Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a JKR.
Idiota: Parte II
por Samanta Black.
De vuelta a la tarde de primavera en que los Gryffindors tuvieron que entrenar sin Louis Weasley en su equipo.
Louis realmente era incapaz de creer que Roxanne, su prima Roxanne, lo hubiera sacado del equipo por una tontería como aquella.
Todo había comenzado con otra de sus estúpidas discusiones producto de la poca paciencia que Roxanne poseía en el último tiempo. Él simplemente había ido a avisarle que debería faltar a unos cuantos entrenamientos por causa de las tutorías que la profesora McGonagall le había obligado a impartir como castigo por sus travesuras. Roxanne había reaccionado mejor de lo que él esperaba, regalándole una sonrisa y amenazándolo juguetonamente con hacerlo entrenar el doble una vez que se reintegrara completamente en el equipo, y Louis casi se pudo sentir como en los viejos tiempos con la vieja Roxanne, su prima favorita.
Pero todo se había desmoronado de un momento a otro cuando la morena había descubierto que la alumna de Louis no era otra que Becca Donner. Becca Donner a quien casualmente le empezaba a ir mal en Encantamientos cuando Louis fue nombrado tutor en esa misma materia.
Roxanne, obviamente furiosa, regañó a Louis cada vez que se ausentaba en las prácticas, logrando que el número de disputas entre ellos subiera considerablemente. Cada vez se encontraban peor, hasta que el sábado previo al partido de Gryffindor contra Slytherin, en donde Louis se había negado a asistir para ayudar a Rebecca y Roxanne se había vengado expulsándolo del equipo, aun sabiendo lo mucho que la perjudicaría no solo en el Quidditch, sino también en la relación con su familia.
Los Weasley's se encontraban desconcentrados por todo eso. Victoire trataba de calmar los ánimos de Louis todo el tiempo y Lucy se esforzaba cada vez más en hacer entrar en razón a Roxanne, pero nada parecía funcionar.
Y Louis Weasley ese día había llegado al fin a su límite. La resolución de aclarar las cosas con su prima se hacía más fuerte a cada paso que daba en dirección al campo de Quidditch.
El entrenamiento había terminado hacia tan solo unos minutos, él mismo se había topado con el equipo en el camino, pero sabía que Roxanne siempre se quedaba en los vestuarios a mejorar las tácticas para el siguiente entrenamiento.
El ruido de pasos le advirtió que estaba en lo cierto al pensar que allí la encontraría. Sin perder tiempo, Louis se adentró al vestuario, siendo recibido por los confundidos ojos de Roxanne.
—¿Louis? ¿Qué hace aquí? —preguntó Roxanne, olvidando que supuestamente se encontraba furiosa con él.
—Tenemos que hablar, Rox —respondió el rubio con seriedad. La chica, dispuesta a darle tregua por unos minutos, le señalo uno de los bancos del lugar para que tomara asiento.
Ambos mantenían una distancia prudente el uno del otro, pero aunque se veían sorprendentemente tranquilos, ninguno de los dos se atrevió a bajar la guardia del todo.
—¿Y bien? —preguntó Roxanne, hastiada de tanto mutismo.
—¿Qué te sucede, Roxanne? —retrucó el chico, tratando de mirar a su prima a los ojos. Esta, algo molesta sin saber bien el porqué, apartó la vista y contestó:
—Eres tú el que viniste a hablar conmigo.
—Sí. Pero no puedo hablar contigo si sigues actuando a la defensiva.
—¿Y cómo quieres que no esté así, si tú, si tu…?
—¿Si yo qué? —la instó a continuar Louis. Pero Roxanne simplemente le espetó:
—Nada. No te interesa.
—¡Claro que me interesa, Rox! ¡Eres mi prima! —exclamó Louis, sujetándola por los hombros, en un intento de reconfortarla— Quiero saberlo, Rox —continuó con dulzura— No estás bien y quiero ayudarte, a pesar de que te desquites conmigo. Si hay algo, alguien, que te tenga así… Si hay algo que yo pueda hacer…
—No hay nada que puedas hacer, Lou —contestó Roxanne en un murmullo, bajando finalmente las defensas que la protegían del huracán de sus sentimientos— Solo… solo…
Un sollozo ahogado escapó de la garganta de Roxanne y Louis no dudó en abrazarla. Roxanne le preocupaba tanto, y aunque en un principio pensaba que todo el mal humor derivaba del reciente noviazgo del mejor amigo de la muchacha, como se lo había contado en Navidad, algo le decía que iba mucho más allá de eso. Algo le decía que esta vez era él el culpable de sus lágrimas.
—Lo siento, Lou. Pero…
—Estoy aquí para ti, Roxi. Siempre ¿De acuerdo?—la interrumpió Louis, secando las lágrimas de la chica.
Roxanne siempre había sido la mayor, la más fuerte, la más valiente. Roxanne siempre había sido la que lo reconfortaba cuando su madre lo regañaba, la que le sacaba sonrisas cada vez que estaba enfermo, la que lo protegía de los brabucones en Hogwarts. Últimamente, a pesar de sus peleas, Louis sabía que los papeles se habían invertido. De consolado a consolador, de protegido a protector, Louis trataba de retribuirle a Roxanne todo lo que había hecho por él.
Pero, a pesar de comportarse como un hermano con ella, no podía evitar los estrujones en el estómago cada vez que la veía reír junto a otro chico, el aprieto en el corazón cada vez que la veía llorar por su mejor amigo, el sabor amargo en la boca cada vez que anunciaba con alegría su próxima cita en Hogsmeade.
Louis nunca se había planteado la posibilidad de Roxanne siquiera llegara a comprender esos sentimientos que lo invadían. Pero cuando unas horas antes Lucy le había abierto los ojos, Louis no tardó en tomar una decisión. Se había sentido un idiota por no haberlo notado antes, y realmente esperaba que no fuera demasiado tarde para actuar.
Por arriesgado, incorrecto y dudosamente moral que aquello fuera, aun con su mano en la mejilla de Roxanne, mientras limpiaba los últimos rastros de las lágrimas de su prima, se inclinó hacia ella y la besó.
Fue un beso cálido, corto, pero cargado de todos los sentimientos que no podían demostrarse con las palabras. Y para Louis y Roxanne, ese instante, ocultos en los vestuarios con la única compañía de la respiración del otro, fue el más perfecto de sus vidas.
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