Reisi miró su PDA curioso, tenía una llamada entrante de un número que identificó como el de Izumo Kusanagi, mano derecha del Rey Rojo. ¿Le habrían comunicado ya sobre su llamado de hace unas horas? En realidad eso le tenía sin cuidado, hablar con el chico que captó su interés fue mucho mejor y tenía otras formas de llegar al barman.
Pero bueno, al parecer no necesitaría ponerse en contacto él mismo.
"Izumo Kusanagi" Dijo luego de aceptar la llamada, no hubo respuesta inmediata pero si sonidos. Peculiares sonidos.
Oh, podía asegurar que eran jadeos.
"Yo, Munakata" Fue el perezoso saludo que recibió y no hacia falta escucharlo una vez más para saber que no se trataba del propietario del bar sino del mismo Mikoto, cuya voz pese a ser lenta como siempre tenía un tono mucho más ronco y profundo de lo habitual.
Interesante.
"Es una sorpresa que llames, Suoh Mikoto. -Contestó observando la imagen que comenzaba a formarse en su puzzle: tres calas altas y majestuosas naciendo de un nítido estanque. -¿Qué ocurre?"
"Simplemente quería dejarte algo claro"
"¡Ugh, ah, Mikoto-san!" Esa voz...
¿El usuario de armas ocultas?
Tatara e Izumo debieron notarlo en poco tiempo a juzgar por las miradas que le daban, pero Mikoto ignoró esto y continuó al pendiente de ese chico.
Se preguntó brevemente si ese par era muy listo o el resto de sus clansman eran despistados, ya que su constante escrutinio parecía pasar desapercibido para ellos e incluso para él. ¿No se habría dado cuenta, o decidió pasarlo por alto como si no importara? La sola idea lograba cabrearle un poco, era obvio que estaba ignorándole.
Podía sentir sus llamas corriendo dentro de esa figura delgada, su marca en la clavícula era la prueba irrefutable de que formaba parte de su clan y aun así era distinto a ellos; siempre alejado de los demás, sin hablar más de lo necesario y manteniendo especial distancia con Mikoto.
Las pocas veces que habían estado a solas notó que incluso le tenía miedo.
Luego estaba ese peculiar aire frío siempre presente en él, que era lo que más le molestaba por recordarle vagamente al rey azul, pero al mismo tiempo era su mayor punto de interés, porque al final lo distinguía como una persona única en la multitud que era Homra.
Cuando Izumo le comentó el aparente gusto de Munakata por el chico solo alzó una ceja, sin mostrar por completo la sorpresa que le provocó ello. De todas formas, había pensado, no es como si Fushimi fuera irse de Homra, pues ahí tenía la única persona que parecía emocionarle y hacerle sentir bien pese a toda su fachada borde: Misaki Yata, único amigo cercano y compañero de peleas.
Dicho pensamiento menguó hace unas horas, cuando yendo contra su orden Fushimi no solo contesto el teléfono, sino que intercambió un par de palabras con el insufrible azul. En ese momento no pudo evitar levantarse molesto y colgar la llamada, e iba a advertirle a Fushimi sobre Munakata pero la llegada de los demás miembros de su clan le hizo cambiar de opinión y quedarse callado.
Pasaron horas desde eso, siendo ya de noche, y la sensación de incomodidad no desaparecía en su estómago, pero entre más le observaba algo nuevo comenzaba a formarse ahí con cada detalle que captaba.
La forma en que se movía su garganta mientras bebía agua, las tan sutiles sonrisas que aparecían cuando Yata le hablaba de alguna tontería contrastando al ceño fruncido que aparecía minutos después cuando el chico se iba con el resto. Sus puños apretados, los nudillos todavía más blancos y el dolor oculto en sus ojos tras esas gafas de montura gruesa.
