Título: Muñecas Rotas.

Por: Clumsykitty & Kida Luna.

Parejas: AliFate, NanoFate, HayateAli.

Serie: Mahou Shoujo Lyrical Magical Nanoha.

Derechos: MSLN no nos pertenece sino a sus respectivos autores.

Advertencias: El contenido de este fic es Yuri, si no te gusta, con el debido respeto te pedimos que no leas. Gracias.

Sinopsis: Los hilos del destino que tiran de dos muñecas rotas, el amor y el odio enredándose uno con el otro caprichosamente. Y una frágil esperanza que el corazón se empeña en tejer…

Canción: Agua, de Jarabe de Palo.


¿Cómo quieres ser mi amiga?

Si por ti daría la vida.

Si confundo tu sonrisa

Por camelo si me miras.

Razón y piel, difícil mezcla.

Agua y sed, serio problema…


Capítulo III

Amigas

Alicia miraba pensativa a las dos mariposas que revoloteaban cerca de su ventana, jugando la una con la otra a tocarse apenas y rodearse, moviendo sus alas con la gracia propia de su especie, dejando que estas mismas, amarillas como el oro, se llenaran de más luz al ser tocadas por el sol de mediodía que bañaba la ventana. La rubia pensó en la felicidad tan efímera y sencilla del par de mariposas que tan sólo eran dichosas con vivir y volar.

¿Por qué ella no podía contentarse igual con algo similar?

Sus ojos se posaron en la caja de galletas que Nanoha Takamachi le trajera el día de ayer. Una simple galleta con una sonrisa y un abrazo. Tan humano.

Y tan cálido.

Era la primera vez que las obras de una persona le sabían tan sinceras que inspiraban un dejo de ternura.

La chica miró sus manos delgadas, finas y frágiles. Lejos se veía el día en que volviera a sujetar con tanta firmeza a su querido Fliegen, quien esperaba paciente la recuperación de su ama.

Miró de reojo a su madre, apurada ordenando lo poco que hubiera que ordenar en su recámara con un silencio angustioso para ambas. Sentía y sabía que Precia estaba tocando su límite para no llorar frente a ella. La desesperación se marcaba perfecta en los dulces ojos de su madre.

-"Ah, mira Ali –su madre se giró con una sonrisa-. Fate olvidó guardar tu vestido."

-"No lo olvidó."

-"¿No?"

El momento fue incómodo. Su hija desvió la mirada mientras apretaba ligeramente los bordes de la sábana roja que le cubría; contuvo un suspiro y decidió terminar con aquel tema absurdo.

Tal vez, debería empezar a odiar todas esas baratijas costosas y primorosas que a Precia y a Fate le encantaban verla usar

Tal vez… así se acostumbrarían a la idea de que un día ella no estaría allí para modelarlos…

-"Déjalo donde estaba, madre. Gracias."

Precia parpadeó confundida, algo se le escapaba pero no alcanzaba adivinar qué era.

-"Está bien, hija."

Aún sin entender, la mujer se dedicó a guardar y ordenar el resto. Alicia giró su rostro de nuevo adonde las mariposas, que ahora disfrutaban juntas de los rayos del sol, pegadas al vidrio de la ventana.

-"Voy a morir…"

Precia se quedó quieta con la chaqueta del uniforme de la rubia en sus manos, la cual estrujo un poco antes de tomar aire, negando. Plantó una bonita sonrisa en su cara, porque con cada palabra no sólo debía convencer a la rubia, sino a sí misma también.

-"No digas esas cosas, Ali. Sólo es una recaída. El viaje, la escuela, tus nuevas amigas…"

-"¡No son mis amigas!"

-"Alicia, hija, tranquila…"

Los puños se volvieron blancos de tanta presión mientras los dientes eran apretados fuertemente unos contra otros. Ella no tenía amigas. No tenía tiempo para gastarlo en gente que pretendería estar a su lado en los mejores momentos.

Y que cuando en verdad les necesitase, desaparecerían como una estrella fugaz.

