Capitulo 4: Se siente como fuego
La mañana transcurría con normalidad, mientras Aster se concentraba pintando los detalles de los huevos, Jack se cercioraba de que cada uno de los pequeños pasara antes por el río de pintura antes de dirigirse donde Bunny para luego organizarlos en la estación de espera antes de dirigirse a los túneles. Avanzaron con gran rapidez y eficiencia, y aunque no paraba de trabajar Aster no podía sacarse de la cabeza lo que el albino le había susurrado antes de caer dormido y al despertar a su lado pudo notar como los ojos dormidos en su pálida piel estaban hinchados y rojizos ¿Había estado llorando durante la noche? La culpa le corroía, le había mentido nuevamente y Jack se había enterado ¿Cómo tener cara para disculparse nuevamente? El muchacho actuaba como si nada y eso lo hacía más difícil.
—¿Aster? —le llamó Jack
—¿Sí? — Respondió al despertar de sus cavilaciones
—Mmmm… sé que prometí que te ayudaría, pero acabo de recordar de que tengo una tormenta que atender con urgencia, si quieres vengo mañana —El muchacho se notaba un poco avergonzado, Bunny sonrió con ternura.
—No te preocupes, Frostbite. Ya me has ayudado bastante, gracias a ti ya no queda mucho que hacer, será una maravillosa Pascua este año, no es necesario que vengas mañana —Los ojos de Jack mostraron cierta decepción, pero sus labios le dieron una sonrisa antes de despedirse y desaparecer de su vista.
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—Sea, por favor, revisa el corazón de Kanaid Black ¿Dice Tom Hiddleston? —Sea que se encontraba en una escalera de casi 6 metros de altura alargó una pata hacía el corazón indicado abrió su tapa, se devolvió a la morena y asintió — ¿Sí? Correcto —dijo para proceder a tachar eso de la lista de su plancheta — Ahora el de Fannisha Usui —Salt iba a tomar impulso para dirigirse al estante de esa caja cuando notó como su amiga se había congelado en el sitio, preocupado bajo rápidamente a ayudarle.
La pluma y la plancheta con todos los pergaminos que hace solo un momento sostenía en sus manos se encontraban esparcidos por el suelo, Granny temblaba y las pupilas de sus ojos estaban tan dilatadas que no se podía ver el iris, incluso el brillo había desaparecido, eran dos pozas de un negro profundo e infinito. Sea la tomó fuertemente de los hombros antes de que se desmayara. No era primera vez que le sucedía eso a su compañera, es más era un estado constante de su trabajo, pero no importaba cuantas veces sucedía Sea no podía acostumbrarse. Ver a la fuerte y determinada Granny tan vulnerable y débil, era en esos momentos de inconsciencia que recordaba que la muchacha pese a su milenaria experiencia de vidas pasadas había aceptado el trabajo a muy temprana edad y que su cuerpo de niña no siempre soportaba la fuerza de sus poderes. La recostó en la butaca más cercana, ese día la joven llevaba su vestido favorito, blanco, corte sirena, con escote de corazón y sin tirante, adornado con florituras negras y que de los tobillos hacía abajo llevaba plumas de pavo real, recolectadas durante años.
Sea decidió seguir con su trabajo, revisó los corazones que quedaron pendientes y volvió a comprobar el corazón que hace unos días le había quitado el aliento. No era el del conejo, más le sorprendía que fuera de justamente de uno de sus compañeros, tomó la caja de bombones entre sus manos, esta era de un dorado brillante en su totalidad, pero al abrirla un corazón negro la llenaba, al tocar el chocolate las patas de Sea quedaban manchadas de un polvo negro, parecido al carbón, pero mucho más fino, eso no auguraba nada bueno. Escuchó murmullos, Granny parecía estarse despertando, vio como la morena se reincorporaba en la butaca con una mano se apretaba fuertemente la frente, luego la escuchó toser demasiado fuerte como para ser un simple ahogo.
Volvió rápidamente a bajar de la escalera y dirigirse a su amiga —"¿Estás bien?" —Le preguntó con la mirada-
—Sí, es sólo que… lo había olvidado por completo —respondió con dificultad, la tos aún no la dejaba respirar con normalidad. Sea la miró inquisitivo —Es la fecha Sea, un milenio ha pasado desde la última vez — Los ojos de Sea se escandalizaron, tu piel se erizó, no podía creerlo, cómo el conejo se había tenido eso guardado —Y eso no es todo…tenemos una muy importante visita.
