N/A: ¡Diez review en un solo capítulo! Aun no lo puedo creer, me sorprendió tanto que casi grito al techo de la emoción, ¡mil gracias, ustedes son una gente verdaderamente preciosa! Y respondiendo a varias dudas que me plantearon en dos o tres comentarios, les digo que esto no tendrá SasuHina, y que Hinata sí se enterará de los sentimientos de Neji. Aquí leerán a la Hinata de Shippuden, no a la controladora que pusieron por esposa de Naruto en la serie Boruto. Sasuke aparecerá, no se preocupen, solo deben esperar un poco a que desarrolle más la trama. El siguiente episodio estará algo fuerte. Bendiciones a todos.

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Capítulo 4: La Invitación

La pesadez del ambiente era ya insostenible, desde lo ocurrido la noche pasada Naruto y Hinata casi no hablaban, solo intercambiaron el saludo de buenos días que como mínimo debían pronunciar. Naruto estaba con el cerebro a reventar por los constantes remordimientos que punzaban su cabeza, Hinata, por el contrario, pensó que no era lo suficientemente mujer para él, que si no lograba avivar la tenue llama de pasión entre ellos su matrimonio acabaría, o tal vez terminaría separándolos más.

Necesitaba solucionar ese asunto rápido.

Pronto.

—Hinata-chan —llamó Naruto bajo el marco de la puerta, la joven volteó a verlo—... yo quería pedirte disculpas por lo de ayer, no fue mi intención hacerte sentir mal. —dijo con sinceridad.

Comenzó a observarla desde en la mañana, esperó un regaño, una queja, un insulto, un comentario respecto a lo sucedido, pero para nadie era un secreto que Hinata mantendría el silencio, ella lo amaba tanto que incluso callaría el dolor y sus emociones con tal de no fracturar más la unión conyugal. No la merecía.

No.

Hinata era demasiado comprensiva y flexible, un ángel con preciosos ojos color perla que él veía brillar.

Quiso amarla, de verdad que lo intentó.

—No te preocupes, Naruto-kun. Entiendo que estabas cansado, yo... no estoy e-enojada. —respondió serena, tranquila, fijándole la mirada.

—¿De verdad? —preguntó acercándose, Hinata asintió y él pudo respirar aliviado—. No sabes el peso que me quitas de encima, prometo que no volverá a pasar, 'ttebayo.

Porque aunque amara a otra mujer la situación no cambiaría, su esposa era Hinata, no Sakura, a quién tenía que valorar y respetar estaba delante de sus ojos, no existía una realidad distinta. Con toda la gentileza del mundo, Naruto sonrió tomándola de las manos, le sostuvo la mirada a Hinata mientras acortaba distancia, levantando los labios. Las mejillas femeninas enrojecieron enseguida. Su timidez jamás desaparecería.

La besó.

Una caricia tierna, suave, fresca como el viento en primavera, una presión de labios que no daba indicios de llegar a ser algo más. Hinata quería un contacto más apasionado, más intenso, más de Naruto, no un roce de niños jugando a ser novios. Lo agarró de ambos pómulos con suma delicadeza, casi como si lo estuviese tocando por puro capricho, sintió los brazos de Naruto rodear su cintura, ella lo continuó besando sin precipitarse, estaba consciente de que él podría tomarlo como obligación y no deseaba hacerlo, no podía obligarlo a dar más de lo que le naciera. Sería forzar las cosas y Hinata repudiaba tal intención, en especial si provenía de Naruto.

El rubio llevó su mano a la mejilla de Hinata, la mimó, separó sus propios labios de los de ella, cambió de ángulo y volvió a besarla con un poco más de esmero. Aquella era su manera de compensar el dolor que le causó, Hinata quería sentir atención, cariño, afecto por parte de él, Naruto concluyó que un ósculo bastaría para enmendar los errores cometidos, en ningún instante contempló sostener intimidad. La única que disfrutaría de ese privilegio no estaba ahí, sino en una oficina del Hospital.

