—Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas—
Disclaimer: los personajes son de la señora Stephane Meyer, Marie y yo solo nos adjudicamos la trama.
Agradecimientos a Yanina Barboza, por ser nuestra genialosa beta, nena gracias.
N/A: La historia es escrita en conjunto con Marie, decimos esto para evitar malos entendidos.
¡A leer!
Capítulo 3
—Tío, ¿seguro que estás bien? —Emmett se recargó en las taquillas al lado de su amigo, mientras Jasper fruncía el ceño mirando al cobrizo—. Llevas como media semana en estado zombie viviente.
—Estoy bien, Emmett. Solo cansado, ya sabes, he tenido tres peleas esta semana y estoy agotado.
—No deberías pelear tan seguido, Edward, recuerda que debes vivir para estar con tus chicas —le riñó Jasper, lanzándole un puñetazo amistoso en el hombro.
—Estoy bien... —Edward suspiró hondo y se apoyó en las taquillas, cerrando sus ojos fuertemente.
En realidad no estaba bien, estaba jodidamente mal, y pensaba seriamente que necesitaba un psicólogo o una mierda de esas.
Simplemente no podía dejar de pensar en ella, en sus ojos asustados y marrones, en su pequeño cuerpo, ¡tan pequeño que solo le llegaba al pecho!, y en su, no escuchada, voz. ¿Cómo sería? ¿Melodiosa? ¿Ruda? ¿Cómo?
Era extraño, porque él no la conocía, nunca de hecho la había visto, pero solo bastaron esos minutos, donde él trataba de protegerla para que la chica se quedara en su memoria, ¡y de qué puta manera!
—Yo creo que lo que necesitas es de esa preciosidad que viene justo caminando hacia acá —le susurró Emmett en el oído, haciendo que él abriera los ojos y volteara su rostro para observar a la persona a la cual Emmett describía.
Edward gruñó, viendo como una pelirroja caminaba hacia ellos. Con una sonrisa tonta en su cara pasó por delante de ellos, guiñándole un ojo a Edward. Él frunció el ceño.
Tanya era hermosa, pero solo había follado una vez con ella y realmente no quería repetir la experiencia. Ella era buena, demonios que sí, pero fue una maldita perra con Jane, así que estaba completamente descartada.
—No —dijo el cobrizo, decidido—. No de nuevo con ella.
— ¡Amigo! —Emmett alzó los brazos al aire, claramente enojado—. Tanya es hermosa y está loca por ti, no seas cabrón y haz lo que cualquier hombre haría.
—Se portó como una perra con Jane. Sabes que nadie toca ni a mi hermana ni a mi madre.
Ante eso, aquel hombre fornido y musculoso no objetó nada, él sabía muy bien, y todos en esa pocilga de intento de escuela también, que Jane Masen era intocable para todos, si algo le sucedía a esa niña y Edward se enteraba de quién había sido el culpable, estaba, literalmente, muerto.
Y Tanya había cometido ese estúpido error, por eso estaba descartada de la lista de las posibles folladas de Edward Masen.
Aún Edward recordaba cómo Jane había llorado en sus brazos, cuando la muy perra de Tanya le había jalado el cabello, según la pelirroja había sido "accidentalmente", pero a Edward no se le olvidaba cómo claramente Jane le había dicho exactamente con coma, puntos y señales, lo que había sucedido.
Desde ese entonces, Edward le había hecho la cruz a aquella mujer, nadie se metía con su hermana, ni la hacía llorar, era lo peor que le podían hacer.
—Hum, no es muy inteligente que digamos —se burló Jasper, viendo a Tanya mirar por encima de su hombro a Edward, con miradas lascivas.
—No, no lo es —dijo Edward secamente—. Como sea, el sábado tengo otra pelea y...
— ¡Ah, no! No, señor —gritó Emmett, parándose frente a Edward—. Tuviste suficiente esta semana. Pelearé yo, tú te quedarás con Jane.
—Emmett...
—No, Edward. Tienes suficiente por esta semana y al menos un mes más ―lo interrumpió su amigo desde hace… desde siempre.
—Apoyo a Emmett, es más, tienes para vivir decentemente durante 5 meses sin ningún problema, de hecho... —dijo Jasper, sacando algo de sus desgastados jeans, era un fajo de billetes de cien—. Toma y ve a comprarle las nuevas zapatillas a Jane, es su regalo por ser buena chica...
— ¡No! —exclamó Edward, apartándose y batiendo sus manos, negando—. Jasper, es tu dinero, lo necesitas para...
—Como dijiste, es mi dinero y puedo hacer con él lo que se me venga en gana. Acéptalo, Edward —ordenó el rubio, tendiéndole el dinero, pero el cobrizo no lo aceptó.
