Título: Fairy Tail: Operación Atlantis.

Autora: Natsuki Akagami, Natsuki, Natsu, Natsu-chan.

Pareja (s): NaLu/GaLe **principales**

-Hablan normal.

-Hablan en diferente idioma.

-"Pensamientos".

-"-Altavoces-"

-*aclaraciones del idioma*

(~•3•)~ (~•3•)~

La amplia sala de la cristalera era aún más grande de lo que había creído que iba a ser. Nada más entrar por una gran puerta que se abría dándole a un botón, a Levy se le salió el alma del cuerpo. La estancia tenía dos pisos -la puerta por la que habían entrado daba al de arriba- y el superior tenía un pasillo que bordeaba toda la sala y una barandilla de cristal servía de método de seguridad para no caerse al piso de abajo. La azulada cristalera que servía de pared hacía que las paredes brillaran con un tono agradable y calmante. En el medio de la sala, había una cabina (suspendida del techo y sostenida por una especie de esfera de color azul cielo en la parte inferior) llena de ordenadores, telégrafos, pantallas, radares y demás que podían verse a través de los cristales que eran las paredes. Detrás de aquella sala de lo que fuera, había dos escaleras que bajaban al piso de abajo. Levy se asomó por la barandilla de cristal. Todo el piso de abajo estaba lleno de gente, y había máquinas grandes por todos lados. Supuso que quella sería la sala de controles.

Nunca había visto un lugar tan lujoso -aparte de la casa de Makarov- y no se había esperado que el submarino fuera así. En las películas siempre aparecían grises, tristes y demasiado agobiantes. Pero ese submarino era precioso.

-¡Gihi! ¿Nunca habías visto algo así verdad?

La pelizaul se giró para ver al chico que le había hablado. Estaba cruzado de brazos, apoyado en la pared y con el peso del cuerpo sujeto solo en una pierna, mientras que la otra la mantenía doblada y apoyada en la pared de detrás. Una mirada divertida y una media sonrisa adornaban su rostro.

-Una vez fui a la casa del maestro Makarov, pero además de eso no he visto tantas cosas caras y lujosas como estas. ¡Es muy bonito! No me esperaba que fuera a haber algo así en el submarino.

Gajeel Redfox ensanchó su sonrisa.

-Bueno, al viejo siempre le ha gustado exagerar las cosas. No es como si necesitáramos tanta ampulosidad.

Levy hinchó los carrillos, mirándole con una mueca graciosa en el rostro.

-Pues esto es mejor que un tugurio sucio, grisáceo y deprimente.

-Ves demasiadas películas.- El estadounidense se apartó un mechón rebelde de la frente.- ¿Crees que ese viejo rico gastaría tanto dinero por ir en una lata de sardinas? El abuelo siempre ha sido de esos se "o mucho, o nada". Tsk. Algún día acabará arruinado.

La McGarden frunció el ceño al oír las palabras del chico. A pesar de la molestia de su voz y el lenguaje irrespetuoso con el que se dirigía hacia él, ella pudo adivinar emociones escondidas en su voz. ¿Gratitud? ¿Respeto? Algo así le pareció distinguir. Se encogió de hombros y asomó medio cuerpo por la baranda de cristal y poder ver mejor lo que había abajo. Woah. Sí que había máquinas grandes. Levantó la cabeza y vio a dos personas entrar en la cabina del medio de la sala, un hombre y una mujer. La chica cogió un rectángulo gris de una de las mesas y su voz resonó por todo el lugar.

"Listos para inmersión. Juvia les pide que se agarren bien. Gracias"

Y el submarino dio un bandazo. Levy se tambaleó hace adelante y gritó, y estuvo a punto de caerse boca abajo si no hubiera sido porque alguien la agarró de la muñeca a tiempo y la arrastró hacia atrás. El submarino comenzó a descender hacia la gran piscina de agua de mar. No se dio cuenta de que había cerrado los ojos hasta que abrió uno de ellos poco a poco y vio gracias a las cristaleras como se sumergían. Ni tampoco se dio cuenta de que aún la tenían agarrada de la muñeca y apretada contra alguien.

-¿Qué parte de "agarraros" no has entendido, shrimp?- el pecho de Gajeel vibró contra su espalda cuando habló. Levy se apartó de él como si su agarre la hubiera quemado.

¡Ya iban DOS veces en el mismo día! ¡¿Qué clase de broma le estaban gastando?!

Se alejó unos pasos y se apretó contra la pared intentando fundirse con ella. Y también intentando apartar unos pensamientos indecentes que se abrían paso en su mente; como que en el lugar en el que su piel había tocado la de ella sentía un cosquilleo, como que le ardía la muñeca ahí donde sus dedos se habían ceñido en torno a su delicada articulación, como que la piel de su espalda se había erizado al sentir vibrar su voz... Se pellizcó la mano a sí misma para dejar de pensar estupideces. Y le lanzó una mirada matadora -o lo más matadora que pudo- al Redfox.

-¡Gihi! Pareces un tamiacuando miras así.

Levy se puso roja de enfado. ¡Primero la llamaba camarón y ahora... ahora...! Abrió la boca para decirle algo, pero se le adelantaron.

-¡Esa no es manera de hablarle a una mujer!- Erza Scarlet apareció junto al estadounidense y le agarró de una oreja. El chico se dobló en dos y en su rostro apareció una mueca de dolor absoluto. Comenzó a retorcerse, pero ella no cedía.- Perdónalo. Es un bruto.- Le dijo a Levy.

-¡A-AH! ¡Scarlet suéltame...! ¡Pero no aprietes más, joder!- exclamó Gajeel aún forcejeando. A Levy le resbaló una gran gota por la sien, ¡¿cuán fuerte era aquella chica?!

