— ¿Cuanto tienes viviendo en Uchiura?— preguntó Mari mientras pasaba su mano por las hojas de los árboles que se abrían entorno a ellas.
— Toda mi vida, amm... ¿Y tú?
— Bueno, solo he venido de visita, no es como que tenga toda una historia aquí, aunque a decir verdad, tal vez sí una, a little and sweet story.
— Ya veo...— Kanan había llevado a Mari a la playa, justo al punto donde ella siempre esperaba su encuentro — Mari... ¿Recuerdas este lugar?
La chica de cabello rubio pensó un momento, definitivamente lo recordaba, pero eso solo hizo que su cabeza se llenara de dudas y preguntas. ¿Por qué Kanan la había llevado ahí? ¿Por qué se veía tan afligida? ¿Acaso Kanan tenía un mal recuerdo de ella?
— Lo recuerdo...
— ¿De verdad?— Kanan se acercó más a la chica de ojos color dorado y dejó su mochila en la arena — ¿Me recuerdas a mi?
Mari la miró fijamente, esos ojos de tonalidad misteriosa, esa mirada que brillaba con el sol.
Su mente hizo clic de inmediato, no pudo evitar cubrir su boca para reprimir un grito, algunas lágrimas se formaron en sus ojos. Era ella... Kanan era su hermana mayor, pero lo que le dolía en ese momento, más que el hecho de no haber podido reconocerla, era que en cuanto había visto a aquella hermosa chica, había sentido un cosquilleo indescriptible en su estómago y su corazón latió.
Mari sabía lo que era, pero no podía ser.
Kanan era preciosa, seguramente tenía pareja o algún pretendiente. Con ella no podía llegar a preguntarle si es que le gustaban las chicas. ¿Qué pasaría con su recién recuperado contacto si llegaban a tener una relación?
La chica de ojos violetas no sabía lo que había significado para Mari.
Kanan era su modelo a seguir, su sonrisa siempre la impulsó a moverse hacia adelante, ella la sacó de la tristeza en la que se hundía cada día desde que su madre había muerto. Era la persona más importante en su vida.
Pero sabía que las relaciones amorosas destrozaban las amistades. Lo pudo ver con su padre, quien unos años después de que su mamá partiera de este mundo, intentó una relación con su mejor amiga. No funcionó, y se distanciaron.
— K-Kanan... No, esto... ¡No puede ser!— gritó, refiriéndose a lo que comenzaba a sentir.
¿Es que acaso ese cariño solo era la semilla del amor?
— ¿No puede...?
— ¡No!— Mari no media sus palabras. Estaba confundida, sorprendida y aturdida.
Sin dar tiempo a Kanan de siquiera preguntar algo más, salió corriendo. No sabía hacía dónde sólo quería despejar su mente.
Mientras tanto, inmóvil, la ojivioleta miró a su sirena irse.
— ¿Tanto le decepcionó que fuera yo?— recogió su mochila con pesadez, mientras la cara de Mari volvía a aparecer en sus recuerdos — ¿No soy tan bonita para ella?— este pensamiento la lastimó.
Sonrió, queriendo convencerse de que era inevitable que eso pasara y que debería haberlo sabido. La rubia se había convertido en una hermosa mujer, con un carisma que se lograba ver a kilómetros, mientras que ella seguía siendo la misma y era completamente ordinaria.
Caminó en silencio hasta llegar a la tienda de su padre, que de igual manera, formaba parte de su casa.
— Kanan, hija mía, ¿cómo te...?— el hombre de 35 años miró el aura tan apagada que perseguía a su hija, así que salió del mostrador para encontrarse con la peliazulada — ¿Qué ocurrió?
Esas simples palabras, dichas del hombre que Kanan más amaba, quebraron esa barrera que venía construyendo desde la playa. Las lágrimas bajaron por sus ojos, dejando salir todo su dolor y frustración.
El señor Matsuura no quiso decir nada más, solo se limitó a acariciar el cabello de su hija con suavidad.
Esa escena le parecía familiar. Recordó aquellas tardes en que Kanan salía a esperar a una amiguita en la playa, para después regresar deprimida, diciendo que se le había hecho tarde. Matsuura mayor sabía que aquella pequeña se había dejado de encontrar con su hija y por eso el semblante de la peliazulada se tornaba ensombrecido al regresar a su hogar. Aunque ciertamente le sorprendió el que incluso después de tantos años, ella siguiera esperando a "su futura esposa".
