Disclaimer: No me pertenece ningún elemento de FFVII. Esta historia es escrita por placer y sin ánimo de lucro.
Los que quedaron atrás
Capítulo 4
"Quiero verte de nuevo"
Por Lady Yomi
Cañón Cosmo, garaje de almacenaje aeronáutico. Un rato después.
—¡Mira... Tifa! ¡Aquí hay más armas de las que teníamos cuando vivíamos en Midgar! —exclamó Marlene mientras sus ojos brillantes se paseaban sobre la enorme despensa donde Sadie guardaba una gran cantidad de suministros bélicos varios.
—Parece que convertirte en piloto no logró que olvidaras tu amor por estos odiosos artefactos escupe-balas, ¿eh? —soltó Tifa mientras se giraba hacia la dueña de casa con una sonrisita maliciosa—. Cualquiera diría que habías dejado los días de Avalancha atrás.
Sadie se volteó a verla, ocupando su mente enredada en preparar un par de cafés para compartir con la recién llegada.
—Ese comentario no significa mucho viniendo de una adicta a golpear cosas con los puños desnudos —le sonrió de lado a la vez que soltaba un suspiro—. Aunque supongo que algunos de nosotros fallamos en lo que respecta a dejar el pasado atrás.
—Hmm... —Tifa paseó la mirada por la precaria cocina, dejando que el aroma a acero y aceite se impregnara en su garganta. Le recordaba mucho a los suburbios de Midgar—. ¿Y ahora... vives en este garaje?
—Acogedor, ¿eh? —se encogió de hombros—. Aquí guardamos los aviones y los suministros que los clientes nos encargan entregar por todo el mundo. No es una mala idea quedarse cerca y evitar que algún amigo de lo ajeno decida entorpecernos la jornada mientras el sitio está cerrado.
—¿Eres la única que se está quedando aquí? —preguntó en un intento por saber si ella y Cloud todavía seguían juntos. Sus ojos cobrizos se movieron por la cocina, buscando cualquier tipo de evidencia que le dejara saber si él se estaba quedando ahí.
—No hace falta nadie más. —Sadie torció los labios en una mueca amarga—. No me molesta la soledad.
—¿Y qué hay... de la chica que vimos afuera?
—¿Chloe? —negó con la cabeza—. Los empleados se retiran a sus hogares en el Cañón apenas cae la noche. No hay nadie más que yo después de que finalizan sus tareas.
—Sadie... —Tifa tomó aire, preparándose para revelar sus intenciones sin incomodar a su amiga—. ¿Por qué... te has recluido aquí...? ¿Qué... ha pasado con Cloud?
—Cloud... —hizo una pausa antes de servir la taza de café frente a su escucha—. ¿Qué fue lo último que... que te dije sobre nuestro viaje?
—Estaban en los alrededores del Gold Saucer... —Tifa la observó tomar una silla con desgano para sentarse frente a ella en la mesa de metal que las separaba—. En camino a dejar unas flores en... el memorial —se cortó a sí misma, angustiada al tener que pensar en el sitio en donde se habían despedido del cuerpo de Aerith para siempre.
—Ambos pensamos que dedicarnos a recorrer el mundo juntos iba a devolvernos las ganas de seguir adelante. —Sadie se pasó una mano por la sien en un esfuerzo para suavizar el gesto grave que arrugaba su frente al hablar—. Nos propusimos disfrutar del obsequio por el que tanto Zack como Aerith se habían sacrificado. Queríamos... que ambos vivieran a través de nuestras experiencias.
—Sadie... —Tifa apretó los labios en una línea— ...eso es algo muy noble. Y me asusta pensar en que motivo pudo ser tan fuerte como para hacer que... que Cloud ya no esté aquí contigo.
—Bueno... es muy fácil ser optimistas cuando se tiene un día brillante por delante, pero las cosas se hacen cuesta arriba apenas nos toca enfrentar la noche.
—¿Qué pasó?
—No fue algo repentino... —Sadie le dio un sorbo a su café, con los ojos fijos en la superficie oscura del líquido caliente que le devolvía su propio reflejo distorsionado—. Yo lloré las muertes de Zack y Aerith durante meses... pero con el tiempo esa herida cicatrizó y el dolor se convirtió en melancolía. Sin embargo... la fisura que se abrió en el pecho de Cloud jamás dejó de sangrar. Él...
Hizo una pausa al sentir que se le hacía un nudo en la garganta, no tenía intenciones de desenterrar esos sentimientos que tanto trabajo le había costado ignorar. Pero todavía podía recordar la amargura de Cloud como si lo tuviera de pie frente a ella.
—Él se culpa por todo lo que pasó, y creo que no hay nadie que pueda hacerlo cambiar de opinión. En la mente de Cloud... él es el único villano de la historia.
