Hola, gracias por vuestros mensajes chicas... espero que os esté gustando esta secuela.
Nos vemso el proximo Martes en un nuevo capitulo... espero vuestros reviws jejejje me encantan todos... un abrazo desam.
Capitulo cuatro. El baño y unas palabras idiotas.
Un hijo es algo de tu ser, si te lo arrancan, te arrancan la vida. El amor es algo que no se olvida, no lo dejes marchar como si no valiera la pena.
Aquí estaba, sentado en la cama apunto de ser puesto en la maldita silla de ruedas. Su rostro era sereno. Sentí sus brazos rodear mi cintura y deslizarme por la cama. Sabía que en el fondo era inútil discutir, todo aquello que dijera, tan solo le haría daño a su persona, pero era tan sumamente cabezota, que se quedaría aguantando lo que fuera.
Sentí la silla bajo mi cuerpo y sus manos acariciar mis hombros. Bella se colocó detrás de mí y empujó mi silla hasta el baño. Una vez entramos y encendió la luz, pude observar la bañera. Ella se colocó delante de mí y encendió el grifo del agua. Una sensación extraña recorrió mi cuerpo entero. Recordé las ultimas veces que había estado desnudo ante su presencia. Las veces que le había fallado como hombre. La decepción en sus ojos era palpable en aquel entonces.
Debía admitir que la había echado mucho de menos. Respiré profundamente cuando sentí sus manos desabrochar los botones de mi pijama. Aquello no era lo correcto. Tanto tiempo alejado de ella y ahora me hacía esto. Las cosas estaban un poco más calmadas, pero aún así, ella no debía estar allí y mucho menos tocarme de esa forma.
-Bella, no creo que sea correcto esto.- Le dije sujetando sus manos.
-¿De que tienes miedo o vergüenza?- Me dijo sonriendo.- Yo que sepa, desde hace muchísimo tiempo, no te importa mi presencia.- Pude ver el dolor en sus ojos.
Aquellas palabras me abofetearon. La culpa era mía por decirle esas palabras, pero aún así, me había recordado que mi cuerpo últimamente no sentía nada las ultimas veces que habíamos intentado estar juntos. Cerré mis ojos y respiré de nuevo. Ella tenía toda la razón, siempre la tenía. No podía permitirlo y punto. Realmente la necesitaba y no sabía como podía reaccionar, tal vez se ofendiera si pasaba algo, así que empujé sus manos fuera de mi pecho y giré la cara hacía la puerta.
-Quiero salir de aquí. Quiero que te vayas.- Le dije lo mas duro que pude.
-Edward, lo siento.- Sentí como empezaba a sollozar.- No quise decir esas palabras.
-Dices lo que sientes.- Y así era.- No debes disculparte por ello. Ahora sácame.
-No. Necesitas un baño.- Me dijo tirando de mi camiseta.
-¿Crees que esto es fácil para mi?- Le dije una vez más mirándola a sus ojos.
-¿El qué?- Me retó.
-¿Crees que no sé lo que pasa?- Agaché mi cabeza. Su fuerte mirada, me estaba atravesando.- Solo quiero que se acabe de una vez.
-Te estas comportando como antes ¿Prefieres que te llame Anthony?- Su voz sonó ronca pero con dureza.- Te mereces que te llame así de nuevo.
-Pues llámame así.- Le dije mirándola de nuevo.- Dejé que todo llegara demasiado lejos y volví a joderla.
-¿De que hablas?- Preguntó confundida.
Llevé mis manos a la cabeza y tiré de mis cabellos en un intento de que entendiera todo de una buena vez. En el momento en que intentaba aclararme, pude sentir como tiraba de mis pantalones dejándome desnudo ante ella. Sus brazos sin decir nada, me rodearon por mi pecho y me alzaron hasta dejarme sentado en la silla de metal que tenía al lado de la silla de ruedas. Bella le dio al botón y la silla se elevó hasta terminar dentro del agua caliente. Cuando la sentí contra mi cuerpo, un suspiro salió de mis labios. Sentir el agua mojando mi cuerpo, relajando mis músculos, llenándome de vida. Aquello era realmente necesario, aun que me negara a reconocerlo.
Mientras ella pasaba las manos, por mi alborotado cabello enjabonándolo, mi mirada estaba clavada en la pared. No podía permitir que me afectara de esa forma su presencia. Ella no era más que yo, aun que debía reconocer que se había vuelto mucho más cabezota. Sentí el agua caer por mi cabeza enjuagando mi cabello. Sus dedos se deslizaban por mi cuero cabelludo llenándome de mil sensaciones. Podría ceder en ese instante y pedirle que me perdonara y me dejara entrar de nuevo en su vida, pero debía ser fuerte, ella no estaba en el lugar correcto.
