Capítulo I: Señora Barton

Agosto, 2009

Meghan intentó controlarse, pero cuando entró a la casa, dio un portazo que alertó a Clint de su llegada.

El arquero asomó desde la cocina por el pasillo, llevaba un delantal rosa con los bordes fruncidos atado alrededor de su cintura. Se estaba secando las manos.

Era bueno que él cocinara; Meghan siempre se las arreglaba para quemar algo.

-¿Qué pasa?

-¿Nat sigue con permiso?-preguntó.

El hombre asintió.

-Vendrá a quedarse dentro de un par de días-le dijo.

Natasha sufrió un pequeño accidente en su última misión, que acabó con una herida de arma blanca en su pierna y un brazo roto. La rusa no estaba feliz fuera del campo, pero necesitaba curar. Afortunadamente para ella, era demasiado intimidante, y Fury no se atrevió a asignarla a trabajo de oficina.

Meghan, quien solía quejarse como una niña cuando el trabajo de oficina le tocaba a ella, daría su ojo por ser asignada a ello en ese momento.

Atravesó la sala y se detuvo ante una puerta rosa entreabierta. Mirando dentro, notó que las mellizas dormían plácidamente, Natasha habiéndose cambiado de cama en algún momento, tenía un brazo alrededor de Amanda, quien no cesaba de rascarse la nariz.

Meghan se alejó de la puerta y se dirigió hacia la cocina. Abrió el grifo por si las dudas, y se volteó hacia Clint.

Un destello le llamó la atención a la alianza de oro que llevaba en el dedo anular de su mano izquierda, y el más delicado que ella portaba en la misma mano, en el mismo dedo, de repente ganó considerable peso.

-¿Recuerdas la misión en la que he estado trabajando?

-Sí, sí, Sikorski, ¿verdad?

Zerek Sikorski había sido la misión de Meghan por casi un año. Era un científico que se especializaba en ingeniería aeronáutica, y S.H.I.E.L.D tenía razones para creer que estaba maquinando algo peligroso para venderlo a un terrorista.

La agencia no sabía qué era lo que estaba planeando, ni para quién, y por eso la enviaron a ella a hacer el papel de "Agente Romeo"...o en su caso, "Agente Julieta".

No era una tarea que Meghan encontrara particularmente entretenida, pero era parte del trabajo. Tampoco era la primera vez que tenía que hacer algo así. Clint también tenía que hacerlo de tanto en tanto, y Natasha, y casi cualquier espía de nivel dos hacia arriba.

Lo que no le hacía feliz, sin embargo, era lo lejos que tendría que llevar su farsa.

-Me propuso matrimonio. Bueno, le propuso matrimonio a Elise Hemmings.

Elise Hemmings era el papel que había adoptado, con peluca y todo. No dejaba de sorprenderle lo que una peluca, gafas y en ocasiones dientes falsos podían hacer por su apariencia.

Elise era una experta en reducción de personal y viajaba seguido, lo que caía bien con Zerek, dándole varias oportunidades para meter a sus amantes en la casa.

Meghan supuso que le ayudaba a su ego, con lo poco hombre que podía ser.

-Ya veo-asintió Clint, poniendo en uso su cara de poker. No hacía uso de esa expresión cuando eran solo ellos dos, pero ella conocía a su esposo, y cualquier tonto habría sabido en un santiamén que no estaba feliz -.¿Qué hiciste? ¿Qué dice Fury?

-Acepté, y Fury cree que fue una buena decisión-suspiró, recostando sus manos contra el fregadero.

Su susceptibilidad al frío era tanta, que sintió como el frío del agua que salía del grifo le penetraba los huesos.

Clint se quitó el delantal y lo dejó sobre una silla, acercándose a su esposa con pasos lentos.

Meghan lo observó, ojos oscuros rehusandose a dejar que los de él escaparan.

Presionó su frente contra la suya y cerró los ojos. Meghan hizo lo mismo, rodeándolo con ambos brazos.

Clint presionó sus labios contra los suyos en un beso gentil, pegando su cuerpo al de Meghan, sus manos recorriendo su espalda lentamente.

Sus labios bajaron hasta su mandíbula, y de su mandíbula pasaron a su cuello, donde enterró su rostro.

Meghan recostó su mejilla contra la cabeza de Clint, suspirando lentamente.

-¿Cuándo es la boda?-preguntó, sus labios rozando la piel con cada palabra.

-Mañana. Necesito un testigo.

Clint se aferró a ella con más fuerza.

-¿Familia?

