Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, pertenecen a JK ¿a quién si no?

Lamento la tardanza, pero los helados y el agua fría de la piscina dejan a mis neuronas en muy malas condiciones para escribir nuevos capítulos.

Llevaban dos horas trabajando sin haber desayunado. A pesar de ello Luna parecía no acordarse y sonreía mientras frotaba el suelo, arrodillada, con un trapo mojado. Draco limpiaba una ventana con una cara de resignación. La primera media hora se la había pasado mirando el equipo de limpieza y siseando insultos, después había pasado a la etapa atacar a su acompañante (cosa que no había funcionado ya que Luna tarareando una canción parecía no haberle escuchado), al final dándose por vencido termino haciendo su trabajo pensando que si ayudaba a la rubia terminarían antes y todo aquello acabaría con mayor rapidez. Como es obvio no podía utilizar magia para limpiar, ni colocar los adornos.

-Malfoy.- La pequeña águila había parado de tararear su canción para llamar la atención del rubio.

-Mph.- Luna sabía, después de la reclusión con el Slytherin, que ese sonido significaba que le prestaba atención.

-Juguemos a un juego.- Miro divertida al escéptico rubio, que la miraba con una deja levantada.

-¿Qué te hace pensar que voy a jugar a un juego Lovegood? No soy un niño pequeño.- Toda la rabia acumulada durante esas dos horas se dejo entrever en aquellas palabras, pero eso no amedrento a la Ravenclaw.

-Estoy segura de que nunca has jugado, es muy divertido.

-Lovegood, aunque parezca mentira yo también he sido un niño, he jugado a juegos.- Esa frase arrancó una risita divertida a la rubia, que lo miro traviesamente.

-Es un juego muggle Malfoy, no creo que hayas jugado de pequeño.

-Aún encima un juego muggle, tu eres idiota.

-Mira, se llama veo-veo yo jugaba mucho con mi madre cuando era pequeña y después jugaba con los nargles, aunque era un poco más difícil… Supongo que no sabes como se juega, puede jugar tanta gente como quiera, pero tiene que ser más de uno porque si no es aburrido…aunque jugar con un telépata también debe ser aburrido.- Draco la observaba con una venita en la frente.

-¿¡Me vas a explicar como se juega o no!

-¿Pero no decías que no querías jugar?- Draco contuvo una sonrisa, aquella chica lo sacaba de sus casillas.- Bueno, te lo explico, no te enfades. Tiene una cancioncilla Veo, veo ¿qué ves? Una cosita ¿y qué cosita es? Es de color…y eliges cualquier objeto del lugar en el que te encuentres y la otra persona tiene que descubrir que objeto es.

-Es un juego muy estúpido Lovegood.

-Empiezo yo. Veo, veo- La rubia pronunciaba la cancioncilla con un dulce tono musical, pero el Slytherin la miraba con la ceja alzada sin decir nada.- ¿No lo entendiste? Tienes que preguntar ¿Qué ves? Entonces yo digo Una cosita y tú dices ¿y qué cosita es? No es tan difícil, los niños pequeños saben hacerlo.

-Claro que lo he entendido, pero es demasiado estúpido y te he dicho que no quería jugar.

-Oh.- La rubia parecía decepcionada y un poquito triste, pero puso una sonrisa de resignación en su cara y se encogió de hombros.- Era para que se te hiciera más divertido.- A pesar de todo hizo un pequeño pucherito en la última frase.

-¿Quién te ha pedido ayuda para entretenerme?- A pesar de haber dicho esto, parecía que la mirada apenada de Luna le había conmovido ligeramente, ya que su voz no sonaba enfadada, simplemente fría como de costumbre. La Ravenclaw se encogió de hombros.

-No creo que me pidieras nada nunca, ni siquiera aunque estuvieras muriéndote.- El rubio no pudo contener la pequeña sonrisa que se instaló en sus labios al oír la tranquila sinceridad con la que le hablaba la Ravenclaw.

-Deja de decir estupideces Lovegood y ponte a trabajar o no acabaremos nunca.- La rubia asintió quitándose el sudor de la frente con el antebrazo.

El tiempo pasaba otra vez en silencio entre los dos adolescentes, sólo roto por la canción que tarareaba suavemente la rubia.

-Pues ya hemos terminado con esta parte.- Una enorme sonrisa iluminaba la cara de Luna.- ¿Crees que nos darán de desayunar?- Draco la miró y se encogió de hombros.