—Ya veo... —Tifa se mordió los labios— ...la culpa acabó por destrozarlo, ¿eh? —meneó la cabeza a la vez que fruncía el ceño—. ¡Es tan injusto! Él... se merecía ser feliz mucho más que yo, y sin embargo aquí estoy... ¡buscándolo por todas partes para invitarlo a mi estúpida boda! No soy más que una egoísta sin corazón.
—Tifa... —Marlene se asomó a la cocina con los ojos bien grandes por la sorpresa que le producía escuchar el tono angustiado de la joven—: ¿Estás bien?
—Oh... —se pasó una mano por la frente, avergonzada por haber perdido el control en frente de la criatura— ...sí. Perdona, Marlene. Sadie me estaba contando algo un poco triste, es todo.
—Ah... —la niña se balanceó en el lugar—. ¿Puedo hacer algo para ayudar? Papá siempre dice que no es bueno estar solo cuando se está triste.
—Oh, no te preocupes —Tifa tomó uno de los bollos de azúcar que había sobre la mesa y se lo extendió con una sonrisa forzada—. Come uno de estos y sigue mirando los aviones de la tía Sadie mientras escucho el final de la historia.
—Hmm, está bien. —Marlene tomó el bocadillo y se retiró con reticencia. No muy convencida del argumento que acababan de darle, pero satisfecha con el hecho de poder comer algo después de un viaje tan largo.
—Eres muy dulce con ella... —Sadie le dirigió una sonrisa—. Apuesto a que serán una familia perfecta.
—Oh —el cumplido la tomó desprevenida—. G, gracias... Hago todo lo posible por... por redimirme de todo el daño que causé... —dejó escapar un suspiro—. Es de lo que hablaba antes, ¿sabes? Aún cuando fue en nombre del bienestar del planeta... causamos mucho daño a un montón de personas cuando trabajábamos en Avalancha, y eso... es algo que no me deja dormir bien por las noches.
—Te entiendo. —Sadie se encogió de hombros—. Pero la vida sigue... y negarte el futuro que tienes entre las manos no sería nada sabio. No eres ninguna egoísta, sino una mujer valiente que no sabe tirar la toalla.
—Todavía hablas como psicóloga. —Tifa soltó una risita grave, sintiendo que la charla le ayudaba a deshacerse de un peso que le arqueaba la espalda desde hacía largos años—. Pero tienes razón. La mejor forma de pagar al menos un porcentaje de mis pecados... es vivir con la humildad que me ha enseñado mi propia humanidad, y todos los errores que ella acarrea consigo.
—Barret estaría orgulloso de oírte hablar como él.
Tifa volvió a reír, luchando por ocultar el rubor que había subido a sus mejillas:
—¿Eso crees...? B, bueno... él... se ha convertido en una influencia muy positiva para mí.
—El amor hace maravillas con la gente. —Sadie sonrió con melancolía, tratando de dejar atrás una pena sorda que le estrujó el corazón por un instante—. Puede... destruirte. Pero también puede elevarte.
—A Cloud lo destruyó... —el semblante de Tifa se oscureció tan rápido como se había iluminado hacía nada más unos instantes—. Si no hubiéramos insistido para que saliera de su coraza y se uniera al equipo... apuesto a que la muerte de los chicos no le hubiera afectado tanto. Tuvimos que dejarlo vivir su vida de mercenario en paz.
—No fue el amor sino... el dolor de fracasar una y otra vez lo que lo dejó así —su mirada se posó en las estrellas que se veían brillar a través de una ventana derruida que pendía sobre su compañera—. Llegó un momento donde se cansó de seguir intentándolo y... yo no pude quedarme a verlo pudrirse en lo profundo de ese abismo. Fui... egoísta y me marché.
Silencio.
Tifa le dirigió una mirada de sorpresa:
—Pero... ¿por qué? ¿Por qué te fuiste?
—Me di cuenta de que nuestro viaje, nuestra mutua compañía... nada de eso estaba basado en el respeto o la amistad, sino... en razones egoístas a las que nos abrazamos para no seguir sufriendo. Yo creí que éramos amigos pero... creo que me equivoqué.
—¿A qué tipo de razones te refieres?
—Él deseaba cargar con una culpa menos. Dijo que Zack le había dicho que recorrer el mundo conmigo sería una forma de cumplir su última voluntad. De atesorar ese mundo que él no fue capaz de explorar. Yo no estaba muy convencida de la idea pero... también quería seguir adelante. Seguir adelante y dejar el pasado atrás. Era todo lo que me importaba.
Sadie frunció el ceño imperceptiblemente, tan frustrada con el rumbo que habían tomado los acontecimientos, como con el dolor que afloraba en su pecho ante el recuerdo de la experiencia.
