Hola! Perdón por la tardanza pero la época de finales y parciales me está azotando la existencia. De a poco iré avanzando con ambos proyectos que estoy redactando y por el momento iré bastante lento debido a las fechas ya mencionadas.

Espero igual disfruten del capítulo. Y muchas gracias por los comentarios hermosos que dejan! Los aprecio y quiero mucho! Besos.

Hakufumomo~

Los personajes de The Mortal Instruments pertenecen a Cassandra Clare

-Pareja: Magnus x Alec

Memorias de un pasado olvidado

Capítulo 4: En busca de respuestas .

El agua caía sobre su cuerpo, refrescando esas viejas cicatrices que ya no dolían y que tampoco lograba recordar cómo habían llegado ahí. Se vió diferente desde el primer momento en que vio al joven en la foto que Maryse le había presentado. Ese era el antigua Alec, viviendo bajo la sombra del "Gran Jace", el que no podía derrotar ni al más débil de los Demonios, el Alec débil. Aquel que ya no existía más. ¿O quizás todavía queda rastros de èl?

El agua caía sobre su cuerpo desnudo mientras frotaba su cabeza una y otra vez, recordando la secuencia de hace días. Aquella voz que le había calado por completo los huesos, y por último lo más estremecedor de todo, la reacción de su cuerpo el ser sostenido por Magnus.

La calidez, la seguridad que sentía por dentro. De la tensión y el dolor había pasado al alivio. Y sus manos, sus manos suaves habían logrado relajarlo. ¿Por qué?

La pregunta le recorría la cabeza desde hace tiempo. ¿Quién era Magnus Bane? ¿Porqué se sentía tan raro al tenerlo cerca?. Recordar su nombre cada vez más le produjo la ira en su interior. Había fallado y perdido por completo el tiempo en pensar que èl iba a lograr recuperar sus recuerdos.

-¿En que estaba pensando?- Negó con la cabeza en desaprobación total de su confianza hacia èl. Cuando salió de la ducha, se vistió rápidamente con la usual ropa que llevaría el Alec de meses atrás. Al menos eso había distinguido por fotos que no había cambiado mucho.

Se dirigió a la cocina a tomar su café matutino, otra costumbre que notó era de "familia" cuando llegó se encontró con Jace que desayunaba con medialunas y café. –Buenos días bella durmiente.- le dijo Jace pero Alec no respondió y solo se musitó a ofrecer una mueca. Se preguntó varias veces si Jace había sido así toda su vida y como hacía su antigua personalidad para aguantarlo tanto.

Alec se sentó en una esquina de la gran mesa, apartado de su hermano. Jace tomaba café y comía medialunas mientras jugaba con un videojuego. El joven lo observaba, mientras èste desayunaba. Jace había logrado llamar su atención un par de veces. ¿Cómo era posible que alguien con esas actitudes infantiles lograra ser mejor que èl en combate? Obviamente eso se había revertido bastante, en estos meses Alec se había esforzado tanto en su entrenamiento que ambos se encontraban iguales en batalla. Culpó a su antiguo yo por ser tan perdedor en el pasado.

Algo de lo que también se había percatado era de que de todos ellos, su familia, Jace era quien parecía no rendirse del todo todavía. O al menos su actitud fue la misma desde el primer día que lo vió al despertar de una de las habitaciones del instituto. Quizás el podría darle algunas respuestas.

-Jace.- El chico lo miró sorprendido, sus ojos dorados brillaban como el sol, en todo este tiempo muy pocas veces Alec lo había llamado y mucho menos por su nombre. –¿Quien es Magnus Bane?-

De repente Alec notó que ese brillo había desaparecido por completo, había hecho la pregunta equivocada. –Un subterráneo, un Brujo, un ser que brilla mucho y usa demasiado gel en su cabello.- respondió Jace, esperaba que su hermano no supiera que estaba intentado esquivar por completo este tema, odiaba a Magnus pero èl no era la persona indicada para darle respuestas concretas de su antigua relación con èl.

