Lo que está expuesto en el siguiente capítulo es de mi imaginación en la gran mayoría, algunas cosas, ciertos detalles son tomados de la religión Budista; lo hago con mucho respeto.

La canción recomendada para ambientar el capítulo

Within Temptation – Memories

¡DISFRUTENLO!


Capítulo 3

MEMORIAS

Esme's POV

Desde el momento de tu concepción se remarca tu destino, ese que no puedes cambiar. Puedes hacer lo que sea con tu futuro, pero el destino ya está marcado.

En el instante en el que un ser es concebido, el alma penetra en el; durante la gestación se van borrando paulatinamente los sucesos vividos en tu vida anterior y en el mundo etéreo.

El alma trasciende, el mundo terrenal es un ciclo del alma; el cómo y el dónde vamos a renacer, viene generalmente determinado por fuerzas Kármicas.

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Mi vida en la tierra ya había concluido; lo supe en el momento en que empecé a rememorar absolutamente todas mis vidas anteriores. No fueron una, ni dos, ni siquiera cien o doscientas; fueron infinidad de vidas casi desde el principio de los tiempos. Fue increíble recordar cada cosa, recordar a las personas que pasaron y formaron parte importante de mi paso terrenal: familia, amigos. Y en este viaje por los tiempos nos volvíamos a cruzar de una u otra manera.

Pero el ciclo de vida de mi amado Carlisle, aún no terminaba, y fui condenada a permanecer en la eternidad hasta que él se reuniera conmigo, sin tener noción del tiempo que tuviera que esperar.

Lo conocí alrededor del siglo VII a.C., en un pequeño puerto llamado Esmirna, en Turquía. Yo era una jovencita de catorce años, cuando un hermoso hombre de unos dieciocho años, con cabello dorado y ojos azules hipnóticos, se apareció junto a su padre a la puerta de mi casa. Desde ese momento supe que él era para mí, y él también lo supo. Nuestros padres acordaron casarnos cuando yo cumpliera la edad de dieciséis años, y durante ese tiempo, él se fue con su padre. Pasados dos años, regresó, y la gran boda se llevó a cabo. Al principio era extraño, la etapa de conocimiento fue dura; Muchas veces yo no estaba de acuerdo en cómo él manejaba los negocios que me había heredado papá al morir.

Un día lo escuché discutir con uno de sus empleados, y me enteré de una noticia que me desilusionó por completo. Él era uno de los colonos de Colofón; los usurpadores de los que mi padre siempre me había hablado. Estaban intentando entrar en nuestro pueblo para conquistarlo y alcanzar sus intereses económicos y políticos. Entraban despiadadamente a invadir las casas, violaban a las mujeres y mataban a los niños inocentes; por supuesto a mi casa nunca llegaron así, eso lo hacían con las personas que vivían en el sector más marginado del pueblo. Nuestra casa formó parte de la nueva estrategia: infiltrarse para combatir desde el interior.

Discutíamos fuertemente, lo amaba con toda mi alma, pero era algo que iba en contra de mis principios y mi crianza. Él siempre defendía sus intereses y los de su padre, lo cual chocaba contra mi impotencia de querer defender a mi pueblo de las atrocidades.

Mi tonto corazón lo perdonó ante la promesa de que iba a cambiar, pero nunca lo hizo.

Tuvimos un hijo, al cual cuidé desde que nos abandonó a nuestra suerte durante diez años. Mi bebé de seis años murió de inanición, y casi muero junto con él, no solo de hambre, sino por el sufrimiento de mi perdida. Nadie puede describir lo que es perder a un hijo. La única sirvienta que nos acompañó en ese tiempo, hacía hasta lo imposible para poder salir en busca de alimentos, dividiéndose entre cuidarme y buscar sustento para las dos, en medio de la guerra que se libraba.

Llegó un día hasta mí, con la noticia de que habían conquistado por fin el puerto, y lo habían convertido en ciudad-estado, después de constantes batallas.

No quería ni imaginarme lo que habían hecho para lograrlo. Carlisle cambió totalmente cuando se enteró que nuestro hijo había muerto, si se puede considerar un cambio el ser más distante conmigo. Me culpaba constantemente de la muerte del niño, y mi corazón se quebraba cada vez en más pedazos. Quise morir para ir al lado de mi bebé, cuidarlo y pedirle perdón por no haber hecho lo suficiente por él. Llegué a sentir toda la culpa recaer en mí. Rogué tantas veces como pude a los dioses por una salvación.

Un día llegó un viajero que venía de Oriente, pidió asilo en nuestra casa, las guerras seguían, pero el señor nos inspiró confianza. Una noche durante la cena, habló con nosotros:

—El cuerpo es solo una vasija en la que se le permite al alma tomar forma. El cuerpo es mundano, pero el alma es eterna. Esme, Carlisle —nos miró con serenidad, mientras sostenía una copa de vino entre sus largos dedos—, sus almas están destinadas a estar juntas y fundirse como una sola en la eternidad. Se mira en sus ojos el inmenso amor que se tienen, han cometido muchos errores, tú, Carlisle, tienes errores grandes sobre tu espalda —suspiró, dejando la copa sobre la mesa—.Si quieren estar juntos para siempre, tienen que empezar a limpiar su interior.

