La Prohibida, Capítulo Final


Sosteniéndola en su regazo, Goten contempla embelesado a la impetuosa adolescente que debido a su carácter parecía mitad ángel, mitad demonio. Por más divertida o extraña que pudiera resultar, «angelonio» sería una palabra muy apropiada para definirla. Sin embargo, la chica que muchas veces tenía el carácter de un demonio, ahora lucía como la más tierna ángel. Su respiración era tan profunda y tranquila que parecía estar sumida en el más dulce de los sueños. ¿Qué estaría soñando? ¿Estaría él incluido en su mundo onírico? Sonrió instantáneamente con la curiosidad que brotó. Resultaba muy divertido que deseara estar con ella inclusive en sus sueños. Quería serle importante en cada momento de su vida, tal como Bra lo era para él. Profundamente emocionado, acarició suavemente los cabellos del color que se había convertido en su eterno favorito: el turquesa. Sí, al verla tan bella y tierna, supo que pelear por ella con todas sus fuerzas había sido, y también sería, la mejor decisión de su vida. Recibir la paliza que Vegeta le dio, había valido totalmente la pena. No obstante, a pesar de haber sido curado ya por la semilla del ermitaño, el dolor de los golpes propinados por el padre de Bra seguían latiendo en el subconsciente de manera insistente. Vaya zurra le había dado el príncipe. Una que nunca en la vida olvidaría, pero que no podía objetar de ningún modo: se la tenía bien merecida. Además, el dolor soportado le hizo ver todo lo que realmente estaba dispuesto a dar por Bra. Ni siquiera él mismo imaginó que lo que sentía por ella fuera tan intenso; tanto que estuvo dispuesto a dar su vida por ella sin dudarlo siquiera. Esa chiquilla impetuosa, sin saber verdaderamente cómo o por qué, había robado su corazón completa y definitivamente. Avanzaron más minutos con Bra protagonizando cada uno de sus pensamientos, hasta que un leve bisbiseo interrumpió sus dichosas cavilaciones. Era señal de que muy pronto Bra retornaría desde el abismo de la inconsciencia. Y efectivamente su predicción estuvo acertada: la bella adolescente finalmente escapó de la inconsciencia y, esbozándole él una bella sonrisa como saludo, se encargó de cobijar su primera y confusa mirada.

—Goten... —pronunció su nombre todavía aturdida y casi sin poder creer que estuviera bien. Pero tras un rápido examen visual comprobó que no tenía signos de magulladuras y su rostro lucía tan saludable como siempre. La consecuente confusión bloqueó cualquier pensamiento coherente por varios segundos. Lo último que recordaba era haber estado discutiendo con su padre, defendiendo a Goten de algo que ella misma había provocado. Conociendo a su progenitor tanto como lo conocía, era un verdadero milagro que Goten realmente siguiera con vida. Y más aún, que pareciera estar con todos sus huesos sanos. ¿Estaría despierta realmente o estaría soñando?

—¿Pero como es posible que estés tan bien? ¿Qué pasó? —se encomendó a él para aclarar la intensa confusión que presionaba su mente.

—Lo que pasó es que mi suegro casi me mató a golpes. Pero ya estoy bien —dijo jocosamente, puesto que la situación ya estaba superada.

Ella no pudo evadir separar sus labios en gran proporción. Conocía bien a su padre y resultaba inverosímil que hubiera dejado a Goten realmente ileso.

—¿De verdad estás bien? ¡Pero si deberías estar moribundo! ¿Hace cuanto tiempo estoy inconsciente? —farfulló preguntas a la vez que abría sus ojos más que antes. Los mismos se abocaron al trabajo de examinarlo minuciosamente.

—Tranquila, estoy bien. Y llevas inconsciente sólo unos cuantos minutos. Lo que pasa es que después de la tortura tu papá me dio una semilla del ermitaño.

Esta vez la mandíbula inferior de Bra se abrió tanto que pareció tener la intención de abandonar la quijada a cualquier costo.

Goten se rió mucho con la divertida mueca de asombro que brotó en Bra. —Yo quedé peor que tú cuando lo viví. Pensé que tu papá realmente me mataría —. Brindó una necesaria pausa para que Bra reordenara sus pensamientos y luego prosiguió—: Pero aunque mi cuerpo esté sano en mi mente los golpes siguen ardiendo como un sol del infierno. El señor Vegeta enojado es peor que un demonio —puso una mano detrás de su cabeza al mismo estilo que su padre.