Los carnosos labios de la joven se abrieron a una propuesta de mutua participación, Naruto la conocía tanto que adivinaba sus pensamientos sin necesidad de palabras o frases, era su esposa, nadie sabría de una mejor fuente que escondían los gestos de Hinata. Hizo un esfuerzo enorme por no rechazar la iniciativa, quizás lo haría por compasión, tal vez por compromiso, pero su mujer estaba dando hincapié a algo que solía empezar él, lo menos que provocaría era un daño mayor. Por esa razón decidió profundizar, ahondar en el beso hasta cierto límite sin tocar la línea de lo sexual, abarcando sus labios con la intensidad que lo había caracterizado desde siempre. Hinata sintió morir cuando aquella piel tibia y húmeda cubrió su boca exigiendo más, no obstante; la sensación que vivía a través del ósculo era diminuta en comparación al frenesí que descargaba el chico rubio. Naruto no correspondía como antes, no la embestía con el ritmo impetuoso de cabeceos, no mordía, no la saboreaba, no enredaba ambas lenguas con pasión. El Séptimo creyó que la estaba convenciendo de quererla, cuando en realidad y sin notarlo mataba la relación con su evidente falta de amor.

Estaba terminando de quemar lo poco que quedaba de respeto entre ellos.

En un movimiento inesperado que ni él mismo prevenía, Hinata puso la palma en su pecho y lo alejó rompiendo la conexión. Naruto abrió los ojos.

—Ya d-debes irte, Naruto-kun —murmuró cabizbaja—. Es un poco tarde.

El rubio separó los labios, ¿acaso había descubierto que lo hacía más por lástima que por algún sentimiento? Quiso creer que no, que ella no lo notaria.

—Sí, tienes razón —contestó asintiendo—. Shikamaru me espera, nos vemos en la noche, Hinata-chan.

—Suerte.

Naruto desapareció con el destello de un rayo naranja iluminando la cocina.

La Hyuuga explotó en llanto.

Le asqueaba ser tratada así; con aquel pesar y compasión que Naruto mostró a la hora de besarla, era horroroso, detestable, humillante. Hinata sintió que el kitsune la menospreciaba al efectuar tales acciones, ¿que no resultaba más digno decir 'lo lamento, ya no te amo', 'me desagrada estar contigo, perdón', a fingir que la quería con semejante actitud? Pero entonces lo entendió: Naruto anteponía la felicidad de Hinata por sobre la suya, prefería resistir, aguantarla, soportar su presencia con tal de no dañarla. Eso empeoró su desanimo.

Naruto sí la quería, porque de lo contrario ya la habría dejado sin mayor explicación que la de un 'no te tolero', la idea de sostener un romance iniciado con mentiras aumentó la fluidez de sus lágrimas. Hinata colocó sus manos en el rostro y sollozó fuerte, duro, desahogando el mar de sufrimiento que a diario vivía. Era injusto, inaceptable, era inhumano sobrellevar tanta agonía.

Las cuatro paredes de aquella cocina vieron por milésima vez esos bonitos ojos perla llorando, tristeza completa, dolor puro.

Debes buscar primero tu felicidad.

Rescataría su matrimonio, recuperaría el amor de Naruto, él volvería a amarla como antes.

Lo que Hinata desconocía... es que Naruto nunca la amó.

Nunca.

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Lucía más distraído de lo normal, dedujo el joven Nara.

El Hokage siguió firmando documentos.

—Naruto-sama, han traído un sobre para usted —informó Shizune al entrar, extendió el papel a su superior y lo movió—. Tiene su nombre anexado.

—¿De quién? —preguntó viéndola.

—Es personal, no fue escrito con honoríficos.

Shikamaru intervino —Sospecho que es uno de nuestros amigos.

—¿Porque lo mandaron aquí y no a mi casa? —cuestionó a sabiendas de que ninguno contestaría, recibió el sobre y lo vio con duda, rascando su cabeza—. Es muy raro, 'ttebayo.

—Ábralo, Hokage-sama.

—Sí —dijo obedeciendo, tanteó en la mesa buscando un objeto de punta filosa y rasgó el extremo del curioso papel, a continuación, extrajo una hoja del interior bajo la atenta mirada de sus subordinados, lo estiró y comenzó a leer en silencio. Era bonita la caligrafía, demasiado elegante—. Es Ino.

—¿Ino-san? —consultó Shizune, Naruto afirmó—. Oh, ahora comprendo porque me la entregó Sai-san.

—¿Qué dice? —interrogó el Nara.

—Es una invitación a su cumpleaños, me pide que vayamos Hinata-chan y yo, será mañana a las siete de la noche.

