Capítulo 4
He encontrado tu sonrisa dulce que brilla en esta nieve, como un millón de luces…
Después de compartir un momento más entraron a la casa para disfrutar del almuerzo que Candy había preparado, este transcurrió entre risas y comentarios agradables, poco a poco ellos se iban acoplando sin el mayor esfuerzo, todo era tan natural entre ellos que no parecían que tan solo hubiesen compartido algunas horas sino todo lo contrario; al terminar la comida se dieron un tiempo para descansar pues todos estaban realmente agotados debido a la falta de sueño de la noche anterior, la conversación con Terry había llenado de recuerdos a Candy así que se dispuso a arrullar a su hija para hacerla dormir recordando aquella época de cuando era una bebé y ella tuvo que aprender a ser madre de un día para otro, todos los percances, las alegrías, las angustias… cada detalle, recordando también como había recibido la ayuda de sus amigos, esos que nunca la desamparaban y había tomado la decisión de enviarle una fotografía de Vicky a Neil en cuanto estuviese de regreso en Chicago, él había cometido muchos errores y también había pagado por ellos, además todos en la vida habían cometido equivocaciones también y eso no era motivo para pasar años y años castigándose por estos, pero antes lo consultaría con Albert y con Archie, ellos podían aconsejarla y ver si era prudente o no, Victoria había vivido siempre con la imagen de ese padre heroico que había muerto defendiendo su país, luchando por mantenerlas seguras a ella y su madre, eso le había contado ella pues desde un principio se prometió hacer que la niña tuviese la mejor imagen posible de su origen, le contó hermosas y alegres historias de su madre, resaltando cualidades de un padre inventado, la chica tenía una imagen formada de sus progenitores y no era correcto que ahora de la noche a la mañana todo eso desapareciese, sería muy injusto para ella además de doloroso; así que lo mejor era dejarle las cosas en claro a Neil y esperar a que este mantuviese el acuerdo, que hasta el momento compartían.
Terry se hallaba tendido en su cama mirando los pilares de madera del techo, siguiendo las vetas de esta que ya se sabía de memoria, mientras recordaba la historia que Candy le había contado y hasta el momento él no se había percatado que ella no llevaba alianza en sus dedos, había sido realmente estúpido, no se había fijado en ese pequeño detalle que era sumamente importante, eso quería decir que ella no se había casado, no mencionó a nadie que la hubiese ayudado a criar a Vicky, aparte de sus madres y sus amigos, incluso la chica llevaba su apellido de soltera, él mismo de Albert así que tal vez fue él quien se lo dio a la chica o simplemente Candy con lo obstinada que es la presento así; esta tampoco mencionó en algún momento a su padre o alguien cercano a Candy y todo eso lo había pasado por alto por culpa de esos estúpidos nervios que sentía siempre que la tenía cerca… debía concentrarse y analizar todo con cabeza fría, de eso dependía tener una oportunidad con Candy nuevamente y si esa posibilidad existía él no descansaría hasta hacerla realidad, sabía que habían pasado muchos años y muchas cosas, que ahora todo era distinto… pero algo dentro de su corazón le gritaba que ella seguía sintiendo algo por él, la manera como lo miraba, como le hablaba, si, si ella también se ponía nerviosa en su presencia, hasta pudo sentir el temblor que la recorría esta mañana cuando acaricio su mejilla, y como se acercó a su cuerpo para recibir el abrazo que le brindaba, definitivamente ellos seguían sintiendo algo especial el uno por el otro y haría lo que fuese por revivir ese amor que se quedó estancado diecinueve años atrás, recuperaría el amor de Candy, se ganaría su confianza y su corazón de nuevo. –Salió de la cama casi de un brinco encaminándose con decisión hacia el baño.
Después de una hora se encontraba mirándose en el espejo y esta vez encontró algo diferente en su reflejo, una luz especial brillaba en sus ojos y la sonrisa en sus labios era imposible de ocultar, pues estando en la ducha llego a una nueva revelación, su pecosa seguía siendo suya… ella no se había casado, no había existido otro hombre en su vida, tal vez y si corría con suerte había sido el único que la había besado, él sería el primero y en único en todos los aspectos y eso hacía que el pecho le quisiese explotar de emoción y satisfacción, se acercó hasta el armario tomó un grueso abrigo marrón, se colocó unos guantes y una bufanda a cuadros y salió de su habitación en dirección a la que ocupaba Candy con Vicky, dio un par de golpes en la puerta y espero.