Bra se incorporó y llevó las palmas a las mejillas de su amado para reconfortarlo tras la violenta paliza que debió haber recibido. Sólo imaginarla provocaba escalofríos.

—Pobre de ti, Goten. Siento mucho que hayas tenido que pasar algo así por mi culpa. Todo esto fue mi culpa.

—No es así, la culpa es de los dos —le guiñó un ojo. Habría dicho que la culpa pertenecía solamente a él, pero la conocía tan bien que sabía perfectamente que ella refutaría su afirmación. En cambio, si decía que la culpa era de ambos ella no le objetaría. Y el posterior silencio de Bra le hizo ver que su predicción acertó de pleno. Ya la conocía demasiado bien—. Lo importante —continuó— es que por lo menos sigo vivo —tras lo dicho se rió prácticamente a carcajadas. ¡Ni él mismo podía creer su suerte! — Y espera a escuchar lo mejor de todo: tu papá aceptó nuestra relación.

—¿Qué dices? ¿Es en serio? —preguntó una vez más sin poder creer la información recibida.

—Si no fuera en serio ya estaría bajo tierra, ¿no crees? —bromeó, divertido.

—Tienes mucha razón —aceptó lo evidente —. Me alegra tanto que estés bien— Y desbordada por la emoción que acudió, se abrazó a él, puso una mano en el pecho de su amado y dejó reposar su cabeza en el hombro.

Permanecieron así segundos interminables, disfrutando del amor que ambos se profesaban. Sus corazones latieron uno junto al otro, nublando los sentidos pero acercando sus almas. Sin embargo, Bra no pudo disfrutar del todo el fluir de sus enamoradas emociones. El hombre que le había dado la vida junto a su madre debía estar furioso con ella o peor inclusive. Aquello la obligó a preguntar:

—¿Y mi papá donde está ahora? —se alejó del rostro de Goten para poder mirarlo a los ojos.

—Partió volando a toda velocidad hacia allá —giró su cabeza e indicó una dirección con el dedo que servía para ello.

Bra enmudeció y su empatía le hizo crujir los sentimientos. Quizás todo había salido de buena forma con su enamorado, pero con su padre las cosas no quedarían nada bien. Ella, por defender a Goten, se había atrevido incluso a enfrentarlo y eso debió ser un golpe muy fuerte para su adorado padre. Conociéndolo como lo conocía, su inmenso orgullo le haría tener resentimiento hacia ella. Era bien sabido que el rencor y el orgullo son compañeros de viaje muy cercanos...

Ahora mismo Vegeta debía estar pensando que su hija lo había dejado de lado a cambio de Goten, pero eso no era ni sería así en ningún caso. Simplemente defendió a su amado porque no le parecía justo que se llevara una paliza por algo que ella había provocado.

—Tengo que hablar con papá. Tengo que explicarle cosas. No quiero estar mal con él; tengo que hacerle ver que, a pesar de estar enamorada de ti, siempre tendrá un lugar privilegiado en mi corazón.

—Lo sé, Bra. Todos tarde o temprano tenemos que volar con nuestras propias alas y dejar el nido. Y tener un novio es uno de los inicios de ese proceso —el casi treintañero la entendió perfectamente, pues él ya había tenido que vivir el mismo proceso con su madre—. Además, tienes que hablar con él o me puede dar otra paliza... ¡y no quiero eso por nada del mundo! —agregó risueño—. No quiero que el señor Vegeta me odie o me vea como un enemigo. Lo peor de todo es que físicamente yo soy tan parecido a mi padre que su odio hacia mí se puede acrecentar todavía más —internamente tembló un poco en sus últimas palabras. No le gustaba parecerse tanto a su padre y por lo mismo había cambiado su corte de cabello. Él quería seguir su propio camino en la vida.

—Goten, tú no te preocupes por nada —dijo haciendo que sus ojos llamearan una templanza difícil de igualar — Yo hablaré con él y verás que no serás un enemigo para él.

—Ojalá así sea, Bra. Te deseo mucha suerte —le brindó un abrazo de apoyo relleno en cariño—. Yo te acompañaría, pero sé que esto es algo que les incumbe solamente a los dos. Algo exclusivo de padre e hija.

—Tienes razón —compartió su opinión —. Bueno Goten, me tengo que ir ya —dijo presurosa—. Mientras más tarde en ir con él, más demoraré en arreglar este asunto.

—De acuerdo.

