CAP 4- LOCA
Inuyasha pasó rápidamente entre la gente, buscando a Kagome, pero no la encontró. Seguramente habría vuelto a casa. Murmuró alguna palabrota y se dirigió a cumplir su otro objetivo.
Encontró a Kikyo junto a ese desgraciado con el que le había engañado, sentados en la barra y riéndose. Cerró los puños con fuerza y echó a correr hacia esa dirección. El desconocido, al percatarse de la presencia del novio de la chica, se levantó y extendió las manos, con cara de pánico. Kikyo empalideció al ver la expresión de Inuyasha, y se dio cuenta de que lo más probable era que los hubiera visto besándose. Onigumo, su "amante", dijo:
- Inuyasha… intentemos arreglar esto éticamente, de acuerdo?- propuso, con voz pausada y temerosa.
- Éticamente?! Qué entiendes tú por "ética", hijo de perra?!
Sin darle tiempo a responder, le propinó un puñetazo en toda la cara. Onigumo cayó hacia atrás, con el rostro cubierto de sangre. Posiblemente le habría roto la nariz. Por último, Inuyasha se giró hacia Kikyo y le dijo:
- Ya puedes ir a acostarte con quien quieras, que te lo pases bien. Espero que haya quedado claro que lo nuestro se ha acabado.
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Kagome lloraba, abrazada a su almohada. Así, estirada en su cama y con la puerta de su habitación cerrada con pestillo, llevaba llorando más de media hora. Sus sentimientos, confusos hasta ahora, se habían mostrado ante ella como un libro abierto.
La rabia que había sentido al ver que Inuyasha y Kikyo estaban juntos no había sido a causa de la protección a su amiga: estaba celosa. No había podido negarse a los besos y las caricias de Inuyasha. No había podido evitar acudir a su lado para asegurarse de que estuviera bien. El ponerse nerviosa al estar con el chico no era por sus comentarios, sino por cómo le gustaba, cómo le quería… cómo lo amaba.
Sí. Estaba enamorada. Se había dado cuenta de que amaba a Inuyasha con locura. Había ido a enamorarse precisamente de su hermanastro. Por qué la vida tenía que ser tan complicada?! Sabía de sobras que ese amor platónico sólo le haría más daño: Inuyasha no la quería, claro que no. Se pasaba el día provocándola, buscando pelea.
Bankotsu le gustaba, sí, pero no era lo mismo que por Inuyasha. Hasta qué punto la vida seguiría lastimándola?! Ni en sueños su amor sería correspondido! Y encima, él la había usado como un objeto, para desfogarse de lo que Kikyo le había refregado por la cara aquella misma noche. Se sentía herida, dolida… loca.
Loca por él.
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Inuyasha llegó a casa un rato después, cuando ella ya estaba dormida. Se había quedado en la discoteca para esperar que le trajeran el pastel sorpresa a Shima, y luego se había despedido de ésta y Miroku.
Lo primero que hizo fue dirigirse al salón, encontrando a Inu e Izayoi sentados en el sofá, mirando una película, abrazados con ternura. Ambos le sonrieron al verle entrar.
- Hola, hijo- dijo Inu.
- Qué tal ha ido la fiesta?- le preguntó Izayoi.
- No ha estado mal- se limitó a responder. Bajó la mirada- ha llegado Kagome?
- Sí, ha dicho que quería irse a dormir pronto. La he visto muy hecha polvo- respondió la mujer.
- Yo también me voy a dormir, estoy cansado y mañana hay que ir al instituto- anunció Inuyasha, bostezando.
- Buenas noches, entonces- le deseó Izayoi con una sonrisa que le pareció casi maternal.
- Igualmente. Buenas noches, papá.
- Que duermas bien, hijo- respondió Inu.
El chico subió las escaleras en silencio para no despertar a Kagome. Se encerró en su habitación y se puso el pijama. Cerró la luz y se metió en la cama.
Qué diablos le había pasado esa noche? Se había besado con Kagome, con su hermana. Bueno, no era su hermana del todo, genéticamente no tenían nada en común, pero visto desde el punto de vista político, así era. Por qué ella lo había rechazado de forma tan brusca, estando ambos tan encendidos? O mejor dicho: en qué momento había perdido él el control de sus actos?
"Estás enamorado, Inuyasha", dijo una vocecita en su mente.
"Claro que no", negó otra.
"Deja de negártelo", ordenó la primera.
"Es mi hermana!"
"Sabes perfectamente que no lo es"
"Sólo han sido unos besos"
"A una hermana no se la besa de esa forma, hay algo más"
"Tampoco hemos llegado tan lejos, no hay para tanto"
"Si ella no te hubiese detenido, hubierais llegado hasta el final"
"No digas tonterías, ella no se habría entregado así. Por cómo se comportaba, estoy seguro de que aun es virgen."
" Con el tiempo que llevas tú sin hacerlo, se te renovará la virginidad, no te jode!"
"No estoy enamorado de Kagome"
"Eso, ve repitiéndotelo. A lo mejor, hasta consigues creértelo".
"Que te zurzan!"
"Que sí, hombre, pero sabes que tengo razón"
Inuyasha arrojó su almohada al suelo, enfadado consigo mismo. Un acto inteligente, por supuesto: tuvo que levantarse de la cama para cogerla y luego volver a tumbarse. Qué diablos le pasaba?! Acaso… era verdad?
Estaba enamorado?
