Despiértame cuando termine Septiembre.
Capítulo cuatro:
Las únicas palabras vas a entender.
25 de Noviembre:
No puedo tolerarlo más. Estoy cansada de que InuYasha se meta en mi vida, de que me sonría y que en cada paso que hago, o inclusive el menos movimiento, él ya esté tras mi espalda. Se comporta como si él fuera el perro aquí.
Quiero estar en paz, no deseo volver a pensar en él. O inclusive escuchar su nombre. Algunas veces me es una tortura verlo, ahora comprendo que es un verdadero infierno. ¿Para qué verlo todo el tiempo? Ya no deseo que esté aquí.
Ahora recuerdo en todos esos momentos en que yo me pregunté como seria pasar todo el día con él. No puedo imaginarme estar encerrada todo el día en mi cuarto por el simple hecho de no querer verlo más. Ahora reconozco que hubiera preferido estar sola, a que él volviera.
¿O será el simple hecho de que yo esté asustada por lo del jueves? ¡Ni qué decir el miércoles! Me llevará a la ciudad, veremos vestidos y, al darse cuenta que ninguno me irá bien, regresará donde está su 'hermosa' prometida y yo volveré a mi casita en el rancho.
Ahora lo veo como un gran sueño, o una dulce fantasía. Por suerte tengo a Yasha, que no hace mi vida sea tanto infierno. Adoro a este perrito, y me costará mucho que se aleje de mí. Gracias a él me sirvió de sustento, y es mi compañero fiel.
¿Dónde está Sango? Bueno, ella se tuvo que ir con su familia al extranjero, ya que la madre está de muy delicada de salud, a igual que Kohaku. Por ese motivo, no cuento con su ayuda. Además, no puede escribirme.
¿Quién en su sano juicio iría a entregar una carta tan lejos de la ciudad? ¡Diría que queda más o menos medio día para ir hacia allí!
Y yo tendré que ir. Estoy asustada, no quiero moverme de aquí, pero InuYasha sigue recordándome todo el tiempo de que me llevará a salir, de que al fin podré cambiar un poco el estilo que tengo y que, luego, vendrá lo inminente.
¿Qué será lo 'inminente'?
Es una tortura tener que vivir con él. Desearía que se hubiera casado con esa tipa, que hubieran tenido hijos; y él, al recordarme, regresaría y los niños me irían a llamar tía. Yo los recibiría con una dolorosa sonrisa, ya que pensaría en que ellos, tal vez, hubieran sido mis hijos.
Kagome lo releyó, y se encontró en el ultimo párrafo. ¿Cómo habría sido todo si nunca hubiera conocido a InuYasha? Muchas veces Sango le había dicho que él fue como un cable a tierra, que hizo volver a la chica que ella alguna vez conoció. Gruñó, apretando el bolígrafo con fuerza. ¿Y luego qué? Ella seguramente estaría muchisimo más feliz, tal vez nunca sentiría esta angustia.
Y, tal vez, ella jamás hubiera conocido el amor.
Sonrió con ironía, descubriendo que eso sonó muy cursi. Pero una persona que está enamorada, ¿no es cursi? Seguramente. Ojalá estuviera Sango para ayudarla. Ojalá InuYasha jamás se hubiera ido, y tal vez ahora no estaría ocurriendo esto.
Tal vez no se hubiera encontrado tan confundida como en este momento. El estar dividida en dos, era muy cansador.
Recostó su cabeza entre sus brazos, y soltó un suspiro. Luego bostezo, y cerró el 'diario'. Ya era suficiente por hoy, pensó Kagome estirándose y volviendo a bostezar. Se restregó el ojo, guardó el cuaderno en el cajón de su escritorio y cuando se iba a sentar en su cama, y tal vez echarse una siesta, alguien llamó a la puerta.
–¿Qué quieres? –preguntó la muchacha de malhumor, sin necesidad de preguntar quien era. En esta casa, solo estaban ella e InuYasha, ¿quién má podría llamar a la puerta?. ¿Yasha?
En sus labios apareció un amago de sonrisa. Estaban los dos solos, y seguramente ya ocurriría. Tenía miedo, pero no le importaba.
