Aclaraciones:

Narración.

Diálogo —

Pensamientos —

Advertencias:

OoC en los personajes.

OC's.

Situaciones sexuales implícitas-explícitas, lenguaje inapropiado.

Personajes: Neji | Sakura.

Género: Romance.

Clasificación: T | M.


Capítulo 4.

Totalmente acorralados.

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Las ideologías nos separan, los sueños y la angustia nos unen.


No le gustaban las presiones ni las prisas, pero realmente se sentía urgido.

El deseo apremiaba, de la misma forma que los gemidos de su esposa al besar su cuello, presionar sus pechos y rozarse intencionalmente contra su sexo. Beso sus labios, lento y apasionado, la pelirosa sintió como bullía la sangre cual lava ardiente por su cuerpo.

Las manos de Neji paseaban por su cuerpo otorgándole ardientes caricias, deteniéndose en sus puntos sensibles. Sobre todo en aquel pequeño botón, al frotarlo le generó una deliciosa descarga eléctrica que le creó un espasmo ligero.

El castaño dedicó especial cuidado a su clítoris, lo masajeaba lentamente creándole una terrible desesperación y ansia a la Haruno, que lo hizo de manifiesto mediante un gimoteo. Su esposo esbozó una casi imperceptible sonrisa, ella lo miró con los ojos entrecerrados, irritada por el deliberado poder que tenía sobre ella y su cuerpo en ese momento.

Así que él, en un movimiento rápido y alucinante terminó de deshacerse de las prendas que le restaban, lo cual constaba en su ropa interior. Sakura, curiosa, contempló su órgano sexual en todo su divino esplendor. Una punzada temerosa se alojó en su cuerpo y se preguntó a sí misma, ¿Cómo algo de ese tamaño entró en su cuerpo?

Sonrojada, observó a su esposo trazar una ligera sonrisa, fugaz pero arrogante. Lo que le hizo fruncir el ceño disgustada, más no le duro mucho tiempo el enfado, el peso del cuerpo del castaño la hizo volver a la realidad. Sus manos fuertes y callosas separaban sus piernas gentilmente, obteniendo el espacio suficiente para acomodarse entre ellas.

Gimió alto cuando ambos sexos se rozaron, él gruñó apretando los dientes y la mandíbula. Se contenía, podía verlo en sus facciones al endurecerse, trataba de mantener la cordura y no desatarse al punto de que podría lastimarla.

¡Pero rayos…! Le era sumamente difícil, la tenía ahí, sumisa y dispuesta para él. Húmeda, preparada para recibirlo. Y él solamente quería hundirse en ella, una y otra y otra vez hasta que los venciera el cansancio.

En ese caótico momento, se dio cuenta de que Sakura se convirtió en una especie de droga, una que no quería dejar y no estaba dispuesto a hacerlo. Sin embargo, volviendo al presente, abrió los ojos. Los mantuvo cerrados mientras se controlaba, respiraba profundo y retenía el aire ahí, en sus pulmones, esperando así controlar el impulso de embestirla de una sola estocada.

Si bien era cierto que no era la primera vez que lo hacían, no quería lastimarla. Enfocó sus perlas con sus piedras jade, dilatados y con esa mirada cargada de deseo. Ardiente como su cuerpo…

Rozó su miembro de nuevo, Sakura se arqueó y chocó sus senos contra su duro pecho. Posesionándose en su entrada, empezó a penetrarla de forma parsimoniosa, tortuosa y excitante al mismo tiempo.

La pelirosa gimoteó y jadeó cuando se sintió colmado por su duro y palpitante miembro, él reprimió un gruñido lleno de satisfacción. Sus paredes abrazaron su erección con calidez y se retuvo, o estaba seguro que se correría ahí mismo.

Un tiempo, unos segundos, minutos, no lo sabía. Solo que cuando comenzó el movimiento y su cadera buscó el roce sus sentidos se nublaron, la llenó de besos y caricias urgentes, posesivas. Le marcó el cuello, ella el hombro.

Sí, debía admitir que estaba perdiendo el control, la urgencia de hundirse en ella lo carcomía y Sakura se lo hizo saber, le hizo entender que no era el único con aquella urgencia. Ella también, su sangre quemaba, la temperatura de la habitación subió unos tantos grados pero la de sus cuerpos abrasaba en una ardiente flama.

