3. Radamanthys toma el control
Tras una noche toledana yendo y viniendo al váter, Radamanthys despertó con ojeras y con agujetas en el vientre.
Realmente no tenía el cuerpo para muchas fiestas y se planteó quedarse en la cama todo el día. Sin embargo, sabiendo que eso implicaría las burlas de los caballeros de oro, hizo de tripas corazón y terminó levantándose de la cama.
Al ver el papelito verde y dorado, sus tripas retumbaron rápidamente, quejándose por esa visión. El espectro se llevó la mano a sus abdominales, esperando que le dieran un respiro por ahora.
Lo primero que hizo fue darse una buena ducha, limpiándose concienzudamente. Tras ello, decidió ponerse la armadura del Wyvern, simplemente para enfatizar su condición y como barrera física frente a aquellas ratas doradas.
Suspiró mientras recogía el casco, pensando en dónde demonios se había metido.
Al llegar a la sala principal del templo, vio al Patriarca charlando con el caballero de Libra.
—Buenos días— saludó Radamanthys a los dos hombres, quienes le devolvieron el saludo.
—Te esperábamos. Antes de que comiences con tus responsabilidades, te presento a Dohko, mi mejor amigo, mi…
—Shion, os conozco desde la anterior Guerra Santa— cortó el inglés, frunciendo el ceño.
—¡Que no me llames por mi nombre de pila!— replicó el Patriarca—. Pero tienes razón, ya nos conocemos.
El caballero de Libra sonrió abiertamente al espectro y éste se sorprendió por tal gesto de amabilidad. A decir verdad, Dohko le parecía el más amable dentro de todos sus compañeros. Por lo menos no lo había insultado aún.
El reloj dio la hora, con pesadas campanadas que retumbaron en el templo. Eran las ocho en punto.
Radamanthys se dirigió al caballero de Libra.
—Por ahora eres el único que me ha hecho caso. Voy a conceder cinco minutos de retraso, pero me van a oír como no empiecen a entrar por esa puerta tus compañeros.
Nada más decir esto, escucharon voces y la puerta principal se abrió. Aparecieron los caballeros de Acuario, Virgo, Aries y Piscis charlando animadamente. Los cuatro callaron en cuanto se percataron de la presencia del espectro.
El inglés frunció el ceño. Seguramente estaban hablando de él, pero al no haber oído la conversación claramente, dejó correr sus sospechas.
Saludó a los recién llegados y fue a colocarse a la diestra del Patriarca, junto al trono, mientras ordenaba a los caballeros posicionarse. Dohko se reunió con sus compañeros y se colocaron en dos filas frente a frente, con las cabezas altas, las espaldas rectas, piernas juntas y brazos pegados al cuerpo. Una posición ciertamente incómoda, pero tal fue la orden del espectro.
Los segundos pasaban lentamente bajo aquel silencio. De vez en cuando, una tos de alguno de los presentes o los pasos apurados de algún sirviente lo llenaban con su particular ruido.
Afrodita suspiró y el espectro le lanzó una mirada punzante, que hizo que el sueco se sorprendiera y recobrara la compostura.
Transcurridos tres minutos, la puerta se abrió de nuevo y aparecieron los caballeros de Tauro, Cáncer, Capricornio y Sagitario, igualmente charlando, pero en voz más alta. La escandalosa carcajada de Deathmask fue acallada por una orden de Radamanthys y obedientemente se colocaron en la misma posición que sus otros compañeros.
Radamanthys aguantó hasta pasada la prórroga de cinco minutos y contó a los presentes. Le faltaban dos caballeros, pero no iba a esperarles.
—Está bien, voy a cerrar la puerta ya que estamos todos.
Avanzó por entre las dos filas, cuando escuchó la voz de Camus.
—Disculpa Radamanthys, pero faltan…
—No falta nadie— cortó secamente el espectro, mirando al francés—.Dije a las ocho en punto aquí. Suficientemente generoso he sido otorgando una prórroga de cinco minutos. Vuestros compañeros se quedarán fuera.
Y dicho esto se dirigió a la entrada. Arrastró una de las puertas y cerró la cancela. Antes de cerrar la otra puerta, se asomó por si aparecían los que faltaban. Efectivamente Milo, Aioria y Kanon, un poco más retrasado, subían a toda prisa las escaleras que conectaban los templos de Piscis y del Patriarca.