—¿Desea que responda la carta, Naruto-sama?

—Sí —alargó el brazo con sobre en mano, la de cabello negro lo tomó esperando instrucciones—. Escribe mis disculpas, que asistiré en otra ocasión, y que le enviaré un regalo de nuestra parte.

—¿Porque no irás? —Shikamaru habló.

—Todavía hay trabajo por delante, detenerme ahora sería acumular más de lo debido y no correré el riesgo de retrasar todo, es suficiente con enviar mis disculpas.

Shizune afirmó.

—De inmediato redactaré la hoja.

—Es descortés de tu parte no pedir la opinión de Hinata.

Uzumaki frunció el ceño —¿Porque lo dices?

—¿Te has preguntado si ella quiere ir? —cuestionó el Nara, mirándolo con seriedad. Naruto arrugó la frente todavía más—. Recuerda que es tu esposa, no debes elegir en su lugar.

La de cabello negro dio media vuelta, lista para abandonar la oficina, cuando de pronto y sin prever, Naruto la observó sentado desde su silla.

—Shizune, espera un momento —ordenó deteniéndola—. Repíteme la fecha y hora de la fiesta.

—Mañana a las siete de la noche, Hokage-sama. —contestó al verlo de frente.

Naruto suspiró.

Cierto, él no podía hablar ni elegir por voluntad propia cuando estuviese involucrada Hinata, no en este tipo de ocasiones, por lo menos. Debía respetar lo que la joven decidiera aun si no estaba él de acuerdo, prometió darle su espacio, su privacidad, Naruto intentaba que Hinata no lo siguiera a él o acatase una palabra suya a la hora de pronunciarla, de verdad quería que su mujer fuese independiente, no una estatua o maniquí que hiciera acto de presencia a su lado como venía ocurriendo últimamente. Aquella personalidad tan sumisa lo fatigaba, el rubio necesitaba de alguien fuerte, de una persona que pensara por él en los instantes que no lograba analizar con claridad, de un ser que pese a todo mostrase fuerza, valentía, tamaño, que no se redujera a un simple asentimiento de cabeza.

De una mujer que también lo retara.

—Es probable que nuestros amigos vayan, Sai, Chouji, Kiba, Tenten, incluso Sakura, tal vez la mayoría. —murmuró Shikamaru, ante el ultimo nombre Naruto parpadeó, sus ojos brillaron, al Nara le pareció que Naruto recobraba la misma energía de años pasados.

—¿Tú crees? —preguntó con ilusión, emocionado al oír la mención de Sakura.

—Sí.

Lo meditó un rato, Ino y Sakura eran muy amigas desde el enfrentamiento en los exámenes genin, quizás la médico iría por ese lazo, tal vez no por el trabajo en el Hospital. Resopló fastidiado.

"Aunque asistamos los dos no podré conversar con ella, Hinata-chan estará conmigo, no debo apartarla".

—Confirma mi presencia en esa reunión —le exigió a Shizune—, Hinata-chan necesita salir de casa una noche, iremos juntos.

—Sí, Hokage-sama.

Shizune abandonó la estancia.

—¿Porque el cambio de decisión? —consultó Shikamaru, el rubio volvió la vista a los informes, simulando trabajar—. Hace unos minutos decías no ir.

Sin mirarlo respondió —Me has criticado que pienso y escojo por voz de ella, dattebayo. Reflexioné sobre eso, ¿qué hay de malo en corregirme yo mismo?

—Nada.

—Entonces continuemos laborando, démonos prisa si vamos a la fiesta de Ino, mañana tendremos que salir temprano. ¿O es que no asistirás?

Shikamaru aflojó el ceño —Que problemático.

"Muy problemático, dattebayo", Naruto creyó exactamente lo mismo.

[]

Ino hablaba como si fuese su madre.

—¡Tienes que venir!, así que ahórrate las excusas y busca en tu armario el vestido más sexy de toda la moda.

—¿Sexy? ¿Acaso te has vuelto loca, Ino-puerca? Estoy casada, no puedo vestirme vulgar, además, ya te dije que no iré.

—Es mi cumpleaños, eres mi mejor amiga, ¿que ya lo olvidaste?

—No.

Yamanaka sonrió —Entonces no se diga más, tu vienes porque vienes.

