Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, todo es propiedad de J. K. Rowling. El fic es original de MadameCissy, yo sólo hago la traducción.
¡Hola! Bueno, ha pasado un mes y no he actualizado nada pero ya sabéis lo que pasa en estas fechas: exámenes, familia, fiestas y he tenido un percance inesperado, se me fastidió el ordenador poco antes de las vacaciones así que he tenido que esperar un par de semanas a que me lo arreglaran. Pero estoy de vuelta y os traigo un capítulo que espero que disfrutéis :D
Enjoy!
Capítulo 4: La Llamada de los Corazones.
Malfoy Manor estaba en la parte rural del país, en Wiltshire. Rodeado de bosques, el edificio se alzaba entre las sobras. Luces de velas parpadeaban detrás de las interminables filas de ventanas oscuras. Detrás de algunas se movían sombras. Dos grandes hileras de setos se alineaban en el camino de grava que conducía a las puertas de metal de gran tamaño. El cielo estaba completamente negro, y las nubes oscurecían la luna y las estrellas. El silencio de la noche era perturbado únicamente por el sonido de la grava al removerse mientras varias sombras encapuchadas se acercaban a las puertas.
Hermione se aferró al brazo de Bellatrix. Los dedos de la mortífaga se habían cerrado alrededor de su muñeca en una presa de hierro y arrastraban a la joven. Tenía que caminar rápido para mantener su ritmo y de vez en cuando tropezaba. Casi cae varias veces, pero Bellatrix la sujetó. Aunque nunca miraba a la chica. Sus ojos carbón se mantenían fijos en el edificio que estaba frente a ellas y se detuvo inesperadamente cuando llegaron a la puerta. Alguien sacó una varita y Hermione sintió un cosquilleo de la magia oscura cuando las puertas desaparecieron brevemente, permitiendo que una pasara a la vez. Miró por encima de su hombro, justo a tiempo para presenciar cómo el metal reaparecía cuando la última figura la hubo atravesado. Ahora estaban sólo a unos metros de distancia de la puerta principal de la mansión y Hermione pudo ver que permanecía abierta. Una figura solitaria apareció sobre un fondo poco iluminado.
—Llegas tarde—dijo la voz de una mujer que tenía un sorprendente parecido con una voz que Hermione había llegado a conocer bastante bien en los últimos días—. ¿Qué te ha tomado tanto tiempo, Bellatrix?
—Ha surgido algo—respondió la bruja y, de forma inesperada, Hermione fue lanzada hacia delante. Ahora estaba directamente en la línea de visión de la delgada mujer de pie ante la puerta abierta. Hermione levantó la vista y reconoció inmediatamente a Narcissa Malfoy. Sus caminos se habían cruzado antes, aunque sólo en unas pocas ocasiones de corta duración. La bruja miró a la joven delante de ella.
—¿Qué está haciendo aquí?—preguntó Narcissa bruscamente—. Bella, ¿cuál es el significado de esto?
Bellatrix se limitó a arquear una ceja y le lanzó una oscura mirada a su hermana.
—Dentro.
Hermione rápidamente subió los escalones que conducían a la puerta principal y sintió los ojos de Narcissa quemando su espalda cuando Bellatrix la empujó hacia el pasillo de techos altos. Grandes retratos adornaban las paredes. Todos los magos y brujas de los cuadros tenían el pelo rubio de la familia Malfoy y ojos grises y fríos como el hielo. Le echó un vistazo a Narcissa a la luz de las débiles velas. Fuera de la oscuridad, era difícil decir que las hermanas estaban relacionadas en algo. Sin embargo, Hermione pudo ver un parecido asombroso. Las mismas características hermosas de la cara, Narcissa no las tenía tan borradas y corrompidas como Bellatrix. Había algo extrañamente delicado en ella. Algo que Bellatrix no poseía.
Las figuras encapuchadas que las habían acompañado a la Mansión se dispersaron, y Hermione observó a Lucius cuando subía por la gran escalera de mármol. Al llegar arriba, sus fríos ojos grises buscaron a Hermione. No hacía falta ser un genio para entender que él no estaba de acuerdo con su presencia. Hermione estaba segura de que él pensaba que su cuñada era una necia.