Luna suspiró resignada, el rubio volvía a aplicar el tratamiento del silencio entre los dos. En fin tendría que conformarse con hablar con los nargles que había cerca. Estaba tan concentrada en sus pensamientos que no se dio cuenta de que el Slytherin había empezado a andar. Cuando se dio cuenta no se veía al Slytherin por ninguna parte, la rubia dio una vuelta de 360º sobre si misma, pero no tenía ni idea de adonde habría ido. Se encogió de hombros y decidió ponerse a limpiar los baños, a lo mejor tenía suerte y encontraba a Myrtle la llorona.

La Ravenclaw entró en el cuarto de baño de las mujeres.

-¿Myrtle?... ¿Myrtle estás aquí?- Al parecer su amiga no estaba allí. La Ravenclaw suspiró resignada, ya se entretendría de otra manera. Al cabo de una hora casi había terminado de limpiar los baños, mientras jugaba al veo-veo consigo misma aunque, como antes le había explicado a Draco, así era muy aburrido.

-Estás aquí Lunática.- Esa voz le hizo dar un respingo y mirar hacia la puerta del baño, donde un rubio con cara de asesino en serie, a causa del enfado, la miraba apoyado en el resquicio de la puerta. La Ravenclaw asintió, trapo en mano.- Llevo media hora buscándote, ese squib me ha visto sólo por los pasillos y me ha echado una bronca por culpa de haberte perdido, se supone que venías detrás de mí Lovegood.- La rubia se encogió de hombros.

-No sabía donde estabas y como sabía que había que limpiar los baños y tu no querrías, me dedique a ellos.

-Me imagino la cara de todos los chicos que hayan intentado entrar y te hayan visto aquí.

-No ha intentado entrar nadie… y eso que he limpiado todos los baños.

-¿Estabas hablando sola cuando he llegado?

-Oh no, estaba jugando al juego del que te hable antes.- El rubio asintió, entonces su cara volvió a mostrar el enfado del principio y agarro a Luna de la muñeca.

-No te vuelvas a perder Lovegood.- Luna abrió los ojos sorprendida y comenzó a correr para seguir el paso del Slytherin que la arrastraba tras de sí.- El squib ese nos ha metido prisa y ya se ha reído de mi dos veces en un día, no pienso dejar que haya una tercera, ya sea limpiando y poniendo estúpidos adornos, le voy a demostrar que un Malfoy es bueno en todo y tú.- se giro para lanzar una mirada asesina a Luna.- No vas a estropearlo.

Llegaron a la siguiente planta para seguir limpiando, era lo último que les quedaba por limpiar.

-Bien Lovegood ponte a trabajar y que ese squib no te vea demasiado lejos de mi ¿entendido?- La Ravenclaw asintió.- Pues ponte a trabajar, que tenemos que limpiar esto antes de la hora de la comida.- La chica volvió a asentir y el la miro como si le estuviera tomando el pelo, ya que no se había movido del sitio.

-Malfoy, si quieres que me ponga a trabajar, tal vez, a lo mejor y solo es una sugerencia, deberías soltarme la mano.- Los ojos del Slytherin se abrieron desmesuradamente demostrando sorpresa y su cara adquirió un suave color carmín que el chico disimulo girando la cabeza y soltando bruscamente la mano de la rubia.

Ambos terminaron de limpiar, pero la hora de la comida había pasado hace tiempo y ninguno de los dos había probado bocado desde la noche anterior.

-Hoy tengo más hambre que anoche y no me suenan las tripas.

-Así mejor Lovegood, por si no lo habías notado no es un sonido agradable.

-Pero si es algo natural Malfoy, a todas las personas les pasa, no se porque la gente lo toma por una falta de educación. La falta de educación es no dar de comer a mi pobre estómago.- El Slytherin la miro con indiferencia, acostumbrado ya a la forma de pensar de su compañera.

-¿Habéis terminado de limpiar?- Ambos rubios se giraron ante la voz del conserje de Hogwarts.

-Si.- La tono de voz orgulloso del rubio le sacó una sonrisa disimulada a la Ravenclaw, ese chico jamás se dejaría intimidar por el conserje de un colegio. Pero ella tenía hambre…

-¿Ahora podemos comer señor?- El conserje la miró por segunda vez en el día como si estuviera loca, Draco simplemente puso los ojos en blanco conteniendo una mueca al ver como inocentemente el comentario de la rubia fastidiaba a Filch de aquella manera.- No hemos probado bocado en todo el día señor.