-Puedo pedirle a Nat, o a Bobbi.

-No, no, estaré ahí.

Meghan acunó su rostro entre sus manos. Su toque era gentil, pero ambos sabían que esas manos habían cometido un sinfín de atrocidades.

-Llévame arriba-le dijo en un susurro que se perdió en el espacio.

Los ojos azules de Clint se oscurecieron y la tomó en sus brazos. Meghan se acomodó, ambas piernas alrededor de su cadera, brazos alrededor de sus hombros.

Lo besó.

-Te daré varias razones para volver-le dijo entre besos, ganando una risa.


Meghan tomó la mano de Clint y sus dedos comenzaron a juguetear con los suyos. La diferencia en los tonos de piel era algo que de vez en cuando le llamaba la atención.

Debajo de ella, el arquero descansaba plácido, su respiración pareja, su corazón tranquilo debajo de su oído. Meghan se aferró a él con más fuerza, memorizando la sensación de su torso presionado contra el de él, de su brazo alrededor de su cintura de manera vaga, y su respiración golpeando contra su cabeza suavemente.

Se enderezó, cabello oscuro cayendo hacia un lado mientras sus dedos trazaban los contornos de su rostro, más avejentado que él suyo.

Trazó sus cejas y nariz, y luego sus labios.

Clint se removió debajo de ella, y Meghan se maravilló ante la manera en la que su piel se sentía contra la suya cuando se movía.

-¿Qué hora es?-preguntó sin abrir los ojos

-Shh. Vuelve a dormir-le dijo, tan bajo que dudó que la hubiera escuchado, en especial considerando que no llevaba sus audífonos puestos.

Se levantó y vistió rápidamente, todavía en la oscuridad. En su reloj, vio que eran casi las cuatro.

Se sentó al borde de la cama y se inclinó, besando la frente de Clint por un momento.

Salió de la habitación con pasos silenciosos, a pesar de que sus botas tenían taco.

Bajó a la cocina y apagó la luz.

Se dirigió hacia la habitación de las mellizas, dejando la puerta entreabierta.

Se arrodilló a un lado de la cama de Amanda y quitó un mechón rubio de la frente de Natasha.

Sonrió levemente. Amanda se caía de la cama, y Natasha tendía a esperar a que sus padres se fueran para pasarse a la cama de su hermana. Hacía que Amy durmiera contra la pared, para asegurarse de que no cayera y se lastimara.

Quería despertarlas y ver sus pequeños ojos, y escuchar sus agudas voces, pero si la veían en ese momento, la separación sería peor para ellas.

Besó el hombro de Natasha sobre la tela de su pijama de bananas, y la mejilla de Amanda. Las arropó, colocó un par de almohadas en el suelo junto a la cama y salió.


Octubre, 2009

Con una mueca, Meghan se agachó para colocar la ropa sucia en el lavarropas. Elsie tenía un viaje debido al trabajo, por lo que tenía que pasar unos días lejos de su "esposo".

La verdadera razón de su ausencia era que se acercaba Halloween, y con el día de las brujas también venía el cumpleaños de las mellizas.

Casi sonrió al recordar a Clint en la sala del hospital, disfrazado de vampiro (colmillos y todo), y diciéndole que respire.

Meghan no se tomó las instrucciones muy bien, y le dijo en donde se las podía meter antes de gritar por una epidural.

Era una epidural para ella o no más uñas para el doctor.

Se levantó, haciendo otra mueca de dolor, y dejó la canasta sobre una vieja mesa de madera junto a la lavarropas. Dios, le ardía la espalda.

Pegó un salto cuando dos brazos le rodearon la cintura, pero se relajó al notar que era Clint.

Su verdadero esposo besó su sien.

-Me alegra que estés aquí-le dijo, besando su hombro expuesto.

-Extrañé este lugar.

-¿Incluso el frío?

-...Extrañe la mayor parte de este lugar.

Clint se acercó aún más, su pecho tocando su espalda, y Meghan pegó un salto y se alejó siseando.

-¿Qué pasa?-preguntó el rubio, preocupado.

-No, no es nada-Meghan intentó alejarse, pero Clint ya la había tomado del brazo , suéltame. No es nada.

El rubio no le hizo caso, dándola vuelta y levantando la tela de su blusa. Meghan sintió como su mano se cerraba en un puño alrededor de la tela.

-¿Él te hizo esto?-preguntó entre dientes.

