Clasificacion: PG-13.

Desclaimer: Naruto no me pertenece, la vida es así de cruel.

Miren mi bio por la encuesta que voy a poner :3

"Mentiras Viejas"

Por Krazy Naoko

Capitulo tres: "Bruto Diamante"

Naruto se levanto inquieto, nervioso.

La perspectiva de empezar a entrenar en el gimnasio había parecido una buena idea la noche anterior, con el cansancio que no le dejaba dormir en paz. Pero ahora que tenia la cabeza fresca se le ocurrió pensar el porqué no había empezado antes con el ejercicio.

Dio vueltas en la cama tratando de no hacerle caso a la evidencia de que en realidad el no necesitaba ir para nada a un centro de fitness. Su cuerpo había sido moldeado para sobrellevar las peores de las crisis. Su hermano Pein se había encargado de eso por orden de Papa. Naruto era valioso. Su tierna apariencia no hacia más que beneficiar el 'negocio familiar'.

Sabía más que defenderse. Era un ladrón innato. Era sigiloso, silente como la misma muerte. Tenía más reflejos que un espejo y la fuera suficiente para quebrarle el brazo a un tipo de una trompada. Más precisamente, la mandíbula. Ya lo había hecho, no le movía la mitad de un pelo el hecho de saberse tan destructivo. El tipo se lo había merecido. Y lo volvería a hacer, después de todo el defendería a todo aquel que fuera valioso para él.

Asumiendo que alguna vez iba a volver a tener alguien a quien valorar.

Lo peor de todo, lo que realmente le hacía pensar en que era una muy mala idea ejercitar su entrenado cuerpo, era el hecho de que a él, en realidad le encantaba pelear.

En casa el siempre sabia estar peleando con quien estuviera dispuesto. El primo Toby era el que siempre la ligaba, y cada vez que el Tío Hidan pasaba a visitar, se aseguraba de que no se fuera sin su suvenir. Así le decía Naruto a volver de visitar a tu familia con cinco nuevos, dolorosos y oscuros moretones que aseguraban su estadía por mucho tiempo. El suficiente como para que la diferencia entre cada visita después de ver al rubio incrementara. Ahora que lo pensaba, no había visto al tío Hidan antes de escaparse... El tipo era raro, pero no dejaba de ser interesante y entretenido. Naruto le tenía cariño.

Por abajo de las sabanas, su mano se posó con fiaca sobre su pancita, recordándole que no necesitaba para nada ir al gimnasio... Pero las palabra de Iruka tenían mucha verdad. No era una cuestión de estética, si no de agotar su mente de tanto espantar los recuerdos de su familia y del trabajo que llevaban todos a cabo, y del que entendía cada vez más a medida que estudiaba.

Tenía un santo aparte, eso pensaba Naruto cuando comparaba los años de maltrato al que había permanecido ignorante y los comparaba con el tiempo que había pasado en Konoha.

Después de haber estado ignorante ante tantas cosas en su anterior estilo de vida y de vagamente reconocer lo que hacía como erróneo, al llegar a la villa se había encontrado con gente que lo único que hacía era tratar de guiarlo, ayudarle, complacerle.

El se contentaba de tener tratos con alguien sin la obligación de fingir ser amable para después darle una dosis de arsénico por tal o cual motivo.

Acá podía ser tan amable o tan arisco como quisiera.

Iruka sobre todo, lo había tomado celosamente bajo su ala protectora. Le había ayudado con unos papeles necesarios para que el consiguiera trabajo, o mejor dicho, para poder contratarlo y se había echado al hombro la responsabilidad de enseñarle todo lo que le fuera necesario saber para ejercer la profesión que le había ofrecido.

Suspiro de una vez.

Al carajo con tanto dilema. Por esto mismo era que iba a ir a gastar la interminable energía que tenia. Para dejar de pensar y dejar de trabajar como maniaco para evitar pensar en el porqué de las cosas.

Estaba viviendo una nueva vida, otra oportunidad. No tenia caso emperrarse en buscar los porqués de lo que ya era historia.

Se levanto y se alisto. Si conocía a Iruka, el hombre iba a empezar a llamar a ver porque no había llegado todavía a su casa. Agarro las llaves del departamento y el celular y mientras cerraba la puerta con llave se detuvo un momento para mandarle un mensaje te texto a su amigo.

"Llendo" Nada mas le había puesto.

Prefirió caminar ese día, le iba a tomar tiempo llegar, pero que sería de su vida si existiera un día en que Umino Iruka no renegara por su culpa.

