Capítulo 4.
Habla el Diario.
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Esa noche, muy cansados, regresamos a la cabaña asignada a nosotros. Souichi tomaba un baño en una rudimentaria tina antigua de aquellas forjadas en hierro y cuatro patas. Calentar agua con leños, provocaba que nos planteáramos la idea de mejor dormir sucios.
Antes de entrar al pequeño baño, Souchi dijo:
- Morinaga, si vamos a regresar a Nagoya, el viaje debemos hacerlo durante el día. De noche sería muy arriesgado, además que, ahora lo único que deseo es descansar -
- Por supuesto senpai, yo opino igual. La verdad, ya extraño nuestro departamento y un buen baño en regadera. Por cierto, si necesitas más agua caliente; solo llamame -
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Mientras esperaba a senpai para beber café, me acomode sobre un tapete de oso disecado que estaba cerca de una pequeña chimenea. ¡Que agradable sensación para mis huesos! Me recosté boca abajo y apoyado sobre mis codos y antebrazos, comencé a hojear el diario ilustrado de la familia Hayashi; finalmente estaba en nuestras manos. Aquel hombre que nos mencionó el anciano, accedió a que nos lo lleváramos por un día. Por ese motivo, debía comenzar a averiguar cuanto pudiera en ese leve lapso de tiempo y pensé que a estas alturas era algo inútil, pues en unas horas más, nos iríamos de aquel lugar al que jamás debimos llegar. Pero la curiosidad me domino y devoraba las letras, mientras las palabras se volvían imágenes en mi mente:
Me remonte a aquella época. Podía ver los avances de la construcción de la mansión que había sido edificada en 1870, bajo las ordenes de Hayashi Alan, un acaudalado terrateniente de madre japonesa y padre francés a quien disgustaba el cambio del orden bajo el gobierno de Francia, y fastidiado, había salido de su país y construido esta magnífica mansión en la cima de la boscosa montaña.
El mismo narraba como había logrado entrar al país a finales del periodo Edo, cuando finalmente Japón permitió casi de manera obligada, acceso a occidente y Europa. Su sentir estaba impreso en aquellas hojas, ahora amarillentas por el paso del tiempo.
Hayashi Alan:
- Cuando vi el hermoso paisaje, todo verde y fresco, me pareció, un lugar digno de disfrutarse. Lo que realmente me enamoro fue; lo solitario del sitio. Llevo ya seis meses en este lugar, solo faltan detalles para terminar lo que será la mansión de la familia Hayashi. Mi familia -
Cuando escogió este lugar para edificar su mansión, Hayashi Alan pensó que las numerosas lluvias y tormentas eran algo único de aquella temporada; pero con el tiempo, se dio cuenta de que la región era especialmente propensa a tales fenómenos; los grandes truenos y sus relámpagos, más las frecuentes tormentas. Después de dos años de su llegada, tuvo un hermoso hijo varón, y lo relataba con una inmensa felicidad:
- Mi deseo era contraer matrimonio con alguien de mi propio país, sin embargo, ocho meses después de mi llegada a Japón, conocí a una bellísima dama, hija de una familia vecina; a la que despose. Después de poco más de un año, nació nuestro primer hijo; un hermoso varón. Su cabello tan rubio como el mío, y sus ojos ámbar idénticos a los míos, pero con los rasgos orientales de mi bella esposa. No podíamos ser más felices, teníamos todo lo que podíamos desear y cada día que pasaba, no olvidábamos agradecer a Kami por ello -
Con algo de tristeza reflejada en sus palabras, él, sigue explicando que tuvieron siete hijos más, pero solo lograron sobrevivir cinco de los ocho. Sin embargo, en el mayor se centraba el diario, pues de su historia al parecer se desprende toda la tragedia que ocurrió a la familia.
Conforme me adentraba en la lectura, entendí que todo comenzó en 1896. Cuando Hayashi Gillou el primogénito de ese matrimonio, tenía veinticuatro años.
