IV
The Joker Jack - Mr. Jack Thorekej (II)


La "revelación" repentina en la mente de Harley (revelación, por decirle de algún modo), había alterado su estado pasivo en Arkham; la camisa de fuerza no resultaba ningún impedimento para una mente decidida, y ella había decidido terminar con el intento de rescate por parte de los doctores y la policía. Sus antiguas habilidades de gimnasta habían regresado de la nada; la última vez que un guardia entró en su celda, terminó con los genitales heridos. La semana fue complicada para todos, menos para ella, que no emitía sonido alguno, ni siquiera en la sesión de electroshock de Kolter. Sus ojos azules se tornaron glaciares, su boca era una suave línea que no se curvaba. No intentaba demostrar que estaban equivocados sobre el Joker, no lo defendía, permanecía absolutamente aislada del resto del mundo que la rodeaba. Y creía estar bien con ello.

—Jim, ya deja de trabajar con el caso de esa mujer —susurraba su esposa del otro lado del teléfono.

—Sabes que me encantaría hacer eso… —respondió el comisionado—, pero no puedo, Bárbara. No sé qué está tramando ese monstruo, y cuando me detengo a pensarlo, sea lo sea, es algo que atentará contra esta ciudad, donde viven tú y James… Es un algo que me impide tomarme un día. El tiempo vale oro.

—Supongo que tienes razón —terminó rendida—. En fin, te esperaré a las horas de madrugada, como de costumbre. Mucha suerte, Jim. Te amo.

—Yo también, Bárbara —dijo en voz baja, escuchando el sonido del teléfono de su esposa colgando.

Gordon suspiró agotado. Realmente deseaba poder irse a casa en ese mismo instante y no estar esperando la impredecible llegada de Batman. Por más que no lo exteriorizase, la situación de Harley lo había dejado meditando bastante: ella podía estar diciendo la verdad y no tener idea de nada; era un ser humano como él, era capaz de sentir un dolor tan grande que la obligase a renunciar a aquello en lo que creía fervientemente. Eso podía entenderlo porque él también amaba a otra persona. Y, por otra parte… ella era una criminal como cualquier otro. No debía despertar ninguna duda en él.

—¿Ganas de regresar a casa?

—No tienes idea…

Como de costumbre, su figura oscura, la voz grave, la capa que ondeaba suavemente. Un murciélago parecido a un hombre, o un hombre similar a un murciélago. Batman estaba allí, sin expresión alguna bajo su máscara. Siempre tan tranquilo o aparentándolo demasiado bien.

—Kolter ha hecho tres terapias de electroshock… —empezó—. Obviamente sin mi permiso, pero con el de otra persona que puede dárselo y cuya validez supera a la mía.

—Esto no nos está llevando a ninguna parte, Jim. Pide una visita para Harley…

—No me digas que tú…

—Solo quiero dejar en claro un par de puntos y acabar con este juego. No hemos tenido tiempo de profundizar nuestra búsqueda hacia el objetivo principal. —Se acercó hacia la ventana. Gordon no se molestó en voltearse, sabía que se marcharía sin avisar y sin hacer el menor ruido.

—Espero que todo esto termine —comentó antes de que se fuera.

...

Su apariencia física estaba deteriorada, obra de la depresión y el dinamismo emocional, sumado a las últimas terapias de electroshock, que si bien no la afectaban emocionalmente, su físico pagaba el precio. Sin embargo, no le preocupaba en absoluto; ¿para quién verse bien?, ¿para quién resistir? No esperaba nada de nadie, no esperaba la llegada de su hombre, ni una mano, ni una oportunidad, ni siquiera la muerte. Estaba a la deriva.

Pero no tanto como para no notar un cambio en su psiquiatra.

Sus facciones dejaron de ser suaves, se veían ahora más duras y marcadas. Contenía la sonrisa todo el tiempo, su mirada era fría y predadora… o quizá sólo fuese su imaginación, tampoco importaba mucho. Ese imbécil estaba por estar, no la curaría, y además, creía saberlo todo sobre ella. Algo que odiaba profundamente en las persona.

—¿Cómo ha estado estos días? Lamento lo de la semana anterior… no sé qué me sucedió. —Carraspeó y prosiguió. —Parece, Harley, que usted ha estado muy violenta durante el tiempo que no nos hemos visto.

—Sí, ¿y qué? —contestó agresiva.

—¿Por qué?

—No sé… —suspiró— y no me importa. Nada va a cambiar. —Levantó la mirada, extrañada. —¿Le ha pasado algo en estos días? Está… diferente…

—Oh, no, sólo es el cansancio… este trabajo no es tan sencillo como los internos creen.