Meghan curaba rápido, mucho más rápido que una persona normal. La misma Natasha confesó sentirse mal del estómago cuando una bala se enterró entre los ojos de Meghan, salió por el otro lado, y la espía continuó caminando como si nada.

Claro, tardó varias horas en arreglarse, pero eventualmente, su cráneo volvió a la normalidad.

Supuso que debió haber usado algo para acelerar el proceso en su espalda, pero en su apuro por volver con su familia por el fin de semana, desechó la idea.

Clint vio las marcas en la espalda morena de su esposa y soltó la tela, tomó unos pasos hacia atrás y golpeó la pared.

Meghan lo miró de manera acusatoria.

-Cálmate.

-¿Qué pasó?-preguntó en su lugar.

Meghan apartó la mirada e intentó hacerse la indiferente.

-Nada. Solo, le gusta jugar rudo.

-¿Jugar rudo?

-Ya sabes,...en la habitación.

-¿Siempre hace esas cosas?

Se encogió de hombros, sus ojos oscuros todavía clavados en la repisa donde tenía los jabones.

-Eh, no siempre, solo seguido.

-¿Cómo,...qué,...qué es eso?

-Deja de hacer preguntas, Clint. Sabes que no debemos hablar sobre nuestras misiones.

-¡Maldita sea, Meg!

La espía pegó un salto, mirándolo con sorpresa mal disimulada.

-¿Qué es eso?-preguntó de nuevo, señalándola.

-Solo usa la hebilla de su cinturón. No es tan malo, y sano rápido.

-Voy a matarlo-masculló Clint, intentando pasar por su lado y salir de la pequeña habitación.

-¡Clint, no!

-¡Te está lastimando, Meg! ¡No lo defiendas!-le gritó, poniéndose frente a ella.

Meghan lo miró mal.

-No lo defiendo, pero tengo órdenes, y estoy cerca de tener esos malditos planos. Lo necesito vivo.

-No me importa-le dijo, intentando alejarse.

Meghan lo tomó del brazo, y él se volvió para mirarla.

-Deja que consiga los planos. Los planos, el nombre del comprador-se acercó a él manteniendo el contacto visual -, y luego podemos deshacernos de él.

Luego de un momento, preguntó:

-¿Y qué quieres haga hasta entonces?

Meghan no tuvo que pensar su respuesta.

-Hazme sentir amada, Clint.

Una de sus manos se posó sobre su mejilla, y ella se inclinó contra el toque.

Clint la sentó sobre la lavarropas y se paró entre sus piernas, atrayéndola en un beso ferviente.


Junio, 2012

El sol canadiense golpeaba a Meghan en el rostro, pero a pesar de su supuesta calidez, la mujer no sentía nada más que frío. Llevaba puesta una gruesa chaqueta y una bufanda, y sabía que debía de verse ridícula junto a las otras personas del pueblo. A ella no le importaba, no pensaba pasar frío solo para aparentar ser como los demás, y los locales ya estaban acostumbrados a las extrañas mañas de la señora Barton.

A su lado, los labradores Nicky y Amigo, se echaron sobre la tierra. Meghan no quería más animales en la casa, los dos gatos ya eran más que suficiente, pero Clint se las arregló para convencerla de comprar un perro. Cuando llegaron al lugar, intentó convencerla de llevarlos a todos, pero una sola mirada le dejó saber que sus poderes de persuasión tenían límites. El plan era elegir uno, y Clint eligió uno, pero entonces un pequeño San Bernardo comenzó a mordisquearle el dobladillo del pantalón y a lloriquear, mirándola con sus ojitos de perro mojado. Meghan intentó resistir su mirada, pero unos minutos más tarde salieron del lugar con dos perros.

Nicky, el pequeño niño favorito de Meghan, enseguida tomó la costumbre de abrazarse a su pierna y demandar caricias de esa manera, restregando su cabeza contra su rodilla cuando su dueña lo ignoraba. Casi tres años más tarde, seguía haciendo lo mismo, pero casi le llegaba al hombro.

Lo había nombrado Nicky para molestar a su jefe, Nick Fury, y la verdad era que le sorprendía que el hombre no la hubiera bajado de regreso al nivel uno por hacer eso...aunque sí la castigó con dos meses de trabajo de oficina.

Amigo, el labrador de Clint, ladró dos veces, sentándose tieso, y sin soltar su agarre de las correas, Meghan miró en la misma dirección que el perro. El autobús escolar se acercaba por el camino de tierra.

Los perros intentaron correr en dirección del vehículo, pero la mujer los sostuvo con fuerza casi inhumana como si no le pasara ficha.

