A Cappela de la vida

Debería ser de noche.

El viento era ligeramente tibio, lento, casi inexistente, por tanto debía ser primavera aún, tal vez verano. No estaba del todo seguro, pero el recuperar la sensibilidad en la piel indudablemente era un síntoma que auguraba su recuperación, si no pronta, al menos segura si bien en general no se sentía con la voluntad de ponerse en pie. Una descripción más acertada podría asemejarse a flotar en un inmenso mar silencioso que con un suave vaivén se encargaba de dirigirlo a quién sabe dónde.

Pasó un rato, largo en realidad, de tal vez días enteros como los que acontecían en las ilusiones del Mangekyō Sharingan, y sí le habían tocado algunas como para considerarlo referencia aceptable. De momento, casi sin percatarse fue consciente de su respiración, un hecho que había pasado desapercibido, tanto como los detalles del mundo exterior. Momentos más tarde también el latir pausado y rítmico de su corazón en el pecho comenzó a hacer eco en su cabeza.

Lentamente hizo pase de lista con respecto a todo aquello que volvía a establecer nexos con la realidad, tenía ya la temperatura ambiental y una idea bastante generalizada de su estado, sabía que estaba boca arriba, en un lugar cerrado y no sobre la tierra como inicialmente había supuesto, quizás un lecho de hojarasca o heno… heno, los dos dedos que obedecieron la orden de estrujar débilmente daban su informe.

Sus párpados fueron los siguientes, con leves contracciones hicieron el esfuerzo casi inútil de abrirse, pues la resistencia que oponía su propio cansancio se lo impedía, aunque él no se rendía fácilmente y tras otro rato de lucha lo consiguió por unos momentos antes de que volvieran a quedar completamente cerrados.

Los labios pegados entre ellos por la deficiente hidratación ahogaron el quejido que se le escapó, mientras su nariz respingaba levemente por el penetrante y vagamente nauseabundo olor a humedad que de momento le embargó las fosas nasales. Volvió a abrir los ojos con menos esfuerzo, miraba fijamente hacía arriba, reconocía su propia frustración y la urgente necesidad de ventilar sus pensamientos, aunque el dolor de su cuerpo lo forzara a no poder procesar ni una sola idea congruente respecto a lo que procedería a realizar. La lengua hizo lo propio separando la apertura de la boca detallando lo mucho que requería de un poco de agua en esos momentos.

El brazo derecho le hormigueaba, muy seguramente había causado daños severos a los nervios con ese último ataque.

La frustración pasó a mal humor en cuestión de segundos, la pierna derecha tampoco le respondía ni en intento como el resto del cuerpo, que aún con debilidad y torpeza cuando menos habían dado señales de utilidad. La izquierda buscando compensar el esfuerzo no realizado por su compañera empezó a levantarse trémulamente, nunca había sido un desvalido y no tenía porqué comenzar en ese instante.

A medida que la mano ganaba altura y la circulación se aceleraba bajando la sangre hacia el brazo ganaba más confianza en que tal vez sí podría incorporarse por su propia cuenta aunque el mareo que lo empezaba a aquejar por el dolor le aconsejara lo contrario.

Un zumbido en sus oídos se agudizó a un punto insufrible para desaparecer tan súbitamente como se había intensificado en los últimos minutos, el dolor en el cuerpo poco a poco fue reduciéndose hasta considerarse tolerable, y con esa nueva sensación de tranquilidad todo finalmente encajó donde debía.

—Sasuke-kun… tranquilo.

La voz le resultó demasiado definida como para estar inconsciente, que era el estado que había asumido en que se encontraba. Con la garganta dolorida pasó un trago de agua que le ofrecían pero que, sin embargo, resultó menos gratificante de lo que le hubiera gustado. Los párpados ya no le pesaban y el esfuerzo empleado para mantenerlo abiertos era prácticamente nulo, no así la irrefutable verdad sobre la oscuridad de su mundo cayó a plomo sobre lo que quedaba de orgullo, pues era absurdo mantener la esperanza ya que aún estando dentro de una cueva, no podía ser todo tan sombrío. Un nuevo casi quejido se le escapó.