Neji la penetró con premura y delicadeza, la pelirosa hizo un pequeño gesto incómodo pero fue solo eso, la molestia de ser invadida repentinamente. Más no el mismo dolor de la primera vez, no, todo lo contrario. Sentirse colmada por su miembro dentro suyo era más de lo que podía recordar, podía sentirlo hundirse levemente, tan suave que parecía torturarla con sus embestidas.

Ne-Neji… — gimió quedo al oído.

El castaño se estremeció, su voz sonaba erótica e incitante, dio una embestida fuerte y ella emitió un grito sorpresivo, pero no doloroso. Y lo supo cuando la escuchó gemir de nuevo y pedirle que lo hiciera nuevamente.

Sakura enredó las piernas alrededor de su cintura, permitiéndole penetraciones más profundas, más fuertes y ligeras. Pronto llegarían al orgasmo, pronto tocarían el cielo con sus manos o por lo menos, se le acercarían.

Pronto sus paredes vaginales se estrecharon alrededor de su miembro, abrazándolo con una fuerza extraordinaria. Sakura emitió un ahogado gemido, aun temiendo ser demasiado escandalosa como para despertar a todo ser que habitaba la mansión. Presionó sus piernas y enterró las uñas en la espalda de su esposo, mientras que éste únicamente soltó un ronco y gutural gruñido desde el fondo de su pecho.

Sus respiraciones eran agitadas, sus corazones latían desbocados y pronto sintieron el agotamiento. El castaño se sostenía con sus brazos tratando de equilibrar su peso, separándose un poco del cuello de la pelirosa la observó con el rostro sonrojado, la boca abierta exhalando aire para compensar su cansancio y los ojos entrecerrados. Lucía cansada, pero él esbozó una diminuta sonrisa de orgullo.

¿A qué hombre no le gustaba ver a su mujer en tal estado de cansancio?

A cualquiera, y él no era la excepción a la regla. Respiró profundo y con mucho cuidado se retiró de su interior, la escuchó quejarse al retirarse de su cuerpo y temblar levemente.

Sin embargo, él no planeaba irse lejos, simple y sencillamente se alejó para acobijarse bajo las sábanas. La haló cuidadosamente y ella rápidamente se acomodó entre sus brazos, posando la cabeza sobre su duro pecho.

Neji cerró los ojos, también se sentía agotado. No tardó mucho para que él también se quedara dormido.

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Habían pasado dos semanas desde aquel atrevimiento, el siguiente día que despertó en la mañana, para su desilusión no se encontró a Neji acompañándola.

Lo único que se encontró fue una nota, donde decía que fue requerido para una misión de espionaje. Se sintió dolida, pero también angustiada… Temía que algo le pasara, no supo porque razón ese pensamiento le taladraba la cabeza y le originaba un hoyo en el estómago. De solamente pensar que algo podía pasarle…

No, vamos Sakura, él es un excelente ninja. Nada le pasará. — se dijo a sí misma en voz alta.

Agitó su cabeza con vehemencia, nada podía pasarle, solo era una misión de espionaje, ¿Qué podía pasarle? No podía pasarle nada ¿verdad?

Angustiada de sus propios pensamientos e ideas, decidió continuar con aquel tejido. Aunque si lo veía bien, más parecía una red de pescador que una bufanda.

Chasqueó la lengua molesta.

Será mejor que me busque otro pasatiempo.

Murmuró, era su día libre y no tenía otra cosa que hacer más que perder el tiempo en esa gran casa. Todo lo hacían los sirvientes, ella poco podía hacer por sí misma para entretenerse y ni hablar con ellos era posible. Tenían tantas ocupaciones que no quería entorpecerles el trabajo.

Soltó otro suspiro, tiró el tejido en aquella caja metálica junto con las dos agujas.

Sakura. — resonó la fuerte voz de Hiashi en la sala sobresaltándola.

Al verlo parado en medio del lugar se levantó como movida por un resorte.

Hiashi-sama. — saludó en voz baja y con una reverencia respetuosa.

Se enderezó y lo observó, Hiashi se parecía tanto a su esposo… Aunque en el fondo fuese más frío y ruin. Algo en su interior se removió, su mirada azotadora y dura le daban un mal presentimiento.

Siéntate.

La orden le molestó, pero no le quedó de otra más que obedecer.

¿En qué puedo ayudarle, Hiashi-sama?

El castaño líder del Souke la miró largamente y con una especie de desprecio bailándole en su iris perlada.

Por lo visto para nada. — soltó fuertemente.

La pelirosa no entendió y demostró sorpresa en su rostro.

¿Disculpe?

Ha pasado un mes y aun no tenemos noticias. — dijo él, la pelirosa supo instantáneamente a que se refería y desvió los ojos acusándose a sí misma.