No sé qué fue lo que detonó en el interior de él, pero desde ese momento, Carlisle fue un ser más recto. Abandonamos Turquía y nos mudamos a Francia.

Divagué por tantos años —que me parecieron una eternidad—, buscándolo. Pero no lo encontraba. Cuando me enteré del porqué, no tuve reparos en hacer hasta lo imposible por volver junto a él. Reencarné sin ser permitido en el cuerpo de una niña que iba a nacer en el seno de una familia humilde, pero muy trabajadora: los Masen. Aunque durante un tiempo estuve cegada —por así decirlo—, cuando cumplí los catorce años tuve un sueño en el que todo se aclaró.

Nunca me habían dicho —pero cómo me iban a decir, sí había desobedecido las leyes— que cuando un alma cumple su misión, llega una edad en la que se acuerda de todo; solo las almas que aún no cumplen su misión se olvidan de todo en su vida terrenal e incorpórea. Tuve mi castigo, tuve mi cruel castigo por haber desobedecido; fueron 8 años terrenales, dolorosos e insoportables, 96 meses en los que tenía que mostrar fortaleza ante mi hijo, tenía que infundirle valor, pero no me sentía capaz de seguir. Las lágrimas acumuladas diariamente, salían sin reparos por las noches frente a la ventana, gritando en silencio que se acabara esta tortura. Quería seguir adelante por mi hijo, pero no soportaba un momento más sin Carlisle. Lo amé, esperé, sufrí y me sumí en profundos lagos oscuros hasta el día en el que cerré mis ojos y por fin pude sentir mi mano estrecharse con la de él.

Bella's POV:

—Alice, no puedo más —dije, llorando desconsolada en sus brazos.

—Shh, mi niña. Ya pasará, ya pasará _ me consolaba

—Estaba tan hermoso, Ali, tan hermoso. Quise correr cuando lo sentí, correr a sus brazos, deslizarme sobre su piel, sentir sus labios cálidos —lo recordaba con tanta claridad—, pero ahí estaba esa mujer —lo dije con tanta rabia que, un gruñido salió de mi pecho y Alice pegó un brinco antes de volver a abrazarme—. Ahí estaba ella, tan real, tomándolo de la mano. No pude dejar de enfurecerme, no quería que lo tocara. Es mío, Ali, mío —lo dije con posesión—. Pero —me entristecí de nuevo y arranqué a llorar—, yo no puedo ni tocarlo.

Alice suspiró profundo, y sin decir nada, siguió pasando la mano por mi espalda.

Hace cinco años que lo vi por primera vez; bueno, lo encontré nuevamente sí, así era una mejor forma de decirlo. Desde ese momento no pude dejar de buscar cualquier pretexto para verlo. Me posaba sobre la copa de un árbol a contemplar su bello rostro, sus ojos profundos tan azules, su cabello cobrizo era mi perdición, me tentaba cuando salía de su casa. Quería deslizarme en medio de su pelo y besarle la comisura de los labios, el contorno de su cuello, pero no podía, como me había dicho mi padre, debía de esperar el momento oportuno.

Estaba tan ajeno a lo que me pasaba, pero al mismo tiempo gran conocedor de la verdad.

Casi no salía de su casa, y yo había escuchado como charlaba con alguien en el interior de ella. Un día salió tomado de la mano de una mujer, me dio celos por como la trataba: le sonreía, y a mí ni siquiera me notaba. Esa mujer era hermosa. Su cabello caramelo, ojos azules, un rostro angelical, pero parecía estar desmejorada. A pesar de su hermosura, se la notaba decaída y pálida.

Me enteré que esa mujer era su madre.

Me preocupé por ella, por él, que debía estar destrozado. Lo miraba muy pensativo, cabizbajo, muy triste. Cuando salía a sus paseos nocturnos alrededor de la casa, quería meterme en su cabeza y alejar de él todas las ideas malas. Meterme en su interior y limpiar todo rastro de dolor que habitara en su alma, pero solo tenía que estar ahí, de simple espectadora.

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Un día me decidí a desobedecer una regla, una de tantas. No podía aceptar estar mucho más sin él. Me adentré en sus sueños y lo guié hasta mi lugar preferido en el bosque; yo lo esperaba ahí. Su suave aroma dulce, embriagante, inundó mis fosas nasales y todo mi cuerpo, cuando el entró de lleno en el prado. El viento —bendito sea— trajo hasta mí su esencia. Aún tenía mis piernas en el lago, que nada podía hacerme, era solo una rica sensación, el sentir cómo el agua rozaba tu piel sin mojarte. Alcé mi cara y lo mire de frente por primera vez en tanto tiempo, él me notaba y al parecer no me recordaba, aunque eso dejó de tener importancia en ese instante, Solo su mirada cautivadora, sus ojos esmeraldas, me infundían paz.

