EL CLAN ORIHARA


IV


Residencia del Clan Orihara y sus alrededores

15 de abril, mañana

Kyouko Orihara esbozó media sonrisa al notar que su hijo hacia lo mismo en el otro extremo del patio; para variar, Izaya no estaba en la ciudad indagando sobre aquello que pensaba le resultaría favorable o jugando shogi en el interior de la mansión.

En su lugar, con las manos apoyadas en el marco de la ventana y con la mirada puesta sobre el recién contratado samurái, la sonrisa de Izaya resultaba casi agradable. Y tal vez sincera. Kyouko lo esperó así. Si acaso se equivocaba, al menos tenía la seguridad de que aquella sonrisa distaba mucho de las que Izaya adoptaba cuando trataba con los demás.

Cuando la mujer lo miró con detenimiento una vez más, pensó que, en definitiva, no se trataba de su conocida sonrisa felina sino de alguna nueva.

Así, Kyouko se halló secretamente feliz pese a que las manos, muñecas y dedos de su hijo requerían de permanecer firmemente envueltos con vendas.

La mujer posó sus escrutadores ojos sobre Tsugaru.

—Tal parece que Iza-kun tardará en sentirse aburrido... Eso... eso está muy bien. Me alegro mucho... —murmuró la madre antes de regresar al interior de la mansión y buscar a sus hijas. Al hacerlo, permaneció con Izaya en su mente.

Shizuo en cambio siguió muy atento los movimientos de su joven amo, aunque fingía que no se había dado cuenta de que era observado por éste (y su madre).

Continuó blandiendo la espada, con los músculos visiblemente tensos, y procurando mantener oculto lo que renegaba ser en todo momento...

... un monstruo.

Y algo peor que eso.

Debido al incidente, seguro que no tardará en formarse ideas peligrosas.

—¡Shizu-chan!

Shizuo logró no tronar la empuñadura de su espada ante el sobresalto.

Se giró iracundo al joven que tal parecía tenía una habilidad sorprendente para ir de un lado a otro sin ser visto u oído (así como una pulga que da saltos cada dos por tres). Seguramente así era como Izaya había bajado desde la segunda planta.

—¿Qué demonios...?

Izaya soltó una risilla y luego agitó la mano con aire despreocupado.

—Cierto, cierto. Lo olvidaba. Lo mejor será que dentro de la mansión (y quizá también en los suburbios) siempre te llame "Tsugaru". Pero nadie, incluido tú, podrá negarlo: "Shizuo" es un mejor nombre. Sí, definitivamente es un mejor nombre... Aun así, no deberías preocuparte tanto. Aunque la mayoría de veces la gente que solicita ver a Shirou-san suele quejarse de mí, nunca ha decidido mantenerme vigilado ni nada parecido. Como es de costumbre, cada uno atiende sus propios asuntos. Tu secreto está perfectamente a salvo conmigo. O, mejor dicho, lo estarán cada uno de tus secretos. No pienses que me resultará difícil saber el por qué has llegado a servir al clan. ¿Desde cuándo es mejor eso a seguir vagando errante como un buen ronin?

Shizuo no supo que responder ante aquella declaración (o varias, de hecho). Y menos cuando Izaya la hubiera dicho con actitud en extremo calmada. Como si se tratara de alguna trivialidad, que en definitiva no era.

—Veo que ya no tienes el rostro muy amoratado —replicó Shizuo con ligera sorna.

Empezó a cubrir la espada con una buena cantidad de telas (quizá para pensárselo dos veces antes de decidirse por usarla). Con el paso de los años había llegado a la conclusión de que era mejor cargar consigo la espada a no hacerlo pues la mayoría de los citadinos y personas ambulantes no tenía intenciones de armar lío si la notaban.

Izaya le sonrió en respuesta.

A decir verdad, el cardenal seguía resultando bastante visible: aunque no le dolía demasiado, la piel de su mejilla se había mantenido enrojecida e hinchada. Lo sabía no sólo por el escozor sino también por las miradas que hacía rato recibió por parte de sus hermanas y de su madre, así como por las que no recibió de su padre, el autor.

—Entonces, ¿no me contarás nada más que tu nombre? Bien, está bien, supongo que si fuera tan fácil conocerte del todo no podría ser al mismo tiempo un asunto divertido... Y, por otro lado, ¿por qué sacas ese detalle a relucir?

Izaya se cruzó de brazos, pero mantuvo una expresión apacible.

—Por ninguna razón en particular, Pulga. Quizá me sorprende el que alguien como tú se deje abofetear tan fácilmente. Aunque se trate de un miembro de tu familia. (Y regente de un han completo.)

Incluso pienso que sería capaz de vengarse.

He notado que muy a menudo suele juguetear con una cuchilla.