-Haced lo que os de la gana mientras no montéis alboroto y acabéis las tareas que os quedan.- El conserje desapareció por el pasillo murmurando incoherencias.

-No se porque pero no me extraña que aquí en Hogwarts trabaje una vergüenza para la sociedad como esa.- La voz del Slytherin estaba cargada de sarcasmo.

-A lo mejor es como tú y no le gusta la Navidad.- Luna parecía ignorar completamente el veneno en las anteriores palabras de su compañero, quien ahora la miraba como si estuviera completamente chiflada (más de lo que pensaba anteriormente).

-¿Me estás comparando con… con ese conserje, con ese squib, con ese…eso. Me estas comparando con eso?

-No, sólo he dicho que a lo mejor no le gusta la Navidad y como a ti tampoco… A lo mejor os parecéis más de lo que todo el mundo cree, aunque no creo que tengáis mucho más en común.- Draco siseó e inspiró para intentar tranquilizarse.

-Te enfadas con mucha facilidad Malfoy.

-Me enfadas con mucha facilidad Lovegood.

-Oh, lo siento, no sabía que fuera mi culpa. Como siempre pareces enfadado con el mundo…- El Slytherin la miró sin terminar de creerse lo que decía ¿enfadado con el mundo? ¿Él? Pero aquello no era su culpa, aunque si lo mirabas desde otro punto de vista tampoco era culpa de aquella loca… Todos sus pensamientos se pararon y su mente se quedo completamente en blanco al notar la mano de la Ravenclaw sobre la suya propia tirando de él hacia las cocinas.

-¡¿Se puede saber que haces Lovegood!- Gritó con la voz ronca cuando consiguió encontrar su voz, que parecía perdida en el fondo de su garganta después de que la rubia le cogiera la mano.

-Tengo hambre.- Respondió simplemente.

-¿Y te quieres comer mi mano?-

-No, por supuesto que no.- Parecía levemente indignada por aquella acusación.- Yo no vivo en la tribu de los escrales Malfoy, por lo tanto no soy carnívora. Tengo hambre y como te llamaba y tu no me hacías caso decidí cogerte de la mano.

-¿No podías ir tu solita?

-Antes me dijiste que no podía separarme de ti, porque Filch se enfadaría y que tu orgullo Malf.- Se interrumpió y una sonrisa inundó su rostro.- Anda, ya hemos llegado.- Entonces soltó la mano del rubio, quien no se había dado cuenta hasta ese momento de que todavía estaban cogidos de la mano.

-Entremos.- Dijo el Slytherin con su voz normal, fría y siseante, haciendo como si no hubiera pasado nada. Luna simplemente asintió con una sonrisa. Draco parecía extrañado ¿Cómo podía alguien parecer siempre tan feliz? Sus pensamientos se vieron interrumpidos al notar la nariz de Luna chocar contra la suya.

-¿Malfoy?- Al darse cuenta de su cercanía con la chica su cara tomo un color carmín y el se aparto torpemente de ella, andando hacia atrás.

-¿Se puede saber que haces Lovegood?- Pronunció casi sin voz.

-Los elfos domésticos te preguntaban que querías comer y otra vez parecías completamente perdido como si no nos escucharas.- Realmente no los había escuchado, no se había dado cuenta de que estaba en su mundo hasta encontrarse directamente con los enormes ojos azules de Luna. Eso de estar con la Lunática tanto tiempo le estaba empezando a afectar.

-Estaba pensando Lovegood, pensando, y me extraña que tú siendo una Ravenclaw no sepas lo que significa eso.

-Ah, es que como normalmente no pareces pensar mucho lo que dices.

-¿A qué te refieres?- Estaba ligeramente alterado por esa acusación, claro que él pensaba. Los elfos domésticos los miraban divertidos, aquella chica les caía muy bien a pesar de estar ligeramente "tocada"; y por supuesto, todos conocían al otro chico Draco Malfoy quien debido a su elegancia (y posiblemente a que no conociera como acceder) nunca había pasado por las cocinas.