—Lo siento, no puedo hacer la gran cosa por el dolor, no he conseguido medicamentos.

Volvió a recostarse, le parecía increíble que aún después de todo, se sintiera con la obligación de disculparse.

Cerró los ojos, y no porque fuera más el cansancio, sino porque no tenía absolutamente ningún sentido mantenerlos abiertos si a fines prácticos no veía absolutamente nada.

— ¿En dónde estamos?

Sakura sonrió sutilmente, de verdad esperaba esa pregunta pero en un singular que no la reconociera como compañera. Aquella sonrisa fue secundada por un pequeño suspiro.

—En el país del Trueno, cerca de la frontera…

Sasuke respondió con el imprescindible monosílabo de siempre, lo único de él que no había cambiado desde que la chica lo conocía.

—Estoy tratando de arreglar un viaje al País del Agua, de ahí podemos tomar otro barco para…

—No.

— ¿Sasuke-kun?

—No hagas nada.

—No podemos quedarnos en territorio ninja, tú…

—No puedo levantarme…

Ella bajó la mirada innecesariamente, pues él no podía mirarla ni aunque le interesara hacerlo, sus movimientos se mantenían al margen de lo indispensable y ellos incluía el rostro al frente de cara al cielo raso de estalactitas.

—Tu recuperación va a tardar. — dijo la chica de pelo rosa adivinando el sentimiento de orgullo herido que lo embargaba; de pasar a ser el ninja más peligroso y poderoso, a un desvalido herido de guerra sin honores.

Siguió el silencio.

Los ojos verdes examinaban minuciosamente la figura de su compañero en esa, para ella, relativa oscuridad. La luz de la luna se filtraba por el bloqueo de la entrada improvisado con ramas y arbustos.

Pensó en preguntarle tantas cosas, se encontraba tranquilo, tal vez sus bríos estarían lo suficientemente calmados como para permitir una conversación decente que no terminara como el último intento. Tenía tanto que decirle, pero en esos momentos de silencio no se le ocurría absolutamente nada…

—Será mejor que te vayas ahora.

— ¡No digas esas cosas! ¡Yo…!

Me uniré a ti y abandonaré Konoha, ya me lo habías dicho. — repitió con apatía acentuada por lo cansado de su voz dejando muda a la otra con todos los pensamientos cortados en el último encuentro que habían tenido anterior al que acontecía en esos instantes y unos días antes.

—Es verdad.

Pero la afirmación fue tan tenue que se perdió entre los ecos de aquella gruta, lentamente se puso de pie para salir, no sabía con exactitud a qué, pero había presentado esa urgencia de manera esporádica cuando en más de doce horas no había abandonado su guardia deseosa de que su paciente despertara.

El ulular de un búho la recibió, casi sin darse cuenta correspondió el saludo con una mirada, al menos a alguien le daba gusto verla. No hacía frío, el clima veraniego de la costa, que no se encontraba lejos, se encargaba de quitarle la preocupación por los jirones de ropa que llevaba y apenas podían considerarse suficientes para cubrir el pudor, si bien tras haber revisado a Sasuke al despertar, no tenía mucho sentido, la única forma en la que el muchacho podría percatarse de su lastimoso estado, era tocándola, esperanza que se había diluido con el previo antecedente de su relación destrozada. El viento salado meció un poco su cabello opaco, ella se sujetó por los codos en un fallido intento se abrazarse a sí misma.

Al sentir nuevamente el detalle de sus uñas rotas se llevó el dedo índice a la boca, que era el que la había lastimado con una astilla levantada en la uña mordiéndola para arrancar el pedazo. Con eso último, lo que quedaba de esmalte ahí también era removido.

Poco le importó la vanidad herida, después de todo, ese último arreglo a sus manos, lo había hecho Ino mucho antes siquiera de que se hiciera la declaratoria de guerra. Sin embargo, caso contrario al péndulo en que había estado divagando hacía algunos días, sus ojos permanecieron secos. Sí que extrañaría a sus amigos, pero Sasuke estaba vivo, increíblemente despierto y al parecer con bastante lucidez.

