¡Holas a todos! (Holas=mi intento de plural de "hola") Tiempo sin leernos.
Bueno, aquí otro capítulo más de esta historia tan trágica TTwTT mi ser muy dramática ¬¬ como sea
Se ve algo largo, pero si les agrada mi historia seguro lo leerán completo x3 Bien, sin más que decir, los dejo con el capítulo jeje (espero les guste w)
Domingo 17 de septiembre. 2017. Jaz corrige detalles en la mayor parte de la historia.
Miguel Ángel corría con un bulto en su brazo derecho tan rápido como sus piernas le permitían, intentando escapar de los soldados del clan del Pie, quienes habían sido mandados exclusivamente para conseguir aquél ulto, y sólo ellos sabían para qué lo querrían.
-¡No dejen que se escape!- exclamó uno de ellos.
-Tranquilo, no permitiré que te lleven con él- dijo Miguel por lo bajo.
Miró sobre su hombro y observó a por lo menos 20 hombres detrás de él.
-¡Va a la calle 57! ¡Síganlo!- varios soldados obedecieron la orden de su líder.
Miguel siguió con su plan de escape y saltó a la calle que el enemigo había mencionado, ocultándose en un callejón cercano inmediatamente después de caer.
-¡Señor!- la voz de un cadete se hizo presente cerca suyo-¡El enemigo logró escapar!- la respuesta de su superior no se hizo esperar.
-¡¿Cómo que ha escapado?!- su rostro, incluso debajo del visor oscuro que llevaba puesto, se mostraba colérico.
Era la quinta vez en el tres días que Miguel Ángel se escapaba de sus manos, y sabía que si volvía con la mala noticia, Shreder se encargaría de castigarlo personalmente, cosa que todos querían evitar. El tan sólo pensar en lo que sería capaz de hacer lo hacía sudar frío.
-¡Encuéntrenlo!-fue lo último que se escuchó antes de que todo quedara bajo un silencio sepulcral.
-Se han ido- mucitó el de pañoleta naranja. -No te preocupes, estamos a salvo. Te llevaré a un lugar seguro.
La tortuga bajó por una coladera en el callejón junto al pequeño bulto entre mantas y colocó la tapa en su lugar para no dejar sospechas.
Después de caminar durante casi media hora por las alcantarillas de la ciudad, el quelonio con paliacate naranja en la cabeza llegó a un túnel, el cual tenía el acceso bloqueado gracias a unas tablas que impedían el paso a cualquiera. Miguel dejó al bulto en el piso, muy cerca de él para asegurarse de que estuviera seguro, y con sumo cuidado movío algunas tablas hasta dejar el camino despejado. Una vez hecho esto, decidió recoger nuevamente aquello que parecía ser un valioso tesoro para él, y entrar al túnel. El reptil continuó su caminata recorriendo el alcantarillado por algunos minutos más hasta toparse con una puerta de metal algo oxidada, la cual tenía escrita una leyenda: "Centro de Aguas Tratadas de Nueva York". Debajo de ella, había un letrero con letras en él: "Prohibido el paso". La tabla que colgaba con la prohibición estaba llena de polvo. Miguel Ángel sólo movió un poco el letrero, y bajo este se encontraban varios botones. Mikey colocó un código con ayuda de estos y luego giró la palanca, para finalmente entrar.
-Ángel, traje otro más- dijo mientras cerraba detrás de él la puerta.
Una chica de cabellos negros y un par de mechones color morado volteó a verlo. Sus ojos color miel se posaron sobre él después de oír su nombre. Su largo cabello estaba suelto, llegando hasta la cintura. La chica vestía una camiseta negra sin mangas y un pantalón de mezclilla en el cual un cinturón negro y grueso daba dos vueltas a su cadera, sosteniendo tanto el pantalón como una bolsa café. Todo acompañado de una bata blanca, algo sucia.
-Miguel, al fin llegaste. ¿Por qué tadaste tanto?- sus ojos mostraban preocupación.
-Tranquila, con tantas armas y equipo de protección, los soldados de Shreder no son tan rápidos como antes- contestó serio.
-Y tu tampoco. No me digas que los años aún no te pesan- Ángel lo miró angustiada.
-Ya te he idcho que no te preocupes por ello- Miguel entregó a la chica el bulto con mucho cuidado. Ella movió suave y lentamente la manta, de tal forma que pudiera ver la cara del bebé que se encontraba en la cobija.
-Hola pequeño- dijo con una sonrisa, para luego voltearse a la tortuga -Con este ya son 39 niños en el mes- la chica caminó con intención de llevar al niño con el resto de los rescatados. -Esto es una masacre. Todo niño necesita de sus padres- decía mientras veía con ternura al bebé. -Perder a un padre no es fácil, y menos cuando eres un niño-
-Sé...sé a qué...te refieres- Miguel miró al vacío. Sus ojos delataban la tristeza que lo perseguía desde 10 años atrás.
