Disclaimer 1: Fanfic escrito sin ánimos de lucro. The Loud House es propiedad de Chris Savino y Nickelodeon, y licenciado por Jam Filled Entertainment y Viacom.
Disclaimer 2: Cualquier material intelectual referido aquí pertenece a sus creadores.
Responsiva: ni FanFiction ni el fandom de TLH se hacen responsables por la protesta aquí emitida. Yo, como persona legal, me haré responsable de las quejas aquí vertidas, no así de los insultos proferidos. Ello es responsabilidad de quien los emite.
Desprecio y redención
Royal Woods, Michigan
2 de diciembre, 8:30 pm.
El comedor de los Loud.
Aquél que rompe las reglas es escoria. Pero aquél que abandona a sus amigos es peor que escoria.
-Masashi Kishimoto, mangaka japonés.
No sabía si alegrarse, enfurecer o simplemente caer rendido en su cama después de dejar que Leni lo bañara a causa de su extremo agotamiento. Su día, por extraño que le pareciera a sus padres, distaba de ser bueno. Incluso regular estaba lejos de su propia expectativa, aunque para Lynn y Rita Loud al fin algo les saliera bien con su único hijo.
Para ellos, el día fue excelente. Para él, y sin morderse la lengua, el día fue una mierda
No importaba que hubiese terminado su ensayo para la señora Johnson, haya tratado de cubrir a Luan en un videochat con Giggles, servido de conejillo de Indias para Lisa o como acompañante de Lucy a casa de los McBride. Terminó hecho puré y será titular en el juego inaugural de la temporada. Dudó por un momento si Lynn se alegraría por él, pero...
Rashid.
Durante el juego de pruebas, apenas intercambió palabras con ese extraño chico, intimidado por no pocas miradas de odio contra él, si no eran de desprecio. El chico, por lo visto, vino de quien sabe donde y le costaba aclimatarse a la vida en otro continente, con otras costumbres y con gente de distintos tipos. Y, en cambio, Lynn lo recibió con lo peor de su arsenal.
"¡QUITA TUS SUCIAS MANOS DE MI HERMANO, TERRORISTA!"
Tal vez Lori y Luan conozcan a su hermana deportista mejor que él, pero apostaría su colección completa de Ace Savvy: Infinite Decks' Crisis y la remera autografiada por Smooch de su primer concierto a que el exabrupto de Lynn no fue producto de la casualidad.
Esa noche, gracias a él, no hubo división en mesa de niños ni adulta. Todos se sentarían en la misma mesa por primera vez desde que Lucy entró a la escuela.
Cuando Lynn sr. hizo el anuncio de la titularidad de Lincoln, casi todas las presentes empezaron a chillar por la excitación de saber que su hermano por primera vez superaba a Lynn en su terreno. Ella, por su parte, ni siquiera fue a cenar. Tan solo entró a su habitación y no permitió que nadie, ni siquiera Lucy, entrara.
Hasta altas horas de la madrugada, él notó algo de movimiento en el pasillo, insomne pese a haber estado a un paso de quedar como las viejas caricaturas que sus padres veían de niños.
Descalzo, y apenas vistiendo unos calzoncillos y una remera blanca, se asomó y notó que Lynn había roto su bloqueo.
Recordó una historia que su madre les había contado hace tiempo, sobre el (pensaba) supuesto ataque a las Torres Gemelas. Un evento que ni siquiera Lori o Bobby podían recordar de primera mano.
Había sido durante el viaje que se habían regalado cuando fue su primer aniversario. Lori apenas había cumplido cuatro meses de nacida y, sin saberlo siquiera, Leni ya estaba en camino. Se hallaban a escasos kilómetros, afuera de la pastelería Valastro, en el barrio de Harlem, cuando el aire de la zona se había vuelto casi insoportable. Se hablaba de cientos de muertos y de un avión estrellándose en el WTC. El propio Lynn sr. se negaba a hablar de ello, aunque Rita sabía bien porqué. Un amigo suyo de la infancia había sido una de tantas víctimas. No de los impactos ni de la caída de las torres. Mucho menos de aquellos infelices que respiraron el polvo y enfermaron meses más tarde.
Fue de los pocos que saltó desde los pisos superiores.
Lynn fue la primera, junto a Lincoln, en escuchar la historia de esa mañana, hace ya casi seis años, de la mano de su madre. Las mayores tenían una vaga idea, y Leni nunca entendía el porqué.
La encontró en el comedor, comiendo directamente de una bolsa de harina. En otras circunstancias, Luan habría soltado un mal chiste, Lola le habría recriminado por tocar la harina con la mano que usaba para rascarse el trasero y Leni se habría tomado la molestia de tratar de distraerla con un comentario realmente estúpido. Para su infortunio, ni Luan soltó un chiste, ni Lola apareció, ni mucho menos Leni estaba despierta.
-¿Interrumpo algo? -ella gruñó- Lynn -siguió llamando, recibiendo un nuevo gruñido-.
Lynn definitivamente se veía patética. El jersey del uniforme titular de los Gallos estaba lleno de harina en el anverso, mientras que el cabello, apenas arreglado en una coleta alta, yacía suelto sobre sus (en ese momento) cansados hombros. La mirada, perdida en algún punto de la pared, se mostraba tan inexpresiva que pareciera carente de toda vida.
Renunciando a todo intento de llamar su atención, el peliblanco quiso retirarse a su habitación, cuando sintió una suave presión en su pantorrilla derecha.
-¿Estás bien? -se dignó a preguntar, luego de soltarse del agarre de ella.
-¿Por qué? -murmuró Lynn, sonando mucho más monótona que Lucy- ¿Por qué tienes que restregarme en la cara tus intentos de agradarle a todo mundo? -Por un momento, Lincoln se quedó pensando su respuesta.
-¿Por qué dices eso?
-Te conozco de toda la vida, tonto -soltó la castaña, con un leve crescendo en su voz-. Lincoln Marie Loud, el chico del plan, el que trata de hacer que los terroristas dejen de serlo. El cabrón que olvida que a papá le duele cada vez que suenan las campanas en septiembre. El maldito pedazo de jamón en un sandwich de problemas. ¿Sabes algo? -trató de levantarse, resbalando a causa de la harina en el suelo- No te preocupes por mí. Tienes a Rudolph Lasky o al maldito nuevo para cubrir tu trasero, ¿No?
En el acto, sacó su móvil de la funda que solía llevar en el brazo, abrió la bandeja de entrada y lo deslizó en dirección a su hermano.
-Léelo.
Sin más opción, obedeció a su hermana.
Hasta nuevo aviso estás fuera, Loud.
La familia de Rashid amenazó con demandar.