Volvió a esbozar una sonrisa manteniendo el dedo suspendido sobre el borde de su labio inferior. Escuchó con claridad cómo Sasuke maldecía, estaba segura de que había tratado de levantarse evidentemente sin obtener éxito, enseguida el cuenco de agua rodar y otro gruñido, luego pareció escuchar un murmullo distante, uno como el que le hizo saber que estaba con vida en aquél valle desolado donde culminó la batalla.

Miró la luna que despejaba sus pensamientos con el encanto que la caracterizaba para los asuntos fuera de toda razón lógica y se sintió completamente confiada en que había hecho lo correcto, en que ya no podía arrepentirse. Los lazos entre los miembros de la villa era fuertes, una sola pérdida no haría colapsar el mundo de todos, Sai fastidiaría a Ino, Ino entonces le pintaría las uñas a Hinata o a Tenten si la convencía de que era ´"lo más apropiado para una chica", Tsunade-sama… ella era una mujer fuerte, ella y Shizune se tenían una a la otra, Kakashi tal vez se dedicaría a leer… Naruto…

Él estaba vivo, él tenía que estar vivo y a él toda una villa lo cuidaría, un séquito de amigos tanto de Konoha como de Suna como de todas partes se encargarían de apoyarlo para cumplir sus nuevas metas. El equipo siete estaba dividido equitativamente, y era lo mejor, con la mente clara y sin llantos lo había decidido, así estuvieran solo ellos contra todo lo que se avecinara.

Al entrar encontró a Sasuke sentado, algunos pasos más lejos de la cama improvisada, la espalda la había recargado en una roca y su respiración agitada denotaba el gran esfuerzo que había hecho. Tragó saliva levantando la cabeza enseguida usando el brazo izquierdo como apoyo para volver a hacer prueba.

Sakura sintió el impulso de correr para servirle de muleta, pero una fuerza más impetuosa la retuvo en su sitio y se trataba de la mirada de Sasuke, aquella que se encontraba tras los párpados, los orbes negros que habían perdido su profundidad desafiaban ahora con un vacío más imposible de evadir.

Recogió las manos a la altura de su pecho sin despegar la vista, realmente tenía que detenerlo, los nervios de la pierna estaban muy dañados, tenía dos desgarres y lesiones en los ligamentos de la rodilla y tobillo.

Se quedó sin aire unos momentos antes de finalmente vencer su parálisis para correr y atraparlo antes de la caída tras haber conseguido segundos de precario equilibrio.

—Por favor Sasuke-kun, espera a mañana, conseguiré algunas cosas para empezar la fisioterapia.

No hubo respuesta con palabras, pero el hecho de que su cuerpo perdiera rigidez entre sus brazos fue más que suficiente. Tal vez abría esperado un "gracias" o un "está bien", tal vez, pero no de él, recostándolo con sumo cuidado, sin dejar de mirarlo se percató por las facciones que pese a todo, aquél demonio que combatió contra su mejor amigo, se había dispersado en mil añicos con el supuesto de una venganza cumplida, y entre los fragmentos de dolor y odio se asomaba con lentitud aquél Sasuke que había conocido años atrás.

Tenía que ser eso, tenía que ser la luz al final de la oscuridad, ahora que ya no había más enemigos por vencer sería ella quien se encargara de que todo fuera como en otro tiempos, aunque no hubiera nadie más para atestiguarlo.

Se volvió descarada y volvió a acercar sus labios, arrepintiéndose a último momento desviando el camino hacia la frente donde la recibió una fina capa de sudor. Se había quedado dormido nuevamente.

El pueblo más cercano estaba a varias horas de camino, pero ahora que estaba despierto, necesitaba iniciar con los tratamientos para devolverle la movilidad a su cuerpo, tenía entendido que incluso había una clínica, tan solo esperaba que los shinobi aún no regresaran a sus puestos habituales tras la última gran batalla.


Comentarios y aclaraciones:

Hola gente bonita!

Pues aquí la entrega del mes (y creo que en vista de lo apretado de mis horarios así seguirán todas las publicaciones), espero que les guste más que el capítulo pasado, y pues, solo me queda decirles:

¡Gracias por leer!

(Y por los comentarios de anónimos con nombre pero sin cuenta que no pude responder su review personalmente: perla y EDISON)