Candy Candy no me pernetece, los personajes aquí mencionados son propiedad de sus respectivos autores y fueron usados bajo los estatutos de libertad de expresión y prensa.
La secuencia de la historia pertenece a MiekoSakuraChan (Ana Cristina García Toledo)
Esta protegida contra fines de lucro.
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Capitulo 3: "Instintos de amor"
El tropiezo entre Candy y Terry no era casual, y tampoco que ambos no estuvieran en la recepción. Realmente muy sospechoso, y era momento de terminar con el misterio.
-Charles, si no te molesta, tengo que ir al tocador un momento.- pidió Elisa.
-Claro, como quieras.
Salió con cuidado al jardín, y al ver que no estaban decidió examinar la situación; tal vez después de todo Terry si estuviera en la sala de descanso.
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Era la mejor bienvenida que había recibido en toda su vida: Un beso del hombre que amaba y la amaba.
-Terry, no hay tiempo para esto, tengo que decirte algo muy importante.
-Yo también te amo.
-Aparte de eso.
-Dime Candy.
-Debes seguir las instrucciones de la carta, nadie debe reconocernos... o al menos a mí.
-Yo pasare desapercibido.
-Bien. El lunes debemos estar puntual en el hospital feliz a las 2 de la tarde, que es la hora de la comida del doctor.
-Entendido.
Terry... discúlpame por lo del cementerio, pero debes entender que mi dolor era...
-No te preocupes Candy, se que te eh hecho mucho daño, pero ahora podemos estar juntos.
-Terry, tenemos que estar viéndonos a escondidas.
-¿Por qué Candy?- preguntó él con una mirada llena de dudas,
-Porque en estos momentos estoy bajo mucha presión.
-¿Lo dices por Neil?
-Neil no me importa. Si ya leíste la carta lo sabrás todo.
-La eh leído.
-Te eh extrañado tanto.
Terry abrazó a Candy y después le dio otro beso largo, pero a la vez pausado; instantes después la fantasía y paraíso de Terry y Candy desapareció al escucharse la voz de Elisa.
-Si retirarme por "x" motivo y retirarme para ir a la sala de descanso se trata de esto, lo practicare.
-Elisa...
-Vamos Candy, no te apresures, sigue con lo que estas, realmente no me importa mucho tu vida.
-Basta Elisa- la acalló Terry.
-Bien, creo que lo mejor será que me valla- Elisa se alejó con una gran sonrisa.- espero que no hagas llorar a Neil.
Terry abrazó más a Candy para controlarla.
-Tengo que irme- Candy se separó de los brazos de Terry.
-¿Qué pasa?
-Por favor, no faltes el lunes Terry.
-No lo haré- Terry se despidió con un beso.
-Hasta el lunes.
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Estaba muy preocupado por Candy, tenía mucho tiempo que se había ido al tocador y no había regresado.
-Tía Elroy, ¿sabe usted donde esta Candy?- preguntó Neil tratando se no parecer un tonto.
-Pensé que estaba contigo, mira ahí viene Elisa, hace unos momentos la vi con ella.- respondió la tía Elroy.- Elisa- dijo una vez que Elisa se unió a ellos- ¿has visto a Candy?
-¿A Candy?
-Sí Elisa, por favor dime donde está- pidió Neil.
-Bueno, eh visto a Candy...
-Déjalo, ahí viene- Neil vio a Candy a lo lejos.
-¿Pasa algo?- preguntó Candy una vez que se hubo acercado.
-Le estaba diciendo a Neil donde estabas.- contestó Elisa.- ¿eso debe alarmarte Candy?
-No lo sé.
-Bueno Neil, como te iba diciendo...
Candy sintió como el mundo le caía sobre los hombros.
-Candy estaba en el tocador, la vi hace unos momentos, y también platique un rato con ella.- mintió Elisa.
-Eso ya no importa.- respondió Neil.
-Candy, quiero preguntarte algo- pidió Elisa.
-Lo que quieras.
-Ven un momento por favor- Elisa se separó de la tía Elroy de Neil.
-¿Qué pasa?
-Eh mentido por ti, es momento de que me hagas un favor.- exigió Elisa.
-No pienso hacerte nada.
-Vamos Candy, te he salvado, por mí puedes ser feliz con quién quieras, siempre y cuando no te metas en mi vida.
-Bien, lo haré.
-Quiero que convenzas a Neil de volver a poner la cuenta de la joyería a mi entera disposición.
-Lo intentare, pero no te aseguro éxito.
-Pues asegúralo, por que si no me retractaré.
-Si lo haces, entonces diré que lo has inventando.
-Ahí viene Neil, será mejor que lo hagas bien.
-¿De que hablan?- intervino Neil.
-Le estaba diciendo a Elisa que en la joyería "Green Diamond" vi un collar para ella- mintió Candy.
-Lamentablemente no puedo comprarlo- dijo Elisa.
-¿Porqué Elisa? ¿tienen problemas económicos?
-Nada de eso, es sólo que Neil me cancelo la cuenta.
Candy miró a Neil con desaprobación.
-¿Es eso verdad?- preguntó Candy.
-Me temo que sí.- respondió Neil.
-Eso es una calamidad, nosotras las damas debemos vernos lindas con unas cuantas joyas.- dijo Candy con tono meloso.
-Lo sé, pero Elisa abusa demasiado.- se defendió Neil.