-¿El entrenador te... de verdad te cortó?
Sin más respuesta que ofrecer, la deportista se abalanzó sobre él. Temiendo lo peor, se cubrió lo mejor que pudo... solo para encontrarse a su hermana, siempre ruda e inquebrantable, tan aplastada como si de una bola de masa a la que hubiesen pasado encima el rodillo se tratara, llorando como nadie tenía idea que Lynn podía hacerlo. Lo único que él pudo hacer fue tratar de levantarla a como diera lugar y llevarla al Punto Dulce de la sala. Acto seguido, buscó una frazada y la puso sobre su cuerpo, laxo como estaba tras caer dormida luego de sobrellevar su llanto.
~o~
No lejos, a dos kilómetros de allí, una camioneta se detuvo frente a la casa Santiago. Los ocupantes, nerviosos, no parecían preocupados por lo que pudiera pasarles.
-¡Vamos! ¡Rápido! -una de las figuras habló dirigiéndose a sus acompañantes- No tenemos toda la maldita noche.
-No sé, viejo. ¿Crees que se enteren que el amargado nos pagó por esto? -susurró uno de ellos, grueso y alto.
-Corey, tu solo cállate. A nuestro... "amigo"... le interesa que algunos se controlen. Mientras más se larguen, mejor -comentó la primera figura.
-¿Y por qué demonios tenemos que escondernos? -respondió la última figura, un chico bajo y robusto
-Oye. Loud se lo debe. Mientras más le entreguemos al gobierno, el hijo de perra nos pagará más -se sinceró el llamado Corey-. Todo sea por los verdaderos patriotas, ¿No, Burt?
Burt se mostró titubeante, como si no tuviera falta de remordimiento.
-Supongamos -Corey tomó su billetera y sacó un billete de cien dólares, mismo que depositó en las manos de Burt- que Franklin te invite al Burpin' Burger. Ahora dime. ¿Eres un patriota de verdad?
-Todo sea... por la gente honesta -Burt tragó saliva.
-Ahora, ve allí y destroza su patio. Que sea una advertencia para esa gente -remató Corey. ¿Nos sigues, Josh?
-Por mí, que esa chica pague por lo que le hizo a todo mundo. ¡Que sepa lo que pasa cuando te metes con un americano en casa! -respondió la tercera figura, a la que no le importaba si le pagaban o no.
Al resguardo de la noche, destrozaron el huerto y realizaron numerosas pintas por toda la casa.
Al amanecer, Ronnie Anne tenía siempre una rutina. Cada mañana, salía a correr cinco kilómetros antes de bañarse y ayudar a su hermano con el desayuno. Si tenía un poco de mala suerte, podría encontrarse con Lynn y compartir kilómetros extra.
Esta ocasión, la rabia salió a flor de piel.
Luego de llamar a Bobby y a su padre, los Santiago se toparon con la más desagradable de las sorpresas.
De nuevo tendrían que sacar el solvente, pues ni bien habían terminado con las pintas anteriores, a estas se sumaban varias más. El jardín de entrada y el trasero, con los setos de las azucenas arrancados de cuajo, y docenas de latas de frijoles (todas pasadas de la fecha de vencimiento, como pudo apreciar el señor Santiago) estaban dispersas por toda la entrada.
-Chicos, háganme un favor. Antes de que salgan con los solventes y los paños, cúbranse los oídos -pidió con la ira a punto de estallar-. Por... favor.
Obedeciendo, los dos se refugiaron.
Recorriendo el traspatio, leyó algunas de las pintas nuevas. "Casa apestada", "América antes que nadie", "Vuelvan a casa, frijoleros", algunas esvásticas... vio el huerto de Bobby destrozado. Las azucenas, los narcisos, las gladiolas, los crisantemos... arrancados desde la raíz. Y ni hablar de las matas de tomate y el pequeño limonero que Ronnie le había regalado.
Todo lo que hizo fue tomar aire y empezar a vocear maldiciones a los cuatro vientos.
~o~
-¡Loud! ¿Con esa boca besas a tu mujer? -preguntó molesto el viejo señor Grousse, escandalizado por un voceo bastante potente.
-No soy yo, vecino -contestó Lynn sr. sin mucha convicción-. Eso se oye desde bastante lejos.
Aguzando el oído, creyó escuchar a alguien, realmente furioso, lanzar insultos a diestro y siniestro.
-¡... Malnacidos! ¡Cabrones, hijos de la chingada! ¡Pendejos!
-Creo que merezco una disculpa, vecino -resolvió Lynn-.
-¡Como sea! -protestó molesto el señor Grousse, quien entró a su casa y no le tomó importancia al asunto.
Extrañado, Lynn sr. regresó a la afinación del motor de Vanzilla.
~o~
-Leni, ¿Podemos hablar a solas?
Lucy sabía que confiarle a su segunda hermana mayor el cuidado de su cabello era oficialmente la crónica de su suicidio asistido. Después de todo, las probabilidades de que siquiera mantuviera la boca cerrada eran tan grandes como calcular cuantas almas condenadas habría en el infierno o cuantos caracteres habría escritos en todos los libros de una biblioteca.
-¡Claro! ¿Por qué no? -respondió la rubia.
La habitación que compartían Leni y Lori siempre era un enigma para ella. Demasiados colores apastelados y chillones, de un lado afiches de Boys will be boys, del otro posters de los hermanos Hornsworth en poses sugerentes. Retratos de Bobby Santiago en un lado, reglas de costura en las paredes del otro lado. Tonos azules de un lado, decorados verdes del otro.
-Necesito que cortes el flequillo -pidió sin dudar la gótica-.
-¿Porqué? Te ves adorable como un perrito -soltó Leni-.
-Es porque... -le costó mentir al respecto- Rocky quiere verme directo a los ojos.
-¿El chico raro que vino con Lincoln? -demostró un sincero interés, propio de una mente ingenua.
-Su hermano menor... suspiro.
-¿Sabes? Contigo me pasa lo mismo que con los chistes de Luan. No los entiendo.
-¿En serio?
-Si. Eres como que muy... gótica. Nunca he entendido como la gente puede vestir de negro si no es en un funeral.
-Lo explicaría en "leninés", pero no hablo bien tu idioma...
-¿Sabes dónde se encuentra Leni? ¡Tal vez sea maestra allá! -preguntó la ingenua, ansiosa de saber eso.
Desesperada por la ingenuidad de su hermana, abandonó la habitación.
-Por cierto... -Lucy asomó su cara en el quicio de la puerta- No hay ningún país llamado Leni -cerró la puerta-.
Frente a esa verdad, lo único que Leni pudo hacer fue arrojar un cojín a la puerta... con tan buena puntería que golpeó un retrato de Bobby y Lori.