Sí. No había tiempo que perder, y ella no quería agregar el rechazo de otros a la pesada carga que ya tenía encima suyo.

-"Ya me cansé de fingir, madre. Lo sé. Estoy muriendo."

Sin perder tiempo, Precia corrió a la cama, abrazando a su hija con fuerza.

-"¡Tú no vas a morir! Ten paciencia, hija mía, ¡tu madre va a buscar una cura!" –exclamó en angustia.

-"Ya no queda más tiempo…"

-"Claro que lo queda, claro que sí –Precia se limpió rápidamente sus lágrimas antes de volver a sonreírle-. Lo que pasa es que estás enojada porque no has podido ir a la escuela y Fate sí. Pero vas a ver que muy pronto no habrá muñequita más linda que mi Alicia."

La aludida sólo suspiró, mirando por tercera vez a las mariposas.

-"Fate no lo soportará… ni tú tampoco. Eso es lo que me duele."

Precia tomó ambas manos de su niña para besarlas, aguantando con ojos apretados el llorar frente a ella. De pronto, una idea vino a su mente y levantó su rostro esperanzado hacia ella.

-"Escucha, Ali, mamá tiene que irse unos días, ¿de acuerdo? Pero no te preocupes, cuando vuelva tú vas a reponerte y nunca más te enfermarás."

-"¿A dónde irás?" –la pregunta fue hecha con delicadeza, presintiendo que aquella despedida no podía ser buena.

-"Fate sigue buscándolas, ¿verdad? No dejen de hacerlo. Mamá las necesitará pronto. Muy pronto..."

Con un beso en la frente de Alicia, Precia Testarossa se levantó decidida, llamando a Linith que pronto acudió a ella.

-"Cuida de mi hija, pronto regresaré."

-"¿Señora?"

Alicia le vio partir, quizá un dejo de locura atisbó en los ojos de su madre; la chica bajó su mirada a sus manos húmedas, sintiéndose mal por las tibias lágrimas que esta llorase sin poderlo evitar.

Entonces, la rubia recordó a las mariposas y levantó de nuevo su rostro hacia la ventana.

Se habían marchado.


-"Bien –empezó a decir el profesor, tomando asiento detrás de su escritorio-. Elijan una pareja para trabajar en clase en lo que comienzo a repartir las hojas con sus actividades –alzó el ceño detrás de sus anteojos y se paró, aplaudiendo y llamando la atención de todos-. ¿Qué esperan? ¿Dónde están los equipos? ¡A juntar sus bancas, ya!"

Nanoha Takamachi suspiró.

-"Tengo que arreglar unos asuntos, volveré después."

Una vez dicho esto, Hayate soltó su brazo y se dirigió a intercambiar unas cuantas palabras con el maestro, quien tan sólo asintió, dejándole salir del salón.

Los ojos azules entonces viajaron hacia el asiento de su amiga, que ahora se hallaba vacío. El de su derecha, estaba en las mismas condiciones, debido a que Alicia no había asistido en esos días.

El ruido de una libreta siendo sacada de su mochila así como un bolígrafo, captó su atención.

-"¿Quieres trabajar conmigo?"

La castaña volteó su rostro para encontrar a una compañera suya pidiéndole ser su pareja de trabajo. Un par de ojos rojos la miraron sin prestar atención, demasiado aburrida para tratar siquiera de juntarse con alguien, así que sólo se dedicaba a abrir la tapa de su cuadernillo perezosamente.

-"Lo siento –sonrió apenada-, ya tengo pareja."

Su amiga sonrió también, aceptando sus disculpas y decidiéndose por buscar a alguien más.

Nanoha, entonces, regresó la vista a donde la había tenido en un principio. Decidida, y hasta algo asustada, se levantó de su asiento para dirigirse hacia su pareja que aún ni siquiera había aceptado serlo.

"Esto es estúpido", frunció el ceño, gruñendo en su mente acerca de los métodos inútiles y obsoletos de los cuales su 'profesor' hacía uso. "¿Por qué habría de necesitar ayuda con algo que yo puedo hacer perfectamente sola?"