-Yo...lo siento, Miguel- Ángel se disculpó por el comentario sin pensar. -¿Sabes? me preocupa cada que haces eso-
-¿A qué te refieres?- preguntó la tortuga.
-Ya sabes, eso de quedarte mirando un punto fijo sin mirar realmente. Lo haces muy seguido.
-Sigo pensando en ese día- contestó el quelonio sin muchos ánimos
-¿Las pesadillas continúan?- preguntó Ángel.
-No sé cómo evitarlas. Llevo años teniendo el mismo sueño. Todo se repite ante mis ojos, y sigo sin poder hacer nada...- un silencio penetrante apareció en el lugar.
-Eh... por cierto...- dijo intentando cambiar el tema de conversación -Abril pidió revisaras la zona 1. El escáner detectó prescencia de calor procedente de un cuerpo bastante grande, piensa que puede haber rastros de vida inteligente, ya sabes, tipo planeta deshabitado. Quiere que averigües qué o quién pasó por ahí.
Los ojos azules de la tortuga mostraron sorpresa.
-¿Rastros de vida?-Miguel Ángel se quedó pensativo -Pero...la guarida ha estado abandonada desde...- hizo una pausa, no pudo continuar. Bajó la mirada.
-Desde la muerte de Splinter- Ángel rompió el silencio que se empezaba a formar. -De cualquier forma, Abril pide que vayas, y es lo que harás-finalizó.
-A la orden- contestó Miguel sin muchos ánimos mientras salía por la puerta.
Corriendo por los techos de lo que alguna vez fue Nueva York, Miguel Ángel se dirigía a la antigua guarida. En su rostro se notaba la intriga de saber qué era esa presencia de calor en su viejo hogar. Observando los contaminados cielos, sólo pensaba en lo que sucedió la última vez que alguien que no fuera él pisó el suelo de ese lugar.
-Cielos, Abril, debes estar loca- murmuró a tan sólo dos cuadras de llegar al lugar indicado. Antes de bajar a las calles, pudo notar varios helicópteros y patrullas llegando. -Maldita sea- se dijo mientras buscaba un escondite. Lentamente bajó por una vieja y oxidada escalera de escape del edificio en el que estaba, sin ser descubierto, y logró observar lo ocurrido durante unos momentos.
-¡Tire toda arma que pueda poseer y coloque sus manos detrás de su nuca!- Miguel reconoció esa voz. Aquél hombre que le causó problemas horas antes al rescatar al niñoque recién había perdido a sus padres.
-Otra vez tú- susurró. Sin ser visto, Miguel Ángel levantó un poco la cabeza para poder observar lo ocurrido. Muchos oficiales rodeaban una zona muy particular: la entrada a la guarida.
-¿Encontraron al intruso de la guarida antes que yo?- se preguntó el reptil mientras se movía para cambiar su ángulo de visión. Desde otro punto de vista, logró ver algo bastante peculiar: un ser de por lo menos uno setenta era acorralado por todos los soldados del clan del pie. Aquél ser desconocido sostenía algo en sus manos, algo parecido a un palo de dos metros, algo muy familiar para él.
-¡¿Qué es lo que está pasando aquí?!- un grito se hizo presente en el lugar.
-Esa voz...- mucitó el mutante algo desconcertado. Esa voz se le hacía tan...familiar, como si la hubiera escuchado antes en algún momento, como si hubiera escuchado esa voz varias veces en el pasado; era algo tan extraño. Sintió una sensación de nostalgia y preocupación, pero más que nada, de intriga y sorpresa.-...acaso...podrá ser...- sin pensarlo dos veces se lanzó contra los oficiales para evitar hicieran daño al ser que parecía haber reconocido desde lejos.
-¡Scott! ¡Ayúdame!- en el sitio donde el clan del Pie había rodeado a aquél sujeto, se hizo presente la voz de un hombre desesperado. Miguel Ángel lo había atado con ayuda de su kusarigama para atraerlo a él y dejarlo inconsiente, tal como hizo con varios sujetos más en el lugar.
Después de una increíble pelea con los soldados de Shreder, varios hombres que aún seguían de pie decidieron retirarse, mientras que el quelonio de naranja seguía oculto entre las sombras.
-¿Qué fue todo eso?- la voz familiar se hizo presente nuevamente. Miguel vio a aquél ser de pies a cabeza lentamente, para analizar lo que sucedía y saber que no era otra de sus pesadillas diarias.
-¿Donatello?- preguntó mientras lo veía fijamente. Lo que tanto lo había perseguido en sueños parecía hacerse realidad. Un escalofrío recorrió su espalda en ese momento.
¿Y bien? ¿Qué les pareció? No olviden dejar reviews x3 cualquier comentario (incluso si me odian jaja)
La Jaz que se desaparece años y regresa a corregir detalles :v
Tranquilos, estoy quitando algunos puntos vacíos que no sabía cómo llenar en la historia. Deberían volver a leer el capítulo uno, y así...
Para los que me leen por primera vez, los invito a leer otros de mis Fanfic, será divertido x3