-¡Rayos! -maldijo para sí-.
~o~
La única suerte que Lincoln tenía, y Lori le agradecía, era que su habitación tenía un pequeño ventanal, mismo que estaba dirigido hacia la casa de Bobby. Aprovechaba cada vez que podía, y que su hermano no estaba, para dirigir un telescopio que (supuestamente) se le estropeó a Lisa y vigilaba los pasos de su Booboo osito bonito. Novia celosa, sí. Pero celosa con muy buenas intenciones.
Esa mañana, habiendo salido del baño, aprovechó que había fila para el mismo e instaló el telescopio. Por poco Lisa le descubría (y aun así, ya tenía preparada una excusa válida) y se dirigió al otrora armario de blancos. Posicionó el aparato en paralelo a una muesca que hizo en el marco y apuntó a la ventanilla del cuarto de baño de los Santiago.
Esperando ver a Bobby en traje de Adán (cosa que por suerte nadie, ni siquiera Lincoln, sabía) se topó con otra cosa...
Una esvástica en negro cubría dicha ventanilla.
-No. Literalmente, ¡No puede pasarme esto! -susurró implorándole a cualquier cosa, a quien sea, que lo que estuviera pasando fuera uno de los peores chistes de Luan.
El jardín destrozado, las paredes y ventanas pintadas con mensajes obscenos y racistas, una grotesca caricatura de algún héroe de historietas sujetando una cabeza con un sombrero de ala ancha... todo ello mientras su futuro suegro empezaba a maldecir.
Faltaba poco para que pudiera entrar al baño. Un poco de gel para el cabello, la colonia de la marca personal de Mick Swagger que Luna le regaló la Navidad pasada y, por supuesto, la carga de desechos para el baño. Algo que, invariablemente, tendría que cubrir de las cámaras de Luan y Lisa.
"Solo un poco más, Lincoln", pensó antes de tener que esperar a Luna salir. "Ya... no... aguanto..."
Sintió que alguien tiraba de su camisa, derribándole en el acto. Lo arrastraba de vuelta a su cuarto mientras Luna, con un tic nervioso y siendo la última en la fila, entraba triunfante. Acto seguido, ése alguien cerró su puerta.
-¡¿Que... fue eso?! -preguntó furioso el peliblanco.
-Linc, necesito que veas algo y me contestes -interrumpió Lori,
Lori se apartó de su telescopio, y Lincoln puso el ojo en la mira. Viendo lo mismo, empezó por el dibujo que Lori había visto, escuchando, a la par, las maldiciones del señor Santiago.
-Espera... ¡¿PERO QUE CARAJO ESTÁ PASANDO?!
-Yo misma esperaba que me respondieras eso.
-¿A dónde está apuntando? ¿Y por qué el Capitán Yahtzee está sujetando una cabeza con un sombrero?
Acorralada, no tuvo de otra.
-Linc, siento que tuvieras que ver eso, pero tu ventana es la única que veía al baño de la casa de Bobby.
-O sea que... -el chico, desgraciadamente, se hizo una imagen mental. Si era el baño de Bobby, entonces lo que Lori vería era... - ¡Eeewww! ¡Eres una enferma!
-Soy celosa, y él lo sabe -se excusó-. Pero eso compensa las veces que has entrado sin permiso a mi... ugh, ¡Ése no es el punto!
Tomándolo del brazo, bajaron, fueron a la cochera y tomaron la ex-bicicleta de Lynn, siendo Lori quien pedaleaba, mientras que su padre les gritaba que regresaran.
Sería una mañana muy larga.
~o~
Ciudad de Nueva York
Pocas cosas pasaban por el beneficio a la comunidad como que se organizara una redada de la gente de ICE, el cuerpo policial a cargo de los asuntos relacionados a migración.
De nuevo, Henry volvía a acercarse a la banca de Central Park que ocupó la primera noche luego de salir libre y absuelto. En sí, no tenía mucho consigo, además de la ropa que llevaba puesto cuando le detuvieron, cerca de veinticinco dólares (merced de improvisadas consultas que daba en dicha banca), una libreta, un bolígrafo y la ropa que en el refugio le habían brindado.
Algunas de las personas que se le acercaban eran sobre todo jóvenes. Gente entre los dieciséis y los treinta que habían tenido un mal día, parejas de recién casados vueltos de su luna de miel, uno o dos pandilleros, incluso un policía que se había detenido a exigirle sus papeles...
De nuevo echó un vistazo a la zona donde estaba dicha banca. Un vagabundo le había dicho que los peores lugares eran los cercanos al lago artificial de Central Park, más que nada, por la humedad y el paso constante de algunos policías montados.
Ciertamente, el hombre tenía razón. El mejor lugar para alimentar a las aves, el peor para pasar la noche.
Cavilando un poco, se llevó a la boca un perro caliente. No era precisamente la forma ideal de comenzar el día, pero había escuchado de un local en las cercanías. El bocadillo (servido con cebolla caramelizada y col agria), patatas y un batido de papaya con melón era todo cuanto compró por desayuno.
Descartó de tajo volver a Detroit por avión. La aerolínea, con suerte, le reembolsó el dinero del viaje de vuelta, lo que le permitió rentar un pequeño departamento en la calle 53. Poco mobiliario, baño compartido y vecinos de todo tipo.
Con lo que sobró, no podía hacer mucho. La casera no era precisamente del tipo amable, pero era soltera y sin compromisos de ningún tipo. Además de la renta, le ofreció uno o dos meses de terapia, dependiendo como resolvía la situación de sus objetos en la comisaría donde fue detenido.
Un segundo mordisco a su bocadillo. No sabía tan mal, al fin y al cabo.
Repasó mentalmente su situación. Apenas con poco más de veinte dólares en el bolsillo. Una renta que pagar a una mujer china a la que le resultaba tan buena una consulta al cuarto del costo de una sesión regular como el dinero en sí. Una improvisada consulta en la banca del parque urbano más grande del país, sin más material que su propia iniciativa y la suerte de un veterano ebrio del Golfo. ¡Vaya suerte la suya!
Guardó las patatas en el bolsillo de su gabardina, dio buena cuenta de lo que quedó del perro caliente y el batido y retomó sus actividades.
-Disculpe... ¿Es usted el psicólogo del lago? -preguntó un chico que le recordaba un poco al amigo de uno de sus pacientes, un chico de (pensó) apariencia similar a cualquier adolescente de Mayagüez.
-Puedes llamarme doctor Lopez.
~o~
Dos kilómetros. Dos... jodidos... kilómetros sin parar.
La casa de la familia Santiago apestaba a solvente, y todo parecía prometer que ni Bobby ni Ronnie Anne irían a la escuela.