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Jack llegó a lo que suponía era el palacio de Cupido, una estructura que hacía alusión a los palacios de oriente medio y se encontraba posado sobre una nube, Tooth y Granny tenían gustos muy parecidos en ello. Entró sin dificultad, caminó un rato por los pasillos, admirado por lo hermoso del edificio, la gran cantidad de ventanales que dejaban entrar la tenue luz del sol, hasta que, posado en el marco de una de las entradas estaba el perro de sus pesadillas, con una sonrisa petulante un gesto de su barbilla le pidió que lo siguiera.
Caminaron unos minutos entre pasillos y pasillos de ventanales infinitos hasta llegar a su destino, una habitación de paredes tan altas que difícilmente podía ver el techo, cuatro ventanales enormes dejaban la luz se colara por la derecha, mientras que en su contraparte se erguían estantes y estantes de madera rosa repletos de cajas con formas de corazón, sin saberlo Jack había dado sus primeros pasos en el "Salón de los corazones"
—Bienvenido Jack —Le saludó Granny posada cómodamente en un diván de terciopelo blanco y madera negra. El guardián de la diversión se sentó frente a ella en una butaca de las mismas características, no notó como el perro había dejado de seguirlo y se había quedado plantado en la entrada. — "Cennete birleşik" es el nombre original de este salón, significa "unido al cielo" pero es mayormente conocido como "El salón de los corazones" por las obvias cajas que representan a cada ser viviente en el mundo — explicó Granny señalando con su palma todo lo que le rodeaba. Jack pudo notar una mancha rojiza en la mano de Granny —Te estaba esperando.
—¿Enserio? ¿Sabías que vendría? —preguntó sorprendido el guardián
—Tarde o temprano. Sé que no puedes dejar de pensar en el chocolate de Aster. —El albino se sintió como si lo hubiesen descubierto en una travesura, un leve rubor se posó sobre sus mejillas —Pero no te preocupes, nadie sabrá que esta conversación existió, tus secretos están a salvo conmigo, Jack.
—¿Qué secretos? —cuestionó extrañado
Cupido lo miró con cara de —"¿Estás bromeando?" — Jack, soy la experta en asuntos del corazón —mencionó mientras lentamente se levantaba de su asiento y se acercaba al joven — No creas que se me ha escapado lo que sucede en el tuyo cuando un conejo de siete pies de alto, maestro de taichí y adicto a los huevos de chocolate se encuentra cerca —el rubor del joven se intensificó, miró rápidamente a Sea, si existía alguien que no deseaba que escuchara esta conversación además de Aster era ese perro. Granny notó su mirada por lo que con un gesto despacho a Sea de la habitación.
—Entonces… ¿Lo sabes?
—La pregunta aquí Jack es… ¿Lo sabes tú?
—¿Qué quieres decir? —Jack se estaba confundiendo, no estaba seguro de que Granny y el se estuviesen refiriendo a la misma cosa
—No creo que estés seguro de tus sentimientos —comentó la morena rodeando la butaca de Jack para luego posarse sobre el pasamanos del asiento a su lado, cruzó las piernas — De seguro ayer notaste el olor de diferente en el cuerpo de Aster.
—¿Cómo lo sabes?
—No existe otra razón por la que hayas venido a verme. — declaró la morena — Estas asustado, pese a todo lo que te he dicho de que Sea y Aster solo son amigos no me crees, y quieres confirmar si el perro es el dueño del chocolate de Aster.
Pese a que Cupido jamás le había mencionado a Jack que sobre los chocolates se dibuja el nombre de la persona de quién el dueño se va a enamorar, el muchacho con su sagacidad mental lo había descubierto, tal vez también estaba enterado de que si ella no supiera quién era la persona no iría a contarle a Aster, le sorprendía lo astuto que era el albino en algunas cosas y lo denso que podía ser en otras.
—Lo siento, Jack. No puedo mostrarte el corazón de Aster — sentenció mientras se paraba y caminaba hacía la salida del salón. Jack la siguió desesperado.