- Hola – Saludó con una gran sonrisa sintiendo su corazón latir rápidamente de nuevo, pero esta vez no lo dejaría cohibirlo – Disculpa que te moleste… ¿Te desperté? – Inquirió mirando el rostro de la rubia que lo miraba en silencio.
- ¡No! No… estaba despierta acomodando algunas cosas… - Decía encontrando su voz y dándole gracias a esta de tener un tono adecuado pues había perdido todo el aire en cuanto vio a Terry ante su puerta, se veía realmente… apuesto, elegante, alto y su sonrisa… tuvo que luchar para no dejar libre un suspiro, movió la cabeza para concentrarse de nuevo en la conversación - ¿Necesitabas algo? – Preguntó sin saber que más decir y después se reprendió por ser tan adusta.
- No… bueno en realidad si, venía a invitarte a dar un paseo… para que conozca los alrededores que son hermosos y seguramente te gustara estar un rato al aire libre – Esbozó perdiéndose en los ojos esmeralda que lo observaban sin comprender – Dile a Vicky si desea acompañarnos… le diré a Trevor también – Agregó para no delatar sus intenciones delante de ella.
- Esta bien… me encantara salir a dar una vuelta, dame unos minutos para colocarme algo adecuado y salimos – Contestó con una sonrisa.
Él asintió en silencio mostrando la misma sonrisa con la cual la saludo y se alejó para esperarla en el salón, ella cerró la puerta y al fin el suspiro que estaba atrapado en su pecho logró salir, para después mostrar una sonrisa que iluminaba sus hermosos ojos verdes como hacía mucho no sucedía, su hija quien había observado toda la escena la mirada sonriente, intentó disimular su felicidad pero no pudo evitar sentirse feliz al ver a su madre de esta manera.
- Tienes que ponerte bellísima – Expuso entusiasmada mientras se encaminaba hacia ella y la jalaba por los brazos para ayudarla a vestirse, hasta busco un poco de labial para aplicar en los labios de su madre, quien era hermosa sin necesidad de maquillaje, pero resaltar un poco sus atributos no estaba de más.
- Vicky no vamos a una fiesta hija… solo daremos un paseo, así estoy bien – Protestaba ella al ver que la chica también le ordenaba un poco los rizos, para hacer las ondas más suaves.
- ¡Mami! Siempre andas ocultando tu belleza, debes mostrarla de vez en cuando y especialmente esta tarde… el señor Terry es un caballero muy apuesto, elegante además de actor, está acostumbrado a salir con mujeres hermosas pero plásticas, tú le demostraras que eres bellísima sin mucho arreglo pero que aprecias su invitación y por eso quieres lucir distinta – Mencionó mientras se acicalaba ella.
- Disculpa señorita... pero… ¿De dónde sacas que yo quiero impresionar a Terry? – Preguntó mirándola a través del espejo con las manos en la cintura.
- Yo no dije impresionar… solo agradar ¡Mami ya no hagas tantas preguntas y vamos que nos deben estar esperando! – Respondió colocándose su gorro con una gran sonrisa.
Candy negó con la cabeza mientras sonreía al ver la suspicacia de su hija, evidentemente había captado que se ponía como una tonta cada vez que tenía a Terry cerca, pero era verdad él estaba acostumbrado a salir con mujeres bellísimas, talentosas y ella era… tan común, tan simple… - Pensó pero en lugar de desanimarse, caminó de nuevo hacia el espejo mientras se acomodaba el gorro, se peinaba los rizos con suavidad y apretaba sus mejillas para darle más color. Vicky la miraba divertida pero disimuló para que ella no se cohibiese, su madre lucía tan hermosa con ese brillo que el papá de Trevor hacia nacer en sus ojos, con esas sonrisas que afloraban como por arte de magia, algo en el señor Grandchester la hacía sentirse confiada, él miraba a su madre con… amor, si era amor, así que si en sus manos estaba ayudarlos para estar juntos haría hasta lo imposible. Recibió la mano de su madre y bajaron las escaleras encontrándose con el caballero y el chico a los pies de estas y las miraban sonrientes, con un brillo especial en los ojos que hacia destellar esos pares de zafiros.
- Luces hermosa – Susurró extendiéndole la mano a la rubia una vez que sus hijos salieron antes que ellos, dejando ver esa sonrisa de medio lado que tantas veces hizo que las piernas de Candy temblaran y esta vez no fue distinto.
- Creo que los años te han hecho un caballero o un gran mentiroso – Expuso de manera casual.
