III
-¿Ya sabes qué optativas tomar para el siguiente semestre? Dicen que van a abrir Literatura fantástica del siglo XIX con la profesora Philips, pero no han asegurado nada, seguramente es porque su clase siempre se llena muy rápido.
-Es la que es una editora muy importante y eso ¿no? Creo que he escuchado de ella.
-Dicen que en una ocasión llegó a leer el trabajo de uno de sus alumnos y le gustó tanto que lo ayudó a publicarlo.
-Eso es pura mierda.
-Arthur, no seas envidioso.
El chico de cabello rubio platinado intentó regañado, pero Arthur continuó.
-No creo que una editora importante ande leyendo cualquier borrador escrito por sus alumnos solo por buena fe. La gente no llega a esos puestos haciéndoles favores a niños que buscan una vía rápida, la gente llega a esos puestos con trabajo duro.
-Tiene un punto, Vlad.
-Bueno, pero se supone que también es una excelente maestra. ¿Entrarás a su clase Arthur?
-No lo creo.
Lukas alejó la mirada de la computadora portátil en la que estaba tecleando y transformó su estoico rostro en una expresión de confusión.
-Pensé que estabas interesado en la literatura fantástica.
-Si… pero creo que es demasiado pronto para elegir una optativa… Además, no estoy muy seguro ¿y si abren una optativa mejor?
-Ya, acéptalo. Te da miedo que sea tan estricta como dicen.
Vladimir intentó provocarlo pero Arthur ni se inmutó. Incluso estuvo motivado a responderle.
-Pues tampoco es tan atractiva como dicen.
-¿Cómo sabes eso?
-Sé cosas.
Arthur le sonrió a Vladimir con travesura, antes de que Lukas alzara de nuevo la mirada de la pantalla.
-Hey ¿Ya vieron esto? Me lo mostró un amigo que está en el edificio de música. Es el blog de un tipo que publica historias de misterio.
Cuando viró la computadora, el corazón de Arthur dio un vuelco. Claro que ya lo había visto.
-Creo que ya me habían contado de él, escribe una historia de un ex sacerdote o algo así.
-Sí, lo escribe desde el punto de vista de un bloguero, si no te detienes a leer sus otras entradas puedes llegar a creer que es una historia real. También escribe pensamientos y poemas. ¿Ya lo has leído Arthur?
-AH, SÍ. No me gusta como escribe.
-¡¿Qué?!
Se alzó de hombros e hizo su característico puchero.
-No me gusta. Siento que no edita bien sus historias, tiene muchas faltas ortográficas y en ocasiones no se entiende de quién está hablando.
-Claro que tiene una mala edición, los escritores escriben y los editores editan, no seas duro Arthur.
-Quizás deberías ser editor. Se te da muy bien eso de criticar todo.
Vladimir rio un poco de su propio chiste, pero Lukas notó que el comentario no le había causado la misma gracia a Arthur. Solo se despidió, utilizando de excusa alguna tarea y se fue.
Arthur había adoptado el banco a un lado del edificio se música como un punto para pensar. Era sencillo despejarse ahí sentado, con poco ruido y solo algunos sonidos que traía el viento desde el edificio.
El misterioso mural ya había avanzado. Cada día se le sumaban nuevos colores y la imagen se entendía un poco mejor. Parecía como de esos ejercicios de los libros para colorear donde uno pintaba cada sección de acuerdo a un número, pero no había números en la pared. Dios, ni si quiera había un patrón lógico para la infinidad de colores que utilizaba y las secciones eran tan pequeñas que daban a la imagen un efecto similar a un mosaico. No lo aceptaría, pero el ver la pared cambiar cada mañana lo emocionaba.
-Impresionante ¿No es así? –La profesora Philips, una mujer que parecía haberse quedado en los 70's, se sentó a su lado. –Un estudiante de pintura lo hizo. El profesor Rómulus me dijo que lo eligieron entre varios proyectos presentados.
-… Me impresiona el tamaño. Y cómo cada pequeña sección tiene un color diferente.
-Es un trabajo maravilloso, ni si quiera está terminado y ya hay muchas cosas que hace sentir. No cualquier artista puede lograr eso.
La mujer dirigió sus ojos verdes hacia Arthur pero éste no se molestó en virar.
-¿Cómo te ha ido?
-El primer semestre es el más duro ¿No tú me dijiste eso?
-¿Has estado comiendo bien?