Sentí como cogí ala esponja y la llenaba de gel ¿acaso se había traído el supermercado a cuestas? No era normal aquello. Me percaté que el champú, no olía a jabón de hospital. Mi cuerpo estaba siendo enjabonado con una esponja suave, el olor me llegaba como a frutas. Respiré profundamente y me relajé cuando sentí a Bella lavar mis brazos. Sentí como descendía a mi pecho, después de lavarme en esa zona, me dejó caer un poco hacía delante y enjabonó mi espalda. Cuando me quise dar cuenta, había enjabonado mis piernas y el resto del cuerpo. Me sentía bien, me sentía limpio.
Bella le dio al botón para sacar la silla, donde estaba sentado en el agua. Sentí como mi cuerpo se erizaba a la vez que iba abandonando la bañera. Sentí frío. Sus manos fueron rápidas y tapó mi cuerpo con una toalla. Sentí las lágrimas descender por mis mejillas. Intenté contenerlas, pero aquella situación me superaba. Hacía demasiado tiempo que el Anthony que habitaba en mí, había dejado de existir y me sentía completamente abatido. Ella no podía notar esa flojedad. Respiré hondo nuevamente y la miré pro un instante.
Pude ver su semblante serio, deprimido, abatido. En un primer momento, el impulso que me llenó, fue levantar la mano y acariciar su mejilla para tranquilizarla. Pronto se borró de mi cabeza, ella no debía estar allí. La miré serio y tragué pesadamente antes de hablarle, debía convencerme a mi mismo que podía conseguir cualquier cosa, incluso echarla de allí, de mi lado.
-¿Satisfecha?- Le dije lo más serio que pude.
-¿No me digas que no te ha sentado bien?- Una sonrisa apareció en su rostro.- Porque no me lo creeré.
-No necesito esto.- Le dije intentando creérmelo yo mismo primero.- Hay alguien que te necesita más.
-No puedo volver a casa.- Me miró con una sonrisa un poco más alegre.- Anthony, Violet, Jazz y Sthel, tienen varicela. Yo nunca la he pasado y tú tampoco, así que seré tu única compañía durante quince días.
Ella agachó la cabeza. En ese instante, supuse que la cara que se me había quedado, debía ser todo un poema para que ella agachara de esa forma su mirada.
-No quiero a nadie aquí.- Repetí apretando mis dientes.- ¿No te das cuenta?
Era un verdadero inútil. Realmente merecía estar solo, así. Elegí mal en mi pasado y me convertí en lo que no debía. Debía de pagar yo solo las consecuencias.
-Claro que me doy cuenta, pero yo soy más cabezona que tú.- Secó mi cabello con otra toalla en ese instante.
Dejé caer la toalla contar mis piernas y pasé mi mano por la cara. Necesitaba pensar, aclarar mis ideas. Si ella debía estar quince días allí conmigo, debía tratar de entenderme y yo a ella. Bella sacó un pantalón de pijama mío. Aquello me sorprendió. Se agachó en el suelo y lo colocó por mis piernas. Una vez subido hasta las rodillas, pasó sus brazos por mi cintura y me ayudo a levantarme. Intenté coger la goma con mis manos y tirar de ella para subirlos. Me costó bastante, pero pude subirlos. Bella me dejó de nuevo en la silla y colocó la camisa del pijama por mis brazos. En el momento en que ella se puso a abrochar los botones del pijama, deseé que el tiempo retrocediera y volviera a ser todo como años atrás, donde ella y yo estábamos en casa con nuestro bebe.
Cerré mis ojos y vagué pro aquellos recuerdos donde preparé la habitación de nuestro niño, donde ella era feliz en mis brazos, donde cada noche al acostarme, deseaba levantarme una mañana más al lado de las dos personas que más amaba. Ahora había perdido todos los derechos con mi hijo. Lo abandoné años atrás con mi familia, donde supuse que estarían mejor que conmigo privados de una familia. Merecía esto y mucho más.
Cuando abrí mis ojos, Bella ya me había peinado y estaba empujando mi silla fuera de la habitación. Aquello me dejó descolocado ¿Dónde me llevaba? Levanté mi cabeza y la observé pro unos segundos. Durante ese tiempo, me hipnotice una vez más en sus profundos ojos. Ella agachó su mirada y me observó.