Así fue como con la toda la calma del mundo emprendió su viaje mientras silbaba una melodía que había escuchado por ahí y que sonaba peligrosamente parecía a esa canción con la que Colgate recomendaba a los chicos a lavarse los dientes tres veces al día.

- antes de desayunar, chiki chicki chiki chin, después de almorzar...-

o-o-o-o-o-

Si alguien preguntara cual era la peor profesión que Sasuke Uchiha pudo haber elegido de todas las posibilidades que tenia a su alcance, no existiría respuesta clara al respecto.

El diría que, o bien era éste, el trabajo que realizaba a partir de su más grande pasión, o esa vez que siendo un tierno crio de 15 años había decidido ofrecerse de voluntario para la biblioteca del barrio, de la cual lo terminaron echando porque atraía mucha atención.

Ahora, eso último es perfectamente entendible... Pero, ¿qué hay acerca de la primera opción?

Sasuke, como se menciono antes, trabajaba de su más grande pación (y algunos decían que era su obsesión). El chico era considerado un genio, como cada integrante de su familia. El podría haber hecho lo que más le conviniera, pero el amor que sentía por el deporte le había obligado a tomar el rumbo de la profesión marcial.

El, Sasuke Uchiha, era un genio de las artes marciales. Había ganado incontables campeonatos y debido a razones económicas había decidió poner su genialidad a buen uso y se había dedicado a ser entrenados profesional.

Al final, es decir.

Después de haber aprendido por las malas que no le convenía ser profesor de educación física en una renombrada secundaria (adolecentes alzadas, habrase escuchado alguna vez de más letal predador), optó por sacar el mayor provecho de su amplio conocimiento.

Puesto en otras palabras... Sasuke había sido obligado por su padre a conseguir un trabajo para enseñarle una lección de humildad, porque vaya usted a encontrar un mocoso mas malcriado que el menor de los Uchiha. Su progenitor se había cansado.

Le había congelado la cuenta que tenía en el banco y se había ofrecido a pagar por el curso que Sasuke había tenido que aprobar para poder ostentar el título de Profesor de Artes Marciales, o lo que fuer que había estudiado.

Sasuke se sonreía (para sí mismo y nunca en público). Esto no era trabajo para el. Era un chiste.

Por un lado, se burlaba de los desesperados clientes que tenia por el precio que pagaba por unas clases que él consideraba mediocres. No podía hacer mas, no podía exigir de esas personas lo que él sabía que no eran capaces de hacer. Su renombre le agregaba monedas a su tiempo.

Ahora, por el otro lado el podía decir que estaba perfectamente bien con su trabajo. Estaba viviendo de lo que le gustaba hacer y tenía la oportunidad de entrenar futuros prodigios de la pelea (ganado un buen pago obviamente). Sin embargo, trabajar como instructor de fitness no fue tal vez la mejor idea que haya tenido en su vida.

¡Ha! y decían que él era un genio.

Es verdad que todo el mundo se preocupa por su salud, pero también es verdad que un gran número de personas se obsesionaba con la manera en la que eran vistas por los demás miembros de la sociedad. Y un gran número de ese número son mujeres. Rabiosas y en celo. Al menos cuando de él se trataba.

Llegaba un momento en que ya no importaba, en que aprendía a ignorar el hecho de que el porcentaje de anemia subiera en su clase debido en principio al peligrosamente alto nivel de pérdidas de sangre vía fosas nasales que se llevaba a cabo casi todos los días.

Y así había sido desde que el tenia memoria. Según le contaban, desde que era un pendejo... Los pelos de la nuca se le erizaron ante ese pensamiento.

Sasuke ignoro las divagaciones de su cabeza y se apuro a llegar al gimnasio en el que daba clases. Antes de empezar le gustaba encontrarse con su instructor personal (tocayo en genialidad y padrino legal) y practicar un poco. Las clases no eran suficiente para mantener en forma el esculpido cuerpo que tanto trabajo le había tomado conseguir.

¿Qué? ¿No se puede ser un poco narcisista? Sabía muy bien que estaba más bueno que comer con la mano, bien podía admitirlo. Negarlo o actuar humildemente no sería modestia sino un desvergonzado e impune crimen.

Con la oscura sombra de una sonrisa autosuficiente, Sasuke entro al edificio y fue derecho al casillero donde siempre dejaba sus cosas.

Kakashi ya estaba en la mesa de recepción confirmando los datos de algunas mujeres que venían media hora antes para poder verle entrenar al mismo tiempo que se hacían las que calentaban y estiraban...