Mikoto sabía la razón de su actitud en parte, pero no podía evitar preguntarse por qué Fushimi odiaba tanto Homra. ¿Sería por la gente, por su actuar? Tal vez eran factores, pero el motivo parecía algo más serio, puede ser que Mikoto no le conociera en absoluto pero estaba seguro de que el motivo de ese tipo para despreciar su clan no era algo estúpido. Desde su instalación había una cosa que no encajaba y estaba seguro de que eso debía doler, porque su rojo podía ser muy bonito y cálido como decía Anna, pero también se podía volver el infierno mismo si no se manejaba bien.
Finalmente Fushimi se levantó y caminó fuera del bar, su amigo ni siquiera lo notó al estar demasiado ocupado escuchando los cuentos de Chitose.
"¿Mikoto?" Una pequeña mano jaló su camiseta. Pero Anna no miraba a Mikoto, Anna miraba la espalda de Fushimi mientras se alejaba a través de una canica roja.
Y pudo dejar las cosas así, con Fushimi marchándose de ahí tal vez para siempre, pero Mikoto haría un único intento y ya.
Porque le gustara o no a Saruhiko él seguía siendo su Rey.
"Sí" Respondió bajo y se levantó, caminó fuera del bar levantando una mano en señal de despedida a los chicos que parecían dispuestos a seguirle.
Fuera hacía calor, Mikoto siempre lo sentía así desde que se volvió Rey Rojo, fuera una tarde lluviosa o un día nevado. No le costó mucho hallar la presencia del chico en un callejón frente al bar, se dirigió ahí y le encontró de cuclillas, con la espalda apoyada en la pared de piedra. Pero Saruhiko no parecía sorprendido con su aparición y habló de manera uniforme.
"¿Qué es eso, además de mirarme todo el día vas a seguirme también?"
"Entonces te diste cuenta" Contestó más para sí mismo que para el chico. Apoyó su espalda en la pared contraria y encendió un cigarrillo con una pequeña llama de su índice.
"Por ser alguien que nunca parece interesado en algo fue bastante obvio. –Fushimi se encogió de hombros, haciendo una mueca burlona después. –Que el resto de esos estúpidos de tu clan no se diese cuenta no me sorprendió, por supuesto"
"Mi clan, ¿eh?" Le miró directamente, con una ceja ligeramente alzada. Fushimi desvió la mirada al suelo y chasqueó la lengua, como si no fuera más que una molestia.
"Sabes a que me refiero"
"Claro, no me ves como tu rey" Hubo un ligero sobresalto en el menor por las palabras sin anestesia y pasaron algunos segundos antes de que respondiera, y lo hizo con una evasiva.
"Por eso el acoso, ya veo"
Mikoto sonrió por la burla, no era común que alguien del clan a excepción de Izumo o Tatara se atreviesen a molestarle, menos de esa forma rebelde y jocosa, ciertamente le divertía un poco. Separó la espalda de la pared y avanzó lentamente hasta el chico, que notando su acercamiento se irguió y parecía dispuesto a irse, cosa que Mikoto no permitió.
"Te dije que colgaras el maldito teléfono. –Expresó al fin, y se permitió pensar que Fushimi con su gran inteligencia leería entre líneas el motivo real tras su molestia. Colocó ambas palmas sobre la pared a los lados del chico, dejándole encerrado y más cerca de lo que habían estado nunca, ni siquiera durante la instalación. -¿Tan difícil era hacerme caso?"
"¿Tan difícil era ponerte de pie y hacerlo tú mismo?" Admiró un poco la forma en que Fushimi no perdía la compostura, tal vez por orgullo. El ligero temblor en su barbilla le delataba y Suoh se encontró preguntándose si esta vez era por miedo o nerviosismo.
"Ah, entonces era esto..."
Mikoto era impulsivo, si quería hacer algo lo hacía y ya, sin detenerse a pensar mucho en inconvenientes y consecuencias. No era una persona estúpida, simplemente hacia caso a sus instintos.
Por eso se inclinó y deshizo la distancia con Fushimi, que recibió sus labios en una caricia tan fría como caliente. Mikoto aventuró su lengua dentro de la cavidad húmeda, explorando su paladar, la punta de sus dientes y la misma lengua contraria que permanecía tan quieta como su dueño. Segundos después y satisfecho se separó, era suficiente para él.