—Yo ya le compré las zapatillas a Jane, no hace falta que me des dinero, yo se las puedo comprar —repuso un poco ofendido.
—Edward —advirtió Jasper, mirándolo ceñudo.
Él negó tercamente.
—Esto no se trata de ti, ni te tu ego, Edward, sé que puedes comprarle lo que necesite, es solo un regalo para ella, nada más. No estamos queriendo quitarte nada, solo es un... —Emmett se calló abruptamente, tratando de buscar la palabra más adecuada para describir aquel gesto—... regalo, sí, eso, un regalo de parte del tío Jasper y oso —terminó por decir sonriéndole, colocando su mano en su hombro.
Edward sonrió, suspirando.
—Son un grano en el culo, ¿lo saben? —se burló Edward, dándoles puñetazos a los dos.
—No, no lo somos. Somos tus amores, guapo. Sabemos que sientes cosas fuertes por nosotros. —Emmett se llevó una mano al corazón, bajando la cabeza dramáticamente, los otros dos arquearon las cejas—. Está bien, está bien, lo aceptamos, pero debe ser secreto, Edward. Tengo una reputación que cuidar.
Edward miró a Emmett fijamente por unos segundos, antes de lanzarse sobre él y querer derribarlo.
—Vete a la mierda, Emmett ―musitó Edward, golpeándolo.
Jasper se echó a reír histéricamente cuando Emmett abrió sus ojos azules como platos, fingiendo estar asustado.
—Edward, amor mío, ¡para!
Edward siguió jugueteando con Emmett, olvidando por unos magníficos momentos a esa chica.
Pero todo se vio interrumpido cuando la campana de clases sonó y los tres amigos interrumpieron sus juegos para ir, de mala manera, a escuchar a diferentes profesores hablar sobre cosas, que para ellos, no eran de importancia.
Edward, a pesar de que tenía 20 años, seguía en la preparatoria, ¿por qué?, simplemente había perdido los dos primeros años, ya que en su casa se necesitaba dinero y él tuvo que salir a trabajar, abandonando, de esta forma, lo que era su educación, pero tiempo después el cobrizo descubrió que había maneras más rápidas de conseguir dinero, solo que era un poco doloroso.
Regresó a la escuela por su madre, porque ella se lo pidió. Y por Jane. Necesitaría de ayuda en sus tareas y Edward no quería ser un completo ignorante. Al menos podría tener estudios y seguir peleando. Ganando dinero para que Jane estudiara lo que ella quisiera y se convirtiera en alguien importante.
Una parte de él, aunque ni él mismo Edward lo admitiera, quería demostrarle al cabrón que lo creó que él no necesitó de un padre para poder crecer. Edward sabía que algún día sería un profesional en la lucha. Pelearía con los mejores y ganaría más dinero.
Su madre no tendría que volver a desvelarse por turnos extras, viviría tranquila, junto con Jane, en una hermosa casa cerca del mar. Él solo quería que Esme disfrutara y siguiera pintando, como lo hacía antes que ese imbécil se fuera, dejándola sola con dos niños. Sí, ese era el plan de Edward. Y el día en que encontrara a ese desgraciado, le daría una paliza como ninguna y sería feliz al ver la cara de él destrozada, justo como los dejó por su maldito egoísmo.
…
—... entonces para conseguir el alfa de un ángulo, solo tenemos que restar 90° más lo que mide el beta y de esa manera conseguimos lo que es el ángulo alfa en Trigonometría... —La voz de la profesora se perdía en el fondo de la mente de Edward, mientras que la "trasero grande", como habían denominado a su profesora de Matemáticas, dibujaba un triángulo en la pizarra.
Aquello era... mierda. Sí, Edward no entendía nada y en esos momentos tampoco le estaba prestando la suficiente atención como para aprender.
En su mente seguía esa chica pequeña y mientras ella estuviera allí, nada más entraría, de eso estaba seguro.
…
En la academia de ballet, Bella no podía dejar de pensar en los ojos verde esmeralda de ese chico, Edward. Ella estaba como en otro mundo, pensando en él. Recordando cómo él la había escondido en ese callejón y cómo él estaba... protegiéndola.
No podía dejar ir ese día, sus ojos, su cuerpo contra el suyo. Él era enorme, en comparación a ella, pero se sintió... correcto, estar así con él. A pesar de ser un completo desconocido.
—Bella, Bella, ¡Bella! —exclamó Jane, haciéndola parpadear asustada, cuando la castaña se fijó en dónde estaba se reprendió.
Todas sus compañeras de ballet la miraban arqueando una ceja, otras disgustadas y otras simplemente con burla, como era el caso de Alice y Rosalie, quienes cuchicheaban entre sí.
