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Advertencia: Alto contenido erótico, menores y personas en desacuerdo abstenerse de leer.
Capitulo corregido por Danperjaz.
Oscuridad"Mi corazón esta encadenado a ti
Y no puedo liberarme.
Mira lo que esto me ha hecho."
Querida madre:
El sueño de hoy fue aterrador, y tan real. Podía sentir entre mis dedos la suavidad que poseía el cabello platinado del profesor. Enrollaba un mechón en mis manos y tiraba de él para hacer que Sesshōmaru se acercara un poco más. La mejor delicia fue poder gozar de besar sus labios, cuando en la realidad él no lo permitió.
Los dos estábamos acostados en la roja alfombra del baño de su departamento. Me pregunto si aún vive allí. Han pasado cinco semanas ya. El vacío no es tan amargo como al principio, sino que es solo vacío. Podría decir que en poco tiempo dejare de sentir, y será más fácil simular que él nunca estuvo en mi vida.
Él no volvió a impartir clases, ni yo pregunte el porqué. Supongo que esto facilitara las cosas.
Aunque, hay ciertos momentos en que, al recordar lo maravilloso de sentir el roce del cuerpo masculino contra mi piel, la respiración se vuelve difícil y el aire escapa de mi alcance. Tengo deseos de no existir y quisiera provocarme un corte para comprobar que tan dulce seria sentirlo. ¿Acaso, los ataques de pánico están empeorando, o estoy volviéndome desquiciada? Porque, incluso en este estado puedo asegurar que no es normal desear ver sangre en mi piel. Sangre roja como la alfombra del baño de Sesshōmaru. ¡Esto no significa que lo necesite! Solo es la similitud del color lo que lo hace llamativo.
Prácticamente, he dejado que esa oscuridad me controle, aun sabiendo de lo ridículo que es verme vulnerable en una situación como esta, cuando ni siquiera ese hombre me tomo como mujer. Él no hizo más que acariciarme, robarme gemidos y orgasmos. ¿Por qué siento como si se hubiera adueñado de mí?
… …
Querida madre:
Sé que tú desaprobarías esto. Perdóname. Soy demasiado débil. Pero, esto fue mucho para mi cordura. Nunca había dejado que alguien más tocara mi cuerpo después de Hoyo, y Sesshōmaru, sin siquiera pedir permiso, se introdujo en mi piel. Ahora necesito borrarlo.
… …
Amada madre:
Hoy volví a caer. El placer de sentir un cuerpo dentro de mí no fue nada comparado al dolor de ser penetrada por un idiota. Y el gozo que me produjo marcar mis rasguños en su espalda, fue incomparable. Casi tan dulce como llorar.
… …
Madre:
Lo sé. Parezco disco rayado, pero necesito decírtelo todo, porque ni siquiera a la doctora puedo contarle de esto. Imagino que si ella leyera mis cartas, le provocaría un gran impacto.
Pensar que la conozco desde hace cinco años y aún no puedo hallar la razón que explique por qué continúo viéndola.
Hoy saldré con los chicos y Sango. No puedo deshacerme de ella. Nadie podría ser más persistente que esa joven. Iremos al bar de siempre, y confió en que podre distraerme esta noche.
Perdóname por ser una zorra.
… …
¿Quién diría que ser popular fuera fácil? Ser una persona bastante conocida era una actividad similar a cuando intentaban cazar a un ratón prendado de diamantes. Sobre todo cuando la víctima en cuestión era Rin, la presión de los hombres a su alrededor provocaba que se sintiera igual que un animalito enjaulado.
Eran apenas las dos de la madrugada, y solo habían pasado treinta minutos desde que había llegado al boliche acompañada de Jimenji, Shippo, y claro, no podía faltar la eufórica alegría de su amiga saltamontes. Ni siquiera sucedió la media hora cuando ya se halló sin compañía alguna en mitad de la gris oscuridad y lo opaco de las luces molestas. Un dolor de cabeza iniciaba a formarse exclusivamente para ella. ¿Cómo se atrevieron a convencerla? Debió suponer desde el principio que esto sucedería, que Sango seria secuestrada por Miroku, que Jimenji seria arrastrado por esa novia nueva y de dudoso estado de humor, y que Shippo huiría en dirección a las mujeres prácticamente descubiertas de cintura hacia arriba.
"Fiesta de antifaces…ridículo."
Lo mejor, o peor de la situación era tener que verse obligada a usar ese antifaz negro que su amiga eligió sin su consentimiento. Combina con tu negro vestido había dicho. Era indignante poder lograr que muchos la respetaran cuando no podía hacer jamás que Sango la tratara con formalidad y educación.
"Date por vencida, Rin."
Le dicto su mente. Un comentario que fue difícil de captar debido al alto volumen de la música. Además de que su razón estaba algo turbada por tantas luces mezcladas.
"No pierdas el control, Rin. Y sal de esta pista. Te ves abandonada."
Cierto. Todos la olvidaron en medio de la pista de baile. Era mejor alejarse de tantas personas antes de que algún hombre se acercara creyendo que con movimientos torpes podía conquistarla. Un error como ese lo cometería una vez, dos veces seria admitir su propia idiotez.
"¡Ja! Esto no es gracioso. Solo olvida a ese inepto."
Negando con un movimiento de cabeza, sin notar que no se hallaba precisamente en privacidad, dio un par de pasos antes de recordar por qué odiaba usar tacos agujas. Con pasos cortos, pausados y con pánico a caerse para hacer la máxima expresión del ridículo, llego hasta la barra de tragos, donde su suerte fue compensada con un asiento vacío.
