Mi versión de lo que ocurrió esa vez en los bosques Gamma cuando el doctor conoció a esa niña a la que le dijo que corriera...
Tomado de A good man goes to war.
Se aseguró de que el rifle estuviera cargado, empacó suficientes municiones como para cargarse a todo ser viviente en ese bosque, por supuesto estaba prohibido cazar pero le importó una mierda, necesitaba dispararle a algo.
También empacó su pedernal y algo de yesca, un cambio de ropa, sus cinco libros de siempre y el cuchillo de desollar, "¿empaqué el cuchillo de Jim en sus cosas?", pensó Sebastian, trató de recordarlo pero no pudo.
Cerró todo y salió de la casa, probablemente se quedaría un par de días en el bosque, no le atraía mucho la idea de estar solo en esa casa tan grande, sin Jim todo se sentiría muy vacío.
Era más fácil para él estar entre la naturaleza, podía sobrevivir ahí mucho mejor que en cualquier otro medio, al menos ahí no se sentía tan solo.
Su primera caza fue un conejo, no representó un gran reto pero aún así se lo llevó, podría comerlo más tarde, lo que quería era dispararle a un ave en vuelo, verla caer…hacía tiempo que no sentía tantas ganas de destruir algo, estaba buscando una víctima cuando escuchó los gritos, primero creyó que era imaginación suya, tal vez algún animal chillando, pero luego escuchó claramente.
- ¡Ayuda!, ¡estoy perdido!, ¡ayuda!- era la voz de un niñito.
No había nada a lo que Sebastian Moran fuera más sensible que la inocencia de los niños, ¿cómo se habría perdido ese pobre chiquillo?
- ¿Hijo, dónde estás?- respondió Sebastian a gritos - ¡Amiguito, sigue gritando!-
- Por favor, tengo miedo- lloriqueaba el niño - ¡Papá!-
- Quédate dónde estás, hijo- le respondió Seb.
- ¡Papá, ven por mí!-
"No sé quién demonios sea su padre, pero le daré un puñetazo en la cara cuando lo vea" pensó Bastian, comenzó a correr en pos del pequeño, guiándose por sus gritos y sollozos, el pobrecillo debía estar asustadísimo, cuando lo encontrara le contaría una historia, prepararía el conejo para los dos y lo llevaría al pueblo, para que localizaran al imbécil de su padre.
Estaba en plena carrera cuando vio luz, ¿habría empezado el niño una fogata?, le pareció poco probable, cuando se acercó más se dio cuenta, de nuevo esa maldita cabina azul, Sebastian sintió que le hervía la sangre de furia, ¿y ahora qué?, estuvo a punto de dar la vuelta cuando la puerta de la cabina se abrió, ¡los gritos del niño venían de ahí dentro!; entró en la nave, empujando al idiota de Holmes, fue directo hacia el famoso doctor y le volteó la cara de un puñetazo.
- Eres un maldito enfermo- le dijo - ¿dónde está el niño?-
- ¿Cuál niño?- replicó el flacucho doctor, recuperándose del golpe.
- Escuché a un niño gritando, ¿dónde lo metiste?, está aquí-
- ¿Lo escuchaste?- preguntó Jim, acercándose a él - ¿en serio lo escuchaste tú también?-
- ¿Qué?, obviamente, Jim, ¿dónde está?, sabes que detesto que lastimen a los niños, esa vez con las bombas tuvimos una discusión bastante seria, yo no quería que le pusieras el chaleco al pequeño, pero nunca escuchas…-
- Seb- le interrumpió James – no hay ningún niño, es…-
James sacó la galaxia de la bolsa del pantalón, todos pudieron escucharlo.
- ¡Ayuda, ayúdame!, ¡Sebastian!, Sebastian, Sebastian, Sebastian…- era la voz de un pequeño, pero al mismo tiempo era la voz de un hombre, de una mujer, una voz indescifrable, una voz suplicante y llena de miedo – Sebastian, ven, Sebastian, te necesito…-
- Suelta esa cosa, James- pidió Seb – es en serio, no quiero seguir escuchando-
Sherlock se adelantó y le quitó la galaxia a James, silencio de nuevo.
- Los Ods no mencionaron nada sobre ti- explicó el doctor, sobándose la mandíbula – supongo que ahora que está en manos de James y Sherlock ha podido revelar más cosas-
- Debes estar bromeando- dijo Sebastian, con una risa amarga - ¿yo?, por favor, comprendo que hayas buscado a Jim, él es importante, yo no, ¿sabes lo que yo soy?, un coronel expulsado del ejército, un cazador furtivo, un francotirador, ¿sabes que hacía antes de trabajar con James?, administraba una tienda, bebía y apostaba, principalmente bebía-
- Nunca he conocido a nadie que no sea importante- dijo el doctor, sonriendo amablemente.