Radamanthys se apoyó en el quicio de la puerta con los brazos cruzados.
Los caballeros de Leo y Escorpio entraron, palmeando la espalda del espectro al saludo coloquial de "¿Qué pasa tronco?" y "Hemos sido puntuales, no te quejarás".
—¡Alto ahí vosotros dos!— gritó el juez, asombrado por la informalidad de aquellos dos, mientras alargaba sus dos brazos para detenerlos. Los empujó hacia fuera del templo.
—Son las ocho y seis minutos, os dije que estuviérais aquí a en punto, con lo cual no podéis pasar— levantó la vista al ver a Kanon frenando en seco al ir a entrar al templo —. Y tú, repetido, ¿qué haces aquí?
Kanon miró a sus compañeros antes de responder.
—¿No dijiste que teníamos que estar aquí a las ocho?
Radamanthys esbozó media sonrisa.
—Sí. A las ocho en punto. Concedí cinco minutos de prórroga por ser el primer día. Pero ahora tus compañeros se quedan fuera. Y por supuesto que serán castigados.
Milo y Aioria protestaron.
—¡Pero si sólo ha pasado un minuto!
—Con vuestra cháchara ya van tres minutos pasados de la prórroga. Esperadme fuera vosotros dos y ya me pensaré qué váis a hacer por llegar tan tarde. Disfrutad de estos momentos de libertad— y con una risa cruel nada esperanzadora, fue a cerrar la puerta.
—¿Y yo? ¿A mí no me castigas?— preguntó Kanon, mosqueado al notar que únicamente había mencionado a sus compañeros.
Radamanthys mantuvo la puerta sujeta unos segundos.
—¿Quién es el portador oficial de la armadura de Géminis? Tú no.
Y le cerró la puerta en las narices.
Kanon bufó miles de maldiciones e insultos hacia el espectro, jurando una sonora venganza por aquella humillación. Aioria y Milo, aunque ahora trataban de aguantar la risa por el hachazo del juez hacia su compañero, sabían que pronto sufrirían la ira del mismo, por lo que consolaron al gemelo menor.
Radamanthys avanzó entre las dos filas hasta situarse de nuevo junto al Patriarca.
Shion había observado la escena atentamente y aunque discernía en los modos secos del espectro, al menos había traído un poco de disciplina. Tamborileó los dedos sobre el reposabrazos de su trono.
—Buenos días caballeros. Bien, como ya sabéis, Radamanthys será mi mano derecha durante su estancia en el Santuario. Le he asignado una serie de responsabilidades, así que cualquier orden que salga de su boca, debe ser respetada y llevada a cabo sin cuestionar en ningún momento sus decisiones. Con el fin de enderezaros un poco, ya que vuestros desmadres últimos han tocado techo, nunca mejor dicho— dijo alzando la vista alrededor de su templo señalando los estropicios—, váis a encargaros de muchas de las reformas que vuestra ineficacia ha traído consigo.
Los caballeros comenzaron una retahíla de quejas, lamentos y explicaciones atropelladas. Antes de que pasaran siquiera diez segundos de aquel barullo, el espectro ordenó silencio a todos con su voz grave. Los dorados callaron súbitamente y el Patriarca pudo proseguir.
—Gracias Radamanthys. Y sí, habéis oído bien. Váis a encargaros de reconstruir todo lo que habéis roto, estropeado, destruido y mancillado. Especialmente mi honor. Así que tenéis unos cuantos días por delante de mucho trabajo. Radamanthys de Wyvern— dijo dirigiéndose al espectro—, dejo en tus manos que se lleve a cabo toda esta reestructuración. Comandarás a mis caballeros de oro. Mucha suerte con ellos.
El espectro asintió con una reverencia.
—Será un placer, Sumo Sacerdote.
Barrió con la mirada ambarina los rostros de sus nuevos subordinados. Pudo leer en sus ojos el temor, el odio, la tristeza y la resignación.
Shion procedió a retirarse para seguir con sus tareas, dejando al inglés al frente. Una vez que el Patriarca desapareció, Radamanthys se dirigió a los dorados.