-Disculpe -saludó la mayor de las chicas Loud-, ¿Se encuentra Bobby?
-Ah... buen día, Loud -el señor Santiago devolvió el saludo-. Adelante, está en el patio de atrás.
Ya iban avanzando cuando a Lincoln lo detuvieron.
-¿Y quién es este chico? Si no fuera por sus ojos, diría que es un conejo -rió el cabeza de familia-.
Lincoln no podía dejar de sentirse impresionado de conocer al fin al señor Santiago. Daba un aire al novio de su hermana, aunque no parecía tan bonachón como Bobby. Ceñudo, el cabello peinado hacia atrás y solo ligeramente más fornido que su propio hijo, pese a ser de la misma estatura.
-Espera -le llamó el hombre desde atrás-. Chico, a ella la conozco. ¿Tú eres...?
-Olvidé presentarlo -se disculpó Lori, abochornada entre la pena y la rabia-. Es mi hermanito, Lincoln.
-Que espere aquí, hija -ordenó el señor Santiago-. Tengo que hablar con él a solas.
Nervioso, y sobre todo, ansioso por no haber descargado en casa, Lincoln tuvo que sentarse sobre la acera, junto a la bicicleta.
-Creo que iré al baño a vomitar -saludó fríamente Ronnie Anne a Lori, antes de levantarle el pulgar-. Dudo que no se pongan más melosos.
Cerrando la puerta del baño, Bobby tomó asiento en una silla que estaba junto a la ventana de la sala, con una expresión grave y llevando sus manos al rostro.
Pocas veces, Lori entró a su hogar, pero siempre al cuarto de baño o a la habitación del latino, pero nunca reparó en los detalles. El sofá, gastado, aún era funcional, exhibiendo un color verde algo sucio por los años de uso. El sillón, por otro lado, estaba en mejores condiciones, frente a una pantalla plana de 32 pulgadas. Las cortinas, generalmente plegadas cuando no había nadie, estaban extendidas, mostrando un color rojo también algo sucio. El librero frente a la barra, atestado por textos tanto en español como en inglés. Las paredes, por su lado, apenas y tenían fotos familiares, y las existentes eran en su mayoría de cuando Bobby y Ronnie Anne eran más jóvenes.
-Lori... necesito hablar contigo, y quiero que me digas la verdad.
Atribulada y distraída por el aspecto solo ligeramente descuidado de la sala, se sentó junto a su novio y trató de verle a los ojos, sin éxito.
-Bebé... ¿Pensabas que iba a pasarnos algo así?
-¿Por qué... lo dices? -titubeó la rubia. Sencillamente, ella ignoraba el porqué había quien odiara a cualquiera que se relacionara con ella por su origen- Yo... no se a qué te refieres.
-No nací ayer.
Tomando un poco de aire, prosiguió.
-Sabes lo que Lincoln me dijo. Has visto las pintas que hay afuera... ¿y aun así lo ignoras?
-Bobby, literalmente no tengo idea de lo que me dices -la mayor de las Loud sostuvo con firmeza-. Sinceramente... no tengo idea.
-¡Escúchame!
En el acto, Bobby se levantó y volteó el sillón, frustrado. Lori le siguió y le contuvo en un abrazo que el chico trató de rehuir sin éxito.
-Lo... lo siento... he q-querido ocultártelo, pero ya no, puedo... ¡No puedo seguir con esto! -gimió mientras ella lo conducía de nuevo al sofá.
-¿Contarme qué?
-Así que fue eso lo que hirió a Ronnie ese día.
Roberto Santiago sr. no se tenía por hombre muy paciente, en especial cuando trataba con gente que había causado problemas a los suyos. Y, sin embargo, no dejaba de impresionarse por la simpatía que a su hija le despertaba, aún cuando ella buscaba con quien desquitar sus frustraciones.
-Si, y me disculpo por ello. No sabía que era su hija, ni mucho menos la hermana de Bobby -se sinceró el peliblanco-. Por un tiempo pensaba que la habían criado unos trolls bajo un puente.
-Chico, sabes que no debes buscar al toro si no quieres los cuernos -recriminó el padre de los Santiago, sin tener de Lincoln el menor entendimiento-. Mira, voy a contarte algo que prometí a mi hijo no contarle a nadie.
Cuando Roberto tenía apenas seis años él no sabía como tratar a la gente de aquí. Yo ya había obtenido mi residencia luego de cinco años de trabajar duro en un auto lavado de Albuquerque, y otros dos intentando que él no sufriera de las burlas de los otros chicos.
-¿Qué clase de burlas? -preguntó Lincoln, interesado, mientras se sentaba en la acera para escuchar mejor.
-Todo tipo de burlas. Lo llamaban "brownie", "frijolero", "espalda mojada" y otros insultos que lo dejaban como el hijo de un ilegal. Roberto... solo se dirigió al patio trasero a la semana de haber empezado las clases, y se escondía en la caja del refrigerador.
-¿Esconderse? ¿De qué?
-Él creía que, en esa caja, podía esconderse de la gente que lo maltrataba.
Luego, un chico de la escuela lo vio y corrió la voz que mi hijo jugaba a que la caja era el convento de El Álamo.
-¿El Álamo? -se asombró Lincoln, pues recordaba de la clase de historia una mención al respecto.
-Supongo que ya conoces la historia real de lo que allí pasó, y no es el punto -el niño asintió, pues Ronnie Anne le contó la versión mexicana de lo que pasó en dicho asalto-.
Sacó un cigarrillo y lo encendió, antes de seguir.
-Roberto terminó harto de ese chiquillo, un niño rubio llamado Gerald Deeks. Un chismoso, flojo y arrogante mocoso al que le encantaba molestar a quienes no eran como él.
Un día, sin más motivo que ver como aquél niño se ensañaba con una niña, lo golpeó hasta que se cansó.
"¿Bobby, golpeando a alguien?" Lincoln creyó que nunca escucharía de boca de nadie semejante disparate.
-Ese día, me llamaron de la escuela y me contaron lo que pasó -interrumpió un momento para dar otra calada-. Ahí estaba el padre del chico... mi jefe.
-Eso... no lo sabía.
-Hay demasiadas cosas que no sabemos, Loud -dio una última calada al cigarrillo, que apagó con la suela de su zapato-. El punto es... que él no me despidió. Al menos, no ese día.
-Alto. Si el hijo de su jefe fue golpeado, ¿por qué no lo despidió?
-Porque juzgó mal a su hijo. Lo tuvo por una perita de dulce y resultó un cabrón.
En eso, escucharon el ruido de un objeto grande volteándose, cayendo con estrépito.