—Al principio... busqué a Zack detrás de sus ojos en cualquier oportunidad que se me presentaba. ¡Lo hice tantas veces! Hasta que un día entendí que siempre hallaría la mirada de Cloud reflejando la mía. Y ya... ya no podía seguir fingiendo que no lo veía a él. No cuando lo hacía cada día que pasaba a su lado. Él era todo en lo que podía pen-
Interrumpió su reflexión en un intento por calmarse. No quería ser totalmente sincera y admitir algo que incluso le costaba aceptar a ella misma. Jamás volvería a repetir las palabras que habían sido recibidas con tanto desprecio la primera vez que las pronunció.
Sadie cerró los puños sobre la mesa al continuar. —Él se decepcionó mucho al notar que no podía librarse de la culpa de haberme quitado la chance de ser feliz con Zack. Y una tarde... me dijo que se había prometido vivir dos vidas pero... que era más fácil decirlo que hacerlo.
—Eso... suena a él, sí. —Tifa sintió un dejo de compasión por la joven que tenía en frente. Había experimentado esa misma frustración ante la confusa identidad de Cloud en demasiadas ocasiones.
—Lo sé... —meneó la cabeza—. Con el tiempo fui entendiendo que Zack no estaba allí, y que había sido una idiota al pensar que podía reemplazar a una persona con otra. Sin embargo... Cloud estuvo ahí para hacer que la revelación fuera menos dolorosa. Él me ayudó a superar el duelo. Hizo que cada semana fuera más fácil que la anterior, pero...
—¿Pero...?
—No lo sé. Creo... que le afectó mucho el saber que había fallado; que no podía devolverme a Zack por más que intentara cumplir su último deseo con tanto ahínco. Traté de hacerle entender que él era más que suficiente pero... —fijó sus ojos verdes en los de su escucha, y la vulnerabilidad que le transmitió a esta hizo que se le erizara la piel al oírla finalizar su relato—. Pero entonces me rendí, Tifa. Me cansé y me rendí.
—Oh... Sad. —Le rodeó las manos con las suyas, inclinándose sobre la mesa con un gesto compasivo en el rostro—. No lo hiciste. Estás aquí, ¿verdad? Yo... entiendo tu dolor. Es más... lo comparto y lo conozco tanto como para no juzgarte por las acciones que tomaste para escapar de él.
—Yo... sólo quería dejar de esperar a que sucediera algo que jamás pasaría... Dejar... de esperar a que él lo entendiera.
—Y fue una buena decisión. No era saludable que siguieran tirando el uno del otro hasta que sus esperanzas vacías los destrozaran en pedazos. A veces la distancia es la mejor solución.
—Traté de distraerme con esto de pilotear naves, pero no sé si esté funcionando. Todo el maldito tiempo me estoy preguntando si él tiene algo que lo ayude a olvidar también. No debí dejarlo solo. ¿Qué tal si ahora está peor que antes por mi culpa?
—No digas eso. —Tifa meneó la cabeza con determinación—. No hay que subestimarlo. Cloud es mucho más fuerte de lo que parece; es dueño de una enorme fortaleza que nace del amor que siente por todos nosotros. Aún... cuando ni él mismo lo reconozca.
—Tifa... eso que dices hace que me sienta un poco mejor —se sonrió con cansancio, dejando caer los hombros al hablar—. ¿Y dices que yo hablo como psicóloga?
—Bueno. Quizá he aprendido una o dos cosas sobre la profesión durante mis días como moza de bar. —Le devolvió la sonrisa al mismo tiempo que apretaba suavemente el agarre sobre las manos de su escucha—. La gente gusta de desahogarse cuando tiene uno o dos tragos encima.
—¿Cuenta el café como uno de esos tragos?
—Cualquier cosa sirve como excusa cuando el corazón desea ser escuchado.
Afueras de Cañón Cosmo, a la mañana siguiente.
—Entonces... ¿tratarás de contactarlo, Sadie? —Tifa y Marlene se hallaban de pie junto a la avioneta de Chloe Crawford; quien las llevaría de vuelta a su hogar.
Sadie tomó aire ante la pregunta de su vieja camarada. Por más que le aterrara dar ese paso... era obvio que no podía evitarlo por mucho tiempo más. Cloud había sido la razón por la que Zack perdió su vida, y ella le debía el velar por su protección... al menos, en la medida de lo que él joven mercenario le permitiera.
Además... estaba el tema de los sueños. Tenía que compartirle a Cloud las muchas inquietudes que la embargaban respecto a las imágenes que se paseaban frente a sus ojos apenas apoyaba la cabeza sobre la almohada. El joven no era ajeno al asunto... dado que era un problema que los acosaba a ambos desde hacía varios meses ya.
No podía demorar más lo que probablemente fuera un asunto de importancia, sólo por su torpe orgullo y ganas de evitar mirar atrás.