Es demasiado pronto. — murmuró.

No lo es. — replicó tajante el Hyūga mayor, su tono sonaba irritado y sus ojos duros la observaban con la acusación bailando en ellos —. Quiero noticias pronto o buscaremos una solución alternativa.

Eso la alertó, elevó rápidamente el rostro y lo miró con sorpresa temerosa.

¡¿Qué?!

Como lo oíste, buscaremos a una madre sustituta si no me dan noticias de un heredero pronto. — sentenció fuerte y con la promesa de cumplir su mandato.

¡No, usted no puede hacer eso!

Sakura elevó el tono y se levantó como movida por una fuerza desconocida, segundos después, al notar la reprehensión y molestia en los ojos de Hiashi se dio cuenta de que estaba faltándole al respeto al líder del Souke.

¿Pero qué? ¡A la mierda con el respeto!

Usted no puede…

Si puedo y lo haré si es necesario, ¡ahora siéntate! — ordenó perdiendo la paciencia el hombre mayor.

Eso la intimidó, pasó de estar cabreada a una gata sumisa siguiendo una orden. Sonrojada y con la mirada desviada obedeció, retorcía sus manos en su regazo inconforme y con el enojo creciendo en su interior.

Te daré dos meses más. — habló de nuevo Hiashi —. Si en ese tiempo no tenemos noticias de un heredero se hará lo que yo diga.

La pelirosa tembló, de rabia y de miedo. Lo miró, intentando componer la mueca de dolor y tratando de no derramar lágrimas.

Pe-Pero…

Ese es el plazo. Y no permito réplicas.

En momentos su rostro impasible pasó a la molestia por la renuencia de la Haruno, su terquedad le minaba su paciencia.

Si no…

Hiashi.

Una tercera voz se hizo eco en el lugar, una voz femenina y férrea. Sakura elevó la mirada inmediatamente al reconocerla, se trataba de Natsumi.

Déjala en paz. — seria e impávida.

Su rostro neutro, pero su mirada lucía un brillo indiscutible de molestia. Para sorpresa de la pelirosa, Hiashi se puso de pie rápidamente y volteó hacia la hermosa mujer de su sensei. Y aunque su postura fuese impasible, creyó verle una mueca de pánico en conjunción con el asombro, para pasar al fastidio.

Buenas tardes… Hime-sama. — reverenció respetuosamente el Hyūga líder del Souke.

Sueles tener la mala costumbre de atacar a los débiles cuando los ves desprotegidos, debí suponerlo.

Tersó la Hatake con la mirada afilada, Hiashi también lo hizo y la contempló sopesando sus palabras. Pensando lo mejor para responder, más se quedó callado y no dijo nada. No quería decir más de la cuenta y revelar lo que no debía ser revelado.

Creo que está malinterpretándolo, Natsumi-san.

Para Sakura no pasó desapercibido el cambio, él acababa de tener un desliz y ella lo notó. A lo mejor eso les ayudaría en algo…

De todos modos, ya me retiraba. — añadió de forma de lo más natural, seguido se giró hacia Sakura y ésta se sobresaltó —. Dos meses. — le recordó, lo que la hizo estremecerse del miedo.

Adiós, Hiashi. — se despidió gentilmente la Hatake.

Dícese gentilmente en el lenguaje de los Hatake, corriéndolo con la voz y la mirada, y por si se negaba; lo hacía de forma manual y muy personal.

El castaño se retiró y la pelirosa por fin pudo respirar, había retenido el aire desde que vio como Natsumi e Hiashi hablaban de forma familiar, le llamó la atención y le generó muchas preguntas.

¿Sakura, estás bien?

La voz de la esposa de su sensei le llegó lejana, al notarla, observó su rostro preocupado. Seguramente estaba pálida, del miedo, de la incertidumbre y de la angustia.

Asintió, trató de recuperar la compostura pero le fue bastante complicado.

¿Qué fue lo que te dijo? — preguntó suavemente.

La Haruno no sabía si debía hablar, si debía involucrar a más gente en ese problema cuando solo les concernía a ellos y nadie más.

Agitó su cabeza, despejó su mente y fingió una sonrisa despreocupada.

Nada de importancia. — contestó.

Natsumi la miró con los ojos entrecerrados.

¿Segura? — la pelirosa afirmó no estando segura.

Pero no titubeó, únicamente bajó la mirada y sopesó lo que acababa de pasar, frunció el ceño y una pregunta se le atoró en la garganta. ¿Debía o no hacerla?