—Bella, dentro de un mes tenemos esta presentación y todo tiene que salir perfecto —le informó Melani, ceñuda.
Melani estaba preocupada por Isabella, desde hace una semana estaba más retraída de lo normal, hablaba muy poco, y aunque sabía que había sido el aniversario de la muerte de su madre, no le aplaudía que estuviera tan muerta en vida.
Otras veces, de igual manera, había sido la fecha de la muerte de Renée y ella no se había puesto en ese estado tan catatónico, por decirlo de alguna manera.
Bella le sonrió a Jane en forma de disculpa y miró a Melani fijamente, esperando que ella siguiera la clase. Melani suspiró fuertemente y sacudió la cabeza, volviendo a poner a todas en posición ajedrez.
Bella se situó en su lugar, con su pies bien rectos y la espalda un poco arqueada. La música empezó y todas las chicas empezaron a bailar. Bella se levantó en puntas, siguiendo la música y la coreografía. No hacía caso a Melani cuando le gritaba, ella se metió en su mundo de música y baile, dejando a todos atrás.
Melani se fijó en que Bella se volvía a encerrar en ella misma, pero esta vez ella no sabía qué hacer para que Bella saliera de ese hoyo.
—5, 6, 7... salten más alto. Jane, las manos con más gracia... Rosalie, esos pies rectos… Alice, ¿no escuchas el ritmo de la música? —La voz de la profesora era dura, sin dar lugar a réplica, pero Bella seguía girando, y saltando en su propio mundo.
Así siguió la hora, donde todas las alumnas tenían rostros de cansancio y donde la música sonaba una y otra vez con la voz de la profesora Melani de fondo al mando.
En un momento dado, Bella, por su vista periférica, vio como Melani se acercaba a Jane y le decía algo con mirada seria y eso no le gustó nada a la castaña. Ella era muy sobreprotectora con Jane y aunque sabía que Melani regañaba para el bien de las niñas, no podía ver aquello sin fruncir el ceño y dejar de bailar abruptamente.
—Tiene que ser más recto ese Arabesque* —le dijo Melani a Jane, cerca de su rostro, subiéndole el pie que la rubia tenía extendido un poco más—. Mantén el equilibrio por un momento así —le instruía la profesora, Jane estaba concentrada tratando de no quejarse, no quería que su mae Melani le riñera.
Lo tendré en cuenta, pensó amargamente Jane, pero le hizo caso a Melani, poniendo más disciplina en sus pasos.
—Pero parece que la perfecta niña no es tan perfecta —se burló Rosalie, poniéndose a bailar en círculos, con Bella en medio. A pesar de que ella no baila mucho en la coreografía, se la sabía de memoria, Rosalie lo hacía de manera perfecta, como si fuera parte de ella por completo. Alice sonrió maliciosamente cuando Bella se encogió de hombros, viendo a Rosalie fríamente.
Jane en su fuero interno trataba de pensar cosas agradables de su profesora, pero solo quería mandarla a escribir en un cuaderno la frase de: "Debo ser amable con mis alumnas de Ballet"
Bella se puso de puntillas, extendiendo sus brazos al frente, ignorando a las dos arpías que revoloteaban a su alrededor, pero un quejido por parte de Jane, quien seguía en la misma posición desde hace 5 minutos, la hizo mirarla a través del espejo y ya no pudo más.
La pequeña tenía sus ojos llenos de lágrimas, le dolía estar así y si a eso le sumamos que cada vez Melani le subía más y más la pierna o se la extendía, era demasiado.
La rubia estaba cansada, solo quería que su hermano viniera, darse un ducha, meter sus pies en hielo y acabar con todo.
Bella caminó directo a Melani, con una mirada dura.
—Es suficiente —dijo en voz baja, pero firme.
Melani miró sorprendida a la castaña, la sorpresa la dejó paralizada.
—Bella —susurró Jane asustada, Bella le sonrió dulcemente y le ayudó a bajar la pierna, le hizo una seña para que diera unos cuantos estiramientos, para que no se lastimara sus extremidades.
Todas las alumnas veían aterrada aquella escena, eso no se podía hacer, nunca, jamás ¿retar o quitarle la autoridad a una profesora de allí? Eso no estaba permitido y mucho menos si la profesora era nada más y nada menos que la dueña de la academia.
—Haz unas mariposas, Jane, para que no se te engarroten los músculos de las piernas. —La rubia miró alternativamente de Bella a su maestra y no se movió, ella sabía que si obedecía a Bella eso traería problemas y no quería, así que solo se quedó allí.