-Mi compañero de cuarto cocina bien y a veces me da de su comida.
-Qué amable de su parte. ¿Cómo se llama? ¿Mantienen la habitación arreglada?
-Mamá, no tienes que preguntar por todo eso. Sabes que me sé cuidar solo ¿no le he hecho siempre?
La profesora Philips quitó algunos largos y rubios cabellos de su rostro. A pesar de tener más de medio siglo de edad y de vestirse con un estilo que le ganó el apodo de "bruja hippie" con sus peores alumnos, era una mujer bella y con rasgos finos.
-Lo siento, corazón. Es solo que me emociona tanto tenerte aquí conmigo. No me gustaría que tu padre cambie de opinión y quiera alejarte de mí.
Le acarició el rostro y Arthur sonrió del lado.
-Estoy haciendo lo que siempre quise, no voy a dejar que me arrastre junto con mis hermanos. –Dio un pequeño suspiro y hablo un poco más animado. –Mis compañeros ya comenzaron a hablar de optativas y—
Varios alumnos comenzaron a caminar hacia los salones. Su madre miró el anticuado reloj de pulsera que llevaba puesto.
-Ay, amor… lo siento, pero…
-Sí, sí. Lo entiendo. Ve a clases, de todas formas yo debería estar adelantando tarea.
Dejó un beso en su frente y se fue.
-Dame del rojo.
-Oh no. ¿Qué pasó esta vez?
-¿De qué hablas?
-Solo abusas del rojo cuando estás enojado. ¿Volviste a pelear con tú otra mitad?
-No fue una pelea. Solo comenzó a decir que ya no le presto tanta atención como antes. Tú no crees que le estoy dedicando más tiempo a mi trabajo que a mi pareja ¿verdad Francis?
Antonio iba dejando violentas pinceladas por un lienzo.
-Bueno, la verdad si lo creo. El mural te ha estado consumiendo mucho tiempo, aunque no creo que eso sea algo malo. En realidad creo que la pareja de cualquiera debería estar emocionada en su lugar. Éste es un proyecto muy importante, Antonio. Y en lugar de pensar en tus logros—
-¡Quiere más atención!
Hizo un movimiento de apuñalar al lienzo. Un tipo alto y con una cicatriz en la frente se asomó por detrás.
-¿Podrían hacer silencio?
En lugar de responder, el par de amigos guardó silencio y se miró el uno al otro hasta que el sujeto desapareció.
-¿Cuál es el problema de este tipo?
-No tienes idea de quien es ¿verdad?
-Su cara me suena…
-Su nombre es Willhem. –Comenzó a explicar Francis, murmurando al igual que Antonio mientras continuaba con su trabajo. –Es el segundo mejor de la clase. Escuché que realmente quería el mural que estás haciendo tú.
-Ay… qué mala suerte.
-¿"Qué mala suerte"? ¿De verdad eso es lo que tienes que decir al respecto?
-Bueno, si se lo mereciera, lo habría ganado ¿No es así?
Francis estalló en risas bajo la dura mirada de Willhem. Antonio podía ser un poco cruel aunque no se diera cuenta.
Al salir del taller, Antonio invitó a Francis a su habitación que quedaba un poco más cerca para poder tomar un baño y sacarse toda la pintura de encima. Le gustaba la sensación de tener pintura en las manos, pero había un límite para todo. Incluso para la amistad que tenía con Francis. No señor, no iba permitir que se bañara con él, como si no lo conociera suficientemente bien. Tenía pareja y él tenía que respetarlo.
Arthur no pareció muy a gusto al entrar a su habitación y encontrar a un recién bañado Francis recostado en su cama.
-¿Qué estás haciendo tú aquí?
-Te estaba esperando. ¿Me extrañaste?
Francis le guiñó un ojo, pero Arthur no se molestó en responder.
-Estábamos saliendo de un taller y le dije que si quería pasar a tomar una ducha, cuando salimos acabamos todos sucio y cubiertos en sudor, es muy—
-No importa.
-No pensé que te molestara Arthur, si quieres para la próxima—
-Antonio, dije que no me importaba.
Caminó hasta el pequeño refrigerador que había dentro del cuarto y sacó de este una botella de agua para tomar de ésta. Francis y Antonio compartieron una mirada y estuvieron de acuerdo. Francis se retiró de la habitación diciendo algo acerca de tenía alguien a quién ver o algo así.