La barra era larga, y no contaba con muchos empleados a pesar de la considerable cantidad de los clientes. Si bien, no se encontraban sentados, estos solo se amontonaban a un lado de Rin para pedir todo tipo de bebida. Ella recibió un par de codazos antes de decidirse a mover medio metro más lejos.
—Hola, Belleza —saludo un joven de trenza considerablemente larga, vestido de negro y blanco, típico traje de empleado, detrás de la barra—. Te ves agotada —prosiguió depositando la mitad de su cuerpo sobre la superficie plana para acercarse más a Rin y observarla con el entrecejo fruncido.
Ella puso los ojos en blanco mientras bufaba por lo bajo, luego reemplazo ese gesto por uno de dolor cuando acaricio la parte superior de un pie.
—¡Auch! De acuerdo, lo admito. Estos zapatos me están matando.
La ceja derecha del joven se alzó al oírla.
—Sera más fácil quitártelos que colocártelos.
No había mala intención en las palabras, sin embargo, a los oídos de Rin, aquello se escuchó como una provocación. Era habitual que la suspicacia atacara en todo momento.
Ella bajo la mirada incomoda al verse bajo la atención masculina.
—Claro, suena tan fácil de hacer como escapar de las miradas… —se tomó una pausa para admirar a su alrededor mientras buscaba la palabra adecuada—… hambrientas.
Él, respondió con una inmensa sonrisa divertida antes de hablar.
—Hoy es tu día libre ¿Qué haces aquí?
De pronto, Rin recordó porque estaba de tan mal humor. Si ser arrastrada por sus amigos a un lugar para luego dejarla sola era terrible, ser arrastrada a su lugar de trabajo para que luego la abandonen ante las curiosas interrogantes de otros, lo era aún más.
Con fastidio dirigió una expresión de odio al vaso de vidrio vacío ante ella. Lo tomo entre las manos y lo hizo girar entre los dedos.
—Esto no estaba en mis planes, de hecho solo quería quedarme en…
—Sírveme un trago de sake —irrumpió una voz siseante a un lado de Rin.
De hecho, un aroma a alcohol repugnante se adentró a las fosas nasales de ella porque la distancia entre su hombre derecho y el rostro del intruso, era escasa. Mientras daba vuelta el rostro hacia el lado contrario para no sentir tal olor, el joven compañero de trabajo de ella, indignado, se tomó todo el tiempo posible para tardar y que su mirada de molestia fuera captada con todo detalle.
Rin pidió internamente no ser tomada como centro de atención de ese sujeto borracho. Lo único que pasaba por su mente era descansar un par de minutos para luego salir a la calle en busca de un taxi.
Estaba prendada observando una pareja de jóvenes prácticamente anticipándose a la idea de tener sexo en medio de la pista de baile. Una mujer rubia y un hombre pelirrojo que se acariciaban sin ninguna restricción, ambos inmersos en su propio mundo de placer. Que curioso. El joven le resultaba familiar. ¡Shippo! Ese sinvergüenza. Ni siquiera tenía un poco de reparo en guardar las apariencias.
—¿Te apetece sake? —pregunto una voz extraña.
Ella lamento oírlo en el mismo instante que sus ojos se toparon con un rostro cubierto de una máscara verde, y reconocer al mismo sujeto que la había interrumpido antes. Se llamó tonta varias veces por no escapar en cuanto tuvo la ocasión.
A pesar de responder negando con un movimiento de cabeza, y volver a centrarse en su amigo a punto de tocar los senos de otra mujer, el hombre no entendió o no quiso captar el intento de ignorarlo que ella se proponía, y su voz se hizo escuchar de nuevo, para fastidio de otros.
—¿Te conozco? Creo que tu rostro se me hace conocido —parecía que el mareado hombre, hablaba solo—. Te vi antes. Pero ¿Dónde? Creo que mi hijo es amigo tuyo. ¿No te llamas Gema?
De inmediato, al oírlo, ella se volvió por completo hacia él. ¿Gema? ¿Quién era ese hombre?
Entre tanto Rin lo miraba con los labios fruncidos, su desagradable compañía se acariciaba la barbilla con el dedo índice en pose de pensador. Después de varios segundos en silencio, él la apunto con el mismo dedo y sonrió victorioso. En ese momento, el barman apareció con la bebida lista.
—Aquí tiene —dijo depositando el vaso de vidrio con firmeza sobre la barra y utilizando un tono osco, interrumpiendo adrede.
Ante sus palabras, el cliente le dirigió una mirada soberbia para luego volver a fijar su atención en la joven enmascarada. Al notarlo, el compañero de trabajo de esta, acabo por fastidiarse completamente.
—Oiga, aquí tiene su trago. Puede tomarlo y retirarse.
El aludido no hizo caso. Por el contrario, regreso a hablar con Rin.
—Eres Gema ¿verdad?
—¡Oiga! —Esta vez, el barman se escuchó molesto— Tome su trago y retírese. No moleste a la dama.
—El único que molesta aquí eres tú, mocoso.
Rin los escudriñaba con agotamiento. No tenía deseos de presenciar aquello.
—Le voy a pedir de la forma más…
—Bankotsu —hablo Rin adelantándose a las intenciones de su compañero—, solo dame un par de minutos con el caballero mientras tu llamas a los guardias. ¿De acuerdo?