Asomándose por la puerta de entrada, vieron a Bobby hablando con Lori, deshecho por la impotencia, mientras contaba, casi palabra por palabra, la misma historia que Lincoln había escuchado hacía unos momentos.
Viendo su reloj, y luego que Bobby terminó de hablar, el señor Santiago entró y carraspeó un poco.
-Chicos... creo que algunos tienen asuntos que atender en otro sitio -espetó el señor Santiago-.
Lori revisó su móvil, y vio que tenía un mensaje de parte de Luan.
¿Dónde están? Papá los está buscando.
Lori escribió rápido su respuesta.
Dile que Lincoln y yo no iremos a la escuela. Surgió algo serio en casa de Bobby.
-Disculpe, pero ¿le sirven dos pares de manos más? -ofreció la rubia- Le acabo de avisar a papá.
Pensativo, solo asintió.
"Si Roberto la eligió, no pudo elegir mejor partido" pensó el señor Santiago mientras Lincoln entraba con prisa al baño.
~o~
"Simplemente... perfecto", suspiró Lisa para sí.
Sabía perfectamente que su grupo no le tenía mucho aprecio pese a evitar que se propagara una epidemia en la escuela. Sabía que las pocas personas que le apreciaban fuera del altamente reactivo núcleo familiar eran Rusty y Liam, esos raros especímenes conocidos de su hermano que salieron huyendo de un intento de pijamada el verano pasado. Y, sin embargo, no tuvo control sobre las variables emocionales de sus hermanos mayores.
Algo de lo que, por desgracia, ignoró el proceso de manipulación. En general y en particular.
Saliendo de la habitación que compartía con Lily (opuesta al barandal y contigua a la de Lori y Leni), se dirigió a la mesa de los niños para tomar su desayuno, cuando oyó un silbido procedente de la habitación de Luna y Luan.
Sin tomarle importancia, ignoró el llamado, bajó al comedor e ingirió su comida. Salchichas asadas con un huevo frito, jugo de toronja y una rebanada de pan tostado. Nada fuera del algún hipotético otro mundo.
"Otra mañana en esta casa de locos", pensó para sí.
"Sin embargo, no hay mucho ruido".
Regularmente, las mañanas son siempre un caos entre semana. Un caos que, no obstante, esta mañana carecía de ese algo particular que tres personas aportaban. Sabía que Lori y Lincoln habían salido con urgencia, solo sabrá la Ley de Posibilidades a donde. Pero... faltaba algo más...
"Repasemos. Lori y Linc no están. Luna afina su guitarra acústica, Leni habla su sarta de estupideces, Luan saca sus pésimos intentos de hacer reír al mundo, Lily juega con su desayuno, Lynn está deprimida por..."
Lynn.
Lisa no era muy entusiasta de los deportes, y el anuncio de que su hermano empezaba de titular y Lynn no le dejó abiertas dudas. De hecho, la única vez que se interesó por una actividad deportiva, Lynn terminó enviándola al hospital por un corte en la ceja, producto de un balonazo directo a la frente.
Entró a la habitación que Lynn y Lucy compartían, y lo que veía, era poco menos que patético... si es que lo que sus cámaras grabaron en el curso de la noche anterior servía de algo, además de material de referencia.
Observó como Lynn estaba en posición fetal, sin dejar de sujetar una bolsa vacía de harina (si no era la misma de la madrugada) y su móvil. Se acercó a leer el mensaje, cosa que su hermana le negó.
-Supongo que no recibiste información que alegr...
-¡Largo de aquí! ¿No basta con que el tonto me arrebate MI lugar? -interrumpió Lynn, antes de tomar a su hermanita y echarla de una patada del lugar, antes de bloquear la puerta de nuevo.
Adoloridas las posaderas, Lisa llegó a la conclusión que algo debió pasar con el "Sujeto de pruebas 5", algo lo suficientemente grave como para elevar sus niveles de estrés de forma drástica. Algo en lo que, y Lynn le dejó muy en claro, Lincoln tiene la totalidad de la culpa.
Habiendo llegado a la escalera, se había dispuesto a bajar cuando algo, o alguien, le tomo por el cuello del suéter.
De no haber sido por las cortinas, habría jurado que la habrían jalado a la habitación de...
-¿Que significa tanto drama de tu parte, Luna?
~x~
No debió haberlo abierto.
El mensaje que abrió tenía un link que, por simple curiosidad, decidió abrir, pese a la advertencia de seguridad.
El sistema colapsó. Esa maldita pantalla azul le acabó jodiendo el sistema interno.
Sus fotos, las de Luan, sus videos, trabajos... todo se fue al drenaje.
Se preguntó que haría su hermano, aunque desechó esa idea. El mes pasado pasó casi por lo mismo y él trató de recrear todo el material perdido, sin éxito. ¿Chivo expiatorio? No. Casi todos tenían coartadas sólidas, dos incluso contaban con testigos. Luan estaba dando un show con el respaldo de Lana y algunas de las mascotas, a instancias de Lincoln. Lola fue a otro concurso. ¿Lisa? Le dio trabajo que hacer. Ni soñar con Lynn, Lincoln, Lucy, Lori o Lily. Su padre en la oficina, su madre con Lola...
Lo único que le quedó por hacer, no fue hablar con la verdad antes de. Quiso hacerlo en el momento que se revelara ese amargo pastel que le horneó.
Pasaron los minutos. Luchando como pudo, reinició el equipo, esperando que todo siguiera como antes. Sin imaginar que su hermana menor directa, mínimo, le arrancara la cabeza, la encogiera e hiciera a la "Señorita YOLO" con ella, como una suerte de novia de ese muñeco ventrílocuo.
"No... dejemos eso para Lincoln" -pensó luego de abofetearse-. "Ya bastante tengo con escuchar sus planes como para pensar en lo que no va a pasar".
Por desgracia, y sin que nadie mas que ella, lo detectaran, un spyware desarrollado por algún programador desconocido había sido sembrado y diseminado, junto con un mensaje particular. Un sarcástico reto a quien sea que programara un muro tan formidable.
"Gracias por votar. #HagamosGrandeAméricaDeNuevo"
~x~
-Y es por eso que no supe como reaccionar.
Luna estaba sudando frío. Solo tres cosas, además de un contagio de gripe, le hacían sudar así. No había recibido algo similar a "la charla" en meses, ni estaban en temporada de exámenes finales... pero parecía que sí había hecho algo realmente gordo, peor que la vez que haberle pedido a Leni que la cubriera y desencadenara que Lincoln colapsara por cubrir a Lynn, Lori, Lily, Leni, Lucy, las gemelas, ella misma y Luan, o la vez que Bobby desarmó su engaño para sacar de la oficina de seguridad del centro comercial para que no se perdieran el concierto de Smooch.