Si no fuera porque las buitres pagaban lo que fuera que el pedía ya las hubiera echado de su clase desde el primer día.

Una vez cambiado, se acerco casualmente a la mesa de recepción y saludo a su 'cosa-mas-cercana-a-una-figura-paternal'. O bien le podemos llamarle amigo. Aunque para el morocho no fuera el concepto que más le llamare la atención.

-Buen día- saludo monótonamente como lo hacia todas las mañanas.

-¡Y qué buen día! No creo que vaya a haber mejor día que el de hoy!- Respondió el enigmático hombre. Sasuke alzo una ceja ante el entusiasmo que el peli plateado mostraba.

-¿Qué pasa que estas tan feliz, eh?-

-Oh... Nada, el sol sale, las aves cantan....-

-No te gusta el ruido que hacen esos animales y no te gusta levantarte temprano-

-Y el cielo es celeste y las rosas son rojas!-

-...no sabía que te gustaran las flores.-

-No me gustan... Pero ese no es el caso. El mundo está en armonía- El joven instructor no revolea los ojos nada más porque si lo hace mucho en un día, le da dolor de cabeza. En lugar de eso, opta por masajearse el puente de la nariz, dándole a la espalda al demente que se hacía llamar su 'amigo', a falta de un mejor termino.

-Lo que te haga feliz, Kakashi. Vamos a las maquinas queres, que se me hace tarde.-

-¿Por qué estoy bajo la impresión de que nunca vas a empezar a decirme Kaka-nii san?-

-Porque suena raro. Metetelo en la cabeza-

-¡Kakashito!-

El morocho le miro con los ojos duros debatiéndose si valía la pena contestar

-No- Al final dijo secamente.

-¡Qué cruel, qué cruel- Fingió un dolor que no sentía el mayor.

El muchacho no era de palabras, pero habían pasado por bastantes cosas en la vida como para poder leerle como un libro abierto. Claro, ese detalle Sasuke no lo sabía, y para el bien de su salud, no tenía pensado cambiar ese hecho algún día cercano, ni lejano, o existente.

Sasuke le miro de reojo con sospecha y esperó a que Kakashi se acercara para que pudiera empezar con su rutina diaria. Después de haberse vendado las manos, procedió a acomodarse en una de las maquinas del gimnasio, dispuesto a correr en las cintas por unos minutos. El peli plateado se le unió al minuto y empezó con el bla bla de todos los días.

-...Y esa chica rubia de verdad parece tener intenciones de secuestrarte si volves a dar alguna clase con esa camiseta de red súper gay que te regale-

-Hn-

-Aunque yo creo que la colorada le gana. Esa si se ve re loca. Aunque no sé.... La de pelo rosa también está cerca. ¿Me habías dicho que había intentado abrazarte ayer? ¿Tirándose desde arriba de la escalera?-

-Ajá-

-Oh... Veo. ¿Por qué a mí no me pasan estas cosas?-

-Porque sos un viejo pervertido, y encima gay-

-¡Ah!- Kakashi paro su suave trote parándose en el borde de la cinta y se llevo una mano a la boca en un falso gesto de sorpresa. -¡Sasuke-kun! ¡No sabía que ese era el problema!- Exclamo con un tono de voz demasiado alegre como para caerle bien a Sasuke.

-¿Qué?- Preguntó secamente sin dejar de ejercitarse.

-No sé cómo no me di cuenta antes- Suspiro Kakashi apoyándose en el barandal de la maquina es la que estaba corriendo el morocho. -Con todo el tiempo que pasamos juntos y todo eso...-

Sasuke dejo de correr y se eco la traspiración con una toalla que tenía a mano y miro con el seño levemente fruncido al su entrenador.

-¿De qué...?- Su voz sonó cautelosa.

-¡No sabía que yo te gustara Sasuke! ¿Por qué no me lo dijiste?-

El ceño de Sasuke se profundizó y sin mostrar mayor reacción se alejo del otro hombre.

-¿Se puede saber porque estas tan alegre?- Pregunto una vez le había dado la espalda. No sabía ni porque había preguntado, No tenía tiempo para perder y honestamente, no quería saber que era lo que tenía tan feliz al mayor.