—Ya habéis oído a vuestro Patriarca. Así que espero, que tanto por vuestro bien como por el mío, trabajemos juntos para llevar a cabo la tarea encomendada. Para empezar…— el espectro suspiró al ver una mano alzada—, ¿qué ocurre, Aioros?
El caballero de Sagitario bajó el brazo.
—Nosotros tenemos mucho que perder si no hacemos bien nuestro trabajo, pero ¿y tú? Porque claro, si a ti te da igual hacerlo bien que mal, estoy seguro que querrás que metamos la pata y que estemos eternamente castigados. Con lo cual no es justo.
El inglés tragó saliva antes de responder.
—Pues para vuestra información, nos conviene a todos hacer bien esto.
—Osea, que tú también estás amenazado de que si no haces lo que pide Shion, te caerá una buena— puntualizó Shura.
—Digamos que quiero hacerlo porque me place, no porque me vayan a castigar— respondió rápidamente, frunciendo el ceño.
—¡Ja! ¡Seguro que Hades te ha dicho que si lo haces mal te depilará el entrecejo de por vida!— soltó de improviso Deathmask, provocando la risa de sus compañeros.
Antes de que abriera los ojos, el espectro se había situado frente al caballero de Cáncer y lo agarró del cuello, elevándole del suelo.
—Escucha Centollo de Oro, una de mis órdenes más estrictas es no mencionar ni hacer ninguna mofa o burla de mi entrecejo. De lo contrario, te reduzco a surimi, capisci?
Soltó a Deathmask de golpe y éste cayó al suelo de culo.
—Como iba diciendo al principio, antes de que vuestros compañeros me interrumpieran— dijo mirando a los tres caballeros—, vamos a trabajar todos juntos para reparar todo el desastre que preparasteis en ausencia del Patriarca. Lo primero que váis a hacer es retirar todos los escombros que hay desperdigados y hacer una buena limpieza. Así que empezaremos por este templo. Me da igual cómo os pongáis, pero tened en cuenta que hay que limpiar esta sala, la de la terma, el cuarto de Arles, el cuarto de Shion, las cocinas y el salón comedor. Creo que por hoy, tendréis suficiente tarea con ello.
He pedido herramientas de limpieza a los sirvientes. Tenéis a vuestra disposición guantes, escobas, fregonas, productos de limpieza, etc. Sólo tenéis que pedirlos. Id empezando, que yo tengo que hacer unas cosas. Si tenéis alguna pregunta, buscadme. ¡Rompan filas!— exclamó mientras veía a los dorados gruñendo maldiciones hacia él, mientras iban en busca de los sirvientes.
Mientras, el espectro salía fuera del templo en busca de los dos exiliados. Abrió la puerta y vio a ambos caballeros recostados sobre las escaleras, echando un sueñecito. El juez gruñó y se dirigió rápidamente hacia ellos.
—¿Qué hacéis durmiendo? ¡Vamos, que tenéis trabajo que hacer!— gritó para espabilarlos. Los dos jóvenes dieron un respingo y se frotaron los ojos mientras bostezaban.
—Os tengo preparado algo muy divertido— dijo el espectro— , ya que vosotros dos váis a ayudar a vuestros compañeros a limpiar.
Aioria alzó una ceja.
—Así que vamos a hacer lo mismo que ellos.
El espectro dejó escapar una leve risa.
—No exactamente…verás…os tengo preparada una limpieza mejor.
Los dos compañeros se miraron aterrados.
—Váis a encargaros de primero, llevar toda la basura que generen vuestros compañeros para tirarla en el contenedor de escombros que está fuera del Santuario. Eso os llevará prácticamente todo el día. Váis a hacer ejercicio hasta la extenuación.
—¡Pero si está a tomar por culo! ¡Tenemos que atravesar todo el Santuario!— exclamó Milo, al ver la infinidad de escaleras y templos de por medio, por no mencionar el coliseo de entrenamiento y las viviendas de los caballeros de plata y bronce. Afortunadamente, el recinto de las amazonas estaba apartado y no tenían que atravesarlo.
Radamanthys sonrió abiertamente.
—Pero eso no es todo. Si os cansáis de cargar bolsas de basura y escombros, tengo algo para relajaros: limpiaréis los baños del Coliseo. Ah, y al final del día voy a ver cómo están. Si veo un solo retrete sucio, aunque no sea vuestra culpa, esta noche haréis guardia. Así que venga, que tenéis mucho que hacer hoy.
