.
.
.
Prueba 4
.
Con el rostro enterrado en la curva de su cuello, puedo sentir como el exquisito aroma de Lucy subía la temperatura de su cuerpo. En realidad, lo hacía cada vez que la tenía cerca. Ella era la verdadera tentación. El pecado real. Apenas podía mantener para sí mismo, y mucho menos ahora que apenas podía respirar. Su dulce aroma lo enloquecía.
Lucy lo confundía, y la confusión era algo nuevo para él. Todo el tema de los sentimientos era un montón de mierda que no lograba comprender completamente. Todo era raro, pero para nada malo. Miles de preguntas y sensaciones en su interior martirizaban el razonamiento que se supone tenía antes de llegar aquí. Era solo un experimento que se estaba saliendo de control. Diversión, lujuria, frustración. Había pasado ya una semana y su vida estaba cambiando por completo. Parecía un adolescente experimentando con sensaciones en su cuerpo por primera vez. Su cuerpo se estremecía por algo tan insignificante, algo que simplemente no tenía sentido. Nada tuvo sentido desde el momento en el que entró por aquella puerta. Lucy Heartfilia estaba afectando su sistema y las reacciones en él no eran normales, en ninguno de su especie. Las emociones eran prácticamente imposibles, y ella estaba desafiando las leyes de lo imposible, un avance que ni siquiera había tenido con el Dr. Heartfilia.
— Tienes que dejar de mirarme así — lo miró por encima de su hombro —. Estamos en público.
Miró a su alrededor con indiferencia, los ''humanos normales'' como Natsu solía llamarlos jamás fueron de su interés. Solo a la rubia frente a él.
— ¿Por qué tenemos que salir? — preguntó.
— No estaré confinada en una habitación, tengo una vida, ¿recuerdas? — alzó una ceja —. Además, tú me seguiste aquí.
Natsu gruñó por lo bajo. Seguirla comenzaba a verse como una mala idea, especialmente cuando estaba rodeado de mujeres en una tienda departamental. Si pudiera odiar algo las compras estarían en el numero uno. Mientras Lucy miraba un vestido floreado, él jugaba con el cabello que caía por su espalda. Su perfume lo embriagaba y lo obligaba a acortar la distancia. ¿Qué iba a pasar cuando finalmente todo esto acabara y él volviera al laboratorio? Antes no le importaba en lo absoluto, pero si tuviera que irse, algo que efectivamente iba a ocurrir, el simple hecho de alejarse de Lucy… Ese pensamiento viajo hasta su pecho y lo golpeó con fuerza. Haciendo que el aire que entraba en su cuerpo y viajaba a sus pulmones se volviera más pesado. Cada nueva emoción sacudía su cuerpo y no sabía cómo actuar ante tal respuesta, así que tomaba lo que más lo tranquilizaba, y esa era Lucy.
Lucy sintió como la rodeaba por la cintura y temblaba un poco ante el tacto. Esto era diferente. Una alteración nueva, pensó. Cada día mostraba signos diferentes, pequeños cambios en tan poco tiempo que comenzaban a afectarla a ella también.
El corazón le latía con fuerza y se sintió débil. Las piernas le temblaron y no pudo moverse. Este asunto con Natsu le ponía los pelos de punta. Podría jurar que la investigación de su padre no era sobre él, sino sobre ella. Era lo suficientemente inteligente para notarlo, especialmente cuando las dos semanas ya estaban por terminar y aun no había rastro alguno de su padre.
De repente, sintió que su móvil vibró en su bolso y revisó sus mensajes, la verdadera razón por la que estaba en el centro comercial.
— Esta aquí, vamos. — mencionó sonriente la rubia.
— ¿Quién? — pregunto él, curioso, aun manteniéndola de frente y con los brazos rodeando su cintura.
Lucy no respondió, solo tomó su mano y lo guió hasta salir de la tienda.