-No seas malo Neil, vuelve a reactivarle la cuenta.
-Lo pensare.
-Es caso perdido, mejor déjalo Candy- Elisa se separó de Neil y Candy.
-Haces mal Neil.
-Sólo hago lo que es debido.
-Si no le reactivas la cuenta a Elisa, me voy a enojar tanto, que me veré en la penosa necesidad de devolverte el obsequio tan hermoso que me has enviado.
-Tú ganas, le reactivare la cuenta a Elisa.
Candy no pudo evitar sonreír, era una batalla que había ganado, Elisa ya no diría nada, o a menos eso esperaba...
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-Como quieras Susana, tus decisiones me tienen sin cuidado- dijo Terry perdiendo la paciencia- si quieres te llevo a la estación.
-No es necesario, Joseph pasará por mí.
-Esta bien, ¿estás segura que nunca más volverás a molestarme?
-Completamente; y no tienes porque ser tan frío conmigo.
-Sólo te devuelvo el sentimiento que sentí viviendo contigo.
-Te comprendo, pero ahora ambos podremos ser felices.
-Así es.
-¿Crees que a Candy le moleste que adopte un niño del hogar de Pony?
-Al contrario.
-Creo que este es el adiós definitivo entre nosotros.
-Yo no lo creo, yo lo sé.
-Espero que tengas buena suerte mañana.
-¿A que te refieres?
-Sin querer leí la carta, bueno, me voy, ya ah venido Joseph.
-Si quiera déjame llevarte a la puerta de entrada, ahí podré darle las gracias.
-¿Qué gracias?
-¿No crees que debo darle las gracias por haberte enamorado y por haberse enamorado de ti?
-Si es lo quieres...
Terry acompaño a Susana hasta la puerta de entrada del edificio y cumplió su palabra: le dio las gracias a Joseph; pero también descubrió que el tal Joseph no era otro que el primo de Harry Charles Rockford.
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-¿Cómo la pasaste en la obra Candy?- preguntó Albert.
-Muy bien, sólo me incomodó la presencia de Neil.
-Tú sabías que eso iba a suceder.
-Así es.
-¿Entonces porqué aceptaste su invitación?
-Sentí que era mi obligación, y la tía abuela me dijo que el sería el más indicado.
-Pues bien, yo te daré una orden.
-¿Enserio?
-Sí. Se feliz Candy, elije tu camino.
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-Hágala pasar- ordenó la tía abuela.
-Entendido Sra.
-Buenas tardes Sra. Elroy.
-Me han dicho que usted ah venido hablarme de Terry y Candy.
-Así es señora, me llamo Susana Marlow.
-Bien habla jovencita.
-Terry y Candy planean verse a escondidas en el hospital feliz, a las 2 de la tarde, mañana lunes.
-¿Sabes los motivos?
-Tal vez planeen huir.
-¿Huir? ¿Se refiere a escaparse juntos?
-Sí señora.
-¿Cómo sabe usted eso?
-Candy le escribió una carta a Terry, y yo se que Archie; un amigo suyo; le entrego algo en el camerino.
-¡Dios mió!
-Hay más, en la carta decía que Candy y el se iban a encontrar durante la recepción en la parte trasera del edificio.
-¿Cómo?
-Sí, decía que cuando tropezará con el, se verían dentro de 5 minutos.
-¿Y que gana usted con decírmelo?
-Nada, sólo quiero que no sean felices juntos.
-Pero que egoísta, de todos modos gracias, mocosa, por la información.
-Sólo cumplo con mi deber.
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-¿Qué pasa Dorothy?- preguntó Candy.
-Lo siento Candy, pero debo cerrar tu puerta con llave.
-¿Por qué?
-Son órdenes de la señora Elroy.
-¿De la tía abuela?
-Sí.
-¿Y Albert?
-Salió muy temprano.
-Llama a Archie, dile que tiene que ayudarme.
-Lo siento, no puedo.
-¡Dorothy!
-Lo siento.
Dorothy echo llave al cuarto de Candy.
-¡Dorothy!
-Candy.- susurró Dorothy- en la mañana deje una cuerda y un lazo debajo de la cama, tal vez te sirvan.
-¡Déjame salir!
-Lo siento.
Candy escuchó como Dorothy se alejaba llorando.
-Tengo que ir, ¿pero como? Estoy en el tercer piso.
Candy abrió la ventana, y descubrió que el carro de los Leegan estaba estacionado justo debajo de su habitación.
-Oh, ¿ahora como iré? Sólo faltan 40 minutos. ¿Cómo es que la tía Elroy ah decidido encerrarme? Tengo que hacer algo, no puedo faltar.
Candy aseguró la cuerda y la arrojó por la ventana, tenía que ir, y no permitiría que una simple llave le impidiera ser feliz, después de todo... esa había sido la orden que Albert le había dado.
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-Es que Candy ordenó que se le cerrará la puerta, así que la eh mandado a cerrar, pero si quieres, puedes ir a verla, pero no la dejes salir.- ordenó la tía abuela.
-Si, tía Elroy.- concedió Neil.
-Bien, Dorothy, acompáñalo.
Neil y Dorothy fueron a la habitación de Candy, y al entrar se llevaron una gran sorpresa.
-¡Candy no está!- exclamo Neil.
-Pero si hace unos minutos.
-La ventana esta abierta.
Neil se acercó a la ventana, y a lo lejos la vio correr.