¿Me concede esta pieza, bella dama? preguntó, acercándose sigilosa y muy confianzudamente tras de mí. Me quedé paralizada: esa voz, ese olor, su presencia… Me volteé con cuidado y lentamente; ahí estaba ese chico hermoso de rostro como los dioses, cabello broncíneo sumamente hermoso, ojos penetrantes y labios perfectos, pero mis principios me decían que no era correcto sucumbir ante sus encantos.

Lo miré ceñuda.

—¿Quién es usted? pregunté secamente, con mi mentón en alto, como toda una dama, la dama que se suponía que debía ser. Me miró con un brillo indescriptible en los ojos y me sonrió de lado contra esa sonrisa y sus labios enmarcando su hermosa dentadura, no pude hacer nada. Me enamoré perdidamente.

Soy Edward sonrió—. Edward Cullen besó el dorso de mi mano.

Recordé ese momento como si hubiera sido ayer. Sonreí al perderme en su mirada, y cuando me devolvió la sonrisa, fue algo mágico e indescriptible: "siempre sería como la primera vez".

—Por fin —murmuré, soltando todo el aire acumulado durante tanto tiempo. Me puse en pie rápidamente y me acerqué con lentitud. Era increíble el poder que tenía sobre mí, me controlaba con solo respirar. Seguí con cuidado, lo menos que quería ahora era asustarlo o exaltarlo, eso sería un grave error, pero por el contrario, su expresión era de confusión y extrañeza.

— ¿Por qué has tardado tanto?, ¿acaso el viento mal me ha pagado al no hacerte llegar mi mensaje? —dije, cuando ya estaba a pocos pasos de él.

—Perdóneme, amada mía —respondió, su voz perfecta —tal y como la recordaba—, arremetió como pétalos en mis oídos. No podía de la ternura y del amor, él siempre tan caballeroso. Sonreí ante los recuerdos que se agolpaban en mi mente, tantas noches cuando con simples gestos adornaba mi mundo, y pequeños detalles hacían la maravilla.

Este era mi turno de ser cauta, siempre fue amoroso y cuidadoso conmigo.

—No te asustes —hablé suavemente—. Sé que tal vez soy muy egoísta, pero te necesitaba pronto, no pude esperar más —la última frase se escuchó de manera desesperada, casi de manera suplicante y torturada. La había pasado muy mal sin él, cada segundo era como un latigazo, cada minuto una puñalada más contra mi corazón. Sin él, no encontraba paz.

Me mordí el labio, síntoma de mi gran nerviosismo y para contener las gruesas lagrimas que se agolpaban más y más en mis parpados. Agaché mi cabeza y las deje caer libres; la calidez y la frialdad de esas gotas amargas quemaban mi piel. No me di cuenta del momento en el que sus brazos me tomaron entre ellos, su calidez me envolvía y me reconfortaba.

Mi boca empezó a emitir todo lo que sentía, ya sabía yo que cuando lo tuviera en frente, no iba a poder contenerme.

—Te necesitaba tanto —hipé contra su pecho—, necesitaba tanto tu calor —me estreché aún más, levante mi cabeza—, necesito tus besos —dije sin más. Él pareció comprenderlo, porque se acercó lentamente y atrapó mis labios entre los suyos. Al principio nos quedamos estáticos, sintiéndonos, pero después, los músculos solos empezaron a contonearse juntos y sincronizados, nuestras lenguas se volvían a unir y se exploraban, reconociéndose al instante.

No tenía más tiempo, suspiré, y ya no lo sentí cálido y perfecto contra mi cuerpo, solo sentí las mantas de mi cama entre mis piernas.

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No me sentí capaz de abrir mis ojos, Alice aún estaba cerca, la podía sentir. Las lágrimas tenían cabida aún entre mis parpados, y corrieron sin ningún impedimento por mis mejillas. No sabía cuánto tiempo tendría que vivir con solo recuerdos.


BR Ariana Mendoza

Gracias mi preciosa por ayudarme. Te amito.

Como dije anteriormente, es muy difícil meterse de lleno en el tema que quiero tratar sobre la reencarnación, y sobre las cuestiones de la vida y la muerte, es algo en lo que de cierta manera yo creo. Sin embargo no todo es verdadero.

Repito, lo hago con mucho respeto

Y bien ahora si :D que les pareció, que opinan; que creen que pasara

MIL GRACIAS por leer esta historia, gracias por los revew los amo me motiva a seguir escribiendo :D gracias también a los favoritos y las alertas, anímense a dejarme su opinión es de verdad muy importante

Nos leemos pronto

Beijos

Merce