—No, es otra cosa. —Rodó los ojos irónicamente. —Pero tampoco me interesa. Yo ya no quiero hablar con nadie... —bajó la cabeza y permaneció callada.

—De todos modos, no entiendo a que se refiere con "diferente"… es decir… oh, no es importante.

Harley lo ignoró e hizo una pedorreta.

Jack frunció el seño, molesto. Intentó hacerla hablar con un par de preguntas bastante extrañas e incoherentes. No tenía sentido, y Halrey estaba segura de que algo en él había cambiado. Si su mente no estuviese indiferente a los detalles, hubiera pensado que ni siquiera era la misma persona con la que habló la semana pasada.

—Escúchame, realmente… quiero ayudarte, pero si no cooperas…

­—A veces, las cosas no son como esperamos… hay un chiste muy bueno que sirve de ejemplo: un tipo entra al hospital ¿sabe?... Su esposa acaba de tener un bebé. Y él, quiere ver a los dos. Cuando ve al doctor le dice: "Oh, Doc, he estado muy preocupado. ¿Cómo están ellos?". El doctor sonríe y responde: "Están bien, su esposa tuvo un hermoso bebé varón y los dos están en forma inmejorable, usted es muy afortunado.", así que el tipo entra a la sala de maternidad con sus flores, pero no hay nadie, la cama de su esposa está vacía. "¿Doc?" pregunta, y voltea, para ver que el doctor y las enfermeras lo señalaban y gritan en la cara: "¡Día de los inocentes! Su esposa murió, y el bebé nació deforme". ¡Hahahaha! Él no esperaba que todo fuese un chiste… y yo, nunca esperé transformarme en lo que soy ahora... A veces, las cosas no son como queremos, Doc.

Rendido, Jack abandonó la sala y ordenó que Harley volviera su celda. Dentro, la mujer se recostó como pudo, puesto que estaba con camisa de fuerza, en la miserable cama. A través de lo que se podría llamar ventana, veía una luz pálida y grisácea, también escuchaba la lluvia caer fuertemente. Seguramente muchas personas tendrían planes para un día soleado y no podría ser.

—Haha…

En cierto modo era divertido; la vida es un chiste, no termina como debería. Se puede perder un hijo, se pueden morir los padres, se puede no vivir eternamente con la persona que se quiere, se puede ser electrocutado. Hay gente a la que le importaba que los demás la pasasen mal… ella, sin embargo, no tenía nadie así. No lo necesitaba.

Realmente se esforzaba en creerlo.

—Hahaha… y yo… pensé que me amaba… ¡Hahaha! ¡Qué imbécil! ¡¡¡Hahahaha!!!

Y unas lágrimas brotaban de sus ojos divertidos.

Pero no podía asegurar que eran lágrimas de risa.

...

—Ahora se encuentra en las duchas —le aclaró Gordón mientras doblaba por el sendero que conducía a las afueras de Gótica—. Diablos, esta lluvia ha durado toda la semana —se quejó—. ¿No pudiste elegir otro momento, verdad?

—Quiero acabar cuanto antes con esto. ¿En una hora estará habilitada la visita?

—Tienes suerte de que sea yo quien la pida. Sólo la policía tiene acceso a repetidas visitas en el Laberinto. —Tomó el teléfono, antes de que se le resbalara. Hablar y conducir era peligroso, pero como andaba solo, no corría riesgo, salvo su propia vida. En cuanto divisó a Batman cerca del punto de encuentro acordado, aminoró la marcha, se detuvo y bajó del vehículo. El caballero oscuro ni siquiera hizo un gesto de saludo, pero no tenía relevancia, sabía que la falta de señales era su forma de comunicarse.

Los dos entraron al asilo; los recibieron con la típica frialdad, indicándoles que en veinte minutos podrían hablar con la interna. Gordon tiró un par de indirectas sobre la terapia no autorizada, pero ninguno de los médicos o guardias respondió, ya sea porque no estaban enterados o porque era orden de Arkham guardar el secreto.

Mientras tanto, Harley era desvestida por una de las mujeres encargadas de las duchas del Laberinto, contaba con diez minutos, ni más ni menos. Entró desganada y se dejó envolver por el agua fría (la caliente era un lujo para quien tenía un comportamiento excelente). En su mente resonaba el chiste que el Joker le había contado aquella vez. No comprendía por qué, ahora que trataba de olvidarlo, volvían sucesivos recuerdos que marcaron su forma de pensar y aceleraron los latidos de su corazón.

Su sed de destrucción, la ironía cruel en sus bromas...