InuYasha abrió la puerta, rascándose la nuca y con mirada de 'no fue mi intención'. Kagome le dirigió una mirada dura, como una maestra al niño problemático que no hizo su tarea.
–Eh… Problemas con el perro –respondió en una frase.
Kagome se levantó de un brinco en la cama, con la mirada brillante de preocupación. Había que admitir que eso molestó mucho a InuYasha, ¿por qué se preocuparía tanto por ese condenado perro del demonio?. ¿Será qué conoce al tipo que le regaló el cachorro y qué…?
Soltó un gruñido, e insulto muy bajito, apretando un puño y los dientes. Su rostro se volvió duro y frunció mucho el ceño.
–¿Qué le pasó?. ¡.¿Qué le hiciste, InuYasha?.! –exclamó Kagome, casi perdiendo los cabales. Esperaba que no le hubiera hecho nada al perro, a su única compañía en todo esto que le estaba pasando, porque sino lo hacharía a patadas (sí, literalmente) de su casa.
–¡Yo no le hice nada, Kagome! –protestó InuYasha como un niño pequeño, pero su tono de voz fue más grave y mucho más alto que el de ella -. Se perdió, el estúpido perro me siguió y seguramente se habrá perdido.
Kagome abrió los ojos a más no poder. Cuando le dirigió la mirada, InuYasha creyó que lo iba a golpear, pero no tuvo esa reacción. La chica parecía estar en estado de shock, así que simplemente atinó a cerrar la puerta con un portazo.
–¡Kagome!
Se sentó en la cama, abrazó sus piernas, apretándola hacia su pecho y ocultó su rostro entre las rodillas. Ahora si debía decir que estaba sola, encerrada en una peligrosa vida con InuYasha. Tal vez creyó que el cachorro le serviría de escudo y que, por lo tanto, él no se atrevería a tocarla. Pero ahora que no estaba…
–¡Aún hay tiempo, tal vez es perro tonto no esté lejos!. ¡Vamos, Kagome, sal de ahí! –exigió InuYasha, tratando de abrir la puerta pero dándose cuenta que ella había cerrado con llave -. ¡Kagome, sal o entraré por la fuerza! –empezó a darle golpes con su puño a la puerta -. ¡Sabes que tengo poca paciencia, gatita, no dejes que llegue…!
Entonces, Kagome abrió la puerta. InuYasha observó preocupado el rostro asustado de la chica, y cuando iba a abrazarla para consolarla: ella pareció huir. Oh, sabía que ese perro iba a arruinar sus planes. ¡Ahora Kagome creía que quería hacerle…!
Una casi inexistente sonrisa apareció en los labios del ojivioleta. Ya estaba cansado de jugar al chico paciente, sabía lo que ella quería; y eso era a él, tanto sentimentalmente como…
–¿Dónde lo viste por ultima vez? –preguntó Kagome con un hilito de voz, apretando sus manos hacia su pecho, en un acto como protección.
Esto sacó de sus pensamientos al muchacho, y lo trajo nuevamente a la realidad. Kagome había cambiado, necesitaba hacerla volver. Necesitaba hacerle ver que él había regresado para quedarse, porque sabía que ella lo necesitaba y lo quería. Y también era porque él de verdad la necesitaba… y mucho.
–Cerca de la casa de la vieja Tsubaki –respondió InuYasha, con la misma voz grave, pero con un tono más calmado y bajo -. Había caminado hacia los bosques que están lejos de acá, cuando lo vi y luego… ¡Puf! Desapareció.
Kagome asintió, sin percatarse que InuYasha había recorrido casi treinta kilómetros. Estaban solos, y no sabía que iba a pasar ahora. Por eso mismo, debería cuidar de cada movimiento que él hacia para que nada ocurra entre ellos.
Oh, que equivocada que estaba.
–.–
La noche ya estaba a punto de caer, y la vieja Tsubaki no los dejaba en paz. Coqueteaba con InuYasha descaradamente, le hacia ojitos y hasta le daba sonrisas sensuales. Aunque sus setenta años parecían ser simplemente unos cincuenta años, esto le incomodaba muchisimo a InuYasha. Si tan sólo Miroku se enterara, seguramente seria el chiste de sus reuniones 'secretas'.