-¿Dónde vamos?- Le dije apartando la mirada.
-A rehabilitación.- Me contestó muy segura de si misma.
-¿Alguien te ha dicho que yo deseé ir allí?- Ella no podía comerse ese marrón. Ella no podía sufrir aquello.
Durante mi estancia como médico en el hospital, supe de sobra cuanto cuesta recuperarse, cuanto sufren los familiares cuando la esperanza decae por cualquier complicación, como duele ver a la persona hundirse e intentar superarse de nuevo. Ella no podía ver eso, ella debía disfrutar de nuestro pequeño.
-No, pero es lo mejor para ti ahora.- Acarició mis cabellos y mi espalda cuando llegamos a la puerta.
Respiré profundamente y dejé que me entrara a aquella odiosa sala. El simple olor que allí había, me revolvía el estomago. Me empujó hasta una mesa donde había una chica esperándome. Su pelo rubio y sus ojos azules, llamaron mi atención. La observé mientras me colocaba bien enfrente de ella.
-Hola, mi nombre es Tanya y voy a ser tu fisioterapeuta.- Tendió su mano.
-Edward.- Contesté fríamente.
-Vaya, un paciente difícil.- Dijo mirando a Bella.
-Tranquila, perro ladrador, poco mordedor.- Aquello no me sentó nada bien.
-Bien, Edward, empecemos con tu rehabilitación. Será sencilla al principio. Lo primero que vamos a reforzar, será la musculatura de tus brazos. Así, podrás comer tu solo y hacer otras actividades. Cuando ya tengas más masa en ellos, será cuando empiece realmente tu rehabilitación para poder andar de nuevo.
Tan solo asentí. Solo deseaba que aquello fuera rápido y no en un año como decía Carlisle. La observé y asentí de nuevo mientras miraba las pelotas que había en la mesa y otros utensilios.
-Empecemos.- Susurré al fin.
-Bien, señorita, tendrá que esperar fuera. En dos horas le avisaremos.- La chica invitó sutilmente a Bella a marcharse.
-Estaré fuera por si hace falta algo.- Salió por la puerta después de acariciar una vez más mi cabello.
-Te voy a hacer una explicación fácil.- Tanya me miró con una sonrisa.- Primero yo rodaré la pelota por la mesa y tú la cogerás. Una vez la hayas cogido, la levantaras y me la lanzarás.- Mientras me lo explicaba, rodaba la pelota por la mesa.
-Bien.- No podía ser grosero con ella. Intenté grabarlo en mi memoria.
Tanya deslizó la pelota por la mesa y la cogí con mi mano derecha. En el omento que la levanté para lanzársela, esta resbaló de mis dedos y cayó al suelo rodando. Tanya sin decir nada, se levantó y la recogió del suelo para deslizarla de nuevo. La quinta vez que lo intentó, empecé a cabrearme. Me odié a mi mismo. ¿Cómo era posible que antes fuera capaz de acabar con la vida de una persona y ahora no valiera ni para lanzar una pelota? Me cabreé demasiado. Clave mis dedos en mi frente y arañé hacia abajo. La frustración podía conmigo.
-No hagas eso, te lastimarás. Es normal Edward.- me dijo ella apartando las manos de mi rostro.
-Tú no sabes nada. Ni de lo que era ni de lo que soy, así que no te metas en mis asuntos.- Le contesté sin pensar.
-Tú tampoco sabes como soy yo, así que aguántate y coge la maldita pelota y lánzamela. Te rindes muy pronto macho.-. Su voz sonó a reto.
Cogí la pelota de nuevo y apreté mis dedos para que no se me escapara. Traté de lanzarla hacía su posición, pero cuando iba a soltarla, esta rodó de nuevo lejos de nosotros. Apreté mis dientes mientras un grito salía de mi garganta y capturé otra pelota entre mis dedos. Era un asesino, era una persona fría, eso no me iba a dejar atrás. Levanté mi mano y antes de que ella se sentara en su silla, la lancé con ira contra la pared. Cuando esta rebotó en ella y saltó hacia la otra parte de la sala, escuché como aplaudían detrás de mí.
-Muy bien. ¿Ves? Todo con valentía se puede. Ahora inténtalo sin lanzarla con odio.
-Déjame en paz.- le grité. Traté de sacar la silla de allí. No me gustaba nada esa chica, no me gustaba nada estar allí. Ella se colocó detrás de mí y tiró de la silla.
