habían imaginado poder amara a una mujer y confiaba en ella ciegamente, pondría su vida en sus manos sin dudar un momento de que ella daría la suya por salvarlo y, aunque conocía su dificultad para expresar en voz alta sus sentimientos, sabía a la perfección que todos esos sentimientos que tenía por ella eran mutuos. Solo tenía que convencerla de que eso que tenían era más fuerte que cualquier cosa y, entonces, todo estaría bien.

Pero ninguno de los dos conseguía expresarse, no encontraban las palabras para hacerle comprender al otro sus sentimientos. Ambos estaba aterrados por esa nueva situación y trataban de afianzarse en su decisión y su convencimiento para poder hablar con el otro sin quebrarse en mitad del "discurso".

-Rick- se animó a decir Kate cuando él se acercaba después de haber lavado los trastes.

-Shhhh- la cortó él secándole las lágrimas con el pulgar al ver cómo estas volvían a escapar de sus ojos con tan solo decir su nombre- todo está bien hermosa, no hablemos ahora. Solo trata de calmarte y descansar, has estado muy estresada estos últimos días- continuó dirigiéndole una mirada profunda y llena de amor y ternura.

Ella solo bajó la vista y asintió, dejándose abrazar por él, que la guiaba hasta el sillón para que se acurrucaran ahí- De todas formas no soy capaz de decírselo, no ahora- pensó.

Las dos siguientes semanas pasaron prácticamente en silencio. Permanecían todo el tiempo juntos y abrazados, solo ellos dos, era lo único que necesitaban para sentir que el mundo, finalmente, no se derrumbaría bajo sus pies ese día. Pero solo hablaban para preguntarse si tenían frío, querían más té o cosas de ese tipo.

En dos ocasiones Rick había tratado de abordar el tema y, en ambas, había callado antes de terminar de decir la primera frase ya que Kate se tapaba la cara para ocultar sus lágrimas e, inmediatamente, se veía recorrida por los espasmos del llanto.

Lanie había estado llamando a Castle todos los días para preguntarle por su amiga pero, ante la falta de noticias nuevas, esa misma tarde se presentó en el departamento y le pidió a Rick que las dejara solas. Kate se quejó al principio, el pánico que sentía era mucho menor cuando él la rodeaba con sus fuertes brazos apretándola contra su pecho, pero Lanie no dio su brazo a torcer.

-Kate- dijo la legista en cuanto cerró la puerta tras acompañar al escritor afuera y asegurarle que le avisaría con cualquier cosa que pasara-, conmigo no te van a servir ni el silencio ni las lágrimas. Esto es un asunto serio, no es el momento para comportarse como una niña asustada y si Castle ha aceptado esta situación por miedo a que vuelvas a aislarte del mundo, yo estoy dispuesta a correr el riesgo. Tienes que ir al doctor, tienen que hacerte estudios, tienes que empezar a tomar las vitaminas que necesites, tenemos que hacer una ecografía para asegurarnos de que todo está bien con tu bebé…¡Así que, en este mismo instante, te levantas de ese sofá y vas a darte una ducha que en una hora tenemos cita con tu ginecólogo!

Kate no se movió ni un milímetro, lo que acabó con la paciencia de Lanie, que a duras penas había conseguido conservarla durante esas semanas, y que la tomó de los hombros haciéndola levantarse y mirarla a la cara. -¡Katherine Beckett, esto no es un juego! ¡Y si no quieres que nada malo le pase a ese bebé, más vale que …

-¡No lo quiero!- gritó Kate interrumpiendo a la legista y se tapó la cara con las manos- No quiero, no puedo tener un bebé ahora, no estoy preparada, no es el momento … yo … no soy capaz de hacer esto … -siguió diciendo entre sollozos como en un delirio, más para sacar lo que llevaba semanas carcomiéndola por dentro que para hacer participe a su amiga.