Aquella mañana el sol había amanecido radiante, iluminando todo a su alcance a medida que surgía de entre los edificios de la gran manzana. Los animales recién despertaban de su reparador sueño y con ansias devolvían los regalos que habían recibido durante la larga noche.
En el habitad de los pingüinos no era diferente. Tres de ellos ya habían abandonado sus literas, mientras que uno aun, el mas joven de todos, descansaba en su cama vagamente consiente de lo que sucedía a su alrededor, hasta que una voz conocida pareció irrumpir en las lejanas tierras de sus sueños
-¡CABO! Despierta ya, flojo
Al escuchar la ansiosa voz de su general al mando, el pequeño pingüino abrió los parpados con pesura, frunciendo un poco el seño. Estaba acostumbrado a levantarse temprano, pero se suponía que ese día dormiría un poco mas de lo apropiado. Sin embargo al ver la cara de su líder con un enorme y peludo bigote falso pegado a su pico, su sueño se desvaneció por completo, incorporándose de golpe. Al ver su reacción Skipper rió un poco
-hey, hey, hey, muchachito, pensaba que ya no ibas a despertar – hablo entonces con esa extraña voz que a veces solía utilizar, pero al ver que su soldado lo miraba de manera extraña procedió a retirar el mostacho de su cara – ¡solo soy yo! ja, ja, ja. Oye, te vez hambriento, ¿quieres algo de comer?
al escuchar aquella inusual pregunta, Cabo se extraño un poco, su líder casi nunca le ofrecía tal cosa, puesto que casi nunca cocinaba, a menos que se tratara de un poco de sorpresa repescado
-no, gracias, estoy bien – se negó el muchacho pensando mas en la ultima posibilidad
-¿seguro? Esta nueva cafetera con mostacho falso hace unas tostadas deliciosas – insistió el pingüino de cabeza plana, mirando con admiración el aparato entre sus aletas que aparentemente había sacado de algún lugar de la nada tras su espalda. Al verla Cabo abrió grandes los ojos, comprendiendo que los regalos de navidad ya habían sido entregados. Bajo de su cama de un brinco y miro hacia la pequeña mesa de acero que solía estar en medio de la sala, ahí estaban Kowalski y rico, este ultimo sentado y con la cabeza apoyada en sus dos aletas, disfrutando de la bonita melodía de una pequeña cajita de música, acompañado de su fiel amiga, la señorita Perky.
De nuevo miro a Skipper con una radiante sonrisa en su pico, y este le devolvió el gesto pero de una manera menos convincente
-si, lo se, yo tampoco me esperaba esto – admitió el líder, refiriéndose al pingüino psicópata, que muy embelesado se dejaba adormecer por la tonada – supongo que la música calma a las bestias – comento luego, mirando divertido a Rico. Pero lo que no sabia era que la alegría de Cabo se debía a otra cosa – oye, Kowalski. ¿Tu si me aceptas una tostada? – grito Skipper a su segundo al mando, mientras se acercaba caminando hasta él, siendo seguido por el mas joven
-no, gracias – se negó el científico acomodando sus gafas protectoras en su frente - ya fueron suficientes con las ultimas siete que comí – agrego al tiempo que manipulaba cuidadosamente un pequeño y muy maloliente cubito plateado con un par de pinzas grandes
-¿que es eso? – pregunto el menor apuntando con la aleta
-¿y por que apesta tanto? – agrego el otro con una mueca de desagrado en su rostro
-señores, permítanme presentarles… ¡al talanium! – Presento Kowalski en toda su gloria, a lo que sus compañeros lo miraron de manera desconcertada – es una elemento poco conocido y muy difícil de hallar. Ni siquiera se encuentra en el estomago de Rico, tiene infinidades de usos para la ciencia moderna. Lastima que huela a popo de hipopótamo… - al decir eso ultimo, los demás contorsionaron sus expresiones en unas de completo asco - ¿Qué? La ciencia soporta esta clase de… Contratiempos
-eh… si… como digas, Kowalski, solo no quiero que explote – ordeno Skipper sin mucho interés por el pequeño cubito y su teniente acepto con un molesto "aja"
-y… ¿algún regalo para mí? – pregunto Cabo tocándose las puntas de las aletas. Al instante sus compañeros, incluso rico lo miraron sin decir nada y luego cruzaron miradas entre ellos como si estuvieran preparándose para dar una mala noticia
-eh…. ¿Cabo?... no... No sabemos como decirte esto, pero… para ti solo llego una carta… - hablo el mas alto sintiendo lastima por el pequeño, al tiempo que le extendía el pequeño papel blanco atado con la cinta. Cabo lo tomo sin decir nada y sus compañeros hicieron lo mismo.
-oh…bueno… creo que la leeré por… allá – comento retirándose lentamente, fingiendo decepción ante las incomodas miradas de sus amigos. Pero al darse media vuelta sonrió de "oreja a oreja" apretando la carta contra su pecho.
Rápidamente subió a su litera apartando las sabanas y el lunacorcio a un lado y leyó para si mismo:
"Estimado Cabo.
Nunca antes había leído una petición como la tuya, ese si que es un completo reto. Pero si estas leyendo esto, significa que tu deseo se ha hecho realidad. Me alegra que gustes compartir la alegría de la navidad con alguien más, aunque este no lo acepte en un principio. Lo único que lamentare de todo esto es no poder comer las galletas con forma de pescado que sueles dejar sobre la mesa, son mis favoritas.
Sinceramente, San Nicolás."
