Capítulo IV: "Instinto animal"
Como todas las mañanas Ciel se levantó de su cama y se sentó en una posición cómoda como para que su mayordomo pudiera calzarlo, Sebastian con movimientos perfectos, y le colocaba las medias, y luego ataba sus zapatillas. Luego se dispuso a abotonarle la camisa, pero cuando colocó sus manos cerca del pecho de Ciel, este lo apartó.
quiero vestirme yo solo, Sebastian. Ve y prepara todo para ir con Undertaker-.
Sebastian puso una cara de preocupación que intentó cubrir con una falta sonrisa, pero cada día se extrañaba con el comportamiento del conde.
Cada día estaba más distante, y sus ojos no eran tan impactantes como antes. Esa furia que siempre trae por dentro quizás si estaba logrando destruirlo, quizás cada día lo quemaba más. Si bien su alma es tan especial, ese fuego que traía se estaba extinguiendo, o algo peor. Pero un Demonio no puede llegar a comprender del todo a los humanos.
Llegaron con Undertaker, pero antes de abrir la puerta escuchaban parloteos, y un extraño grito. Entonces Sebastian abrió la puerta de un portazo. Ciel entró rápidamente y se encontró con Grell sentado sobre la mesa exigiéndole a Undertaker que le dejara ver sus ojos. Grell en cuanto notó su presencia se volteó rápidamente, diciendo:" Sebas-chan!" y se abalanzó sobre el mayordomo.
Ciel, que hace unos días no lograba dormir y estaba fastidiado, dejó a Sebastian lidiando solo con el shinigami y se acercó a Undertaker.
-Qué sabes de las últimas muertes-.
El sepulturero sonrió,-. En estos días no está usted en condiciones de resolver un caso de la reina, no es así? Conde. -. Dejó escapar una carcajada.
sé a qué te refieres, así que solo dame la información que te pedí-. Respondió Ciel, que no estaba para juegos.
-. No sé nada del nuevo caso, pero si se lo que le preocupa. Quizás si le pregunta al príncipe hindú tendrá una respuesta a sus inquietudes, conde-. Undertaker agarró el sacó del conde por el cuello y lo acerco hacia él, quedándose con los rostros muy cerca ás usted no sea el único en preocuparse por el mismo asunto, je je je-.
Ciel se sonrojó y con movimientos bruscos se soltó. Gritando-. ¡SEBASTIAN, NOS VAMOS!-.
El mayordomo, que se había quedado entreteniendo a Grell no podía soltarse del abrazo del shinigami, así que le dijo a su amo que estaría en unos segundos junto a él.
Grell ya debía irse, recordó algo muy importante, entonces intentó besar a Sebastian, mientras este lo detenía con firmeza, se acercó a su oído y le susurró-. Si yo fuera tú cuidaría de cerca a el niño-. Sebastian tras oír estas palabras bajó la guardia por un segundo recibiendo un beso en la mejilla.
Sus ojos cambiaron completamente, estaba furioso.-. ¿A qué se refería?
Undertaker que seguía observando todo comenzó a reírse-. ¿Sabes? Los humanos a pesar de ser tan diferentes, siguen siendo animales. Y el conde, también es un humano. Aunque tú no lo creas el también tiene ciertos, deseos. Es un instinto animal.
Sebastian, se ponía más furioso con lo que le decían. Así que se dirigió a la puerta para ya poder volver con su amo. Y desde la Puerta se volteó con una leve sonrisa por el consejo-. Saliendo de la habitación, y cerró la puerta de un portazo.
Undertaker seguía riéndose, mientras decía "Después de todo él no será siempre un niño, es cosa de Instinto".
Ciel regresó algo atormentado de la visita. Así que rápidamente se separó de Sebastian y fue hacia el jardín. Para su sorpresa se encontró con la persona menos deseada. Soma se encontraba allí, sentado en un banco de piedra, un tanto distraído.
El príncipe hindú, en cuanto lo vio esbozó una sonrisa y obligó al conde a sentarse junto a él. Ciel, muy distinto a otras ocasiones, no miraba directamente a los ojos a Soma, y se dejaba llevar como a un títere. El hindú al notar esto dejó de lado su personalidad alocada y se puso serio, y con cierta tristeza observó detenidamente el perfil de Ciel, notando el leve sonrojo de chico.
-.¿Qué sucede?-. Le preguntó con mucha preocupación.
es nada- respondió Ciel, con cierta sumisión.
decirme lo que sea, prometo esta vez serte de ayuda.- El príncipe seguía insistiendo.
noche en que llegué, te… te vi con Agni.- Ciel miró hacia otro lado, evitando totalmente el rostro de Soma. De lejos podían verse las orejas coloradas del pequeño.
Soma observó al chico con cierta sorpresa y algo de duda. Y con una cara extraña comenzó a explicar-. Verás, cuando una abejita busca a otra, llega un momento en que… ah, bueno … emm. Sé que es extraño pero, en la primavera a los hombres les agarra una enfermedad y… (Le temblaba un poco la voz) Entonces mamá gato y papá gato-to.-
Ciel gritó interrumpiéndolo-.¡Basta, sé lo que estaban haciendo eso no es lo que me incomoda!-.
El príncipe resopló por el alivió-. Uff, qué suerte. Creí que debía explicarte todo. Pero, ¿Entonces qué es lo que te incomoda? Y susurró a un lado ("lo normal sería que te incomode ver a dos hombres haciéndolo en tu cama")-.
noche, creí escuchar una confesión de amor mutuo. Lo que significa que no es solo deseo lo que sienten. ¿Verdad?. (Hizo una leve pausa dándose aire) Pero, al verlos yo sentí algo por dentro, cierto deseo. Más del normal , siento que no puedo calmarme.
, ¿Estas enamorado?-.
.
Se exaltó por un momento, luego continuó explicando. –A veces pienso en alguien, pero es algo imposible, además el odio por esa misma persona es tan grande, que… todo pensamiento se desvanece. Alguien que no puede sentir nada por mí. Por eso no perderé-
Soma vio con tristeza a Ciel, quien con cada palabra se enojaba más y más.
Esos ojos azules que tanto llaman la atención pudieron mirar fijamente a los ojos a Soma, con cierto rencor -.¿No crees que tu amor por Agni es prohibido? El es tu sirviente. Y no solo eso, podría ser solo admiración, porque lo salvaste y te cree un Dios, o peor aún podría ser simplemente compasión.
El príncipe volvió a tener su sonrisa ingenua -. No te desquites conmigo, yo creo que Sebastian podría quererte de la misma forma en que Agni me quiere-.
Ciel se levantó rápidamente y comenzó a irse, antes de entrar a la mansión se volteó para responderle.- Si Agni te quisiera como Sebastian me quiere, nadie se apiadaría de tu alma-. Y esbozando una leve sonrisa entró a su casa.