-Tenemos clientes nuevos, bah. Yo tengo clientes nuevos. Por lo que Iruka me dijo que me iba a traer un diamante en bruto. Quién sabe, si es muy bueno, es probable que te cambie por el-

-Pss, para lo que me importa. No es que te necesite y lo sabes-

-A vos te gusta romperme el corazón una y otra vez, ¿no?-

-Mi deporte favorito Kakashi- Medio sonrió una de esas sonrisitas autosuficientes que Sasuke hacia antes de meterse en el estudio de danza, donde se llevaba a cabo la clase de aerobics.

Kakashi siempre le pareció extraño que Sasuke decidiera enseñar esa clase de ejercicios. Es decir, no es la persona más social ni la más entusiasta del mundo. Pero tenía que admitir que eso era lo que hacía que el morocho ganara tan bien. Tenía mucha pinta, y era extremadamente reservado. Aun así, era el mejor instructor físico que había, a su manera le daba un dinamismo único a su rutina.

Además no era cuestión de entusiasmo.

Por un lado, Sasuke era el mejor en lo que hacía. No había duda de eso. Por el otro, ¿quién no iba a querer pavonearse por el mundo bajo la aclamación de que el escultural cuerpo que poseían era una de las obras maestras de Uchiha Sasuke?

En silencio el entrenador se alejo de las maquinas, tenía que alistarse para el supuesto diamante en bruto que Iruka se suponía le traería ese día. Y quería dar la mejor impresión posible.

En el idioma que él generalmente hablaba eso significaba la peor primera impresión posible. Era de mucha ayuda cuando sus estudiantes le subestimaban.

Dejando de lado la preocupación que instintivamente se apodero de el al ver la primera víctima de desmayo del día (se sorprendía que las mujeres siguieran yendo a las clases de Sasuke cuando les hacia tanto mal a la salud) y se tiro de manera despreocupada sobre un sillón en la sala de recepción.

¡Oh! Y para mejorar la imagen que ya había creado de sí mismo, sacó un libro de tapa sospechosamente llamativa y se dedico a leerlo. La gente siempre le miraba de reojo cuando hacia eso, al parecer, no podía leer algo de buena literatura cuando se le daba la gana.

Poco sabía el entrenador que tenía tiempo para leer el segundo volumen de su novela para cuando llegara su nuevo cliente.

o-o-o-o-o-

Hay muy pocas personas en el mundo que nacen con el nivel de paciencia y gentileza con el que Umino Iruka tuvo la suerte de nacer. La gente piensa que puede que se deba a que sus padre formaron parte del ejercito, o porque nació bajo la influencia de tal o cual estrella.

Nadie sabe bien porque existe alguien como él, tan amable, tan sensible.

La gente tampoco sabe lo peligroso que este paciente hombre puede ser. Solo una persona ha tenido el honor de conocer la cara no tan paciente, sensible y amable de Iruka.

Dicha persona no se sentía tan honrada en ese momento.

-Irukaaaaa- Se quejaba Naruto mientras caminaba al lado del anteriormente mencionado hombre. -¿De verdad fue necesario que me pegaras?- Pregunto sobándose el chichón que amenazaba con formarse sobre su cabeza.

-Te dije que no llegara tarde- El mayor dijo sin aminorar sus pasos. -¿Y que fué lo que hiciste?-

-Llegué tarde- Respondió Naruto sabiamente, conociendo lo que le esperaba si no fuera a contestar lo que el mayor le preguntaba.

-Exacto. Llegaste tarde- Bufó Iruka sin dejar de caminar a paso rápido. -¿Qué se supone que le voy a decir a Kakashi-san ahora? ¿Ah? ¡Se supone que tenias que dar una buena impresión, no hacerme quedar mal a mi Naruto! Ahora seguramente van a pensar...-

-¿Van?- Interrumpió Naruto buscando una excusa para que su patrón/amigo dejara de criticarle tan dramáticamente.

-Hatake-san entrena en el mismo gimnasio que su alumno más importante, y es muy posible que el haya querido presentarlos... Yo le dije que eras bueno peleando y...-

-Momento, momento... como se llama el tipo, Hatake o Kakashi, ya me confundiste-

-No importa cómo se llama, si no acepta entrenarte entonce...-

-¡Epa! ¡Para!- Le frenó Naruto mientras Iruka abría las puertas del gimnasio, lo que al rubio le importo muy poco. -Yo nunca dije que esto era definitivo, ¿cómo que si el me acepta?-

-Pero Naruto, tenés que hacer esto, estas torturándote demasiado con cosas que no tendrías que…-

-¡No! Eso no tiene nada que ver con...- Interrumpió Naruto, los azules ojos flameando con orgullo herido.

