3. El principio del fin. Parte I

Ella era mi querida "nana". Una mujer con descendencia alemana de mediana edad, tenía el cabello liso, corto, rubio y muy canoso, poseía unos preciosos ojos oscuros pero brillantes y una dulce y cariñosa sonrisa.

Me giré lentamente tratando de no hacer mucho ruido para no desconcentrarla de su trabajo, caminé con sigilo un par de pasos dispuesta irme a esperar a que terminase de hacer el desayuno en la mesa. Mas mi precaución no sirvió de mucho, me detuve automáticamente cuando su voz tranquila resonó por toda la habitación.

— Felicitaciones, querida— me volteé a observarla esperando sus burlas con una ceja alzada, nunca se le escapaba nada a esa mujer—. Hoy has hecho un nuevo récord corriendo hasta acá sin caerte por las escaleras…como de costumbre— dijo con una gran sonrisa burlona en su rostro sin molestarse siquiera en mirarme.

Reí. Lo sabía. Estaba más que claro que disfrutaba mofarse de mí. Ya era una costumbre por lo que decidí seguirle el juego.

— Si, es verdad— alardeé acercándome a ella—. Lo que pasa es que al parecer hoy tuvieron piedad de mi— respondí irónicamente poniendo los ojos en blanco.

Me miró un momento de reojo mientras sonreía y negaba con la cabeza divertida.

— Hoy te has levantado un poco tarde... — comentó de pronto algo preocupada a la vez que servía el desayuno en sus respectivos platos— ¿Quieres qué te lleve a la escuela?— me preguntó mientras llevaba mi desayuno a la isla de mármol color crema con detalles negros que se encontraba a un costado de la gran cocina.

— ¿Qué?— pregunté algo sorprendida y descolocada, no entendía como pretendía hacer tal cosa—. No. Muchas gracias, pero no es necesario— respondí rápidamente ignorando mi desconcierto—. Hoy ya tienes muchas cosas por pendientes por hacer. En la noche te vas de viaje y tienes que preparar todas tus cosas desde ahora, además de que hoy tienes cita con el dentista...— comencé a explicar mientras recopilaba toda la información en mi cabeza.

Por su rostro pude notar que le había desagradado en cierta forma mi rechazo, por lo que habló congruentemente buscando que me comprendiera. La verdad es que no me gustaba "rechazar" su amabilidad pero esta vez realmente lo veía necesario. Me senté en un pequeño taburete color blanco decorado con bordes color ámbar y negro frente a mi desayuno luego de que ella me hiciera un gesto con la cabeza indicando que iniciara a comer.

Tomé los cubiertos y abrí la boca para continuar hablando pero ella se me adelantó.

— Pero yo podría hacerlo...— insistió haciendo una mueca.

"Ay no" pensé con cierto fastidio.

Ya sabía yo que no se rendiría tan fácilmente, siempre había sido muy terca, pero por más que intentara convencerme no lo conseguiría, no pensaba ceder... al menos no aquel día. Normalmente ella me engatusaba de una manera tan sorprendente que me hacía hacer cosas que jamás en mi estúpida vida creí que haría. Era tan molesto.

Por mi parte, mi respuesta era más que obvia. Un hermoso y rotundo:

— No— negué de forma instantánea—. Si me llevas, no llegarás a tiempo a tu cita y no quiero que la pierdas por mi culpa— me justifiqué justo antes de darle un bocado a mi majestuoso desayuno.

Todo sabía de maravilla, me preparó unas tostadas con jalea de fresa y mora, y unos huevos revueltos, ese día decidí acompañar la comida con un café con leche en lugar de té, ese día especialmente necesitaba de cafeína, el sueño acumulado de verdad que estaba matándome, sentía que en cualquier momento caería en coma.

— No importa, de seguro que podré conseguir otra cita para mañana si llamo temprano…— aseguró de manera desinteresada haciendo gestos con su mano.

Su respuesta me sorprendió tanto que me atraganté con el café. La miré con la más pura cara de sorpresa mientras tocía como si mi vida dependiera de ello y me daba "golpecitos" en el pecho.