En la despedida que supuestamente debía ser corta, Goten y Bra no pudieron evitar entrelazar sus miradas y adentrarse en un limbo en que sólo ellos existían. Contactaron las mejillas del otro con las palmas de sus manos, disfrutando y recorriendo cada centímetro de suave piel. Ambos cerraron sus ojos al mismo tiempo y, hambrientos el uno del otro, contactaron sus almas a través de los labios. Sus húmedas lenguas se movieron como abejas en busca de miel. La deliciosa y mágica miel del amor.

Y tras la bella despedida, Bra emprendió veloz rumbo hacia su padre.


La heredera Brief tuvo que volar mucho más de lo que imaginó en un primer momento. Su padre se había alejado bastante de Capsule Corporation; tanto que había recorrido cientos de kilómetros. El vapor que emergía cada vez que respiraba le hizo sentir empíricamente el frío meridional, pero eso no la detendría si de hallar a su padre se trataba. Finalmente, gracias a su intensa energía, avistó a su progenitor: estaba en la punta de un acantilado; con espalda erguida, brazos cruzados y mirada firmemente depositada en el horizonte. Bra detuvo su vuelo y descendió a unos cuantos metros de él, sintiendo que lo que estaba en frente era un gélido iceberg y no su padre. Sin duda, recomponer el vínculo no sería algo fácil. A través de un silente suspiro liberó la tensión yacente en sus nervios y luego carraspeó para informar de su presencia en el lugar. No era necesario hacerlo de todos modos, puesto que él ya debía haber sentido su presencia a través del ki. Avanzó unos pasos hasta quedar a una distancia prudente, sin adentrarse más de la cuenta en su espacio personal.

—Papá.

—¿Qué diablos quieres? —sin siquiera dignarse a mirarla, respondió con su voz más áspera y agresiva.

—Hablar contigo.

—Di rápido lo que tengas que decir y lárgate.

Bra no se esperaba una actitud distinta; conocía tan bien a su progenitor que sabía que pondría un alto y escarpado muro de hielo entre los dos. Su misión era intentar escalar esa muralla e intentar tocar la cima de su alma.

—No es necesario que seas tan duro conmigo, papá. Sé que te sientes decepcionado de mí, pero quiero explicarte todo y que así me puedas entender.

—No hay nada que explicar —rechazó de inmediato—. Tarde o temprano te enamorarías de algún maldito insecto. —Vomitó sus palabras como si decirlas fuera lo peor del mundo. Un par de segundos más tarde, agregó—: Aunque nunca pensé que sería tan pronto.

Ella bajó su cabeza, sin saber por qué se sentía avergonzada y apenada a la vez. Siempre había tenido una relación muy estrecha con su padre y un vínculo demasiado especial con él. Sería una verdadera lástima que debido a Goten aquel cariño se perdiera. Tan solo pensar esa posibilidad le produjo un dolor muy extraño en el pecho. Algo inexplicable a la par de insoportable.

—¿Esto cambiará nuestra relación de padre e hija? —se atrevió a exponer el miedo que la azotaba.

—Evidentemente que sí —dijo de inmediato, sin dejar lugar a la más mínima duda.

Aquella respuesta fue un verdadero latigazo para la joven Brief. Uno que no restalló sobre su piel, sino en las mismísimas entrañas de su alma. El tiempo quemó segundos que se transformaron en un par de minutos. La estocada de sus palabras la había dejado muda y una idea comenzó a retumbar en su mente, provocándole un intenso dolor. Una idea que, cuando adquirió un vigor irrefrenable, salió tristemente desde sus labios.

—¿Me odias?

Vegeta, en primera instancia, estuvo a punto de descruzar sus brazos. Logró evitarlo y, a cambio, hizo rechistar su lengua contra los dientes.

—A ti no te odio —dejó de darle la espalda y se giró para encararla—. Es a esa sabandija de Goten a quién haría pedazos. De hecho, lo hice —abandonó la posición inicial de sus brazos y alzó orgullosamente su puño cerrado—. Y si no lo maté fue solamente por ti.

Bra sufrió una disyuntiva ante esas palabras. ¿Debía recriminarlo por la paliza que le dio a su amado o agradecerle por dejarlo con vida? Finalmente descartó ambas opciones y optó por no dilatar más de la cuenta la situación. Tenía que darle las explicaciones que tanto ansiaba.

—Papá, sé que te decepcionó mi comportamiento y no sabes cuanto lo lamento. Pero también tienes que entender que ya no soy una niña; que ya crecí y tengo derecho a vivir mi vida como tú también viviste la tuya. Sé que es difícil aceptarlo, pero tarde o temprano tienes que entender que todos los hijos tenemos que volar con nuestras propias alas.