Resulta que, en un arrebato de la peligrosa 'ternura femenina' hacia los más 'pequeños inocentes' (como InuYasha le dijo entredientes a Kagome), la anciana agarró al cachorro y lo llevó un rato hacia su casa. Le dio un poco de comida, y el perrito parecía estar muy feliz.
–De verdad tienes un cachorro adorable, Kagome –dijo por centésima vez, la voz cansada de Tsubaki, acariciando la cabecilla del perrito -. ¿Cómo era su nombre…? ¿Sasha?. ¿Buyo?
–Yasha, señora Tsubaki –contestó Kagome, en un suspiro entre resignado y a la vez tranquilo.
La mujer soltó una carcajada, al sentir como el perro le lamía la mano. De verdad parecía estar bastante contenta. Desde que su esposo murió, la anciana parecía estar como en un planeta de recuerdos y momentos que había pasado con él. Y ahora parecía estar llena de vida otra vez.
¡Cómo por arte de magia!
–Y tú, querido, estás de muy buena forma –observó Tsubaki con ojo critico los brazos de InuYasha, que hacia unos momentos se había remangado la mangas de su camisa -. Seguramente tienes a más de una chica muerta por ti. Mmm.. Si tan sólo tuviera treinta años menos, ¡Jo, jo, jo!
InuYasha se corrió disimuladamente su banco hacia más cerca de Kagome, mirando con precaución a la anciana; como temiendo que, de un momento a otro, se tirara encima suyo. Se estremeció al imaginarla con menos edad de lo que aparentaba.
Kagome retenía unas carcajadas, podía sentirlo y escucharlo también.
–Oye, no te rías –se quejó en murmullos InuYasha, una vez que la vieja se estaba entreteniendo con el perrito -. ¿Qué vas hacer con el perro?
En ese momento, toda la diversión se fue. Pero al observar a la vieja Tsubaki sonriendo jovialmente, su mirada se suavizó hasta volverse completamente brillante de ternura. InuYasha sonrió, comprendiendo lo que ella iba hacer.
–Señora Tsubaki –llamó Kagome, atrayendo toda la atención de la anciana y de, inclusive, de su perro -. Yo no puedo cuidar muy seguido a Yasha, ¿le parecería que mi perro se quedara con usted?
Apenas dijo un: '¡Sí, me encantaría!. ¡Gracias, querida!', ya los echó a ambos de su casa. Aunque, claro, siendo InuYasha muy bien 'bienvenido cuando quiera' y haciendo que Kagome estallara de risa sin poder contenerse más.
–¡Qué te calles, Kagome! –replicó InuYasha cansado de escuchar la estridente carcajada mientras ambos se dirigían hacia la cabaña.
–Lo… siento… ja, ja, ja… pero es que… ja, ja, ja… es… ja, ja, ja… muy… chistoso… ja, ja, ja… viniendo… ja, ja, ja… de ti… ¡Ja, ja, ja! –se ría Kagome, agarrándose la panza y sacudiendo la cabeza.
De un rápido agarre, InuYasha la tomó por la cintura y la besó en los labios. Kagome se quedó quieta y sorprendida, pero cerró los ojos y correspondió al beso. Cuando se separaron, él descubrió que la chica aún tenía cerrados los ojos, como si se tratara de un sueño.
–¿Ves? Siempre te hago callar, gatita.
–No me llames así.
Kagome aún tenía los ojos cerrados, por lo tanto InuYasha, sonriendo, se acerco nuevamente.
–¿Cómo –preguntó sensualmente, haciendo que su cálido aliento golpeara el rostro de Kagome –, gatita?. ¿No te gusta que te llame así?
Ella asintió.
–No me gusta que me llames así desde que volviste –respondió antes que él dijera algo.
Él frotó su nariz contra la de ella.
–Ya te dije, no sabes mentir, gatita.
Kagome contuvo el aliento, y lentamente se separó de él. InuYasha dejó que se escapara, sin embargo una sonrisa malvada pero divertida estaba en su rostro. ¿Qué tramará, se preguntó Kagome mordiéndose el labio y abrazándose por el repentino frío del ambiente.
Michelle, ma belle.
Michelle, ma belle.
These are words that go together wel.
Éstas son palabras que quedan bien juntas.