Pero es que una mente tan compleja y retorcida resultaba tan atrayente... Era un mundo totalmente diferente, sin reglas, o con tantas que cambiaban constantemente. Todo daba gracia, pero sin intención, porque nada estaba planeado. Ese era otro error de la policía, el Joker no planea, simplemente hace cosas... ¿era tan complicado? Para ella no, y durante el tiempo que estaban juntos podía estar orgullosa de comprender la teoría del caos, ser un agente de él, junto a alguien que llevaba más experiencia. Gozar de esos pequeños dejes humanos que dejaba escapar cuando hablaba sin parar sobre la vida, y cómo lo había pateado en la cara anteriormente. Ella podía ver al Joker que el mundo no conocía. No, él le permitía verlo, y no porque lo obligase, si no por voluntad propia.

Todo ello daba a creer que la amaba. Allí era donde se enfrentaba a la realidad: quien te ama no te daña. ¿O sí? Hay miles de formas de amar, está la gente hiper-melosa y empalagosa, y el hecho de que alguien no sea así no quiere decir que no quiera. Sin embargo, había una diferencia grande entre ser una persona distante a otra que te daña tanto física como mentalmente, que te usa, que juega.

Se arrancó un par de mechones rubios, mientras se mordía el labio inferior con fuerza. No debía llorar… llorar es para… idiotas.

—Yo soy una, por haber creído…

Cayó de rodillas y apoyó la frente en el suelo. Podía sentir un dolor inmenso, uno que nunca antes había sentido. El dolor de seguir queriendo en contra de lo que su razonamiento indicaba. ¿Para qué servía razonar si algo tan simple como los sentimientos podían llevarle la contra?

—Cinco minutos Quinn, ya tienes visita.

Tic-tac-tic-tac-tic-tac…

—No deben tardar más de cinco minutos —dijo el hombre, guiándolos a ambos a la sala de espera cerca del Laberinto—. Después de los resultados de las sesiones del doctor Thorekej, creo que es imposible sacarle algo esa mujer. Y eso que él es un hombre muy extraño… la primera vez vino tímido y nervioso, la segunda actuaba como si fuese la primera vez. Es más, hasta se disculpó por haber "faltado". Curioso, como si tuviera dos personalidades.

—No me extraña, todos aquí están locos —bromeó Gordon con frialdad. Pero Batman se había detenido.

—¿Dijo dos personalidades?

Tic-tac-tic-tac-tic-tac…

—Si… ¿Por qué lo pregun-?

—¡Shhh! ¿No escuchan alg-?

No tuvo tiempo a terminar, una explosión se hizo escuchar por todo el asilo, seguida de otra un poco más lejos. Batman desapareció en medio del humo, ¿cómo no habían mencionado el cambio de psiquiatra? Y más aun, que había algo extraño en él. Lo último que necesitaba era un escape en masa.

Llegado al lugar de la primera, vio un gran hueco en las paredes que, afortunadamente, conectaban solo dos pasillos, ni una celda dañada. Podía escuchar los alaridos demenciales de los internos excitados, pero también el chillido de una mujer muy cerca de donde había explotado la segunda bomba. No era necesario sumar dos más dos, no era necesario saber que fue en las duchas femeninas. Alguien tenía la intención de llevarse a Halrey de allí.

Corrió hasta el lugar, con cierta dificultad porque aún no conocía del todo esa sección confusa, se guiaba por los sonidos… pero los jadeos de alguien lo distrajeron: ahí estaba, sonriendo como un enfermo. No pudo evitar abalanzarse sobre él, frotar su mano con brutalidad sobre su rostro para borrar el maquillaje color piel de la verdadera cara blanca y macabra… ese médico de falso título… ¿cómo no se les ocurrió antes? Doctor Thorekej… es obvio que era un anagrama de "The Joker"; ni que fuesen idiotas, ni que tuviesen una preparación universitaria para que esos detalles no les pasasen frente a la nariz.

—¡¿Dios mío, Batman?! ¿Qué estás haciendo aquí? —gritó el hombre espantando.

No… el primer psiquiatra, el menos inesperado, ese era él… porque justamente todos esperaban lo opuesto. Y él no tenía planes, simplemente hacías cosas.

...

Tal era el ruido, que Harley no llegó a notar, en tan solo una fracción de segundo, que una mano fría la había sujetado mientras la otra se metía en el bolsillo de unos pantalones oscuros, sacando dos pequeñas granadas, destruyendo las paredes del cuarto de duchas, que daban al jardín trasero del asilo. La tironeó y llevó hacia afuera.

Pero antes de permitir que corriese a su lado desnuda, colocó un abrigo violeta sobre su cuerpo empapado.


La broma que dice Harley, fue sacada del comic "Arkham Aslum" o conocido también como "Asilo Arkham: Una casa seria en una tierra seria", bastante buena, yo la recomiendo. La verdad que me había impactado mucho, así que decidí usarla en este fic.