Melani, al darse cuenta de que todas estaban pendiente de la escena, dijo en voz lo suficientemente alta como para que la escucharan, lo siguiente:
—Es todo por hoy, clase. Recojan sus cosas y nos vemos mañana a primera hora, hay que seguir puliendo la coreografía.
Las chicas asintieron y rápidamente se dispersaron, saliendo como ratones siendo perseguidos por gatos. Allí se iba a armar la grande.
—Bella, tú te quedas —añadió Melani duramente, la castaña alzó la barbilla desafiante—. Jane, haz lo que se te dijo, pero no te vayas —dijo la profesora dirigiéndose a Jane, a la vez que la miraba duramente, la rubia asintió tragando saliva fuertemente.
Las últimas en irse fueron Rosalie y Alice, viendo con algo de miedo a Melani, nunca la habían visto tan seria, tan calmada. Aunque no quisieran admitirlo, Bella era una gran bailarina de ballet, y a pesar de que no querían ser su amiga, admiraban el coraje y la pasión con que bailaba, y sobre todo como defendía lo que quería.
Melani esperó a que todas se fueran. Jane terminó rápidamente sus mariposas y cogió aire, parándose al lado de Bella.
—Creo que he sido siempre benevolente con ustedes dos —empezó Melani dulcemente, pero su tono era muy... calmado, cosa que hizo a las dos que sus pelos se erizaran—. Bella, eres mi mejor bailarina, sabes que tengo esperanzas en ti para que entres en Juilliard. Jane, tienes pasión y talento, pero debes esforzarte más.
Bella tragó saliva y cerró los ojos. Aquí venía lo bueno...
El corazón de la rubia latía a mil kilómetros por hora. Esto no pintaba nada bien.
—Yo... yo lo sé, maestra —repuso Jane con lágrimas en sus ojos.
— ¿Por qué si lo sabes lloras cuando te enseño? Tienes que ser fuerte y tener paciencia, si quieres ser grande debes sufrir y sacrificarte. —La voz de Melani ahora era comedida, como si se estuviera conteniendo de decir algo más.
—Pero yo no hice nada...
—Crees que porque Bella es tu tutora, y no legalmente, porque yo no la autoricé, puedes hacer lo que quieras y no es así —prosiguió Melani, interrumpiendo a la niña, quien ya hipaba y se secaba las lágrimas con una mano.
—Maestra, yo no pienso así, yo... solo quiero aprender.
Para ese momento, la calma que acompañaba a Melani había desaparecido por completo, ahora veía a Jane con profundo resentimiento, esa pequeña había hecho que su alumna más ejemplar la desobedeciera delante de los demás.
—Entonces la próxima vez que yo te esté dando órdenes, o simplemente diciendo que eso no está bien, no quiero que llores, te quejes o veas a Isabella, ¿entendido? —Su voz había ascendido unas octavas y Bella trataba de mantener la calma, pero la verdad es que tenía un sentimiento de rabia dentro de ella, nunca en su vida había querido gritar tanto como ahora, pero recordó qué sucedió cuando ella gritó una vez y se abstuvo.
—Entendido —murmuró Jane, intentando controlar más sus lágrimas.
—No te he escuchado —dijo duramente Melani, Jane cerró los ojos y Bella apretó sus labios—. Dilo más fuerte, Jane.
—Entendido, maestra. —La pequeña rubia calmó sus temblores y alzó más la cabeza, aunque su cuerpecito estaba temblando.
Melani asintió una vez, con los labios en una fina línea.
—Bien. Ahora vete. Bella, tú te quedas aquí.
Jane volvió a bajar la cabeza, miró por entre las pestañas a Bella y le regaló una dulce sonrisa. Melani entrecerró los ojos.
—Te dije que te fueras —volvió a repetir la directora de la academia hacia Jane.
La niña asintió, pero Bella fue más rápida y la tomó por el brazo para darle un abrazo y susurrarle en el oído:
—Espérame afuera mientras yo hablo con Melani, ella no quiso decir eso, ¿ok?
La rubia asintió y luego salió disparada como una bala hacia sus cosas, cruzando el umbral del estudio corriendo.
Bella la vio y una vez estuvo segura que Jane no las escuchaba dijo:
—Te escucho. —La castaña le dio la espalda a su maestra y empezó a dar vueltas sobre su eje, ignorándola, porque si la seguía teniendo al frente de su vista sabía que le diría cosas para nada agradable.
—Me puedes explicar ¿qué carajo te está pasando? ―le exigió saber su tutora.
Bella no hizo tanto caso a Melani, intentaba ignorar su rabia y seguir dando vueltas, tratando de no golpear a alguien.
—Eh, ¡suficiente! —Melani agarró fuertemente a Bella de un brazo y la hizo parar de golpe—. Serás mi mejor alumna y te tengo aprecio, pero debes respetarme, Isabella.