My Michelle.
Mi Michelle.
Cuando entraron a la casa, Kagome entendió lo que iba a pasar. Estando en su casa a oscuras, pudo ver más claro que los otros días y escuchar los chillidos de la puerta al cerrarse tras su espalda, le hizo entender que ya no había escapatoria.
–Kagome…
Menos si él usaba ese tono de voz.
La chica lentamente se dio vuelta, simplemente para enfrentarlo. Se miraron por un largo silencio, comprendiéndose simplemente con las miradas. InuYasha se acercó a ella y la abrazó con fuerza, apretándola hacia su pecho y acariciando su cabello. Kagome también lo abrazó con fuerza, cerrando los párpados y tratando de no soltar un quejido ante la repentina sensación que despertó en ella.
–No vas a escapar, esta vez no lo harás –susurró InuYasha suavemente, haciendo lo que esta frase antes la hubiera asustado, que la tranquilizara y casi actuara como un robot.
Sintió como él buscaba sus labios desesperadamente, levantó su rostro para mirarlo y se encontró con unos ojos brillantes, expectantes, casi ardiendo de deseo. Tembló ante la fuerza que ellos soltaban, entreabriendo su boca con anticipación y recibiendo el beso casi furioso de InuYasha.
A medida que iba correspondiendo y pasaba el tiempo, sus labios fueron haciéndose más dulces y tranquilos. Su lengua descubría su boca con lentitud, saboreando su sabor y encendiendo algo que estaba dormido en ella.
Jamás sintió algo como aquello. Jamás sintió la repentina necesidad que InuYasha la besara constantemente, ese repentino deseo de sentirlo mucho más cerca y acariciar su cuerpo. Todo era nuevo para ella, y por lo tanto se puso algo nerviosa.
Se movieron hasta chocar con la puerta de la habitación de Kagome. Intentó no pensar en su sueños, tampoco en sus fantasías que tenía con él y mucho menos lo que las caricias suaves de InuYasha le despertaban. Se concentró nada más en esa necesidad.
No debía pensar en sus sentimientos, por nada en el mundo debería meter sus sentimientos en esto. Simplemente seria… seria… Por un momento dejó de corresponder el beso de InuYasha, al pensar que esto era simple sexo.
Pura lujuria.
Él dejó de besarla y la miró a los ojos, cuando Kagome acarició su mejilla pudo percibir que estaba sonrojado, muy sonrojado de hecho. Cuando se tocó, al sentirse caliente entendió que ella estaba igualmente colorada.
–Si no quieres…
Kagome negó rápidamente, poniendo el dedo índice en los labios de él, acallándolo por completo. Si hablaba, si tan sólo decía una palabra más, estaba segura de que se arrepentiría y nunca volvería a ser la de antes. No quería que eso pasara, ya estaba cansada de cambiar.
Sont des mots qui vont tres bien ensemble, tres bien ensemble.
Sont des mots qui vont tres bien ensemble, tres bien ensemble.
I love you, I love you, I love you.
Te amo, te amo, te amo.
–.–
Kagome soltó un leve quejido al sentir como InuYasha dejaba sus labios para seguir con su cuello. Sintió sus dientes contra su pálida piel, su lengua lamiéndola y su humedad. Lo sabía, lo comprendía. Esto no era ya un sueño, era pura realidad.
Ahora estaban en su cama, él encima suyo, aplastándola un poco por su peso. La camisa del muchacho ya colgaba en la mesa de luz de Kagome, y la blusa de la muchacha se encontraba tirada, a igual que las zapatillas de ambos.
InuYasha levantó un poco el sostén que tapaba los senos de la muchacha, y empezó a acariciarlos con suavidad. El cerebro de Kagome reaccionó rápidamente, mandó a que sus manos o algo intentara separarlo, más sin embargo no le respondieron. Su corazón decía que debía disfrutarlo, ya que pronto se iría.
Cerró los ojos con fuerza al sentir la torrente de placer que la cubrió entera. La pesadez para respirar era cada vez más intensa y su corazón… Vaya, no sabía que pudiera latir tan rápido. Cada vez que la acariciaba o la apretaba sentía como si unas descargas eléctricas recorriera su espina dorsal; lo único que pudo hacer, en ese momento, fue aferrarse a las sábanas de su cama y dejarlo que siguiera.