Vegeta lanzó un intenso bufido relleno de fastidio. Fastidio por aquella verdad irrefrenable y que, lamentablemente para él, era ley de vida. Bra ya no era la niña que se aferraba a él cada vez que tenía un problema. No era más la niña que prodigaba todos sus afectos hacia él. Había crecido y eso era lo que más le dolía comprobar. Verla crecer y que comenzara a dejar el nido le removía el pecho de una manera que no entendía.

—Si tanto quieres volar con tus propias alas y comportarte de una manera inapropiada, hazlo —dijo tranquilamente, pero a la voz esbozando un tono muy duro. De hecho quiso decirle palabras que la hirieran profundamente, enrostrarle que se había comportado como una cualquiera con Goten, pero logró contenerse a duras penas.

—Papá, perdóname —dijo avergonzada—. Sé que te decepcioné, pero todos cometemos errores. No quiero que esto cambie nuestra relación...

—Te atreviste a apoyar al gusano antes que a tu propio padre. Nuestra relación cambiará inevitablemente —sentenció—. Ahora puedes marcharte y «volar fuera del nido» —remarcó las últimas palabras con evidente e hiriente sarcasmo.

Bra recibió de lleno aquel golpe intangible. Llena de amargura, enmudeció. Esas palabras desencadenaron una extraña tristeza que nunca sintió antes. Jamás había tenido un verdadero problema con su padre y el que había surgido ahora amagaba con transformase en uno sin solución. Le castigaba el alma sentir esa ardiente rabia en cada palabra dicha. Laceraba las fibras de su ser inexorablemente. ¿Acaso ya no la querría como antes?

Cerró sus ojos y un sufrido suspiro emergió desde sus pulmones. Quizás, aunque la lastimara aceptarlo, ella misma se había ganado ese trato.

—Aunque ya no me quieras, yo te sigo amando papá —. Acto seguido, imaginando que su padre no la perdonaría, decidió girar sobre sus talones y marcharse cargando en soledad el peso de su tristeza.

Al príncipe, mientras tanto, le dio una especie de brutal retorcijón en su corazón. ¿Cómo podía ella pensar siquiera que no la quería? Era todo lo contrario: la quería tanto que precisamente por tal razón le dolía enormemente que comenzara a caminar su propio sendero en la vida.

—Mocosa —Bra detuvo sus pasos al escucharlo—, no digas que no te quiero porque sabes que no es así —. El tono empleado por el saiyajin le fue difícil de descifrar a su hija, puesto que mezcló emociones dispares—. Pero es evidente que estoy muy molesto. Son muchos años los invertidos para educar a una hija y luego llega una sabandija miserable y te la roba tranquilamente como si nada. No es fácil ver a un rufián entrar a tu castillo y ver como se roba lo que más quieres —apretó sus dientes, los que no dudaron en rechinar. Los puños, entretanto, se marcaron tanto que sus nudillos sobresalieron a través del cuero blanco de sus guantes—. Como dirías tú, es para cortarse las venas —complementó utilizando un dicho que Bra solía usar a menudo para expresar situaciones desfavorables.

—Papá... —se conmovió por el amor que su padre le profería. La misma emoción promovió el silencio que se apoderó de sus labios.

Ante la falta de palabras, Vegeta continuó abriendo el candado que habitaba en su corazón. Un privilegio que sólo ella y Bulma, de vez en cuando, podían inspirar.

—No es fácil pensar y aceptar que esa niñita que cuidaste desde bebé, ahora creció y ya no pedirá consuelo ni apoyo. Cuesta aceptar que ya no eres la niña a la que consentía cuando se asustaba y que no seré yo quién te consuele cuando tengas una pesadilla. Que no seré yo quien te siga enseñando cosas de la vida. Da rabia. ¡Ira! —Si Goten hubiera estado allí presente, sin duda alguna que le habría dado otra legendaria tunda.