-¿Por qué Isabelle confía tanto en èl?- Jace estaba mudo, de repente se sintió totalmente lleno como para quedarse más tiempo en la cocina. Pero Alec quería preguntar tantas cosas y a la vez nada, quería sacar todas sus dudas de adentro pero tenía miedo de encontrar las respuestas. En su mente relucían todas sus interrogantes: "¿Por qué Isabelle rompe las reglas y lo trae aquí? ¿Cuál era la razón principal para venir a esta ciudad y porque siento que está relacionado conmigo? ¿Por qué me sentí así cuando me encontraba sobre sus brazos? ¿Porqué esquivas el tema Jace, porqué no respondes mis preguntas, porque?"

-Alec lo lamento, puedo responderte en qué fecha naciste, cuál era el juego favorito de Max o cual es la comida de Isabelle que puedes comer sin morir pero no esto. No puedo.- Jace se levantó de la silla para hacer algo que jamás había hecho en su vida. Huir. Pero unos brazos fuertes se lo impidieron, con una increíble velocidad Alec se había acercado hacía èl y lo había tomado por los hombros hasta estrecharlo contra la pared.

-Escúchame! En todo este tiempo nunca te he pedido nada! Pero solo por esta vez te pido que me respondas. ¿Quién es Magnus Bane?- La ira obscurecía sus ojos, estaba furioso, sintió que no era justo que la única vez que pidiera respuestas éstas sean esquivadas.

-Creo que por dentro lo sabes hermano, solo que no quieres verlo.- Jace le respondió con calma y sus palabras dejaron helado a Alec. Sus brazos se soltaron de los hombros de Jace dejándose caer hacia los costados. Y solo el ruido de Iglesia entrando por una de las ventanas logró sacarlo de su desgracia.

Se dirigió hacia otra sala sin otorgarle una mirada a Jace, no estaba enojado con èl. Pero si consigo mismo. Sentía algo dentro suyo que lo bloqueaba y lo confundía. En todo este tiempo nunca se había sentido así. A pesar de su condición su mente se mantenía estable pero la llegada de Magnus había logrado descolocarlo por completo.

En una habitación obscura llena de armas decidió distraerse mientas entrenaba. Luego de unos cuantos abdominales, flexiones y demás optó por tomarse nuevamente una ducha pero su plan fue frustrado por un aroma muy familiar, podría estar a diez cuadras de distancia y aún así lo reconocería, estar tan familiarizado con èl le provocaba una rabia interna que se incrementó aún más al recordar las palabras de aquel que decía ser su Parabatai "Creo que por dentro lo sabes hermano, solo que no quieres verlo". Èl se encontraba en el instituto.

Magnus había dudado de volver nuevamente al instituto, los últimos días se los había pasado retomando un viejo vicio, el alcohol. Pero luego de ver el demacrado estado en el que èste lo había dejado y las continuas insistencias de Isabelle optó por regresar. –No sé qué hago todavía aquí, quizás debería volver a China, yo..- Una almohada golpeó su cara, Isabelle se la había lanzado en rechazo de sus palabras.

-Ni de broma Magnus, no te rindas por favor.- Lo había considerado en sus estados de mínima sobriedad, irse de NY, volver a China u otro lugar pero totalmente lejos de Alec, ya no quería fallarle más.

-No les sirvo de nada, èste ha sido mi hechizo más fuerte de todos. Y ni así lo he logrado.- Recordó la sensación de tener a Alec cerca, sujetándolo con sus brazos, indefenso y la dulce voz que salía de sus labios al pronunciar su nombre, Quería guardar ese recuerdo pues temía que fuese el último de todos.

-Por Alec, te lo suplico! En estos meses nunca mostró debilidad frente a ninguno de nosotros Magnus, ni siquiera cuando despertó. Pero tú lo has logrado.-

-Lo he logrado porqué sufrió una casi una agonía cerebral.- Quiso reprimir el recuerdo de Alec sufriendo en el suelo y clamando ayuda.