—Enserio que te pasas de insistente —reclamó Sakura, frotó el puente de su nariz con los ojos cerrados, tenía jaqueca—. De acuerdo, iré a tu fiesta.

—¡Sí! —gritó desde la otra línea—, ¡sabía que aceptarías!

Sakura protestó —No es necesario que alces la voz, puedo oírte clara y perfectamente.

—Ya, perdón —susurró bajito—. Oye, ¿qué ropa te pondrás?

Y ahí venía lo peor...

—¡Cuidado y te colocas esas prendas de los años ochenta, no admitiré cosas feas en mi cumpleaños eh!

El comentario la ofendió —No me trates como a una niña, y no menosprecies mi ropa, que bien actúo al no dejar mi cuerpo al descubierto.

—Como si lo tuvieras...

—¡¿Qué?! —exclamó enojada, una vena sobresalió de su frente—. ¿Que acabas de insinuar, Ino-puerca?

—¡Oh, vamos! Admite de una vez que yo soy más femenina.

—No.

Ino rió a carcajadas —Amiga, tengo los pechos más grandes que tú.

—¡Eso no te hace más mujer que yo! —dijo con la vena creciendo, la rubia emitió un ligero 'ajá' que acabó enfureciéndola más—. Para mi es suficiente lo que tengo, no me importa ser plana para los demás.

—Supongo que lo dices por Naruto.

—...

—Él siempre te ha querido por cómo eres, ¿o no?

Ella no respondería a esa clase de preguntas indecorosas.

—No me dejes en ascuas, cuéntame detalle a detalle lo que hicieron.

—Son mis intimidades. —dijo ruborizada, el rostro le ardía como si una llama de fuego quemara sus pómulos, víctima de la vergüenza.

Ino persistió —Es que me lo imagino y me tiemblan las manos, Naruto es tan entregado, tan atractivo, tan apasionado —suspiró fastidiándola—... que me embarga la incertidumbre de saber que maniobra hace. Ha de ser caliente en el acto.

Sus ojos relampaguearon furiosos —Tú no tienes por qué saberlo.

—¡Ajá, no lo has negado, eso significa que he acertado en mi intuición!

Sakura no aguantó más y colgó la llamada, estaba echando humo por la nariz, endiablada, iracunda, rabiosa, celosa de que otras mujeres vieran a Naruto con lujuria. Ya bastaba con tolerar que él viviera junto a Hinata, ¿porque soportar a más? De solo imaginarlo en medio de aquellos enormes pechos, saboreando, disgustando la piel de Hinata, Sakura sentía la sangre hervir, pero de coraje. No. No quería que la besara como lo hizo con ella, que la apretara contra su cuerpo, ni que la embistiera con la sofocante pasión que le demostró esa noche. Nunca. Jamás. Sakura trataba de no pensar en ello.

Su mente la traicionó de nuevo.

Pronto a su imaginación llegaron imágenes de Hinata gimiendo por causa de los movimientos pélvicos empleados por Naruto, casi los oía jadear, balbucear calurosos, arremetiendo contra el cabecero de la cama blanca. La ira creció.

—¡¿Porque demonios me importa?! —se reclamó a sí misma—. Ellos están casados, es normal que compartan besos, caricias, que tengan sexo. —Y aquello solo la entristeció.

¿Para qué tanta mentira? ¿Porque seguía omitiendo lo que a simple vista resultaba evidente? Sakura ardía de celos, de indignación, de cólera no revelada, pero había decidido no mostrarlo ante nadie por temor a que fuera señalada. Si en algún momento su carácter reventara, o que en el peor de los casos; expulsara a viva voz la frustración vivida, ¿qué excusa daría a sus seres queridos? ¿cómo taparía la realidad del asunto? Por supuesto que la descubriría, quien la conociese sabría descifrar su expresión. Era un riesgo terrible lucir así de molesta. ¡Pero es que el enojo era inmenso!, en sus ojos aumentaba la llama de la desdicha, de dolor, de deseo no consumado. Porque aunque fuese indecente admitirlo: Sakura lo amaba con sus defectos, estupideces, babosadas, risas, cabeza hueca, pero era amor al fin.

Ocupó el asiento trasero del amplio escritorio y descargó el peso de su torso en el espaldar de la silla giratoria, suspirando obstinada.

—¿Porque todo es tan difícil contigo, Naruto?