—¡Por favor, Granny! Esto se me está escapando de las manos…
—No puedo ayudarte Jack— Le contestó sin parar de caminar, el guardián comenzó a seguirla.
—¿Por qué?
—El destino es muy frágil, los chocolates de los corazones son muy frágiles y revelar el nombre de los indicados a quién sea puede fracturar lo que ya está predestinado —explicó para inmediatamente detenerse. Jack la miró a los ojos, a esos orbes que reflejaban todo lo que se les ponía enfrente, Granny no estaba feliz al no poder ayudarlo, parecía más bien igual de preocupada que él —Sígueme
Cupido llevó Jack a una sala mucho más pequeña que el "salón de los corazones" esta parecía una biblioteca, libros se extendían en sus paredes de igual forma que los estantes de los bombones, Granny se acercó a un escritorio de madera blanca que parecía gastado por el tiempo, dándole un aspecto vintage. Lo rodeó y de sus cajones sacó una pequeña caja.
—Ahora mismo es más importante que Aster se dé cuenta de lo importante que es para su destino que encuentre a esa persona. Si él no es capaz de abrirse a la posibilidad…. No quiero imaginar lo que sucederá —Granny miró la caja entre sus manos pensativa —Es por eso qué cuando les conté la noticia fue con ustedes presentes. Son sus amigos, y aunque yo también lo soy y he intentado años convencerlo no he obtenido buenos resultados. Pero tú llegaste a su vida, Jack — El muchacho sintió su pecho estremecer— Alguien radicalmente opuesto a él, simple, sincero, que no tiene miedo a mostrar sus emociones, y quién en este instante es quien más tiene el poder de ayudar a Aster a cambiar. Ya lo has hecho durante estos meses, Jack. Aster ha recuperado un poco de ese inocente encanto que tenía cuando era un guardián recién estrenado. —La sonrisa de cupido resplandecía en la habitación oscurecida por tener las persianas cerradas a diferencias de las demás. Granny abrió la caja sacó un pequeño objeto de él y se acercó a Jack — No puedo ayudarte, Jack. Pero te daré este regalito, utilízalo conscientemente.
Sin mostrarle lo que era Granny colocó el pequeño objeto entre sus manos, al abrir su palma Jack notó que el objeto desconocido era un chocolate.
—¿Un dulce?
—No cualquier dulce. Dáselo a Aster cuando estimes conveniente y sabrás.
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Al llegar al taller de Norte ya era de noche, las palabras de la morena aún retumbaban en su cabeza, no sabia si existía algo escondido entre líneas por mucho que las repitiera una y otra vez en su mente, por más que intentaba lo único que sacaba en blanco era que en su diferencia con Aster es que podía ayudarlo a encontrar su amor. Al entrar al taller y no encontrar al robusto hombre de rojo para recibirlo Jack se extrañó, Norte parecía un padre sobre protector desde que había decidido vivir con él y si no avisaba que dormiría fuera se quedaba esperándolo en el ventanal por donde siempre entraba hasta que volviera a casa. Se paseo un rato por la planta superior, rodeó el globo y aún no encontraba a Norte, un mal presentimiento comenzó a subir por su columna, los jetis y elfos ya se habían ido a descansar y el silencio era tan raro en el lugar lo estaba perturbando, de repente escuchó unas boses en el taller de confección, se acercó lentamente, con cayado en mano, eran voces demasiado suaves como para ser Norte, que siempre vociferaba más que hablar.
—De verdad me siento sorprendido, Aster —Ese sí era Norte, estaba con alguien más, de eso Jack estaba seguro, acercó su oído a la puerta lo más que pudo —Que hayas venido a vísperas de Pascua solo para tomarte unos tragos, es extremadamente extraño
—Sí, lo sé —Aceptó el Pooka mientras dejaba que el mayor le volviera a llenar la copa con un poco más de whiskey
—No encontraste a Jack ¿Ah?
—¿Qué quieres decir con eso?
—¡Oh, vamos! Te desvives por el chico últimamente. —comentó divertido el guardián del asombro— Si él no va día por medio a tu madriguera lo vienes a buscar, vienes a dejarlo como si él se fuera a perder, cuando vienes solo hablas con él, etc. El verte la cola es un verdadero milagro si no estás con Jack Frost a tu lado.
—¡Eso no es cierto!