- Mi primo lejano François Delmont, me aviso mediante una carta que enviaría a su hija menor Ángela y que la dejaba a nuestro cuidado. También escribió que mi sobrina lejana, explicaría más a detalle el porqué de su estancia con nosotros. Vino desde Francia a pasar el verano con esta parte de la familia que no conocía. Ángela Delmont, una joven hermosa, muy hermosa, pero también muy sociable, sonriente y caprichosa. Como padre pude notar de inmediato que, se sintió impresionada por la apariencia de su atractivo primo, mi hijo, y no paso mucho tiempo para que terminara enamorada de él. Los valores con los que eduque a Gillou eran estrictos y él por su parte no cedía a los encantos de ella, pues a pesar de ser familiares muy lejanos; no se sentía cómodo y yo en repetidas ocasiones le pedí que se mantuviera lejos de ella. Lo vi haciendo grandes esfuerzos por alejarla cortésmente -
Pero Hayashi Alan notaba cada día que las insistencias y atenciones de su sobrina eran desmedidas. Trataba a su primo como a un rey, atendiéndolo en todo momento, arreglándose lo más posible para parecerle bella, y al cabo de un tiempo, se entregaron a la pasión. Algo que disgusto en gran medida al patriarca de la mansión y más aún; por lo que descubrió.
- Ángela no había comunicado la verdad de su estancia. Tuve que forzarla a que explicara el verdadero motivo de su visita, y ella llorando me expreso que al terminar el año, para lo cual faltaban escasos dos meses, ella debería cumplir el compromiso de casarse con el hombre más acaudalado y poderoso en aquella región. Me sentí atemorizado, con los años que llevaba viviendo en Japón, conocía las estrictas normas morales de la nación y su gente, y su bienestar físico corría grave peligro -
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Lo que seguía leyendo me mostraba que, la mayoría de la servidumbre la descubrió en repetidas ocasiones llorar desconsolada en los bellos jardines de estilo francés que la mansión Hayashi poseía. Dudaba que su primo entendiera que ella no era una traidora, que no logro controlar que el amor por él creciera, y decidida pensaba en escapar con Gillou; si este lo aceptaba. Sin embargo, no conto con tiempo suficiente.
Las habladurías de los pobladores, del supuesto romance entre primos; llegaron a oídos de aquel sujeto. Quien deshonrado, humillado y furioso de los rumores; envió por su prometida. Pero lejos de casarse con ella como había concertado, la mando a ejecutar; como ejecutaban a las adulteras. ¡La enterraron viva!... ¡Malnacidos!
Detuve unos minutos la lectura, imaginar esa terrible escena, además de ira, me provoco dolor. Perder a la persona que más amas bajo esas circunstancias, debió ser una horrible experiencia para Hayashi Gillou. De alguna manera, comprendía aquello, ya que horas atrás, en la cabaña pude haber perdido a la persona que más amo y pensando en Souichi, me levante para asegurarme que no se quedara dormido en la bañera.
- ¡Senpai! ¿Está todo bien? ¿Necesitas agua caliente o alguna otra cosa? -
- Gracias, no. Ya salgo, solo me visto -
- Disculpa, pensé que te venció el sueño -
Más tranquilo de saber que estaba bien, retome mi lugar, y volví a la lectura.
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Hayashi Gillou no se salvó de la furia del despechado sujeto. Tal como lo relataba su padre.
- Tan solo dos días después de ejecutar a mi sobrina, ese asesino, mando a varios de sus hombres a preparar una emboscada. ¡Mataron a mi hijo!... De la manera más cobarde; le atravesaron un sable por la espalda. ¡Esto no se quedaría así! No me conformare con enterrar a mi hijo y llorarlo. ¡Ese hombre debe morir! -
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Aquellas fueron las últimas palabras que imprimió de su puño y letra en aquel diario. Alguien más continuo narrando la historia y se notaba el cambio de escritura. El relato continuo explicando que Hayashi Alan, organizo su venganza, pero en una sola noche; toda su familia fue masacrada. No logro sobrevivir ningún solo miembro y la desolación de la mansión, continuaba hasta esos días y las muertes frecuentes en la montaña se hicieron cada vez más notorias con el paso de los años. Y desde entonces se esparció la leyenda de aquella familia incestuosa maldita y la enorme mansión Hayashi.
