El cascabel tintineaba levemente por el movimiento que el viento producía, un sonido inorgánico y oxidado pero aun así conservaba su cierto toque enigmático. La pulsera de hilo rojo también mostraba cierto deterioro, como la degradación del color; en unas partes el rojo era tan intenso con un rubí y en otras partes el rojo apenas estaba presente entre las hebras que ahora eran de color blanco.

El sonido metálico se detuvo con el viento.

– ¿En serio? ¿Eso es todo? – Parloteo Wallace – esperaba encontrar su cuerpo o algo así, no una simple pulsera con un cascabel.

–Oh Wallace que poco romántico eres, – dijo su novia – además ¿no crees que esa pulsera es enigmante? Como si guardara toda una historia en el sonar de su cascabel.

–Puede que tengas razón– murmuró el aspirante a biólogo marino.

Los orbes rojos del fantasma no quitaban la vista de aquella pulsera, pareciera que estaba tratando de recordar algo o descubrir el enigma que está encerraba en él. Nada. Nada llegaba a su mente o a su fallida memoria. Su atención se desvió cuando Steven guardo cascabel en su bolsillo.

–Fue interesante venir aquí y ver la asombrosa vista, pero ambos nos tenemos que ir – comentó Wallace.

Winona se despidió de los chicos de la mirada gris con un ademán con la mano, para posteriormente irse del lugar.

–¿Qué significa esa pulsera? – Rompió la tensión el estudiante de psicología – lo que dijo Winona puede ser cierto, puede que tenga que ver algo más contigo Ruby.

–No creo – contestó en seco – yo no usaría algo tan simple como eso.

Steven se dejó caer en seco para sentarse, miraba al horizonte viendo como el astro rey se ocultaba dando lugar al ocaso del día correspondiente. Ruby tomó lugar junto al de cabello plateado, Riley iba a imitar la acción del fantasma pero su teléfono sonó. Contestó la llamada, dirigió unas cuantas palabras a su interlocutor, parecía algo importante, la mirada gris de Riley miró a Steven, este hizo un ademán con la cabeza diciéndole que podía irse. El moreno de ojos grises inclinó la cabeza en señal de agradecimiento y se fue sin colgar su celular.

El lienzo del cielo se pintaba de diversos colores naranjas, amarillos, morados y negros, las primeras estrellas se asomaban tímidamente en aquel maravilloso lienzo al cual llamamos ocaso. La asombrosa escena era bien conocida por los dos, puesto que el día que se habían conocido el cielo era igual de bello, ese era un recuerdo que ambos guardaban celosamente y ningún amigo de Steven se sabía la versión completa de cómo se habían conocido.

Las manos del mayor tomaron la mano izquierda del adolescente, el frío metálico de los anillos de las manos de Stone llamó la atención de Ruby. Pudo sentir cómo le ponían delicadamente la pulsera.

–Dices que nunca te pondrías algo como esto, pero sigue siendo una parte de tu pasado– comentó Steven dejando la mano del fantasma, el cascabel sonó una vez, Ruby detuvo el sonido tomando su muñeca. – Te queda bien.

–Si se trata de mi todo me queda bien– respondió al cumplido al cumplido con su típico aire narcisista.

–Si claro lo que digas– agregó Stone entre risas.

Steven se levantó y miró un momento el último rayo de luz de sol que se ocultaba, luego observo la luz de luna y por último volvió a mirar a su acompañante. Ruby también lo miró directamente a los ojos, la luz de la luna estaba a espaldas del mayor, la cual contorneaba a la perfección el cuerpo ajeno, su cabello gris parecía finos hilos de plata y sus ojos grises y fríos como el acero lucían más cálidos.

–Ruby– lo llamó Steven sacándolo de su trance– ¿Nos vamos?

–Ah no, me quedaré un rato más– el de ojos grises lo miro con duda– Está bien, puedes irte– contestó antes de que le preguntara si estaba seguro con su decisión.

Steven se despidió, prendió un cigarro y se fue caminando, siendo vigilado en cada momento por el fantasma, el cual después de que el joven se fuera miró la piedra que tenía tallado su nombre y luego miró el brazalete que Stone le había puesto golpeando el cascabel con el dedo haciendo sonar su tintineo.

–¿Qué me pasó? ¿Cuál es mi pasado?– se planteó – bueno da igual, no me interesa.

Se levantó y comenzó a caminar dejando aquel árbol de cerezo, donde ahora había una figura similar a la de Ruby, pero emanaba un aura más oscura y peligrosa.

–Yo lo sé todo– murmuró deslizando la mano por la piedra sintiendo el tallado del nombre de Ruby.

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–¿Has logrado recordar algo?–Preguntó Riley a Ruby, el cual negó con la cabeza.

–No lo fuerces– dijo Volkner si levantar la vista del libro que está leyendo– ya te ha dicho que no varias veces en las últimas 2 semanas.

El de los ojos grises se molestó pero sólo acertó en ignorar al chico de ojos azules.