—¡E. Aster Bunnymund! ¡Acéptalo!
—Ok, tal vez si he pasado mucho tiempo con el chico últimamente, pero es porque nuestra relación a mejorado a lo que era antes ¿O prefieres vernos peleando todo el santo día?
—Pues claro que no, pero creo que debo advertirte ciertas cosas —De repente la voz de Norte adquirió cierta seriedad que no le había escuchado antes
—¿Qué cosas? —cuestionó Bunny, tomando el licor del vaso de un solo trago —No te vas a poner todo padre sobreprotector conmigo de repente ¿o sí?
—La verdad es que sí.
—¡Oh, vamos, Norte! Yo quiero al muchacho igual que tú, para mi es como un hijo o un hermano. —Norte les sirvió a ambos una dosis más de alcohol
Directo al corazón, una puñalada que le robó el aliento a Jack. Eso lo confirmaba, aunque durante este tiempo había guardado cierta esperanza esas palabras apagaba todo. Jack era importante en el destino de Bunnymund, pero no era con él con quien lo compartiría.
—Puede que tú lo veas de esa manera. Pero Jack es joven, nuevo en todo esto de ser guardián y un hombre maduro como tú, compartiendo todo ese tiempo con él yo creo que….
—Espera un minuto —Le interrumpió Aster casi escupiendo el liquido antes de tragarlo con dificultad—Detente justo ahí ¿Qué? Norte, piensa muy bien lo que estás a punto de decir ¡Es totalmente disparatado!
—¿Qué es totalmente disparatado?
—¿Acaso no me estas tratando de decir que, por el tiempo que paso con él, estoy inadvertidamente seduciéndolo? ¿Acaso tú estás loco?
—Te sorprenderías, Bunny. Jack es un niño extremadamente impresionable y además el hecho de que tú no seas así con nadie más que con él puede llegar a confundirlo.
—Espera ¿Soy yo el que está dando señales equivocadas?
—No conscientemente
—¡Hombre, tu perdiste la cabeza! ¡Jack es un niño! ¡Yo soy un Pooka! ¡Por Manny Santo! ¡Qué lo trate bien no significa nada! —Las copas estaban afectando sus respuestas, Jack podía notarlo por las subidas repentinas de tono en el habla de Aster. Pese a que Norte estaba hablando con total seriedad, el conejo parecía encontrarlo tremendamente divertido.
—Mira, tal vez me estoy equivocando, tal vez aún no conozco bien al muchacho para asumir cosas de él tan pronto. Pero te advierto…
—¡Norte! —Jack decidió que ya era suficiente. Llamo al guardián del asombro desde una distancia prudente de la ventana de su entrada, simulando como si recién hubiese llegado —¡Norte! ¿Dónde estás? —Ambos guardianes salieron después de unos momentos del estudio, con caras de sorpresa.
—¡Jack, hijo mío! ¿Dónde estabas? —saludó animoso el hombre de la barba blanca, acercándose a Jack y rodeándolo en un fuerte abrazo. Al joven le costó soltarse de él sin derramar una lágrima, había comprendido al mismo tiempo cuanto Norte lo amaba como un hijo cuan imposible eran estos sentimientos que albergaba por Aster.
—Estaba en el lago, luego de la tormenta que tenia prometida en el este jugué con los chicos durante la tarde ¿Ustedes qué hacían? Bunny, no sabía que vendrías — Un aire enrarecido fluía entre los presentes, y pese a que Norte y Aster sentían una vibra extraña del muy compuesto Jack, no podían distinguir muy bien que era lo que pasaba.
—Sí… —respondió nervioso el Pooka —Tuve algo de tiempo libre y me pasé por aquí a verte, no estabas así que con Norte decidimos tomar unos tragos.
— Oh ya veo…—una muy vaga respuesta. Aster conocía al joven, nunca respondía con tan poco entusiasmo a sus visitas, Aster entró en modo alarmado.
—Frostbite ¿Sucede algo? ¿Estás bien? —inquirió el Pooka acercándose al muchacho, colocó su pata sobre su hombro, pero el joven prontamente lo evadió.
—Creo que mejor los dejó solos —comentó Norte.
—¡No! —pidió. Demasiado alto —Nada, estoy bien, canguro. Sólo que los niños me dejaron bastante agotado hoy y necesito dormir. Lo siento, Bunny —Y sin más se retiró a su habitación.