Una sombra enfrente de su pupitre interrumpió sus pensamientos, obligándola a levantar la mirada borgoña para dedicarse a rechazar a quien sea que hubiese tenido la errónea idea de pegarse con ella para realizar esa tarea.

Abrió la boca, pero la otra persona le ganó la palabra.

-"¿Quieres que seamos pareja, Fate-san?"

¿Pareja? ¿Acaso estaba jugando con ella? Bufó. No necesitaba la ayuda de nadie.

-"Puedo arreglármelas por mí misma, Takamachi" –regresó su mirada a su libreta y continuó con el siseo de su lapicero al escribir.

Cuando no escuchó respuesta alguna, una sonrisa de orgullo fue formada en sus labios. Hasta que la pequeña sacudida de 'algo' golpeando su mesabanco la hizo volver a la realidad.

Observó con sorpresa el asiento al frente suyo, con una castaña sonriente que ya también empezaba a sacar sus apuntes.

-"¿Qué? –ladeó la cabeza- Yo no te escuché decirme no, así que, um, supongo que eso fue el sí más raro que haya oído en toda mi vida, nyahaha."

Fate Testarossa entrecerró los ojos y la miró no muy amigablemente. ¿Pero qué acaso no entendía su idioma? ¡No-quería-compañía! ¿Qué tan difícil era eso de comprender?

-"Ya sé."

-"¿Eh?" –su expresión cambió a una desconcertada.

-"Ya sé que no te agrado mucho –habló, desviando la mirada a cualquier otro lado-. Pero no creo que al maestro le haga gracia que entregues esto tú sola, ¿o prefieres a alguien más contigo?"

La rubia parpadeó dos veces, después observó al resto de su clase. Suspiró algo molesta, ciertamente, era preferible tener a la castaña feliz a su lado que a algún otro fastidioso compañero o compañera que no dejaría de atosigarla con torpes preguntas.

-"Tienes que ayudarme con el reporte –dijo cuidadosamente, observando la sonrisa en el rostro de Nanoha crecer-, o de lo contrario ni creas que te daré crédito por él, Takamachi."

-"Nyahaha, tranquila, ayudaré."

Intercambiaron sus cuadernos para comparar sus apuntes y decidir qué era lo que iban a poner en su trabajo. La castaña pasó unas cuantas hojas, mirando las páginas repletas de tinta con un poco de fascinación.

-"Tienes una bonita letra."

Continuó pasando las hojas, no dándose cuenta de que la rubia había alzado la mirada del cuadernillo que sostenía para verla.

-"Y eres muy ordenada con tus apuntes" –halagó de nuevo.

Fate regresó su vista hacia la libreta de Nanoha, notando que a diferencia suya, algunas notas volaban por aquí abajo o por allá arriba, sin secuencia alguna. De cuando en cuando encontraba uno que otro garabato que nada tenía que ver con el tema que estaba escrito.

Sonrió de lado, la castaña era un total desorden para ordenar sus notas. Aunque tenía un modo gracioso la forma en que intentaba acomodar todo en su lugar.

-"Disculpa el desastre –se rascó la cabeza, nerviosa-, como suelo distraerme fácilmente, tengo que anotar todo lo más rápido posible antes de que me quedé muy atrás o el profesor me descubra, nyahaha."

La rubia no dijo nada. Era obvio que Nanoha divagaba, demasiado, para tratar de captar todo lo que había sido dicho. No es que los renglones ignorados o las letras subiendo y bajando como en una montaña rusa se lo dijesen…

-"Me alegra trabajar contigo, Fate-chan."

La aludida se quedó de piedra en el momento. Sus pupilas rojizas contemplaron los ojos azules, esos que parecían temblar ligeramente, como si hubieran metido la pata.

Y en efecto, Nanoha lo había hecho.

-"¿Cómo me llamaste?" –fue un susurro calmo que trasmitió escalofríos.

-"Nyahaha, por qué, ¿por qué lo preguntas?" –quiso desviar la conversación.

Fate frunció el ceño y colocó ambas manos en la paleta de su pupitre, haciendo ademán de levantarse de su lugar.

