Parte IV

Empezaba a atardecer, los hoot-hoot empezaron a buar y los rattata salían de sus madrigueras en busca de alimento. Por el camino se veían dos figuras de un joven y una chica.

—Bien ya casi llegamos, aunque podríamos haber tardado menos si hubiéramos tomado el atajo— dijo la chica cansada de tanto caminar, y después bostezo.

—Oh claro, tu "atajo" en el cual casi mueres, o te refieres al atajo en el que nos tardaríamos EL DOBLE— dijo él de manera sarcástica y brusca.

—Oye, no tienes que gritarme, además ¿qué importa?, ya casi entramos a la ciudad— dijo ella algo ofendida, pero sin ganas de discutir más.

—Me estoy arrepintiendo de este asunto, y otra cosa, repíteme la razón por la cual TENEMOS que pasar por tu casa— dijo él sobre un asunto que habían estado discutiendo durante todo el tiempo.

—Ya te lo dije, porque mis padres deben estar preocupados por mí, digo no me han visto desde ayer y aunque la enfermera de seguro les aviso, no quiero que se preocupen más. Además de que hay otras cosas que necesito para el viaje— dijo la chica con un ánimo renovado al pensar en su hogar y en su futuro viaje.

—Bien, entiendo eso. Pero no entendiste el punto, ¿por qué tengo que ir YO? — dijo el chico con completo disgusto.

—Porque quiero que te conozcan, así no tendrán miedo cuando les diga que viajaré con un chico que apenas acabo de conocer. Cuando vean lo buena persona que eres y sepan lo que hiciste por mí no temerán tanto— contestó la chica completamente segura de cada una de sus palabras.

— ¿Estas segura de eso? digo ni yo mismo si me viera diría "que buen tipo es" —dijo como tratando de zafarse. Aunque en su mente empezó a crear un plan, si se portaba lo suficientemente peligroso frente a sus padres, estos no dejarían a su "pequeña" ir con él y como ella tendría que obedecerlos, su "trato" sería cancelado, lo cual era lo que quería. Tal vez se había precipitado al aceptarla como alumna.

Después de varios minutos caminando llegaron a la casa de Eliza. Era una casa grande, de dos pisos, muy adornada y elegante con colores de crema a marrón, tenía una barda con rejas en la puerta. Ella tocó el timbre y les abrió una señora con un atuendo algo conservador no muy parecida a la muchacha. Era un poco pasada de peso, y ya estaba entrada en años, pero había un algo en ella que la hacía agradable, y la mirada era idéntica a la de Eliza, sobretodo esa "iluminación" en sus ojos que tenía en ese momento al ver a su hija.

— ¡Hija! Por fin te veo, estábamos tan preocupados por ti, sobre todo por lo que nos contó la enfermera, pero al menos ya estás en casa— al decir esto la señora abrazó a la chica tan fuerte que casi le quita el aire.

—Mamá me estas avergonzando— dijo Eliza realmente avergonzada. Redel por su parte, pensó que tal vez podría huir y así no tendría que actuar peligroso u otro truco, así que dio un paso atrás con intención de irse corriendo y no tener que tratar con ella nunca más.

—Él es Redel, es quien me salvó— dijo la chica sonriendo, en esos momentos él estaba a punto de irse pero ella lo tomó fuertemente por el brazo impidiendo su escape. La señora algo desconcertada miró al joven.

—Entonces pasen a cenar, la cena aún no está lista pero mientras, podemos conversar sobre lo ocurrido y todo eso— dijo la señora mientras los invitaba a pasar.

Entraron primero al jardín mientras la puerta se cerraba y con ella las esperanzas de Redel y de su huida, por suerte aún tenía el plan B, que era el A, pero antes de lo del escape. El jardín era amplio, contadas clase de flores y plantas exóticas, era obvio que o tenían a un buen jardinero o la mamá de Eliza tenía demasiado tiempo libre. Por fin llegaron al pórtico y entraron a la casa. Por dentro era bastante grande, estaba adornada con toda clase de muebles y cuadros. En un sillón estaba sentado un hombre maduro, su cara era seria, rígida, fría y daba muestras de preocupación. Al verlos se puso de pie, era más alto de lo que aparentaba y era bastante intimidante.