A lo mejor obtenía información beneficiosa. O le daban un revés.

Bien o mal, la haría, nada perdía aparte de la saliva gastada para hacerla.

Natsumi-san… — llamó cautelosamente, la esposa de Kakashi la miró y tomó asiento frente a ella esperando que continuara — ¿De dónde conoces a Hiashi-sama?

Dudó por un instante pero al final lo hizo, ya estaba hecho, su interrogante fue emitida y a la espera de lo que la esposa de su sensei tuviera que decirle. Estaba dispuesta a aguantar un regaño por metiche de ser posible.

De dónde no puedo decirte. — habló finalmente Natsumi, la respuesta la desilusionó y le hizo bajar la mirada decepcionada —. Pero puedo decirte que mis padres y ancestros conocen al Clan Hyūga. Se podría decir que estamos ligados de alguna manera.

Eso le hizo elevar el rostro, Natsumi le sonría dulcemente mientras cerraba los ojos en un gesto amable e inocente. Aunque su respuesta era vaga, le generaba una especie de cosquilla y misterio.

¿De dónde podrían conocerse la familia de la esposa de su sensei y el Clan Hyūga?

¡Oh, por cierto! Venía a avisarte que pronto serán los festejos en la aldea y necesitaremos de mucha ayuda, espero puedas colaborarnos.

La pelirosa parpadeó varias veces ante el repentino cambio de tema, enseguida sonrió complacida. Esa sería una buena excusa para salir de su encierro, y estaba segura que el Souke no se opondría a lo que tuviera que ver con asuntos de la aldea. Aun así fuera un miserable festival.

¡Claro! Cuenta conmigo, Natsumi-san. — reverenció con una sonrisa, que la mujer no le molestó responder.

Pasaron un rato más hablando de cosas triviales, como lo que harían y los preparativos para las festividades de la aldea y los puestos. A Sakura le entusiasmaba mucho. Siempre fue amante de esas cosas, fiestas y festivales de celebración, bailes de conmemoración, etc.

Bien, yo me retiro Sakura. Seguro Kakashi ya debe estar exhausto con Ichiro. — soltó una risita divertida.

Dejar a su esposo a cargo de su primogénito era toda una odisea, él siempre se escudaba en que era un pequeño demonio difícil de controlar. Aunque claro, al final aceptaba gustoso el trabajo. Y cuando llegaba los encontraba de lo más acomodados en el sofá, exhaustos y dormidos.

Gracias por tomarme en cuenta, Natsumi-san. — le dijo infinitamente agradecida.

La Hatake negó con la cabeza y le sonrió.

No hay nada que agradecer. — le dio un beso en la mejilla y se dispuso a encaminarse a la salida, pero se detuvo a medio camino y dio media vuelta hacia ella.

Sakura, extrañada se quedó mirando, su rostro lucía pensativo y su iris distante. Como pensando las palabras adecuadas que iba a decir.

Luego la observó, sus ojos clavados en ella, serios y firmes.

Busca entre libros y pergaminos, las mejores reglas están escritas y ocultas entre lo obvio. No te quedes solo con lo que te demandan, busca tu propia salida. — articuló neutra, la Haruno abrió los ojos asombrada y extrañada al mismo tiempo —. Estoy segura de que encontrarás algo que te marque la salida, cuando eso suceda… — pausó y le sonrió enigmática, con un raro brillo en su iris rojizo —… Búscame, te daré lo que falta para que te sostengas. — concluyó —. Nos vemos.

Se despidió y salió de la habitación antes de que ella pudiera emitir palabra alguna. Pasmada y sin palabras, así se quedó mirando el lugar que hasta hace unos minutos ocupaba Natsumi.

¿Qué le habrá querido decir? ¿A qué se refería?

No lo sabía, pero si había algo que conocía… Que tomaría su consejo, a lo mejor eso los libraría de la reciente amenaza de Hiashi.

Pronto y de forma exagerada corrió hacia la biblioteca, algo debía encontrar, algo debía ayudar…

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Tomó la botella de sake, quitó el tapón y pronto vertió el líquido en el pequeño vaso de cristal.

No pudo darle un sorbo al trago cuando una presencia se exteriorizó en su despacho.

¿Es qué acaso no sabes usar las puertas? — preguntó con voz raposa y fastidiada.

¿Quieres que los demás empiecen a indagar? — contraatacó una aguda voz femenina.

El hombre solo la miró a través del cristal del vaso mientras le daba un trago a la bebida, pronto sintió el líquido quemándole la garganta en un placentero atisbo de vitalidad que le recorrió las venas.