-Aún te falta una hora y tres cuartos de rehabilitación. No sé donde vas.- me dijo mirándome sería.
-a mi habitación.- le contesté duramente.
-No señor. No te rendirás conmigo así de fácil ¿tu quieres ver a tu hijo de nuevo?- Me miró a los ojos.
-Tú no sabes. No pronuncies a mi hijo aquí. No tienes idea de nada. Deja de meterte en mi vida.- Sentí como las lágrimas se formaban en mis ojos. Levanté la cabeza y respiré.- Lárgate.
-Llamaré a Bella.- Me soltó y abrió al puerta.- ¡Bella!
Ella entró por la puerta, parecía agotada.
-¿Pasa algo? Solo lleva veinte minutos aquí.
-No quiere colaborar, así que tendrás que ayudarme.- Ella le sonrió.
-Bien ¿Qué tengo que hacer?- Se colocó a mi lado.
-Bien, pásale tú esta pelota mientras yo le hago un masaje en la otra mano y distráelo.
-Solo quiero que me dejéis.- Repetí en un tono de cansancio.- Solo quiero ir solo a mi habitación. Solo.
-Eso no pasará, así que acostúmbrate a verme en tu vida desde hoy. Dos horas, solo serán dos estúpidas horas.- Ella miraba a Bella.
Cerré mis ojos y me rendí. Mientras Bella me pasaba la pelota, yo intentaba lanzársela sin resultado alguno. Después de dos horas tratando de coger otras cosas sin éxito, me llevó de vuelta a mi habitación.
-No quiero volver. Solo quiero estar solo.-Le repetí una vez más a ella.
-No estrás solo. Ya te dije que debo estar aquí. No quiero enfermar.- Entró en la habitación.
-Déjame en la ventana.- le dije mirando el exterior.- Por favor.
-¿Has pedido por favor?- Se rió.- No me lo puedo creer, tus modales están volviendo.
-Por favor.- Repetí.
-Esta bien, te dejo mientras me voy a comer algo. Esta tarde tienes dos horas más, pero esta no es de ejercicios, si no de masajes. Relájate un poco.- Salió por la puerta y cerró despacio.
Observé el exterior. Saqué la pelota de mi bolsillo y la estrujé entre mis dedos. En ese momento, me separé como pude un poco de la pared y la lancé contra esta. La pelota se desvió un poco pero conseguí cogerla de nuevo. Debía ser fuerte, debía recuperarme si quería que me dejaran en paz.
Golpeé la pared un par de veces más hasta que la pelota salió más fuerte de lo acostumbrado y se desvió hasta la puerta. Giré mi cuerpo en la silla y vi como se detenía al lado del marco. Coloqué mis manos en las ruedas y traté de arrastrarlas para hacerlas girar y que me acercaran a la puerta. Sentí como mis músculos se tensaban, la respiración s eme cortó en ese instante del esfuerzo. Sentí al tensión completa en mi cuerpo y un pinchazo en mi mandíbula de la presión de mi boca.
Avancé un poco ya aquello me hizo desear más. Dio otro pequeño giro y se quedó parada la silla. Me sentía agotado completamente. Respiré hondo y observé la pelota. Bella entró por la puerta y la recogió. Se acercó despacio a mí, observaba la silla, mi posición, mi cuerpo.
-¿te has movido?- Preguntó abriendo demasiado los ojos.
-Si, la pelota…- Me callé y al miré.
-Eso esta muy bien Edward.
Me tendió la pelotita dichosa y me acercó a la cama. Una vez al lado de esta, me levantó de la cintura y me apoyó en el colchón. Una vez coloqué mis brazos en el borde, la ayudé a que me tumbara en la cama. Cerré mis ojos y escuché como ponía música clásica en la radio. Aquello empezó a relajarme de tal forma que quedé dormido enseguida.
Esta tan agotado que no me enteré de cuando entraron mi comida. Sentí como me zarandeaban y cuando abrí los ojos, Bella estaba a mi lado con la bandeja preparada. Decidí no hablar, así sería más fácil todo. Mientras ella me daba de comer, yo solo observaba la televisión. Tomé todo aquello que ella me ofrecía. Al acabar, caí de nuevo en el sueño. Una voz me sacó de mi trance y miré a la persona. Mi padre estaba allí sentado con mi madre hablando con Bella. Una bolsa enorme estaba en el sofá de al lado.