Bra dio un profundo suspiro, enfrascada en la telaraña de sus emociones. Su corazón aceleró los latidos y su mente se encargó de evocar una secuencia de recuerdos inolvidables. Afloró con toda intensidad aquella vez en que su peluche favorito se había perdido. Ella lloraba por un osito de felpa que no tenía ninguna importancia para Vegeta, pero él no dudó en remover la casa entera con tal de encontrarlo. Recordó cuando a pesar de su enorme reticencia, la acompañó una infinidad de veces a realizar las compras que tanto le gustaban a ella. Remembró los cumpleaños en los parques de diversiones o los consuelos tras las pesadillas. Incluso vino aquella divertida vez en qué le preguntó que era la menstruación y él, improvisando una respuesta, le explicó lo mejor que pudo. Él siempre había estado para ella, cuidándola e incluso mimándola. Habían vivido tantas cosas que se quedó sin palabras a causa de la formidable emoción que la conquistó.

—Sé que es la maldita ley de la vida —continuó Vegeta ante el prolongado silencio de su hija— y que algún día pasaría. Bulma me lo advirtió, pero no pensé que iba a suceder tan pronto —chocó un puño contra el otro como acto reflejo, imaginándose que le daba una nueva tortura a Goten—. Familia siempre fue una palabra que no tenía ningún significado para mí —siguió explayándose, como nunca lo hacía—. Una palabra de mierda. Hijos, hijas, esposa o padres. No significaban nada. A mi madre jamás la conocí y con mi padre nunca hubo un vínculo más allá de lo preciso. Los saiyajins no formábamos enlaces de ese tipo —hizo un pausa que significó un punto aparte en su argumento—. Como ya lo sabes, Bulma cambió mi vida y Trunks también formó parte de ello. Pero mientras él era un bebé, yo nunca participé en su crianza. Tú, en cambio, naciste en otra etapa de mi vida. Contigo si pude vivir todo lo que con Trunks no pude. Y sin poder evitarlo te volviste mi niña consentida. Nunca había tenido un vínculo así con nadie. Algo muy distinto a cualquier cosa que haya sentido o vivido. Y que dejes de ser mi niña pequeña molesta. Duele. Aunque me molesta admitirlo sobremanera, esa es la detestable palabra correcta. Es muy duro que tu retoño crezca. Que ya no te necesite... que ya no estés en primer lugar en su corazón.

Por la intensa emoción que le quitaba el aire, Bra respiró con marcada dificultad. Que su padre le otorgara una confianza tan grande como para admitirle algo así, la llenó de orgullo y felicidad al mismo tiempo. Vegeta estaba hablando a corazón abierto y, tratándose de él, a tal cosa había que darle el valor incalculable que correspondía.

—¡Papá, tu siempre estarás en primer lugar!—gritó sus palabras para darles incluso más fuerza todavía—. Ese privilegiado lugar nunca lo perderás, sólo lo compartirás con Goten. Ambos pueden tener el primer lugar en mi corazón porque son amores muy distintos. No tienes por qué sentirte así, yo jamás te dejaría de lado. Jamás porque sé que tú nunca me has dejado de lado y también sé que nunca lo harías. Yo te amo con todo mi corazón, papá.

Una emoción inusitada desplazó cualquier ruido ambiental. El viento se detuvo, el frío se convirtió en calor y el firmamento hizo arder las estrellas más que antes. Los corazones de ambos estaban despidiendo sublimes sentimientos e inundando todo de sentires. Pero Vegeta, acostumbrado a no dejar fluir sus emociones del todo, quiso evitarlas por simple inercia.

—Bah, mejor cállate. Debí criarte para que fueras monja —desdeñó a la vez que le daba la espalda y cruzaba sus brazos nuevamente.

Bra sonrió inevitablemente. En el fondo sabía que su padre sentía exactamente lo mismo, pero, conociéndolo tan bien como lo conocía, sabía que esa era la manera que tenía para contrarrestar la vulnerabilidad que sentía cuando los sentimientos trepaban desde el corazón hacia su faz. Su inmenso orgullo siempre lo conminaba a reprimir afectos excesivos que consideraba cursilerías. Después de todo se trataba de Vegeta, el orgulloso príncipe saiyajin.

—Ese insecto miserable no te merece... —tras unos segundos, su terquedad lo obligó a protestar una vez más.

—Papá, Goten no es un insecto miserable —lo corrigió divertida. Ningún reproche verdadero se sintió en su voz, más bien una amable jocosidad.

—Para mí siempre será una sabandija miserable.

Bra no protestó esta vez. Sabía que dijera lo que le dijera a su padre, él seguiría tratando a Goten de esa manera hasta que el fin de los tiempos se hiciera realidad. Sin embargo, si que le haría una pregunta muy importante al respecto.

—Si tanto te molesta Goten... ¿por qué lo has aceptado?