Él dejó libre una carcajada ante la ocurrencia de ella y estuvo a un ápice de estrecharla entre sus brazos y besarla, decirle que la adoraba por eso y por más, por muchísimo más, por ser maravillosa, hermosa, sincera, espontanea… sencillamente por ser Candy, su Candy. La rubia sintió la sangre en sus venas correr cantando, se sentía como una chiquilla era verdad, era como si los años no hubiesen pasado; el frio del exterior acarició sus rostros dándole un tono carmesí a sus labios y acentuando el rubor de sus mejillas. Tomaron la dirección que Terry les indicó y a pocos minutos se encontraba ante un verdadero espectáculo de la naturaleza, un espacio completamente plano que debía ser un lago congelado desde hacía mucho tiempo, rodeado de altos y frondosos pinos y a lo lejos la cordillera completa de montañas, desde aquí se podían apreciar todas las cumbres vestidas de un blanco inmaculado, el sol brillaban con fuerza haciéndolo lucir todo como si estuviese hecho de diamante y no de hielo, las sonrisas en los rostros de Candy, Trevor y Vicky no se hicieron esperar, era como estar en medio de un paisaje de cuentos, completamente irreal. Se sobresaltaron volviéndose con angustia, miedo y sorpresa al escuchar el grito que había dejado libre Terry, este retumbo, expandiéndose a lo ancho y largo del espacio y después provocó un eco en todo el lugar; al ver las miradas desconcertadas de los presentes habló en tono inocente, dejando ver una gran sonrisa
- Es una costumbre… ayuda a liberar tensión, deberían intentarlo – Esbozó caminando hacia el centro del lago cerrando los ojos de cara al sol y extendiendo los brazos a ambos lados de su cuerpo en forma de cruz, sintiendo su corazón latir de manera acompasada, dejándose bañar por la cálida luz que resplandecía en todo el lugar, su respiración también era ligera y en su mente una frase, una declaración se repetía como una letanía y estaba luchando ferozmente por ser liberada, por llegar a su destino, al destino por el cual había esperado tantos años, respiró profundamente para llenar sus pulmones de aire – Aaaaaahhhh - Volvió a liberar un grito que fue mucho más fuerte que lo vació por completo y retumbó en el lugar provocando un nuevo eco; ese fue el grito audible, más en su cabeza el liberado fue un "Candy te amo" "te amo con todo mi ser" – Pensó dejando ver una sonrisa que salía desde su corazón.
La rubia lo admiraba embelesada ante la fuerza, la potencia y la nitidez de su voz, sin duda alguna era uno de sus fuertes como actor, pero ese último grito por alguna extraña razón la hizo estremecerse y su corazón se lanzó en una carrera frenética, sus piernas temblaron… todo su cuerpo tembló y sus ojos se llenaron de lágrimas, fue como si ese grito de él se hubiese metido por cada poro de su piel, entrando a sus venas, llegando a su corazón, a su alma; un deseo enorme de salir corriendo y amarrarlo en un abrazo se apoderó de ella, quería aferrarse a él y decirle todo esto que llevaba dentro del pecho, pero… no pudo, no consiguió moverse de allí, algo más la mantenía atada a ese lugar, tal vez la incertidumbre de no saber que sucedió con Susana, era lo que la ataba al pasado, pues aunque él no había hablado de ella no podía olvidar que la ex actriz era la madre de su hijo, que el joven también contaba y no podía simplemente olvidarse de todo y lanzarse a un abismo esperando que Terry corriese para salvarla dejando a un lado a los demás.
- Vicky, Trevor… vengan chicos – Los llamó el castaño con una sonrisa.
La chica fue la primera en salir corriendo hacia el lugar seguida de Trevor quien tuvo que sostenerla de la cintura pues está casi cae al resbalarse con el hielo, ella se apoyó en el pecho del chico y se volvió para mirarlo a los ojos dedicándole una hermosa sonrisa mientras sentía que su cuerpo era presa de una corriente que nunca antes había percibido.
- ¿Estas bien? – Preguntó mirándola a los ojos.
- Si… gracias a ti, a veces soy tan torpe – Se disculpó separándose de él.
- Solo fue un accidente a todos nos pasa… la culpa es de mi padre que anda gritando como loco – Expuso mientras sonreía.
- Tu padre es genial, me recuerda al tío Albert… también es así libre y relajado con razón son amigos – Mencionó ella volviéndose para mirarlo a los ojos – Eres un chico muy afortunado Trevor, muchas personas desearían desesperadamente tener a un papá como el tuyo – Agregó y la luz del sol se estrellaba contra sus pupilas haciendo lucir al ámbar casi miel y mostrando una hermosas vetas amarillas, se veían tan hermoso, tanto que él estuvo a punto de dejar libre un suspiro y tal vez era la intensidad del sol pero le pareció ver que estos se hallaban cristalizados. Ella de inmediato dejo ver una gran sonrisa esquivando la mirada del chico pues noto que él había visto que tenía los ojos llenos de lágrimas, dio un par de pasos para alejarse de él y continuar hasta donde Terry los esperaba.