-Te traerán una cama en un rato. No lores más Bella. Esto es muy difícil para él. Piensa en lo que nosotros le hemos hecho en este tiempo.- La voz de mi padre sonaba con tono de rendición.
-Lo sé, solo quiero que confíe en mí como antes. Aun que ya no me ame.- Su voz sonó rota.
-Se que él te ama.- Mi madre.- Como sé que tú lo amas a él. Lo difícil va a ser que nos perdone a los demás.
La mano de mi madre, acarició mi mejilla y abrí mis ojos. La observé detenidamente mientras ella me sonreía.
-No me toques.- Le ordené. Era mi madre, pero aún recordaba su rechazo tiempo atrás y el guantazo que me había dado en su casa.
-Esta bien hijo.- Dijo mi padre levantándose.- No estas solo ¿vale?
Carlisle cogió mi mano y la apretó con mucha fuerza. No pude evitar, responderle de la misma forma.
-Lo que quiero es estar solo.- Le dije una vez más.
-Ahora has de merendar y después irás a un masaje y demás.
-¿Por qué me hacen todo esto a mi? A los demás pacientes no se lo hacen. No quiero masaje, ni jacuzzi, ni privilegios.- Le dije a mi padre con mirada acusadora.- No quiero ser alguien por mi apellido, no lo quiero.- Lo miré intensamente.
-Es así por que yo lo he ordenado, y no hay nada más que discutir, Edward Anthony Cullen Platt. Basta ya de orgullo y tonterías. Esta bien que a mi no me perdones, que a tu madre tampoco, pero Bella no te ha hecho nada y este hospital tampoco.- Se levantó de la silla y se fue con mi madre de la mano.
-¿Orgulloso?- Bella me miraba con lágrimas en sus ojos.- Ahora te daré de merendar y después bajarás abajo sin protestar. Solo has de pensar en tu futuro y en el hijo que te esta esperando. Ya no lo hagas ni por mí. Si tan poco te importo, me da lo mismo.- Pude ver como sus ojos se oscurecían. No eran verdad sus palabras ¿había dejado de importarle?- Hazlo por tu hijo Edward.
Después de aquello, el resto de la tarde pasó en silencio. Me dio la leche con las galletas y se colocó a leer un libro. El celador llegó y me llevó a una sala. Allí, no podía estar Bella. Me desnudaron y me colocaron en una camilla con una toalla. Una masajista, tocó cada parte de mis piernas y mis brazos. Después me dio un masaje en la espalda y al acabar, me metieron en el jacuzzi.
Las horas pasaron volando. Cuando regresé a la hav9itacion después de una ducha y una cena relajada, pude observara a Bella acostada en la cama que habían traído para ella y con el libro abierto en su pecho. La tele estaba encendida, así que la apagué y me apoyé en la almohada. No pude evitar coger la mano de bella que colgaba por la cama muy cerca de mi mano.
Acaricié su fina piel con mi dedo y le susurré un te amo. La amaba más que a mi vida, pero ni ella n nadie se merecía pasar esto a mi lado. Yo debía salir solo de esto, al igual que afronté mi pasado como asesino, debía afrontar mi futuro como perdedor. Sonreí ante aquello. Realmente no deseaba que ella se fuera, era mi vida y si luchaba, para que engañarnos, si lo hacía era por ella y por mi niño.
Una lágrima resbaló pro mi rostro. Mi hijo estaría hecho un hombrecito. Ya hablaría por los codos, correría y subiría en bici. Cinco años. Aquello era demasiado. Recordé sus cabellos y sus ojos el mismo día que me lo quitaron de mi vida. Su pequeña sonrisa o la forma en que me llamaba papi. Debía luchar por verlo de nuevo, por ganarme su corazoncito una vez más. Necesitaba abrazarlo, necesitaba a mi familia.
Deseé gritarlo. Gritar que los necesitaba a mi lado, que los amaba, que había sido un cobarde, pero no podía, no podía atarles a mí de nuevo. Me conformaría con poder al menos ponerme de pie pro mi mismo y caminar como pudiera para verlo aun que fuera de lejos. Él nunca debía saber quien había sido. Nunca podía conocer mi secreto. Ya me odiaba mi madre y en el fondo también mi padre… no deseaba que la única persona inocente de todo esto y ajena, me odiara con toda su alma. Eso no lo soportaría. Estar lejos de Bella era difícil, pero no quería imaginarme a mi propio hijo rechazándome.
Temblé ante aquel pensamiento y rozando la mano de Bella, dije otro te amo de nuevo antes de caer rendido en la cama.