-¡Anoche me diste la razón! ¿Qué te pasa?- Le cortó a su vez Iruka, sus propias pupilas llenas de preocupación.

-Nada me pasa, pero estas diciendo cosa que no van al...-

-Perdón por interrumpir, pero tengo una clase que dar-

Los dos hombres voltearon para recibir la dura mirada de un par de negros ojos. Naruto no se dejo intimidar por el aura de autoridad que el pelinegro irradiaba y decidió ponerlo en su lugar. Abrió la boca para mandas al tipo a un lugar al que no muchas personas les gustaría ir antes de que alguien gruñera en la dirección en la que se encontraban.

-Sai, deja de asustar a los clientes y pregúntales que carajo quieren de una vez-

El tal Sai transformo su dura expresión en la sonrisa mas falsa que Naruto haya visto jamás en su vida, para después preguntarles qué era lo que buscaban

Iruka procedió a explicarle a quien estaban buscando cuando una cabeza cubierta de pelo gris y un rostro tapado por un libro de escandaloso color apareció tras el umbral que había un poco mas allá.

-¡Ah, Iruka! Yo que venía a ver porque el volumen parecía haber subido por este lado del gimnasio. Espero que este chico no te molestado de manera alguna-

-¡Hatake-san!- Se acerco el castaño para estrechan la mano del otro hombre que seguía sosteniendo el libro sobre su cara y al parecer, no dejaba de leerlo.

-Para nada, Hatake-san. Este muchacho estaba ayudándonos a encontrarlo , nada mas-

-¿Enserio?- Un ojo (¿un ojo? la rubia cabeza se pregunto) se separo de la supuestamente muy interesante novela para escanear la gente que tenía en frente. -Me parece muy bien Iruka, ya me encontraste- dijo el hombre de manera desinteresada.

-Hatake-san...- Empezó Iruka con lo que Naruto estaba seguro seria una laaarga sesión de disculpas.

-Kakashi- Le interrumpió el entrenador.

-Eh... Kakashi-san...-

El tal 'Kakashi' suspiró y guardo la novela en el bolsillo trasero de sus pantalones, revelando nada en absoluto, más que una máscara con la que cubría su cara. Una rubia ceja se alzo ante tanto misterio.

-Iruka, por favor... ¿Hace cuanto que nos conocemos? Deja las formalidades, si prácticamente estamos casados-

-¡Kakashi -san!- Le llamó la atención el educador de manera escandalosa, el rubor evidente en su cara.

-¿Iruka-sensei?- Pregunto curioso y alarmado Naruto al escuchar las palabras salidas de la boca del extravagante instructor.

Este último no hizo más que reír ligeramente antes de darse la vuelta y seguir su camino. Los dos hombres le siguieron. Iruka con un muy curioso Naruto pegado a su lado haciéndole todo tipo de preguntas.

-Iruka-sensei, Iruka-sensei... ¿por qué no me habías contado nada? ¿Eh? ¿Por qué no me habías dicho que eras gay? ¿Eh? Iruka-senseeeii...-

-Naruto, cállate de una vez. Le reprocho apenado el mayor. -¡No, no estoy saliendo con ese hombre y no, no soy gay!- Respondió al final entre dientes apretados y tras un intenso rubor.

Naruto siguió con su tortura, sin dejar al pobre maestro en paz. ¡Se sentía tan bien decir lo que quería cuando quería sin importar cuánto molestara a los demás! Además, así la gente mantenía su atención en su persona, aun si se trataba de hacer el mayor esfuerzo por ignorar su molesta voz. Indirectamente era una forma de atención, ¿no?

No importa, a él le gustaba pensar cosas que le hacían feliz.

Por suerte para el castaño, Kakashi había alcanzado su destino, habiéndolos guiado hasta una zona cubierta de implementos que se veían mas que útiles para el que quiera entrenarse en el combate cuerpo a cuerpo. Desde el piso acolchonado hasta postes destinados a ser cruelmente maltratados en favor de las habilidades de algún que otro cliente.

-Bueno, acá estamos- Canturreo Kakashi contento de haber terminado con la tortura que significaba tener que escuchar la voz de su supuesto diamante en bruto.

Jeje, rio internamente, habrá que ver que tan en bruto esta... o es...

Kakashi nada mas tenía que escucharlo para saber que el tipo no era más que un chiste, que era de esos que hacían mas ruido que daño. Todo en su persona gritaba 'fácilmente distraído' y lo vio con sus propios ojos al atestiguar como el rubio había desviado su atención de su importante tarea de volver loco al pobre y paciente de Iruka, a admirar la sala con una curiosidad rallando lo infantil.