-Allá va, ¿porqué salto por la ventana?
-No lo sé Sr.
-Muy bien, ya basta, ya estoy cansado de esto, le diré a la tía abuela.
-Un momento Sr. usted se queda aquí.
Dorothy salió rápidamente y dejo encerrado a Neil en la habitación de Candy.
-Dorothy, abre esta puerta o pediré que te corran, prometo no decir nada, pero ábrela ya.
-¿Lo jura por su honor Sr. Leegan?
-Lo juro.
Dorothy abrió la puerta y dejo salir a Neil.
-Dime a donde ha ido Candy.
-No lo sé.
-Dímelo.
-No lo sé Señor...- volvió a decir Dorothy.
-Bien, le diremos a la tía abuela que la encontramos dormida.- dijo Neil.
-Si Sr.
Dorothy no lo podía creer, Neil mentiría para salvar a Candy.
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-Pensé que nunca llegarías- Terry corrió a abrazar a Candy.
-Yo también, pero creo que alguien le dijo a la tía abuela lo de nuestro encuentro.
-Susana.
-¿Susana?
-Me dijo que leyó la carta.
-No lo creo.
-Sí, me deseo suerte, ya ambos sabemos lo egoísta que es ella, sin embargo se ah ido a Rockford con Joseph Kennedy.
-¿Kennedy?
-Sí, y ahora Charles no tendrá otra opción que aceptar el titulo de Conde de Rockford; pero dejemos eso a un lado.
-Terry...
-Candy, escapemos juntos a Londres.
-¿A Londres?
-Sí Candy, tengo un camarote reservado.
-¿Un camarote?
-Sí Candy, tengo 4 boletos libres.
-Terry yo...
-Si no lo hacemos ahora, nunca podremos ser felices.
-Yo...
-Vamos Candy, hagámoslo.
-¿Nosotros dos, solos?
-Si quieres puedes traer a alguien, para que no te sientas sola.
-Contigo nunca me sentiré sola.
-¿Entonces?
-Bien, ¿puedo llevar a Dorothy conmigo?
-Sí Candy.
-Temo que sí no lo hago, la corran, ya que ella fue quién me ayudo a escapar.
-Bien Candy, el próximo lunes zarpa el "Paradise Ocean".
-Primero quiero ir a despedirme de la hermana María y de la Srta. Pony.
-Entonces tendremos que salir el miércoles Candy, no hay tiempo que perder.
-Yo quiero despedirme de Albert...
-¿Estás segura?
-Bien Candy, recuerda que tal ves esta sea la última vez que podemos ser felices, es nuestra última oportunidad, si no llegas el miércoles a la estación, lo entenderé.
-Terry...
-El miércoles, a las 4 de la mañana Candy.
-Sí, yo comprare los boletos, después de ir al hogar de Pony, tomaremos otro tren para ir al puerto.
-Sí, ten cuidado Candy, dedícate a ser feliz.
-¿Te estas despidiendo Terry?
-No, Candy, te estoy deseando buena suerte, ya que te has escapado de la casa de los Andrew para venir a verme hoy.
-Lo sé, le diré a Dorothy.
-Como ya te he dicho antes, te comprenderé si no llegas el miércoles.
-Llegare Terry, te lo prometo.
Terry le dio un beso, y después se despidió de ella, con el presentimiento, de que tal vez ese beso fuera el último... en su interior, sabía que Candy no iría a la estación, aún así, la esperaría.
-Candy... presiento un adiós definitivo en tu mirada; también presiento que el destino nos va a separar de nuevo... Destino maldito, que juega con nuestros sentimientos.
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Tal y como había previsto, Candy y Terry se habían visto a escondidas, pero la decisión de la tía abuela era imperdonable.
-Ha hecho mal tía, si Candy quiere ser feliz con Terry, es su decisión- alegó Albert.
-Lo hice para no manchar el nombre de los Andrew.
-Le recuerdo que fue usted quién me nombró la cabeza de los Andrew, y le eh dicho a Candy que le ordeno ser feliz, y si lo es con Terry puede verse con él.
-No es para tanto, al final saltó por la ventana como una salvaje, ya sabía yo que una chica como ella no podía cambiar para un buen miembro de los Andrew.
-Si te has dado cuenta, hasta Neil mintió por ella.
-Neil esta perdidamente enamorado de Candy, y eso lo ah cegado totalmente.
-Deja en paz a Candy, ella tiene mi permiso para salir con Terry.
-Pero Albert...
-Eh tomado una decisión, y si usted sigue metiéndose en la vida de Candy, me veré en la penosa necesidad de pedirle que se vaya de esta casa.
-¡Albert! ¿Qué has dicho?
-Lo que ah oído tía abuela. Si los dos rebeldes del colegio San Pablo quieren estar juntos, yo los defenderé.
-¡Albert!
-Y para que lo sepas, eh nombrado a Candy mi heredera universal, Candy se quedará con todo cuando yo muera, y Archie tendrá una parte de mi fortuna también.
-¡Dios mío Albert! ¡Has perdido la cordura!
-Llámalo como quieras.
-¿Y que pasará con los demás Andrew? La fortuna siempre ah sido dividida.
-Pues ya no más, cuando yo muera, Candy será la cabeza de los Andrew.
-¡Basta ya! Te destituyo inmediatamente como cabeza de los Andrew.