- ¿Lista? – Preguntó el castaño con una sonrisa que se congeló al ver la sombra que cubría el hermoso brillo que siempre lucía Vicky - ¿Todo bien? – Inquirió de nuevo preocupado.
- Perfecto… ¿Qué hago ahora, solo grito o debo hacer algo más? – Contestó con otra interrogante mientras sonreía, solo que esta no llegaba hasta sus ojos.
- Párate aquí y levanta el rostro al cielo, cierra los ojos para que la luz no te lastime los ojos… ahora extiende los brazos de esta manera – Dijo indicándole cómo hacerlo, ella lucía tan frágil y pequeña como Candy a su edad, pero tenía una fortaleza admirable en su interior, pudo verlo en ese gesto de reponerse rápidamente a lo que sea que le haya ocurrido.
- Listo ¿Y ahora? – Preguntó en la posición que el castaño le indicó.
- Bueno ahora solo tienes que buscar dentro de ti, mientras respiras profundamente y llenas tus pulmones, puede ser una frase… una palabra o simplemente una exclamación como hice yo… cualquier cosa que desees dejar salir – Respondió alejándose para darle su espacio.
Ella comenzó a buscar eso que necesitaba dejar salir de su interior, que desesperado luchaba por ser expresado, cientos de emociones la recorrían de arriba abajo, colmado su cabeza, haciendo latir con fuerza su corazón, estremeciendo su alma y la avalancha que se desataba dentro de su ser cada vez cobraba más fuerza, luchó contra esta para no ceder, para encontrar algo más, pero el dique que contenía sus emociones se hizo pedazos.
- ¡Papá! – Gritó con todas sus fuerzas y su voz se quebró al final debido al sollozo que escapó de su pecho, las lágrimas se hicieron presentes mientras todo su cuerpo temblaba. Abrió los ojos y pudo ver el dolor reflejado en la cara de Candy, se sintió culpable por haber dejado salir eso que tanto se había empeñado en esconder, que extrañaba demasiado a su padre. Salió corriendo del lugar dejando a todos los presentes preocupados por ella.
- ¡Vicky! – Exclamó la rubia sintiendo un profundo dolor por verla así.
- Espera Candy… deja que vaya yo a buscarla – Pidió Terry corriendo tras la chica que se había internado en el bosque de pinos.
Victoria corría sin saber a dónde, solo quería alejarse de ese lugar para no ver la angustia en el rostro de su mamá y la lastima en el de Trevor y su padre, se había mostrado débil y estúpida, llamando a un padre que sabe nunca volvería, porque ya no existía y ni siquiera la había visto nacer, un padre que solo conocía por palabras de otros, pero que nunca le dio un abrazo o le contó un cuento antes de dormir, ni la arrulló cuando tenía frio o miedo… un padre que no podía siquiera llamar así, porque no lo había sido, no para ella, nunca para ella – Se dejó caer de rodillas sobre la nieve y sus hombros se estremecían a causa de los sollozos.
- Vicky… - Susurró Terry con la voz un poco agitada por la carrera.
- Estoy bien… solo necesitaba… - Decía cuando otro sollozo cargado de dolor se escapó de sus labios y más lagrimas se hicieron presentes.
- No pasó nada… ven aquí – Mencionó colocándose de cuclillas para estar a su altura y rodeándola con sus brazos para abrazarla con fuerza.
Ella se aferró a ese abrazo que Terry le brindaba, rodeó la cintura del castaño con sus brazos y hundió su rostro en el pecho de este mientras sollozaba con fuerza y temblaba como una frágil mariposa en medio de una tormenta. Él la dejó desahogarse mientras le acariciaba el cabello y deposito un par de besos en este, sintiendo un nudo en la garganta al verla llorar de esta forma, así pasaron unos minutos, él se dejó caer sentado para arrullarla como una niña y ella a momentos bajaba la intensidad de su llanto y en otras dejaba escapar jadeos cargados de sentimiento.
- Yo quiero un papá… quiero que me abrace y me cuide, que se me reciba cuando llegué a la casa y me haga bromas, que me de regalos especiales así como usted hace con Trevor porque me conoce… que sepa lo que me gusta y lo que no, que se sienta orgulloso de mí… solo quiero que este y no que sea solo una imagen vaga en mi cabeza… quiero poder llamar papá a alguien de verdad y escuchar que este me llame hija… solo eso… solo eso – Decía entre sollozos.