—En primer lugar, yo no tengo la menor consideración hacia "ellos", aun cuando se piensen a sí mismos como mi familia. A mi parecer, ellos resultan igual de útiles o no como cualquier otro ser humano, ¿no estás de acuerdo? De tal modo que es el mismo amor el que les profeso. Además, ¿qué razones tendría yo para protestar? Resulta más conveniente que Shirou-san crea que tiene así cierto poder sobre mí. Bien sabe todo mundo que, si algo le sucediera, aquellos que antes lo hubieran seguido fielmente me jurarían lealtad, pese a lo que soy. Yo soy su heredero después de todo. Y, para que lo sepas, creo que se ha reprimido (duele más ser golpeado por un jitte, te lo aseguro). Además, aunque sea su esposa, Kyouko nunca pasaría por alto que algo serio le ocurriera a su prole... Y, hablando de la represión de los impulsos de Shirou-san, justo hace rato tú lo imitaste, ¿no?... ¿Por qué será que cada vez que alzas la espada pareces estar sufriendo...? ¿Qué es lo que piensas?

Shizuo no habló, en parte porque lo había aturdido el discurso dado. Por otra, porque no podía permitirse cometer un nuevo error... Por su bien, e incluso por el de Izaya.

En cuestión de segundos se vio abrumado por una oleada de pensamientos que preferiría evitar si le era posible: para empezar, se daba cuenta, aunque renegaba de ello, que el joven Orihara parecía buscarlo con una insistencia que lo dejaba perplejo. Y, por supuesto, los motivos que tenía para haber llegado a la residencia de éste no dejaban de atormentarlo.

Supongo que no puede evitarse...

A mi pesar, cuando he jurado lealtad al clan, lo hice para cada uno de los miembros de esta extraña familia. Para cada uno, sin excepciones. Aun cuando consideren que es algo normal recibir con un golpe a quien pensaban muerto... Imbécil, como si fuera a dolerle menos si piensa que nada tiene que ver con él.

Shizuo no se dio cuenta de que había desviado por completo su atención de Izaya.

¿Qué tan monstruoso soy si opté por permanecer al lado de esta familia? Aunque no sean lo que la mayoría considera "buenas personas", yo soy... peligroso. ¿Tendría que alejarme? Si yo mismo no soy una buena persona, ¿en qué me convierte servir a alguien similar?

¿Mi vida es a tal punto valiosa?

¿Lo es?

—¿Tsugaru...? —intervino Izaya.

—Olvídalo, Pulga. Lo pasado es pasado y no pienso decirte nada. Lo mejor sería que mantuvieras las distancias conmigo —gruñó, al tiempo que colgaba al obi su espada.

Notó que sus dedos tenían intenciones de crisparse como siempre que perdía el control y eso era precisamente lo que le había dificultado hacer el nudo y sellar de ese modo el arma.

Yo odio la violencia.

Yo odio la violencia.

La odio, aunque la violencia soy yo.

—Tú eres un amasijo de contradicciones, ¿lo habías notado? —Izaya soltó un largo y fingido suspiro. Después se estiró de brazos.

Y aun cuando callas, dices mucho, Shizu-chan.

Es cuestión de tiempo solamente.

Un poco de tiempo es lo único que requiero para devolverte el favor...

Ya lo veras.

—Está bien, Tsugaru. Quizá el día de hoy no pueda enterarme de gran cosa, pero te prometo que no pasará mucho tiempo para que el saber tu nombre se vuelva una nimiedad. ¡Necesito ir a por esa información...! ¡Y cuanto antes mejor! ¿Por qué? ¿Por qué alguien se resignaría a ser el siervo de la familia Orihara...? No es comprensible, ni siquiera un poco. Yo mismo he esparcido terribles rumores y algunos que no lo son tanto.

—A ti nadie podría quitarte el buen humor, ¿cierto? ¿O no es verdad que apenas unos cuantos días atrás estabas pidiendo mi ayuda? —Izaya calló pues le interesaba saber cuáles eran las intenciones de Shizuo para decirle aquello. Le gustó pensar que lo estaban provocando (algo que no le sucedía con demasiada frecuencia)—. No trataste de quitártelos de encima... ¿Por qué? Esa pregunta me parece más interesante que cualquier otra. ¿Por qué llegaste a aceptar el morir en ese sitio y por esa calaña? ¿Por qué ayudaste a esa mujer?

Izaya aplaudió y luego asintió repetidas veces con la cabeza, claramente satisfecho.

—¡Estoy emocionado! ¡Realmente lo estoy! Te pensaba alguien lento... Si acaso "lento" es la palabra adecuada para esta situación... Pero quizá no me resigné a nada en ese entonces... Quizá ya sabía de la verdadera naturaleza de "Tsugaru-san". Quizá sabía de antemano que no moriría.

—¿Es eso cierto? —Shizuo bufó. Era evidente que no le había creído.

—¡A saber! Lo que sí puedo asegurar es que pasaré un muy buen rato contigo... ¡Quiero saber qué eres! ¿Un humano? ¿Un humano como el resto? ¿Serás algo como... algo como lo que es ella...?

Shizuo arrugó el ceño.

¿Así que un humano? Yo no consideraría esa posibilidad...

Bajó la mirada hasta que se detuvo en las manos y dedos heridos de Izaya.

Se había percatado de que los movía con un poco de torpeza.

¿Qué será lo que en verdad le importa a una persona como él?