-Eso es imposible Tía, todo ya ah sido procesado, y como le eh dicho antes, si usted interfiere, tendré que pedirle que se vaya a vivir a otro lado.
-El día en que Candy eche abajo el honor de los Andrew, te vas a arrepentir de tu decisión.
-Que así sea.
-Es tu decisión.
-Así es, y se no hable más del asunto.
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-Gracias Dorothy.
-De nada Srta. Candy.
-¿Dices que Neil mintió por mí?
-Si Srta.
-Que bien. Dorothy, quiero pedirte algo.
-Lo que quiera.
-Quiero que vengas conmigo a Londres.
-¿Esta segura? ¿no querrá llevarse a otra? ¿No se molestará su tía?
-No comprendes Dorothy, me voy a escapar con Terry, y quiero que me acompañes...
-¿Yo?
-Sí.
-Lo lamento Srta. Candy, pero me temo que no podré ir con usted.
-¿Y eso?
-Tengo que cuidar de mis hermanos, y desde Londres no podré hacerlo.
-Tienes razón; pero temo que te corran por dejarme escapar.
-El Sr. Leegan me ah dicho que si eso sucede puedo ponerme a su servicio.
-¿Enserio?
-Sí.
-Valla últimamente Neil esta muy cambiado, ¿se habrá dado algún golpe en la cabeza?
-Srta. Candy, con su propuesta se me había olvidado que el Sr. William quiere hablar con usted.
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Albert sabía que eso iba a suceder, así que no se sorprendió.
-Te apoyo Candy; pero aún así pienso que la decisión es muy precipitada.
-¿No gustó la idea?
-No es que no me guste, es sólo que la veo muy apresurada, ustedes deben darse su tiempo.
-Pero hemos esperado tanto tiempo para estar juntos.
-¿Y que harán cuando lleguen a Londres?
-No hablamos de ello.
-¿Lo ves? Es muy precipitado.
-Pero Albert...
-Aún así, te ayudare, te llevare a la estación.
-¿Enserio?
-Sí, y espero que en cuanto estés en Londres me escribas.
-Sí.
-Y... si llegas a casarte Candy, invítame a la boda.
-¿Eh?
-No me dirás que no te casas... ¿verdad?
-Es que... no pensé en ello- Candy se sonrojó considerablemente.
-Lo mejor será no comentar nada a alguien más.
-Claro, no queremos otra Susana Marlow.- dijo ella en tono malicioso.
-¿Eh?
Ya se que fue ella quién le dijo a la tía abuela acerca de mí reunión con Terry.
-No te preocupes por ella Candy.
-Tienes razón tengo mejores cosas en que pensar.
-Candy- Albert la miró muy serio.
-¿Qué pasa?
-Te voy a extrañar.
Albert sacó un joyero de uno de sus cajones.
-Son las joyas de mi hermana, la madre de Anthony.
-Sí, recuerdo ese joyero.
-Estoy seguro, de que Anthony hubiera querido que tú las tuvieras.
-¿Yo?
-Sí, Anthony te amó Candy, ustedes se amaron muy jóvenes...
-No se que decir.
-No tienes que decir algo, acéptalas, estarán mejor contigo.
-Albert...
Candy aceptó el joyero y sintió como las lágrimas le resbalaban por las mejillas.
-¿Por qué lloras Candy?
-Es que... mientras yo planeo huir, tú me regalas las joyas de tu hermana.
-Es lo correcto.
-Soy una malagradecida.
-No Candy, tú sólo sigues mis órdenes.
-¿Tus ordenes?
-Así es; si eres feliz escapando con Terry, no haces más que obedecerme; ¿ya olvidaste que esa es mi única orden para ti?
-No...
-Sí huyendo con Terry eres feliz, hazlo, si cruzar el océano con Terry te hace feliz, entonces hazlo, que yo no me interpondré entre ustedes, al contrario, los voy a apoyar.
-¡Albert...!
-Ya es muy tarde, lo mejor será que te vallas a dormir.
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Ya no aguantaba los comentarios de su madre y hermana, quería que se callaran y que lo dejaran de molestar.
-¿Qué esperabas madre? Candy es del hogar de Pony; y una criada, no puede ser mucho más que eso.
-Coincido contigo Elisa, nunca pensé que Dorothy participara en todo esto; que ciega fui, nunca debí creer que Candy había cambiado.
-Yo nunca lo creí, por eso siempre fingía con ella.
-Yo debía hacer lo mismo, para no llevarme tal desilusión.
-¡Basta ya de tantas tonterías!- gritó Neil- ya estoy arto de sus palabras, hablan como si fueran perfectas, pero no lo son: Elisa no ah conseguido novio, y el que consiguió no le duró más que un día, y tú, madre, no haces más que criticar, pero en realidad anhelas lo que criticas.
-¡Neil! Calla por favor- pidió su madre.- ¿Qué te han hecho?
-Nada madre, es sólo que eh abierto los ojos.
-Déjalo madre, lo que pasa, es que se ah dado cuenta de que Candy prefiere a un duque, antes que a él.- Elisa desafió a Neil con sus palabras.
-Y tú te has dado cuenta de que Charly sólo sale contigo por puro y simple compromiso- Neil aceptó el reto.
-Pero por lo menos, estoy conciente de ello, no que a otros los ilusionan, y luego los dejan colgados.