Sí, Kanan le había dicho emocionada que había encontrado a la chica con la que se casaría, y aunque en su momento la noticia le causó ternura, en momentos como ese le dolía tanto como a su hija.
Tal vez se había encontrado con ella y esta la había rechazado.
— El amor adolescente, tan efímero y pasional— se susurró a sí mismo.
Una vez dejó de sentir los quejidos de Kanan, le dió un beso en la frente y limpió las lágrimas de aquellas amatista que poseía su hija por ojos, mientras tarareaba una canción que solía calmarla.
— Gracias papá— Kanan sonrió con pesadez.
— No es nada, pero, ¿qué ocurrió?
— No quisiera hablar de eso ahora...
— Está bien— el hombre hizo una mueca de inconformidad — Recuerda que te amo hija.
— Lo recuerdo, yo también te amo padre— volvió a buscar refugio en los brazos de su el hombre de cabello azul, refugio al cual después tuvo que renunciar después de que una cliente entró en la tienda.
Encontró una llamada perdida de You y un mensaje en messenger de Yoshiko, decidió entrar al grupo que tenían las tres y llamarlas. La primera en contestar fue You.
— ¿Kanan?
— Hola You...
— Menos mal contestas, ¿cómo te fue con Mari?
— Esperemos a que llegue Yoshiko...
— Sí, está bien, ¿cómo está tu papá?— You notó que algo en la voz de Kanan estaba mal, así que decidió hablar de trivialidades en lo que llegaba la tercera rueda de su triciclo.
— ¡El gran ángel Yohane, desciende sobre esta conversación!
— Hola Yoshiko— dijeron Kanan y You con cierta burla.
— ¡Es Yohane, caray! En fin, ¿qué tal todo con Mari?
— Bueno...— Kanan suspiró — Salió corriendo mientras decía que no podía ser.
— ¡¿Te confesaste?!— gritaron sus amigas.
— ¡¿Qué?! ¡No!
— Ah, perdón— dijo You rápidamente.
— Bueno, ¿entonces?— cuestionó Yoshiko, impaciente.
— Solo traté de que recordara que yo era aquella niña, creo que lo hizo, pero en cambio comenzó a llorar y se fue corriendo mientras decía que no podía ser.
— Extraño— dijo el ángel caído.
— Lamento escuchar eso Kanan... De hecho, nosotras hablamos un poco con Chika, Riko y Ruby— confesó You — Nos dijeron que Mari les había dicho que había llegado a Uchiura buscando a su hermana mayor.
"Hermana mayor..." pensó Kanan mientras la decepción llenaba su expresión. Así que de esa manera la había visto Mari siempre... Como su hermana mayor.
— Pero ella regresó aquí para buscar a Kanan, eso debe significar algo— Yoshiko intentó dar esperanzas.
— El cariño, tal vez...— Kanan podía sentir las lágrimas agolparse en sus ojos de nuevo.
— ¿Qué harás Kanan?— preguntó You.
— No lo sé, ¿qué me aconsejas casanova?
— ¡Hey!
— Todas las chicas se mueren por ti, You— siguió la burla Yoshiko.
— ¡Eso no es cierto! De cualquier manera yo solo intento ser amable.
— A cambio de unos besos fogosos, qué amabilidad— dijo Kanan entre risas.
— Eso no hacía falta Kanan— You no pudo evitar reír también. Ciertamente no consideraba que estuviera mal lo que hacía, ya que no tenía pareja, pero sí le daba pena que sus amigas sacaran el tema sin más.
Pero al menos, Kanan se escuchaba más animada.
— Gracias chicas, de verdad son lo mejor.
— Lo sabemos— contestaron You y Yoshiko al mismo tiempo.
Siguieron hablando un poco más, hasta que el ángel caído tuvo que salir a pasear a Laelaps, su perro.
Kanan se recostó en el piso, mirando su lámpara estilo japonés.
— Su hermana eh...
xxxxxxxxxxxxx
— ¡¿Saliste corriendo?!— gritaron Chika, Riko y Ruby al unísono.
— Técnicamente... Sí...— suspiró Mari.