—Eso a mí no me parece como "nada". Definitivamente algo le ocurrió ¿Qué crees, Bunny? — exclamó preocupado —¿Bunny?
—Me ha dicho, canguro…
—Sí ¿Y? —Norte ahora se preocupó por los dos. Aster seguía con la mano que Jack evadió suspendida en el aire, su expresión afligida y los ojos abiertos de par en par.
—Hace más de seis meses que no me dice así, es más desde que nos arreglamos que no me llamaba "canguro" creí, creí que era porque…. éramos amigos, sabe cuánto me molesta….
—Oh, por Manny…—exclamó el mayor. Las cosas iban de mal en peor.
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Los días pasaron, ya quedaba una sola semana para Pascua y de Jack Aster no había visto un pelo en casi cuatro días, no quería creerlo, pero el chico lo estaba evadiendo. Cuando iba al Polo, no importaba el horario el joven no estaba, y a Norte lo mandaba a decir todo tipo de excusas cada una más disparatada que la otra —"Está en el lago" "Fue a la casa de Tooth" "está en hawaii"—No entendía, por más que buscaba en sus recuerdos no encontraba nada que provocara que Jack se alejara, excepto… —"Hueles a él" —Lo que le dijo esa noche antes de su distanciamiento, tal vez el guardián de la diversión estaba aún dolido por eso, tal vez esperaba una disculpa de su parte y como no la recibió decidió no ver más a Aster. Su pecho se estremecía con el pensamiento, hacía tiempo que no sentía esa cantidad de culpa e inquietud en su corazón.
A cuarto día Aster decidió ir a buscar a Jack al algo, no soportaba un día más su ausencia y eso lo sorprendía y aterrorizaba en partes iguales. Se había acostumbrado tanto a la presencia del chico que los días sin él no eran solo tediosos sino también vacíos, desagradablemente rutinarios. A una distancia prudente del lago, se dedicó a observar como Jamie y los demás chicos patinaban y jugaban a tirarse bolas de nieve con la poca que quedaba, la temperatura del ambiente estaba aumentando y Aster ya podía sentir la primavera, pero Jack no se encontraba entre ellos, ni tampoco estaba posado en su árbol. Espero unos minutos, por si el guardián se dignaba a aparecer, esos minutos se volvieron horas y ningún rastro del menor.
—¿Buscas a Jack? —escuchó una voz a sus espaldas. Aster dio un salto desenfundando sus boomerangs. Era Granny, llevaba un largo abrigo de piel negro y en sus manos un cetro muy parecido al cayado de Jack, solo que este era de plata.
—Espero que ese abrigo no sea de animal —comentó molesto por el susto que le dio
—¿Qué le puedo hacer? Fue un regalo —respondió divertida —Jack no está acá y tampoco va a aparecer.
—¿Cómo sabes que lo estoy buscando a él?
—¿Por quién más vendrías hasta aquí? — Tenía razón, Aster se avergonzó por la pregunta tan estúpida — ¿Por qué lo buscas?
—No juegues conmigo, Granny. Sabes por qué lo busco, de otro modo no estarías vigilándome, eso también me dices que sabes donde está —La morena le entregó una sonrisa ladina.
—No pienso que sea apropiado el decirte —comentó sin borrar la sonrisa de su rostro
—¿De qué hablas? ¿Apropiado? ¡Sólo dime dónde está! —Aster estaba perdiendo la paciencia —Ya te lo advertí, no juegues conmigo ¡No ahora, Granny!
—¡WOW! ¡Cálmate, Aster! —Granny estaba impactada por la violencia del conejo, jamás lo había visto tan fuera de control —No puedo decirte, aunque quisiera, sabes la confidencialidad que guardo con mis clientes.
— ¿Cliente? — Aster enunció desconcertado — Jack es ahora ¿Es tu cliente? — Granny no era una cupido normal, además de cuidar e inspeccionar las cajas de bombones, con Sea entregaban otras clases de servicios. — Estás bromeando ¿Cierto?
—¿Por qué el muchacho no podría solicitar nuestros servicios? Seremos espíritus, Aster, pero eso no nos abstiene de tener sentimientos y bueno…" necesidades" — Eso último lo pronunció con picardía.