La cabeza de InuYasha dejó el cuello de Kagome, y se encaminó hacia abajo. Sus manos desabrocharon el botón del sostén de ella, y de un tirón lo lanzó por el aire, cayendo delicadamente encima de la camisa de él. Los senos de Kagome se movieron con libertad frente a sus ojos, y que rápidamente cubrió con su boca.
Kagome casi soltó un grito de la impresión, pero se contuvo. Levemente se movía contra la cama, arqueando su espalda, como ofreciéndose a la boca de él. Las manos, sin detenerse, sacaron con brusquedad el pantalón de Kagome, pero con suavidad la ropa interior de ella. Y así, quedó desnuda ante él.
Después de entretenerse con los pechos de ella, empezó a rozar con sus labios el estómago plano de la muchacha. Kagome se tensó al sentir como lentamente bajaba de su vientre, pero salteándose una parte la dejó más tranquila. Besó, lamió y mordió sus muslos a su gusto, escuchando plácidamente los gemidos de placer de ella.
Ya no podría detenerlo, y mucho menos ella quería que se detuviera.
Tímidamente, Kagome empezó a acariciar su pecho y eso le gustó mucho a InuYasha, porque entrecerró los ojos y su respiración se volvió casi tan irregular como la de ella. Después de su pecho, siguió acariciando su espalda, y sus manos se enredaban un poco con el cabello de él. Era tan suave…
Entonces, él deslizó su mano hacia su intimidad y empezó a acariciarla. En ese momento si que gritó de la impresión, por suerte él la estaba besando y comprendió que le gustaba que hiciera eso; deseaba que la sorprendiera y lo estaba logrando. Hasta que, asustándola de enserio, hundió un dedo allí.
Kagome rompió el beso con brusquedad, ya sin soportarlo más, buscando el aire que le empezaba a faltar. Él sacó su dedo, y Kagome vio que estaba a punto de acercárselo su la boca, cerró los ojos con fuerza.
InuYasha volvió a mordisquear su cuello, y también parte de su hombro. Bajó hacia sus senos y empezó a lamerlos, y a su pezón lo mordió levemente. Si seguía haciendo eso, en cualquier momento la agarraría un infarto o un paro respiratorio. Hasta que al fin lo dejó… respiró tranquila, al menos por ese lapso de tiempo.
InuYasha volvió a besarla con fuerza, arrancándole el aire.
That's all I want to say.
Eso es todo lo que quiero decir.
Until I frind a way.
Hasta que encuentre una manera.
I will say the only words. I know that you'll undersnad
Voy a decir las palabras que sé que vas a entender.
Entonces, intercambiaron los papeles. Ahora, Kagome estaba arriba de él. Fue cuando por primera vez miró sus ojos. No es que jamás se los hubiera visto, pero nunca como ahora. Tan oscuros por el deseo, pero tan brillantes a la vez, tan fuertes tan… Quiso creer que lo que vio fue un espejismo, algo que su corazón quería descubrir desesperadamente.
Sabía que jamás miraría cariño o ternura en esos ojos, pero lo que hace un rato le pareció ver… Si, seguramente fue un espejismo.
Rozó sus labios con los suyos, cuando tomó impulso para besarla, ella puso un dedo entre sus labios. Negó juguetonamente con la cabeza.
–No, no, señor Igarashi, ahora es mi turno.
¿De verdad había dicho eso ella? La miró sorprendido, pero no dijo nada y asintió. Recostó su cabeza en la almohada y esperó. Kagome también esperó a que ella hiciera algo, y se decidió. Empezó por lo 'fácil', besando su cuello como antes él había hecho con ella.
Empezó a bajar, lamiendo sus hombros y el amplio pecho. Lo sintió tensarse y eso le gustó mucho, arrancándole una sonrisa. Dejó que le acariciara un poco los brazos, pero nada más. Sus manos descendieron más abajo del estómago de él, y desabrocharon el cinturón, luego le sacaron el pantalón y los boxer.
Sin atreverse a seguir más, Kagome volvió recorriendo con su lengua nuevamente su pecho y su cuello, besando sus labios. InuYasha la rodeó con sus brazos, y ella no puso ninguna objeción. InuYasha la besó, Kagome siguió su beso.