-Ahora, - Empezó nuevamente el peligrís -habrá que discutir los términos...-

-De que términos me hablas, vejestorio, yo nada mas vine a ver si quería venir a entrenar acá- Interrumpió Naruto volviendo a su investigación del lugar.

Iruka alzo las cejas indignado y abrió la boca para retarle de alguna manera nada que para ser interrumpido por el entrenador, quien había levantado su mano para prevenir que las palabras salieras de la boca del otro.

-En ese caso, porque no empezamos con las presentaciones- Contesto Kakashi sin que su expresión de desinterés vago no cambiara ni un milímetro.

-Yo soy Hatake Kakashi, campeón internacional y entrenador profesional del arte de pelea que se te ocurra- Dijo el hombre con una sonrisa. Al menos, Naruto pensó que era una sonrisa lo que había bajo la máscara que cubría a mitad de la cara del supuesto campeón.

Naruto lo miro a lo que podía identificarse como cara, tratando de descifrar porque nada mas podía ver un cuarto del rostro del hombre. Su único ojo visible se curvaba ligeramente en lo que el rubio adivino una sonrisa sencilla.

Los claros ojos bajaron a la mano que se había extendido después del saludo pensando en cómo había pasado por alto el movimiento.

Suspiro mentalmente y dejo de preocuparse, ya iba a tener tiempo más tarde para dar vueltas en asuntos que no deberían de preocuparle.

-Uzumaki Naruto- Dijo el rubio sin mucha convicción. Estiro su mano y tomo la que le ofrecía el otro hombre.

Kakashi dejo que su ojo se abriera en sorpresa y algo de incredulidad.

-¿Sin títulos? ¿Así nada mas?- Pregunto soltando la mano del rubio. -Uno pensaría que ibas a derrochar la genialidad con la que según Iruka, naciste- Comentó.

Naruto miro a su maestro en confusión, olvidando de repente lo que fuera que iba a preguntar cuando Kakashi volvió a hablar.

-Iruka ciertamente me ha hablado mucho de vos- Empezó el hombre, sacando nuevamente la novela que había estado leyendo anteriormente. Naruto reconoció el titulo y su mandíbula callo en incredulidad.

-Según mi querido Iruka, sos un buen peleador- Continuo el instructor ignorando los gruñidos de indignación que Iruka profanaba. -Sin embargo, si me pagaran por cada vez que he escuchado eso, seria rico ahora- El hombre pareció estar el profundo pensamiento por un segundo antes de razonar. -Bueno... más rico de lo que ya soy, así que...- Un oscuro ojo le miro por sobre la portada, lleno de seriedad y expectativa.

-Espero que me impresiones, Naruto-

El rubio le miro y bufo de forma altanera.

-Yo espero que vos me impresiones a mi- Contesto este cerrando los ojos en una curiosa expresión ofendida.

Kakashi se gravo la imagen en la cabeza para después poder contarle lo interesante que ya de veía este muchacho a su ahijado mas tarde.

Si su ojo le permitía ver correctamente, la cara del muchacho reflejaba una increíble semejanza a las características mas sobresalientes en un zorro.

'Interesante', pensó Kakashi, diciéndose a, finalmente, poner a prueba a él bruto supuesto diamante que tenía en frente. Kakashi reacomodo las palabras de manera conveniente, y para él, estaban mejor dichas de su manera.

-¿Empezamos entonces, Naruto-kun?- Remato el peligrís únicamente para tener un minuto de menos para prepararse.

Al parecer, además de tener bien atribuido el bruto, Naruto también hacia honor al diamante del dicho.

Dos momentos más tarde, se encontraba preguntándose como había terminado contra la pared contraria, sin su libro en a mano, patas arriba y muy, muy adolorido.

Realmente interesante. Pensó.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

¿Debería poner los diálogos en negrita?

Es esta vida cruel que me obliga a ejercer la profesión más difícil de todo ser humano: el ocio.

No tengo excusa para la tardanza de esto. Trágico, lo sé.

Al menos saque este capítulo, y si bien no es guaaaau que capitulo, es un pasito para adelante. Las cosas van a avanzar más rápido de lo que yo esperaba en cuanto a la trama... Pero en fin. Algún día llegara el sasunaru que se que tods están esperando.

Paciencia, mis lacayos.

¡Atencioooón! Voy a hacer una encuesta así que plisis, ¡vallan a votar!