Con una mano en alto para calmarlo y una mirada penetrante, ella logro que el retrocediera y desapareciera de su campo de visión.
—¿Guardias? —inquirió el sujeto con una ceja arqueada. Diría que sin creer lo que oía.
Con un suspiro bajo, ella se giró por completo para hacerle frente, sonrió con dulzura transformando su rostro y hablo con voz suave.
—Lo siento, señor…eh…
—Kimura —concedió él.
—Señor Kimura —siguió ella, con un asentimiento de cabeza y sin despejar sus ojos marrones claros de los ojos negros de él—. Pero temo que me está confundiendo con alguien más. Yo…
—No. No. Puedo recordar con perfectos detalles la foto de esa mujer que mi hijo mantiene oculta —la detuvo él, demasiado convencido para desagrado de Rin.
—¿Foto?
Por el modo en que ella lo pronuncio, parecía no creerlo.
—¡Si! Una imagen muy sensual. Una exquisita mujer desnuda recostada en la cama de sábanas blancas, supongo que de un hotel cualquiera.
¡Oh! Eso había dolido. Porque la manera en que ese hombre pronuncio la palabra cualquiera fue despectivo y ofensivo.
"¿Cómo se atreve? Cálmate, Rin. Cálmate. No actúes tan precipitadamente."
Como si fuera fácil hacerlo.
Y sus personalidades estaban a punto de inmiscuirse en una discusión cuando Bankotsu apareció con un par de hombres altos y fornidos. Él, sonriendo a Rin, esperando una orden. Por supuesto, ella ya no estaba interesada en continuar con esa charla.
—Caballeros, el señor… —ella aspiro con dificultad antes de seguir, y pronuncio con un tono despectivo—… Kimura, ya se iba. Por favor, acompañadlo a la salida.
Ahora, el rostro dulce de la joven se volvió seco.
Ante sus palabras, el dichoso hombre enmascarado y algo borracho, entendiendo la situación perfectamente, se incorporó algo torpe y se dejó sujetar por los dos hombres que suponía eran los guardias. No obstante, antes de perderse por completo de la vista de Rin, le dirigió unas palabras que ella detesto con vehemencia.
—Un placer conocerte, Gema.
… …
El silencio fue la única compañía que le quedo cuando el señor Kimura se retiró siendo sujetado por los guardias, y luego de que le dijera tal osadía sobre su otro nombre, el humor que la predominaba era uno muy malo, tanto que las palabras de Bankotsu se oían lejos por estar tan inmersa en los pensamientos distorsionados.
—¡Rin! —Rugió la voz de su joven compañero— ¿Quieres prestarme algo de atención?
Realmente, él se encontraba molesto. ¿Cuánto tiempo había estado hablando sin que ella lo escuchase?
Aunque lo lamentara mucho, sucedía sin que ella lo notase. Perderse en su propio mundo era algo que no podía evitar.
—Otra vez me dejas hablando solo —dijo Bankotsu, esta vez sin mostrarse enojado, sino resignado—. Quisiera saber en qué piensas tanto que tu mente no puede oír más.
Rin bajo los ojos porque no quería sentirse bajo más presión, ni dejar en evidencia que le producía molestia ser tan vulnerable a las opiniones de otros. Nerviosa se retorció los dedos en el regazo, aun sin atreverse a pronunciar palabras. Continuaba pensando en lo sucedido anteriormente.
Bankotsu, que estaba limpiando un par de vasos con un paño, la observaba con el ceño fruncido esperando una respuesta. Intentaba ser lo más paciente posible, pero al notar que ella no le contestaría, dejo los vasos a un lado, el sonido provoco un sobre salto en ella que lo miro con los ojos abiertos llenos de reproche, y lo poco que se podía observar de las mejillas bajo el antifaz, sonrojadas.
—Estas alarmada porque ese sujeto sabe quién es Gema —afirmo él con los brazos cruzados viéndola fijamente a los ojos—. Creí haberte advertido que esto sucedería. Es normal que el nombre de la bella dama se haga conocido considerando los secretos tan deliciosos que oculta. Deberías tener más cuidado.
Las irises marrones de Rin brillaron cuando la lengua atrevida de Bankotsu pronuncio la última palabra con tanto detalle. La boca femenina se abrió súbitamente para aspirar aire y quizás responder, pero él se le adelanto.
—¡No me nieges que he tenido razón en todo! —la señalo con el dedo índice al rostro.
¡Que atrevido! Se estaba aprovechando de que ella no pudiera soltar muchas palabras. Era indignante.
"Hmph… Es un entrometido, Rin."
—El conocimiento es poder, bella —pronuncio el moreno tan cerca del rostro femenino.
¿En qué momento se había acercado tanto? La cara de ella se llenó de asombro al contemplar la sonrisa victoriosa que plasmaba el rostro de su compañero. Una retorcida y burlesca sonrisa. De esas que Rin detestaba tanto.
—Te he dejado sin palabras ¿verdad?
"¡Respóndele, tonta!"
Rin necesito de otra súbita inhalación para refrescar su mente. Su rostro se suavizo como antes, y una tierna sonrisa se estiro en sus labios. Acerco demasiado su cara a la de su compañero que un par de centímetros era el espacio que los separaba.
Esto era tan fácil como tomar una máscara más transparente que la piel.