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¡Mi asombro fue fulminante! Algunas páginas adelante, la imagen que encontré de Hayashi Gillou; casi me deja sin aliento. ¡Físicamente era idéntico a Senpai! Salvo que su coleta dorada llegaba hasta su cintura, tal como lo usaban los samuráis en aquellos años y las vestimentas eran tan ostentosas como entonces. Aun atenazado por lo que veía, deseaba encontrar la imagen de Ángela Delmont pero, de un momento a otro sentí un inevitable letargo; tan profundo, tan oscuro y en medio de mi inmovilidad, me vi como suspendido en el tiempo, como si no existiera. Vi pasar nuevamente esa horrible silueta, volví a sentir sus ojos sobre mí, su peor cara sobre mis ojos ya cansados. Sin embargo perdí por completo la conciencia...
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Al despertar me sentía confundido, ¿Había dormido toda la noche? O ¿Solo pasaron unas horas? El sol fulgente que apreciaba por la ventana contesto mi pregunta. Como enloquecido me levante del tapete donde me había acomodado la noche anterior a leer, corrí a buscar a senpai a la pequeña habitación; busque por todos lados pero, no estaba ahí, y para aumentar mi sorpresa; tampoco había rastro de su mochila de la que nunca se separaba.
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En mi soliloquio mental, me decía: - ¡Calmate Tetsuhiro! ¡Piensa! Tal vez, solo salió a buscar más especímenes antes de irnos, pero..., la sombra ¿Realmente la vi? O solo imagine verla antes de dormir. Souichi no grito, no pidió ayuda y no me llamo en ningún momento. Si se fue con ese horrendo ser ¿lo hizo por voluntad propia? ¡Imposible! Y el libro ¿Dónde está el diario?
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Mi sola apariencia habría bastado para asustar a cualquiera, intente arreglar con las manos mis cabellos, pero se resistían. Tome mi mochila con las cosas que comúnmente llevábamos para explorar. Caminaba a paso veloz y con locura miraba todo al pasar. No era momento para llorar e imaginar lo peor, pero la angustia se apoderaba de mí a cada segundo, cada momento que pasaba era vital. Ya no perdería tiempo buscando la ayuda de nadie, tampoco deseaba que más personas murieran al acompañarme.
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Unos árboles enormes cubrían todo por encima de mí como pilares esponjosos, suavizaban un poco los truenos, acallaban el sonido del viento, al mismo tiempo que me resguardaban de la lluvia. Había piedras húmedas y cubiertas de hiedra en la abandonada mansión, y por primera vez vi lo que el diario llamaba el hermoso jardín francés, aun había vestigios de los paseos y caminos, pero se encontraban invadidos de mala hierba. Y a unos metros tenía cerca el cementerio. La historia que leí por la noche, me había guiado a este enorme mausoleo. Porque era solo aquella narración, efectivamente, el único recurso que me quedaba. Solo eso, tras haber terminado todo lo demás en desapariciones y muertes.
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Aquel relato, también mencionaba que la familia de Ángela Delmont, al inicio de 1897, se presentó en la mansión Hayashi. Se preocuparon de su silencio; especialmente, por la falta de confirmación del matrimonio arreglado. Se aterrorizaron al escuchar la historia de lo que escasos meses atrás había sucedido:
- Lo sentimos conde Delmont, pero su hija la señorita Ángela murió, y poco después toda la familia Hayashi; sus familiares -
Pero al llegar a aquella mansión y a lo lejos ver las luces, dudaron de la veracidad de la historia. Sin embargo, era cierto, todo en el lugar estaba deshabitado, pero ¿Porque los pobladores juraban que en las noches las luces de la mansión se encendían? Empezó a correr a propósito de la mansión un sin fin de leyendas. Se decía que la encantada casa continuó causando temor; temor que se intensificó cuando nuevos y extraños rumores vinieron a inquietar a los pobladores.