- Eres del tipo de personas que siempre conocen gente relevante- agregó Sebastian – pero también estamos nosotros, la gente sencilla que no aspira a mucho, seguramente te equivocaste de Sebastian, es un nombre cursi pero aún se usa, debe tratarse de alguien más-
- No seas estúpido- reclamó James – deja de decir idioteces y ven conmigo, ¿no querías eso?, espera, ¿estabas cazando?-
- Sí, acababa de salir, ¿pero qué tiene que ver?-
- Hace mucho que no cazabas…-
- No se había dado la oportunidad, el plan era acampar unos días a la intemperie- respondió Seb, ofreciéndole el conejo a James – te haré unos guantes, si quieres, claro-
- ¿Entonces vendrás?- preguntó James.
- ¿Me dejarían decir que no?- bufó Sebastian.
- La verdad no- admitió el doctor – golpeas muy fuerte-
- Ah sí, lo siento- dijo Seb, restándole importancia – puede que quede un poco de piel de conejo para hacerte una corbata ridícula-
- Mis corbatas no son ridículas- refunfuñó el doctor – Jim, debes aprender a controlar las señales de la galaxia-
- Es fácil decirlo pero no sé cómo demonios funciona esta cosa-
- Entre más interactúes con ella más pronto aprenderás a manejarla- dijo el doctor – Sherlock, regrésasela a Jim, James, trata de contenerla, inténtalo-
Holmes tendió la galaxia a Jim quien la tomó de nuevo, aunque dudando, de nuevo se escuchó la voz, pero esta vez apenas unos murmullos.
- Sebastian…James…Sherlock…John…-
- ¿Dijo mi nombre?- preguntó Watson, sorprendido – oh, vaya…-
- Ahora, Jim- indicó el Doctor – libera un poco…-
La TARDIS se sacudió, dejando a todos sus ocupantes en el suelo, la nave comenzó a hacer ruidos, mover cosas y encender y apagar luces.
- ¡Dije sólo un poco!- gruñó el Doctor, corriendo a los controles - ¡Jack!-
- Estoy en eso, cariño- respondió el capitán.
Entre los dos lograron controlar la nave, aterrizando con el característico sonido de la TARDIS.
- ¿Qué hay afuera?- preguntó John, acercándose a la puerta.
- No lo sabemos- contestó el Doctor - ¿lo sabes, Jim?-
- No- admitió Moriarty, frunciendo el ceño - ¿por qué debería saberlo?-
- Tú nos trajiste aquí- le dijo el Doctor.
- ¿Yo?, ah…la galaxia-
- La galaxia es tuya- dijo el Doctor – tuya y de Sherlock, es como…es difícil de explicar, imagina que tienes un brazo extra que…no, olvídalo, es como la espada de un guerrero, como la varita de Harry Potter, ¿comprendes?, sabes que es una cosa aparte, externa, pero es tan indispensable como tu cerebro o tus ojos, sólo que esta cosa indispensable la compartes con alguien más-
- Sería horrible compartir mi cerebro con Sherlock Holmes- bufó Jim.
- Te hace falta buena parte, ¿o no?, además no es como que le tengas mucho apego, ya ves, dejándolo por toda la azotea de St Barts…-
- La comparación con la varita de Harry Potter fue especialmente perturbadora- comentó Sebastian – no me imagino a Jim compartiendo una varita con Holmes-
- Ugh, imagen mental- dijo Watson, haciendo una mueca – en fin, ¿abro la puerta o no?-
- ¡Ábrela!- le animó el doctor.
Aquellos eran los árboles más altos que hubieran visto, el olor a fresco era impresionante, todo era tan…verde, tan pacífico.
- ¿Qué demonios…?- musitó Jack, mirando el cielo – Doctor…-
La nave dejaba a su paso una estela de humo, se precipitaba al suelo a gran velocidad.
- Ok, preguntas- suspiró Holmes - ¿dónde estamos?, ¿qué es esa cosa que cae del cielo?, ¿por qué la galaxia me conecta a Moriarty?-
- Los bosques Gamma, una nave, no lo sé con exactitud pero lo averiguaremos- contestó el Doctor – hay que echarle un vistazo a la nave-
Sherlock resopló de fastidio, sin embargo fue tras el Doctor, ese hombre tendría que explicar muchas cosas después; los demás tripulantes de la TARDIS les siguieron, el más emocionado era Jack.