Nuevamente quedaron como desde el principio. InuYasha la acarició un poco más, ella le respondió igualmente sus caricias. Entonces… sus ásperas manos bajaron hacia sus muslos, abriéndolos lentamente.
Kagome cerró por unos instantes los ojos, pero no lo detuvo. Ahora estaba llegando el momento que más temía. Su primera vez.
Y… era con el hombre a quien amaba.
I need to, I need to, I need to.
Te necesito, te necesito, te necesito.
I need to make you see.
Necesito hacerte ver,
Oh, what you mean to me.
Oh, lo que significas para mi.
InuYasha le acarició el rostro, encontrándose con las lagunas azuladas de Kagome. Se miraron por unos momentos, sin hacer nada más que respirar y escuchar los latidos de su corazón acelerado.
De entre sus muslos, él se metió en el medio, le agarró la cadera y entonces…
–Eres lo único que tengo, Kagome –dijo muy bajito InuYasha.
El corazón de ella se detuvo por unos instantes, haciendo que los ojos le ardieran un poco. Pero, ¿qué acabó de escuchar?. ¿Ella era lo único… qué?
–Eres lo más importante que tengo, Kagome –InuYasha la abrazó -, lo más importante.
Ella, con dificultad le correspondió el abrazo. Intentó sonreír, pero no pudo. Su corazón latió dolorosamente contra su pecho y deseó que estuviera soñando, que todo se convirtiera en un sueño y que despertara.
Ocultó su cara en su hombro y esperó. Él la agarró nuevamente por la cadera, entrando en ella… atravesando la húmeda caverna virginal de ella. Kagome sintió el placer más grande, mezclado con mucho dolor. Apretó más el agarre mientras iba avanzando y, tímidamente, también empezó a seguir su ritmo. Ese ritmo tan primitivo…
Mientras más seguía, menos sentía dolor. El placer iba en aumento y deseó estar así con él toda la eternidad. Deseó que ese momento fuera eterno, que él estuviera a su lado siempre. No se arrepentía de perder su virginidad… mientras que él fuera el primero.
Mientras que él no la engañase… mientras que jamás volviera a irse, lo seguiría amando como la primera vez.
Todo fue dando más rápido, mucho más rápido y el placer dentro suyo crecía y crecía. La sangre era como un río rápido y furioso, atravesando sus venas con mayor insistencia y causándole perdida de la noción. InuYasha abrazó a su cintura, perdiéndose dentro de ella, entrando más y más, casi hasta donde llegaba.
El culminó llegó cuando Kagome soltó un sonoro gemido, al sentir la caliente semilla de InuYasha derramarse en su interior y llenarla de otro placer. Soltando, un apenas audible murmullo.
Cuando todo quedó en calma y la habitación quedó en completo silencio, InuYasha la estaba abrazando y se encontraba muy adormilada. Nunca debió decirlo, y temió que él la hubiese escuchado.
¿Por qué había dicho… te amo?
Sin embargo, cuando InuYasha le besó la sien y suavemente le mordió el principio del hombro, cayó rendida en un sueño placentero. Uno en que jamás tenía miedo de decir lo que sentía hacia la persona amada… uno en que sus encuentros eran furtivos y llenos de amor.
–.–
Until I do I'm hoping you will. Know what I mean.
Hasta que lo haga, espero que entiendas lo que quiero decir.
I love you.
Te amo.
I want you, I want you, I want you.
Te quiero, Te quiero, Te quiero.
I think you know by now, I'll get to you sonuhow.
Creo que sabés, que de alguna manera voy a llegar a vos.
Mucho tiempo después…
La observaba como dormía, con esa inocencia que parecía no irse, pasara lo que pasara. Soltó un suspiro y corrió un mechón rebelde que le tapaba su visión. Estaba super-duper-hiper-muchisimo-mega-locamente enamorado de ella.
Nunca debió dejar que eso pasara. Si realmente la amaba como decía. Su abuela se lo advirtió, su padre también y hasta su hermano le comentó esa sensación extraña. Esa mezcla de miedo con excitación, luego una presión en su pecho y después… la nada, una calma increíble.