Realmente no me esperaba esa contestación. ¡¿Cómo diablos pretendía hacer tal cosa si se iba esa misma puñetera noche?!

— ¿Mañana?— casi escupí la pregunta una vez que me recompuse.

Sólo en ese momento noté que ella me estaba dando palmaditas en la espalda con gesto apenado, yo simplemente no podía esconder mi desconcierto. Dejé la taza de café sobre la mesa y la miré de nuevo con el ceño muy fruncido, de seguro que visto desde lejos parecía que tuviera una uniceja.

Ella permaneció callada. No obtuve una respuesta que no fuera silencio por su parte.

— ¿Cómo planeas hacer eso mañana si te vas hoy?— lo intenté de nuevo sólo que esta vez lo hice en un tono más pausado, como si habláramos idiomas diferentes y a ella le costara entenderme.

— Bueno, mi niña. Lo que pasa es que...— se detuvo un instante con aire pensativo frunciendo ligeramente el ceño, parecía que no tuviera argumentos y no supiera que decirme, yo me limité a esperar atenta su contestación. Dejó con lentitud algunos trastos sucios en el fregadero y tomó asiento a mi lado con su desayuno—…Creo que he decidido no irme y quedarme aquí contigo— finalizó con una diminuta sonrisa.

Abrí mucho mis ojos. "¿Qué?" pensé incrédula "¿Quedarse aquí…conmigo?" repetí en mi mente con cierto asombro. Es decir, no era primera vez que me quedaba sola en casa, a mí no me molestaba en lo absoluto hacerlo y ella lo sabía. Principalmente lo que no entendía era la razón que la había llevado a tomar esa decisión, no habían días festivos cerca, había un buen clima, no habían eventos cercanos y mi cumpleaños aún no llegaba, entonces, ¿por qué querer quedarse aquí?

Lo que me había dicho en cierta forma me molestaba un poco pero a la vez hacía que mi corazón diera un vuelco. Debía admitir que si me sentía algo vacía e insegura por dentro con sólo pensar en que ella se iría por algo más que un par de días, pero la soledad también me gustaba y aunque me sintiera mejor con su compañía me sentía más cómoda estando únicamente conmigo misma de vez en cuando.

Una alegría me invadió al pensar en que esa gran mujer, a la que quería casi como a una madre, deseara hacer algo así por mí, pues yo sabía que ese viaje le hacía mucha ilusión y significaba mucho para ella, pero a pesar de eso quería permanecer conmigo, cosa que, aunque en el fondo anhelaba no estaba bien.

Ella planeaba a visitar a su hijo, y cuando digo hijo hablo a su verdadero hijo, no de mi o lo que ella me considerara, pues yo no lo era, yo no era su hija y ella era su madre no la mía, por desgracia. En realidad, yo no era nada suyo, bueno, técnicamente era su jefa pero eso no entraba en la cuestión, el punto era que el hecho de que lo cambiara a él, su único y legítimo hijo, por mí, no era para nada justo y mucho menos correcto.

No, definitivamente no iba a consentir tal decisión.

Iba a decirle que aquello era ridículo y que no dijera más estupideces pero de mi boca no lograban salir las palabras, mejor dicho, las palabras no querían salir. Ella me miraba de una manera tan dulce y decidida que no me atreví a decirle lo que pasaba por mi mente.

No quería que interpretara mis palabras como una indirecta para que se marchara y mucho menos quería que eso pasara cuando la única razón por la que se quería permanecer allí era por mí... para no dejarme sola, y aunque quería realmente una parte de mi deseara que se quedara conmigo, no podía hacerle eso, ni a ella ni a su hijo, eso hubiera sido muy egoísta de mi parte.

Su hijo Kenshin cumplía años dentro de tres días y Nora, mi nana, cumplía el día siguiente, yo ya le había su regalo días antes, y es que no había podido contenerme, así que se lo entregué una vez lo tuve listo y le dije que no lo abriera hasta el día de su cumpleaños pero ella insistió tanto en hacerlo alegando que quería que yo estuviera presente en ese momento que al final terminé accediendo…como de costumbre.