— ¡Eliza!, ¿Dónde demonios te habías metido? Aquí estamos tu madre y yo con un nudo en la garganta desde que la enfermera nos avisó que venías para acá— Al decir esto miró fijamente a Redel. Después continuó— ¿Y quién rayos es él? — dijo el señor colérico, gritaba tan fuerte que probablemente se escuchaba en toda la cuadra.

—Papá— Abrazó a su padre, y continuó— lamento haberte preocupado, él es el chico que me salvó la vida anoche, su nombre es Redel.—dijo Eliza con voz tierna y consoladora. Él joven no sabía qué hacer. Ese sujeto se era realmente intimidante, su mirada era terrible, y estaba fija en él. Tal vez no era prudente seguir con el plan, al menos por el momento. Durante varios minutos hubo un gran silencio que fue interrumpido por la madre.

—Muy bien, ¿porque no tomamos asiento y nos cuentan lo ocurrido? — hablaba muy cordialmente y cuando dijo esto todos se sentaron.

Eliza empezó a contar todo lo ocurrido de una manera exagerada, dejando a Redel como un gran héroe, mientras éste solo se limitaba a observarla. Poco después de acabada la explicación se escuchó un ruido que señalaba que la cena estaba lista. Todos se dirigieron al comedor, este era amplio, con una mesa y sillas elegantes. La señora puso la mesa y le sirvió a cada uno. Todos se sentaron y se pusieron a comer. La tensión en ese lugar era inmensa, el padre no le quitaba la mirada de encima al joven con una desconfianza total y este hacía lo posible por ignorarla. La madre estaba consternada por lo que había escuchado y no se atrevía a hablar, creando otro incómodo silencio el cual se vio interrumpido, esta vez por la hija.

—Mamá, papá, quiero decirles algo importante. A partir de mañana empezare mi viaje en busca de las medallas y Redel será quién me acompañe. — la chica hablaba con total seriedad y los padres la miraron atentamente. Era como si hubiera lanzado una bomba, no sabían cómo reaccionar. La madre se decidió a decir algo.

—Pero hija, ya viste lo que te paso, es peligroso allá afuera ¿enserio quieres arriesgarte? — dijo ella muy preocupada por su hija, "¿Cómo es posible que lo considerara siquiera después de lo que pasó?" pensó la mujer.

—No te preocupes tanto, me he estado preparando durante meses, además estaré con Redel y él es un entrenador experimentado— dijo la chica tratando de tranquilizar a su madre.

—Sí pero…—dijo la madre con voz tenue. En su cara el semblante era diferente al de hace unos momentos, más parecido al de resignación que al de preocupación.

—Y tú no has dicho nada muchacho. Vas a viajar con mi hija y no dices nada ¿Porque no empiezas por decirnos a que te dedicas?, o mejor aún ¿Qué estabas haciendo esa noche en ese lugar? — preguntó el padre en tono amenazante y retador.

—No tengo que decirlo ahora. Pero francamente lo que hago se podría considerar en los límites de lo legal, y esa noche estaba realizando unos negocios. Además tengo algunos enemigos de los que tengo que cuidarme, pero creo que me las puedo arreglar para cuidarla a ella también, digo si tiene su permiso desde luego, aunque si no quiere que su hija viaje conmigo lo entenderé— la oportunidad se había dado y la estaba aprovechando lo mejor que podía. Claro que lo que decía no era del todo cierto, pero logró el efecto deseado, ya que todos se quedaron callados.

— ¿Vez lo que dijo? ¿Tú ya lo sabías? — dijo el padre firmemente mientras miraba a su hija.

—No lo sabía…— dijo ella algo decepcionada.

— ¿Y así quieres que te dé permiso?, ¡si ni tu misma lo conoces bien! — gritó el padre, en su voz estaba esa desconfianza que esta vez parecía bien fundamentada. Mientras Redel sonreía, su plan había sido exitoso y por fin podría irse de ese lugar y sin culpa.

