Capítulo 4
I
can feel the storm inside you
I'll stay with you
Ya hacía 3 largas horas que las clases habían terminado pero Riku no podía presentarse frete a Sora, no podía hacerlo después de lo que había pasado… En sus muñecas permanecían las marcas que le habían dejado las cuerdas con las que Zexion le había atado, y su cuerpo estaba repleto de marcas. No podía volver allí y mirar a Sora como si nada hubiera pasado…
Se miró las muñecas y no pudo evitar que una mueca de repulsión y odio se cruzara en su rostro. "Zexion", él, antes de que se encontraran como alumno y tutor en este instituto, había sido su pareja. Habían estado saliendo durante menos de un año pero, durante ese año estuvo totalmente colgado de él, no podía depender de otra cosa que no fuera Zexion. Al fin y al cabo, Riku estaba solo, sus padres se marcharon cundo tenía 14 años recién cumplidos y ya nunca se supo más de ellos. A partir de aquél momento, vivió solo. La verdad era que no le importaba vivir solo, pero a veces, había días que no podía soportar esa soledad, no podía cargar ese peso… Fue uno de esos días cuando conoció a Zexion. Aún ahora no puede parar de pensar pregunta por qué lo hizo, ¿porqué no le rechazó?... Quizás fue la amabilidad con la que supo articular sus palabras o esos ojos azul cristalino que no parecían desprender ni una pizca de maldad o simplemente fue la soledad que sentía su corazón en esa época. Sí, la soledad que invadía su corazón le empujó a aceptar esa cálida mano tendida delante de él, lo único que quería era estar con alguien, sentir que no estaba solo…
Pero ese sentimiento de soledad que fue sustituido por alegría y quizás amor fue convirtiéndose en miedo a medida que pasaba el tiempo. A medida que conocía más a Zexion, descubría que esa amabilidad que desprendían sus ojos el día en que le conoció, no era verdadera… Cada vez tenía más miedo de estar con él y sobretodo tenía miedo de los sentimientos que este le provocaba, esa dependencia que le había creado, esa necesidad de estar con él aunque le hiciera daño, aunque le hiciera pasar situaciones vergonzosas y dolorosas… Siempre acababa deseándole, siempre acababa por someterse a él por voluntad.
Llegó un momento en el cual ese miedo acabó por apoderarse de él por completo y huyó de allí sin decir nada, sin ser visto y no dejando ni un rastro. Así fue como Riku llegó a esa isla, así fue como conoció a todos los amigos que tenía ahora y así fue como conoció a Sora. Él, Sora, fue el primero en tenderle la mano al llegar, fue la primera sonrisa que vio y las primeras palabras amables que oyó. A causa de su experiencia anterior era bastante harisco con todo el mundo, tenía un carácter complicado (aún ahora seguía siendo así) pero Sora… Sora llegó a romper esa barrera de protección que le alejaba de todo el mundo, poco a poco y sin tan solo darse cuenta, él logró llegar dentro de su corazón... Se dio cuenta por vez primera que lo que había sentido por Zexion, no tenía ni punto de comparación con lo que sentía por Sora. El mero deseo y el amor, no podían compararse.
Y ahora… Le había traicionado. Por culpa de ese hijo de pta ahora no podría mirar a Sora… Y encima le tenía amenazado.
"Si no quieres esto… Puedo reemplazarte por tu querido Sora… ¿Qué te parece? A mí no me disgustaría, he visto que es muy mono… No me importaría dejar unas cuantas marca en su delicado cuerpecito…"
No, de ninguna de las maneras iba a dejar que ese depravado tocara a Sora, no iba a dejar que le hiciera daño… Prefería sufrir él a hacer pasar eso a Sora. Apretó los puños, casi clavándose las uñas en su propia mano y empezó a caminar hacia su casa. Todo ese tiempo había estado empapándose bajo la lluvia, apoyado en una pared de un callejón. Aun habiendo oído el mensaje de voz de Sora, no podía verle, hoy no… Pero sus palabras no paraban de retumbar en su cabeza.
"Riku, vuelve pronto, tengo miedo… Ya hace una hora que se han acabado las clases…"
Sabía lo mucho que le asustaban las tormentas a Sora, no sabía la razón, pero sabía que le asustaban mucho. Y eso, aún le reventaba más. Saber que en esos momentos Sora estaba solo en casa pasándolo mal por su culpa… Cerró los ojos fuertemente, apretó los dientes con rabia y siguió caminando hacia su casa.
Cuatro largas horas habían pasado y Riku no parecía tener intención de regresar a casa de Sora. La tormenta no había menguado y Sora seguía asustado, solo y ahora angustiado porque no sabía nada de Riku… ¿Y si le había pasado algo? Se puso en pie de inmediato y sin siquiera pensarlo salió de casa en pijama y descalzo.
La lluvia chocaba contra su cara y sus pies se hundían en la arena mojada, haciendo que fuera más complicado andar. Las piernas le temblaban por el miedo y por el frío, aún no sabía cómo había tenido el valor de salir a fuera con la tormenta. Empezó a andar casi por la orilla del mar pero de pronto cayó un rayo muy cerca de allí y seguidamente se oyó un terrible sonido que hizo que todos los músculos de Sora de paralizasen y se quedara sentado en la arena acurrucándose en sus brazos y hundiendo la cabeza en sus rodillas.
Las lágrimas empezaron a aflorar de sus ojos, su cuerpo no dejaba de temblar y solo podía pensar en Riku. Solo quería que viniese y le abrazase, que le dijera que no pasaba nada, que él estaba allí y todo iba a ir bien…
Entonces, al instante, notó como unos fuertes brazos le abrazaban y como un cálido aliento chocaba contra su oreja, mientras una voz desconocida susurraba:
No tengas miedo… Yo estoy contigo.