- Todo estará bien Vicky… sé que puede resultar difícil y hasta injusto, pero Dios siempre hace las cosas por algo, estoy seguro que tu padre desde donde esta te está viendo y desea con todas sus fuerzas poder abrazarte, él te amo profundamente y aun lo sigue haciendo, no tienes por qué llorar pequeña… mírame – Dijo levantando la barbilla de ella con el dedo índice y limpiando con el pulgar las lágrimas que seguían brotando de sus ojos – Hagamos un trato, mientras estés aquí yo seré como tu padre… podrás llamarme así y yo te llamare hija ¿Te parece? – Preguntó sintiendo su corazón latir cargado de emoción al ser consciente que tal vez podía darle lo que esa pequeña necesitaba y que él estaría encantado de ofrecerle.
- Pero… Trevor seguro se sentirá celoso… es probable que no le guste… - Esbozó de manera entre cortada por los sollozos que intentaba controlar.
- No lo creo, además él siempre anda diciendo que ya es un hombre y no necesita que lo esté consintiendo, así que podría darte todos los mimos a ti – Expuso con una gran sonrisa.
- ¿De verdad haría eso? – Preguntó con los hermosos y grandes ojos ámbar brillando a través de las lágrimas y su rostro lleno de esperanza.
- ¡Por supuesto! Siempre quise tener una hija a quien pudiera consentir hasta que fuese muy, muy grande, sería un honor ser tu papá Vicky – Aseguró mirándola a los ojos para que supiese que hablaba en serio.
- Gracias – Susurró un poco apenada por poner al señor Terry en esta situación.
- No tienes nada que agradecer, en todo caso yo debería darte las gracias a ti por aceptar ser la hija de un quisquilloso como yo, ahora vamos que tu mamá debe estar preocupada – Dijo colocándose de pie al tiempo que la ayudaba a ella.
Candy y Trevor se habían quedado en el mismo lugar sintiendo la preocupación correr por todo su cuerpo, sobretodo la rubia quien sentía el alma aprisionada al ver que no regresaban, caminaba de un lado a otro pero sin alejarse mucho, mientras el chico intentaba calmarla asegurándole que su padre lograría animar a Vicky, la rubia al ver el semblante contrariado del hijo de Terry después que su hija saliese corriendo y también su preocupación le pareció justo contarle al joven esa verdad que le había dicho a su hija, que sus padres habían muerto y ella no era su madre biológica; este comprendió la actitud de la chica y todas esas veces que decía que tenía un papá maravilloso, lógicamente estaba esbozando sus deseos de tener uno igual. El alma les regresó al cuerpo a los dos cuando los vieron aparecer, Terry llevaba a Vicky cargada sobre su espalda mientras sonreía haciéndole bromas sobre que tenía muy buenos pulmones y que seguramente su padre si había escuchado ese llamado pues había retumbado hasta en el cielo, bajó a la chica quien corrió enseguida hasta Candy y la abrazó con fuerza, ellas no dijeron nada solo se miraron y eso bastó para comprenderse, su unión era muy fuerte a pesar de no llevar la misma sangre.
- Trevor… quisiera preguntarte… - Se acercó después al chico mirándolo a los ojos y sonrojándose por lo que quería pedirle, tomó aire y continuo – Yo quería saber… si puedes… ¿Puedes compartirme a tu papá? – Preguntó con los ojos iluminados por la esperanza de que el chico dijese que sí, rogando para que no se fuese a molestar con ella porque la verdad era que no quería eso.
- ¿Compartirlo? – Inquirió con una linda sonrisa – Por supuesto Vicky… es más dentro de unos años cuando se ponga más viejo y ande de cascarrabias te lo puedes llevar – Contestó y su sonrisa se hizo más amplia mostrando que no le molestaba en lo absoluto la idea.
- Con que viejo cascarrabias… ya verás – Lo amenazó tratando de mostrarse serio y corrió para darle una nalgada, él chico recibió la primera pero logró esquivar la segunda riendo de buena gana pues a veces se jugaba con su padre así, Terry dejó libre la carcajada acompañando la de su hijo así como la de Vicky y Candy quienes los miraban divertidas.
- Gracias – Susurró la rubia minutos después cuando los chicos jugaban con la nieve a pocos metros y ella se hallaba sentada sobre un tronco caído junto a Terry.
- ¡Bah! No tienes nada que agradecer Candy, no tienes idea de lo feliz que me hace todo esto… siempre quise tener una hija – Mencionó observando a la chica que reía llena de alegría.