-¡Kyahahahahaha! Eres una nena acciao neo *acero negro* -Natsu Dragneel apareció junto a ellos, partiéndose de risa y señalando a Redfox con el dedo.

-¡Cállate Slamander! ¡Y deja de llamarme así de una vez! Suena demasiado pijo.

-¿Eeeeh...? Atrévete a hacer que no lo diga más si puedes- replicó en pelirrosa desafiante.

-¡¿Quieres pelea, nenita insufrible?!

-¡¿Qué me has llamado, copia patética de Guns n' Roses?!

-¡Voy a aplastarte, anfibio teñido de rosa!

-¡Mi pelo es natu-!

-¡YA BASTA VOSOTROS DOS!- Erza soltó a Gajeel de la oreja, se puso en medio de los dos escandalosos y agarrándoles de la parte posterior la cabeza, les estampó la cara en la del contrario. Los dos cayeron al suelo, retorciéndose de dolor y tapándose con ambas manos la sangrante nariz.

-Cazzo! Maledizione , Erza! *¡Mierda! ¡Maldición, Erza!*-se quejó Natsu entre quejido y quejido.

La pelirroja comenzó a destilar un aura siniestra alrededor suyo.

-¿EH...? ¿Tienes algo que decir... NATSU?- se crujió los nudillos con una mirada asesina.

Dragneel se sentó rígido en medio segundo.

-¡NO, SEÑORA!- respondió como un militar, llevándose una mano a la frente. Le salía un fino hilo de sangre por el orificio izquierdo de la nariz.

Levy se llevó un puño a los labios y tosió, intentando disimular una carcajada. Natsu la miró y le regaló una sonrisa llena de dientes blancos y perfectos. Ella se la devolvió, pero de forma más discreta. Era extraño. Había sonreído más esos últimos días que desde que volvió a Londres hace años.

-¿Qué es lo que han hecho ahora Natsu-san y Gajeel-san?

Sting Eucliffe fue quien habló. Se aproximaba a ellos con Rogue Cheney, y Cana Alberona -la chica Brasileña- y Laxus Dreyar -el alemán y umm... ¿familiar de Makarov?- los seguían desde más atrás. El rubio australiano levaba una camisa de color blanca abierta estampada con palmeras, de forma que se le podía ver la clavícula y un colgante con un diente de tiburón que llevaba alrededor del cuello. Vestía unos pantalones caqui por las rodillas y tenía las manos metidas en los bolsillos con aire despreocupado.

-No tenéis remedio...- habló la chica recién llegada, dándose un golpe en la frente, como si fueran un caso perdido. Vestía una camiseta de color amarillo claro, y encima de esta una chaqueta de color verde militar arrugada con las mangas recogidas hasta los codos. Unos pantalones cortos con estampado militar y unas botas negras hasta la pantorrilla con cordones.- Deus meu... você é incorrigível... *Díos mio... sois incorregibles...*

-Deberías encerrarlos en la sala de máquinas, Titania. A ver quién de los dos se carga al otro antes- Laxus Dreyar fue quien habló. Se le notaba el acento alemán al hablar castellano, pronunciaba la "r" muy fuerte. Levy se tomó su tiempo en hacerle un examen de arriba a abajo; era un hombre fuerte, ancho de hombros y con rasgos marcados, tal como había visto en la foto. La cicatriz que le atravesaba el ojo derecho era de color oscuro, y sus ojos eran de color oliva, de un verde muy desgastado tirando a gris. Lo que más llamó la atención de la McGarden fue que tenía un gran parecido a su profesor, los mismos rasgos robustos y las mismas cejas. Así que, al fin y al cabo, ¿eran familiares? El apellido coincidía desde luego, pero la forma en la que Makarov miró la foto de Laxus Dreyar cuando le entregó los documentos, dejó mucho que desear.

Se dio cuenta de que se había quedado mirándole demasiado rato cuando él la miró y enarcó una ceja. Levy apartó la mirada inmediatamente.

-¡LAXUS! ¡PELEA CONMIGO!- Natsu se incorporó del suelo y se lanzó hacia el Dreyar con un puño en alto. El más mayor se apartó hacia la derecha y le dio una patada en el estómago. Natsu cayó al suelo con los ojos en blanco.

-Grünschnabel... *mocoso...*- suspiró Laxus por lo bajo, acomodándose el abrigo negro que llevaba por los hombros, como si lo que acabara de hacer fuera cotidiano.

-¡GIHI! ¡Deberías verte ahora, Salamander! ¡Pa-té-ti-co!- rió Gajeel aún sentado en el suelo, pero ya sin sangrar.

-¡Gajeel-kun!- alguien, una chica, se acercó a Gajeel y le dio un golpe suave en el hombro, reprochándole lo que acababa de hacer.

-¿Qué?- replicó él levantando la cabeza para ver mejor a la chica.

-¡Juvia piensa que debería dejar de meterse con Natsu-san! ¿No es cierto, Lyon-sama?

Vaya, así que esa chica era Juvia Loxar. Vestida con ese gorro azul y blanco con una flor amarilla, ese abrigado vestido color celeste con piel de borreguito en las muñecas y en el cuello, hacía honor al lugar del que venía. Su piel era aún más pálida de lo que se había imaginado. El color de sus ojos y pelo era tan desconcertantemente antinatural pero a la vez bonito que se preguntó si sería de verdad o no.

-¡OÍD MALDITOS! ¡Estáis molestando a Juvia con vuestras tonterías, ¿queréis que os patee el culo?!- a quien reconoció como Lyon Vastia, el chico ruso, rodeó a Juvia por los hombros con ambos brazos en un gesto protector y miró a los demás con una mueca peligrosa y divertida.

-Lyon-sama...- murmuró Juvia por lo bajo, tan roja como el pelo de Erza.