Arthur se sentó en la cama con la mirada perdida, acabando su botella de agua.
-¿Qué sucede?
Antonio interrumpió sus pensamientos como un cubetazo de agua helada.
-¿Huh?
-Estás particularmente serio. ¿Sucedió algo?
-N-no… solo estaba pensando…
Sus manos jugaban con la botella.
-Oye, puedes decirme si tienes algún problema. Sé que no somos tan cercanos pero—
-Estoy bien, es solo que... A veces quiero creer que soy bueno en las cosas que hago. Quiero decir, pongo todas mis energías en mi trabajo y trato que los resultados sean impecables pero—pero eso a veces no es suficiente. –Con cada palabra que decía, iba aumentando la velocidad. –Y siento que la gente espera de mí cosas más grandes que lo que yo puedo hacer y me hace preguntarme si realmente vale la pena que yo siga trabajando duro cuando lo máximo que yo puedo hacer no es suficiente—
-Alto. Necesito que respires antes de continuar que siento que te quedarás sin aire.
-¿Realmente quieres escucharme o solo te vas a burlar de mí?
-Arthur, te estoy escuchando.
Se miraron el uno al otro.
-¿Son tus padres los que te están presionando?
-Nadie me está presionando.
-Si quieres saber mi opinión, suena a que eres tú el que te está presionando. La gente espera grandes cosas de ti. ¿Y qué? Uno no llega a esta universidad porque sus padres esperan grandes cosas de uno. Ningún padre se despierta un día y dice "vaya, quisiera que mi hijo fuera un pintor." Te apuesto a que llegaste aquí porque hay algo que amas hacer.
-No lo entiendes, mi madre es—mi madre es una persona importante para las editoriales más grandes del país. Ella espera que yo pueda ser un gran escritor o un gran editor. ¿Qué va a decir ella si vine a esta universidad solo para hacer más larga la fila de desempleo?
-¿Y qué? ¿Entonces vas a sacrificar tu propia felicidad para hacerla feliz a ella? Tu madre tuvo su propia oportunidad para buscar la felicidad y tú ahora tienes la tuya.
-¿Y tú qué sabes de mí felicidad? ¡Quizás la opinión de mi madre es importante para mí!
-¿Y qué vas a hacer cuando tu madre no esté aquí? ¿A quién vas a hacer feliz?
Ambos se quedaron en silencio. Antonio se preguntó si había sido demasiado duro con el último comentario.
-Perdón. No pensé en lo que—
-No, no. Tienes razón.
Por el rostro de Arthur y lo poco que conocía de él no sabía si debía interpretar eso como honesto o un comentario terriblemente sarcástico. Arthur dejó la botella a un lado pero continuó con la mirada baja. Antonio lo miró por un largo rato, pero tuvo que desviar la mirada antes de comenzar a hablar.
-Mi familia no es muy grande. Solo somos mi mamá, mi hermano Paulo y yo. Yo soy el más pequeño. Paulo tuvo que trabajar desde pequeño para que no nos hiciera falta nada. Yo también tuve que trabajar un tiempo, fue horrible. Nadie esperaba mucho de mí, ni en mi familia ni en la escuela. Especialmente en la escuela. Eso era en Sevilla. Tuve mucha suerte, me encontró la gente adecuada haciendo grafitis y terminé aquí. Ahora mi familia espera que me vuelva famoso.
Antonio se sentó en su cama, convirtiéndose en un reflejo de Arthur.
-Yo solo vivo con mi madre. Vivía. –Siguió hablando, para sorpresa del contrario. –Tengo tres hermanos mayores: el médico, el abogado y el ingeniero, un sueño para cualquier padre. Todos ellos viven por su lado. Tengo otro hermano—un medio hermano más. Es un bebé y vive con mi padre y su nueva mujer. Mi padre quería que yo fuera abogado o que me hiciera cargo de su empresa. Mi madre simplemente quería que fuera feliz y me apoyó cuando le dije que quería estudiar Literatura.
Una sonrisa cálida se asomó entre los labios de Antonio. Sin pena, extendió la mano hacia Arthur.
-Mucho gusto, soy Antonio.
El otro miró su mano extrañado.
-Creo que ya sabía eso…
-Sí, pero recién nos comenzamos a conocer en serio. Además creo que nunca me presenté como debía contigo.
Arthur le devolvió la sonrisa y estrechó su mano.
-Mucho gusto, Antonio. Mi nombre es Arthur.