- ¿Por qué no lo hiciste? – Preguntó desconcertada.
- ¿Por qué no hice qué? – Contestó el castaño con otra pregunta pues su cabeza estaba aún envuelta por esa nebulosa de felicidad al escuchar a Vicky llamarlo papá.
- Tener una hija… ¿Por qué no la tuviste? – Inquirió de nuevo mirándolo.
- No… no lo sé… - Dejó libre un suspiro pesado y se volvió para mirarla, había llegado el momento de contarle lo que sucedió con Susana – No se pudo Candy… o debería decir mejor que yo no pude, cuando regresé a Nueva York después de ese tiempo perdido de todo, tenía la firme decisión de dejarle claro a Susana que me encargaría de ella en todo lo que concerniese a su recuperación, que estaría allí para apoyarla el tiempo que fuese necesario… pero que no podía casarme con ella pues una unión basada en una imposición no nos haría feliz a ninguno de los dos, pero cuando fui a hablar con ella la vi tan deprimida, tan delgada y desencajada que no tuve el valor para hablarle con la verdad, solo le pedí un poco de tiempo para organizar las cosas, así lo hice y cuando me di cuenta ya el tiempo había pasado y yo debía tomar una decisión… así que recordé las últimas palabras que nos dijimos esa noche en el hospital y supe que debía quedarme junto a Susana y tratar de hacerla feliz y de serlo yo también… pero las cosas no eran tan sencillas como pensaba, pues yo debía responderle a la mujer que había deposado como ella esperaba y fue algo que no pude hacer, no pude engañarla pues ella sabía bien el motivo por el cual yo… yo no podía entregarme por completo, ni mostrarle el amor que esperaba, así que llegamos a un acuerdo – Respiró profundamente para continuar entendiendo que el silencio de Candy era una petición de ella para que lo hiciera –Ante todos éramos un matrimonio feliz, estable y digno de emular… pero entre las paredes de nuestra casa solo éramos dos seres solitarios que se hacían compañía, dormíamos en habitaciones separadas que se comunicaban por un salón que era propiedad de Susana para recrearse bordando, pintando y leyendo, se suponía que yo algunas veces dormía junto a ella o la buscaba para cumplir con nuestros deberes maritales… pero eso nunca pasó en el primer año y medio de casados, ella se mostraba comprensiva y yo me sentía un miserable por verla esperar en silencio, sin reclamos, sin exigencias… la verdad era en lo único que no podía corresponderle a Susana pues en todo lo demás me esforcé, tal vez para recompensarla de algún modo – Expresó sumiéndose en esos recuerdos que aún le dolían.
- Pero… no entiendo… - Intentó decir Candy, pero se detuvo sin saber cómo expresar lo que quería preguntar sin sonar entrometida.
- Trevor fue el último deseo de Susana, su única petición… cuando teníamos dieciocho meses de casados, ella enfermó… al principio pensamos que era una simple anemia y que no se estaba alimentando bien, pero los médicos nos dijeron que se trataba de leucemia… que podían tratarla y mantenerla bien por un par de años, tres cuando mucho gracias a los avances médicos que se habían presentado hasta la fecha, pero que eso no aseguraba una recuperación definitiva y además afectarían muchas funciones de su cuerpo, entre ellas la de reproducir… como era de esperarse Susana quedó devastada ante la noticia, el tiempo de esperar a que yo me dignase a amarla, hacer mi mujer y la madre de mis hijos se agotaba, sabía que debía decidir entre vivir un par de años más negándose toda posibilidad de ser madre o dejarse morir esperando a que yo reaccionase, si cuando pasó lo del accidente me sentí horrible te puedes imaginar cómo me sentí al comprender en la situación donde me encontraba esta vez… transcurrió una semana y Susana empeoró al ver que yo no me decidía, hasta que una noche estando en el hospital me rogó que le diese al menos la posibilidad de tener a un ser de su sangre y su carne entre sus brazos, que le diese la dicha de saber lo que sentía ser madre, que no importaba si se le iba la vida en ello, pero quería dejar algo por lo que pudieran recordarla y amarla cuando ya no estuviese en este mundo. Yo no pude negarme Candy… sencillamente no pude… así que volvimos a la casa y esperamos a que ella se recuperase un poco, ella solo me pidió que fuese consciente que era a ella a quien tomaba y no a alguien más, pues quería ser ella la madre de ese niño en todos los aspectos y eso incluía mis pensamientos; la