— ¿Qué querías que hiciera? —siseó Bella, alejándose de Melani—. ¿Que me quedara parada, ignorando todo, mientras tú lastimabas a Jane? ¡Tiene diez años, no dieciocho!
Melani se hizo para atrás, sorprendida de la fuerza de Bella. Desde que era tutora de Jane, Bella hablaba más. Y Melani estaba furiosa, porque ni siquiera ella la había podido hacer hablar tanto como esa pequeña rubia.
—Hacía lo mismo contigo, yo te enseñaba de la misma manera en como lo hago con Jane —repuso Melani, furiosa.
—No, tú nunca me enseñaste así, Melani. ¡Nunca me instruiste de esa manera tan cruel! ¡Nunca me pusiste por horas en una posición difícil para mi edad! ¡Con Jane sí! ¿Acaso la odias? —La voz de Isabella, sorpresivamente para ambas, iba subiendo de tono.
—Ella quiere ser la mejor, tiene que esforzarse, ¡no puede ser débil! —gritó Melani, ofendida.
—Yo quería ser la mejor y nunca me trataste de esa manera, siempre fuiste amable y siempre me hablabas, a ella solo le gritas...
—Le grito a todo el mundo, Isabella.
—No, no como lo haces con ella ―repuso la castaña―. La humillas y le haces creer que en realidad quieres hacer lo mejor para ella. ¡Cuando no es así! ¿Qué es lo que te sucede?
—No voy a permitir que me hables así, Isabella —gritó Melani, echando fuego por los ojos, respirando rápidamente. Bella apretó sus mandíbulas—. No lo haré. Si Jane quiere ser la mejor, tendrá que sacrificarse como lo hacen todas las bailarinas. Y usted, jovencita, se quedará callada y no dirá nada, ¡porque usted no es la maestra!
Bella se quedó callada, sabiendo que eso era verdad, ella no era la maestra y no quería serlo, pero aquel sentimiento de proteger a Jane era más grande que ella.
—Esto tendrá consecuencias, Isabella. Si Jane quiere ser la mejor que se esfuerce, nada en la vida se da en una bandeja de plata, tendrá que llorar y sufrir como todos lo hicimos para llegar a donde estamos, ¡si de verdad ella lo quiere, lo hará! ―prosiguió aquella mujer.
—Tú siempre me pusiste todo en bandeja de plata, ¿por qué con ella no? —inquirió Bella al borde del llanto—. Tú siempre me decías que persiguiera mis sueños no importara qué, y cada vez que me equivocaba, tú me enseñabas con amabilidad y a ella…
—Yo le enseño a Jane como me parezca mejor, no tienes por qué poner mi enseñanza en tela de juicio, Isabella, no te compares con Jane, porque ella nunca, jamás, será como tú y tú nunca fuiste como ella —le susurró la maestra entre dientes—. Es más, de ahora en adelante quiero que te enfoques en ti y en nadie más, si yo le doy órdenes a Jane, ahórrate tus comentarios, si no te gusta no la veas y listo. ¿La quieres ver triunfar? ¡Déjame formarla y no te metas en algo que no sabes cómo hacer! ¡No serás su tutora nunca más!, y por Dios, Isabella, que yo no te vea enseñándole pasos nuevos o más adelantados, porque me veré en la obligación de expulsarla a ella, no a ti, de la academia, ¿entendido?
La respiración de Bella era rápida. En esos momentos odiaba profundamente a Melani.
Bella no dijo nada, ¿qué podía decir? ¿Qué podía hacer? ¿Renunciar? ¿Irse de la academia? Por un momento, esa idea le cruzó rápidamente la cabeza. Pero... ¿funcionaría?
Melani era ruda, pero era muy buena. Sin embargo, algo más estaba pasando para que ella se comportara de esa manera con Jane.
—Tú la odias, ¿verdad? —inquirió Bella, sin poder detenerse ahora que había hablado—. No la quieres como a mí, ¿por qué? Las dos somos buenas, ¡ella es mejor que yo a mi edad!
— ¡Ella no tiene posibilidades para entrar a Juilliard! —gritó fuera de sí Melani, harta de que Bella defendiera a la niña—. Entiende, Bella, tú tienes dinero, tienes posición. Jane no. ¡Apenas puede pagar la mensualidad de la academia!
Y lo entendió todo, su maestra, la que le había enseñado de pequeña, era racista y no por el color de piel precisamente.
¿Eso era? ¿Porque Jane no tenía dinero? ¿Era en serio?
Sin poder más, Bella le dio la espalda encaminándose hacia la salida.