Los caballeros de Leo y Escorpio gruñeron molestos mientras se dirigían al interior del templo. Por su parte, el Wyvern bajó las escaleras de Piscis.
Al percibir el cosmos de Kanon cerca, fue en su busca. No le encontró muy lejos. Sentado sobre una piedra contemplando el horizonte, perdido en sus pensamientos.
—Repetido, ven aquí ahora mismo— ordenó Radamanthys.
Kanon ladeó la cabeza y volvió a observar el horizonte, en silencio.
—Te he dado una orden, espero que la cumplas— amenazó el espectro.
Kanon dejó escapar un suspiro y sonrió maliciosamente, sin girar la cabeza.
—No soy un caballero de oro y según Shion, sólo ellos están bajo tus órdenes. Por lo tanto, no tengo por qué cumplirlas.
El Wyvern se cruzó de brazos y cerró los ojos unos segundos.
—Tengo a mi cargo a todos vosotros puesto que sustituyo a Arles, así que tú también estás incluido en el pack, muy a mi pesar.
Aquella respuesta dejó desarmado al gemelo menor, quien apretó los dientes cabreado.
—¿Y qué quieres que haga?
—Sencillo, serás mi ayudante.
Kanon abrió los ojos y alzó una ceja sorprendido. No sabía si había oído bien.
—¿Cómo? ¿Quieres que yo sea tu ayudante?
Radamanthys asintió, mientras estudiaba los gestos del gemelo.
Kanon agitó su melena con un golpe delicado.
—Soy irresistible, sin duda.
El Wyvern gruñó y agarró a Kanon de la oreja.
—Escucha caraculo y que te quede bien claro, tú no me caes bien y yo a ti tampoco, pero tenemos que trabajar juntos porque no me queda otro remedio, y te advierto si me jodes a mí, yo joderé a tu hermano repetido ¿estamos? Y no querrás que le pase nada malo a tu hermanito ¿verdad?
Kanon se encogió de hombros.
—Sinceramente, después de todo lo que me ha hecho, me importa una mierda. Se lo merecería, incluso.
—Bien, pues si eso es lo que quieres, le comentaré a Shion que tu hermano está haciendo un excelente trabajo en el Inframundo y que es el mejor para seguir portando la armadura de Géminis. Porque, para tu información, si tu hermano no hace bien su trabajo allí, Shion le retirará la custodia de la armadura y pasará a ser tuya. ¿No es lo que siempre habías deseado?
El gemelo menor meditó la respuesta unos segundos y con una sonrisa, aceptó el trato que le ofrecía el espectro, estrechándose las manos.
Lo que ninguno de los dos sabía, es que por detrás, ambos mantenían los dedos de sus manos libres cruzados.(*)
Radamanthys fue a darse una vuelta por el Santuario junto a Kanon quien le fue mostrando todas las dependencias.
El Patriarca se hallaba viendo los progresos de los jóvenes combatientes con sus maestros.
—¡Radamanthys!— le llamó Shion. El espectro y Kanon se acercaron con una reverencia.
—¿Sí, Santidad?
—Tengo un encargo para ti. ¿Qué hace Kanon contigo?— preguntó viendo al gemelo.
—Es mi ayudante— respondió el inglés rápidamente.
—Ya veo…bueno, necesito que me traigas a Milo, puesto que los papeles que rellenó de su informe están mal y tengo que echarle la bronca. Lee sus comentarios— dijo tendiéndole una de las hojas al inglés. Radamanthys leyó por encima el escrito y sacudió la cabeza, comprendiendo el enfado del Patriarca—. Así que por favor, ordénale venir inmediatamente.
—Por supuesto, Sumo Sacerdote. Vamos – dijo alentando a Kanon. Éste se adelantó ágilmente unos pasos, tomando la delantera para avisar a su compañero.
Antes de que Radamanthys le siguiera, Shion le pidió que parara unos segundos.
—¿En serio? ¿Kanon? ¿Estás seguro de lo que haces?
El inglés asintió.
—Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca.
Con esa respuesta, el espectro desapareció de la vista de Shion, en pos de Kanon.