—Tienes toda la razón —susurro antes de aproximar sus labios a la comisura de los de él y continuar—, Bankotsu.
El asombro lleno el rostro del joven. Y mientras una sonrisa divertida adornaba los labios de ella, un tic nervioso hizo que él retrocediera de un sobresalto a punto de hacer trizas los vasos que había limpiado antes.
Rin se sentó correctamente en su butaca, enderezando la espalda y estirando el cuello en una pose soberbia, ladeando la cabeza sin permitirse quitar la vista de Bankotsu, que se mantuvo tenso sin moverse, en el lugar de una presa atrapada, hasta oír un grito provenir desde un par de metros de distancia.
—¡Muchacho! ¡A ti, estoy hablándote hace minutos! ¿Trabajas aquí? —exclamo en alto un hombre con gafas negras y una copa vacía en mano.
—Cla…Si, señor —titubeo el pobre antes de marchar hacia el cliente con el cuerpo aun tenso.
Al presenciar tal detalle, la mujer azabache rio divertida. Siempre era agradable poner en su lugar a cada hombre que se cruzaba en su camino. Sin mencionar lo obvio sobre el gran enojo que le causaba que alguno de ellos se atreviera a ofenderla, o intentar hacerla menos.
"Todos los hombres son deliciosamente vulnerables."
Esa voz se escuchó suave, risueña. Y Rin estuvo de acuerdo con ella.
Ahora, cuando lo pensaba, su otra personalidad no se presentaba como alguien desconocido. En ese momento era más como la voz de su conciencia. ¿Sería realmente su conciencia?… A pesar de todo, una minúscula parte de la razón de Rin, en un resquicio de sus pensamientos perturbados, sentía pánico de que todo fuera en realidad producto de sufrir doble personalidad. Lamentablemente, la psicóloga nunca podría decir a que se debía todo, porque no había tenido el valor jamás de contarle con más detalle sobre esa voz que le susurraba en secreto.
"De todas formas, esa doctora no podría decir siquiera cual es el color de mis ojos, querida."
En un resignado gesto de cansancio, ella se afirmó que esa voz no era más que la parte retorcida de su ser. Suponía que cada ser humano poseía una parte oscura, y que con ella se desahogaba de tantas agobiantes situaciones.
"¡Claro! Es solo eso. Pues por tu propia voz tu nunca dirías todo lo que yo, belleza."
Eso si no lo podía aceptar. Rin era muy osada si se trataba de controlar a los hombres.
"O… ¿soy yo quien los controla?"
¿Qué? Eso sería lo más absurdo que podía escuchar. No era posible que esa personalidad saliera a flote en momentos en que la lujuria la dominara, y se nombrara a sí misma como Gema.
¿O sí?
"Rin, Rin… ¿Por qué te perturbas tanto? Antes no cuestionabas sobre los motivos de cada detalle… esta noche debería ser solo para distraer… olvídate de todo."
Claro. Esos consejos eran los más admirables de esa voz, porque incluso la parte consiente de Rin admitía que necesitaba de distracción, necesitaba no pensar, no recordar, y olvidar por completo de una buena vez.
… …
Bankotsu volvió, en esta ocasión con más calma, aunque no podía mirar fijamente a los ojos de Rin por mucho tiempo.
—¿Te invito una copa? —propuso con el valor suficiente para mantener la mirada hasta que ella respondiera.
Quizás apiadándose, y con algo de pena, ella asintió.
Cuando el joven volvió con la copa, creyó que Rin se había perdido de nuevo en sus pensamientos, pero se acercó otro poco y presto atención, entonces oyó lo que ella entonaba en una voz muy baja.
—"Ante tu presencia, mi corazón no conoce la vergüenza… no tengo la culpa, porque haces que mi corazón se arrodille" —en esta instancia, ella levanto los ojos oscurecidos de una repentina pasión, descubrió la asombrada inspección de Bankotsu, con parsimonia le quito la copa de las manos y se incorporó para luego alejarse sin dejar de cantar— "Y me matas cuando estas lejos. Me quiero ir y me quiero quedar…"
… …
Era una inepta. Debía aprender a controlarse, como lo aria cualquier persona comun, aprendiendo después de un error. Sin embargo, para Rin era demasiado fácil decir aquello que le costaba hacer. Y aunque se impusiera mentalmente una penitencia si volviera a fallar en una actividad, esta era inútil pues su cuerpo olvidaba lo que no practicaba.
Fueron más de diez ocasiones en la que sus amigos la abandonaron en medio de la pista, y ella continuo dejándose convencer. En este momento del partido, ya sabía lo que sucedería en cada hora que transcurría de la noche.
Luego de abandonar el bar, fue en dirección al sector VIP, sin que le importara que podría estar lleno, o que todos los sofás rojos estuvieran ocupados. Ella era Gema, la reina del placer y esos sofás rojos habían sido colocados allí porque simplemente al dueño del lugar se le ocurrió complacerla en un capricho.
"Ese Tony no aprenderá. ¿Cuándo cortaras sus ilusiones de raíz, Rin?"
Su mente se reía de la insistencia del pobre Tony, el dueño. Un excelente amigo, pero jamás le daría la oportunidad de probar de ella. Porque simplemente, no se acostaba con sus amigos.
Una risa sardónica se le escapo cuando llego donde un par de sofás se hallaban vacío. Estos estaban separados por cortinas rojas semi traslucidas. No guardaban la privacidad, solo era agradable para ella porque le recordaban mucho a una alfombra roja que alguna vez acaricio con los dedos y casi deseo destrozar.