—Tú quieres que yo vaya a Juilliard, pero ¿no te has puesto a pensar que tal vez yo no quiera ir? —le preguntó Isabella con lágrimas en sus ojos.
El color en el rostro de Melani desapareció por completo.
—Estás demente, Isabella. Juilliard es tu mejor opción, ¿cómo es posible...?
—No, ¿cómo es posible que quieras manejar mi vida como si fueras mi madre?
Bella ahogó un jadeo, dándose cuenta de lo que dijo.
― ¿Qué dijiste? ―preguntó entrecortadamente Melani, con la mirada vidriosa.
—Tú no eres mi madre, Melani —repitió ella temblorosa, dejando salir sus lágrimas—. Eres mi maestra de Ballet. Nada más. No tienes derecho a nada más, tu único deber es enseñarme Ballet. ¡Mi mamá está muerta! ―gritó de último sin verla.
Melani tragó saliva, viendo la espalda de Bella. Ella le había gritado. Bella había gritado.
Con su bolsa en mano, Bella traspasó el umbral del estudio, tragándose las lágrimas, ahora lo importante era Jane, la cual la castaña sabía, estaría llorando.
Al cruzar la puerta del estudio, vio a Jane acurrucada en los asientos, sin las zapatillas puestas, con lágrimas rodando por sus mejillas, viendo como sus dedos sangraban.
Le dolían sus pies, y su hermano no llegaba aún, ella solo quería irse.
Bella se dejó caer de rodillas enfrente de ella, pasando sus manos por las mejillas de la rubia.
—Cuando llegues a casa mételos en agua fría con hielo, eso ayudará y luego dile a tu súper hermano, de ese que tanto me hablas, que te dé unos masajes —repuso Bella, quitándole la cinta de los dedos, viendo la sangre.
—Ella... ella me odia, yo lo sé —hipó Jane, abrazándose a Bella fuertemente—, pero yo le voy a demostrar que puedo ser la mejor y... —la rubia no pudo seguir hablando porque las lágrimas no se lo permitieron.
—Lo eres, Jane. Eres muy buena, es por eso que ella es así contigo —mintió Bella, intentando borrar las lágrimas de la pequeña.
—Yo no quería llorar, Bella..., es que me dolían mis piernas y... —Un sollozo interrumpió lo que fuera que iba a decir la niña.
—Lo sé, Jane, lo sé, yo también pasé por eso, pero ya verás que mientras más vayas aprendiendo se te hará menos difícil. Yo no era perfecta, tú tampoco, bebé —susurró ella por lo bajo, a pesar de que estaba hablando, lo hacía en voz baja.
—Es mentira, apesto en esto, no podré bailar como tú —hipó la rubia, llorando con más sentimiento.
—Bebita... —Bella se las ingenió para acomodar a Jane en su regazo, sentándose ella en el suelo, dándole la espalda a las afueras de la academia—, eres buena. Nunca lo dudes, nunca dejes que nadie te diga lo contrario. Pase lo que pase, debes saber que tú eres buena. Vale la pena, Jane.
La niña dejó de llorar y miró a Bella a los ojos. La castaña vio en los ojos de Jane una gran inocencia, dulzura y sinceridad. Pero también miedo. Bella le besó suavemente la frente, acunándola en su regazo. Melani veía la escena de lejos, sintiendo una punzada en el pecho, pero no podía dejar de ver con rencor a la pequeña niña. Estaba alejando a su mejor pupila de su sueño... Bella era perfecta para ir a Juilliard, tenía talento nato, era perfecta para el ballet. Tenía posibilidades, y esa niña estaba arruinando todo.
Melani dando un fuerte azote a la puerta del estudio, volvió a entrar en él, ideando una manera para alejar a aquella niña de su pupila. Nada destruiría el camino que debía seguir Bella, su destino era ser una graduada de Juilliard, no una tutora de una niña que, aunque sí tenía talento y pasión, le faltaba lo que a Bella le sobraba, dinero y una capacidad para realizar grandes cosas.
La pequeña Jane, con sus largas y delgadas piernas encogidas, se acurrucaba cada vez más cerca del pecho de Isabella, temblando sin cesar. Sus pequeños brazos rodeaban el torso de su tutora con una fuerza, que aunque trataba de ser fuerte, era muy débil y no le causaba dolor alguno a la castaña.
Bella no sabía cómo darle la noticia a Jane de que no sería más su tutora, no quería romper, más de lo que estaba, su corazón. Ella sabía que si se lo decía, la niña se negaría, era tan testaruda, pero en algún momento tendría que decírselo, quisiera o no.
Intentó sonreír, pero no pudo, sentía un nudo en su garganta, que se le hacía imposible hablar.