noche en que concebimos a Trevor ambos lloramos abrazados, ella tal vez de tristeza, de felicidad o de resignación y yo de miedo, de dolor, de… de culpa… no quería que mi hijo fuese como yo Candy… no quería despertar un día y que él me mirase sintiendo que nada más había sido una equivocación o algo que no se había deseado, yo quería que mi hijo fuese fruto del amor absoluto, sincero y maravilloso que una vez… - Terry se interrumpió dejando libre un sollozo pero se limpió las lágrimas rápidamente mientras Candy también lloraba escuchándolo, él respiró profundamente para continuar – Pero no se lo dejé ver… en ningún momento le dejé ver a Susana mis dudas y mis miedos después de esa noche, le entregué a ella lo que mi cuerpo de forma natural podía estregarle y dos meses después confirmábamos el embarazo de Susana… estaba feliz y yo también, feliz por ella y por mí, porque el solo hecho de leer en esa prueba positivo me lleno de emoción y de esperanzas… los nueve meses siguientes fueron los más tensos de mi vida y el día que nació Trevor fue el más maravilloso que haya tenido hasta ahora… cuando lo escuché llorar fue como si un huracán se desatara dentro de mi pecho y cuando lo tomé entre mis brazos todo mi mundo se llenó de luz, él era un sol… mi sol Candy – Expresó riendo - ¡Dios aún recuerdo que discutía con mi madre y la madre de Susana para atenderlo! Quería estar siempre junto a él… lo alimentaba, lo cambiaba, cuando despertaba en la noche yo era quien lo atendía, se convirtió en todo para mí y también para Susana, él la llenó de fuerzas, de vida… tuvo una mejoría tremenda después del parto y aunque todos le insistíamos para que se pusiese bajo tratamiento ella se negaba pues una vez bajo estos no podría amamantar a Trevor y se rehusaba a eso… así paso un año hasta que no pudo seguir aplazando sus terapias, estas le producían una mejoría notable, pero también hacían estragos cuando fallaban, pero ella no quería dejarse vencer ahora que tenía a Trevor, este era su motivo para luchar por su vida… paso cinco años de hospital en hospital, viajando a donde quiera que hubiese alguien que le pudiese brindar una esperanza, hasta llegó a ofrecerse para probar tratamientos nuevos pues muchos le aseguraban que serían definitivos… al final su cuerpo no aguantó más, regresamos a la casa en Nueva York, ya Trevor tenía siete años y ella al menos había disfrutado de él durante mucho más de lo que pensó en un principio… se marchó una mañana de primavera, en medio de los dos que dormíamos junto a ella pues la noche anterior nos lo había pedido, su semblante se notaba relajado… en paz – Terminó por decir Terry dejando escapar un suspiro que se llevaba los últimos restos de ese peso que a veces lo embarga, al comprender ahora que si bien no había amado a Susana como ella se merecía, luchó por hacerla feliz y le entregó aquello que ella más deseaba en el mundo.
- Terry yo… lo siento en verdad, cuando tomé aquella decisión en el hospital pensé que todo sería sencillo y que podíamos continuar con nuestras vidas, lamento lo que le sucedió a Susana… y por todo lo que tuvieron que pasar ambos, si te consuela saber para mí las cosas tampoco han sido fáciles… y no hablo de carencias materiales o afectivas pues mis madres, Albert, Archie y Annie siempre estuvieron conmigo y con Vicky, pero eso que acabas de ver ahora con ella es en parte mi culpa… si yo hubiese pensado en ella y en la falta que le hacía un padre, pero fui egoísta y solo pensé en mí, en que yo no deseaba volver a caer en… - Se detuvo sin saber cómo continuar sin exponer sus sentimientos.
- ¿En un error? – Preguntó Terry sintiendo un pinchazo en el corazón.
- ¡No! No en un error… lo nuestro no fue un error Terry… simplemente… fue algo que no pudo ser, pero no fue porque alguno de los dos falló, nosotros éramos tan jóvenes y estábamos demasiado presionados ¿Qué podíamos hacer? Si cualquier decisión que tomásemos iba a terminar hiriendo a alguien lo quisiéramos o no, no teníamos más opción… puede que suene estúpido de mi parte pero así debía ser, mira a Trevor y a Vicky… solo por ellos valía la pena cualquier sacrificio, tú eres un padre maravilloso y no fue necesario que tuvieses un hijo con… conmigo para demostrarlo, estoy segura que lo hubieses sido si la madre era Susana o alguna otra mujer – Expuso sintiendo que sus ojos se llenaban de lágrimas.