Definitivamente por su rostro iluminado y sonriente a la hora de abrir su obsequio podía decir con toda seguridad que le había encantado. Le compré un colgante y unos aretes a juego de oro blanco con el símbolo de una flor de loto, su favorita, estaba delineada en detalles plateados y dorados. Le entregué la joyería en una pequeña cajita color crema con un lazo verde pasto, su color favorito. Sabía que le gustaría, también le escribí una carta un "poco" larga en donde le expresaba todo mi cariño hacia ella y le hacía llegar mis mejores deseos, pero en esta ocasión no caí en su manipulación y no le permití abrir el sobre impoluto de cartulina blanca en donde estaba la carta.

Le dije que no la leyera hasta la mañana de su cumpleaños para que así fuera especial. Es por todo esto resumidamente que sé que sería muy egoísta de mi parte pedirle que se quedara aquí cuando desde hace años, más específicamente, desde que se casó su hijo y se mudó que no pasan su cumpleaños juntos.

Por más que yo quisiera que pasara ese tan especial para ella conmigo, como ya se estaba haciendo costumbre a lo largo de los años, no podía hacerle eso, no era tan…desalmada como para eso. También le di un regalo que quería que le entregara a su hijo de mi parte, era algo simple: una botella Ferrer Bobet, que si no recuerdo mal era un famoso vino tinto español, realmente al momento de comprar el regalo no estaba para nada segura, En ese entonces era menor de edad así que no sabía mucho de licores, además de que como por esa misma razón yo no tenía permitido comprarlo tuve que pedirle a Nora que lo hiciera por mí.

Kenshin y yo no nos habíamos visto muchas veces, pero él siempre fue muy amable y amistoso conmigo. Nos llevábamos excelente.

— Nora, no quiero que desperdicies esta oportunidad por mi culpa, sabes que esta vez tuviste suerte de que mis padres te dejaran irte por tanto tiempo estando yo sola, y hace muchos años que no celebran su cumpleaños juntos tú y tu hijo y yo no quiero que pierdas las oportunidades que te está dando la ocasión sólo por complacerme a mí— expliqué luego de un largo suspiro con algo de ternura en mi voz.

Yo sólo quería que ella entendiera, que supiera que estaría bien, no quería que se sintiera atada mí ni nada parecido pero tampoco quería que creyera que la estaba echando o que prefería estar sin ella, pues, ella era muy importante para mí, siempre había estado ahí cuando la necesitaba.

—… Si quieres puedes considerar tu viaje como unas mini-vacaciones. Es lo justo— añadí con rapidez para ser aún más convincente.

Ella en teoría no tenía vacaciones jamás y no por el hecho de que yo no se las diera, sino por el hecho de ella siempre prefirió quedarse conmigo en casa, simplemente para ella eran como "vacaciones en el trabajo". Esos días trabaja menos y salía más a disfrutar de cosas sencillas y simples, pero para mí era como si de igual forma trabajara ya que siempre que lo hacía era conmigo, lo cual quería decir que técnicamente estaba "cumpliendo" su función de "niñera", además estaba el asunto de mis padres, ellos particularmente solo le otorgaban descansos cuando la mano derecha de mi padre, Bruno, estaba presente en casa para quedarse a cuidar de mi o en algunos casos muy especiales, cuando alguno de ellos o ambos iban a visitarme milagrosamente, cosa que casi nunca sucedía por lo que, en resumen, ella nunca podía disfrutar de unos días tranquilos de descanso.

La observé fijamente y con solo ver su cara ya podía deducir sus intenciones de seguir con aquello.

Suspiré para mis adentros.

Esa discusión duraría largo rato…

Nota de la autora: Hola, bueno, primero que nada discúlpenme, sé que tardé bastante, pero había estado muy ocupada, y aún lo estoy, para adelantar está muy aburrida introducción dividí este capítulo en dos partes, la segunda la publicaré dentro de unos días, planeo actualizar semanalmente y trataré de extender un poco más los capítulos, espero haberlo logrado un poco con esto. Segundo, mil y un gracias por las lecturas de verdad, me pone muy contenta ver que algunas personas lo leen, así que ¡gracias!. Espero que este capítulo haya sido de su agrado.

¡Saludos!