Sí, eso era lo que quería.
Una expresión totalmente distinta a la faz de escasas emociones que mantenía en el bar, mejillas arreboladas, labios ligeramente hinchados y coloreados por el rudo beso.
El rojo natural de Saruhiko Fushimi lucía jodidamente bien.
Estaba dispuesto a separarse por completo, a alejarse del callejón y entrar a Homra una vez más, a dejar que en adelante las cosas simplemente siguieran su curso. Pero las palabras del quinceañero detuvieron todo plan de marchar en esos instantes.
"Me pregunto si Munakata lo hará mejor"
Niño bonito y estúpido.
"Ah, ma-maldito bruto..."
El amparo nocturno escondió sus siluetas en ese callejón, los besos habían trascendido en caricias por todo el cuerpo, su camisa desabrochada había perdido algunos botones y sus pantalones habían caído junto con la ropa interior a sus tobillos, sus pies firmemente anclados al suelo mientras el rey completamente vestido comenzaba a embestirle.
Saruhiko no quería gemir, no quería su piel amoratada por los toscos toques de esas manos. No deseaba que fuera más profundo y que golpeara una vez más su punto dulce, provocando temblores en todo su cuerpo. No quería el calor abrasante que se extendía por su piel, aun si este le protegía del frío que debería estar sintiendo.
No quería nada de eso, pero tampoco hizo nada para detenerlo pues su maldito deseo carnal tomó control de sus acciones, permitiendo a la persona que robó lo más importante de su vida poseer su cuerpo como quisiera.
Y se sentía tan jodidamente bien que dolía, el placer desbordaba su ser y quemaba como el infierno mismo, dejando en una estela de cenizas lo que fue su dignidad, aquella que desde un principio se oponía a esto.
"Esto te gusta, mocoso" Susurró lascivamente Mikoto en su oído, manteniéndolo empotrado en la pared mientras penetraba una y otra vez su ya no tan virginal entrada.
"So-solo apúrate"
"Ah, casi lo olvido" Mikoto se detuvo y salió un momento de él. Fushimi gruñó por la repentina sensación de vacío, pero la molestia fue reemplazaba por dudas cuando volteó un poco y vio al mayor marcando algo en un PDA. ¿Qué demonios, planeaba fotografiarlo o qué?
(También pensó que seguramente era el PDA de otra persona, pues nunca vio a Mikoto cargando uno, con lo bestia que era no le duraría un día. Saruhiko podía apostarlo)
Pero el aparato fue dejado en el suelo a escasa distancia de sus zapatos, aumentando su confusión y pronto el altavoz le dio la respuesta a sus interrogantes no hechas.
"Izumo Kusanagi"
Reisi Munakata, Rey Azul y Capitán del Scepter 4.
Su acompañante sin perder tiempo volvió a su posición anterior, entonces Fushimi con horror se dio cuenta de cuál era el plan del Rey rojo y mordió su labio inferior para no gemir más fuerte cuando reanudó las embestidas lentamente.
"Yo, Munakata"
¡Este tipo estaba loco, respondiendo tan tranquilo como si no estuviese fallándole contra una pared!
"Es una sorpresa que llames, Suoh Mikoto. -Contestó el hombre sin reales signos de asombro en su voz. -¿Qué ocurre?"
"Simplemente quería dejarte algo claro" El muy maldito salió por completo de su interior, solo para volver a hundirse fuerte y rápido hasta la empuñadura, golpeando ese manojo de nervios dentro de Saruhiko quien no pudo contener más los gemidos.
"¡Ugh, ah, Mikoto-san!"
Mikoto hizo un sonido satisfecho y siguió embistiendo al mismo ritmo, arrancando el aire de sus pulmones con cada estocada.
"Oh, esto es muy interesante" En lugar de cortar soltó eso, ¿qué pasaba con estos tipos? Saruhiko no era la persona más cuerda, pero joder, qué clase de retorcidos eran este par. Cómo podía solo escuchar mientras Mikoto le jodía...