Era hora de que comenzara a hacer las cosas bien.
—Lo llamaré y le contaré sobre tu boda, sí. Aunque no puedo prometerte que lograré convencerlo de asistir.
—No te preocupes por eso. —Tifa esbozó una sonrisa que reflejó toda la luz de la mañana en su rostro sereno—. Sé que él estará allí. Tú sólo encárgate de hacérselo saber.
—Puedes contar con ello.
—Ah, y... —Tifa le puso una mano sobre el hombro, elevando el mentón de forma confiada al hablar— ...no te rindas, Sad. Sigue esos consejos que me diste tú también y no te culpes por lo que ya no tiene solución.
—Yo... lo intentaré —le sonrió suavemente, retirándose un paso para permitirles abordar el vehículo—. Nos vemos en el bar.
—Oye, Tifa. —Marlene hizo un mohín—. ¿Por qué la tía Sadie no viene con nosotros?
—Ella tiene que arreglar todo el asunto de su ausencia con los clientes y eso le llevará unas horas, nosotros iremos con la señorita Chloe y esperaremos a Sadie en casa.
—Oh... ¡de acuerdo! —la niña le dio un rápido abrazo a aquella que llamaban "Loba" en Cañón Cosmo, y se subió presurosa al aparato; siempre dispuesta a disfrutar de un entretenido paseo entre las nubes.
Sadie se quedó de pie en medio de la pista de aterrizaje, con los ojos fijos en la aeronave hasta que esta se perdió en la lejanía. Con un suspiro le dio la espalda al horizonte dorado y se dispuso a encender su PHS con desgana; lista para las quejas que oiría de sus clientes tras decirles que las entregas iban a suspenderse temporalmente.
Fue entonces que el dispositivo repiqueteó ante el sonido de una llamada inesperada. El número personal del presidente de la WRO ("World Regenesis Organization"), Reeve Tuesti, se reflejó en las pupilas cansadas de la dueña del aparato.
Iba a rechazar la llamada cuando su mano se detuvo sobre la pantalla. A lo mejor se trataba de un problema relacionado con el orfanato para las víctimas del Geoestigma; "Aerith Gainsborough" que la organización administraba desde hacía un par de años atrás.
A Sadie le interesaba mucho el proyecto (en gran parte por haber vivido en las calles durante su infancia solitaria), y sabía que de no contestar, su consciencia iba a estarla picando todo el día por no serle de utilidad a las pobres criaturas que tanto le ablandaban el corazón. Deslizó el botón luminoso del aparato hacia la derecha, soltando un suspiro ante su propia debilidad.
—Diga.
—¡Ah, Sadie Darcy! —Reeve se mostró aliviado de oírla (en lugar de la respuesta automática del correo de voz a la que tan acostumbrado estaba)—. ¡¿Cómo va ese negocio?! ¡Apuesto a que el armamento que te he encargado ya vuela alto rumbo a Junon!
—Bueno... —Sadie hizo una mueca, los negocios la habían encontrado antes de que ella moviera un sólo dedo para ocuparse del asunto— ...ha surgido un inconveniente y-
—¡Inconveniente! ¡¿Se ha dañado la mercadería?!
—¡N, no! ¡No es eso!
—¡¿Se la han robado?!
—¡N, no...! ¡No es nada como eso!
—¡Entonces se han dañado todas las naves capaces de transportar los encargos! ¡A, apuesto... a, a que un terrible m, monstruo... ha dañado el garaje al salir de-
—¡¿QUIERES ESCUCHAR LO QUE DIGO?! —soltó Sadie en un intento por interrumpir las ridículas especulaciones de Tuesti—. ¡Esto no tiene NADA que ver con la mercancía!
—Oh. Pero no tenías por qué gritar... —hizo pucheros junto al teléfono sin apercibirse de que su escucha no podía contemplar su expresión (la que consideraba lo suficientemente manipuladora como para hacer llorar a Rufus Shinra).
—Yo... tengo que ir a un... a un... —hizo una mueca al pronunciar el final de la frase— ...casamiento.
—¡Ah! ¡Pero eso no es ningún inconveniente! —Reeve recuperó su buen humor en cuestión de un pis-pás—. ¡¿No será el de la señorita Lockhart?! ¡Porque si es así podemos ir juntos!
—E, espera... ¿también te invitaron?
—¡Claro que sí! ¡Soy... parte del equipo!
Sadie puso los ojos en blanco, siempre olvidaba que el sujeto había estado acompañándolos bajo el pellejo de ese curioso gato robot.
—Ya. Tienes razón.
—¡Entonces vamos juntos allá! ¡Estoy cerca de Cañón Cosmo, podemos pasar a recogerte si quieres!