Corrió un poco la cortina, revelando un hermoso cielo azul oscuro estrellado y sin luna. Volvió a soltar un suspiro, pero esta vez de exasperación. Por supuesto, a él no le importaba, y hasta estaba feliz. Pero, ¿y Kagome?
Además, no es que era supestircioso
Con todo esto que pasó, seguramente no estaba lista para estar embarazada.
¡Keh, estúpida familia la suya… ¿Cómo puede ser que cada hombre de su familia sepa que su mujer está embarazada?. ¡.¿Cómo?.! Eso es contra lo lógico, y aunque mucho de lógico su familia no tenía, él no aceptaba esas cosas.
Y ahora tenía en brazos a su mujer, y se acabó de enterar que estaba con un cachorro mucho antes que ella misma. ¿Pueden creerlo? ¡Bueno, pues él no!
La abrazó fuertemente, acariciando su vientre con mucha ternura. Sea lo que sea, su hijo o hija estaban gestándose en el interior de ella. Le gustara o no le gustara, ella deberá tenerlo. Y si quiere dejárselo, bueno, que se lo deje… él se hará cargo.
'Los Igarashi descienden de un hanyou muy sobre protector, eso significa que tú, al ser la 'reencarnación' de este hanyou, eres igual a él. Por lo tanto, si alguna vez llegas a tener hijos (sea la edad que tengas) tú los tendrás, sin importarte nada, cielo' Palabras de su abuela.
Estaba loca, y la edad la estaba afectando. Ni los hanyou, youkai, Taiyoukai o algo que se le parezca existieron. La pintura de su casa no significa absolutamente nada, además una pintura es una pintura, y su pintor tuvo mucha imaginación.
Eso le pasa por pensar en cosas tontas, pensó InuYasha, frunciendo el ceño.
Besó a Kagome, y cuando ella pareció a punto de despertarse, la dejó tranquila. Parecía estar muy cansada, y deseó no haber sido muy rudo…
Until I do I'm telling you so you'll understand:
Hasta entonces, voy a decir para que entiendas:
Michelle, ma belle.
Michelle, ma belle.
Sont des mots qui vont tres bien ensemble.
Sont des mots qui vont tres bien ensemble.
And will say the only words I know that you'll understand:
Y voy a decirte las únicas palabras que sé que vas a entender:
My Michelle.
Mi Michelle.
–Mi Kagome –susurró el muchacho, tratando de aguantar el sueño y poder verla dormir un poco más. Pero había tenido demasiadas emociones por el momento.
Mañana irían a la ciudad y le compraría muchos vestidos, con lo que la harán más hermosa de lo que es y la llevaría a un salón de belleza. Su Kagome volverá hacer esa muchacha tan femenina que era antes…
–Mi gatita…
Continuará…
¡Ya, tranquilas chicas, el chiste no era importante! n.nU De verdad, es sólo un chiste que saqué de un personaje de una gaseosa :P no hay necesidad. Bueno, lo primero, es lo primero.
Sé que ustedes tendrán la duda del porqué InuYasha tiene los ojos violetas y no (como en la mayoría) ámbar (o dorados, como me gustan a mí). Sencillo: sobredosis de manga (no me culpen, además, aún no consigo los tomo 5 y 9… y yo quiero T.T, ¿no tiene ninguna una página que se pueda bajar esos tomos?) y fics en inglés. Además, si InuYasha es humano… Bueno, debe ser humano, humano, ¿no:P Y Kagome, pues, el mismo motivo. Además, yo confío un poco más en el manga que el anime (aunque eso no quiere decir que…)
Ahora, el tema del lemon y la canción. ¿A qué la letra no es hermosa? n.n Aunque no me conseguí la traducción de lo francés T.T (por cierto, la canción es de The Beatles, "Michelle"). Y… ¿por qué lemon? Es necesario para la historia.
Y… ¿Por qué InuYasha puede… percibir el 'embarazo' de su gatita? (¡InuYasha, llámala así a Kagome una vez en el manga, por favor! T.T Je, je), ¿de qué manicomio salió la abue de Inu, ¿qué quiere decir eso de que él es la reencarnación del hanyou ése?
Eso se verá en el próximo capítulo.