—Vamos—dijo Narcissa con frialdad y ella se adelantó hacia la pesada puerta de roble que llevaba a otra habitación. Se abrieron cuando sus dedos rozaron sólo a lo largo de la manija de oro macizo, revelando un gran salón. Las paredes estaban pintadas de un tono borgoña profundo, creando la ilusión de que estaban cubiertas de sangre. Más cuadros adornaban las paredes, aunque la mayoría parecía ser de los paisajes y las exhibiciones griegas o romanas. Una gran chimenea de mármol ocupaba la mayor parte de la pared más alejada de ellas. Negros sofás de cuero y sillones de pie en medio de un círculo alrededor del fuego encendido, las llamas creando inquietantes sombras en las paredes. Ventanas desde el suelo al techo proporcionaban una vista del oscuro paisaje y las pesadas cortinas oscuras se cerraron lentamente cuando Narcissa pasó a su lado, ocultando la imagen.
Los dedos de Bellatrix se deslizaron del brazo de Hermione y por primera vez desde que se fue con la mortífaga, pudo caminar a su propio ritmo. Permaneció cerca de Bellatrix. No sentía miedo, sin duda. Los ojos de Hermione se lanzaron hacia Bellatrix y después a la espalda de Narcissa, su mano se deslizó hasta el pequeño bolsillo interior de su vestido en el que había guardado la varita. Llegó a la alarmante conclusión de que no estaba ahí.
—Espero que tengas una buena explicación para haberla traído—dijo Narcissa, cuando llegó a la chimenea y poco a poco se fue dando la vuelta. Tenía los ojos fijos en su hermana—. ¿Y bien?
Bellatrix abrió la mano y Hermione se dio cuenta de que ella tenía su varita. Los ojos de Narcissa se estrecharon cuando se acercó a su hermana y tomó la varita de Hermione en sus manos. La examinó con gran interés y la dejó rodar entre sus dedos un par de veces. Luego levantó la vista y sus ojos se movieron de Bellatrix a Hermione.
—Imposible.
—Tal vez no—habló Bellatrix cuando tomó la varita de la mano de su hermana—. Es inconfundible.
—Pero es una sangre sucia—dijo Narcissa y sacudió la cabeza—. Nunca hubiera pensado que...
Hermione dio un paso más hacia las hermanas y Bellatrix se dio la vuelta casi de inmediato. Ojos carbón perforaron a Hermione mientras su brazo era agarrado. Hermione se estremeció de dolor cuando las uñas afiladas de Bellatrix se hundieron en su carne. Lacios color rubí se acercaron peligrosamente a los suyos
—No te muevas—sus ojos se movieron a Narcissa—. Déjanos.
—Pero...
—He dicho, ¡DÉJANOS!—chilló Bellatrix y Narcissa se apresuró a salir de la habitación sin mirar atrás. El sonido de las puertas cerrándose detrás de ella hizo eco en las paredes y luego cayó un silencio ensordecedor.
—¿Por qué me trajiste aquí?—Hermione suspiró. Le dolía el brazo en el que las uñas de Bellatrix todavía se clavaban en su carne. Aún así, no sentía miedo. Ahora todos en la Madriguera sabían que los había abandonado. Nunca podría volver. Sin embargo, no entendía por qué Bellatrix le había permitido seguirla—. ¿Por qué?
—¿Por qué te traje aquí? Tú elegiste venir conmigo—dijo Bellatrix suavemente y apartó los dedos del brazo de Hermione. La morena se frotó el lugar en el Bellatrix le había hecho daño. Sin que Hermione se diera cuenta, había empuñado su propia varita y la punta se presionaba suavemente contra la palpitante vena de su cuello. El latido constante llegó a la mano de Bellatrix y encendió una oscura lujuria en sus ojos—. Abandonaste a tus amigos y me seguiste.
—L-Lo hice...—murmuró Hermione.