Gajeel puso los ojos en blanco y se tumbó cuan largo era en el suelo, cerrando los ojos y poniendo sus brazos tras la cabeza. Erza sufrió un tick en ambos ojos y le pisó el estómago al Redfox, quien abrió los ojos de par en paz y exhaló todo el aire que tenía en los pulmones antes de doblarse en dos y hacer la croqueta por el suelo, soltando maldiciones en inglés.

-¡VOSOTROS DOS!- exclamó la chica pelirroja refiriéndose a Natsu y Gajeel. Se sacó unas tabas del cuello- ¡No es hora de dormir! Natsu, ¡arriba!

-Sì, signora! *¡Sí, señora!*- el muchacho italiano se irguió tan rápidamente como si le hubieran pinchado.

-...-Gajeel se levantó con una clara mueca de disgusto dibujada.

- Mon Dieu... *Dios mio...* - la francesa se frotó el dedo índice contra la sien. Después suspiró, resignada, y se acercó a Levy. Le puso una mano en el hombro.- Bien, ya que estamos todos aquí vamos a presentarnos. Esta es Levy McGarden chicos.

La nombrada comenzó a dar golpeteos con la punta de su zapato en el suelo cuando demasiados pares de ojos se posaron en ella.

-¿Así que tú eres la lingüista?- le preguntó Cana Alberona acercándose a ella. Levy asintió y la chica brasileña sonrió de oreja a oreja- Yo soy Cana, ¡encantada!- la abrazó y le dio un beso en cada mejilla. Levy se sintió abrumada por el peculiar saludo que no era común en Londres- ¡Ya era hora de que se nos unieran más chicas! ¡Tanta testosterona me estaba volviendo loca!- le guiñó un ojo y la menor le sonrió de vuelta.

-Yo soy Sting- se presentó el australiano, pasándole un brazo a Levy por los hombros como si se conocieran de toda la vida- Nice to meet you!*¡encantado de conocerte!* Y ese de ahí con cara de emo es Rogue, que no se presentará porque para ello se necesitan más de dos palabras juntas- Rogue fulminó a su amigo con la mirada, después posó sus ojos rojos en Levy e inclinó la cabeza para saludarla. Ella le correspondió torpemente- ¡Bienvenida a bordo!- el rubio le dedicó una sonrisa brillante.

Y se fueron presentando uno a uno, cada uno de diferente manera. Juvia le dedicó una dulce sonrisa y Lyon le estrechó la mano, Laxus se limitó a dirigirle una simple mirada y a murmurar un "hey". A Gajeel, Erza y Natsu ya los conocía -por decirlo de alguna manera- así que ellos no se presentaron. Faltaba aquella otra mujer, Minerva Orland, pero tampoco le importó que no estuviera ahí. No le había causado una muy buena primera impresión.

Después de presentarse, Erza le explicó de qué se encargaba cada uno: ella y Minerva eran las capitanas, Cana y Laxus los co-capitanes, Lyon y Juvia eran los pilotos principales y Gajeel era el mejor mecánico del submarino. Después estaban Natsu, que estaba ahí porque sabía "leer" atlante y él había sido quien había encontrado en Libro del Pastor, y Sting y Rogue que poseían unas habilidades extraordinarias para el combate; Sting usaba arco y flechas y Rogue katana.

Al cabo de estar un rato charlando, Juvia y Lyon volvieron a su cabina de control del submarino y Laxus y Cana también se retiraron minutos después. Sting dijo que pretendía ser el primero en usar el súper baño que había en la planta más baja del sumergible y arrastró a Rogue con él, Natsu dijo algo como: "a esos dos no los separan ni con tenazas". Gajeel también se fue a su cuarto, diciendo que quería relajarse un rato. Al final quedaron Erza, Natsu y Levy, mirando los tres a través de los azules cristales como el submarino se sumergía más y más en las profundidades.

-¡Oh, cierto! ¡Se me había olvidado!- exclamó Natsu de repente golpeándose la frente con la palma de la mano. Rebuscó en la chaqueta que se había puesto -y que antes cuando él y Levy se habían encontrado no llevaba- por varios lugares hasta dar con lo que buscaba. Sacó el Libro del Pastor de quién sabe qué lugar- Oye, Levy, ¿me enseñarás a leerlo verdad? El viejo ya te habrá contado mi pequeño problemilla con la escritura...- se rascó la nuca con actitud infantil.

-Claro, será un placer- respondió la chica.

-¡GENIAL! ¿Te parece que empecemos mañana? ¡Estoy tan emocionado por contarles a todos lo que pone...! Además, hay palabras que no sé lo que significan, ¡seguro que tú lo sabes, ¿cierto?! Lo digo porque el viejo me dijo que sacabas muy buenas notas en los exámenes, y eso significa que eres lista y que-

-¡Ya déjalo!- Erza le dio un golpe en la nuca- ¡¿No ves que la estás asustando con tu parloteo?!

-Erzaaaaaaaa...- se quejó Natsu sobándose la zona adolorida. Después se giró a la menor- Bueno, nos vemos mañana, ¿te parece? Y quédate tú el libro, ¡yo ya lo he leído! Ciao!

Y dejando a Levy con las palabras en la boca, Natsu desapareció rápidamente de aquella sala. La inglesa suspiró. De algún modo y otro aquel muchacho la hacía sentirse agotada con toda la energía que desprendía.

-Ya te acostumbrarás- le dijo Erza Scarlet mirando el lugar por el que se había ido Natsu- Mon Dieu... un día este chico hará que me dé un ataque...

Levy asintió conforme. Un pitido se oyó junto a ella y Erza sacó un walkie-talkie de su falda azul marino.

-Titania aquí, cambio.

"¿Titania...?" Levy arrugó la frente, Laxus la había llamado Titania antes también, ¿acaso sería su mote? Una voz diciendo algo irreconocible par Levy salió del altavoz del pequeño comunicador.