—N, no será necesar-
—¡Será cuestión de un instante nada más! ¡Me he escapado de Kunsel Reiss (mi fastidioso guardaespaldas), por unas horas y podría aprovechar la ocasión para ponerme al tanto de-
—Tuesti. Escucha. —Sadie se masajeó la sien, aturdida por el ritmo frenético de la conversación—. Todavía tengo que arreglar el asunto con el resto de los clientes. Además debo esperar a que la señorita Crawford llegue de un transporte de pasajeros que acaba de emprender... ella es la que quedará a cargo de la vigilancia del lugar después de todo.
—Ya veo... ¡De acuerdo! ¡Entonces estaré ahí está noche!
—¡¿Eh?! ¡E, esper-
No la dejo terminar. Reeve Tuesti cortó la llamada con una carcajada de satisfacción que puso a su escucha de un humor de perros. El sujeto jamás aceptaba un no por respuesta, ¿eh?
«—Una vez en Shinra, siempre en Shinra...» —pensó con desdén para sí misma, organizando mentalmente la forma más rápida de finalizar sus tareas antes de que se le escapara la tarde.
Esa misma noche; en el interior de un furgón de la WRO, Reeve y su pasajera se dirigían a Midgar a través de la (hace pocos meses finalizada) super autopista continental.
—¡Espero que no te moleste la compañía, Sadie! —exclamó el Presidente de la organización, sentado frente a ella en el asiento del copiloto. El vehículo era conducido por uno de sus hombres (quien no les prestaba demasiada atención)—: Pero no he dormido en tres días y no me atrevo a pilotar esta cosa con tal precario estado mental.
Sadie arqueó las cejas, curiosa ante la revelación.
—¿Y por qué es eso? ¿Estás enfermo?
—¿Enfermo? ¿Yo? ¡Claro que no! —rió con ganas—. ¡Pero esto de dirigir una ciudad entera no es tan fácil como lo pensé en un principio! ¡Hay tantas cosas por hacer!
—Eso no parecía quitarle el sueño a Rufus.
—Bah. Estaba demasiado ocupado demoliendo sectores de su propia ciudad como para pensar en lo que de verdad necesitaba derrumbarse.
Sadie sonrió, deleitada al notar a donde se dirigía la conversación. —¿Y eso era...?—
—Su propia maldad. Claro está. —Ambos intercambiaron un par de sonrisas de confidencia, muy de acuerdo con el hecho de que gran parte de la culpa de lo que había sucedido con la siniestra empresa se debía más a la mala conducción de esta, que a su existencia.
—Aún así no debes bajar la guardia —le advirtió la joven—. Un monopolio jamás podrá reemplazar a una verdadera democracia.
—No te preocupes por eso. Tengo planeado organizar un sistema de votación como ese una vez que se solucione lo del Geoestigma.
—El Geoestigma... —Sadie frunció el ceño—. No he estado en el interior de la capital desde hace un largo tiempo... ¿Cómo está todo por allá?.
—No muy bien. —Reeve se mordió el labio, volviendo a enfocar la mirada en la carretera oscura que tenían por delante—. Es el quinto brote que enfrentamos. Cada vez hay más gente enferma y... parece que estuvieran muriendo todavía más rápido que antes. Ya puede decirse que estamos frente a una de las peores pandemias que nuestro mundo haya visto... jamás.
—Ya veo...— apretó los labios, insegura de que podía aportar a una conversación tan oscura como esa.
—Es una tragedia. Los que no se pudren en un charco de su propia carne descompuesta acaban por transformarse en criaturas deformes, desquiciadas... carentes de algo que pueda tildarse de humanidad. A veces me pregunto... si no hubiera sido mejor que ese meteorito nos barriera junto con el mundo anterior.
—Reeve. —Sadie abrió los ojos en su máxima extensión—. No hables así. Muchos... se sacrificaron para que pudiésemos estar aquí.
—Sí... lo entiendo pero, ¿y si las personas tienen razón? ¿Y si el Geoestigma es... una venganza de la madre naturaleza por todo el daño que nuestra especie le ha causado?
—Me rehúso a creer eso.
—Sabes que yo también. Pero... no tenemos pruebas de lo contrario, ¿o sí? Lo único que sabemos acerca del Geoestigma es que fue dispersado en la superficie tras el surgimiento de la corriente vital. Eso... ¿no es evidencia suficiente para probar que nuestro propio planeta nos odia tanto como para querer borrarnos del mapa?
—Jenova podía moverse a través de la corriente. Ella infectaba a los portadores de sus genes de esa manera.
—Eso es cierto, sí. Pero esa calamidad ya no es parte de nuestro mundo. ¿Cómo... podría seguir causándonos un daño tan atroz como este?
—Quizá... —Sadie sintió que un escalofrío le recorría la espalda al hablar, casi como si sus palabras fueran oídas por aquella que no debía ser nombrada— ...no se haya ido del todo.