—Lo sé—dijo Bellatrix y apretó su varita algo más fuerte contra el cuello de Hermione—. Una pequeña sangre sucia como tú...¿Por qué no habría de matarte ahora mismo, eh? O tal vez...—las esquinas de su boca se alzaron en una sonrisa torcida—. Tal vez debería hacerte un poco de daño primero...—sintió que el cuerpo de Hermione se ponía rígido y rió en voz baja—. ¡CRUCIO!
Hermione cayó al suelo y se golpeó la cabeza con la dura madera. Puntos negros bailaban ante sus ojos cuando su cuerpo comenzó a temblar y tener convulsiones. No se acurrucó en una pelota. Yacía de espaldas, con los brazos extendidos y los ojos en blanco. La sangre goteó desde sus labios cuando los dientes se hundieron en la suave carne. El dolor era intenso, como si mil cuchillos la apuñalasen al mismo tiempo. Pero las imágenes y las voces en la parte posterior de la cabeza era lo más angustioso. Lo olió. Lo sintió. En su interior. En todas partes. Violándola. Una y otra vez. Lo podía probar. Un gritó atormentado murió en sus labios cuando la carcajada triunfal de Bellatrix llenó el salón.
—¡Crucio!¡Crucio!¡CRUCIO!—la voz de Bellatrix era interminable.
Cuando su cuerpo finalmente detuvo los temblores y convulsiones, Hermione estaba agotada. No tenía fuerzas para ponerse en pie. Cada célula de su cuerpo dolía. Yacía de espaldas, con el rostro vuelto hacia la mujer que acababa de torturarla. Bellatrix rodeó a la agitada y jadeante chica. Las lágrimas corrían por el rostro de Hermione y se mezclaban con la sangre que aún caía de su labio. Mechones de pelo habían caído sobre sus ojos y algunas uñas se le habían roto cuando había arañado las tablas del suelo. Tenía sangre seca pegada a los dedos.
—Pobrecilla—susurró Bellatrix juguetonamente mientras se sentaba en el suelo junto a Hermione y apartaba un mechón de pelo de la cara de la chica. Hermione parpadeó un par de veces y la borrosa imagen de la mujer de pelo oscuro se agudizó lentamente. El toque de los dedos de Bellatrix era sorprendentemente suave. No quería caer en el reconfortante toque pero su cuerpo casi tenía voluntad propia y se dejó llevar por la mano acariciante, anhelando algún refugio. Los dedos de Bellatrix se arrastraron brevemente por el cabello de Hermione antes de envolver sus brazos alrededor de la chica y alzarla en brazos hasta ponerla de pie, llevándola hasta uno de los sofás de cuero. Allí se sentó y Bellatrix apretó el cuerpo roto y magullado de Hermione contra su pecho. Al otro lado de la sala se abrieron las puertas y Narcissa entró.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de la bruja al ver a Hermione.
—¿Cómo lo hizo?
Bellatrix miró a su hermana y sonrió maliciosamente de vuelta.
—Está rota.
—Bueno—Narcissa se sentó junto a su hermana y la Hermione ligeramente temblorosa—. En cuanto a la varita...
Bellatrix sacó la varita de Hermione del interior de su manga y con mucho cuidado se la entregó a su hermana. Narcissa sacó su propia varita del interior de su túnica y Hermione, aunque cansada y adolorida, vio cómo sucedía algo extraordinario. Las puntas de ambas varitas se atrajeron la una a la otra hasta que se enfrentaron quedando completamente horizontales. Señalaban a la otra como una flecha señala el Norte. Inesperadamente, la punta de ambas varitas comenzó a brillar. Primero la de Hermione, en un cálido tono rojo, y seguidamente la de Narcissa, en un tono oro más intenso.
Bellatrix alcanzó poco a poco el bolsillo de su túnica y sacó su propia varita. La reacción fue instantánea. Ambas varitas inmediatamente se separaron ligeramente y señalaron en la dirección de Bellatrix, hacia el palo ligeramente doblado. La tercera varita giró en la palma abierta de Bellatrix hasta que su punta se dirigió hacia las otras dos y también comenzó a brillar. La luz era la más intensa de todas, un fuerte tono blanco. Bellatrix retiró cuidadosamente la mano y la varita se mantuvo flotando en el aire, la luz blanca se conectó con la roja y dorada. Narcissa retiró su mano también de manera cuidadosa y movió la varita en un movimiento circular entre las tres brujas. El vínculo nunca se rompió.