-Una vez llegó a casa con el brazo roto después de una pelea sin ninguna expresión en su rostro, y no dejó que nadie lo ayudara. No lo entiendes Magnus en una semana, has hecho lo que hemos deseado en meses. Eso tiene que significar algo para èl.-

Magnus tomó otra almohada de la cama de Isabelle y la apretó con fuerza, había alrededor de 10 almohadas sobre su cama, como pensó su habitación era tan extravagante como ella. –Incluso si buscara otro hechizo dudo que Alexander quiera ser un conejo de laboratorio, no podemos estar experimentando una y otra vez con su cuerpo- Temía que en algún momento todo se le fue de control y le ocasionase algún daño físico, ya le había causado mucho dolor emocional en el pasado como para que también se agregue ese sufrimiento a la lista.

-Sé que jamás le harías un daño irreparable-

-Si se lo he hecho Isabelle, quizás no había heridas ni sangre pero si lo he lastimado de una forma que no creo que pueda volver atrás.-

Magnus enmudeció y sus ojos se clavaron en la almohada y reposaron en un lugar de su mente lleno de recuerdos. Isabelle lo miró con tristeza, había odiado mucho a Magnus después de que dejara a Alec, había visto a su hermano llorar tantas veces por èl y luego como si nada olvidar por completo el mundo que lo rodeaba.

La joven se acercó a Magnus y colocó sus manos sobre las de èl, que aún se aferraban a la almohada.-Quizás esto puede reparar el pasado entre ustedes- Magnus dejó ver una pequeña sonrisa pero por sus adentros pensó que incluso si lograba regalarle el mundo a su amado, ser perdonado iba a ser imposible.

La puerta golpeó tan fuerte contra la pared, que a penas Isabelle pudo reaccionar con rapidez. Alec acercó su visión para notar rápidamente las manos de ella sujetando las de Magnus, un ardor interno corrió por su cuerpo. "Traidores" le vino a su mente, pero nada de lo que sentía tenía sentido alguno y èl mismo se percató de la ira irracional que sentía al ver esa escena.

-¿Qué hace èl aquí?- dijo furioso, mientras se acercaba a grandes pasos hacia ellos.

Isabelle soltó las manos de Magnus y se incorporó rápidamente.-Yo lo invité.-. Los dientes de Alec rechinaban en su boca, el gusto amargo que recorría por su paladar no era porque el Brujo había vuelto ni porque ella lo había invitado, sino porque èl había vuelto pero para verla a ella e Isabelle lo había permitido.

"Èl vino por ella, eso es interesante ¿No lo crees?"

Ahí estaba de nuevo, la voz de esa mujer que martillaba su cabeza sin que èl pudiera hacer algo al respecto.

-¿Así honras a tu familia; Acostándote con cada miserable subterráneo que ves? .Me das asco- Las palabras fueron tan dolorosas como el filo de un cuchillo sobre la espalda de la joven que apretó muy fuerte su puño dispuesta a golpear a su hermano. Pero alguien se le adelantó y cuando quiso reaccionar Alec ya se encontraba tendido en el suelo y con una enorme marca roja en su mejilla izquierda. Magnus lo había golpeado.

-Entiendo que hayas perdido la memoria pero no hay razón para que te comportes como un Idiota, Alexander.-El brujo se volteó para ver a la sorprendida chica, tenía una mirada decidida en su rostro, Isabelle supo al instante que Magnus iba a hacer algo al respecto. –Yo me encargo ahora Isabelle.- De repente se agachó, tomó a Alec de su chaqueta. –Pero que..- y en un parpadeo ambos desaparecieron de la habitación.

Le costó un poco incorporarse y analizar en lugar donde se encontraba. Paredes bordó, retoques de dorado, enormes sillones, dos mesas, floreros, cuadros. Definitivamente no se encontraba en el instituto pero èl ya había estado en ese lugar, lo presentía dentro de él.