— ¡No estoy pidiendo permiso!, ¡él me salvó la vida! ¡Sé la clase de persona que es!, ¡Es la clase de persona que rescata a quienes están en peligro! ¡Que sabe más de este lugar que nadie!, ¡y que es la persona con quien podría estar más segura de todas con las que podrían acompañarme a viajar en esta región!— gritó segura de sí misma y de lo que decía. Era obvio que no pensaba cambiar de opinión. Su padre, el cual la conocía perfectamente, comprendió que no podía razonar con ella y que se iría aún sin su consentimiento y que nada podía hacer para evitarlo. Aun así iba a gritar algo pero su esposa lo interrumpió.

—Está bien, es tu decisión y nosotros la aceptamos y te apoyamos—dijo la madre tratando de calmar la situación, el padre miró hacia abajo resignado y Redel vio todo su plan yéndose al drenaje, "¿cómo era esto posible?, ¿que acaso la mujer estaba loca?" pensó él muchacho. Además lo de Eliza, esos gritos, no lo entendía. Ambos padres salieron del comedor.

— ¿Qué ocurre contigo mujer? ¿No vez que puede ser peligroso? Ese tipo podría ser un delincuente o algo peor— dijo el padre muy preocupado.

—Lo sé, tampoco estoy muy segura, pero ella ya tomó una decisión y debemos aceptarla. Además ese chico no me parece mala persona, no me parece que sea un maleante, hay algo en el que me inspira una cierta confianza. Creo que podemos confiar en que estará segura con él, de todas maneras irá con él o sola y lo sabes— dijo la madre en voz baja pero segura. Él sabía que tenía razón en parte.

Pero… lo que dijo… Ésta bien, confiare en ti, pero si ALGO le llega a pasar será TU culpa— dijo a regañadientes, todavía no creía lo que decía. "¿Cómo lo hace?" pensaba él, siempre hallaba la manera de convencerlo. Volvieron al comedor y se sentaron. La madre recogió los platos, y después de un rato se decidió que Redel dormiría en el cuarto de huéspedes, al cual el padre le puso llave por fuera, y el resto en sus habitaciones.

A la mañana siguiente, apenas amaneció y Redel ya estaba listo, entonces se dio cuenta de que su puerta estaba cerrada. Poco después el padre la abrió y todos se reunieron juntos en el comedor. Fue un desayuno rápido en el cual nadie hablaba más de lo necesario. La mamá fue a lavar los platos y Eliza por sus cosas a su cuarto. Dejando al joven y al padre solos.

—Muy bien, ahora dime. ¿Cuáles son tus intenciones con MI hija? — pregunto el padre con completa seriedad.

—Ninguna, ella fue la de la idea de viajar juntos…— contestó el joven tranquilamente si acaso algo desilusionado por el fracaso del plan, ahora tenía que cumplir su promesa.

—De todas maneras, si le llegas a hacer algo o le pasa algo, cualquier cosa, TE MATARÉ, ¿Entendiste? —dijo el padre con un tono intimidante. El joven entendía esta reacción, lo que no entendía era por qué no la detenía a ella. "¿Qué culpa tengo yo? Pensó el chico.

—No se preocupe, nada le pasará…—dijo en voz baja, tratando de tranquilizarlo, aunque sin mucho éxito.

—Más te vale—terminó de decir el señor.

En eso bajo Eliza y acompañada de su madre y todos se fueron al portón de la casa.

—Adiós mamá—dice la chica mientras abraza a su madre.

—Cuídate mucho hijita— le dijo esta, casi con lágrimas en los ojos. Eliza se acerca al padre, quien la mira de manera dura y fría, aun así esta lo abraza.

—Adiós papá— dijo la joven. El papá fingió no ponerle atención y miró fijamente a Redel, que se encontraba a varios pasos de distancia y se despidió a lo lejos. Eliza se reunió con él y juntos se alejaron lentamente. Redel se hallaba algo decepcionado de que su plan fallara pero ya se había resignado, "total, solo será un mes" pensó mientras caminaban.

Después empezaron a caminar a una parte de la ciudad que la chica no conocía, lo cual la preocupaba un poco, pero sabía dentro de ella que estaba segura junto a Redel.