- Viajé un tiempo con él- comentó Jack – siempre pasan cosas emocionantes a su lado-
- Oh, no, esto es malo, muy malo- dijo el Doctor, mientras veía la nave estrellada.
- ¿Qué es?- insistió Sherlock.
- Una nave de Krafayis- respondió el Doctor, como si fuera lo más lógico – esto es peligroso, muy peligroso-
- ¿Krafayis?, me suena como el nombre de unos chocolates alemanes- comentó John.
- Si los alemanes hacen chocolates verdes, gigantes y llenos de asquerosas escamas entonces, sí, son chocolates- respondió el Doctor – y si los chocolates alemanes comen gente, entonces…-
- Ok, ya capté- gruñó John.
- Doctor- intervino Jack – estamos en los bosques Gamma, la gente aquí es pacífica, o sea no armas, o sea…-
- O sea que están jodidos- completó Sebastian.
- No lo están- dijo el Doctor – yo estoy aquí-
- ¿Y eso en qué ayuda?- preguntó James.
- No voy a dejarlos morir, siempre, a donde quiera que vaya, trato de ayudar a las personas, esa es mi función, por eso soy el Doctor-
- Oh, mi cursi y estúpido Doctor- rió Jack.
- Y si ustedes viajan conmigo, muchachos, harán lo que yo hago- siguió el undécimo – pero tengo reglas, la más importante es evitar la violencia-
- ¿En serio?- exclamó Bastian – esas cosas que andan sueltas por aquí comen gente, son altamente peligrosas y podrían atacarnos en cualquier momento-
- Además son invisibles- comentó el Doctor.
- ¡Y dices que nada de violencia!- gruñó Sebastian – puede que sea tu nave y sean tus reglas, pero déjame aclararte algo, me importa un pito si el mundo se acaba mañana o en cinco minutos, la profecía de la cosa esa que le diste a Jim me la paso por los huevos, la única razón por la que vine fue para cuidar de James, así que no me digas que no me ponga violento cuando esos aliens pueden matar a Jim, ¿entendido?-
- La segunda regla es evitar las vulgaridades- dijo el Doctor – tengo un plan-
- A la mierda tu plan- gruñó Sebastian.
- Seb, escucha- comenzó James – tenemos que confiar en el Doctor-
- ¿Por qué?, ¿Por qué te dio esa supuesta profecía?, ¿Por qué te sacó de tu aburrida rutina?-
- No, estúpido, porque él sabe más que nosotros sobre viajes espaciales, aliens y demás cosas, por eso, así que cállate de una vez y escucha-
Moran se quedó boquiabierto, todos esperaban alguna respuesta agresiva pero en vez de eso sonrió, palmeó la espalda de Jim y asintió.
- ¿Cuál es el plan?- preguntó Sebastian.
- Puedo modificar la barrera de la TARDIS para atrapar a los krafayis, sólo hay que atraerlos, para eso necesitaré la ayuda de todos ustedes-
- Propones que seamos carnadas- concluyó Sherlock – no parece un plan muy bueno, además, ¿cómo los atraparemos si no podemos verlos?-
- Es lo que hay- respondió el Doctor –acérquense-
Los tripulantes se acercaron a la nave estrellada, dentro había varias criaturas gigantes y horrorosas pero no se movían.
-Parece que algo les falló, podremos verlos- siguió el Doctor - Jack, ayúdame con la TARDIS-
- Sólo hay un par de huellas- mencionó Sherlock, señalando las huellas en cuestión – sólo es un… ¿krafayis?-
- Exacto- respondió el undécimo.
Jack y el Doctor se encargaron de la TARDIS, a los demás no les pareció que la nave cambiara mucho, sólo sacaron dos cables y los dejaron en el suelo.
- Cuando lo traigamos hasta aquí, correré a conectar estos cables y listo, tendremos atrapado a ese pillín- siguió el Doctor, sonriendo – bien, ¿preparados?, Jim va con Seb, Sherlock con John y yo me las arreglo con Jack-
- ¡Oye!- se quejó el capitán.
Se separaron como indicó el Doctor y se adentraron en la espesura del bosque, Seb tomó a Jim de la mano, en el fondo estaba feliz de estar ahí, aunque no estaba muy seguro por qué lo habían llevado, daba igual, mientras pudiera quedarse con Jim.