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Cuando el despertador despertó a Kagome el día siguiente por la mañana, no llovía. Era lunes, por lo que no tenía la excusa de poder dormir hasta cuando le apeteciera: tenía que ir al instituto. Suspiró y se levantó de la cama. Subió la persiana y abrió la ventana para ventilar la estancia. Por último, se calzó las zapatillas de estar por casa y salió al pasillo, en dirección al baño.
Al llegar, se lavó la cara con agua y se la secó con una toalla limpia. Se miró al espejo y algo le llamó la atención. Tenía una especie de marca morada en su cuello: un chupetón. Genial. Ahora qué? Cómo podría ocultarlo? Se lo tocó con delicadeza mientras pensaba algún remedio para taparlo. El uniforme del colegio no llevaba cuello alto, tendría que ocultarlo con el pelo. No quería que Inuyasha se percatara de que había conseguido dejar marca en su piel.
Bajó a desayunar al cabo de media hora, ya vestida y arreglada, con la mochila preparada. Entró en la cocina y se encontró con Izayoi, que cocinaba unas tostadas, y con Inu, que leía el periódico al mismo tiempo que tomaba su café de cada mañana.
- Buenos días- le dijo su padrastro.
- Buenos días, cariño- le dijo su madre.
- Buenos días- respondió Kagome.
- Hoy has tenido suerte, aún no he cocinado tu tostada. Cómo la quieres de quemada?- le preguntó Izayoi.
La chica iba a responder, pero en ese momento entró Inuyasha, en medio de un bostezo. Los dos adolescentes cruzaron una larga mirada. Fue Kagome la primera en desviar la vista, sonrojada.
- No tengo hambre, me voy al colegio- dijo.
Salió a paso ligero de la cocina, cogió su mochila y salió al exterior. Inuyasha resopló con fastidio.
- Yo tampoco quiero comer nada, pero te lo agradezco, Izayoi- le agradeció a su madrastra.
Imitando a Kagome, salió de la cocina con la mochila cargada en la espalda. El matrimonio oyó la puerta del vestíbulo cerrarse y vio por la ventana como su hijo salía disparado de casa.
- Qué les pasa a esos dos?- preguntó Inu, extrañado.
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- Kagome, espera!
La aludida oyó como Inuyasha la llamaba, pero hizo caso omiso: no quería hablar con él. En un acto reflejo, aceleró el paso y sacudió su melena negra azulada para que le tapara aun más el cuello. Oyó unos pasos cada vez más cerca de ella y sintió una mano cogerla por el hombro.
- Suéltame!- exclamó, girándose bruscamente para soltarse. Siguió caminando hacia la parada.
- Oye, tenemos que hablar- el joven se puso a su lado, caminando al mismo ritmo que ella.
- No sé a qué te refieres- mintió, mirando hacia otra dirección.
- Keh! Yo creo que sí- frunció el ceño.
- Déjame en paz.
- Lo haré en cuanto hablemos.
- No quiero hablar.
- No voy a dejarte tranquila, y lo sabes.
- Ya te cansarás.
- Sabes que no.
- Entonces tráete una almohada y un saco de dormir, porque tienes para rato!- contestó ella, enfadada.
Los dos echaron a correr, interrumpiendo la discusión al ver que el autobús ya había llegado. Consiguieron subir cuando el conductor estaba a punto de cerrar las puertas. Kagome se sentó en el sitio de siempre, aunque esta vez, Inuyasha la siguió y se sentó a su lado, dispuesto a llegar al final del asunto.
- Qué haces?- le preguntó ella bruscamente.
- Sentarme- respondió él con sencillez, mirándola fijamente.
- Precisamente aquí?
- Ya sabes por qué.
Kagome le dedicó una larga cadena de insultos mentales y miró por la ventana, para no verle. Se puso los auriculares del reproductor mp3 y buscó una canción lo suficientemente marchosa como para poder subir el volumen y no oírle. Escuchó durante unos segundos, pero se quedó sin sonido, de forma misteriosa. Frunció el ceño y al mirar, descubrió el motivo de la interrupción: los auriculares seguían colgando de sus oídos, pero estaban solos. Miró a Inuyasha y lo descubrió jugando con el aparato electrónico entre sus dedos, con su habitual sonrisa arrogante: había desenchufado los auriculares del reproductor.
- Inuyasha, te estás pasando de la ralla!- le advirtió, armándose de paciencia.
Cómo respuesta, él posó sus penetrantes ojos ambarinos en ella y le regaló su mejor sonrisa. Kagome sintió que su corazón daba un vuelco y tuvo que mirar hacia otro lado para ocultar su enrojecimiento. Aquello fue un error…
- Bonito chupetón, hermanita- le dijo el joven, triunfante.
Kagome cerró los ojos, deseando que el suelo del autobús se la tragara. Al retirar la cara, su pelo se había movido y la marca morada había quedado a la vista. Como podía tener Inuyasha tan poco tacto?! Cansada del asunto, decidió contestarle:
- A que sí? Me lo hizo un desgraciado que me usó como objeto de satisfacción.
- Eso es lo que piensas?- ahora era él el que estaba furioso.
- Sí, es lo que pienso.
- No tienes ni idea.
- Mira, sabes qué?- preguntó ella, mirándole con firmeza- Haremos una cosa: lo de anoche no pasó, ha quedado claro?
- Quieres olvidarlo?- le preguntó él, frunciendo el entrecejo.
- Sí, quiero olvidarlo!
- Haz lo que quieras, pero yo no haré lo mismo.
- Allá tú, me da igual.
FIN DEL CAP 4!
