"Avatar, The last Airbender" no me pertenece

Capítulo 4: No me dejes

1 noche y 1 día para la llegada del cometa

Abrí los ojos repentinamente. El aire era tan caliente que sofocaba, y estaba sudando no sólo de calor, si no también por miedo. Tardé unos segundos en comprender la escena. Estaba parada en una gran explanada de tierra. Podía ver fuego y explosiones en todas direcciones acompañados de ruidos ensordecedores propios de la batalla. Había muchos hombres de verde lanzando rocas a vehículos metálicos que a su vez lanzaban llamaradas. Arriba en el cielo se podía apreciar un cometa que dejaba una gran estela de fuego brillante la cual iluminaba el cielo de color naranja. Todo era caótico, pero aún así estaba inmóvil viendo la escena que tenía delante de mío: Aang estaba estático, con los hombros caídos y la cabeza gacha. No podía ver su expresión. A sus pies había un cuerpo boca arriba, claramente sin vida. Tenía sangre que se había derramado de su boca, la cual había caído por la comisura de sus labios hasta el suelo. Alrededor de su espalda se podía ver tierra húmeda, lo que supuse que también sería sangre. Me acerque a aquel cuerpo para asegurarme de quien era. Era un hombre alto y esbelto. Sus ojos blancos sin vida apuntaban hacia el cielo. Tenía el cabello largo y negro y en la coronilla llevaba un adorno dorado de la nación del fuego. Era Ozai.

Los pensamientos llegaron demasiado rápido a mi. Aang había matado al señor del fuego. Recordé cómo Aang había entrado en un gran conflicto cuando Zuko le preguntó que haría cuando se enfrentase a Ozai. Aang no era capaz de matar a nadie ya que para él toda vida es sagrada. Sin embargo allí estaba Aang, quién parecía haber perdido la vida también. Corrí hacia él, pero rápidamente me dio la espalda.

- Aang – mi voz es escuchó casi como una súplica.

- Ya esta hecho. No tengo nada más que hacer aqui. – La voz de Aang sonaba con tanta ira. Su voz parecía apunto de quebrarse. Comenzó a caminar, alejándose de mi.

- ¡Aang! ¡Espera! ¡No te vayas! – le grité suplicándole.

- ¡¿Qué es lo que quieres? – Aang giró violentamente y me miró con una expresión de profundo odio.

- Aang… yo… ¡no me dejes! – Mi voz se quebró en seguida producto del llanto que se comenzaba a apoderar de mí.

- ¿Y qué esperas que haga? ¿Que me quede contigo? – Su voz sonaba casi como una burla.

- Aang yo… yo… - Las palabras no me salían. El llanto me ahogaba. Mis piernas no soportaron más y caí de rodillas. Era demasiado. No soportaba la escena. No podía creer el desprecio con el que Aang se dirigía hacia mi.

- ¿Tu qué Katara? ¿Qué? – Aang subió su tono de voz hasta convertirse en un grito.

No pude responder nada. La voz no me salía. Quería decir algo, lo que sea, pero no tenía voz. Parecía como si me hubiese quedado muda. Me llevé las manos a la mandíbula y a la garganta con desesperación.

- No esperarás que me quede contigo después de lo que me hiciste. ¿Cómo crees que podría vivir con esto en mi mente?

Aang. No me digas esto. Por favor. ¡¿Por que no puedo hablar? ¡Te amo Aang y es contigo con quien quiero estar! ¡Por favor!

- Adiós Katara. Por favor no me sigas. No me hagas mas daño.

Dicho esto, Tomó su planeador y despegó del suelo. Con la cara llena de lágrimas, clavé las uñas en mis muslos con fuerza. El dolor era demasiado. Escuche un ruido atronador detrás de mi. Giré y vi como la gran muralla de Ba Sing Se se derrumbaba sobre mi. El terror se expandió en mi pecho y grité fuerte.

Me desperté de sobresalto con un grito ahogado. Tiritaba y sentía mi cuerpo repleto de sudor helado. Estaba oscuro. Incorporada con mis brazos apoyados en el suelo vi una pequeña nube de humo que ascendía de una fogata ya consumida. La luz de la luna me dejó apreciar que alrededor de la fogata estaban Zuko, Toph Sokka y Sukki durmiendo. Había sido una pesadilla. Me entraron ganas de llorar. Antes de hacerlo ahí mismo y despertar a todos me puse en pie y me alejé silenciosamente del campamento.

Habíamos viajado el día entero camino hacia Ba Sing Se. Era entrada la noche ya, y decidimos hacer un alto para retomar fuerzas ante el evidente cansancio de Appa. Buscamos un claro dentro de un bosque y montamos el pequeño campamento. Decidimos que el alto en el viaje no se alargara por más de 5 horas ya que debíamos llegar a Ba Sing Se con ventaja para tener alguna oportunidad de organizar la resistencia.