—Jane, creo que es mejor que te vayas a casa. Más tarde te dolerán más tus pies —le dijo Bella suavemente.
—Mi hermano aún no llega —susurró la niña, todavía acurrucada a Bella.
— ¿Dónde vives, pequeña? —interrogó la castaña a Jane, apartándola un poco de su cuerpo para verla mejor. Aquello era extraño, ella sabía que Jane siempre era recogida a tiempo por su misterioso hermano, el cual ella no conocía; así que estaba, de cierta manera, preocupada porque la niña seguía allí.
Antes de que la rubia pudiera responder, Edward Masen corría por la academia hacia el salón de estudio donde su hermana ensayaba. Había llegado tarde y todo por culpa de la directora de su colegio, aquello apestaba para ser sinceros.
Edward estaba... horrible, su labio estaba partido y su ceja también, un cardenal empezaba a formarse en uno de sus pómulos, pero aquello no era viejo, para nada, al contrario se veía muy reciente. Cuando el cobrizo divisó una melena rubia, protegida por los brazos de una castaña, a la cual no se le veía el rostro porque estaba de espaldas, frunció el ceño.
¿Por qué aquella mujer tenía a su hermana en sus brazos y por qué demonios su mugre tenía sus ojos rojos a causa del llanto?
Corriendo aún más rápido, llegó a la posición de Jane gritando.
—Lo siento tanto, mugre, pero hubieron algunos problemas que tenía que resolver antes. No volverá a pasar —prometió Edward, deteniéndose enfrente de su hermana, aún no le veía el rostro a aquella chica, pero algo acerca de ella se le hacía conocido a Edward.
Jane levantó su mirada hacia su hermano y más se puso a llorar.
Eso no era una buena señal, se dijo Edward al ver como su hermana se levantaba de los brazos de la joven que estaba en mallas y zapatillas aún y lo abrazaba por sus caderas, que era donde alcanzaba la pequeña.
— ¿Qué pasa, mugre? —le preguntó asustado, acariciando los suaves cabellos rubios de su hermana, la alzó por la cintura y ella envolvió sus piernas en su cintura, como cuando niña.
—Ed... —lloró Jane, Bella suspiró y se levantó, dándose la vuelta para ver con disculpas al hermano de Jane y a la pequeña, pero se quedó congelada al ver quién era el hermano misterioso de Jane.
"¡Tú!", quiso gritar, pero no encontró su voz. Agrandó sus ojos y miró a Edward, él también se quedó en medio de una caricia en la espalda a Jane, viendo a Bella con el ceño más fruncido.
— ¿Qué haces tú aquí? —Edward no pudo evitar preguntarle bruscamente a Bella. Aún estaba resentido porque ella no le había dicho su nombre.
La castaña no dijo nada, no podía, otra vez el miedo a hablar volvía a caer sobre ella, y aunque se sintió segura cuando él la protegió ese día en el callejón, ahora no podía evitar temblar.
Y justo como la vez pasada no respondió.
— ¿Por qué mi hermana llora? ¿Qué le hiciste? ¿Qué le hicieron? —interrogó, inclinándose un poco para coger la mochila de Jane, Bella se corrió un poco para no sentirlo tan cerca.
Las palabras las tenía estancadas en su garganta, deseaba hablar, pero simplemente nada salía de su boca.
Jane al escuchar a su hermana y a sabiendas de cómo era Isabella con las personas que no conocía se despegó de su hermano, con su rostro lleno de lágrimas.
—Ella es Bella, mi tutora, Edward —le dijo a su hermano, el aludido arqueó una ceja. Con que ella era la dichosa tutora.
No dijo nada, simplemente frunció más el cejo, viendo acusadoramente a Bella.
— ¿Por qué estás llorando? —le preguntó a su hermana, ella bajó la cabeza, haciendo un puchero. Bella dio un paso hacia Jane, pero se volvió a alejar.
"Por culpa de Melani", quiso decir Bella, pero no encontró las palabras. La mirada de Edward era... diferente a la de ese día que él la protegió en ese callejón.
—Porque Bella ya no será más su tutora —habló una tercera voz.
Bella sintió el suelo bajo sus pies desaparecer. Melani estaba parada frente a ellos, en el marco de la puerta, con la suficiencia en sus ojos. Había visto el intercambio entre los tres y, aprovechándose de que Bella no podía hablar frente a extraños, decidió actuar.
Jane miró a Melani con terror puro en sus ojos y volvió a ver a Bella.
— ¿Es cierto? —le preguntó, sollozando con más fuerza. Bella cerró los ojos con fuerza ante el dolor y terror en la voz de la niña—. ¡Bella! ¿Es cierto?