Se arrojó en uno de los sillones, dejándose caer de espaldas, sin derramar la bebida que aún mantenía en una mano.
"Siempre guardando la compostura."
Esa voz estaba burlándose, podía imaginarse a ella misma poniendo los ojos en blancos. Le daba igual porque con solo beber tan solo ya se sentía mareada y estar borracha sonaba como una opción muy tentadora que le facilitaría la idea de distracción.
¿Qué estaba haciendo? ¿Qué haces, Rin? ¡Qué estupidez! Otra vez caerás. Otra vez te comportaras… mal.
¿Ahora quien de sus personalidades le estaba hablando? Dios. Daba pena verse como una desquiciada.
Si ni ella misma podía entenderse, ningún hombre lo aria. ¿Entonces, que estaba haciendo?
… …
Estoy tan confundido, es tan difícil elegir entre el placer y el dolor…
Esa canción continuaba escuchándose en la mente confundida de la joven Rin. Ella, que se hallaba en la misma posición que cuando se arrojó al sofá, cubría su rostro con un brazo mientras en la otra mano sostenía la copa vacía. Y en su mente se escuchaba:
Se lo que está bien y se lo que está mal. Aunque intente ganar la lucha, mi corazón bloquearía mi mente, porque haces que…
—¿Está ocupado?
La mente femenina se detuvo en seco, con las palabras vacías y las imágenes blancas. Esa voz que pronuncio dicha pregunta, no era similar a la que ella escuchaba a menudo en su cabeza, ni se parecía a la suya propia. Era una real.
Con la duda plantada de que si estaba equivocada o no, se quitó el brazo del rostro con paciencia, y observo.
El estar con los ojos cerrados bajo la presión de una extremidad, hizo que ver fuera algo difícil, el hecho de que su alrededor fuera oscuridad en un ochenta por ciento, no ayudaba en nada.
No obstante, vislumbro la figura de un hombre ante ella. Uno que se hallaba de pie; alto y suponía que vestía de negro, porque era complicado distinguir algo de su cuerpo.
"Una vez más afirmo que la fiesta de máscaras, es una idea ridícula."
El que prestara atención a la voz de su interior, hizo que no escuchara bien cuando el sujeto volvió a hablar.
—¿Disculpa? —interrogo sin molestarse en levantar el volumen, o que ese alguien pudiera no escucharla. De todas formas, no lo conocía.
Rin supuso que él se fastidio de repetir la misma pregunta, cuando no escucho respuesta, y ya se creyó libre de esa presencia desconocida. Pero al verlo dar un paso y contemplar la oscura sombra sumirse sobre ella, un ataque de adrenalina corrió por sus venas haciendo que su corazón respondiera de inmediato. Luego, al percibir la forma de un rostro a escasos centímetros del suyo, y una nariz rozándose en su mejilla izquierda, un escalofrió fugaz atravesó su piel y un aroma a perfume masculino provoco que algo latiera en su bajo vientre.
"Siempre pensando con el libido, Rin."
Esa parte macabra suya podría estar burlándose, pero incluso ella se escuchaba peligrosamente opacada por una sensación de lujuria.
Rin dejo de oír cualquier otra cosa cuando sintió la nariz sobre su mejilla, moverse hasta situarse sobre su oído. Los bordes de los antifaces al rozarse le provoco molestia. La respiración se le corto cuando él suspiro en su cuello.
—Al parecer —hablo con una voz ronca y seca a escasos milímetros del oído femenino—, estas algo corta de audición.
"¿Cómo se atreve?"
¡Cállate!
Ella quería oír más. Porque cuando escuchaba, recordaba una situación peculiar, similar en demasía. Y entre tanto oía, sentía una mano masculina extenderse sobre el brazo derecho, recorriéndolo para llegar a la muñeca de Rin que casi vibro de anticipación.
—Dije —continuo él—, que si podía sentarme.
Culmino la oración en el preciso momento en que le arrebataba la copa vacía a ella. Se incorporó y giro sobre sus pasos desapareciendo del campo de visión de su espectadora, que extrañamente, luego de que él se alejara sintió algo de frio en un principio, pero luego lo reemplazo por vergüenza al notar que había sido víctima de su propio deseo y todo no se trató más que de una broma.
Algo confundido se incorporó lentamente, estirando las piernas sobre el mullido sillón, las doblo y volvió a estirar. Sacudió la cabeza y alzo los brazos sobre la misma, desperezándose.
"Tonta. ¿Qué ha pasado?"
No es nada. Olvídalo.
Y como siempre, aunque su mente dijera una cosa, hacerla era un caso muy diferente.
Bajo las piernas del sillón para ponerse de pie, y se aliso el cabello suelto con los dedos. Como si todo el universo mismo se pusiera en su contra, la silueta de antes volvió a hacerse presente justo luego de decidir que se marcharía a casa.
Bufo por lo bajo al tener a un hombre de pie frente a ella, estorbándole el paso y ofreciéndole una copa servida, con alguna bebida de la cual definitivamente no bebería.
Tener más de cuatro años en ese medio le había enseñado varias lecciones.
Con desgano, lo escudriño ladeando el rostro. Él no decía nada. Esa sí que era tener una excelente comunicación. Y la que no hablaba mucho de los dos era ella.
—¿Ni siquiera me permitirá una oportunidad?