-Muy bien, voy para allá. No toquéis nada, cambio y corto.- Guardó el walkie-talkie de nuevo y se giró a Levy con una expresión de disculpa.- Problema en la sala de máquinas.

Levy le hizo un gesto para quitarle importancia y que se fuera. Erza se despidió -en francés- y salió a paso rápido de allí, dejando a Levy mirando la inmensidad del océano.

A Levy siempre le había gustado el mar. No había tenido muchas ocasiones de verlo -si no fuera por el avión-, pero cuando tenía doce años y vivía en Perú, podía ir a la playa cuando quisiera pues su casa estaba cerca del mar. La gustaba el sonido de las olas romper, el calor en contacto con su piel y el tacto de la arena pegándosele en el pelo. Le gustaba sumergirse en el agua y bucear hasta que los pulmones estuvieran a punto de explotarle y volver a repetirlo. Pero lo que más le gustaba era sentarse a la sombra de un árbol, en la arena, con un libro en las manos y el susurro de las olas de fondo.

Aaahh... como echaba de menos aquellos días.

Al cabo de unos minutos, cuando le entro el frío y se le erizó la piel, decidió ir a su cuarto y deshacer la maleta para ordenar todo y ponerse una chaqueta calentita. Recordando gracias a su memoria fotográfica dónde estaba su habitación y por dónde había que ir, comenzó a andar. Abrió el Libro del Pastor por la primera página, dispuesta a leerlo mientras andaba.

Algunas palabras estaban más borrosas que otras, y había manchas de tierra en las páginas, pero aparte de eso era legible. Levy dobló esquinas, caminó y bajó escaleras sin levantar la mirada de su lectura. El principio del libro trataba a cerca de cómo se creó la civilización atlante, hablaba de un Dios, que era la energía vital de todos los atlantes. Un dibujo de rayos azules adornaba el contorno de la página.

Definitivamente, aquel libro iba a ocupar la mayoría de su tiempo.


-¿Qué piensas de ella?

La pregunta pilló al hombre por sorpresa, quien desnudo y de pie miró a su acompañante con una mirada confusa.

-¿De la inglesa?

La chica asintió y se tumbó boca abajo. Aún desnuda, al igual que el chico, la piel le brillaba gracias a la fina capa de sudor que cubría toda su piel por culpa del intercambio de caricias, arañazos, suspiros y más cosas que habían tenido lugar hacía unos seis minutos. Miró al chico con sus ojos violetas y dobló las rodillas de forma que sus pies quedaron mirando hacia arriba. Asintió.

-Creo que es una niña- deslizó sus ojos oscuros por el perfecto cuerpo de la mujer y gruñó- Tápate si no quieres que te ataque.

Ella sonrió, divertida, desafiante y sensual, e hizo un movimiento con las caderas.

-Ataca, ataca...- le provocó.

Él se sentó en el borde de la cama y paseó sus dedos por las curvas de su cuerpo, cuando llegó al final de su espalda le agarró una nalga con la mano y se la masajeó. Ella ocultó la cara en la almohada y suspiró. Clavó las uñas en la tela de las sábanas cuando él se inclinó a besarle el hombro.

-A mí me parece agradable... Además no es tan pequeña, tiene diecisiete añ-¡ah! Ahh...- gimió al sentir como se posicionaba a cuatro patas sobre ella y deslizando una de sus manos por debajo de su cuerpo le masajeaba un pezón.- A-años...

-Cállate- murmuró él en el oído de la chica para después morderle el lóbulo. Presionó su entrepierna contra el trasero de la chica para que notara su creciente problema y ella soltó algo parecido a un jadeo.

Así era siempre. Se encontraban en algún sitio donde nadie les viera y desencadenaban toda su frustración, deseo y desamor en forma de sexo; sin ataduras, sin sentimientos de por medio y sin miedo de llegar a sentir algo el uno por el otro. No era amor ni mucho menos. Solo era la necesidad de sentirse lleno y deseado aunque fuera por solo unos minutos. Se trataba de mentirse y jugar a que podrían llegar a ser algo más de lo que eran. Se trataba de tocar el cielo con la punta de los dedos para después volver a caer al suelo con mucha más fuerza que las anteriores veces.

Pero los dos lo preferían así.


-Meow.

Levy se paró de golpe y levantó la vista de las páginas y parpadeó. ¿Acababa de oír un maullido? Se fijó en que ya estaba sobre la alfombra roja y su habitación solo estaba a unos metros. Caminó unos pasos más, fijándose en cada rincón para descubrir quién había hecho aquel ruido. Y allí, parado en medio del pasillo, había un pequeño gato de color marrón oscuro sentado en la moqueta, mirando a Levy.

-Meeoowww...- volvió a maullar el animal.

La McGarden parpadeó sorprendida. ¿Los animales estaban permitidos en el submarino? El pequeño felino ladeó la cabeza, dejando ver una cicatriz cerca de uno de sus ojos. Levantó una pata y se pasó la lengua por ella.

Levy se acuclilló frente al gato, extendiendo una mano. El animal dejó de lamerse y se puso a cuatro patas, se acercó a la mano ofrecida dubitativo, pero antes de llegar a olerla se echó hacia atrás, bufando y con el pelaje erizado. Levy retiró la mano y el gato se calmó.

-Ea, ea, no pasa nada. No voy a hacerte nada malo minino.

El animal volvió a torcer la cabeza y Levy sonrió ante lo adorable que se veía. El gato dio una vuelta alrededor de la peliazul, acercándose a veces a olerla con discreción. Se restregó la cabeza contra una de las esquinas del libro y ronroneó. Levy volvió a extender la mano y esta vez el gato se dejó acariciar y la chica le rascó tras las orejas. El felino maulló con un tono de voz grave y se alejó de la chica, caminando hacia una de las puertas. El pequeño gato empujó la puerta con la cabeza y esta se abrió en silencio. Entró.