-"¿A dónde cree que va, Testarossa? –el docente inquirió, con una sonrisa que no parecía muy divertida- Espero que no piense en irse, usted y Takamachi deben entregarme esta tarea sino quieren deberes extra."

Mordió sus labios y apartó sus palmas de la superficie de madera, regresando a su asiento mientras le dedicaba una fulminante mirada a la ojiazul.

Nanoha tragó saliva, ignorando las hojas del ejercicio a realizar caer sobre su mesabanco.


-"Yo le dije: No señor, el memorándum no. 398345-B/wq98 dice que ninguna autoridad bajo circunstancias normales puede acceder al módulo AG345-1110 sin un código de nivel…"

Los dos guardias paseaban platicando animados por los pasillos circundantes a la biblioteca de la TSAB, donde se hallaban los mejores y únicos libros de magia que cualquier hechicero podría imaginar. Se decía incluso que había libros especiales allí que nunca nadie había visto.

Y esos eran los que Precia Testarossa necesitaba.

"Voy a morir…"

-"De ninguna manera, tú no -susurró abriendo el libro que la anciana le diera-. Primero doy mi vida antes que eso."

Una débil luz se hizo presente justo antes de que los guardias pasaran cerca de ahí. Al doblar por una esquina, se toparon con la mismísima comandante Harlaown.

-"¡Almirante!"

-"Necesito consultar unos datos. No quiero que nadie me moleste hasta que salga, ¿entendido?"

-"¿Es sobre el robo de las Jewel Seeds?"

-"Así es."

-"¡Adelante, Almirante!"

Con un saludo marcial, los guardias dejaron pasar a la falsa capitana dentro de la biblioteca. Una vez dentro, Precia miró a la zona prohibida a través del velo de sus ahora ojos aguamarina, abriendo una vez más su libro.

-"Es por Alicia…"

Murmuró, en un intento por justificar sus actos.


Después que hubiese finalizado la clase de historia y de que ella accidentalmente –en verdad debía dejar de distraerse- la llamase por aquel mote cariñoso como unas diez veces, y luego haber sobrevivido a todas esas diez veces, el enojo de Fate fue desapareciendo.

En vistas de que su efecto en Takamachi ya no parecía ser el mismo que al principio.

-"Fate-chan, ¿te duele tu brazo?"

-"Deja de llamarme así…" –comentó con cansancio y aburrimiento.

Los ojos de Nanoha la miraron con sincera preocupación mientras ella admiraba distraída el asiento vacío que le correspondía a Alicia. Las vendas que llevaba colocadas su amiga le habían llamado hace poco la atención, debatiéndose entre sí debía preguntar o no.

Al final, su inquietud fue más que el miedo a la reacción que pudiera tener la rubia ante su curiosidad.

-"Fate-chan…" –insistió.

-"No me duele nada."

-"Oh..." –dejó salir, no convencida para nada.

Desafortunadamente, el silencio duró poco para el gusto de la rubia, quien no tenía ganas de andarle riñendo a la chica de la sonrisa perpetua para que parase sus comentarios.

-"No estés triste, tu hermana se recuperará."

Una mano cayó atrevida en su hombro y Fate se giró de inmediato a reprocharle su atrevimiento a la pelirroja, cuando de nuevo esos ojos preocupados le quitaron las pocas ganas que ya le quedaban para pelear.

Desvió la mirada borgoña de regreso al pupitre de su hermana gemela.

-"Si quieres le diré a Hayate que haga los deberes de Alicia. Seguro que aceptará."

-"Hm… gracias" –soltó al aire, restándole interés al hecho de que estaban hablando de la entrometida de Yagami.

Y de nuevo, sin que se lo propusiese, aparecía esa traidora sonrisa en su rostro.

-"¡Nya! –el repentino chillido de Takamachi la hizo saltar sobre su asiento- ¡Te ves más bonita cuando sonríes, Fate-chan!