-Éste es mi hogar.- Alec se dio vuelta para ver a Magnus parado cerca suyo. – No lo recuerdas seguramente.-

-Por supuesto que no lo recuerdo, ¿Por qué iba a recordarlo?.Nunca he estado aquí.-

"Mentiroso"

Escuchar nuevamente esa voz hacía incrementar el dolor que sentía en su mejilla golpeada. –Cállate.- le dijo. Iba a volverse loco en cualquier momento.

-¿Qué?-

-Nada. Solo sácame de aquí, ¿Por qué me trajiste a este lugar?- Sentía una opresión en su pecho algo dentro suyo lo estaba asfixiando. Sintió el miedo que ningún Demonio había logrado causarle hace tiempo y empezó a temblar de sus pies hasta su cabeza.

Magnus lo tomó de los brazos sujetándolo desesperado. -¿Alec que sucede?- El chico lo miró con sus ojos llenos de miedo. Vidriosos a punto de llorar.

-Mírame Alec estoy aquí contigo, todo estará bien.-

Alec se soltó de sus brazos dando pasos hacia atrás y chocando contra la pared. –No, nada está bien. No quiero estar aquí.- Magnus intentó acercarse nuevamente hacia èl pero al ver su intento Alec tomó un florero del mueble que había a su costado y lo tiró en frente suyo imponiendo una barrera entre ambos. –No ….no te me acerques.- Le dijo con voz temblorosa.

Magnus no podía entender lo que sucedía en frente suyo, pero iba a ayudarlo quiera o no. –Estoy aquí para ayudarte ¿Por qué no me dejas hacerlo?- Se lo había dicho con un tono de voz más alto de lo que había pensando, pero culpó a Alec por eso, por resistirse a cooperar.

Las palabras de Magnus lo hirieron.

"Èl también es un mentiroso, en este mundo todos mienten Alec, todos." le dijo esa voz.

-Mentira! No quieres ayudarme, solo vienes por ella, solo vienes por Isabelle!-

Magnus se quedó gélido ante su respuesta. Miró a Alec, miedo en sus ojos, su expresión parecía la de un animal que había sido herido, vio ante él a su antiguo Alec cuando éste caía en dudas, inseguro, vacilante, celoso. Era su Alexander.

-¿Alec….realmente crees que vine a ver a tu hermana?- Magnus se acercó hacía èl por encima del florero roto. En ese instante el joven de ojos azules se arrepintió por completo de sus palabras.-No te acerques por favor.- extendió sus brazos para evitar que éste se acercara más a èl pero Magnus lo tomó con ambos brazos y las dirigió hacia arriba de su cabeza. –Dime Alexander ¿realmente te convences de que todo esto es porque rompo una simple Ley al entrar a tu casa o es porque estás celoso de verme cerca de tu hermana?-

Iba a decirle que lo que acababa de decir era lo más incoherente que había escuchado en su vida, que jamás sentiría celos ni mucho menos por un subterráneo porque hacerlo solo significaba una cosa, sentimientos. Y eso era imposible. Iba a hacerlo, iba a decírselo pero no pudo. Magnus se abalanzó contra èl sin darle la oportunidad de refutar todos sus dichos.

Sus labios chocaron. Los ojos de Alec seguían abiertos como si no pudiesen cerrarse de la impresión. Magnus forcejeó su boca para obligarlo a abrir la suya mientras Alec se resistía. –Alej…!- soltó a decir Alec por su segundo pero sus palabras fueron calladas nuevamente y el intento de Magnus de entrar en èl había sido victorioso.

Su lengua se coló dentro de su boca e hizo contacto con la de su amado. Abrió los ojos para notar el intenso rubor que cubría el rostro de Alexander, eso encendió sus ojos que se tornaron de un dorado intenso, solo el amor podía poner a Alec tan tojo como un tomate.