Se hizo un silencio de tumba en el interior del coche. Incluso el chófer dejó de masticar su goma de mascar por unos breves instantes.
—Eso sí que sería una verdadera catástrofe, señorita Sadie. —Reeve tragó en un esfuerzo por disolver el nudo que se le había hecho en la garganta—. Espero que al menos... la WRO cuente con su asistencia en caso de que algo como eso acabe siendo verdad.
Sadie soltó un suspiro, acomodando la correa de su fusil sobre el hombro al responder:
—No aproveches la oportunidad para seguir insistiendo en que me una a tus filas.
—No me culpes. No logro que ninguno de los ex-miembros de Avalancha me ayude con la dirección de la milicia de a tierra. Barret me asiste con las investigaciones que conciernen a los recursos naturales, Cid con las aeronaves... ¡y hasta la señorita Yuffie se ha unido a las fuerzas de inteligencia que investigan el paradero de los Shinra! Pero... —se masajeó la sien antes de continuar— ...los soldados no tienen una guía clara todavía.
—¿Qué hay de Kunsel? Él fue parte de Soldado.
—No puedes quitarme a mi guardaespaldas personal, soy una persona importante.
—¿Y Cissnei?
—No quiere saber nada con Shinra. Ha sido casi un milagro que decidiera ocuparse de dirigir el orfanato Gainsborough —el Presidente le dirigió una mirada rápida al agregar—: ¡Y no menciones a los Turcos! Son excelentes como fuerza de seguridad privada, pero tendría que estar demente para pedirles que entrenen a los soldados de la WRO. Sus métodos... son eficientes, sí. Pero son igual de violentos. Arruinarían la imagen positiva que los ciudadanos tienen de nuestras tropas.
—Mira, Tuesti... —Sadie tomó aire antes de continuar—. Yo... le prometí a... a alguien que ya no está, que trataría de vivir en paz. Que por mi bien... no me involucraría más en batallas y guerras ajenas.
—Esta no es una guerra ajena, Sadie.
—A mí me parece que lo fuera... —se mordió el labio inferior en un esfuerzo por ocultar la pena que la embargaba. Su voz áspera (a causa de esa herida que le abriera la garganta en el pasado y de la que nunca se recuperara por completo), contrastó con la vulnerabilidad que inundó el tono de su voz al continuar— ...es difícil creer que todavía formo parte de esto, cuando ya no puedo hacer nada por defender a las únicas personas que me importaron de verdad.
La imagen de Cloud cruzó por su mente como un rayo.
«—¿Qué sentido tiene seguir luchando... —lo escuchó decir desde el fondo de sus más oscuros recuerdos— ...si eso no puede traer a nadie de vuelta? Le fallé a Aerith, a Zack... y ahora ti. Yo no puedo salvar a nadie.»
Su dolor se le hacía tan parecido al suyo, que la cercanía del joven la aterraba. Estar junto a Cloud... le mostraba un lado de sí misma que luchaba por ignorar todos los días. Esa parte que no dejaba de maldecir a los cielos por no darle más fuerzas para salvar al hombre que amó... y dejó morir... a kilómetros de ella, en los confines solitarios de una tierra que jamás llegó a saber de su sacrificio.
Y por eso huyó. Le dio la espalda a Cloud porque no era capaz de admitir que su corazón sangraba tanto como el de él.
Fue fácil compartir el deseo de seguir adelante, pero para dejar atrás las penas primero es necesario experimentar todo el dolor que acarrean. Sadie no consiguió enfrentar el duelo, la pérdida... y eso la había condenado a una existencia apagada; a un exilio voluntario donde veía pasar cada día con la apatía de un preso que apenas si se atreve a posar sus ojos sobre el mísero rayo de luz que se cuela por entre los barrotes de la ventana de su celda.
—He decidido vivir por mí misma, Tuesti. —Musitó Sadie en un vano esfuerzo por escapar de sus profundas cavilaciones—. No sé si sea lo más acertado pero... temo que no soy lo suficientemente fuerte como para pelear otra vez.
—¿Eso crees?
—Eso... es lo que siento, al menos —se encogió de hombros—. No me veo levantando una espada para defender a nadie.
—Apuesto a que esa llama todavía arde en el fondo de tu corazón, Sadie Darcy. —Reeve le sonrió de forma confidente, empequeñeciendo sus ojos brillantes al hacerlo—. Es más fácil decir que nos rendimos, que hacerlo... ¿eh?
La joven se quedó muda. El "más fácil decirlo que hacerlo" de Cloud hacía eco una y otra vez en lo más recóndito de sus recuerdos. El joven mercenario aceptó el hecho de no poder vivir dos vidas... ¿aceptaría ella... el de no conseguir dejar las batallas atrás?