Quizá piense que no tiene "salvación" alguna y por eso tiene la pretensión de entender a otros en lugar de a sí mismo.

Qué importa, en cualquier caso. No tengo intenciones de congeniar más de la cuenta con...

—¡Tsugaru-san! ¡Tsugaru-san! ¡Tsuuugaru-saaan! ¡Tienes que ayudarnos! ¡Y si no quieres, te recordaremos que es tu deber hacerlo!

Izaya se apartó justo cuando Mairu y Kururi, quienes buscaban rehuir de su madre y de sus obligaciones, se aproximaron para rodear a Shizuo. Éste pareció contrariado por la repentina cercanía de las gemelas de tal modo que tardó en darse cuenta de que Izaya se marchó del lugar, dada la oportuna intervención.

¿Qué estás ocultándole a los demás, Shizuo?

Ofreces con tal actitud una cantidad abrumadora de posibles respuestas.

Todas igual de interesantes.

Interesantes a tal punto como para pensar que, a cambio de conocerlas, y únicamente para sentir que estamos a mano, tendré que ofrecerte el amor del que te he hablado... —la mirada de Izaya se ensombreció sin que fuera capaz de modularla—. No importa si resultas un monstruo o alguna otra criatura. Lo que te ofreceré será precisamente ese amor que le doy a todos por igual... y nada más.

Tienes razón; sí que le tengo miedo a la muerte, pero también a cosas peores...

Incluso él pudo darse cuenta: "No dejará a tus palabras hundirse en su corazón.

Mientras Izaya se adentraba en la mansión para luego tenderse cerca del tokonoma, las gemelas continuaron parloteando y danzando en torno a Shizuo. Algunos sirvientes apostados en los alrededores interrumpieron sus tareas para darles un vistazo.

El entusiasmo desmedido de las gemelas resultó en la perdida de, a consideración del samurái y posteriormente de Kyouko y de Namie, elaborados peinados.

—¿De dónde has venido, Tsugaru-san? ¿Es cierto que salvaste a Iza-nii el otro día? ¡No ha querido contarnos gran cosa! ¿Por qué ha llegado él magullado y tú completamente ileso? ¿Eres así de hábil con la espada? ¡Iza-nii lo es también con las cuchillas! ¿Lo salvaste, aunque no lo merecía? ¡Tsugaru-san es un personaje de lo más extraño!

—Extraño (no lo entiendo).

—¿Hubieran preferido que no fuera así?

—¡Así que es cierto! Madre tiene razón.

—Sí (no se equivocó).

—¿De qué están hablando ustedes dos? —Shizuo empezaba a marearse de seguirlas. Aun así, agradeció que hubieran ahuyentado a Izaya. La facilidad con la cual era capaz de sacarlo de sus casillas y de llevar las conversaciones a buen puerto no le resultaban convenientes.

—Si acaso Iza-nii y padre la escucharan de vez en cuando... ¿Sabes que ha dicho de ti? Nuestra madre quiero decir —Mairu se apoyó en los hombros de su gemela y continuó dando pequeños brincos, sin importarle que doblara de ese modo la suela de sus sandalias—. Madre piensa que le harás un bien a Iza-nii. Todavía no entendemos que ha querido decir con eso, pero suponemos que se trata de algo bueno, ¿no? En cualquier caso, ¡eres mejor que los demás siervos! ¡Ninguno ha tenido el descaro de presentarse con una pinta como la tuya! ¡Y mira que han llegado a solicitar audiencia sujetos de lo más raros! ¿Tienes hermanos? ¿hermanas?

—Disculpe (hemos hablado de más).

Yo tampoco creo entenderla.

Pero nada "bueno" podría pasarle a nadie si acaso permanece conmigo.

Da lo mismo de quién se trate o si acaso esa persona me importa.

Mairu y Kururi se percataron del aura lúgubre que de pronto envolvió al otro. Les recordó a las que de cuando en cuando sentían cerca de su hermano.

Así, prefirieron encarar a su madre y luego hurtar alguno que otro mochi.

Cuando se hubo quedado solo, Shizuo contempló sus manos y luego la mansión que se alzaba frente a sí. Se detuvo unos instantes en el sitio dónde Izaya le había estado vigilando.

—¿Qué tengo que hacer?

Por unos instantes, deseo tener a su lado a Tom o a Kasuka.

—Pero no importa cuánto anhele que eso ocurra, al final tendré que conformarme con la Pulga.

Rio débilmente antes de abandonar el patio.

[...]


N. del A. Y bien! Aquí la tienen después de tanto tiempo: ¡una actualización! Espero que les haya gustado. Ahora que me he organizado, confío en poder actualizar constantemente las historias que he dejado pendientes.

En fin, ¡muchas gracias a todos por leer y por sus follow/fav! (^w^)/

Guest: ¡Gracias por leer la historia! Espero que te guste el resto. ¡Un saludo!

Tara captor: Te agradezco mucho tu comentario. Apenas lo leí me he obligado a sentarme hasta terminar el presente capítulo. ¡Muchas gracias! ¡Un abrazo!