Un silencio intenso se produjo. Uno solemne y significativo. Los labios del raza pura se torcieron y sus pupilas se dilataron levemente.

—Porque quiero que seas feliz. Únicamente por eso.

—Papá... —musitó inevitablemente conmovida, al punto que debió reprimir las lágrimas que, pulsantes, acudieron a sus ojos. —Muchas gracias por entender. Gracias de verdad —repitió mientras la voz se le quebró en matices agudos y graves.

Los luceros de la joven fémina no pudieron evitar el volverse acuosos. Vegeta, soslayadamente, notó aquel sentir y no dudó en recriminarla: —No vayas a llorar. No te crié para que sueltes lágrimas por tonterías.

No quería verla con lágrimas en sus bellos orbes, aunque éstas fueran provocadas por la emoción o la felicidad. Hacía muchos años atrás, gracias a Bulma, entendió que las lágrimas no sólo surgían por causa de la tristeza, sino que también podía ser causada por una intensa conmoción de felicidad. Algo contradictorio que había logrado entender después de mucho tiempo, pero que seguía sin gustarle.

—A veces las emociones no responden como quisiéramos... Es todo —justificó ella con tono dulce. Uno que contrarrestó completamente el usado por él.

Los ojos de Vegeta siguieron la ruta que guiaba hacia los de su retoño femenino. Y un fluir de sensaciones compartieron a través de sus miradas. Pasara lo que pasara, el vínculo que los unía jamás cambiaría.

Y aferrándose al pecho masculino, mientras rompía las viles y fuertes cadenas del orgullo heredado por su padre, se permitió sentir plenamente la felicidad. Se permitió bajar la guardia y simplemente volver a ser la niña pequeña y consentida que siempre había sido y que siempre sería.

Vegeta se preguntó por qué le dolía tanto el corazón. ¿Por qué le dolía tanto verla crecer y a la vez le daba alegría? ¿Qué era aquella lanza que sentía atravesando su corazón, pero que también le otorgaba una calidez inexplicable? ¿Por qué demonios había dejado que Bra tuviera un novio si aquello le rompía tanto el corazón? ¿Por qué?

Cerró los ojos al obtener la respuesta. Sabía muy bien de qué se trataba...

«El amor no es uno solo, Vegeta. Hay tantas formas como maneras de expresarlo. Y cuando nazca este pequeño aprenderás a conocerlo»

Por alguna enigmática razón, aquellas palabras de Bulma se enquistaron en su mente a pesar de aparentemente no estar interesado en lo más mínimo en ellas. Y ahora, reviviéndolas a través de sus recuerdos, las entendía mejor que nunca.

Era amor lo que Bulma le permitió conocer y descubrir; lo que agitaba su corazón en vibrantes oleadas salvajes. Era amor lo que lo ayudó a cambiar su perspectiva del mundo radicalmente. Sí, el amor brindaba la oportunidad de ser una mejor persona y Vegeta era precisamente un ejemplo claro de ello. Pero el tipo de amor que sentía por Bra o Trunks era tan diferente al que sentía por Bulma que no terminaba de entenderlo del todo. Pero ahora, cuando a pesar del dolor sólo quería la felicidad de su hija por sobre todas las cosas, lo tuvo más claro que nunca. La lucidez que lo abordó fue una que iba más allá de lo evidente: una omnisciente y palpable, como si el mismísimo ente llamado amor se hubiera vuelto tangible delante de sus ojos.

A pesar de estar perdiendo a su niña en pos de la felicidad de pareja que deseaba vivir, sentía una fulgurante emoción; una que provocaba que la sangre fluyera a través de sus venas con más intensidad. Le disgustaba sobremanera, pero por alguna razón se sentía feliz y emocionado por ella.

Sí, definitivamente su amor de padre era algo muy bello. Ese amor provocaba que la quisiera incondicionalmente y que la amara con toda su alma. Y siempre lo haría.


Fin de la Transmisión


Nota Final: Muchas gracias a quienes han llegado hasta el fin de esta historia :D Quiero agradecerles especialmente a Sophie Brief Nara, Anna Black Andrack Bradbury, Melgamonster, Laura014, AnneBrief7, KarenDG, SviMarcy, Ceruleanrainblues y Lunaticaxvegeta por su apoyo y buena onda a través de reviews. También muchas gracias a quienes dieron favs y follows ^^

Y ya que estamos muy cerca les deseo de todo corazón un muy feliz y próspero 2019. Ojalá sea para todas un año realmente grandioso ;D