–¿Donde esta Steven?– preguntó Ruby algo preocupado porque no había llegado al salón del espejo donde habían acordado verse.

–Con Wallace– respondió en seco Volkner.

–¿Me llamarón?– preguntó irónicamente Wallace entrando al salón. Venía con Steven efectivamente. –no pueden vivir sin mí, lo sabía.

–Claro, sin ti ya estaríamos muertos. Si no hubieras llegado ya hubiera besado a Riley– dijo sarcásticamente Volkner. El mencionado se puso rojo ante la estúpida broma de su amigo, era vergonzoso. Esto provocó que los otros 3 se echaran a reír, Wallace más sonoramente que Steven y Ruby.

–Ya sabía yo que se amaban– dijo Wallace entre risas– bueno a eso no es a lo que nos reunimos, estamos aquí para saber más del pasado de…

–Ruby– concluyó la oración Steven.

–Ruby– repitió Wallace– he estado investigando un poco y creo saber dónde está su cadáver– todos le pusieron atención menos Ruby, a él no le importaba– lo más seguro es que este en la colina donde encontramos el cascabel.– su teléfono sonó, quien marcaba era Winona. Salio a contestar pero no volvió.

– Wallace puede tener razón– comentó Riley– ¿Por qué otra razón habría una "lápida" dedicada a Ruby ahí?

–Puede ser solo simbólico– dijo Volkner quien continuaba leyendo.

La hora indicaba que eran las 6 de la tarde y comenzaba a oscurecer, la sala tenía luz eléctrica pero muy poca, la instalación era muy vieja y en cualquier momento podría fallar. Y como era de esperarse en ese momento en el que el chico de cabello rubio estaba en el clímax del libro que estaba leyendo la luz se fue; se podía ver apenas un poco, Volkner cerró su libro indignado y estaba listo para irse.

–Volkner– lo llamó Ruby antes de que saliera de la sala– antes de que te vayas ¿podrías arreglar la electricidad, las noches son muy oscuras y me cuesta leer aquí?

Volkner asintió en señal afirmativa y se fue a reparar el problema de electricidad. Riley se fue cuando comenzaba a oscurecer más, dejando a Steven y a Ruby solos con el gran espejo.

Steven se recargó en contra del gran espejo. De pronto se acordó del relato de Ruby "...No importa lo que suceda cuando te pongas delante de él no mires por encima de tu hombro. Si lo haces, el fantasma te atraerá, y estarás atrapado en el espejo para siempre." Por acto de reflejo miró sobre su hombro encontrándose con el reflejo del fantasma, miró la reflexión un momento pero abruptamente la imagen de Ruby cambio a una sombra oscura, vio como las manos de la sombra se acercaban a él, sintió por un momento como las manos lo tomaban y lo jalan hacia el espejo.

Lo siguiente que pasó fue confuso para Steven, escuchó el sonido del espejo rompiéndose y el de cómo caía por las escaleras, pero en su mente llego una rara imagen donde Ruby estaba llorando y pidiendo ayuda, estaba sufriendo y parecía que tenía rota la pierna. El último golpe hizo que la imagen desapareciera y pudiera escuchar a Ruby corriendo por las escaleras, corría tan rápido que tropezó con un escalón cayendo arriba de Steven.

–¿Estas bien?– se apresuró a preguntar, Stone iba a contestar que estaba bien pero un fuerte dolor en la cintura lo atacó, junto con una punzada en la mano izquierda, la cual era una cortada y le salia sangre.– Estas sangrando– se alarmó.

–No es nada– contestó mirando la herida– Estoy bien– las miradas de ambos se cruzaron, sus rostros estaban a escasos centímetros el uno del otro, la mirada gris era cálida y la roja guardaba secretos que Steven quería descubrir, misterios que quería resolver. Steven se sintió un poco avergonzado y miro la extraña habitación en la que se hallaban, lógicamente no podía ver nada por la oscuridad.

–Lo siento– dijo el fantasma al notar que las mejillas de Stone estaban rojas de vergüenza, aunque las suyas lo estuvieran más; se puso de pie y ayudó a ponerse de pie.

La luz volvió, una poca de esa luz se filtraba a través del hueco donde estaba antes el espejo. La poca luz que entraba logró iluminar la habitación donde estaban ahora podía verse con una cierta claridad. Lo que vieron los ojos de Steven lo sorprendieron mucho: había una extraña altar y junto a esa altar recargado en la pared había un esqueleto que tenía el fémur roto.

–¿Qué significa esto?– titubeo asustado Stone.

–¡No mires!– gritó Ruby corriendo escaleras arriba, el de cabello gris no sabia que hacer así que siguió al fantasma.

–¿Qué era eso?– preguntó Steven al adolescente.

–No lo se y no quiero saberlo.

–Ruby ¿Ese es tu cuerpo?– preguntó directamente, Ruby movió la cabeza en señal afirmativa. Habían encontrado su cuerpo.