Posiblemente... había comprometido la seguridad de Luan.
-Luna, los accidentes de tipo informático suelen ser comunes. Ergo, no tienes nada que temer si no hay programas maliciosos.
-Pero...
-Si hay algo que pueda pasar el firewall que vendí el año pasado, dudo que sea un desarrollo lo suficientemente potente como para que incluso el gobierno tenga acceso a semejante protección.
Ligeramente aliviada, aunque también nerviosa, tomó a Lisa y ambas bajaron en dirección a la vieja Vanzilla. Con tres lugares disponibles (ya que Lynn alegó sentirse mal), los asientos traseros (la "tierra de nadie", según Lincoln) estuvieron totalmente libres como para que Lisa disfrutara a sus anchas.
Ya recriminaría a sus hermanos mayores por no tomar clases. Por ahora, a disfrutar del espacio disponible.
~o~
Aparcando su viejo Macer, el profesor McGrady no tuvo problemas para bajar y ordenar sus papeles y algunos materiales.
Viendo algunos grupos de cursos superiores, tuvo suerte de que no hubiese tanta diversidad. Estudiantes normales en pequeños poblados, algo que algunos estudiantes alegremente desafiaban, como esas pequeñas ciudades estado frente a los persas antes del desastre de Marathon.
Vio algunos chicos de sexto, discutiendo si Tony Sparrow seguía dando de qué hablar en el mundo del skateboarding o si debía retirarse. Un par de chicas de octavo, con el cabello pintado en colores chillones, parecían complacidas por sus actitudes relajadas, hablando de punk. Una chiquilla (debía ser de otro grupo de quinto, pensó) parecía vestida como si fuese a trabajar al circo.
"Maldito seas Finnigan".
Calculó sus posibilidades. Si enviaba al superintendente un reporte conciso sobre la incompetencia del director y, quizás, se postulaba a sí mismo para ocupar el cargo, ya tenía su plan de trabajo.
Cero distinciones. Cero seudoculturas urbanas o nacionales. Igualdad absoluta.
Y no solo entre alumnos.
Vio al entrenador Pankowsky bajar de su auto, con algunos papeles, dirigiéndose a la dirección. No lejos, DiMartino y Johnson parecían divertidas de un chiste Shrinivas. Y hablar de Finnigan, es asunto muerto.
"No he estudiado sociología en la universidad comunitaria y me gradué con honores en balde", se dijo a sí mismo. Se recordó cuantos problemas de integración tuvo tras años de haber estudiado en una pestilente casa rodante por todo el país hasta que empezó a cursar la preparatoria.
Sentía un particular menosprecio hacia los artistas. Su primera novia, de hecho, lo era. Pálida, ligeramente robusta, aficionada a la fotografía erótica, moral relajada... no. Tenía que dejar a un lado sus prejuicios. Al menos, de momento.
Minutos después de haber sonado el timbre, los estudiantes se dirigían directamente a sus salones. McGrady, ya instalado, empezó a pasar lista.
-Kearney...
-Presente.
-Kelly...
-Presente.
-Lane...
-Presente.
-Loud...
-Pres...
-En la oficina del director Finnigan en cuanto termine el pase de lista .
-Pero... -protestó, antes de ser interrumpida.
-¡Sin peros! Toma tus cosas y a la oficina del director. Ya me tomaré la molestia de llamar a tus padres.
-Sí, señor -suspiró resignada.
-McLein...
-Presente...
La oficina del director era, para Lucy, un lugar tétrico. Demasiada luz, colores claros, muebles negros... si no fuera por esa sensación de poder implícito en ella, habría jurado que se trataba del despacho personal de Stephen Quinn. Sentía como el estómago parecía querer estallar tan solo por una visita allí.
No prestó atención a lo que discutían su padre (fue él quien atendió, pues dejó la oficina donde trabaja), el director y McGrady. Más bien prestó atención a los tonos.
Su padre... parecía un tanto conciliador, aunque ella no era precisamente su hija favorita. Por momentos pareciera estar a punto de estallar, mas lograba recuperar la compostura, sin usar su comedia bufa.
Ese pedante culto, por otro lado, de verdad se escuchaba furioso. No era normal escuchar a nadie a quien ella sacara de sus casillas, pero podía decir, sin remordimiento alguno, que bien podía irse a tomar sus argumentos y meterlos donde le cupiera a ese adicto al orden.
El director, sin apenas haber dicho nada, se escuchaba molesto. Más bien, fastidiado, como si le hubiesen sacado de alguna bagatela burocrática para sumergirlo en un asunto que bien podía resolverse sin su ayuda.
-Puedes pasar, Loud -llamó la secretaria del director-.
-Gracias... suspiro.
Apenas entró, no pudo evitar disimular sus nervios. "Reserva y modestia", se dijo, recordando un pasaje de la Crónica de Edwin, en el que Gustav, el Nosferatu renegado, caía mortalmente herido luego de ser brutalmente empalado por el propio Edwin al pretender traicionarle.
-Sabe por qué está aquí -dijo el director Finnigan. No era una pregunta-.
-De verdad, lo se perfectamente -respondió Lucy, monótona y cortante-.
-Entonces, supongo que no será necesario... -terció el docente, con una mal disimulada expresión triunfal en el rostro- que recordemos el código de vestimenta de la institución. Artículo dos, sección IV, inciso b, establecido en 2005 y ratificado en 2007.
-¿No fue derogado en 2015? -preguntó el director.
-Por suerte, fue reactivado desde el consejo de padres de familia hace tres semanas, dadas las quejas de... algunos padres preocupados por las influencias que los estudiantes pudiesen recibir.
-Oigan -intervino Lynn sr.-, a todo esto, ¿qué es lo que dice ese... código?
Dando un sorbo a su taza de café, McGrady esbozó una sonrisa.
-En líneas generales... que no es permisible la presencia de subculturas urbanas. Y las sanciones pueden llegar incluso a la expulsión, siempre que se demuestre la existencia de antecedentes penales, o un núcleo familiar poco comprometido.
-Armand, lo que quieres decir es que... -expuso el rollizo director- la señorita Loud, aquí presente, ¿no pueda asistir si pertenece a una minoría sociocultural por una normativa derogada... promovida por unos cuantos inconformes elitistas?
-¿Como que inconformes elitistas?
-Me refiero a que ha habido quejas de algunos estudiantes sobre compañeros suyos. Estudiantes que, odio decírselo en la cara -continuó Finnigan con sorna-, son procedentes de familias bien acomodadas. Familias que ven con desprecio a quien sea mejor que ellos... y sean de clases más bajas.