—Estás jugando, imposible que Jack…
—¡Oh por dios, Aster! ¡No es un bebé! ¡Por más que tú y Norte quieran creer que es un ser inocente, en ultima instancia es un adolescente lleno de hormonas! —gritó exasperada. Le colmaba la paciencia lo denso que podía llegar a ser el Pooka —Entiéndalo de una vez, el muchacho no necesita que lo protejas de la verdad, es bastante inteligente para desenvolverse en ese mundo por sí mismo.
—Pero ¿Por qué? — Aster se sintió abrumado por la verdad. Verdad que, debido a su testarudez, se encontraba frente a su nariz todo este tiempo— ¿Por qué ahora?
—Tal vez el hecho de tu corazón de chocolate le hizo recordar esa parte de él que había suprimido. Si tu puedes enamorarte ¿Por qué no él? Piénsalo un momento, un muchacho que perdió a su familia, todo lo que amaba, su futuro y aspiraciones, ahora tiene una nueva oportunidad de recuperar un trozo de todo lo que perdió con su muerte. No es tan difícil de comprender si lo piensas con detenimiento. Y yo lo ayudaré en ello —Dicho esto la morena desapareció de la vista del Pooka desapareciendo en una estela de humo rosa.
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—He vuelto —anunció Granny al aparecer en la sala de los corazones. Su sonrisa evidenciaba su éxito. Ella y Salt chocaron los cinco.
—¿Dónde estabas? —preguntó Jack. La morena había desaparecido de repente mientras los tres tomaban un poco de té con galletas.
Los últimos cuatro días Jack había decidido profundizar lazos con Cupido, poco y nada se conocían, pero había algo en la morena y en lo que le había dicho la ultima vez que le hacía sentir la suficiente confianza como ser la primera y única a la que llegó llorando el día después de escuchar la conversación de Aster con Norte. Granny lo había escuchado atentamente, lamentando como su propio dolor la decepción de Jack, y desde entonces que esos cuatro días se había dedicado a distraerlo con actividades, conocer cada rincón del palacio, su trabajo, baile, canto lo que se le pasaba por la mente, con la única intención de no darle ningún segundo de silencio al albino que le permitiera revivir lo sucedido.
— Tuve un trabajo de último momento —Fue lo único que dijo antes de deshacerse de su abrigo y colgarlo en el perchero —¿Qué hicieron mientras yo no estaba?
—Emmm… ¿Nos mantuvimos en silencio hasta que regresaste? —Respondió Jack haciendo memoria de lo incomodo que había sido esa hora y media. Con el Can las cosas no cambiaron mucho de su relación de odio inicial, aunque era consciente de que el perro no era quién guardaba resentimientos y de que era él que se comportaba como un niño celoso.
—¡Qué divertido! —Los tres soltaron unas risas por el comentario.
La tarde pasó tranquila, en un momento Granny y Salt tuvieron cosas que hacer por lo que Jack se quedo sólo. Decidió mirar el atardecer por uno de los enormes balcones del palacio, sentado en el borde, sentía una brisa fría acariciar su rostro mientras los colores rojos, naranjos, morados y azules bailaban en el cielo, las nubes se paseaban con lentitud y todo lo que los tímidos rayos del sol tocaban brillaba como un fuego con sus últimas fuerzas antes de desaparecer. Granny le había advertido que ahora que no estaría no se dedicara a pensar en esas cosas, pero le era inevitable que su mente viajara a dónde Aster, se preguntaba qué estaría haciendo, sí el conejo se preguntaría porqué no lo ha visto en tantos días —"Probablemente no" —se contestó Jack —"Debe estar tan hundido en su trabajo que no debe dedicar ningún pensamiento al molesto albino que interrumpe cada dos por tres"— Se interrumpió así mismo, si bien podía pensar en Bunny no tenía por qué rememorar malas experiencias sobre él.
¿Cuándo se había dado cuenta de este peso en su corazón? ¿Cuándo realizó que estaba perdido, que se encontraba en un punto sin retorno con respecto a sus sentimientos? ¿Y que ya no podía controlar el dolor en su pecho? Jack sabía con exactitud la respuesta a todas sus preguntas, oh diablos qué si lo sabía, era un recuerdo tan vívido aún.