Era un día muy soleado, así que Lucy con un vestido amarillo floreado, mostrando más piel de la necesaria, según el criterio de Natsu. Se veía preciosa, pero lamentablemente no era el único que contemplaba su belleza. Por cada paso eran tres hombres quienes la miraban, y tal vez exageraba, pero eso hacía hervir su sangre. Golpear a cada uno de ellos comenzaba a sonar como una buena idea. Reconoció el sentimiento de inmediato, pero lo suprimió muy dentro y mantuvo la boca cerrada, porque es lo que tenía que hacer, ¿cierto? Tragarse la maldita sensación de ira y no causar una escena.
— ¿Por qué tienes que ser tan atractiva? — preguntó molesto.
— ¿De qué estás hablando? — Respondió confundida, ya se encontraban en la cafetería.
— Todos los hombres están mirándote. — a la mierda causar una escena, no poder controlar sus emociones comenzaba a ser una verdadera molestia.
Ella sonrió dulcemente. Una nueva emoción que claramente a él no le estaba gustando.
— Por supuesto que no, solo crees que todo el mundo me mira pero no es así. Tal vez solo dos o tres… — él frunció el ceño y ella evitó reír, su lado celoso era lindo — Pero no todos como tú dices.
— No estoy loco.
— No, lo estas, pero no puedes evitar que las personas miren a otros, especialmente si estas en un centro comercial.
— ¿Por qué estas tan calmada acerca de esto? Y ese maldito de atrás aun sigue mirándote desde que llegamos aquí.
— Por más molesto que sea, no puedes evitarlo.
— No me gusta que te miren.
— Y a mí no me agradan los celos — acentuó la palabra —. Qué tal si hacemos esto, ordenas un té frio para mí y tú lo que quieras tomar, mientras yo te espero en aquella mesa en donde está la chica castaña bebiendo una botella de vino. — señaló y Natsu ubicó a la mujer rápidamente.
Quiso protestar, especialmente cuando no quería dejarla sola en un lugar donde las hienas acechaban, pero mantuvo la boca cerrada, otra vez, y se apresuró a comprar las bebidas, sin perder de vista a Lucy, por supuesto.
— Es medio día y ya estas bebiendo — dijo la rubia entre risas, llegando a una de las mesas.
— Hola para ti también, y a ese bombón que no te aparta la mirada.
Lucy no tuvo que mirar, sabía que era Natsu.
— Al punto, Cana, estas aquí por papá, ¿cierto?
— Impaciente igual que él… — comentó —. De acuerdo — suspiró y continuó. —El asunto en la India va a demorarse un poco más.
— ¿Qué tan serio es?
Cana tomó un sorbo de su copa. — Prostitución y venta.
— ¿Cuántos?
— Cincuenta aproximadamente. Tu padre planea traer todos al centro, por eso demorará unos días más, tal vez semanas. El proceso y papeleo es tardado.
— ¿Los medios ya lo saben?
— Aun no, pero el internet no tarda en hablar, amiga. — Suspiró de nuevo —. Quisiera que las personas dejaran de tratarlos a ellos como animales, son personas también, ¿sabes? Podrán no sentir nada pero eso no les da el derecho de tomarlos como su maldito títere y satisfacer sus fetiches enfermos.
Lucy no podía estar más de acuerdo. A una corta edad conoció los horrores a los que el ser humano podía ser capaz de hacer con tal de sentirse superior. Cuando la nueva especie comenzó a presentarse en diferentes partes del mundo, doctores y científicos comenzaron sus investigaciones sin violar sus derechos humanos, pero otros quisieron llevarlo a otro nivel. Algunos estaban fascinados por su fuerza física, superior a la de un humano normal, mayor inteligencia pero sin poder saber actuar acorde a su criterio, tener una opinión o principios propios. El primer paso que guió al humano a querer sentirse superior y dominar a la nueva raza. Controlar y poder hacer con ellos lo que quisieran, si no sentían nada, para que molestarse en tomar en cuenta sus derechos. En la actualidad, en algunos países los vendían en el mercado negro para prostitución, ya que su sistema neuronal y estructura física les permitía mayor rendimiento y satisfacción en una relación sexual, así como esclavitud en trabajos difíciles y pesados, o solo llevar el experimento al máximo nivel hasta usarlos como rata de laboratorio. Algo que el padre de Lucy luchaba por abolir y del que ella ya no quería ser parte. Egoísta tal vez, pero volver a ver en carne propia esos horrores que percibió desde pequeña, ni pensarlo.