La brisa llevó lejos sus palabras.

Cerró los ojos, ¿porque siempre lo recordaba a él, y no a Sasuke como por ley debería suceder? Quizás el motivo consistía en que Naruto a pesar de la situación nunca le abandonó, al contrario de Sasuke que, sin remordimientos o culpa que lo persiguiera, la había dejado sola en medio de tanta oscuridad tenebrosa. Y en todo aquel camino alejado de luz, un destello de color azul cielo alumbró para ella. Naruto Uzumaki. Su razón, su esperanza, su apoyo, su fuerza, un amigo, un ser indispensable, su amante. El último término la hizo resoplar. ¿Desde cuándo lo veía como un hombre atractivo? Para la joven siempre lo fue, solo que cierta presencia de cabello azabache opacaba su indiscutible masculinidad, claro que también el accionar del chico rubio colaboraba en eso, ninguno a su edad era ingenuo y de un corazón tan grande, solo él.

Lo correcto era admitir que su personalidad lo hacía resaltar más.

—Baka. —A su boca llegó el sabor de los besos ardientes, demandantes, de los fogosos robados por Naruto. Dios, que sensación la invadía. Era el fuego mismo quemándole la piel, la agonía de fusionar ambos cuerpos hasta el límite de lo imposible, la lujuria reencarnada, un paraíso lleno de calor y desinhibición.

Su perdición.

Respiró hondo al sentir el corazón latiendo desbocado.

¡Lo quería más que a su propia vida!

Tal vez mucho más.

Su celular de repente sonó.

Exhaló con fuerza, ¿qué cretino la interrumpía en horas de trabajo? Sakura abrió los ojos y comenzó a hurgar en la mesa, buscando el aparato. Lo halló debajo de unos papeles.

Naruto

Dudó en contestar por razones que ni ella misma previno.

¿Y si era de urgencia?

No, aquello era absurdo, Sakura lo sabía.

"Si fuera importante no me llamaría, solo realizaría la técnica para venir hasta aquí".

El dedo femenino acarició la tecla de responder.

Su móvil continuó repicando.

—No —dijo soltando el teléfono—, no está bien seguir con esto, personas inocentes sufrirán por mi culpa. Hinata no merece que la engañemos.

Puede que no fuesen mejores amigas ni mujeres de cercana vivencia, pero Sakura vivía la culpa de romper un matrimonio feliz a causa de su deseo por tener a Naruto consigo, los remordimientos eran inaguantables, punzantes, torturadores. Lo mejor era cortar todo de raíz antes de que el árbol creciera.

Finalizar la relación con Naruto de inmediato.

Lo malo es que no quería, tampoco disponía de voluntad para hacerlo, él era su luz, su guía, la salida de un oscuro camino. ¿Cómo desprendía una parte de su ser sin sufrir daños irreparables? Mínimo, fallecería en el intento.

Jamás lo lograría.

Nunca.

El celular paró de timbrar.

Sakura vio el teléfono con el dolor marcando su rostro, haría un gran esfuerzo por resistir.

"Tal vez sea necesario apartarme un poco de ti, Naruto", porque en el fondo su presencia la estaba cegando al extremo de no querer a nadie más a su lado, solo a él.

Siempre había sido a él.

[]

Miró el objeto con la incertidumbre expuesta en cada una de sus varoniles facciones, tecleó de nuevo la serie de dígitos números y pegó el móvil a su oreja, esperando que respondiera.

Un pitido

Dos

Tres

Cuatro

Lo sentimos, el número que usted ha marcado está apagado o temporalmente fuera de servicio.

Harto de escuchar por tercera ocasión el mismo mensaje, Naruto colgó a la operadora y depositó el instrumento en la mesa de su oficina, bastante indignado.

Trató de pensar positivo.

"Seguro están operando a alguien y olvidó el celular en su cartera, sí, es eso, dattebayo. No tendría por qué evadirme".

Pero las dudas triunfaban sobre lo que parecía ser un absurdo pretexto mal argumentado. Era notorio que Sakura lo evitaba al no responder a sus llamadas, ¿pero por qué? El Séptimo dedujo que probablemente ella planeaba dar marcha atrás, que si fuera posible Sakura desharía el vínculo que a ambos los unió, lo cual lo atemorizaba demasiado, casi matándolo. No quería perderla ahora que por fin había conseguido su amor.