-Parecen una pareja de recién casados.- Murmuró Winry al verlos discutir. Eso hizo que Draco dejara de intentar explicarle a Luna que él pensaba las cosas que decía y mirara a Winry con unos ojos que podrían haber dado miedo al mismísimo Voldemort. La elfina retrocedió asustada. Pero el Slytherin fingió no haber oído nada y dijo:

-Yo tomare lo mismo que ella.- Y señaló a Luna con la cabeza. Luna lo miro sonriente y Draco le devolvió una mirada indiferente. Ambos comieron sin discutir, o por lo menos sin discutir demasiado, ya que al rubio no le entraba en la cabeza como podían estar buenas las patatas mojadas en zumo de calabaza y Luna le decía que las probara.

-No todo lo diferente tiene por que ser malo, venga Malfoy pruébalas.- El chico suspiró resignado, todo con tal de que se calle; así que asintió y probó las patatas.

-Estás asquerosas.

-No lo están.- Luna parecía indignada ante aquella acusación, aunque una leve sonrisa asomaba en sus labios.

-Si lo están.- A Draco le resultaba divertido hacer enfadar a la Ravenclaw, ya que sus mejillas se coloreaban y ponía unos divertidos morritos, a pesar de que sabía que no estaba enfadada de verdad. La Ravenclaw se reía de las muecas que ponía Draco al probar aquellas patatas y el Slytherin le dedicaba miradas de rencor.

-Se nos ha hecho tarde, deberíamos empezar ya a colocar los adornos esos.- Su voz estaba cargada de desprecio hacia los pobres adornos inocentes.

-Por fin.- murmuró alegre la rubia, con una de sus enormes sonrisas cubriendo su rostro.

Luna abrió una de las múltiples cajas de adornos que reinaban en aquel trastero, que bien podía ser una casa, ya que tenía el mismo tamaño que el gran comedor o incluso más. Sacó un típico gorro rojo con de papa Noel y con una sonrisa traviesa se lo coloco en la cabeza, el gorro le quedaba ligeramente grande por lo que casi le tapaba los ojos y el pompón le daba en la nariz. La rubia se puso bizca para mirar la bolita blanca que colgaba de su gorro y le golpeaba la nariz y le sopló para subirla a su lugar, esa escena causó una sonrisa divertida al rubio que quedó ocultada por un bufido de fastidio.

-Deja de jugar, debemos empezar con esto ya.- Recibió una enorme sonrisa de ilusión que hizo que algo en el fondo de sus pensamientos sonriera de la misma manera, pero el Slytherin se negó a si mismo en ese momento y muchas noches después que aquello hubiera pasado. La Ravenclaw rebuscó más en la enorme caja de cartón, hundiéndose en ella mientras el rubio la miraba sin entender muy bien lo que hacia, aquella chica siempre le sorprendía con alguna locura nueva, la chica sacó un gorro idéntico al suyo y se acercó al rubio.

-Póntelo.- Ahí venía la nueva locura, ¿cómo se le había ocurrido a aquella chiquilla que él Draco Malfoy, un mortífago, se iba a poner un gorro de papa Noel?

-No pienso ponerme semejante cosa Lovegood.

-Oh vamos Malfoy, mi papá siempre se ponía uno cuando montábamos las cosas de Navidad.

-¿Me ves cara de ser tu padre?

-Pues ahora que lo dices no, mi papá sonríe.- El Slytherin tuvo que inspirar profundamente para no matar en aquel momento a aquella loca con gorro de papa Noel, ¡él también sonreía! Bueno, no normalmente pero lo hacia, esa chica le sorprendía por momentos, nadie había sido tan sincero con él y sin maldad. Suspiró resignado y empezó a rebuscar en las cajas. Trabajaron toda la tarde, hasta bien llegada la noche.

-Malfoy.

-Dime.

-¿Tendrías un camaleón de mascota?

-¿Qué?

-Yo tampoco, son un poco aburridos, aunque si le pones diferentes fondos detrás debe ser divertido.

-Yo siempre me he preguntado que pasaría si los pones delante de un espejo.

-Pues que se quedaría igual porque se ve a si mismo ¿no?

-Supongo, pero entonces perdería parte de su magia.

-Aunque a lo mejor te ves reflejado en el camaleón, eso si que sería divertido.

Ambos llegaron a la habitación que compartían desde hacia dos días, pero en la puerta había una nota. El Slytherin la cogió y sus ojos viajaron por las líneas con rapidez, mientras la rubia lo observaba esperando noticias con curiosidad.

-Estamos de suerte Lovegood, se acabo el castigo.