Levy se alarmó. Si alguien veía al gato seguramente lo encerrarían, así que dispuesta a hacer que no se metiera en problemas, le siguió para sacarle del cuarto en el que se había metido. Abrió la puerta lo suficiente como para que su cuerpo cupiera de lado. Levy maldijo al ver una maleta deshecha y ropa por el suelo. Tenía que encontrar al gato y sacarlo de ahí antes de que el propietario de la habitación volviera y la pillara in fraganti.

-¿Por qué me pasa esto a mi...?- murmuró Levy y se frotó las sienes con los dedos índices.

De puntillas caminó por la habitación buscando al gato e intentó no tocar nada. Vio una cola legra moverse de izquierda a derecha sobre un armario empotrado. Alzó ambos brazos y cogió al gato, que se removió entre ellos cuando le apretó contra su pecho.

-Eres un gato problemático, ¿lo sabías?

El animal solo maulló.

Una puerta (Levy no se había fijado que estaba ahí) se abrió y ella estuvo a punto de dejar caer al gato al suelo. Obviamente no todos los días veía a un hombre recién salido de la ducha, completamente desnudo a excepción de una toalla -que en opinión de Levy era excesivamente pequeña- que cubría lo imprescindible. ¡Pero no! ¡No podía ser suficiente con que fuera un hombre! Si no que tenía que ser ÉL.

La sorpresa también fue palpable en los ojos del chico cuando se fijó en ella. Sus orbes se pasearon de su rostro al animalito en sus brazos y así sucesivamente. El rojo de la cara de Levy aumentaba cada segundo que pasaba.

-Shrimp?

Levy no pudo evitar seguir una gota rebelde deslizándose por su torso con la mirada. Gajeel aún tenía el pelo mojado por la ducha y unos mechones se le pegaban a la frente y a los hombros. La McGarden se fijó en que tenía un brazo lleno de cicatrices, todas limpias, como si se las hubieran hecho con un cuchillo o algo muy afilado a propósito. Él pareció leer sus pensamientos porque se cruzó de brazos, haciendo que ese gesto sacara a Levy de su ensimismamiento.

-E-eh... uh...- farfulló ella intentando buscar una escusa, una buena escusa, para explicarle por qué se había colado en su habitación.

Redfox enarcó una ceja, gestó que resultó volverse algo realmente erótico porque aún estaba medio desnudo y con la piel brillante por el agua. Levy apartó la mirada y acarició el pelaje del animal para distraerse.

-Purrrrr...-ronroneó el gato.

-¿Qué haces aquí? ¿Y qué es esa cosa?

Levy apretó el gato contra su pecho y miró a Gajeel desafiante. ¡¿Cómo podía haber llamado cosa a ese animalito tan adorable y achuchable?!

-Es un gato, stupid.- El insulto le salió casi sin pensar, pero él no pareció oírlo.

-Duh *¿no jodas? *- respondió Redfox con retintín-Lo que no pillo es qué está haciendo aquí un maldito gato. ¿Acaso es tuyo? Las mascotas están prohibidas aquí, enana. ¿Lo sabías?

-¡No es mío! Lo he encontrado en el pasillo y luego ha salido corriendo y se ha metido a tu cuarto, así que, respondiendo a tu pregunta de "qué haces aquí", sacar al maldito gato de tu habitación- hizo énfasis en el insulto- creía que no había nadie...- respondió esta vez más cohibida.

-Hn.- Rió el chico.

-¿Qué?

-Estás ahogándole- señaló al animal con el dedo pulgar mientras una sonrisa burlona se apoderaba de su rostro.

Levy, quien no se había dado cuenta de que el gato se retorcía entre sus brazos, aflojó la presión y el animal saltó al suelo y se estiró. Maulló y se revolcó en el suelo enmoquetado.

-¿Entonces...- comenzó a decir Levy- ... no es tuyo?

Gajeel negó con la cabeza y se rascó la barbilla.

-No sé cómo ha podido entrar. Aunque tal vez fuera un gato callejero que consiguió meterse en el hangar y ha acabado aquí.

Levy no se había dado cuenta antes, pero ahora que se fijaba vio que el gato estaba muy delgado. Se le marcaban las costillas y la columna vertebral. Se agachó para rascarle las orejas.

-Pobre... seguramente se perdió. ¿Hay alguien buscándote, pequeñín? - El animal maulló y la chica se giró a donde estaba el chico.- No podem- qué... qué... ¡QUÉ CREES QUE ESTÁS HACIENDO!- se tapó la cara con ambas manos, totalmente roja, al ver cómo Redfox se eshacía del nudo que mantenía la toalla en su sitio.

-Cambiarme.- Fue la seca respuesta. Se oyó caer la toalla al suelo, cosa que hizo avergonzarse más a la inglesa. Se dio media vuelta y siguió acariciando al gato, pero con los ojos cerrados. ¿Quién sabe si habría un espejo y... y...?

-¡Pero yo estoy aquí, you perverted moron! *estúpido pervertido*.

Se oyó cómo se abrían las puertas del armario el frufrú de ropa al ser desdoblada. Levy se puso aún más colorada.

-Resulta que esta es mi habitación, shorty. Y puedo hacer lo que quiera en ella. Eres tú la que ha entrado sin permiso.

-Pero aún así podrías haber avisado- se quedó un momento callada- exhibicionista- añadió casi entre dientes.

Oyó la grave risa del hombre tras ella, que fue ahogada por algo; una camiseta seguramente.

-¿Puedo abrir ya los ojos?- preguntó la McGarden.

-Sí, sí- respondió con sorna.- Como si nunca hubieras visto a un hombre desnudo.

