—My lady, Sabes... Mi padre sigue actuando raro — habló el modelo observando desde arriba a Ladybug quien descansaba en la cama de su amado.
La heroína pasaba sus dedos entre los dorados cabellos de su pareja —¿Sigue tratando mal a su secretaria?
—Sí, la he visto llorar en los rincones... Mi padre está cada vez más obsesionado con mi madre... No acepta su muerte.
La de traje rojo besó los labios de su amado, le dolía verlo sufrir —tus besos son el perfecto consuelo my lady —respondió Adrien abriendo los ojos —quisiera que todo esto termine para poder llamarte mi esposa — volvió a besarla tomando el rostro de la heroína.
Marinette despertó de golpe, era un sueño, más bien un recuerdo de cuando eran más jóvenes, cuando aún luchaban juntos como compañeros, para ese tiempo ya habían revelado sus identidades y su relación era lo más perfecto que ambos poseían.
Su cuerpo sudaba y estaba agitada, se dio cuenta que llovía con fuerza, giró a su derecha y lo vio a él, al parecer llegó tarde como siempre.
Un relámpago iluminó la habitación seguido por un fuerte trueno que hizo brincar a la azabache, de seguro su hijo pronto entraría por la puerta asustado, pensó.
Los relámpagos seguían iluminando la habitación alumbrando la espalda desnuda del hombre con quien ha convivido por casi seis años.
La mano de la azabache pasó sobre la piel de su conviviente, tal vez estar con él le haría quitar a Adrien de la cabeza.
Decidió acercarse al él y abrazarlo por detrás —¿Estás despierto? — susurro al oído del joven hombre, quien lo confirmó tomando la fina mano de su mujer posada su hombro con músculos un poco definidos.
Haciendo a un lado los cabellos un poco largos, Marinette empezó a intercalar lentos, cálidos y suaves besos junto con ligeras mordidas en la nunca de su pareja — ¿A qué hora llegaste? — preguntó en susurros que hacían reaccionar la piel del hombre.
—A la una de la mañana — contesto mientras disfrutaba de las caricias de su mujer.
La puerta se abrió de golpe, como ya lo había previsto Louis entró lanzándose a la cama de sus padres.
—¡Mami! —Contestó temeroso — sí mi niño, estas asustado —su madre lo abrazó mientras el pequeño temblaba.
—Te dije que dejes de consentirlo —respondió el hombre en tono molesto sin girar a mirar al niño — así siempre será un miedoso consentido.
Madre e hijo solo se abrazaron en silencio para intentar volver a dormir.
A la mañana siguiente el pequeño Louis jugaba entre las plantas en el patio de su escuela, hasta que escuchó un ruido que lo sacó de su travesura —pss— el pequeño se asustó, miraba para todos los lados —pss— otra vez el ruido, parecía prevenir de un árbol, el niño se quedó observando con atención.
—Que travieso resultó ser el hijo de Ladybug— Louis dio un pequeño brinco asustado aun mirando el árbol parlante.
—No te asuste Louis, soy yo— el dueño de la voz se hizo presente saltando del árbol cayendo en una elegante pose heroica.
—Chat Noir a tus servicios —hizo una reverencia.
—¡Chat! —gritó el pequeño rubio mientras corría a abrazar al héroe.
El adulto correspondió el abrazo con cariño —¿No se supone que deberías estar en clases?
—Eeh… salí al baño— respondió rascando la parte de atrás de su cabeza.
—Yo te vi jugando en las plantas, no parecías con urgencia de ir al baño… en fin, ¿Quieres dar una vuelta conmigo? — preguntó el héroe con una gran sonrisa a lo cual el pequeño contestó afirmativamente con un grito.
Así partieron saltando por los techos de edificios y casas de la ciudad de París.
La azabache trabajaba concentrada en el taller ubicado en la parte de atrás de su boutique, dándole los toques finales a uno de los nuevos vestidos para exhibición, hasta que su celular sonó.
Era un mail marcado urgente, de inmediato dejó la aguja y el maniquí para dirigirse a la computadora.