-Prefiero quedar colgado, a esperar que alguien rico y de poder se fije en mí. Pero claro, eso nunca ocurrirá, hay tantas muchachas de buenas familias y herederas únicas que se mueren por estar conmigo, así que en realidad no eh perdido mucho.
-¿Y que tal tu corazón Neil?
La Sra. Leegan se levanto de la mesa, y ya estando lejos del comedor ordeno al chofer que la llevara a la sede del grupo Staford.
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¿Una visita? Eso si era raro, no tenía a nadie que lo visitará, excepto su madre, pero ayer había tomado un tren a Broadway.
-¿Quién es, Brad?
-Dice que viene en nombre de la familia Andrew.
-Supongo que será alguna entrometida.
-No lo sé.
Terry salió y casi se va de espaldas, era la Sra. Leegan, la madre de Elisa y Neil.
-¿Puedo ayudarla en algo?
-A mí no, pero a toda la familia Andrew sí.
-¿Qué quiere decir?
-La Srta. Candy White Andrew me pidió que le dijera que no la busque más, que ah cambiado de opinión, y que no piensa huir con usted.
-¿Enserio?
-¿Acaso esta usted dudando de mi palabra?
-No dudo de su palabra, dudo de la verdad que hay en ellas.
-Pues deberá creerme, es lo que le queda.
-Usted dice que Candy no quiere volver a verme nunca más, ¿cierto?
-Así es.
-Que raro, yo no la eh visto en mucho tiempo, excepto en mi última obra, claro.
-No se burle jovencito.
-Es usted quién se burla de sí misma.
-¿Qué dirá la sociedad británica, cuando vean que la novia del Duque de Grandchester es una chica del hogar de Pony?
-No lo sé, ¿Qué cree usted que dirán?
-Que es una deshonra total.
-Bueno, tal vez, pero... ¿Qué dirá la sociedad de los Andrew cuando vean que el novio de la heredera principal no es más que un Duque con un pasado de actor?, oh Dios, no quiero imaginármelo.
-Se esta burlando de mí.
-Lo que usted y su familia piensen me tiene sin cuidado.
-¿Esta seguro?
-Sí.
-¿Sabe porque a Candy se le impuso salir con Neil?
-¿Por el honor de los Andrew?
-No; ¿realmente cree que a mí me agrada la idea?
-Digamos que no me importa, pero si desea... respóndase.
-Claro que no me agrada.
-¿Entonces por qué aceptó?
-Porqué cuando se es joven, los adolescentes piensan que sus actos no tendrán consecuencias.
-¿Qué quiere decir?
-Usted y Candy se tienen confianza ¿cierto?
-Cierto.
-¿Le contó que... ya ah estado con Neil en una situación un tanto vergonzosa?
-¿Qué quiere decir?
-Quiero decir que Candy ya no es tan blanca como se presume.
-¿Puede expresarse mejor?
El semblante de Terry era de furia, y la furia lo iba consumiendo a tal grado de mirar con odio a la Sra. Leegan.
-Claro que puedo expresarme mejor.
-Entonces comience.
-Candy White Andrew, ya no es una srta., ¿me explico?
-No del todo.
-Deje de jugar, por que se muy bien que ya me entendió.
-La verdad es que no.
-Bien, pues se lo daré a entender mejor; Candy ya ah sido de Neil, y por eso ambos tienen que casarse, eso es algo que no me gusta para nada. Aún así, como una Andrew, no como una Leegan, vengo a pedirle que la deje en paz, deje que siquiera su honor no se vea defraudado.
-Ya entendí, usted me ah dicho que Candy esta obligada a casarse con Neil por que ya se entregó a él, y que la deje en paz para salvar su honor, ¿cierto?
-Sí.
-Claro...
-Incluso hasta se teme que Candy esté esperando un hijo de Neil.
-Eso si es malo.
-¿Me cree? ¿o piensa que diría todo esto a sabiendas que el honor de mi hijo puede verse afectado?
-Por primera vez en mi vida, eh decidido creerle a la burguesía; le creo... Sra. Leegan.
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-¿Visita?
-Si Srta. Candy, es el Sr. Terrius Grandchester.
-¡Terry!
Candy corrió a la sala, y al llegar casi se abalanza sobre Terry para abrazarlo.
-Terry.
-Candy, necesito hablar contigo.
-Claro.
Dorothy se retiro de la sala dejándolos a solas.
-¿Pasa algo Terry?
-No creo que lo mejor sea que escapemos.
-Pensé que...
-Hemos pensado muchas cosas, pero afrontémoslo, no estamos hechos el uno para el otro, lo mejor será seguir con nuestra vidas.
-¿Qué estas diciendo?
-Que no quiero huir contigo, lo mejor será que tú te cases con Neil, y yo... bueno, me buscaré una buena esposa para toda la vida.
-No lo puedo creer, no puedo dar crédito a tus palabras.
-Tendrás que hacerlo Candy, es lo único que puedes hacer, ya eh tomado mi decisión.
-Terry... ¿Qué te han hecho? No eres el mismo.
-Soy el mismo Candy, eres tú quién ah cambiado.
-¿Qué quieres decir?
-Sé que...- Terry no podía decirle la verdad, era tan vergonzoso.- olvídalo.
-Dilo Terry, ya nada puede dolerme más que tu decisión.
-Se que ya has estado con Neil.
-¿Qué ya eh estado con Neil?- Candy meditó aquella frase y lo que comprendió no le gusto para nada.- ¡eso es mentira!