Su padre lo hacía por una buena causa, pero ¿Qué futuro les esperaba a todos ellos si no podían tomar sus propias decisiones? Distinguir entre lo bueno y lo malo. Aunque con Natsu, ya podía imaginarse el avance que había hecho su padre con todos ellos. Tal vez si podían cambiar el sistema, demostrar que podrían ser como todos los demás y hacer valer sus derechos. Como ella logró probar años atrás.
— Tu padre te quiere de vuelta — la voz de cana la trajo de vuelta a la conversación.
— No me necesitan, parecen estar haciendo un excelente trabajo sin mí.
— Eres una de las mejores especialistas en adaptación emocional, estás haciendo un excelente trabajo con Natsu, por eso tu padre decidió enviarlo contigo. Él es uno de los que mejor ha respondido al tratamiento.
Y por eso era una mala idea.
— No quiero volver a hacerlo.
— Lo que sucedió con el anterior…
— Fue un error que no volveré a cometer. No es justo para ninguno de ellos.
— No seguir culpándote. Además, Gray parece estar perfectamente bien.
— ¿Quién es Gray? — la voz grave de Natsu resonó a su espalda, ella mordió su labio y no dijo nada. Había cosas que no debía saber, aun más si solo se quedaría con ella un par de días.
— Nadie, cariño — respondió Cana — Me alegra verte de nuevo, Natsu.
— También es bueno verte, Cana — dijo, tomando asiento a un lado de Lucy.
— ¿Es una sonrisa lo que veo? — Mencionó la castaña — Me alegra saber que Lucy aún pone en práctica su trabajo.
— ¿Qué trabajo? — preguntó mirando a Lucy, a lo que ella respondió solo negando con la cabeza.
— En fin — habló Cana — La otra razón por la que estoy aquí, es para entregarte tu invitación al convite anual de la organización, donde las especies conviven en armonía y enseñamos al mundo la igualdad y bla bla bla... Y por supuesto que tu padre quiere que vayas en su ausencia. Sin excepciones.
Lucy tomó la invitación sin mirarla
— Tiene suerte que aun lo quiera.
Mientras guardaba la invitación en su bolso percibió a otra persona acercándose. Una mujer. Una como Natsu.
— Los espero a ambos con ansias, especialmente a nuestro mejor estudiante — guiñó un ojo hacia Natsu y el sonrió levemente, no sin antes notar a la otra fémina de su misma especie. Lucy se percató del interés de inmediato. — Vamos, hay mucho que organizar — le dijo Cana a la otra mujer, quien miró fijamente a Natsu hasta girarse por completo y darle la espalda.
Ella mostraba características afectivas, mínimas, pero las emociones estaban ahí. Lucy podía distinguir cada una de ellas, esa era su especialidad. Lo cual le indicaba que después de su partida del laboratorio continuaban obteniendo buenos resultados en todos ellos, aunque a un paso muy lento. No podía culpar a Natsu de su curiosidad, encontrar a más que ellos con emociones tan avanzadas era insólito, interesante. Tampoco podía culparlo si sentía atracción hacia otra de su misma especie, estaba destinado a ser desde un principio y lo mejor para Lucy. Se libraría de cualquier responsabilidad en la corporación y volver a su vida ''normal''. Eso es lo que quería, lo que anhelaba. Aun más cuando Natsu no apartó la mirada de aquella fémina hasta que salió del lugar y pudo perderla de vista.
.
.
.
Ha pasado tanto tiempo, que no recuerdo como usar fanfiction. En fin, se que ha pasado muchísimo tiempo, pero planeo terminar mis historias en cuanto el tiempo me lo permita.
Muchas gracias por su paciencia a mis lectores que aun sigan conmigo a pesar de todo 3
Nos leemos pronto!