El autobús se detuvo y las puertas se abrieron, y de estas bajaron dos niñas de no más de cinco años. Natasha, con su cabello rubio en una trenza que apenas se podía llamar trenza, bajó primero, estirando el brazo. Le siguió Amanda, más despacio y cabizbaja.

Meghan se acercó rápidamente y saludó al chofer, Mauricio, con la mano. El hombre le tocó el claxon al partir, todavía tenía que llevar a otros diez niños.

Meghan se arrodilló frente a sus hijas y soltó las correas, confiando en que los perros no huirían.

-Má, Amy se mareó de nuevo-le dijo Natasha, quitándose un mechón del rostro, revelando sus ojos castaños, como los de su madre.

Amanda enseguida se refugió en los brazos de Meghan y comenzó a llorar. Muchas veces, Meghan no estaba segura de sí Amanda era muy sensible o Natasha muy dura.

-No pasa nada-le dijo, acariciándole el cabello y quitándole la mochila de los hombros, que se la pasó a Amigo. El perro la tomó entre los dientes, y Nicky tomó la de Natasha (era un truco que Clint les enseñó la vez que estuvo atorado en la casa por casi cuatro meses, gracias a una lesión que sufrió en el campo).

-No me siento bien-lloró Amanda, mientras Meghan se levantaba y la acomodaba en un brazo.

Natasha tomó su mano libre y se encaminaron por otro camino de tierra, más prolijo que el por el que el autobús se había acercado.

-Es una pena-le dijo, cerrando la cerca de una patada. Esperó a escuchar el familiar "click" que indicaba que esta había trancado antes de continuar su camino que no podrás comer tacos esta noche. Creo que tengo algo de sopa.

La niña se quedó en silencio por varios segundos.

-Bueno, no me siento taaaaaan mal.

Natasha le dio una mirada a su madre, y ambas sonrieron.

-Mm. Mira tú, en ese caso puedes comerlos ahora mismo.

Resumió el llanto.


-Creo que esto está mal-dijo Natasha, mirando su cuaderno.

-¿Cuestionas mi sabiduría, niña?-le preguntó Meghan, reclinándose contra la silla y cruzándose de brazos.

-¿Qué es sabiduría?-preguntaron las mellizas a la vez.

Meghan intentó no temblar; cada vez que hacían eso le asustaban más que el niño demonio dentro del espejo en una película que su amiga, Natasha Romanoff, la obligó a mirar.

-Una persona sabia es alguien que sabe muchas cosas.

-¿Cómo la tía Nat?-preguntó Amy, ajustándose sus gafas.

-¿O papá?

Meghan bufó, ofendida.

-O yo.

Las niñas se miraron y rieron, y la mujer sintió como sus ojos se ensancharon.

-¡Ah! ¿Qué es esto que huelo? ¡Traición!-se levantó de la mesa, sintiendo el olor a quemado. Sus galletas estaban listas quiero ver a quién van cuando quieran helado en medio de la noche.

Entró en la pequeña cocina y apagó el horno. Sin desperdiciar tiempo, lo abrió y sacó la asadera sin guantes, colocándola sobre la alta mesada que Clint instaló al quinto intento solo unos meses atrás.

-¡Miau!

Pegó un salto y sacó su arma de debajo de la mesada, volteando con rapidez. El gato de Amanda, un saco de pelos hediondo llamado Jerry, la miraba desde el suelo. A su lado, Tom, el otro saco de pelos hediondo de Natasha. Tom era un hurón con tendencias psicópatas, ¡Meghan estaba segura! Algo le decía que Tom la mataría de poder hacerlo.

Jerry maulló de nuevo, y Meghan escaneó la cocina, viendo que todavía tenían comida y agua en sus recipientes.

-Nat, abre la puerta a los bichos-llamó, y enseguida escuchó como la silla se arrastraba sobre el suelo de madera.

Las bolas de pelo siguieron el sonido, y ella volvió a sus no-tan-quemadas- galletas.

Probó una y casi se le lleva el diente. ¡No era justo! Todo le salía mal. Y pensar que por,...dos días, quiso ser una chef profesional y trabajar para Gordon Ramsay.

-¡Má! ¡Vino la loca!...¡Y la tía Nat!

-¿A quién llamas loca, mocosa?

Volvió a la sala, donde en efecto, Natasha se encontraba sentada a la mesa con Amanda en su regazo. La pelirroja le estaba explicando algo.

-¿Ya te olvidaste de como se suma, Meg?-fue el recibimiento que obtuvo.