Entonces Rin opto por negar con la cabeza. Eso era suficiente para que cualquier hombre que supiese de Gema huyera con las ilusiones destrozadas, en caso contrario, podía contar con los guardias que siempre estaban para complacerla. Pues nadie querría llevarse mal con la joven que era considerada hermana por el gigante Jimenji. Claro que nadie conocía el lado amable de ese joven como Rin.
No obstante, quien fuera el que estuviera delante de ella, se mantuvo inmutable. Rin acabo por otorgarle un punto a su favor cuando detuvo su observación en la mandíbula, los labios finos y la perfilada nariz de su nueva compañía.
Quizás, solo quizás, podría quedarse otro poco.
... …
Estaba aún centrada en decidir qué hacer cuando el sujeto ladeo el rostro para verla desde su mismo ángulo. La ceja de Rin se alzó, y fastidiada tomo la copa con brusquedad.
¿Él se estaba burlando?
"Hmph…definitivamente, así no conquistara a ninguna otra mujer esta noche."
No… solo a esta Rin, al parecer.
"¿Estas tan aburrida?"
¡Silencio!
Rin estaba iniciando una discusión mental mientras bebía de su copa, olvidando lo que había pensado antes, y volvía a tomar asiento en el mismo lugar en el que estaba minutos atrás. Se acomodó demasiado bien, estirando las piernas para evitar que él se sentara cerca. Coloco el codo en él apoya brazos y se sostuvo la cabeza con un puño en la mandíbula. Más que esperar, observo. Él, que tanto se esforzó por retenerla, o al menos eso fue lo que dio a entender, se quedó en su lugar un par de segundos más, escondió una mano en el bolsillo y, al parecer se complació con vislumbrarla desde esa posición. Ella no podía estar segura, pero creyó ver una sonrisa formarse en los labios masculinos.
Se le antojo ordenarle que tomara asiento, porque su detallada inspección estaba provocándole nervios, pero estas mismas sensaciones hicieron que no pudiera hablar. Para cuando tomo valor de pronunciar palabra, él ya estaba sentado en el otro sillón rojo.
Que extraño. Rin no había notado la cabellera larga sujeta en una cola de caballo que ondeo al aire cuando la silueta tomo asiento. Le pareció atractivo de una extraña forma. Eran raros los hombres que lograban llamar su atención. Su interés se había vuelto muy exigente últimamente.
—Creí verla aburrida.
Ese comentario hizo que su mente se despertara de nuevo.
"Bien. Si solo quiere compañía, podría quedarse callado mientras tú piensas, Rin."
Ese era el pensamiento más egoísta que ella misma se había ideado. Este era el punto en que descubría lo bajo que había caído.
"Él no te interesa, Rin. Y hoy no se te antoja irte con ningún hombre. Hoy suena más atractiva una sesión de autocomplacencia."
—Pero es decepcionante saber que no es de su incumbencia obtener una buena compañía.
¿Él estaba hablando?
"Interesante."
La voz se burlaba con sarcasmo.
La joven oprimió los parpados con esfuerzo para espabilarse, los volvió a levantar y se dignó a prestar atención. El espectador bebía de su copa sin quitarle la vista.
—¿Decía? —respondió con suavidad.
"Solo está buscando sexo. ¡Míralo!"
—Decía… —él se tomaba su tiempo para hablar mientras Rin no perdía detalle del movimiento de sus labios—… que es lamentable descubrir que no soy de su interés.
Esos labios eran tan finos y perfectos en su conformación. Estaba segura de que sabrían a la bebida de esa copa. Los labios de él se observaban brillantes en la opaca luz de la zona privada del lugar.
—¡Oh! Lamentable —concedió Rin.
El sarcasmo era tan palpable en el aire que no era necesario escuchar con más atención. No lo hizo con intención de provocar molestia, solo no sabía que decir para actuar con normalidad.
—Claro, entiendo —fue la respuesta del extraño, y Rin creyó que lo que continuaría sería una despedida—. Pero no me iré sin obtener al menos su nombre… —oír eso produjo que ella casi sintiera alegría de que no se despidiera—, su número telefónico —"predecible" —, y un beso, plagado de lujuria como de humedad.
En esta ocasión, la boca de Rin, como de la misma parte macabra de ella, se quedaron sin saliva o razón para responder con algún comentario sardónico.
Era tan claro como el agua que él buscaba sexo. La posibilidad de que no lo consiguiera esta noche no significaba que no tuviera una estrategia como la de obtener su número telefónico para contactarla y convencerla de acabar los dos desnudos en una cama. No era la primera vez que intentaban.
"Lo dicho, predecible."
Y realmente, se había vuelto interesante sentirse presa de alguien una noche. Si él supiera que nadie podía volverla una víctima en ninguna situación, se rendiría de una vez, porque era la propia Rin quien manejaba a los hombres, los controlaba en la cama y mandaba a su antojo.
—¿Mi nombre? —pensó ella en voz alta, acariciando unos mechones de cabello que le caían a un lado del rostro.
No podía correr el riesgo de darle su nombre a ningún desconocido, más que la mención de la popular Gema.
—Yo diría que es extraño que usted desconozca mi nombre, señor.
Comento, sin darle importancia a lo que el pensara sobre su modo de hablar, pero ella gustaba demasiado de continuar usando el tono formal. Un retorcido recuerdo de placer volvía a su memoria cuando hablaba de ese modo dirigiéndose a un hombre.