—Yo... —Sadie parpadeó lentamente, encontrando difícil el ordenar sus emotivos pensamientos antes de hablar— ...no sé si pueda con semejante responsabilidad. No ahora, no-
—Descuida. —Reeve la interrumpió al mismo tiempo que el vehículo detenía la marcha—. No digo que tengas que decidirlo ahora. Tómate unos días para pensarlo —oprimió un botón que le abrió la puerta contigua a su pasajera—. Ya llegamos a la capital, puedes bajar.
—Ah, sí... —asintió, todavía presa de un mar de emociones extrañas que le hacían temblar la punta de los dedos—. Gracias por alcanzarme hasta aquí.
—Fue un placer. Nos vemos en la boda, ¿eh?
—C, claro... —se esforzó por sonreír levemente al apearse del furgón—. Trata de dormir, Tuesti.
La camioneta de la WRO se alejó lentamente por una solitaria callejuela de Nuevo Midgar (un sector adicional de la ciudad al que Reeve había bautizado como "Edge" tras la caída de Shinra), los faros iluminando el sendero que se perdía en medio de las desvencijadas construcciones adornadas con luces de neón que parecían ahogar a Sadie en un océano de recuerdos borrosos provenientes de una vida que la atormentaba.
Por un instante volvió a sentirse una niña abandonada en los suburbios. Invisible... y desesperada.
Tomó aire para calmarse, recordando que los monstruos del pasado no podían alcanzarla ya. Angeal Hewley la había salvado... en más maneras de las que alguien puede esperar ser rescatado.
Comenzó a caminar rumbo al bar de Tifa. El sonido de la suela de sus botas contra el pavimento parecía quebrar el silencio que la rodeaba en miles de pedazos y eso le brindaba una tranquilidad misteriosa que no conseguía explicar. Quizá se debía al hecho de que el eco que provocaban sus pasos en la madrugada le hacía sentir que no recorría el lugar por sí misma, sino acompañada de un ángel guardián que le cuidaba la espalda. Espalda donde ahora su fusil (durante tanto tiempo olvidado en un rincón), se balanceaba nuevamente.
Llevaba cierto tiempo caminando cuando su mano se movió casi por impulso a su bolsillo. Extrajo su PHS y se detuvo a mirar la pantalla fluorescente con los ojos inquietos. Su mente batallando incansablemente contra los deseos de su corazón; que pedía a gritos que marcara el número de esa persona que tanto tenía que ver consigo misma.
—¿Diga? —la voz de Cloud se dejó oír del otro lado sin que ella estuviera plenamente consciente de haber obedecido a la enorme necesidad de llamarlo—. ¿Sadie? ¿Eres... tú?
—Ah... ¡Cloud! Eh, hola —se aclaró la garganta, avergonzada ante el tono tembloroso de su voz—. Yo... ha pasado un buen tiempo, ¿eh?
—¿Qué ocurre...? ¿Estás bien? —Se lo oía cansado, casi como si se estuviera aferrando a la vida con tan sólo una mano.
—¿Te desperté? —musitó, en un débil intento por descubrir la causa de la debilidad que percibía en el mercenario.
—N, no... claro que no. Llevaba muchas horas callado, eso es todo.
—Ah... oye, Cloud... —Sadie se balanceó levemente en el lugar, posando la mirada en uno de los letreros de neón que tenía en frente, sus pupilas tiñéndose de rosa al fijarlas en la superficie luminosa—. ¿Sigues... teniendo esos sueños extraños?
—¿Sueños?
—Sí, ya sabes... —tomó aire, incómoda con el rumbo que (obligatoriamente) debía tomar la conversación— ...los de Aerith. Esos donde estaba casada con Sephiroth.
—Ah... —Cloud hizo una pausa para tratar de ocultar la molestia que le producía el asunto. No quería desquitar su rabia con su escucha tras tantos meses sin hablar con ella—. De vez en cuando. Se han vuelto... un poco extraños últimamente. De todos modos... ¿por qué quieres saber-
—¿Cuán extraños?
—Eso no importa.
—Cloud, por favor.
—No tiene sentido hablar de eso. No es... como si nada fuera a cambiar en la realidad.
—¿Sueñas... que ella viene a este planeta? ¿Verdad? —Sadie cerró los ojos al hablar, no había compartido ese asunto con nadie excepto con él—. Yo he soñado que Zack... se embarcaba en una suerte de misión a Gaia. Bajo el mando de Sephiroth... o algo así.
Silencio. Cloud se esforzó por recobrar la compostura antes de responder:
—¿Cuándo soñaste eso?
—Hace un tiempo. ¿Has visto algo parecido en los tuyos?
—Yo... la he visto. Acurrucada... en el compartimiento de carga de una nave espacial —apretó los labios en una línea—. ¿Por qué no me llamaste antes para decirme esto?