No.

No iba a suceder.

Naruto no la dejaría otra vez.

Agarró el móvil y tecleó: Quise comunicarme contigo para repetirte que te amo, eres mi vida entera, que te extraño a cada segundo. No puedo vivir sin ti, Sakura-chan.

Lo envió a la joven de cabello rosáceo y suspiró liberando el teléfono, cerró los ojos durante un breve instante, a su cerebro llegaban momentos compartidos con ella, unos muy bonitos, cabe mencionar. Memorias que con el paso del tiempo se volvieron sus más preciados tesoros, la esperanza, el motor de su lucha.

El respiro de cada día.

Inclinó el cuerpo hacia delante, doblando la espalda, puso los codos en sus rodillas y llevó las manos a su rostro tratando de analizar la situación, ¿acaso Sakura estaba dudando de quererlo? No. Su Sakura-chan había dicho amarlo, ¡incluso hasta lo demostró!, ella no era de las personas que cambiaba de parecer de un minuto a otro, y si eso ocurría; era probable que existiese una causa mayor a sus deseos, a su control, una que la obligara en todos los sentidos. Como los remordimientos o pretender ver a Sasuke y a Hinata felices, por ejemplo. ¿Pero y él? ¿Qué futuro les esperaba a ambos si dividían sus caminos?

La soledad, el abandono, la monotonía, el sufrimiento de no poder modificar sus vidas, la rutina.

Un conjunto de sensaciones y costumbres desagradables que no conducían a la felicidad, sino a la resignación, a la fatiga, al indecoroso deseo de anhelar un desenlace diferente. Quizás uno mejor. De cualquier forma el resultado sería igual: él la perdería.

Naruto admitía el grandísimo error de no haber peleado para obtenerla, tal vez si lo hizo en su niñez y adolescencia, pero sus fuerzas desaparecieron años después de ver que, fuese lo que fuese a hacer, Sakura seguía rechazándolo sin pudor.

¿Es que estaba destinado a sufrir, a no lograr alcanzar sus sueños jamás? El rubio había cesado en sus intentos de conquista, se apartó para que Sasuke la hiciera feliz, consiguió una esposa de buen porte que asentía sin chistar a todo lo que él dijera, ¿y todo eso para qué? ¿Qué gracia tenía cumplir las órdenes de los demás? ¿Porque terminó al lado de una mujer que no amaba?

Más por sinceridad que por otro sentimiento, el chico aceptaba que parte de la responsabilidad caía encima de sus hombros, ninguno lo forzó a contraer matrimonio con Hyuuga Hinata, tampoco a dejarse influenciar por las circunstancias ni que cometiera la locura de faltar a su juramento ceremonial.

Yo, Naruto Uzumaki, prometo serte fiel, amarte y respetarte todos los días de mi vida.

La cabeza le dolió.

"Hinata-chan no merece que la siga engañando, es muy buena, me quiere, me valora, me cuida, hasta se preocupa por mí, en cambio yo...".

Él había cometido adulterio en cuanto tuvo la oportunidad.

"No soy el hombre indicado para ella".

¿De qué manera debía decirlo, como es que lo pronunciaría frente a aquellos bonitos ojos perla que le miraban con adoración? Llevar a cabo tal estrategia sería una crueldad inmensa, desconsideración por parte suya, un acto humillante. Sí, Naruto la apreciaba, estaba dispuesto a cuidar de su esposa cuando así lo necesitara, pero esa emoción era muy distinta a la que sentía por Sakura. Con la pelirrosada todo era amor, pasión, fuego, sensaciones explosivas.

El ímpetu de la adrenalina.

Volvió a suspirar preocupado.

El anillo rodeando su dedo pesaba demasiado, y no en términos físicos, sino en el aspecto simbólico. Le recordaba que no estaba solo, que existía una mujer esperándolo en casa, que quizás sus deseos de continuar frecuentando a Sakura no valían para nadie más que para él. Era mortificante. Inquietante. Torturador.

Deprimente.

No olvides que esa noche me prometiste estar siempre conmigo, juraste que me amabas, en tus ojos vi el mismo amor que yo te tengo, redactó en el teléfono antes de enviar su mensaje y apagar el móvil.

"Voy a quererte siempre, Sakura-chan".