La expresión de McGrady cambió en menos de un segundo. De una expresióm triunfal, por un momento se volvió un cuadro de frustración surrealista, para dar paso a una de calmada resignación.
-Así que, hasta que no haya nada concretado al respecto, ella puede venir como guste... apegándose a protocolos, desde luego. Después de todo, queremos evitar incidentes como el del entrenador Deschamps en el '98 -sentenció el director-.
-Me retiro -acto seguido, el docente azotó la puerta, frustrado.
-¿Dije que podían irse? -Lynn sr. y Lucy estaban por hacer lo mismo, cuando el hombre los detuvo.
-Normalmente -soltó Lucy-, si el profesor se retira, el asunto queda zanjado, si mal no recuerdo.
-No he terminado con ustedes.
Se levantó del escritorio y fue a un archivero, buscando una carpeta.
-Éste -extendió una carpeta nueva en color verde- es el motivo de aquella tarea conjunta que dejaron la profesora Johnson y el profesor McGrady.
El señor Loud leyó tan rápido como pudo.
-¿Un concurso organizado por la Casa Blanca?
-No es exactamente lo que yo hubiese recomendado. No a estudiantes por debajo del séptimo grado. Pero, en vista de las circunstancias, no queda de otra que compitan -apretó un botón en su escritorio, para dar un aviso- A todos los estudiantes de tercero a octavo grado, se les espera en el auditorio después del almuerzo. Sin excepciones.
Apagó el aparato.
-Siento muchísimo que haya tenido que venir. Pero... hay algo que quiero saber de usted. Lucy, por favor, espera afuera -ordenó el director, obedeciendo ella en el acto-.
Las profesoras Johnson y Smith reportaron que dos de sus hijos no... se presentaron.
-Creo saber de quién se trata...
-¿Puede decirme por qué? -inquirió Finnigan.
-Lincoln tuvo que acompañar a mi hija Lori. No me dieron muchos detalles, pero creo que era algo serio. En cuanto a Lynn -carraspeó un poco-, me dijo que se sentía mal.
-Es justo de Lynn de quien quería hablar.
~o~
-¿Quién, que no sea Lisa, puede decirme por qué llueve?
La clase transcurría sin problemas. Lisa no tuvo inconveniente en escuchar las tontas respuestas que sus compañeros daban. Los ángeles regando las plantas del Paraíso ("Cuesta creer la imbecilidad de algunos"), Dios orinando ("Si así era, soy un presentador de telerrealidad"), Dios lo ordena ("¿Dónde están Luna y su estúpida fijación por la música estridente y repetitiva cuando se le necesita?"), las nubes lloran porque están tristes, ("¿Les cuesta mucho discernir entre la basura de los cuentos infantiles y la verdadera ciencia?")... todas respuestas muy bonitas, pero demasiado ingenuas.
En el curso de la misma, Padma no se cuestionaba sobre sus métodos. Flexible, apegada a programas, sin mucha injerencia en temas sensibles para un niño. Lo mismo procuraba respetar los contenidos y la enseñanza como la tomó que compartía un poco de su propia inventiva.
Observó por un momento a Lisa. Hastiada, inquisitiva, aparentemente insensible. Cualquier cosa que llegara a sus manitas, era siempre objeto de estudio si reportaba alguna utilidad alternativa a su uso original. Tan distinta del resto de niñas Loud que tuvo en su clase, como Lucy (silenciosa, lectora y tal vez, solo tal vez, una posible paciente del síndrome de Asperger), Lola (engreída, altanera e insoportable) y Lana (hiperactiva, dedicada a los animales y bastante aventurera). ¡Dioses! Ojalá no haya más Loud. Con seis (pensó) a los que había tratado, tenía demasiado para toda la vida.
-¿Qué les parece si vemos una película antes del almuerzo? -preguntó a su clase, misma que estalló en júbilo.
-Normalmente -bufó Lisa- soy incapaz de aceptar algo que rebaje al nivel de un bufón a grandes autores, pero creo que un estímulo audiovisual podría servir para afianzar la retención de conocimientos intelectuales de casi cualquier tipo.
-Ya que tienes tanto interés, ¿puedes ir a solicitar un dvd de "El Correcaminos"? -pidió la docente a su alumna más aventajada.
Visiblemente molesta, Lisa se levantó del cojín sobre el que estaba sentada, tomó el pase que se le tendió y salió.
No le incomodaba tener una niña prodigio en clase. Toda su vida había transcurrido tras conocer, de una u otra forma, a más de una persona considerada como prodigio. El único detalle de Lisa Loud que le desagradaba, era su personalidad. Podía ser humilde si quisiera, pero resultó ser, por lejos, la más inquietante. Jactanciosa de ser insensible, arrogante, soberbia, todas cualidades que apenas le iban a reportar algún bien si no desarrollaba algo de empatía. Pese a ello, seguía siendo una niña... una que le salvó de un lío legal gordo por negligencia sanitaria.
-¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea! -coreaban varios niños, apenas se distrajo.
-¡MURPHY! ¡PARA YA! -berreaba un chiquillo de ojos achinados, mientras forcejeaba con un castaño regordete.
-¡OBLÍGAME! -el chico, referido como Murphy, se negaba a soltar algo que parecía un sándwich.
Resignada, tuvo que volver a ser mediadora en un pleito, otra vez.
~o~
"No puedo creer que nos rebajemos a tratar de reír con la peor representación de la ley de Murphy en la existencia", pensó la pequeña dotada mientras se dirigía al almacén de material audiovisual. "¿Cómo puede un coyote antropomorfo comprar demasiados materiales de alto riesgo para cazar un ave apenas más tonta que Leni y seguir vivo? ¿Que acaso no puede ordenar algo?"
Pensando en la eterna pregunta que ni siquiera ella sería capaz de responder si se interesara en la cultura popular, terminó tropezando con algo a las afueras de la oficina del director Finnigan.
-Hola -saludó Lucy, sin siquiera despegar del suelo su mirada-. ¿A donde ibas?
-Solo iba al almacén. Al parecer, a la señorita Shrinivas le interesa ver como un Canis latrans anteopomorfo sufre con materiales de riesgo para su integridad física tan solo para obtener su cena... nos hará ver una tonta película del Coyote y el Correcaminos -respondió, bastante molesta-. Y, a todo esto, ¿hay alguna razón por la que estés afuera de la oficina del director?
-Una tonta orden del profesor McGrady sobre mi corte que terminó cancelada... ahora están hablando con nuestro padre.
-¿Tienes alguna idea del por qué?
-Es sobre Lynn. El entrenador Pankowsky la cortó del equipo de fútbol por insultar a un chico por querer ayudar a levantar a nuestro hermano... suspiro -salmodió la gótica-.