—Imposible—susurró Narcissa. Las tres brillantes luces reflejadas en sus ojos azul acero.
Hermione se incorporó lentamente. No entendía lo que pasaba ante sus ojos. Nunca había visto lo que su varita estaba haciendo en ese momento. Poco a poco extendió una mano, pero Bellatrix la detuvo antes de que pudiera tomar su varita. Los ojos avellana cuestionaron a los intensos ojos negros.
—Cissy, trae al fabricante de varitas—susurró Bellatrix y Narcissa se levantó. Cruzó la habitación y desde el respaldo del sofá Hermione miró a la bruja descender por un par de escalones de sencilla piedra. El chasquido metálico de un cerrojo al abrirse cortó el silencio de la habitación. Un suave gemido seguido de otros tantos gimoteos y sonido de arrastre y Narcissa regresó unos minutos después, trayendo a un cansado y golpeado Ollivander con ella. El anciano parecía débil y demacrado. Tenía sangre seca pegada a los labios y su ojo izquierdo parecía haber sido golpeado por la forma en que se cerraba. Él gemía de dolor con cada paso que daba y se le doblaron las rodillas cuando Narcissa inesperadamente lo soltó cuando llegaron al sofá. Ollivander se postró de rodillas ante Bellatrix, levantando sus suplicantes ojos grises, dispuesto a suplicar por su vida. Fue entonces cuando vio las tres varitas conectadas dando vueltas en el aire. Un suspiro se le escapó.
—Por las barbas de Merlín—susurró y Hermione vio algunos trazos de curiosidad reavivando sus ojos cansado.
Había encontrado a Ollivander bastante raro cuando fue a comprar su varita. Había sido una reacción casi inmediata cuando entró en su tienda. Una solitaria caja había saltado de la estantería más alejada de su tienda en cuanto ella cruzó por la puerta. Él lo había considerado un golpe de suerte, hasta que recogió la caja para guardarla. Tuvo ampollas durante días después de que la caja se pusiera tan caliente que tuviera que soltarla. La tapa había caído, revelando la varita de su interior. Hermione recordaba que la conexión había sido inmediata cuando sus dedos rozaron a lo largo de la madera oscura de vid. La varita la había elegido.
—Sabes qué es esto, ¿verdad?—dijo Narcissa bruscamente y Ollivander logró apartar los ojos de las varitas unidas—. ¿Qué significa?
—Nunca pensé que fuera posible—susurró el anciano. Sus asustados ojos iban desde Narcissa a Bellatrix, y de esta a Hermione. Una arruga apareció en su frente cuando reconoció a la joven bruja—. La probabilidad de que estas tres varitas se encontraran después de todos estos años era...bueno...yo habría dicho que insignificante. Parece que me equivoqué.
—Se encontraron las unas a las otras mucho antes de hoy—dijo Narcissa y los ojos de Ollivander se clavaron en la bruja con incredulidad—. Pero esta es la primera vez que todas están en la misma habitación. Juntas. La conexión ha sido instantánea.
—¿Qué significa esto?—la voz de Hermione era suave, casi rota, pero Ollivander la miró. Sus ojos reflejaban una sincera tristeza.
—Señorita Grenger, cómo me duele verla aquí—dijo en voz baja.
—¿Qué significa esto?—repitió Hermione, más duramente esta vez y Ollivander pareció sorprendido. A su lado Bellatrix rió suavemente y Narcissa asintió en señal de aprobación. Los ojos de Hermione se oscurecieron mientras señalaba a las tres varitas—. Esta magia. Nunca he visto nada igual. ¿Qué es?