—No me importa conocer a Gema —dijo él cortando los pensamientos de ella—, sino a la joven detrás de ella.
Hizo un movimiento con la copa apuntando hacia el rostro de Rin.
"¿Otro iluso enamorado, Rin? Que tonto. Solo se enamoró de tu imagen."
Claro. Nadie podría enamorarse de su verdadera forma, porque no dejaba a nadie jamás conocer todo lo real que ella ocultaba. Ni las personalidades, ni las marcas.
Definitivamente nadie había podido contemplar en su totalidad su cuerpo desnudo. No luego de las suficientes pruebas sobre lo asqueados que quedaban los hombres al verla. Entonces no podía existir uno que estuviera interesado en ella como tal.
"Son solo patrañas."
Básicamente, la joven estaba resignada a todo rechazo que pudiera recibir, y sobre todo a solo aceptar las insinuaciones sexuales que le daban los hombres. Al final, obtenía una breve recompensa de un inútil provecho. Así que con la más clara sutileza, respondió para dejar en evidencia lo que pensaba.
—Siento hacer que desperdicie su tiempo…
—No lo estoy desperdiciando.
Ella actuaba dulce plasmando una sonrisa tierna en su rostro, una falsa mueca. Pero era difícil seguir si él la interrumpía abruptamente, negando lo obvia de la situación.
—Esa es su versión —afirmo con los labios formando una línea y hablando rápido para no ser interrumpida.
—Usted lo dijo, es mi versión —respondió el con tanta franqueza que impacientaba a la persistencia de autocontrol de Rin.
Entonces, ordenándose respirar con lentitud, ella recordó porque se había quedado allí. El poseía una nariz fina, labios atractivos y una fuerte mandíbula. Tenía apariencia de intelectual, alguien que pudiera ofrecerle una buena charla. Aunque, al parecer el objetivo primordial que pasaba por esa mente masculina, al igual que otros, era hallar el modo de llevársela a la cama. Estaba a punto de arrepentirse de haberse convertido en la bella Gema.
—¿Podría dejar de pensar? —pidió el, ladeando el rostro— Es realmente fastidiante las ideas que pueden recorrer la mente de una mujer con el solo hecho de la inseguridad—dijo, cerrando los ojos en un gesto de molestia.
—No es de su incumbencia lo que yo…
—¿Tengo razón? —volvió a cortarla.
Con el rostro crispado, Rin estiro el cuello en pose de soberbia.
¿Quién se creía? Sinceramente, un atrevido.
—No me acostare con usted, se…
—¿Por qué? —pregunto con los labios entreabiertos, permitiendo que Rin observaba una fila de dientes perfectos.
Era la primera vez que la cuestionaban por tal decisión. Simplemente, no se le antojaba acostarse con nadie hoy. Cualquier otro lo entendería tan fácilmente como que Rin podía deshacerse de él gracias a sus amigos guardaespaldas.
—No se me antoja —respondió en voz baja.
Pero eso no fue suficiente para callarlo a él.
—Hace un momento, casi se besa con el joven que estaba en la barra.
Esto hizo que Rin tragara con dificultad, debido al enojo que empezaba a recorrerla.
—¿Envidia? —contesto al no saber que decir.
—No —negó con suavidad —. Ciertamente, he sentido celos —confeso clavándole los ojos como dagas. Rin estaba segura de que la estaba desnudando en sus pensamientos. Y estaría más que embriagado de placer en cada escena protagonizada por ella.
Un mechón de cabello cayó sobre la frente femenina, y ella aprovecho esa oportunidad para desviar la vista sin dejar en evidencia su creciente nerviosismo.
Esta era la ocasión más duradera de un hombre intentando obtenerla luego de recibir la negativa.
Para no sentirse cohibida por el intenso escrutinio masculino, se dedicó a observar el borde de su vestido entre sus dedos, mientras hablaba.
—¿De qué forma… —trago saliva antes de continuar—… debo decirle no?
Una risa se escapó de la boca masculina, y resulto ser agradable a los oídos de Rin, porque le recordó una risa similar que una vez presencio de alguien que no tendía a sonreír ante su presencia. Le recordó la risa de su profesor.
Oh. Claro, ahora lo entendía. Se atrevió a mirarlo para reafirmar lo que descubría, y definitivamente esa nariz, los labios y la mandíbula eran como el rostro firme de su profesor. Un nuevo latido vibro en su bajo vientre, justo en la entrepierna al pensar en ese hombre como la representación de Sesshōmaru. Aunque fuera solo por un rato.
—Soy muy persistente. Créame.
—Me he acostado con muchos hombres —soltó de repente ella.
—No he preguntado —contesto él y con clara molestia.
No. Él no se parecía a Sesshōmaru. El profesor jamás aria tal cosa. ¿Con que objeto? Él se había marchado luego de lo que había hecho con ella. No se atrevió si quiera a volver a verla a la cara.
Además, este hombre poseía una larga cabellera negra. Y con lo mucho que Rin admiraba el cabello plateado de su profesor, sería difícil simular por un momento que los dos fueran la misma persona.
—Yo también. Ríndase.
Y eso se escuchó como la sentencia final. Contrario a lo que ella esperaba, él no se movió de lugar. Entonces ella le sonrió con picardía.
—Un placer charlar con usted, caballero.
Asintió con la cabeza en señal de una cordial despedida. Cuando iba a levantarse, fue interrumpida de nuevo.