Llegué a la orilla de un pequeño arroyo y me senté en una roca. Inevitablemente comencé a sollozar. Tenía tanta pena. Si sólo pudiese retroceder el tiempo para arreglar el error que cometí. Apreté los ojos fuertemente para contener el llanto. De pronto, sentí unos pasos detrás de mi. Me giré para ver a Sokka llegar a mi lado y sentarse junto a mi. Iba a decir algo pero él se adelanto.

- Si Katara, te seguí. No te preocupes, no estás sola – y me dio un abrazo. Fue extraño. Sentí algo parecido a lo que siento al abrazar a mi padre. Sentí cariño de familia. Me alivió mucho. Respire hondo y me incorporé.

- Sokka – dije con un hilo de voz – ¿y si no me quiere ya?

- ¿Quien no te querría? – Me mostró una sonrisa de falsa incredulidad.

- Aang. Y si, aunque le diga lo que siento, ¿ya no me quiere? – Pregunté con miedo, aunque viniendo de Sokka ya me imaginaba su respuesta,

- Bueno, si ya no te quiere, ¡se las verá conmigo! ¡Ya verá ese Avatar! – Lanzó unas patadas y cortes al aire. Sonreí.

- Hablando en serio Katara. No tienes que preocuparte. Aang es un niño de alma muy pura. Sé que aunque siente mucha pena sigue pensando en ti. No lo habré visto ya durante todo este tiempo… ¡el chico esta hasta los pies por ti! – Me miró con una sonrisa inquisidora alzando las cejas. Es verdad, yo sabía que Aang siempre había estado "muy pendiente de mi" por así decirlo. – Todo saldrá bien Katara.

Asentí con una leve sonrisa.

- Sokka… - La pregunta que iba a hacer ahora si que me daba miedo.

- ¿Si? – Sokka me dio una sonrisa amable.

- ¿Crees que Aang sea capaz de derrotar al señor del fuego?

- En realidad, eso espero. No se que estará haciendo Aang en este momento, pero imagino que estará buscando la forma de hacerlo. Aang no se rinde ante sus responsabilidades y ambos sabemos eso.

- Crees que cambiará si... tu sabes… ¿si mata al Ozai?

- ¿A que te refieres?

- Aang no quiere matarlo, pero es la única opción. Si no lo hace, todo se habrá acabado, pero tengo miedo de que cambie para lograrlo. Creo que inevitablemente se convertirá en otra persona si lo lleva a cabo.

Hubo un momento de silencio.

- Katara. Aang es el Avatar. Sé que lo conocimos como el niño que es, pero Aang debe vivir y cumplir su destino. Es por un bien mayor. Aang debe hacer todo lo necesario para derrotar a Ozai, y si su muerte es lo único que acabará la guerra, Aang deberá hacerlo. Creo que esto va más allá de un cambio en su personalidad – Sokka dijo esto con preocupación. Después de todo, él también estaría perdiendo a un amigo.

- Lo sé. Aún así no puedo evitar el pensar en que Aang cambiará para peor.

Silencio otra vez. Estos pensamientos me estaban atormentando. Me dolía que mis sentimientos pasaran a segundo plano en la vida de Aang. Al fin y al cabo, él está para cosas grandes. La tristeza comenzó a reemplazar la seguridad y la confianza que me habían traspasado mis amigos la noche anterior.

- Katara, se que debes estar sintiendo muchas cosas en este momento. Pero no pienses en rendirte, ¿me entiendes? – Quedé incrédula al escuchar esto. Hace unos segundos atrás parecía que Sokka confirmaba de que no valía la pena seguir luchando por Aang – Aunque no lo creas, tu juegas un papel importante en la vida de Aang. Tengo el presentimiento de que lo que pueda pasar entre ustedes dos será determinante en el futuro de esta guerra. Debes luchar igual que Aang. ¡Debes buscar tu destino al igual que él! Así que Katara, ¡no debes rendirte! – Sokka me miraba fijo. Su voz sonaba algo autoritaria. – Aunque Aang cambie, seguirá siendo la misma persona. Quizás tu puedas ser la única que pueda devolverle la felicidad. Nuestro deber es acompañarlo para que pueda cumplir su tarea, y es nuestro deber acompañarlo una vez de que la haya terminado, así que Katara, todavía queda mucho. No aflojes, ¿ok?

Tenía razón. No podía permitir que me deprimiera otra vez. Aang es lo que quiero y debo luchar por él, tal como él lucha por el mundo. Quizás su pelea sea más grande que la mía, pero no por eso menos válida.

- No aflojaré, Sokka – sonreí.

- Entonces – Sokka se puso de pié y estiró su brazo apuntando al campamento – ¡A dormir, que necesitamos a todos los miembros del equipo en plena forma y partidos apenas comience a aclarar!

Me levanté y pase por su lado. El me sonrió y me llenó de esperanza. No puedo volver a decaer. Mañana llega el cometa y, si tengo suerte, volveré a ver a Aang. Lo ayudaremos como el equipo que somos, y le haré saber todo lo que siento.

Ahí voy, Aang.