Levy se mordió los labios y debió de "acariciar" al gato demasiado fuerte, porque siseó y se apartó de ella. Gajeel se sentó en el suelo frente a la chica, con una ceja alzada y una expresión curiosa.

-¿Nunca has visto a un tío en pelotas?

-¿Y qué pasa con eso?- se defendió ella, poniéndose de rodillas y cruzando los brazos.- Solo porque a mis diecisiete años no me haya acostado con nadie no significa que tengas que-

-Eh, eh. Relájate- Gajeel alzó los brazos y abrió las palmas de las manos- Yo no he dicho nada de acostarse con nadie.

Levy hinchó los carrillos y desvió la mirada.

-Pu-pues eso, que tampoco es tan raro. Lo de ver a un chico desnudo, digo.

La habitación se quedó en silencio. La chica miró a Gajeel unos segundos después y se fijó en que la estaba mirando con una sonrisa ladeada.

-¿Qué... qué miras?- sintió como si encogiera ante la mirada escrutadora del estadounidense.

Él negó con la cabeza y sonrió más abiertamente.

-Eres realmente inocente.- Levy abrió la boca, anonadada porque se hubiera atrevido a decir eso- No dejes que nadie te lo quite.

Eso la descolocó completamente.

-¿Qué?

-Es parte de tu encanto, ¿sabes? Al ser tan pequeña y todo eso- Gajeel se rascó la nuca, como si la conversación le incomodase.

-Ah...- Levy no sabía que decir. ¿Eso había sido un cumplido? No es que fuera uno muy bueno, pero Gajeel no tenía pinta de ser de esos que iban diciendo cosas así a la gente. Además, a ella no le hacían cumplidos muy a menudo.- Gracias, supongo.

-... Como sea.

El cuarto volvió a quedarse en silencio, pero esta vez en un silencio incómodo y Levy se dedicó a mirar las paredes para distraerse. Estaban llenas de pósters de grupos de rock: AC/DC, Metallicana, Guns n' Roses, the Beatles, Nirvana, Kiss, etcétera. Al ver el de the Beatles, la chica comenzó a tatarear la canción de yellow submarine inconscientemente.

-Meeoowww...

Levy dejó de cantar cuando vio al gato acercarse a Gajeel y restregarse contra su pierna.

-Parece que le gustas.- Él arqueó una ceja y acarició el lomo del gato.-¿Qué vamos a hacer con él?

-¿Como que qué vamos a hacer?- él enarcó una ceja.

-No vamos a dejar al pobre deambulando por el submarino hasta que muera de hambre, mira lo delgado que está... Seguro que lleva días sin co-

-Eh, eh, no pensarás en cuidar del bicho, ¿verdad? Titania nos mataría si se enterara- un escalofrío le recorrió la columna al pensar en la pelirroja.

Levy se puso de pie y se sacudió el vestido.

-Pues habrá que encargarse de que nadie se dé cuenta.

Gajeel la miró molesto.

-¿Y qué te hace pensar que voy a ayudarte? En solo un día te has caído encima mío y has allanado mi habitación, eso no es empezar con buen pie.- Una media sonrisa se dibujó en su cara al ver la cara de póquer de la pequeña al recordarle los previos acontecimientos vergonzosos a los que habían sido sometidos.

La McGarden intentó encontrar alguna respuesta, preferiblemente sarcástica, ante la pregunta del Redfox, pero no se le ocurría nada. Se limitó a abrir la boca repetidas veces, como un pez.

-Ah... ¡Ah! Well, you've called me chipmunk, shrimp and shorty on the same day too, so I'll forget about it if you forget about those two... uh... misunderstandings as well and help me with the cat *bueno, tú me has llamado tamia, camarón y enana en el mismo día también, así que lo olvidaré si tú también te olvidas de esos dos... uh... malentendidos y me ayudas con el gato*

-Are you trying to blackmail me, shrimp? 'Cause it's not working*¿estás intentando chantajearme? Porque no está funcionando* Además pienso seguir llamándote así, así que no me importa si te molesta o no.

Levy se encogió de hombros.

-Llámalo como quieras, pero no estoy haciéndote chantaje. Solo te pido que cuides del gato conmigo y que no se lo digas a nadie.

-¿Y qué gano yo?

-Ehh... ¿por favor?

Gajeel lanzó una seca carcajada y se puso de pie.

-Muy bien, voy a ayudarte con el gato. Un poco de entretenimiento no me vendrá mal hasta que lleguemos al maldito lugar-

-¡Bien!

-...-pero pienso cobrármelo.

La peliazul le miró confusa.

-¿O sea...?

-O sea que vas a tener que hacer dos cosas por mí, shorty.

-¡¿Eh?!

Esta vez fue él quien se encogió de hombros.

-Es lo más justo, o lo tomas o lo dejas.

-¿O sea que a menos que yo haga dos cosas por ti, tu no vas a ayudarme? Eso sí que es chantaje- le acusó ella.

- Llámalo como quieras, pero no estoy haciéndote chantaje- sonrió al ver la cara molesta de ella al repetir las mismas palabras que ella había usado antes- es solo... ¿cómo lo diría...? Oh, ojo por ojo.

-... y todo el mundo acabará ciego...- refunfuñó Levy por lo bajo hinchando los carrillos, pero en el fondo sabía que era lo más justo. Suspiró con resignación.- Bien, vale. Acepto. ¿Qué es lo que quieres que haga?

Redfox dejó de acariciar al animal, que maulló en protesta, pensativo.

-Ahora mismo nada, pero ya te solicitaré cuando estemos atrapados a punto de morir y solo haya un agujero pequeño por el que salir para encontrar la manera de salvarnos o cuando necesite ayuda con los motores.

Levy puso los ojos en blanco.