[]

A pesar de no haberle contestado ni un solo texto de los que recibía, Sakura leyó con detenimiento los pequeños párrafos tan confesados por él, mordió sus labios y cerró los ojos, negando con la cabeza. Naruto complicaba la situación, ¿que creía estar consiguiendo con eso?, ¡sus palabras la acorralaban! Era andar en medio de dos caminos separados; uno con el final feliz que siempre soñó de niña, otro en el que proseguía su mismo curso pero sin emociones delante. La confundía en sobremanera, muchísimo.

Le había prometido demasiadas cosas aquella noche, entregó el alma y cuerpo sin pudor, Sakura puso su vida entera en manos de Naruto. Jamás en su existencia sintió tanto desespero. Era como si fuese el último segundo que usara para respirar; intenso, absoluto, completamente anhelado. Las sensaciones que experimentó sobrepasaban todo lo que en su momento Sasuke demostraría, su esposo no era partidario de caricias, de miradas profundas, de gestos motivadores. En la única ocasión que sostuvieron intimidad (y resultaba ser el día de lo boda), Sakura vivió en carne propia la extraña manera en que amaba un Uchiha, el azabache no la tocó como Naruto, no la devoró como Naruto, no la besaba con el ardor que encendían los labios de Naruto. Sasuke fue más brusco, duro, impiadoso, salvaje, lo de ellos no había sido un acto de amor, no. Él practicaba sexo puro, nada más.

Aunque no la pasó mal ese día (porque admitía haberlo gozado), Sakura de verdad hubiese deseado que Sasuke fuera suave, despacio, gentil, puesto que era la noche más especial para una mujer, pero se sonrojó tanto al verlo desnudo que la idea de pedir consideración abandonó su mente enseguida, permitiéndole emplear lo que quisiera.

La había follado como el oscuro y frío hombre que sería siempre.

En cambio Naruto...

No puedo vivir sin ti, Sakura-chan.

Leyó al deslizar el dedo sobre la pantalla.

—Yo tampoco puedo —reconoció a viva voz, depositó el celular en la mesa y se levantó, pensando que hacer—. Es imposible que logre ordenar mis ideas estando aquí, tenerlo tan cerca —dijo con las mejillas prendidas—... no me deja analizar claramente. Si él no mirara así...

¿Lo olvidaría? ¿Enserio creía esa barbaridad? Sakura apoyó su frente a una pared de la oficina, casi escuchaba los latidos de su alocado corazón pidiendo clemencia, no quería, no podía renunciar a él.

Era una lucha del deber contra lo que deseaba.

Por un lado sus deseos, su amor, las ganas de estar con Naruto; por el otro su matrimonio, el respeto, la rota promesa de fidelidad hacia Sasuke.

—Fue un error involucrarme con Naruto —Pero es que lo amaba de una forma tan excesiva que poco podría hacer para contenerse, lo había evitado por cinco meses creyendo que lo superaría, pero el tiempo y la distancia solo lograron acrecentar ese fuego abrasador que la aturdía—. Kami, esto es una locura.

Resopló estresada y llevó ambas manos a la cara, su rostro seguía ardiendo.

Alguien tocó a la puerta.

—¡Pase! —gritó de espaldas a la entrada.

La persona giró el pomo de la cerradura e ingresó, cargando un obsequio entre los brazos. Sakura volteó a ver quién la interrumpía.

—Uchiha-sama, han mandado un regalo para usted.

—He pedido que me sigan llamando por mi apellido, no hacen falta las formalidades.

—Lamento mi desobediencia, ruego me disculpe.

—Olvídalo —dijo sonriendo, el muchacho afirmó y dejó la encomienda sobre el borde del escritorio. Eran muchos ramos de cerezos—. ¿Está seguro que son para mí?

—Sí, mire —agarró una carta y la enseñó—, aquí dice su nombre.

Ella caminó hasta él, recibió el regalo y solicitó que nadie fuese informado de aquel raro acontecimiento, el chico asintió cabeceando y depositó en sus palmas el sobre.

Esperó a que el hombre saliera para leer la nota.

De ida a casa encontré unas flores preciosas que me recordaron el color de tu cabello, porque a ti siempre te pienso, Sakura-chan. Ojala te gusten, no olvides que te amo.

Tu baka.