No tardaron mucho en dar con el caballero de Escorpio, que bajaba las escaleras de Tauro con una bolsa repleta de escombros cargada a la espalda.
—Milo, ven aquí— ordenó Radamanthys.
El griego paró en seco pero no se movió.
—Mira Unicejo, bastante tengo con emular a Sísifo como para que encima me hagas moverme más. Acércate tú.
—Creí haber sido bastante claro en lo que respecta a lo de obedecer mis normas— respondió Radamanthys, sin moverse de su sitio.
—¡Ah sí! Seguramente se lo dirías a mis compañeros, en esa reunión mañanera a la que no me dejaste asistir— replicó rápidamente el caballero de Escorpio, manteniendo su posición, mientras recolocaba la bolsa con intención de proseguir su camino.
—¡Qué tercos sois los dos, joder! Milo, el Patriarca te ha llamado para que acudas inmediatamente, pero te aviso que está de mala ostia contigo— dijo Kanon, para evitar un enfrentamiento entre ambos.
El griego más joven suspiró y miró hacia Radamanthys.
—¿Qué hago?
—Ve a ver al Patriarca.
—¿Y con la bolsa de escombros?
Radamanthys se llevó dos dedos al puente de la nariz.
—Llévala fuera como te dije, al contenedor.
Milo chasqueó la lengua.
—Vamos a ver, no voy a presentarme frente al Patriarca con la bolsa, además si me va a echar bronca, va a tirarse un buen rato. Y tengo que ir ya. Así que una de dos, o me libro de llevar esta carga o te encargas tú de decirle a Shion de por qué no he acudido a su llamada.
—¡Qué difícil eres! ¡Lárgate con Shion y que te abronque bien de mi parte!— respondió el Wyvern exasperado.
—Como usted ordene— respondió el caballero de Escorpio, dejando caer la bolsa al suelo estrepitosamente y salió corriendo hacia el coliseo.
—¡Pero será capullo! ¡Por esto te tocará hacer guardia esta noche! ¿Me oyes?— gritó el espectro a Milo, pero éste estaba demasiado lejos para oírle—. Será imbécil…Kanon, te toca llevar la bolsa hasta el contenedor.
—¡¿Qué?!— respondió el gemelo, al ver la bolsa desparramada de escombros. Por respuesta, el inglés simplemente se giró y le señaló con el dedo a modo de advertencia.
Kanon resopló con frustración y empezó a recoger los restos, mientras veía desaparecer a Radamanthys escaleras arriba.
El espectro regresó al templo del Patriarca, para vigilar a los caballeros de oro que andaban limpiando. Se cruzó con Aioria, que cargaba otra bolsa de escombros a sus espaldas. El caballero de Leo bufó una maldición cuando llegó a su altura, pero el inglés simplemente pasó de largo.
Al entrar en el templo, vio a Aioros y Deathmask barriendo los cascotes de la sala. Por las escaleras bajaban restos de muebles destruidos, los más grandes volando y pudo ver a Mü guiando con su telequinesia los trastos hasta depositarlos en la planta de abajo.
Aldebarán llevaba un escritorio entre sus brazos, seguido de Camus y Afrodita que acarreaban en sus brazos varios cajones repletos de papeles.
Subió las escaleras hasta los cuartos de Arles y Shion. Shura se empleaba a fondo partiendo los muebles destruidos en trozos más pequeños gracias a su Excalibur mientras que Dohko iba organizando las tareas entre los sirvientes para que echaran una mano.
Shaka iba separando en bolsas de diferente color los restos que podían reciclarse y los que no.
Radamanthys observó satisfecho el trabajo y consultó con Dohko unas preguntas.
—Parece que estáis bien organizados. Así me gusta— declaró el espectro.
Antes de que el caballero de libra respondiera, se escuchó un ruido seco y un lamento.
Los dos hombres bajaron corriendo las escaleras y vieron a Aldebarán caído en el suelo todo lo grande que era y Deathmask increpando al caballero de Tauro. Camus y Afrodita estaban acuclillados junto a él, cerciorándose de que estaba en perfecto estado.
—¿Qué ha pasado?—preguntó el inglés.
— Deathmask estaba barriendo y como lo hace tan mal, igual que cuando limpió mi templo, pues lanzó unos cascotes bajo el pie de Aldebarán y al pisar resbaló— informó el caballero de Piscis.