-Normalmente no me preocupo por almacenar recuerdos aleatorios para asuntos de nulo interés científico. Pero... necesito que me des los detalles.
En el acto, Lynn sr. salía de la oficina, visiblemente molesto. Apenas se molestó en despedirse de Lucy sin notar que Lisa estaba presente.
-Loud -espetó el director, dirigiéndose a la gótica-, espero consideres mi oferta de visitar a la doctora Schiller. Solo... para desahogarte.
-Gracias, pero puedo enfrentar a mis propios demonios.
-Claro... Cualquier cosa que el profesor McGrady desee discutir contigo o con alguien de tu grupo, puedes venir aquí. ¿Qué hace aquí, Loud? -se dirigió a Lisa.
-Iba por material audiovisual -respondió, ligeramente intimidada-.
-¿Tienes tu pase? -la pequeña exhibió la tarjeta que le dió su profesora- perfecto. A clase las dos.
Viendo a Lucy partir a clase, Lisa solo tenía una pregunta en mente. Y llegando a casa, Lincoln hablaría sobre lo que pasó con Lynn.
~o~
Éste capítulo... trato de encontrar algo de perfección, cosa que a nadie le es fácil. Revisar noticias de Diciembre en adelante, ver los noticiarios, encontrar y crear paralelismos... y, sin embargo, tengo fallas. Como todos. Como cualquiera.
Y, pese a todo, sigue sin gustarme.
Tengo problemas con el arco de Luna. Lo admito. Y el arco de Lisa, que es con mucho bastante complejo en el futuro, va a darme una jaqueca crónica.
En cuanto a Lynn, voy a manejar un canon base que, duele aceptar, es odioso por sí solo aunque muy común en una sociedad que ha desarrollado una aversión a lo extraño por falta de entendimiento. Digo, no es poco común que una comunidad religiosa que se ha mantenido unida desde prácticamente sus inicios sea confundida con una de las, en opinión popular de muchos ciudadanos amparados en valores como "democracia y libertad" (tradúzcan libremente eso), religiones más conflictivas de la historia de la humanidad. Quizá el que la iglesia Copta tenga su sede en un país de población musulmana no ayuda mucho.
Si. La iglesia copta es de las más antiguas separaciones monoteístas. Del tronco común de la cristiandad, podemos dilucidar dos corrientes. La Iglesia Romana (la madre de divisiones como el catolicismo, el ortodoxismo, el protestantismo luterano, el anglicanismo (con sus divisiones) y "herejías" como el arrianismo (negación de la naturaleza divina de Cristo), el maniqueísmo y otras menores), que sigue las enseñanzas dr Pedro (No le escamoteo el San. Igual me dirijo a ateos y creyentes); y la Iglesia Copta, con sede en Alejandría (los seguidores de Marco). De ésta, apenas y tengo idea de su existencia, por lo que decidí ahondar tanto como pudiera. De los tres grandes troncos (Catolicismo Romano, Ortodoxismo (cuyo Patriarca cabeza debiera ser el de Constantinopla/Estambul) y Coptismo), ésta es relativamente estable pese a la persecución.
Ok. McGrady se la ha jugado en grande. Ese tipo si que tiene una manía obsesiva. Y, aunque creo que lo desarrollé bastante, hay algo más. Tal vez lo deje pendiente, hasta que encuentre un momento que realmente justifique su proceder.
Los Santiago... sobre ellos ya hay un cartel en la espalda con la palabra "DEPÓRTAME" bien grande. No tengo nada contra ellos. Pero... así como hay gente de verdad castrante para tratar a las minorías étnicas, hay gente que se atreve no solo a darles la mano, sino levantar su escudo. Y, admitámoslo, ha habido, hay gente, que se da en los casos de ataques a particulares. Los cegados por el fanatismo xenófobo y los... simples mercenarios. A unos los mueve el afán de "cobrar" deudas pendientes, y a otros les mueve el beneficio que ello pueda reportarles. Un simple asunto de fanáticos y mercenarios.
Antes que la clásica respuesta, dos noticias. Una mala y otra regular. La regular, ya que se avecina Semana Santa, es posible que no actualice. No es nada personal. Más bien, considerenlo un pequeño hiatus. Lo que me dará algo de tiempo para escribir y editar después.
Y... la mala. Más por necesidad que por gusto, el capítulo que sería el inicio original se va a retrasar. Dos o tres capítulos, máximo.
Ok, a responder reviews...
Yourefired, si algo así te divierte, bueno *se encoge de hombros*, no... entiendo el sentido de tu carcajada. Podré ser un novato, y dirán que estoy mal informado. Pero... te permito darme el beneficio de la duda. Para algo están las responsivas.
J. Nagera, de nuevo gracias por el apoyo. ¿Por donde empezar a responder?
De hecho, la premisa de algunos nombres de Savino la he tenido que emplear. Caso consulto, Mick Jagger/Swagger. Y... si. Al ser aquél-que-no-debe-ser-mentado como alguien rubicundo, lo imaginé un poco como chicle mascado.
¿Noticias del doc? Oh. Clyde las tendrá. No de inmediato, pero las va a tener.
Sobre el arco de Luna tendrá su razón de ser. Si Fabio Lione (Eternal Idol, ex-Rhapsody of Fire, ex-Labyrinth) pudo componer su primera canción política con Angra, quizás... solo quizás...
Lucy, puedo adelantar que va a ser fundamental. Una especie de... ok, lo dejaré a tu imaginación. Y lo de Lynn... en dos capítulos (no seguidos) tendrá su razón de ser. Y aclaro, Rashid no lo dejó semiinconsciente.
Y, si era necesario que te abrieras un poco, no lo se. Lo que sí, en línea es casi imposible encontrar Los Domados. El caso... es que alguien va a SPOILER ALERT!
Julex93,gracias por tomar tu tiempo para leer la pasada cita. Sencillamente, la introducción de Luna no ha sido tan difícil como suena. La más sencilla, de hecho, para algo gordo. Gump, si. Él, su actual consorte Melanie y sus monstruos (Ronald jr, Ivanna y Barrel) son una calca fiel de Quien-No-Debe-Mentarse-O-Va-A-Hacer-La-Muralla-China.
Comparado con el arco de Luna, el de Lynn va a ser todo un reto. Y mucho me temo... que va a romper la regla crucial de la mesa de los mayores en algún momento.
Y sobre Clyde y los Abbas, su presencia será fundamental en algunos arcos. No pienso tratarlos como si de Gary Stu o Mary Sue (el típico personaje que cae bien a todos y no se granjea odios es muy aburrido) se trate.