—No... me sentía muy capaz de hacerlo —la joven se pasó una mano por la frente—. Quería contártelo, sí. Pero... no estuvo bien que te dejara a tu suerte, ¿sabes? No me atrevía a contactarte por esa razón.
—Puedo cuidar bien de mí mismo. No te guardo rencor por eso.
—Ah. Bueno, me alegra oírlo. Aunque no significa que lo que hice estuviera bien.
—Hmm, no fuiste la única que metió la pata —los ojos de Cloud se posaron en el medidor de combustible de su motocicleta (la cual había aparcado a un lado del camino para responder la llamada de Sadie), pronto debería llenar el tanque—. Lo importante es hacer lo mejor que podamos con el presente.
—Oír eso de ti es algo inesperado...
—He tenido mucho tiempo para pensar, supongo... —su mente lo acusó de ser un mentiroso y tenía razón. No era sino la proximidad de su muerte lo que lo hacía resignarse a vivir en el tiempo que todavía tenía consigo. El Geoestigma... pronto se cobraría una nueva víctima.
—Cloud, yo... quiero verte de nuevo.
—¿Qué...? —el mercenario (ahora convertido en repartidor) parpadeó lentamente, tomado por sorpresa ante lo que su camarada acababa de confesarle. ¿Todavía quería encontrarse con él...? Era una locura. No tenía ningún sentido. No después de la forma en la que se habían separado.
—N, no puedo. —Mintió—. Estoy... muy ocupado con el negocio.
—También yo lo estaba, y sin embargo me hice un tiempo para asistir al casamiento de Tifa. Ella me dijo que no pudo contactarte, pero estoy segura de que alguno de los chicos te informó del asunto.
—Sí. Claro que estoy al tanto... Cid me lo dijo hace cosa de un mes.
—¿Y por qué no contestas sus llamadas? Ella... de verdad quiere que estés ahí.
—Es más fácil perderme el evento si no tengo que decírselo en persona.
—¿Qué dices? Tienes que ir.
—No haré más que arruinarlo todo, créeme. Es casi un talento innato.
—No, no se me antoja creerte. La única verdad es que le romperás el corazón si no estás presente.
—Mira, Sadie... —Cloud tomó aire y elevó la mirada a lo alto del firmamento; donde un mar infinito de estrellas que semejaban perlas diminutas parecía juzgar lo mezquino de su decisión—. Yo no... no soy el mismo de antes. Nadie me extrañará cuando me vaya, eso tenlo por seguro.
—¿Crees que... que Aerith aprobaría eso? —se sintió terrible al usar la memoria de Aerith como una forma de manipular a Cloud, pero no podía dejar de ver necesario tomar una medida tan drástica en una situación tan delicada como lo era esa. Cloud Strife tenía que ser el tipo más terco sobre la superficie de Gaia y ella no podía permitirse fallarle a Tifa.
—No la metas en esto.
—¿Qué? ¿Piensas que no puede verte desde el interior del planeta? ¿Qué no es testigo de como desaprovechas una oportunidad que ella hubiera deseado tener?
—Sadie-
—Ven a Midgar. Acompaña a Tifa en ese momento tan especial y... volvamos a trabajar juntos por atesorar este planeta después. Yo... ¡quiero creer que todavía podemos hacer al menos un poco por honrar a aquellos que no están! —se quedo a la espera de una respuesta, pero Cloud se tomó mucho tiempo en volver a pronunciar palabra—. ¿Cloud? ¿estás-
—Sadie... —musitó, con la voz ronca por una emoción misteriosa que parecía decirle que Aerith se había hecho presente en la conversación—. ¿Tú crees... que todavía me quede algo de tiempo... para hacer las cosas bien?
La mujer elevó las comisuras de sus labios ligeramente, sintiendo que la oscura ciudad de Edge comenzaba a brillar bajo un manto de luz celestial. Bajo la luz de ella... sin dudas.
—Siempre... hay tiempo para hacer las cosas bien, Cloud.
Nota de autor: ¡Fin del episodio! ¡Cómo extrañaba escribir a los personajes que aparecieron en esta entrega! Les tengo un cariño muy grande a Tifa, Cloud y Reeve, y el verlos interactuar con Sadie (¡como en los viejos tiempos!) me llena de felicidad. Escribir este capítulo fue una experiencia super positiva para mí ¡por lo que espero que les haya gustado también!
En el próximo episodio podrán enterarse de lo que ha sido de Elmyra (la madre adoptiva de Aerith) y de como su aparición acarreará una responsabilidad inesperada con la que tanto Cloud como Sadie deberán de lidiar.
¡Nos leemos muy pronto, un millón de gracias por seguir eligiendo "Los que quedaron atrás"!