-La persona que me lo dijo no pudo mentir.
-Pensé que me amabas.
-Y yo pensé lo mismo de ti.
Candy y Terry discutían tanto, que no se percataron de la presencia de Albert; quién observaba la escena con suma desilusión.
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-No permito que nadie entre en mi casa, a insultar a Candy.- el semblante de Albert era amenazador.
-¡Albert!- Candy corrió a abrazar a Albert, y lloró sin parar.
-Yo no vine a insultarla, sólo vine a decirle que se olvide de mí.- explicó Terry con miedo.
-Pues ya puedes irte Terry.- Albert fulminó a Terry con la mirada, y sus palabras no dejaban lugar a dudas- vete y no vuelvas nunca más por acá.
-Claro que lo haré, nunca más volveré.- Terry miró hacía el techo y sintió como las lágrimas resbalaban.
-Ya es tarde para llorar.- dijo Albert.
Candy se separó de Albert y corrió escaleras arriba hacía su habitación.
-Te lo advertí, te dije que si hacías llorar a Candy, haría que lo pagaras muy caro.
-Y yo te dije que me ayudarás, que la protegieras.
-¡Vete Terry! Vete y no vuelvas nunca más.
-Me iré, pero antes visitaré a Neil.
-¿Y de que servirá? Neil cubrió a Candy cuando se escapo para reunirse contigo.
-¿Entonces... no es verdad que Candy...?
-No, no es verdad, pero decidiste creerlo, ya hiciste lo que querías, ahora ¡VETE!
-Déjame verla- Terry intentó subir las escaleras, pero Albert lo detuvo.
-Ya es demasiado tarde.
Albert le asestó uno de sus puños en la cara de Terry.
-Déjame verla.- pidió Terry.
-Te eh dicho que te vallas y que no vuelvas nunca más.
-Quiero verla, quiero pedirle disculpas.
-Tus disculpas no bastarán.
-¡Déjame verla!
-Eh dicho que te vallas.
Terry sabía que aquella era una lucha perdida, salió por la puerta principal, con el corazón roto en mil pedazos; su presentimiento había sido verdadero, el día en el hospital feliz, era el último; el último adiós para su amor de juventud y perdido. Tal vez sus palabras no tenían lógica ni argumento, había estado alma con alma con Candy; y había actuado muy mal, no había abrazado lo que tenía con Candy; eso era un error que viviría para siempre.
Adiós Candy; adiós para siempre.
Terry camino con el alma y corazón echo pedazos, la ausencia de Candy lo marcaría toda su vida; quería morir, quería sentir la presencia de Candy... y optó por hundirse en el fango.
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Las lágrimas no paraban... si los corazones podían romperse, el suyo estaba hecho miles de pedazos. Su único consuelo era Albert.
-Llora Candy, tal vez eso alivie tu dolor.
-Nunca podremos ser felices... ya es momento de resignarse para siempre.
-Las personas cometemos errores.
-El dijo que...
-¿Qué dijo Candy?
-Que yo... ya había estado con Neil.
-Lo escuche.
-¿Por qué? ¿quién podría ser tan cruel para hacer algo así?
-Tengo en mente a alguien.
-¿Quién Albert?
-Los Leegan.
-¿Neil?
-No lo creo, el te ah defendido.
-¿Elisa?
-No, ella tiene otros asuntos en mente, y sabe que no le conviene meterse contigo.
-¿Entonces?
-La Sra. Leegan.
-¿La Sra. Leegan?
-Sí, ella quiere asegurar tu matrimonio con Neil, por la fortuna Andrew.
-¿La fortuna Andrew?
-Sí, Candy, tu eres la heredera universal.
-¿Yo?
-Sí, Candy, y si te parece bien tengo un plan.
-¿Un plan?
-Sí; vamos a darle a la Sra. Leegan una cucharada de su propio veneno.
-¿Qué quieres decir?
-Tú tienes el poder para exiliarla de los Andrew.
-¿Yo?
-Sí, Candy, ya es tiempo de que haga justicia; con mi ayuda, vas a destituir a la familia Leegan de los Andrew.
-Pero... ¿Cómo podemos asegurar que fueron ellos?
-Por que eh visto su chofer frente a la sede del grupo Staford, le eh pregunto el motivo de su presencia, y me dijo que esperaba a la Sra. Leegan.
-Esta bien, voy a hacerlo; voy a destituir a la familia Leegan de los Andrew.
-Sólo ten cuidado con Elisa y Neil.
-Será mejor sólo exigir la salida de la Sra. Leegan.
-Así será mejor.
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Esa mañana, había recibido una invitación por parte de la "Srta. Candy White Andrew"; quién la invitaba a una junta extraordinaria de los Andrew.
-¿Iremos madre?- preguntó Elisa.
-Claro Elisa, tal vez Candy anuncie su compromiso con Neil.- la Sra. Leegan.
-¿Estas segura madre?- pregunto Elisa.
-No del todo, pero debes aceptar que últimamente Neil ah visitado mucho a Candy.
-Sí.
-Bueno Elisa, arréglate por que iremos a comprarnos un vestido para tal ocasión.
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La propuesta de Candy era pura venganza; aún así decidió aceptarla.
-Bien, vamos a darle su merecido, Candy.
-Gracias Neil, la verdad no esperaba contar con tu ayuda, se que es tu madre y...
-Pero ahora sabes que la tienes.