El supuesto prometido de Ángela Delmont, poco tiempo después, apareció muerto en unas circunstancias inexplicables. El texto lo describía cercenado, desangrado y totalmente desfigurado; eso sucedió después de que ese hombre corriera y se negara a dar alguna explicación a su familia, amenazándolos de muerte. Allí siguió, la mansión, desierta, temida, y relacionada al espectro vengativo de Ángela Delmont.
Los años siguientes, varios descendientes de la familia de aquel hombre, también fueron asesinados en circunstancias similares, la misma masacre, la misma barbarie y el profundo odio reflejado por la saña con que las victimas morían. Aquel espectro o yuurei asesino, no mostraba ni la más mínima lastima; lo mismo asesinaba mujeres, adolescentes, niños y ancianos. Y esas muertes se habían extendido hasta nuestros días, debido a que el prometido de Ángela era sucesor de una de las familias más esparcidas y numerosas en todos los alrededores de Aokigahara.
Aquella terrible sed de venganza, parecía no querer desaparecer. Todo indicaba que el yuurei, permitía que la descendencia del hombre continuara, solo, para seguir matándolos. Ahora es que yo entendía, que también eliminaba a todo aquel que interfiriera con sus propósitos; tal como actúan los yuurei. Por eso desaparecieron las personas que nos acompañaron en algún momento.
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Según mis conclusiones, en estos precisos momentos; yo soy su único obstáculo. Con todo el dolor, horror y asombro entendí que en Souichi veía a su amado Hayashi Gillou. ¿Acaso pretendía llevárselo? Y para lograr esto lo siguiente era ¿matarlo? ¡No lo permitiría de ningún modo! Aun a costo de mi vida, lo protegeré.
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Solo podía autocalificarme de idiota, mi prolongado caminar y búsqueda; me hacía cometer errores y no pensar con claridad lo que debía hacer. El mausoleo donde descansaba Hayashi Gillou se encontraba enfrente de mí, ¿debería desenterralo y profanar su tumba? ¿Podría exhumar su fantasma? Lo más seguro seria, que después de más de un siglo, solo encontrara polvo; en realidad no sabía que esperaba encontrar.
La conciencia me decía que debería comenzar a abrir aquella cripta. Pero en un resbalón que me ocasiono un pequeño contenedor de vidrio que usamos para guardar las muestras de plantas, me llevo a descubrir una puerta de madera en frente de la parte trasera del mausoleo, casi no se distinguía por el polvo y algunas hiedras que habían logrado crecer. Instintivamente mire todo alrededor del piso y entonces vi que había otros frascos más, ¡definitivamente eran de Souichi! El debía estar cerca y sin dudar, abrí aquella puerta de madera. Descubrí un túnel horizontal que se internaba no sé a qué sitio. Era bastante amplio como para poder caminar un hombre por mucho de 1.70 mts. De estatura, yo tendría que arreglármelas con mi tamaño. Y aunque nadie en su sano juicio habría intentado meterse por allí y menos solo, en ese momento, me olvidé por completo del peligro. Lo único que me importaba era, encontrar a Souichi lo más rápido posible.
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No sabía si en realidad la ventilación era mala o era yo quien se quedaba sin aliento. Había conseguido avanzar con la ayuda de mi linterna, este túnel por la dirección que más o menos mantenía, pensé que abarcaba toda la mansión y sus jardines. Mi cuello dolía ante la inclinación que debía mantener al caminar, pero no iba a detenerme. Estaba ansioso, en el fangoso camino había logrado encontrar otros dos pequeños recipientes, señal que Souichi me estaba mostrando el camino.
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¿Con que se encontrara Tetsuhiro?
¿Lograr el yuurei su objetivo?
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