- Hay algo que quería preguntarte- habló Sebastian - ¿trajiste tu cuchillo?-
- Claro que lo traje, tontito- respondió James, sonriendo - ¿crees que esto tarde mucho?-
- No parece que haya nadie en el bosque- contestó Seb – al menos en los alrededores, los animales que he visto son pequeños, una bestia tan grande deseará algo más llenador, vendrá por nosotros sin duda-
John y Sherlock iban en silencio, a Watson se le ocurrían mil preguntas para hacerle a su amigo, sin embargo callaba, ¿sería prudente comenzar a entrevistarlo?, con Sherlock nunca se sabía, estaba a punto de preguntarle algo cuando escucharon los gritos.
- Eso sonó como una niña- dijo John, asustado.
- Se escuchó por allá- dijo Sherlock, señalando un punto - ¡vamos!-
Nunca lo admitiría, pero extrañaba correr detrás de Sherlock Holmes; en su carrera se toparon con Harkness y el Doctor.
- ¿Lo escucharon?- preguntó Sherlock.
- A la niña y al krafayis- respondió Jack – está en peligro, hay que ayudarla-
Si los krafayis muertos eran horribles uno vivo era peor, la bestia perseguía a dos niños que corrían como desquiciados, uno de los niños cayó, John soltó un grito de angustia, el extraterrestre le daría alcance muy pronto al niño.
- ¡Watson!- gritó Moran.
El Coronel le lanzó una gruesa rama, John supo qué hacer, corrió con todas sus fuerzas y golpeó al krafayis en el lomo; la niña, aprovechando la distracción de la bestia, fue a ayudar a su amiguito a levantarse y continuaron su carrera.
- ¡Corre!- gritó el Doctor.
Watson lanzó su improvisada arma y emprendió la huída; los demás tripulantes de la TARDIS corrían con todas sus fuerzas, el Doctor alcanzó a la niña y la tomó de la mano.
- ¡Corre!- le dijo -¡corre, corre, corre, no te detengas!-
Ni hacía falta que se lo dijera; el niño parecía más débil, John no dudo en acercarse al pequeño y cargarlo, no se le ocurrió otra manera de ponerlo a salvo.
La carrera veía su final, la TARDIS estaba frente a ellos, Moran se hizo cargo de la pequeña cuando el Doctor se adelantó a la nave y conectó los cables que había dispuesto, así tuvo capturado al peligroso krafayis.
- ¿Estás bien?- preguntó John al niño - ¿estás herido?-
- Estoy bien…- contestó el niño, sonrojado.
- Jujuju, ¡lo tenemos!- exclamó el Doctor.
- ¿Quién eres?- preguntó la pequeña.
- Soy el Doctor, y tú corriste magníficamente-
- Soy Lorna Bucket- dijo la niña.
El Doctor sonrió, pero era una sonrisa triste.
- ¿Tú también eres doctor?- preguntó el niño a John – yo me llamo Stefan-
- Pues, sí, de hecho…- respondió John, algo apenado.
- Doctor…- dijo Stefan, como disfrutando la palabra – debe significar algo maravilloso-
- Dejaremos a este amigo muy lejos de aquí, donde no pueda hacerles daño- siguió el Doctor, abriendo la puerta de la TARDIS – cuídate, Lorna Bucket-
Los tripulantes volvieron a la nave y antes de irse, el Doctor dedicó una última sonrisa a la niña de los bosques.
- ¿Quién es ella?- preguntó Holmes, una vez que partieron de los bosques Gamma – la conoces, aunque no estoy seguro porqué o de dónde-
- El tiempo no es lineal, todo cambia, gira, se deshace, yo conocí a Lorna cuando era una mujer adulta, esa fue la primera vez que la vi, pero ella me recordará de su niñez, pensará en mí y…-
- ¿Y?- insistió Sherlock.
- Su principio fue mi final- explicó el Doctor, sonriendo – ya no volveré a verla-
¿Qué podía responder a eso?, Sherlock se quedó callado, tratando de asimilar lo dicho.
- ¿Qué hacemos con el krafayis?- preguntó James.
- Oh, ya lo envié lejos con sus compatriotas krafayis- respondió el Doctor.
- ¿No habría sido mejor matarlo?- se preguntó Sebastian.
- Tal vez- cedió el Doctor – pero creo que ya les hablé de mis reglas-
- Como quieras- dijo Seb, encogiéndose de hombros.
- ¿Y cuál es la siguiente parada?- preguntó Jack, emocionado.
- No lo sabemos- contestó el undécimo – iremos a donde la galaxia nos lleve-
Una disculpa por no actualizar antes, estaba poniéndome al corriente con el programa, ahora voy a media temporada 6,
Espero que hayan disfrutado el capítulo, nos leemos : D!