-Bien, están invitados los condes de Rockford y su hijo, Al marqués de Telford; quién se encuentra en Chicago; y a Lord y Lady Buckminster.
-Será un duro golpe para la vida social de mi madre.
-Así es, pero Albert nos ayudará, y como la tía abuela esta de viaje...
-Bien, será lo mejor.
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-¿Qué has hecho que?
Sandra no lo podía creer, había improvisado arriesgando su carrera, para ahora Terry le dijera que no había servido para nada.
-¿Pero que piensas? ¿Qué encontraras un nuevo amor? Estas mal, debes ir a buscarla y pedirle perdón de rodillas, suicidarte en su cara si es necesario.
-¿Eh?
-Matarte es lo único que debes hacer para ganar su perdón.
-Si me mato no podré escuchar su perdón.
-Como sea, tienes que ir a buscarla, no la puedes dejar así.
-Pero...
-No debiste creer nada; y ahora por tu culpa ambos están sufriendo.
-Pero...
-Nada de pero's, y si ahora no te vas a buscarla, yo me encargo de que tu boleto en el barco sea cancelado; ¿Qué te importa más: un viaje que puedes hacer la próxima semana, o el amor de tu vida?
-Esta muy difícil- bromeó Terry.- Ser duque, o buscar a Candy... ¿Qué será lo mejor?
-¡Eres un tonto!- Sandra dio un golpe en el piso.
-Vamos, sólo soy un hombre.
-Un hombre con deficiencia mental amorosa.
-Vamos, no seas tan dura conmigo.
-Eres un caso perdido.
-Lo mismo digo.
-Bien, ya déjate de tus tonteras, ahora ve a casa de los Andrew, y suicídate en la cara de Candy.
-Ya quisieras.
Terry guiño un ojo a Sandra y salió corriendo.
-Hombres, todos son iguales.
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Toda la gente importante estaba ahí; debía seguir adelante con su plan: Destituir a la señora Leegan de la familia Andrew. Neil estaba a su lado proporcionándole apoyo mental.
-Los eh citado hoy a una junta extraordinaria de los Andrew, para analizar el caso de la Sra. Leegan, quién en estos momentos ocupa un lugar que no le corresponde.
-¿Qué has dicho Candy?- la Sra. Leegan se levanto de su asiento y vio como todos sentían con la cabeza.
-Todos los que estamos aquí presentes, tenemos algún lazo con los Andrew; yo soy la heredera principal de la fortuna Andrew, y eh tomado una decisión como tal; quién no este de acuerdo con el veredicto y caso dado en la invitación, diga algo para mostrar su inconformidad.
Nadie dijo nada, y la Sra. Leegan se preguntaba que era lo que estaba pasando en realidad.
-¿Qué cosas dices Candy?- apremió Elisa- ¿Cómo te atreves? ¿Qué no fuiste tú quién se escapo en la recepción del teatro para verse a escondidas con Terrius Grandchester?
-Sí, y me declaro culpable, ya lo exprese en la carta que les eh enviado a cada uno de los aquí presentes- contestó Candy.
-Yo no recibí nada- dijo la Sra. Leegan.
-No se acostumbra a hacerlo, madre- dijo Neil.
-¿Qué haces ahí Neil?- preguntó la Sra. Leegan.
-Apoyando a Candy.- respondió Neil con una sonrisa en la cara.
-Esto es inaudito, yo me voy.
-No puede Sra. Leegan, ahora responda, ¿no fue usted quién fue a hablar con el heredero al titulo de Duque de Grandchester para decirle que yo estaba involucrada con su hijo, Neil?- apremió Candy.
-No.
-Hay testigos, su chofer ah confesado.
-Bueno, si, fui a hablar con él, pero sólo para salvar el honor de los Andrew.
-No se hable más, usted es una vergüenza para los Andrew; la exilio como tal; queda fuera de la familia Andrew, así que le pido de la manera más atenta y cordial, que nunca vuelva a usar y mucho menos a escudar con el apellido Andrew.
-¡No puedes hacer eso, Candy!
-Sí puedo, tengo en apoyo de mi padre: William Albert Andrew.
La Sra. Leegan tenía los ojos llorosos, pero no iba a permitir que una niña de 20 años la dejara fuera.
-¿Qué pasara con Elisa y Neil?
-Elisa y Neil siguen siendo miembro de los Andrew, ellos no han sucumbido a sus deseos Sra. Jillian.
-¡Soy una Leegan!
-Lamentablemente los Leegan están ligados a los Andrew, tendrá que tomar su apellido de soltera.
-¡Esto es inaudito! ¡exijo hablar con la tía abuela y con mi esposo!
-Aunque lo haga, eso no cambiara, su esposo está en Italia, y la tía abuela tomo un barco para ir a Irlanda.
-Esto está mal, no puedes hacerlo.
-Claro que puedo, ahora dígame... ¿Cómo se siente cuando se meten en su vida, para hacerla totalmente infeliz? ¿Cómo se siente cuando en lugar de ser el cazador, se es la presa?
-Candy... no puede.
Jillian miró a todos con ojos rogativos, no podía ser posible.
-Alguien diga algo, no lo pueden permitir.
-Lamentablemente...- Harry Charles Rockford se levanto de su asiento- todos estamos de acuerdo, y no nos podemos oponer, ahora la señorita Andrew es quién manda y da las ordenes, el tío abuelo lo ah decidido.