—El placer es todo mío —dijo, extrañamente—. Pero ¿Quién dice que no tuviera un segundo plan para retenerla? No la dejaría ir tan fácilmente, Gema.
Al oírlo, algo se encendió en la cabeza de Rin. ¡Que tonta!
La castaña, se incorporó con dificultad, y levanto el rostro para descubrir que su compañía también se había movido. La copa de él estaba en la mesita de cristal en medio de los sofás, y él se hallaba de pie a un lado de su pesada cabeza. Como un resorte, y respondiendo a las claras intenciones de cualquiera, Rin se levantó de un salto obteniendo un dolor de cabeza mayor. Cerro los ojos con dolor y busco a ciegas de que sostenerse, encontrando un par de brazos que la rodearon con delicadeza, luego estos mismos soportes la empujaron a sentarse.
No podía pasarle esto justamente a ella. Había sido tonta y se había confiado. Era la segunda vez en su vida que le sucedía algo como tal. Significaba que no aprendería, o que estaba muy perdida en su mundo como para notar lo que querían hacer con ella. Bankotsu tenía razón, pero jamás le admitiría eso. Solo aumentaría su orgulloso ego.
Tenía los ojos cerrados porque de pronto todo aparento moverse con rapidez. Sentía la cabeza como el metal, y ese par de brazos que no osaron soltarla cuando ya estaba sentada de vuelta en el sofá.
—No pretendo hacerle daño, señorita —susurro en el oído femenino.
No se escuchaba erótico, ni simpático. Rin tenía pánico de lo que proseguiría.
—Patrañas —hablo con dificultad. La respiración se le volvía pesada.
—Solo quiero cobrarme algo que me debe, algo mucho más… importante que una mera noche de sexo.
—¡Me has drogado! —gimió con dolor ella.
Por un mísero segundo se sintió más apresada entre los brazos masculinos, como si él estuviera molesto.
—Has sido tu quien me provoco los celos.
¡Oh! Celoso. Eso produjo que Rin se mordiera la lengua para evitar dejar escapar un gemido. Siempre era reconfortante provocar celos a alguien, sobre todo si ese alguien le gruñía en el oído como si ella le perteneciera. También, ayudaba el hecho de que él se parecía a su profesor.
"Hmph… ¡Sesshōmaru! ¡Sesshōmaru! ¿Por qué no, Rin?"
No podía pensar con claridad, y no quería abrir los ojos porque todo se daba vueltas a su alrededor.
—Estas muy mareada —comento el, cambiando drásticamente de tema.
De pronto, Rin sintió ser arrastrada por una fuerza mayor y acabo sentada sobre las piernas de un desconocido.
—Abre los ojos, pequeña.
Él se escuchó tierno. Y Rin emitió un quejido negando con la cabeza, como si de una niña se tratara.
Su liviano cuerpo fue empujado desde la espalda y ella acabo con el rostro a escasos milímetros del rostro masculino. Lo podía comprobar con los ojos cerrados por la respiración de él que chocaba contra su mejilla.
—¿Cómo te atreves? No sabes quién soy yo —logro decir.
Aquello era como suplicar, pero la voz no le respondía como ella deseaba.
Rin se aferró al hombro cubierto de una tela gruesa, y se centró en oprimir esa tela con fuerza entre los dedos para no gemir cuando sintió la mano en su espalda empujarla más para acabar el rostro masculino en su cuello.
—Te arrepentirás de esto…
—Ni siquiera sabes lo que pretendo hacer o hacerte, Gema.
La lengua masculina se deslizo sobre la vena del cuello femenino, ocasionándole un latigazo que casi le provoco gemir el nombre de alguien.
—¿Qué… harás?
Esta vez, hablar era complicado por esa lengua que recorría su piel. Y su mente perturbada que intentaba no doblegarse ante un deseo meramente carnal.
Él se alejó de su cuello con renuencia, para hablarle al oído con la voz ronca.
—Lo que pretendo hacerte —la última palabra fue resaltada para dejar en claro que la protagonista de esa escena era ella—, no es más que poseer tu boca —llevo un par de dedos a los labios entreabiertos de Rin—, acabar dentro de tu vientre— llevo la misma mano hasta acariciar la feminidad de ella sobre su ropa interior, entrometiéndose bajo el vestido, sonrió al sentir humedad—, e incluso… —realizo una pausa para sujetar con ambas manos los glúteos de ella, una mano en contacto directo con la piel, y otra sobre la tela—… estar dentro de ti como nadie jamás lo ha estado, pequeña.
Los latidos del corazón de Rin se agitaban a cada palabra que oía, apunto de salirle del pecho. La última palabra hizo que abriera abruptamente los ojos, y los movió rápidamente a los ojos de quien la mantenía sujeta, pero el movimiento veloz le produjo una jaqueca fuerte que confundió más su mente. Estaba a punto de desmayarse. Lo sabía.
—Descuida. Esperare a que despiertes.
"¡Oh! Que considerado ¿Verdad?"
Y ese fue el último pensamiento que su retorcida personalidad le concedió.
…
Lo dicho: estoy de vuelta. Espero que esto sea suficiente para que me regalen un review. Es el mejor regalo que me pueden dar. Muchas gracias por saludarme. Y si, 21 ya!
Un besote enorme. ¡No me manoseen eh! Lo peor es saber los nombres de quienes me manosean. Es como si me acosaran. ¡Las acusare!
Bueno. Como siempre, un placer. Dmonisa.