-Porque lo primero es lo que va a ocurrir de fijo, ¿verdad?- replicó con retintín.-Bueno, lo que sea que quieras lo haré, pero solo dos cosas. Y estamos en paz.

-Hecho.

Alargó la mano.

-Hecho.

Levy se la estrechó.

Y fue así como sin saberlo, Levy se sumergió en algo que más adelante no podría controlar.


Se mordió los labios en un vano intento de no soltar todos los gemidos que intentaban abrirse camino de su garganta hacia la boca, donde morían y salían como jadeos descontrolados. Le temblaban tanto las piernas que si no fuera por las dos manos que le sostenían por la cadera, hacía ya rato que se habría caído al suelo; se pegó aún más contra la pared y arañó los azulejos con las uñas intentando buscar un punto de apoyo para no derrumbarse al suelo. Al no encontrar nada deslizó sus manos hacia la cabellera negra entre sus piernas y enredó los dedos en aquellas hebras azabaches.

-Hah...- suspiró sin poder aguantar más con la boca cerrada.

Ojos rojos encontraron sus azules y fue la visión más erótica que Sting había presenciado en toda su vida. Rogue entre sus piernas, haciéndole cosas que deberían estar prohibidas por el infinito placer que estas brindaban; con el pelo revuelto y pegado a su piel por culpa de la fina capa de sudor que envolvía los cuerpos de los dos chicos; su cara, coloreada de un débil rosa por la excitación del momento; ojos mirándole fijamente, profundos y ansiosos y lleno de sensualidad que sólo mostraba en ocasiones como esa, en la que solo estaban ellos dos; labios húmedos de saliva y rodeando el miembro del rubio ejerciendo una suave presión.

La ingle de Sting sufrió un espasmo cuando Rogue paseó la lengua desde la base hasta el glande donde movió la lengua en pequeños círculos, lento al principio y con más insistencia después. El rubio soltó algo así como un gemino estrangulado cuando Rogue hizo ademán de meter aquel húmedo músculo en el pequeño orificio de la punta una y otra vez, sabiendo perfectamente que aquello lo volvía loco. Manos que antes sujetaban sus caderas se deslizaron hasta su trasero y amasaron los dos globos con suavidad, casi con mimo para luego estrujarlos y clavar las uñas en la carne.

-¡Ngh...!- Sting se dobló hacia delante al sentir el cosquilleo del orgasmo en su bajo vientre y tiró de los mechones de pelo negros entrelazados en sus dedos. Abrió la boca y comenzó a jadear de forma descontrolada incapaz de seguir suprimiendo los sonidos que antes había estado conteniendo. Rogue chupó más fuerte al darse cuenta del poco control que el otro tenía sobre sí mismo y sonrió de lado al oír el profundo gemido que se escapó de los labios de Sting.- R-Rogue para o voy a... v-voy a- ¡ah!- gritó cuando el moreno, haciendo caso omiso a su advertencia, se metió todo lo que pudo de Sting en la boca. El rubio se puso rígido y su cabeza chocó contra la pared que tenía detrás mientras la movía de manera inconsciente como si eso fuera a detener el orgasmo.

Rogue sabiendo lo cerca que se encontraba de acabar, separó todo lo que pudo las nalgas del rubio y deslizó la punta del dedo índice por la estrecha entrada, suave y despacio, arriba y abajo, sin ejercer presión. Las piernas de Sting dieron un bandazo y con un gutural gemido explotó en la boca del moreno, quien con una mano seguía acariciando la zona prohibida de Eucliffe mientras que con la otra acariciaba la parte interna de uno de los muslos para alargar la sensación post-orgásmica.

Sting cayó al suelo aún jadeando y con la sensación de no poder respirar. Tres minutos. Tres minutos era lo que había tardado Rogue en hacer que se corriera. No sabía si sentirse avergonzado por haber acabado tan rápido o complacido con la boca de su amigo. Los brazos y las piernas aún le temblaban y sabía que no iba a ser capaz de levantarse hasta unos minutos más tarde.

Rogue tosió y se pasó el dorso de la mano por las comisuras de los labios para eliminar lo que se había escapado de su boca. Se sentó frente al otro chico y se apartó hacia atrás los mechones de pelo mojados de la frente. Alzó la vista hasta la cara de Sting y vio que este le miraba fijamente.

-¿Qué?- le costó mantener la voz neutra pues su propia excitación era difícil de ocultar; y se refería tanto a la que era visible entre sus piernas como a la que estaba presente en su tono de voz.

Pero Sting no le respondió, si no que con un movimiento rápido le agarró de la nuca con la mano derecha y echando a Rogue hacia adelante estampó sus labios en un beso fiero. No esperó a que el japonés se recobrara de la sorpresa, si no que le obligó a abrir la boca tirándole del pelo que había arriba de la nuca y le pasó la lengua por todas las zonas que pudo. Le paseó la lengua por las mejillas, paladar y chupó sus dientes; le mordió el labio inferior con fuerza y cuando Rogue respondió de la misma manera ansiosa, enredaron sus lenguas una con la otra en una batalla que ninguno estaba dispuesto a perder.

Cuando se separaron ambos tenían los labios rojos e hinchados y las mejillas arreboladas. Sting juntó sus frentes y suspiró, luego de dio un casto beso al otro y no sin torpeza se subió a su regazo. Deslizó sus labios por la cara de Rogue, por sus labios, barbilla, mejillas, pómulos, párpados y frente para luego bajar hacia la mandíbula y al cuello, donde repartió besos cortos y sonoros y paseó la lengua por la clavícula. Subió dejando un húmedo rastro por el cuello hasta su oreja, donde atrapó el lóbulo y empezó a masajearlo con labios, lengua y dientes.

-Hn...