Quiso golpearse cuando la idea hizo palpitar su pene por pura excitación.
"C-corta eso, demonios..."
"¿Por qué? –Mikoto recostó el pecho sobre su espalda y besó su nuca. –Esto es muy bueno, mocoso, tan apretado..."
"Debo coincidir en eso, escuchar a Fushimi-kun es muy gratificante"
Saruhiko apretó los labios ante eso, incluso a través de la línea podía distinguir un tinte de lujuria en la voz de Munakata, y si era gratificante significaba que le estaba gustando, que tal vez comenzaba a excitarse solo escuchando...
"Ahora no, no..." pensó cuando el nudo en su vientre comenzaba a ceder, alertándole del inminente orgasmo que se avecinaba.
"Muy bien, Fushimi... -El Rey rojo llevó su mano hasta la dolorosa erección de Saruhiko, envolviendo su mano en ella y tocando la punta con el pulgar, deslizó la yema fácilmente gracias al líquido preseminal que fluía. –Ahora dile a este tipo de quien eres"
"Ni sueñes con..." -quiso resistirse, pero el hombre comenzó a bombear su falo al ritmo de las estocadas, tosca y rápidamente.
"Estoy interesado en la respuesta"
"¿De quién eres, Fushimi?" Repitió Mikoto una vez más.
Las voces graves de dos reyes, tan cerca...
"¡Mikoto-san, yo...! -Chilló juntando los parpados con fuerza. -¡D-de Mikoto, ah!"
Terminó arqueando la espalda tanto como pudo y con un agudo grito su semilla salió disparada manchando la pared frente a él. Mikoto gruñó profundamente, continuó embistiendo y cuando el canal se hizo muy estrechó tuvo su propio clímax, vaciándose dentro de Fushimi.
Por segundos todo fue fuego, arrastrándose por sus cuerpos sin quemar, tocando cada nervio.
Saruhiko cayó de rodillas al suelo y Suoh con pereza se arregló los pantalones, luego se inclinó, tomó el PDA y sonrió a la pantalla.
"¿Te quedó claro a quién pertenece, Munakata?" Preguntó con osadía, y pese a las palabras que siguieron no parecía molesto ni decepcionado.
"Por ahora, Suoh"
Seguido del pitido que indica el fin de la llamada.
Mikoto volteó a ver a Saruhiko y suspiró; como si fuera un niño –lo cual no estaba muy lejos de la realidad, ahora que lo pensaba- le levantó con facilidad y podía escuchar en su cabeza a Tatara diciendo que Fushimi necesitaba comer más. Subió su ropa interior y pantalones, luego arregló la camisa ignorando los botones que faltaban; el chico se dejó hacer como si fuese una muñeca y solo cuando Suoh terminó de ordenar el desastre que era frunció el ceño, mirándole molesto.
"Esto fue un estúpido error" Escupió despectivamente, pero el rubor persistente en los pómulos pálidos y el pequeño puchero solo hizo reír al mayor, quien le revolvió el cabello y tomó su mano para llevarlo a el departamento que compartía con Misaki.
Fushimi no hizo ademan de soltarse.
Poco tiempo después si lo hizo.
Omake: La mala suerte de Domyouji.
Andy Domyouji avanzaba dando pequeños saltitos hacia la oficina de su jefe, era el último informe que debía entregar y luego podría descansar por varias horas, oh sí~.
Pero su ánimo se congeló cual glaciar al abrir la puerta y situar la vista en su superior. La sonrisa que emitía era altamente perturbante y apenas podía vislumbrar sus ojos tras el brillo de las gafas.
Y Andy era estúpido, por eso le preguntó que ocurría.
"Nada malo, Domyouji-kun. –Respondió el hombre, con una terrible diversión que mandó escalofríos por la espalda del pobre diablo frente a él. –Me han hecho un muy buen reto y no pienso ceder en lo más mínimo"
Andy tragó saliva, apretó mucho los dedos y sin querer rompió su informe.