La joven parpadeó más que aturdida, tanto por el grito como por el abrazo que recibió de súbito por parte de Nanoha. Sin comprender, Fate giró su cabeza, buscando la respuesta a lo que había pasado. Su solo reflejo en la ventana le dijo que había sonreído ante las tontas palabras de la pelirroja que le abrazaba como si fuera su osito de peluche preferido.

-"¡Basta, Takamachi! –interpuso sus manos, tratando de apartarla- ¡Dije que basta! ¡Suéltame!"

-"Nyahaha, ¡no seas tímida! –trazó una sonrisa de gato en sus labios, divertida- ¿Somos amigas, no? Fate-chan…"

-"¡DEJA DE LLAMARME ASÍ!" –gritó fuertemente mientras cerraba los ojos, suplicando que el resto de la clase se cansase rápidamente de observarlas…

Sintió enrojecerse de la pena, hasta que finalmente logró despegarse a la castaña de su lado. Suspiró, todavía avergonzada, mientras algunos compañeros soltaban unas cuantas risitas.

Se cubrió el rostro con las manos, no queriendo confrontar la enorme satisfacción en la cara de Takamachi por conseguir haberle dado un largo y vergonzoso –como ella lo había considerado- abrazo.

Y sin embargo, detrás de sus palmas, Fate sonreía un poco.

Claro que, después de esa humillación, ya pensaría en cómo vengarse de Nanoha Takamchi por su vil atrevimiento…


Terminó de abrochar los cordones de los zapatos de Alicia y levantó sus ojos hacia ella.

-"Ya estás lista."

Con suavidad, le ofreció su brazo para que la pequeña se sujetara de él mientras se ponía de pie, para acompañarla al pequeño comedor adjunto donde cenarían. Pequeño ritual que Fate hacía para levantar los ánimos de su hermana mayor.

-"Estás muy linda" –opinó de la nada.

-"Estoy horrible" –negó.

-"Si haces esos pucheros, por supuesto que lo estás" –rió un poco.

Alicia sonrió a medias, apoyando su cabeza en el hombro de su hermana que le sujetó por la cintura mientras la guiaba a su confortable silla que le estaba esperando. Arf y Linith eran sus testigas mudas de la pequeña escena; con cuidado y atención, Fate la llevó a su asiento, acomodando el vestido que Precia dejase fuera.

Una vez satisfecha con su labor, la Testarossa menor se dio vuelta para sentarse frente a ella en la pequeña y redonda mesa, donde la tibia luz de un candelabro les iluminaba.

-"¿Ya no te duele?" –señaló Alicia su brazo.

-"No, no es nada. Fue un simple descuido" –alzó los hombros, restándole importancia al asunto.

-"Yo creo que ya te estás haciendo vieja" –agregó en tono divertido y burlón.

-"Ja, ja, qué gracioso Al."

Fate se hizo la indignada mientras servía los platos, aunque su risa disimulada decía lo bien que gustaba del jueguito que hacía con Alicia, quien correspondió a su sonrisa cual cómplice de travesuras. Cenaron a gusto y con los comentarios sobrados de la escuela y la casa, hasta que Linith les acercó la charola de postres que la menor miró con curiosidad.

-"¿Galletas?" –observó a la mujer de cabellos cobrizos con confusión.

-"Ah, sí. La señorita Alicia las dejó en su recámara, olvidadas, y me pareció prudente que debían terminarlas antes de que se echen a perder" –explicó, cerrando sus ojos negros mientras les dirigía una sonrisa a sus dos amas.

Como si fuera un objeto de experimento químico, Fate levantó uno de los dulces, mirándole fijamente.

-"Takamachi…"

-"Sí –Alicia miró a Linith, suspirando antes de volverse a Fate-. Vino a visitarme…"

Su línea de pensamiento se vio bruscamente cortada al darse cuenta que la rubia mordisqueaba la galleta con una mirada y sonrisa que jamás le había visto. Porque esa expresión le estaba reservada solamente a ella.

Ella.

La muñeca de Fate.

Una nueva punzada se hizo presente en el pecho de Alicia, no pudo evitar llevarse una mano como si con ello ese aguijonazo se desvaneciera. Entonces, algo hizo clic en su mente.