¿Qué es lo que quieres?

La pregunta fue hecha con tono desganado e irritado, la presencia de ella en su lugar de descanso no era lo que más le gustaba. De hecho, su aparición no le agradaba en ningún sentido.

La fémina sonrió sardónica, verlo en ese estado de inapetencia le era totalmente divertido. Era lo menos que se merecía, sin embargo, no se podía permitir tales sentimientos.

Así que recompuso su mueca de seriedad y solemnidad.

Ya sabes por qué razón estoy aquí, Hiashi. No es como que me agrade estarte fastidiando, pero quiero recordarte que tanto tú como tu amado consejo del Souke están en mis manos. Y puedo acabar con todos tan rápido que ni siquiera sabrán por dónde les llegó el golpe, ¿entiendes?

El castaño regresó la mirada hacia la serena mujer que lo miraba seriamente, ella no jugaba, ellos no jugaban. Él lo sabía, su Clan lo sabía y tomar sus advertencias no solo era algo de temer, era lo más sabio que podían hacer.

No serías capaz…

Su voz sonó firme, pero por dentro dudó en su propia réplica. Sin embargo, él no era hombre que se doblegara ante una mujer, aun así ésta tuviera la sartén por el mango. Daría pelea.

¿Quieres probarme?

Esa era una latente amenaza, delicada y calmada, pero no por eso dejaba de ser una clara advertencia.

Tu consejo y el de esta aldea están a mi merced, Hiashi. — evocó severamente —. No me provoquen…, porque no tienen idea de lo que puede desatar mi ira. — continúo —. Tanto que ni Naruto con máxima evocación de poder podrá detenerme. Así que no tomes mis palabras a la ligera.

¿Y qué quieres que haga yo, que me quede de brazos cruzados?

Molestó azotó la mano contra el escritorio, ella ni se inmutó.

Es lo que deberías hacer. — respondió rotunda y con la mirada fija en él — ¿O ya se te olvidó todo el daño que has causado en el pasado? ¿Lo que ha hecho tu ambición por tu puesto como líder del Souke? ¿Se te olvida Hiashi?

El hombre dio dos pasos atrás, desvió la mirada adolorida por los recuerdos. Su hermano, Neji…

¿Por qué tienes que recordármelo?

En voz baja le cuestionó pero no la miró.

Para que recuerdes cuál es tu lugar y dejes de fastidiar.

Un momento de silencio, un sosiego incómodo y un aura negativa. La escuchó dar dos pasos girándose dispuesta a irse de ahí.

Sabes que no puedo hacerlo… — articuló él bajo, ésta solamente medio giró su cabeza para mirarlo por encima de su hombro.

Estoy cansada de tus excusas, mi advertencia está hecha y seguirá en pie. — le dijo únicamente —. De igual forma, ese sello será removido la rama secundaria, Hiashi. No tenían el derecho de enjaularlos en algo tan cruel y tener ustedes todo el control.

No tienes como refutarnos. — se exaltó.

Pero la mujer solamente le sonrió de forma enigmática, lo que le contestó esa frase. Era obvio que no la tenía pero la encontraría, y ahí si nadie podría hacer nada… Estarían en una posición que venían evitando desde hacía años.

La disolución del sello del pájaro enjaulado. Lo que convertiría a la rama del Bouke en algo mucho más fuerte que la rama primaria, mucho más y debido a una sola persona…

Estás advertido, Hiashi.

Y antes de que él pudiera decir algo más, el báculo que portaba dio un golpe en el suelo y ella desapareció. Dejándolo con el temor e incertidumbre.

Si eso sucedía, sus hijas serían las más perjudicadas… Y posiblemente, las únicas marcadas…

Se dejó caer en la silla sosteniéndose la cabeza, si tan solo no le hubiera hecho eso a su hermano, si tan solo…

Ya no había vuelta atrás, no podía ceder pero podía evitar que sus hijas fueran las que pagaran sus errores.

Hotaru, llama a Hinata y a Hanabi. Necesito hablar con ellas. — se dirigió al hombre que acababa de entrar por la puerta de su despacho.

El hombre asintió y reverenció atentamente, enseguida se retiró.

No, sus hijas no pagarían por su culpa.


Notas:

Algo breve, mil disculpas por tardar en la actualización, espero sea de su agrado. El lemmon fue ligero nada gráfico, pero bueno, ya veré si los que siguen son mejores. A ver que les parece, hasta pronto. Cuídense.