Radamanthys miró al caballero de Cáncer quien echó una mirada furibunda a su amigo.
—Ven conmigo Centollo. Te voy a quitar las ganas de jugar. Aldebarán, si estás herido, ve a descansar a tu templo, ya le encargaré a otro tu trabajo.
Tras esto, el espectro se dirigió a su cuarto. Hizo pasar a Deathmask y cerró la puerta.
Tomó asiento frente al escritorio pero ordenó al italiano permanecer de pie. Colocó unos papeles sobre la mesa y sacó un bolígrafo. Revisó aquellas hojas y cuando topó con la que necesitaba, la sacó. Echó un vistazo por encima con semblante serio.
—Bien Angelo…según tu ficha tienes un largo historial. Eres una persona "difícil, intratable, violenta, sanguinaria e irascible" según leo aquí…si bien es cierto que la gran parte de tus faltas han sido perdonadas— dijo alzando la mirada hacia el italiano, quien se mantuvo con gesto adusto.
—No me parece correcto el trato que le has dado a tu compañero y mucho menos que tu inconsciencia haya provocado un accidente. Por ello, lo ideal sería que te mandara a prisión unos días y que fueras azotado unas, digamos, ciento cincuenta veces.
Deathmask empalideció e iba a protestar, cuando el espectro le mandó callar.
—Sin embargo, puedo hacer la vista gorda si me ayudas.
—¿Estás de broma?— respondió el caballero de Cáncer.
Radamanthys negó con la cabeza.
—Te ofrezco un trato. Ya que mientras permanezca aquí no sabré qué hacen mis subordinados en el Inframundo, quiero que todos los días te des una vuelta por allí abajo y me informes. Me consta que tienes amistad con algunos de mis subalternos, así que, si me traes información veraz sobre lo que acontece en mis dominios, tus faltas, digámoslo así, desaparecerán como por arte de magia.
El italiano se llevó una mano a la barbilla, pensando unos segundos.
—¿Quieres decir que puedo hacer todas las putadas que me de la gana y tú no vas a hacer nada al respecto?
—A cambio de información— asintió el juez.
—Por mí perfecto. ¿Qué tipo de información? ¿General o sobre alguien en particular?
Radamanthys sonrió cruzándose de brazos.
—General. Pero sobre todo quiero que me localices a un espectro en particular.
Deathmask asintió con un leve cabeceo y se marchó de la habitación al recibir el nombre de aquel espectro. Radamanthys permaneció unos segundos pensando en si sería de fiar. De momento, quedaría la situación de ese modo. Llamar a Valentine o a Sylphid sería demasiado arriesgado, su ausencia en el Inframundo sería demasiado notoria para el caballero de Géminis. Así que decidió buscar a otro espectro que no tuviera problemas para acudir a su llamada.
Aunque Deathmask ya conocía su nombre y era probable que los traicionara.
Pasó el resto de la jornada ayudando a Shion, que estaba visiblemente cansado por todo lo que había tenido que hacer durante todo el día. Sobre todo, resolver malentendidos con los caballeros de plata y sus alumnos.
Al caer la noche, Radamanthys se cercioró de que no veía a Kanon desde hacía muchas horas. Un mal presentimiento azotó su mente mientras se dirigía al templo del Patriarca, acompañando a Shion para ir a cenar.
Una vez todos reunidos, el Sumo Sacerdote se sentó en la mesa, seguido de Radamanthys y a continuación los caballeros de oro.
—¡No arrastréis las sillas!— amenazó el espectro, antes de que el concierto de chirridos diera comienzo.
Los dorados estaban exhaustos del trabajo durante todo el día y refunfuñaron mientras asían los asientos para evitar el arrastre.
Sorprendentemente, a pesar de que perduraban malos modales en la mesa, la cena transcurrió con cierta normalidad y silencio, debido al cansancio de los caballeros. El único que parecía activo, era Kanon. Ambos archienemigos se miraban continuamente de soslayo, pero ninguno dijo nada al otro.
Al finalizar la cena, Shion pidió a Radamanthys el informe oral del día.
—Sé que no es el momento adecuado, ya que preferiría decir esto en privado, pero estoy agotado y en cuando me beba la infusión me iré directo a la cama. No me acostumbro a dormir en otro colchón que no sea el mío— resaltó el Patriarca.
