DIA 3

Darien estaba rogando porque el "regalo" del anterior fuera el último, seguía sin dormir y eso lo tenía de mal humor.

Le costaba concentrarse y caminaba como zombie por los pasillos del hospital, sus colegas lo miraban preocupados y le preguntaban si estaba enfermo.

"Sí, claro que estoy enfermo… tengo una calentura que no me puedo quitar" pensó el pelinegro mientras contestaba por cuarta vez en quince minutos que estaba bien.

—Doctor Chiba, ¿ya se siente mejor? –Le preguntó su enfermera.

—Si Diana, no te preocupes, estoy muy bien, solo sigo cansado. –Caminando como autómata entró en su consultorio y se puso a leer unos expedientes.

Luego de media hora de leer sin entender casi nada porque ya se quedaba dormido, tocaron a su puerta.

—Adelante. –Dijo él sin levantar la vista.

—Hola Amor. –Respondió la voz de Serena

—¡¿Serena!? ¿Qué haces aquí?

—¿Qué forma de recibir a tu novia es esa? –Le pregunto ella con cara inocente mientras se sentaba en la silla frente a su escritorio.

—La única que tengo, ya que no he podido dormir nada gracias a tus "regalos" –La regaño él.

—Ay pobrecito de mi principito. –Dijo su novia levantándose y caminando hacia él.

Darien aún no entendía como alguien tan tierna y dulce como su cabeza de chorlito se podía comportar de esa forma tan provocadora. De pronto vio como ella empujaba la silla en la que estaba él sentado para poder sentarse en su regazo.

—Quizá un besito te despierte así como se despertó la bella durmiente, aunque aquí sería el sexy durmiente. –La sonrisa de la rubia no prometía nada inocente.

Acercando sus labios a él Serena lo beso despacio, sin prisas, dejándolo saborear su brillo de labios sabor chocolate. Luego lo beso por toda la cara con besos tan suaves como la caricia de una pluma, mordisqueando su cuello provocando que él se quedará sin respiración por lo que sentía.

"Por fin, me va a compensar por las duchas frías" se dijo Darien tomándola de las caderas para acercarla más a él. En ese momento sintió como las manos de Serena se abrían camino desabotonando su camisa para llegar a su pecho y acariciarlo consiguiendo que él jadeara al sentir como ella pasaba sus uñas por todo su torso.

El pelinegro estaba bajo el completo control de la rubia, estaba tan perdido en las sensaciones que su conejita le provocaba, que ni siquiera le preocupaba que la puerta del consultorio no tenía seguro.

—Serena, no te detengas. –Suplicó él, al sentir que ella se separaba un poco de él.

—Oh, no pienso hacerlo cielo, no te preocupes. –Le dijo ella para luego darle mordisquitos en el labio inferior y delinearlo con la lengua para tentarlo.

"Hora de disfrutar" se dijo Darien mientras los besos de Serena bajaban hacia su abdomen, y luego subían hasta llegar a sus pezones y hacia ella jugueteaba con ellos, Darien ya quería que la tortura a la que la rubia lo estaba sometiendo llegara a las últimas consecuencias.

Cuando de repente sintió como Serena le daba un pequeño beso en los labios y se levantaba de su regazo.

—¡Uy!, mira la hora. Quedé con las chicas para hacer unas compras de último minuto, así que debo irme, adiós amor.

—¡Serena!... ¿Qué diablos… —Empezó a decir Darien levantándose de la silla.

—Te amo cielo, trabaja duro. –le dijo ella desde la puerta y lanzándole un beso se fue.

El pelinegro estaba con la boca abierta… Serena había llegado a provocarlo… y luego se había marchado tranquilamente.

Y además todavía le había dicho como si nada que "trabajara duro". Y eso era definitivamente lo que le iba a pasar después de esa visita de su "tierna" novia.

"En el tercer día de Navidad mi amor me regalo… una visita, unos besitos y una gran frustración por dejarme a medias"

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—¿Mina? –Serena estaba apoyada en el auto de Darien llamando a su amiga. —¿Estas segura que estas ideas son buenas?

—Claro que sí, ¿Por qué dudas de mis habilidades como diosa del amor? –Mina parecía sorprendida por la pregunta de Serena.

—¡Porque la idea era provocarlo a él, no que yo terminara con una temperatura de mil grados! –Gruñó Serena.

—Paciencia mi pequeña saltamontes, créeme que al final valdrá la pena toda tu frustración.

—Más vale que tengas razón Aino. –Dijo Serena colgando, y dispuesta a buscar la fuente más cercana y tirarse de cabeza para que se le bajara el calor.

Ya les va pasando factura a los dos las grandes ideas de Mina. un beso