En cuanto el trío de primer año vislumbró a Mari, se juntaron entorno a ella para preguntarle qué había pasado con Kanan. Obviamente la respuesta que recibieron fue la que menos esperaron.
— Pero, ¿por qué?— cuestionó Ruby.
— I... Don't know...— Mari no sabia cómo explicarlo, así que de momento no quería decir nada.
— ¿Y ahora?
— ¿Ahora?— la rubia no entendió a qué se refería Riko con esa pregunta.
— Kanan tiene que estar presente para dar opiniones acerca del himno del equipo de natación, creo que será igual con la letra, ¿qué harás?
— Supongo que debería disculparme con ella— reflexionó Mari — No quisiera perder nuestra amistad recién recuperada.
— Creo que lo que hiciste ayer no fue el mejor paso— espetó Chika.
— I know, I know!
Riko iba a agregar algo cuando vió que en la entrada de la preparatoria, había un par de chicas que acompañaban a You, poco después vió que esta venía al lado de Kanan y Yoshiko.
— ¿Quienes son ellas?— susurró.
— Hablando del diablo— Ruby advirtió a Mari de la presencia de Kanan.
La rubia se paralizó, no sabía si acercarse o dejarla pasar. Entre sus pensamientos se dió cuenta de que ya estaba caminando hacia la chica de ojos violeta.
— Kanan...— la nombrada la miró, por un momento Mari pudo ver el dolor reflejado en su rostro. Todo había acabado, y lo supo con solo ver su mirada — Yo... Quería disculparme contigo...
— No, tranquila, todo está bien— para sorpresa de la chica de ojos dorados, su hermana mayor fue capaz de darle una sonrisa, tal como en aquellos días — Creo que fue algo impactante— sus ojos violetas evitaron la mirada de la rubia — Quizá esperabas que fuera más grande o quizá más genial, pero me alegro de que hoy me hayas hablado.
Mari no sabía si estar sorprendida por la actitud despreocupada y amable de la chica frente a ella, o molestarse porque tal parecía que mientras ella se había comido la cabeza el día anterior pensando en una disculpa, Kanan había seguido su vida sin importarle lo que había pasado.
— No pensaba eso... Solo me sorprendí— se apresuró a responder — Seas como seas, para mi siempre eres genial...— al admitir esto, sintió cómo su corazón comenzaba a palpitar rápidamente, así como el calor que comenzaba a apoderarse de su cara.
Kanan no pudo evitar sonrojarse ante las palabras de su amiga, pero no quería pensar mal de las palabras de Mari.
— Gracias, tú te volviste muy linda— halagó, cuidando lo que decía.
— G-Gracias— pocas veces Mari había estado nerviosa. Menos por una persona — Acerca de lo que pasó si te enojaste o...
— Tranquila— la peliazulada titubeó un poco antes de poner su mano sobre la cabeza de la chica de ojos amarillentos, pero una vez lo hizo, le sonrió lo más entusiasta que su ánimo le permitió — Soy como tu hermana mayor, ¿o no? No me enojaría contigo... Yo te... Te quiero... Tal como en nuestra niñez...— Kanan no mentía totalmente, ya que desde niña había imaginado una vida a lado de su sirena.
— Yo... También te quiero...— contestó Mari, un tanto embelesada por el tacto amable de su hermana.
— Díganme que esto no es cierto— dijo Yoshiko, quien se había adelantado a saludar a sus nuevas conocidas. Aunque aún lejos, había visto y medio escuchado la conversación de Kanan y Mari.
— ¿De qué hablas Yoshiko? — preguntó Chika.
— Nada, creo que es mi imaginación— Yohane apartó la vista de Mari y Kanan, sus ojos pasaron por Riko, quien desprendía una sensación extraña al estar cerca suyo — Oigan, ¿qué le pasa a su amiga?
— ¿Eh?— Chika miró a Riko, y después siguió la dirección de su mirada.
You estaba con dos estudiantes del instituto, cada una no perdía la oportunidad de abrazarla o tomar su cabello. Sin contar que la ojiazul no parecía muy incómoda con la situación.
— ¡Es increíble!— bufó Riko mientras se adelantaba al salón, mostrando su enojo en la marcha.
— Eh... No lo sé— respondió Chika al ángel caído — Mejor entramos.
Con esto dicho, todas se dirigieron al interior del edificio.