-"¿Ya las habías probado antes?" –y no ocultó el tono de reproche en su pregunta.

-"¿Eh? –contempló el rostro de su hermana, desconcertada- Sí, bueno, las probé en la escuela, Al…"

Alicia desvió su miraba, apretando los delicados moñitos de su vestido.

La escuela. La maldita escuela…

-"…pero en fin, Linith tiene razón, es malo desperdiciar alimentos aunque vengan de Takamachi."

-"Sí, qué bueno, porque ya veo que te gustaron –dijo algo adolorida la pequeña, volviendo a la bandeja de postres para tomar un pastelito-. Ella dijo que te guardara algunas…"

-"¿En serio?"

La voz de Fate parecía desinteresada, pero para ella no pasó desapercibido a sus oídos el sutil tono con que había sido expresada su pregunta.

Las pupilas borgoña, más claras que las suyas, y que parecían perder vida a cada día que pasaba, admiraron como su hermanita menor tomaba una galleta y se la extendía a su cachorro Arf, quien la sujetaba en su hocico y movía la cola feliz.

-"Sí, en serio…"

Sabía que aquello había sido egoísta de su parte, pero la sensación de que estaba siendo dejada, aún si era ligeramente, de lado, la ponía triste.

Apartando la vista de su gemela, se dedicó a comer su pastelillo en silencio. Después de todo, no tenía por qué preocuparse. Dentro poco dejaría de funcionar, y el show, por supuesto, debía seguir adelante.

Con o sin ella.


-"¿Qué sucede, Hayate?"

-"Nanoha, me encuentro llegando a la Biblioteca Infinita, todos mis guardianes y algunos oficiales de la TSAB están conmigo."

Hayate Yagami acomodó el móvil en su oreja, nerviosa ante la situación que se estaba desarrollando en las instalaciones donde todos los conocimientos del Universo se hallaban confiscados.

Sus orbes azules estudiaron el paisaje a través de la ventana del helicóptero, donde la imagen de un millón de árboles abría paso a un enorme edificio con una cúpula por techo.

-"¿Está todo bien?"

-"Nanoha –su voz fue seria-, te necesitamos aquí."

El ruido de las hélices empezó a disminuir mientras la puerta era abierta, para dejar que la luz disipase la oscuridad que se había encerrado en el interior del vehículo.

Vio a sus compañeros bajar. La figura de una mujer se acercó hacia ella, sus ojos cobalto alertas y prudentes, su cabello rosa atado en una coleta. Y la mano derecha sobre la empuñadura de su espada, cuidadosa por si algún movimiento no previsto se suscitaba.

-"Alguien se ha infiltrado en la Biblioteca, los alrededores ya están siendo vigilados. Ven pronto."

La llamada fue cortada, interrumpiendo las réplicas de Nanoha por no tener más detalles de lo que ocurría.

Hayate Yagami se levantó, viendo fijamente a la guardiana enfrente suyo.

-"No podemos dejarlos escapar esta vez, Signum."

La guerrera de la espada asintió, bajando junto a su ama del transporte aéreo, el cual se elevó en el aire nuevamente.

Todas las salidas habían sido bloqueadas. Ya no había escapatoria…


¿Cómo quieres ser mi amiga?

Si por ti me perdería.

Si confundo tus caricias

Por camelo si me mimas.

Pasión y ley, difícil mezcla.

Agua y sed, serio problema.

Cuando uno tiene sed,

Pero el agua no está cerca.

Cuando uno quiere beber…

Pero el agua no está cerca…

Continuará…


K: Uff, ¡otra entrega de muñecas! Ya no me mates, Kit XD

Esperamos que hayan disfrutado de este capítulo, muchas gracias por leer y les deseamos que tengan un grato día :)

C: Este fue un poco más pesado, pero no por ello menos divertido. Quiero agradecer a quienes nos siguen leyendo, hace que el esfuerzo de entender a la picola de Kida ¡valga la pena!

Se despiden Clumsykitty & Kida Luna.