-Así es.- la Condesa de Rockford apoyó a su hijo.- si usted, como madre es capaz de derrochar tanto veneno... ¿Cómo será su hija? Ni en un millón de años permitiré que mi hijo salga con Elisa. Ahora lo comprendo todo, mi hijo puede casarse con quién quiera, no deben importar las clases sociales.
-¿Qué estas diciendo Helena?- pregunto Jillian.
-Haga el favor de llamarme condesa, yo ahora no tengo nada que ver con usted- dijo la condesa de Rockford.
-Habíamos planeado formar una sociedad entre nuestras familias.
-Ya no será posible.
-Esto es una farsa- Jillian miró a Elisa en busca de apoyo, pero está bajo la cabeza en señal de vergüenza.
-Tus hijos no te defenderán, tú les has enseñado que lo primero son las clases.- dijo el marqués de Telford, quién venía acompañado de su esposa.- no puedo creer que hubieras sido tan cruel, como para hacer dormir a una niña de 12 años en un establo. Es imperdonable, personas como tú dañan nuestro honor.
-No se hable más- Candy se puso se pie y miró fijamente a la Sra. Jillian.- usted queda fuera de la familia Andrew, le pido abandone la residencia Leegan, y valla a vivir con algún familiar. Y también que entregue el medallón con el escudo de los Andrew.
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Maldito automóvil, ¿Cómo podía pasarle eso? Tenía que llegar a la residencia de los Andrew, para pedirle perdón a Candy; o tal vez... para suicidarse en su cara, tal como le había recomendado Sandra.
-¡Maldición!- Terry detuvo un carruaje y pidió al cochero apurarse- a la residencia de los Andrew.
-¿Va usted a la audiencia?- preguntó el cochero.
-¿Qué audiencia?- el carruaje se movió con demasiada velocidad.
-Tengo entendido que la Srta. Andrew y el señor Leegan pidieron a los Andrew más altos asistir.
-¿Para?
-Según escuché, para anunciar su compromiso.
-¿Compromiso?
-Sí.
-Apresúrese, debo llegar a impedirlo.
-¿Realmente cree que pueda hacerlo?
-¿No sabe quién soy yo?
-¿El próximo duque de Grandchester?
Terry sonrió complacido, y asintió con la cabeza.
-Así es, y la será Andrew, será la...
-¿Duquesa de Grandchester?
-Algo así.
-Jóvenes... mi hijo es igual, se acaba de escapar con una actriz.
-¿Una actriz?
Sí, ella se llama Susana Marlow.
-¿Su hijo es Joseph? ¡Dios que mundo!
-Sí.
-¿Y que hace usted siendo cochero?
-¿No sabía que el hermano del conde de Rockford no puede engendrar?
-¿Qué?
-Joseph Kennedy es hijo mío.
-Que vueltas da la vida. Cuando yo sea duque, lo haré Lord, las injusticias que cometen los nobles contra las personas no las puedo pasar por alto.
-Una buena persona entre los nobles, nunca espere verlo.
-Pues ahora ya no tiene nada más que esperar. Pero si llega a tiempo, le juro que no será Lord, lo haré... Barón.
Y cuando usted sepa que Joseph en realidad no es mi hijo, usted me mandará a la guillotina...
Terry lo miró estupefacto y enseguida comprendió el chiste. Soltó una carcajada sonora y se dio cuenta de que todo podría salir bien...
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Ya estaba, lo había hecho; nunca hubiera querido ser así, pero la vida la había obligado a hacerlo y ahora si que no había marcha atrás, se había convertido es una persona que hacía justicia con su propia mano.
-Esto es lo mejor- dejo las rosas blancas sobre le tumba de Anthony.- la decisión es la correcta.
-¿Estás segura?
A Candy le pareció escuchar la voz de Anthony, y pensó que tanta tensión en el día le había echo imaginar voces.
- -Ahora no tengo más opción que seguir con esta vida llena de hipocresías...
Candy buscó la tumba de Stear, y una vez que la encontró meditó sus acciones.
-Eh venido a verte, y a ponerte al tanto de mis acciones.- Candy dejó el ramo de lirios sobre la tumba de Stear- nunca más veré a Terry, él ya debe estar camino a Londres; tal vez... yo sea la culpable de este destino. Ya comienza llover.
-Sé feliz, Candy.
La lluvia la mojaba con dolor; una lluvia furiosa, las voces que Anthony y Stear; todo aquello era muy raro.
Candy salió del cementerio con el alma echa pedazos y una confusión en su mente, alzó la vista hacía el cielo, y vio los rostros sonrientes de Anthony y Stear.
Ella sabía, que en realidad nunca podría olvidar a Terrius...
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Fin del capitulo 3: Que tal chicos? Yo muy bien, se que no se esperaban esto, pero así es la vida, ahora no me queda más que seguir con el capitulo 4, en el que tal vez todos los misterios se descubran. Tal vez el exilio de Candy a la señora Leegan suene un tanto irreal, pero ¿no es justo que la señora Leegan pague? Además, la señora Leegan causó la separación de Candy y Terry. En fin, los dejo con unas cuentas dudas, y sigan leyendo.
Para cualquier nota o aclaración dejen sus reviews...
Jejeje me disculpo por la tardanza pero es que... no había tenido tiempo de subir el chap... jeje xD!
Y es que este fic lo hice hace muuuuuuchooo!!
Jejeje xD!
Chao!