A pesar de que Jane le preguntaba ella no respondía, Edward se lo impedía, quien a medida que veía a su hermana más alterada, le lanzaba miradas envenenadas a aquella mujer.
— ¡Oh, sí, es verdad! —exclamó Melani, caminando hacia ellos, con una sonrisa de maldad en su rostro, Bella negaba hacia Melani, suplicándole con la mirada que parase, mas su maestra por más de 10 años no le prestaba atención.
—Es por mi culpa, ¿verdad? ¡Habla, Bella! —gritó Jane entre los brazos de su hermano, este la abrazaba cada vez con más fuerza.
— Vayámonos, Jane —dijo Edward, dándose media vuelta, pero una mano en su brazo lo detuvo.
Era Isabella, que quería hablar y decirle que era cierto, pero que ella quería mucho a Jane, pero no podía y por esa razón la castaña empezó a llorar.
Ante la situación de no poder pronunciar palabra alguna, hizo lo único que podía hacer en ese momento, hacerle la seña a Jane que le hacía siempre de despedida, sin necesidad de hablar.
Bella se señaló a ella con una mano, y luego a Jane, para después cruzar sus brazos en forma de "x" sobre su pecho.
Aquel simple gesto significaba que la quería, pero Jane no la miró, no podía. ¿Por qué Bella no le había dicho? ¿Acaso Melani había regañado a Bella por culpa de ella? Si era así no se lo perdonaría nunca.
Edward miró a Bella con sorpresa. Y todo encajó. ¡Era sorda! Y él de idiota gritándole, era un cabrón de mierda. Bella vio la mirada sorprendida de Edward, pero no supo por qué. Melani miraba fijamente a Jane, viendo como la niña se negaba a ver a Bella y se sintió completamente complacida.
—Vámonos, Edward —pidió la niña, abrazando más a su hermano y enterrando su pequeño rostro en su cuello.
Bella miró a Jane con frustración, pero sin poder hacer nada. Edward dudó un momento, pero después suspiró derrotado. Ahora Jane no entendería, estaba lastimada y no sabía bien por qué. Le intentó dar una sonrisa de disculpas a Bella, pero ella solo miraba a la niña.
—Lo siento —musitó, articulando enormemente con sus labios. Pero sin recibir respuestas. Dio media vuelta y caminó con pesadez.
Bella vio a Jane alejarse con el extraño que la protegió en ese callejón. Sus lágrimas acudieron a sus ojos y bajó la cabeza, sollozando levemente.
—Te dije que te apartaras de ella. Este es tu castigo, Bella —le informó Melani, alejándose de su pupila.
En ese pequeño momento, Isabella comenzó a odiar a su maestra de Ballet, aquello había sido imperdonable, pero ya sabía lo que Melani era capaz de hacer por hacer cumplir su voluntad. Lo había vivido en carne propia hace unos momentos y le haría caso a su maestra, se alejaría de Jane, pero solo cuando estuviera dentro de la academia, porque de resto Isabella Swan era libre de hacer lo que quisiera.
Por su parte, Edward se daba golpes dentro de su cabeza al darse cuenta que había actuado como un cavernícola hace unos segundos con la tutora de su hermana, quien aparte, era la misma chica que él había protegido hace unas semanas atrás en ese callejón.
Nunca imaginó que podría llegar a encontrarla allí, justamente en la academia de Jane, era extraño e irónico. ¿Cuántas veces no se habrían pasado por un lado y ni cuenta se habrían dado? ¡Era un estúpido!, ella era sorda, o por lo menos eso creía él. Todo encajaba.
Ella no hablaba, y esa seña que Bella le hizo a su hermana era de sordomudos, era su lengua. Señas.
Pero ¿entonces por qué Jane le habría hablado y gritado como si ella pudiera escucharla?
Allí había algo raro y Edward estaba intrigado. Aquella mujer lo tenía intrigado mejor dicho, y haría lo que fuera necesario para conocerla.
Ella le gustaba, de cierta manera. Tal vez no como mujer aún, pero sí como persona.
Awww, nuestro Eddie piensa que Bella es sordamuda O.O y creo que muchas de ustedes también lo piensan.
He aquí una nueva entrega de la hstoria ¿Qué les ha parecido? Esperamos sus RR's, si es de su agrado dejarlos .
Gracias a todas las que nos agregaron en favoritos y seguidores y tambien a aquellas que nos dejaron sus hermosos RR's, los hemos leído y les agradecemos que se tomen el tiempo para leerla.
Aprovecho para decirles que la historia tiene un trailer, lo pueden encontrar en mi perfil de FF.
Sin más, nos despedimos, Marie y yo.
Desde una parte remota del mundo, besos.
04/8/2013
—Travesura realizada—