—¿Gabriel's company? ¿Desde cuándo recibo correo de ellos? — lo abrió extrañada.
—¡Adioos! — escuchó la fina voz de su hijo desde la entrada del local, aquello la hizo perder la concentración en ese extraño mail.
—¿¡Louis!? ¿Qué haces aquí? Es hora de que estés en la escuela — interrogaba la azabache — ¿Cómo viniste? — empezó a desesperarse.
—Tranquila mamí, me trajo mi amigo Chat Noir— contestó con inocencia.
¡Ese gato mañoso! Pensó, como se atreve a sacar a su hijo de la escuela, recordó el correo recibido hace unos minutos, ¡Ese gato la iba a escuchar!
Cuando llegó a la empresa de los Agreste, no quedaba rastro de la concurrida empresa que recordaba, las paredes grises y el piso pulcro de cerámica eran los mismo, pero el silencio reinaba en sus empleados.
La encargada de recibirla le indicó el camino a la oficina del presidente.
—Adelante— una voz masculina salió del intercomunicador en la puerta, ella ni si quiera había llamado pidiendo entrar.
—Bienvenida, Ladybug— un hombre joven la recibió, sus cabellos dorados brillaban con el sol, sus ojos verdes recorrían el cuerpo de la mujer, sentía que tan solo mirarla la desnudaba, con una sonrisa sínica adornando su maduro rostro la espera sentado en el gran escritorio.
Pero la joven no se dejó intimidar por la imponente presencia de su ex amor —deja de decir en todos lados que soy Ladybug, Adrien Agreste.
—¡Uy! El bichito vino salvaje… me encanta — habló el rubio mordiéndose el labio inferior con lujuria, seguido se levantó despacio hasta pararse a centímetros de su invitada.
—No estoy para juegos Adrien, ¿Qué quieres? ¿Por qué involucras a mi hijo en esto? — habló decidida sin retroceder a pesar de la imponente cercanía.
—Dirás ¡Nuestro! hijo— enfatizó — La-dy-bug — desde cuando el caballeroso Adrien Agreste empezó a portarse como un idiota se preguntó.
—¡Basta! No lo involucres ¡He dicho! — habló fuerte — ¿Quién envió ese mensaje?
—Mi asistente por supuesto… adelante, señorita Bourgeois— la puerta se abrió dando paso a una esbelta rubia, con un atuendo bastante sugerente, entró haciendo sonar sus tacos de aguja, pasó alado de Marinette con aires de grandeza hasta quedar junto al hombre y apegar sus pechos en su brazo.
—Panadera, cuanto tiempo —estiró la mano para recibir el saludo de la azabache el cual nunca llegó —bueno, que se puede esperar de la clase baja—habló la mujer en tono bajo retirando su mano.
—Puedes retirarte Chloe— habló Adrien para después darle una sonora nalgada a la rubia, quien rió con picardía dejándolos solos nuevamente.
—¿Para eso me llamas? ¿Para restregarme en la cara tus amoríos? ¿Pretendes ponerme celosa? Si es así te informo que no lo lograrás — buena broma, la azabache hervía de celos — apuesto que ya sabe nuestras identidades.
—No te equivocas bichito, pero te cité para saber cosas. Cuéntame, ¿Qué pasó con Alya? — prendió un cigarrillo.
—Aun no despierta — con enojo respondió, ahora fumaba, ¿Qué le pasó a ese hombre para cambiar drásticamente?
—Ni ella ni los demás — soltó junto con el humo de cigarrillo —¿Aún no descubren como inicio el incendio?
—Bueno, Louis dijo que Alya actuaba raro, parecía dormida con una vela en las manos, pero aun así caminaba por toda la casa—la preocupación por su amiga volvió, no despertaba, ni ella ni las demás personas que caían día a día en estado de catalepsia.
—Te llamé para contarte que hay otro villano y parece ser peor que Hawk Moth — apagó el cigarrillo — pero antes Marinette ¿Por qué me dijiste que estabas casada con Nathaniel? — empezó a soltarse la corbata, peligrosamente se acercó a la mujer a lo cual ella empezó a retroceder.
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Nos leemos pronto