A la entrada, reclinada contra el marco, se encontraba Clary, la niñera favorita de Meghan. Clary trabajaba para S.H.I.E.L.D, y cada vez que ambos Barton se tenían que ir en una misión y Natasha no estaba disponible, la llamaban a ella.

Meghan no confiaría la seguridad de sus niñas a nadie más.

Los ojos verdes de Clary se posaron sobre ella, y la mujer sonrió.

-¿Qué quemaste esta vez?-le preguntó, ante lo que la espía rodó sus ojos.

-No mi orgullo, por poco-se volvió hacia Natasha-.¿Por qué estás aquí?

Sí Natasha estaba ahí para hacer de niñera significaba que Fury necesitaba a Meghan en el campo, pateando el trasero de algún tipo malo, pero si Clary también estaba ahí, entonces la asesina rusa estaría viajando con ella.

Era extraño. Desde el incidente dos años atrás, Fury dejó de enviarla en las mismas misiones que Clint y Natasha.

La espía entrecerró sus ojos, mirando a la pelirroja con claras intenciones. Sintió como el corazón se le caía a los pies pero mantuvo una expresión pasiva, no queriendo asustar a las mellizas.

-Quédense con Clary-les dijo, dándose la vuelta y subiendo las escaleras hasta el segundo piso con pasos ruidosos.

No podía escuchar a Natasha, pero sabía que estaba detrás de ella.

Tomaron la primera puerta, que daba a la habitación del matrimonio. A simple vista, uno podía saber de qué lado de la cama dormía Meghan, pues tenía un par de mantas de dos plazas dobladas a la mitad, mientras que la otra apenas tenía un edredón lila.

Meghan se dirigió a un rincón y sacó las tablas de madera del suelo. Sacó su Beretta 92 y la CZ-75B, asegurándose en el proceso de que estuvieran cargadas.

Luego de tomar unos cartuchos extra, volvió a colocar la tabla sobre el suelo y se acercó a la cama, donde Natasha estaba depositando la bolsa de viaje negra de Meghan. La abrió y guardó las armas dentro, en el proceso sacando su uniforme. De detrás de la cabecera de la cama, Natasha sacó con cuidado la katana de Meghan. La hoja había sido teñida por los científicos de S.H.I.E.L.D al pedido de la castaña (solo necesitó amenazarlos con cortarles un par de dedos y dárselos en una ensalada), y la hoja iba en degradé, comenzando con un agresivo negro y terminando en rojo, asemejando una llama.

Sin molestarse en encerrarse en el baño, comenzó a quitarse la ropa y a colocarse el uniforme. Era completamente negro, con una enredadera roja cosida alrededor de la cintura.

-¿Qué sucedió?

-Algo salió mal con el proyecto Pegaso. Clint está en peligro-respondió la pelirroja, tomando asiento al borde de la cama.

-¿Pero está vivo?

-La agencia piensa que sí-miró su reloj ás tiempo de leer el informe en el avión. Tenemos que irnos.

Meghan se metió dentro del traje y se lo colocó, dándose la vuelta para que Natasha le subiera el cierre. Por un momento, a través de los espejos, vió la marca de nacimiento que tenía en la espalda, asemejando a un rayo que le recorría la mitad de la espalda, naciendo en el lado derecho de su cuello, llegando hasta el hombro izquierdo.

La otra mujer se colocó detrás de ella y le subió el cierre, asegurándolo al final.

-¿A dónde vamos?-preguntó, colocándose un largo abrigo para ocultar el traje.

Tomó el bolso y siguió a su amiga de regreso abajo, donde las mellizas parecían estar dibujando con Clary.

-Mañana es el último día de clases-le dijo Meghan al entrar en la sala-,así que salen a mediodía.

Clary asintió, urgiendo a las niñas a que se levantaran.

Ninguna dijo nada, sabiendo que cuando sus padres bajaban así significaba que tenían que trabajar. Naturalmente, no sabían qué era lo que hacían, y Meghan temía el día que tuviera que decirles que asesinaba gente por dinero.

Se arrodilló en el suelo y aceptó los abrazos.

Sosteniendo a las mellizas contra su pecho, se juró a sí misma que traería a Clint de regreso con vida.


N/A: Imagino que si hay alguien por ahí leyendo esta historia, debe sentirse confundid .

Eventualmente, todo se va a aclarar, pero van a tener que leer bastante para eso.

¿Alguien lee esto? ¿Qué les parece? ¿Tienen alguna teoría?