Alec movía sus manos intentando liberarse, pero le fue imposible y de a poco su resistencia fue decayendo. Mientras los besos de Magnus se volvían más intensos, el mundo de Alec se volvía distinto, ya no sentía esa opresión dentro suyo, al contrario el alivio lo invadió, se sintió seguro con Magnus así de cerca, y entonces cerró sus ojos y se dejó llevar por sus besos.

Magnus soltó sus manos, mientras Alec lo correspondía con su lengua entrelazándose, lo tomó por el rostro y empezó a besar su mejilla izquierda que estaba un poco más roja que la otra por el golpe que le había dado, con cuidado la besó como si intentara sanarla. Bajó hasta su cuello, logrando obtener un gemido del chico. Había pasado el tiempo pero aún Magnus sabía que es lo que a Alec le gustaba, que podía tocar o decir para volverlo loco, y lo estaba logrando.

Los jadeos de Alec en su oído lo llenaban de placer. Se sintió esperanzado, Alec podría recordar nada pero era obvio que aún así los sentimientos por èl aún existían, se aferró a esa esperanza con cada beso que le daba. –Te Amo Alec, nunca he dejado de amarte-.

Te amo. Un detonante dentro de Alec se activó. Y como si se hubiese trasladado a otro sitio se vio así mismo en un callejón, dejó de sentir los besos de Magnus, su corazón dejó de latir tan aceleradamente, no sentía el calor de su cuerpo pegado al suyo y el alivio había desaparecido de su mente. La luz de un farol le daba en su cabeza y una figura en particular se encontraba en frente de èl. Sintió la opresión de su pecho nuevamente, aquella que lo había torturado hace poco había regresado.

Cuando la figura se acercó a la luz, sus ojos se abrieron del asombro. Era Magnus. Y a lo lejos disipó la figura de una mujer que no pudo visualizar bien. El Magnus que tenía en frente empezó a hablar.-Alec , morirás un día. La muerte no es una opción para mí.-

Abrió los ojos, esto ya lo había vivido.

"Aquí viene lo divertido Alec" la voz de mujer hizo su aparición nuevamente en su cabeza.

-yo solo… no quiero estar ahí cuando mueras- Dijo el Magnus que tenía en frente.

"Bla bla bla bla….No debiste dejar que se acercara tanto Alec, yo te lo advertí" Algo dentro suyo se rompió. Ya había sentido ese dolor, lo sentía muy familiar. La soledad. El abandono. Y de repente la voz de su cabeza empezó a reir, reía sin parar mientras Alec se rompía por dentro.

-…no quiero sufrir.-Terminó por decir Magnus.

La soledad. El abandono. Y ahora, la humillación y la burla de esa voz dentro suyo. Vio a ese Magnus alejarse de la luz, cerró los ojos para llorar y cuando los abrió notó la luz del sol en su rostro y Magnus en frente de èl que lo sostenía. –Alec, por el Àngel! Has despertado!-

Alec se incorporó alejándose de Magnus, sus ojos azules parecían casi negros y su cara expresaba una enorme tristeza.

-Te desmayaste. ¿Te encuentras bien?- Magnus quiso colocar una mano sobre su frente que fue rápidamente rechazada por el chico, que la alejaba con un brazo sin mirarlo a la cara.

-No quiero volver a verte nunca más en mi vida subterráneo, si te acercas.. no me importa si soy juzgado por La Clave, te mataré- En ningún momento miró a Magnus, éste se hallaba sorprendió ante su gran cambio. "Subterráneo" había vuelto a ser llamado como un total desconocido para èl. –Alec ¿Qué sucede?..¿Por qué dices eso?- No lo comprendía.

-Ya te lo dije, es mi última advertencia.- Alec se dirigió a la puerta y con una velocidad enorme salió fuera del hogar del Brujo, sin darle oportunidad de alcanzarlo.

Fin del capítulo 4.