—Recuerdo cada varita que he vendido, señorita Granger. Se lo dije a su amigo, el señor Potter, el día en que vino a comprar su varita. Y cada una tiene un núcleo que es único en sí mismo. Sin embargo, ocurre que tienen un gemelo. A saber un pelo de unicornio tomado del mismo semental o, en el caso de Sr. Potter y Tú-Sabes-Quién, la pluma de un fénix. Sucesos como estos son raros, sin embargo, cuando las varitas tienen el mismo núcleo son conocidas por interactuar de manera diferente cuando están en presencia de sus gemelas...—explicó Ollivander en voz baja. Le dolía hablar y cada palabra era un suplicio.
Hermione frunció el ceño. Harry le contó una vez que su varita y la del Señor Oscuro tenían el mismo núcleo. Eso significaban que no podían dañar o matar fatalmente. Se estremeció cuando sintió los dedos suaves de Bellatrix en el fondo de su mente y se quedó sin aliento.
—¿Qué tiene eso que ver con mi varita?
—Hace muchos años, un viejo amigo mío estuvo involucrado en el asesinato del Colacuerno Húngaro más grande y peligroso jamás visto por el mundo mágico. Habían tratado de capturarlo y entrenarlo, pero después de que matara a tres de sus cuidadores designados, decidieron que era mejor que muriera. Sus fibras se utilizaron para la creación de tres varitas diferentes—contestó Ollivander. Dejó escapar un suspiro mientras los recuerdos inundaban de nuevo su mente—. No se atrevieron a confiar en otro, ni siquiera en Gregorovitch mismo, con la tarea de producir un núcleo de una criatura tan feroz, temían que algunas de sus habilidades hicieran más difícil para su dueño conectarse con la varita.
Los ojos de Hermione se alzaron de nuevo a mirar las tres varitas mágicas flotantes.
—Tres varitas separadas...
—Me prometí que no vendería las varitas a cualquier persona que tenía más probabilidades de encontrarse con la otra pero la varita elige al mago...—continuó Ollivander suavemente. Su rostro se había vuelto gris y tragó saliva—. Al de unos años vendí dos de las varitas. La tercera, sin embargo, se quedó atrás, en un estante polvoriento. Muchos años después me acordé de que todavía no la había vendido cuando llegaste a mi tienda y la varita te eligió...
—Narcissa y yo somos las dueñas de las dos primeras varitas—dijo Bellatrix suavemente—. Recuerdo el susto al darse cuenta de que la segunda varita había elegido a mi hermana, después de haberme vendido la primera años antes. Dos núcleos dentro de una misma familia...
—Vi muy poco peligro—admitió Ollivander y se cubrió el rostro con las manos al reconocer su propia equivocación de nuevo—. Incluso en un duelo, no serían capaces de vencerse las unas a las otras. La varita reconocería a su gemela. Cuando se utilizan por separado funcionan bien, pero cuando se usan contra a las otras...Serán inútiles.
—Mi varita reconoció a su gemela hace tres años, durante la Copa Mundial de Quidditach—dijo Narcissa inesperadamente y los ojos de Hermione giraron bruscamente para encontrarse con los de Narcissa. Fue el momento en el que sus caminos se habían cruzado por primera vez—. Lo sentí. Respondió como cada vez que veía a Bella. Sabía que no estaba ahí, y sin embargo mi varita se activo con otra persona...—tragó saliva y no logró disimular su desprecio—. La sangre sucia.
—La segunda varita fue vendida décadas después de la primera—susurró Ollivander y levantó la vista de sus manos el tiempo suficiente para encontrarse con Hermione. Parecía desgarrado. Como si la culpa que le estuviese comiendo vivo—. No creí que hubiese peligro. Se necesitan las tres varitas. Lo más probable es que las otras no se encontraran en tu camino así que no te di ninguna advertencia.
Hermione no respondió. Estaba cansada. Su cabeza estaba vacía y le dolía. Bellatrix estaba dibujando pequeñas figuras en la base de su cuello y se apoyó con cansancio contra el pelo negro de la mortífaga. Ollivander parecía horrorizado, pero antes de que pudiera hablar Narcissa se había levantado y le arrastró de nuevo a las mazmorras. Sus pasos se extinguieron mientras bajaban por las escaleras. Lo siguiente que Hermione escuchó fue un escalofriante grito.