Guardó la hoja en el bolsillo de su bata médica, acarició el tallo de un cerezo y sonrió enamorada, sus ojos brillaron.

Él era todo lo que necesitaba para ser feliz.

[]

La noche cayó demasiado pronto.

—Naruto, debemos partir ya —comentó Shikamaru a su lado—, el reloj marca las nueve.

El rubio se frotó un ojo —En un rato voy, ustedes vayan delante, yo cierro en cuanto termine.

—¿Te irás solo?

—Sí.

El Nara afirmó y desocupó el sitio, Naruto quedó firmando unos papeles.

—¿Acaso pretendes dormir en este lugar?

—¿Ino? —preguntó al oírla desde su silla, Yamanaka rió con naturalidad y avanzó a paso seguro—. ¿Qué te trae por aquí, dattebayo?

—Supuse que continuabas trabajando, de casualidad caminaba en dirección hacia acá y pensé: ¿porque no visitar a un viejo amigo?

Naruto frunció el ceño, era obvio que ella ocultaba algo. Ino rió.

—Ya, me descubriste, no he venido a verte por caridad. —añadió.

—¿Entonces?

—Quiero saber si vendrás a mi cumpleaños, te envié la invitación pero no respondiste.

El chico la vio, extrañado —Yo ordené a Shizune que te contestara.

—Pues a mis manos nunca llegó la respuesta.

—Si iré.

Ino sonrió en sus adentros —Bien, imagino que Hinata asistirá contigo, ¿no?

—Por supuesto, es mi esposa, 'ttebayo.

—De acuerdo, los espero entonces. Ah —murmuró viéndolo—, casi olvido darte esto, lo preparé yo misma.

Naruto arqueó las cejas al mirar la vianda que Ino le entregaba, parpadeó desconcertado y rascó su nuca —¿A qué debo el detalle?

—Me provocó —Él pareció malinterpretar las cosas, por eso Ino agregó—. Tranquilo Naruto, que no vengo a ti en plan de seducirte como la frentona cree, yo te aprecio mucho, enserio. Mi intención es mantener la amistad.

—Ah, bueno —susurró aliviado—, así si te lo acepto, dattebayo.

—Ya debo marcharme, nos vemos luego, guapo.

—Adiós.

Ino salió.

El rubio observó la puerta cerrada.

"¿Sakura-chan piensa que Ino quiere conquistarme?, pero que locuras anda imaginando, dattebayo".

Y en efecto, él no estaba equivocado.

[]

—¡Ya llegué, Hinata-chan! —anunció el Hokage.

La Hyuuga emergió de una habitación —Naruto-kun, buenas noches.

—¿Tienes calor? —cuestionó al mirarla portando una bata fina de color lila, ella negó cabeceando—. Ah, bueno.

—¿Te p-preparo la cena?

—No, no es necesario, ya comí.

Hinata pestañeó —¿En d-donde, Naruto-kun?

—Ino hizo el favor de darme de comer.

—¿I-ino-san? ¿Por qué?

El Séptimo puso su sombrero encima de la mesa, bostezó medio dormido y cortó espacio con la chica —Fue a confirmar que en fin si vamos a su fiesta. —plantó un casto beso en su frente y caminó a la recamara.

—¿Que fiesta, Naruto-kun? —preguntó siguiéndolo.

—Una a la que tú y yo estamos invitados, será mañana a las siete, dattebayo.

—¿Tú irás?

—¿Mmm? —parpadeó confuso, volteó hacia ella y consultó—. ¿No quieres venir?

—P-pero yo —tartamudeó nerviosa—... creí que solo asistirías tú, además, n-no tengo idea de que ponerme.

—Eso es lo de menos, a ti todo te queda bonito, Hinata-chan, y si debes ir conmigo porque eres mi esposa.

La nombrada sonrió —G-gracias, Naruto-kun.

—Ahora durmamos porque ya es tarde, apaga la luz por favor.

—S-sí —musitó quedito, lo vio quitarse cada prenda hasta estar semidesnudo, por naturaleza y no por herencia, Hinata enrojeció de pie a cabeza con las manos apretando su pecho, él fingió no notarlo y ocupó su lugar en la cama, dándole la espalda—. B-buenas noches, Naruto-kun.

El rubio no parecía tener intenciones de dialogar, y la joven, a su pesar, entendió que Naruto jamás la volvería a amar.

Jamás.