- Puede que tengas razón… pero ¿Entonces por qué no te animaste a abrir tu corazón a alguien más Candy? ¿Por qué te cerraste al amor? – Inquirió mirándola a los ojos.
- Porque yo… yo… no lo sé… no se dio la oportunidad – Contestó pero al ver que él levantaba la ceja y le dejaba ver que sabía que estaba mintiendo terminó por confesar – Por favor Terry… sabes que yo no soy la más amorosa de este mundo… que para mí basta el amor de mi familia y mis amigos… y no me sentía preparada ¿Es eso lo que querías escuchar? Pues bien no me sentía preparada para entablar una relación con otro hombre – Agregó colocándose de pie y dándole la espalda pero antes que pudiese alejarse él la tomó de la muñeca.
- No… no es eso lo que quería escuchar – Dijo volviéndola para mirarla a los ojos – Quiero escuchar el motivo por el cual no te sentías preparada ¿Qué te impedía enamorarte de nuevo? – Preguntó clavando su intensa mirada en la de ella que evidentemente lucía asustada.
- Yo… yo… - Trataba de encontrar en su cabeza algo convincente.
- Tú… tú… - Esbozó él con una sonrisa al ver que ella estaba nerviosa.
- ¡Terry ya deja de mirarme así! Yo solo… no tengo porque responderte – Expuso intentando alejarse pues sentía que el tacto de él la quemaba.
- ¿No tienes o no quieres? ¿O es que caso te pongo nerviosa Candy? – Preguntó acercándose más a ella mientras su mirada se paseaba por el rostro de la rubia.
- ¡Nerviosa, por favor! No seas tonto… no has dejado de ser el mismo arrogante vanidoso del Colegio… que tonterías dices, como si yo fuese una chiquilla – Respondió moviendo un pie.
Este tropezó con el troco donde se encontraban sentados minutos antes y resbaló, en un intento por sujetarse de algo jaló a Terry por la chaqueta y se lo llevó consigo cayendo sobre un montón de nieve tras ellos. El castaño intentó evitarle el impacto de la caída girándola para caer él primero y fue quien recibió el golpe seco quedando sin aire, ella al ver la cara contraída de dolor se asustó y comenzó a acariciarle el rostro.
- ¿Terry? ¿Terry estas bien? Lo siento… lo siento… por favor… intenta respirar – Decía alarmada, sin dejar de tocarlo.
- Intento… pero tu peso… no me deja… - Bromeó al ver el miedo en ella.
- Ay perdón… lo siento – Buscó colocarse de pie pero él cerró los brazos en su cintura.
- No… no, mejor… no te levantes y más bien… creo que deberás darme respiración… boca a boca, eres enfermera sabes que me puede salvar la vida – Esbozó fingiendo que aún no tenía aire, controlando la risa al ver la expresión de ella.
- ¡Ah, eres un idiota Terry! Suéltame… deja de jugar como si fueses un niño, me asustaste enserio, deja de fingir y ponte de pie – Esbozó molesta por las bromas de él, llevando nieve y esparciéndola en el rostro de él para que esta fuese la que lo refrescase.
- ¡Candy me estas ahogando! ¡Deja que me levante de aquí! Ahora no te soltaré – La amenazó pegándola más a él - Perfecto, actuaré entonces como un hombre Candy… - Dijo girando para quedar sobre ella aprisionándola con el peso de su cuerpo.
Ella se tensó de inmediato y su corazón comenzó a latir como loco, pulsando en sus sienes con la mirada clavada en las pupilas zafiro que brillaban con intensidad, ella quería hablar, moverse, cerrar los ojos, hacer algo, lo que fuese y no podía, estaba completamente a merced de él. Terry se acercó un poco más detallando ese rostro que tantas veces había añorado en sus sueños y que ahora tenía a escasos centímetros del suyo.
– Aun siguen allí… casi han desaparecido pero ahora puedo verlas con claridad, sigue coleccionando pecas – Expuso con una sonrisa y el deseo lo recorrió con fuerza – Sigues siendo la misma… sigues siendo mi pecosa – Expresó mientras acortaba la distancia en sus labios y los de Candy que parecía ser interminable.
Continuará…
Edeny, Luna, Lady Anny, Alejandra, Zulay... mil gracias chicas por sus comentarios, de verdad me hace muy feliz que esta historia les guste, en lo particular es una de mis favoritas, por la ternura que encierra, es a mi parecer muy linda, así que me alegra transmitirles la misma emoción, aun quedan algunos capitulos que le estaré colgando en los próximos días, de verdad muchas gracias por tomarse el tiempo de leer y dejarme sus comentarios, abrazos!