Bellatrix sonrió entre el pelo alborotado de Hermione.
—Ahora, mi mascota—dijo en voz baja, mientras sus ojos seguían fijos en las tres varitas que aún daban vueltas en el aire—. Tienes que descansar. Obliviate.
Los ojos de Hermione se cerraron y cayó en un profundo sueño sin sueños.
oOo
Cuando se despertó el sol todavía no había salido por encima del horizonte. La cama era cómoda y las sábanas se sentían suaves contra su piel. Parpadeó un par de veces y poco a poco se fue enderezando. Sus ojos recorrieron la habitación y en la oscuridad pudo distinguir la forma de un gran armario, un escritorio y una silla, un pequeño sofá bajo el alféizar de la ventana, las cortinas, que caían del suelo al techo, tapando la ventana, y el diseño clásico de la madera de su cama. Hermione empujó las sábanas lejos de ella y se deslizó fuera de la cama. Sus pies tocaron el frío suelo de madera y cruzó la habitación hacia la puerta. Se abrió sin un crujido y puso salir al rellano. Estaba iluminado por varias antorchas. Las vacilantes llamas proporcionaban luz suficiente para que observase su entorno. No recordaba cómo había llegado hasta allí.
—Estás despierta.
Hermione se dio la vuelta y dio un paso hacia atrás cuando se encontró con Narcissa al lado de la puerta de su dormitorio. No se había dado cuenta de que la bruja estaba dentro. Narcissa arqueó una ceja.
—Mi hermana me pidió que mantuviera un ojo en ti.
Los ojos de Hermione se estrecharon.
—No necesito una niñera.
Narcissa asintió lentamente.
—Tal vez no. Pero a mi hermana le gustaría estar segura de que no, digamos, pasearas...
—¿Pasear?—preguntó Hermione—. Y exactamente, ¿a dónde podría ir a pasear?
—Los lugares más allá de las paredes de esta casa—dijo Narcissa con calma. Metió la mano en el bolsillo de su túnica y sacó la varita de Hermione. Se la entregó de nuevo a la muchacha y dijo—: Creo que esto es tuyo.
Hermione inspeccionó su varita rápidamente y luego alzó la vista.
—¿Qué pasó?¿Cómo terminé aquí?
Una sonrisa cómplice se extendió por el rostro de Narcissa y bajo la tenue luz de las antorchas pareció mucho más joven. Su cabello rubio lacio caía libremente sobre sus hombros y se acercó lentamente a Hermione. Dedos suaves tomaron su mano y la llevaron de nuevo a la habitación.
—Ya habrá tiempo para preguntas, pero eso es todo. Vuélvete a dormir. Pronto amanecerá. Las cosas serán explicadas.
Hermione resopló.
—Realmente te gusta jugar a las adivinanzas, ¿verdad?
—Más tarde, señorita Granger—Narcissa sonrió misteriosamente y cogió el pomo de la puerta—. Ahora, por favor, vuelve a la cama antes de que me vea obligada a confinarte en tu habitación. No quieres decepcionar a mi hermana, ¿verdad?
Hermione vio cómo Narcissa cerraba la puerta. Por un instante, pensó en volver a abrirla, pero asumió que Narcissa no hacía amenazas vacías así que cruzó la habitación hasta la cama, volvió a subir a ella y apoyó la cabeza en la almohada. Había una pequeña rendija en la cortina y pudo ver la salida del sol a la distancia. Pronto amanecería. Un suspiro se le escapó al ponerse de lado y se envolvió en las sábanas suaves.
Lo último que recordaba era haber salido de la Madriguera con Bellatrix. Se acordó de sus dedos rozando la mano de la mujer. En la parte posterior de su cabeza, alguien gritaba su nombre, pero cuando más tiempo estaba despierta, más iba desapareciendo la voz. En poco tiempo, se deslizó en otro sueño sin sueños, sucumbiendo a la reconfortante oscuridad.
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