Sting rió al oír aquel ronroneo salir de la garganta de Rogue y este le dio un puñetazo no muy suave en la nalga izquierda. Se posicionó mejor sobre el regazo del pelinegro y le rodeó la cintura con las piernas de manera que pudiera notar la palpitante erección cuberta por la tela del pantalón contra su muslo izquierdo. Sonrió de lado. Le encantaban esos momentos en los que recordaba que Rogue no era un hombre de hielo y, por mucho que intentara disimularlo, tenía las mismas necesidades que todos. Sintió las uñas clavarse en su piel y el chico bajo él ocultó su cara en la clavícula de Sting, la cual mordió y cuando oyó un siseo de dolor pasó la lengua por la zona dañada.

-Bastardo...- susurró Sting con voz ronca.

Rogue le rodeó la ancha espalda con los brazos y le empujó hacia abajo, hacia su propia erección anhelante de ser aliviada. Sting comenzó a hacer círculos con las caderas en un ritmo sensual y tortuosamente lento haciendo que Rogue se mordiera los labios cuando un jadeo involuntario se le escapó de la garganta. Arriba y abajo, círculos, izquierda y derecha, el rubio se movía de todas las maneras que podía con la sensualidad de un felino de manera que el japonés quedara a punto de acabar pero con la suficiente lentitud como para no llegar a alcanzar lo que tanto deseaba.

"Tan cerca... tan endemoniadamente cerca..." y cuando se propuso dejar de jugar con él y pasar a asuntos más serios, una voz resonó por todo el baño.

"-Sting. A la sala de mandos de la 1ª planta. Ahora-"

Ambos chicos detuvieron sus vaivenes al oír la voz de Minerva desde los altavoces. Sting suspiró con resignación y Rogue le miró con una clara mueca de enfado en la cara.

-Tengo que...- comenzó a decir el rubio pero su frase quedó a medias cuando el pelinegro le quitó de encima de él con un empujón.

No hacía falta ser un genio para saber lo enfadado que estaba; había apretado los labios y los nudillos se le volvían cada vez más blancos. Su mirada se tornó oscura, tanto que el color escarlata de sus ojos se volvió casi rojo granate, dándole un aspecto fiero. Se puso en pie de golpe y reprimió las ganas de darle un puñetazo a la pared. En cambio, lanzó una mirada matadora al rubio que seguía en el suelo.

Este no pareció darse cuenta de nada porque se levantó con prisas y trastabilló varias veces con sus propios pies. Cuando se puso de pie buscó sus pantalones y bóxers -tirados por algún lado del baño- y se los puso corriendo.

-¿A qué ha venido eso?- le preguntó (refiriéndose al empujón) gritando mientras abría la puerta y salía a toda prisa. Obviamente era una pregunta retórica pues no esperó ni a que Rogue intentara abrir la boca.-¡Ya voy Minerva-san!- fue lo último que le oyó gritar Rogue antes de que la puerta se cerrara y le dejara solo en aquel amplio lugar.

-Kuso! *¡mierda!*- le dio un puñetazo a los azulejos blancos de la pared, sintiendo un dolor inmediato en los nudillos. Su cuerpo temblaba de pies a cabeza y tenía ganas de romper cualquier cosa que pudiera. Apoyó la frente en la fría pared, sintiendo el sabor metálico de su propia sangre corriéndole por el labio inferior.

¿Cómo había llegado a esta situación? Sting y Rogue llevaban trece años siendo mejores amigos, pero desde los diecisiete todo había cambiado entre ellos de una forma radical. Primero fueron besos y luego aquello fue evolucionando hasta convertirlos en los apasionados amantes que ahora eran. No sabían por qué ellos dos habían acabado así; lo único que tenían clara de esa relación de amigos con beneficios era el qué desencadenó que acabaran de esa manera. Minerva.

Al principio se había sentido agradecido con Minerva pues ella fue la razón por la que ambos habían acabado como amantes, pero últimamente algo había cambiado. Pero lo peor era que no había cambiado en los dos, si no en Rogue; aquel agradecimiento se tornó en enfado, y el enfado en impotencia. Impotencia por saber que Minerva tenía algo de Sting que él nunca podría tener.

Que Sting nunca podría ser de Rogue de la misma manera que era de Minerva.

(~•3•)~ (~•3•)~

Disclaimer: todos los personajes pertenecen a Hiro Mashima

Para describir la sala de máquinas me he inspirado en el hotel de Dubai "Water Discus"

¡He vuelto! Y con más fuerza que nunca c: Y aquí tenéis un lime fuerte - no sé cómo he sido capaz de escribir eso yo sola ofbvufonfvbp - de esta pareja que me derrite el alma *tose* ¿n-no hace un poco de calor? Hehehehe...

Vale. Sé que este cap habrá dejado a mucha gente confundida: ¿qué tiene Sting con Minerva? ¿Cuál es exactamente la relación de Rogue y Sting? ¿A qué se refiere la última frase?En el siguiente capítulotodo se va a aclarar, no os preocupéis X)

¿me merezco un review?

Muchísimas gracias por sus reviews a:

NekoFT: * / / / / * ¡me haces sonrojar diciéndome esas cosas tan bonitas! *se sonroja mucho* Natsu con los explosivos es un peligro, ¡pero también mola mucho! ;D En cuanto a las clases de Atlante... fufufufu, no van a ser de ellos dos solo~ va a haber alguien más (con esta persona más adelante xD) ~ *misterio misterioso* Lucy... bueno, eso es un secreto xDD ¡pero la espera va a merecer la pena! Y si, lo del Atlante es completamente obra mía ^^ ¡me alegra que parezca real! La canción del cisne es preciosa, ¡seguro que te gusta! Muchos abrazosssss

Mayu-chan:D: ya lo siento... pero no soporto el GrUvia y no lo podía poner ;W; aún así habrá montones de GaLe y NaLu, don't worry ;D Lucy está desaparecida buahahahah