—¿Quiere que lo diga delante de todos?— preguntó el inglés, observando los rostros tensos de los caballeros.
Como el Patriarca asintió, Radamanthys expuso su informe.
—Al ser el primer día, esperaba que algunos de los caballeros de oro se retrasaran. Unos más que otros. A partir de mañana no haré concesiones. El que no esté a las ocho en punto en la sala principal de este templo, se quedará fuera. Y esperar fuera significa que le caerá un castigo bastante desagradable, ¿no es así, Aioria?
—Hablando de retrasos ¿y Milo? ¿No ha cenado?— preguntó Shion.
—Sí, hace una hora. Le mandé a hacer guardia hasta las tres de la mañana. Por arrojar la bolsa de escombros.
Camus musitó una maldición en francés, al recordar a su amigo, cansado por andar todo el día de arriba abajo cargando bolsas de escombros, recibiendo una dura reprimenda por parte del Patriarca y encima teniendo que hacer guardia.
—Por lo demás, han trabajado bastante bien. Aunque no han terminado todo lo que tenía previsto, pero no importa. Mañana proseguirán con la limpieza. Le he adjuntado en el informe escrito una serie de puntualizaciones— terminó el espectro.
—¿Y qué pasa con Deathmask?— preguntó Aldebarán. No quiso dejar tirados a sus compañeros y se repuso de la caída, aunque aún le dolía el pie.
El caballero de Cáncer alzó una ceja y miró al espectro.
—Fue debidamente sancionado— cortó secamente el inglés.
—¿Qué le has hecho?— preguntó Afrodita. No había visto a su compañero en el resto del día, desde que desapareciera con el espectro.
—Si quieres saberlo, ya sabes lo que tienes que hacer— respondió tajante el Wyvern.
Ante tal contestación, el sueco se calló. Aún así, percibía que su compañero no parecía molesto con el castigo, muy extraño en él, que generalmente blasfemaba su odio a los cuatro vientos en aquellas situaciones.
Una vez terminado el informe oral, Shion se levantó del asiento y con una disculpa se retiró a sus aposentos temporales.
Radamanthys dio la orden a todos de levantarse de la mesa e igualmente se dirigió a su cuarto, mientras el resto de caballeros se marcharon a sus respectivos templos.
Una vez en su cuarto, cerró la puerta con cerrojo. En el suelo, un papel blanco doblado. Lo recogió entre sus dedos y lo abrió. Tal y como esperaba.
"Abre la ventana a las 23:30"
Radamanthys consultó el reloj del dormitorio. Faltaban unos pocos minutos e hizo lo que la nota ordenaba.
Puntualmente, a las 23:30, sintió un débil cosmo conocido. Una mariposa entró con su vuelto errático dentro de la habitación.
—Mi señor— saludó Myu, desplegando las coloridas alas de su armadura.
El Wyvern sonrió y cerró la ventana rápidamente.
—Cuéntame. Todo lo que ha sucedido en el día, de principio a fin…
NOTAS:
(*) Cuando alguien hace un juramento o promesa, y uno de ellos (en este caso, ambos) cruzan los dedos índice y corazón, significa que no va a cumplir lo jurado o prometido.
Capítulo especialmente dedicado a Raixander, porque estamos en pleno proceso de colaboración ;) (you know what i'm talking about)
Siento la tardanza en actualizar. Pero espero que este capítulo os haya gustado también.
El final es abierto, no es que haya cortado el capítulo o no se haya subido bien.
Ando muy enredada en otros temas, también concernientes a Fanfiction, pero más serios.
Además, últimamente ando más inspirada para dibujar que para escribir. Si queréis echar un vistazo a mis dibujos, buscadme como Melissia Scorpio en Deviantart.
Como siempre, agradezco los comentarios, tanto anónimos como conocidos. Además agradezco a Mary Yuet, Nebula Chain, Megaterio, Nanashi the Knight of the sky, Nadeshkodarks, Dark Jacky, Neverdie y Gemininocris por dar como favorita esta historia.
Y a Yuuly por su comentario, que como es anónimo, no pude agradecértelo vía MP
¡Un abrazo y gracias por leer!