-Oh, entonces habrá que recoger las cosas rápido para poder irnos a dormir temprano. Mañana es Navidad y es divertido despertarse con el alba para poder abrir los regalos.

-¿Te siguen poniendo los regalos a los pies de la cama Lovegood?

-No, mi padre los ponía por la casa y yo me los iba encontrando cuando iba al baño, desayunaba y hacia mis actividades diarias.- Una leve sonrisa se extendió por los labios de la rubia al recordar aquellos tiempos felices.

-Que tontería, yo ya soy mayor para recibir regalos.

-Vaya, creía que eras más joven que mi papá.

-Por supuesto que soy más joven que tu padre idiota.- Casi grito el Slytherin indignado, aquella chica y sus ocurrencias extravagantes.

-Pues mi papá recibe regalos en Navidad. Oh, lo siento Malfoy ¿nadie te quiere regalar nada?

-Claro que hay gente que me quiere regalar cosas, pero soy lo suficientemente maduro para no recibir regalos por Navidad.

-Ah, pues que aburrimiento eso de la Navidad ¿no?- Draco simplemente negó con la cabeza dando por terminado su intento de explicarle a aquella Lunática que un Malfoy no necesita regalos de Navidad, que son una perdida de tiempo y dinero. Abrió la puerta de aquella habitación y empezó a recoger sus cosas sin dirigirle una palabra más a la chica de la puerta. Luna acostumbrada al silencio del Slytherin empezó a recoger sus cosas tarareando la misma canción que por la mañana. Ambos terminaron y se quedaron unos instantes observando aquella habitación, sabiendo que allí había cambiado algo, pero sin percatarse de cual había sido aquel cambio.

-Adiós Lovegood.

-Feliz Navidad Malfoy.- El chico asintió y se fue hacia las mazmorras, la sala común de los Slytherin. Mientras la Ravenclaw se dirigía a los jardines, tenía que hacer algo antes de irse a dormir.

Unos ruidos de golpes, gritos e insultos despertaron al Slytherin aquella mañana de Navidad.

-¿Quién demonios está formando semejante escándalo a estas horas de la mañana?- Gritó bastante enfadado Draco, despertando a los afortunados que no habían oído el jaleo proveniente del baño. Draco se dirigió al lugar de los ruidos, esperando encontrarse una pelea entre dos de sus compañeros. Con lo tranquilo que estaba todo al estar más de la mitad del castillo de vacaciones en sus casas.

-¿Qué demonios está pasando aquí?- Gritó en cuanto llegó al baño. Sorprendido por la escena. Uno de los de primero, Draco no recordaba su nombre, llevaba una escobilla en la mano y gritaba insultos a algo que estaba dentro de las duchas.

-Es un monstruo.

-Tiene cuatro brazos.

-No, son seis.

-Puede matar escupiendo.

Y muchos más atributos describían al monstruo que se encontraba en las duchas, amenazado por una escobilla. Draco suspiró había cinco niños de primero, seguro que sería alguna tontería y un monstruo inventado porque no tenían nada mejor que hacer aquella mañana.

-Fuera todos de aquí.- Los niños iban a protestar, pero al ver el tono del mayor y su mirada salieron corriendo. El rubio se dirigió varita en mano a las duchas, no esperaba encontrar ningún monstruo que le matara con un escupitajo, pero más valía prevenir que curar. Al abrir la cortina se encontró con un camaleón. Lo cogió levemente sorprendido, tenía un papel atado en la pata. Lo desenrolló, se encontró con una caligrafía descuidada pero bonita, que solo podía pertenecer a una persona.

Feliz Navidad Draco,

Mírate al espejo con tu regalo de Navidad (espero que tu madurez no te impida aceptarlo).

LE

Draco cogió al animal y lo miro fijamente, aquella chica estaba realmente loca. ¿LE?

No sabía lo que significaba, pero si sabía quien era la única persona que le regalaría aquello. Que estupidez, a pesar de todo se dirigió al espejo y se miró, el camaleón reflejo su imagen y el rubio sonrió, la chica debía haber hecho un conjuro para que el camaleón se volviera como un espejo. Observó su imagen en aquel animal y vio una sonrisa sincera en sus labios por primera vez en mucho tiempo, mientras se preguntaba que habría recibido aquella chica por Navidad.

¿Quieren saber lo que ha recibido nuestra Ravenclaw favorita por Navidad? ¿Si? Pues dejen reviews para que lo escriba en el siguiente capítulo :D