Los personajes son de SM. La historia es mía.


Capítulo 4

- ¿Qué hace, Edward?

- Huevos con tocino – seguí revolviendo el sartén sin voltearme a ver a Anne.

- Pero Edward, usted no come ese tipo de cosas, sabe que el colesterol es muy alto y…

- Hoy tengo ganas – la miré pero solo para darle una sonrisa, esta era la mejor mujer que había conocido en mi vida y se merecía los mejores modales de mi parte, después de todo, no por nada me crió luego de que mi madre muriera al darme a luz.

La sentí a mi lado ordenando todo lo que yo había desordenado. Las cáscaras de huevos las tiró a la basura y el tocino lo devolvió al refrigerador. Para cuando ella terminó yo también había hecho, llevé la sartén aún caliente hasta la encimera de la cocina y saqué un par de panes de la bolsa que estaba en la alacena. Le tendí uno a Anne y me dejé el otro para mí.

- A veces es saludable comer algo no saludable – era un broma y Anne lo entendió así porque se puso a reír.

Cuando se detuvo me miró, pero con el ceño fruncido – Algo te preocupa.

- Me conoces demasiado bien – en cualquier otra parte odiaría hablar con la boca llena, por con mi nana no tenía ese tipo de tapujos -, es la nueva modelo… Isabella Swan, ella es algo… - rebusqué en mi mente la palabra adecuada, no tardé en encontrarla -, exasperante.

- ¿Por qué?... ¿Es como Sofía?

Negué – No, creo que no – no estaba muy convencido de mis palabras, más que nada quería creerlas porque tenía demasiada fe puesta en esa chiquilla.

- ¿Entonces…?

- No la conozco mucho, pero me da la impresión de que este no es su mundo, es como si fuera modelo porque no le quedó otra opción.

Anne me sonrió y palmeó mi mano que estaba sobre la encimera – A veces le das muchas vueltas a las cosas, hijo, lo que estás haciendo es suponiendo… piensa: ¿Qué chica no sueña con ser modelo?, seguramente solo es un poco más reservada que el resto, no todas las modelos tienes que ser unas alcahuetas.

- Sí, supongo que tienes razón – me volví a llenar la boca de comida y dejé atrás todo lo que tuviera que ver con la señorita Swan.

Cuando el teléfono sonó, Anne dejó su trozo de pan y se levantó a contestarlo, el teléfono siempre sonaba, no me preocupaba por eso pero cuando la escuché contestar en monosílabos supe que algo no iba muy bien.

Me giré para verla y su rostro fruncido me lo confirmó, "¿Quién es?", modulé, pero solo obtuve una negación por su parte. Como ella aún no me daba ninguna pista, me paré a su lado y extendí mi mano, luego de un suspiro, Anne se rindió.

- Está acá… espere un momento.

Tomé el teléfono y me lo llevé inmediatamente al oído - ¿Hola?

- Hola, hijo – suponía que era mi padre, pero era muy diferente, sospecharlo que hablar con él -, por fin logro hablar contigo, pareciera que me rehúyes.

- Lo hago – no tenía intenciones de mentirle, él sabía que tenía mis motivos para hacerlo -, así que podrías dejar de buscarme.

- Soy tu padre, Edward, deberías ser un poco más…

- ¿Comprensivo? – alcé tanto mi voz que no me había dado cuenta de que ya estaba gritando -, pues deberías haberlo sido tu primero, después de todo, tú eres el padre aquí.

- Me equivoqué, hijo; lo veo y lo sé ahora, por eso mismo deberíamos juntarnos a hablar.

- Ahora estoy muy ocupado, se acerca la "Semana de la moda" y no es una buena época para mí.

Él suspiró desde el otro lado, incluso pude imaginármelo tirando su cabello hacía atrás, ese era un gesto que había heredado de él – Por eso mismo, me gustaría ir a acompañarte.

- ¿Por qué?, ¿estás enfermo, te vas a morir?

No estaba asustado, solo suponía que mi padre estaba usando un recurso barato para tener la oportunidad de reivindicarse.

- No, esto no es así… solo creo que ya ha pasado suficiente tiempo y aunque no acepte por completo tu estilo de vida, eres mi hijo y estamos solos… sabes que no tenemos más familia, tenemos que estar unidos.

- Pues, deberías haber pensando en eso antes – ya estaba comenzando a jugar con mis pies, signo de que me estaba comenzando a desesperar -, ahora ya es tarde.

- No voy a obligarte a nada, aún ambos estamos dolidos, pero yo estoy aceptando mis errores, espero que tú también aceptes los tuyos.

- ¡YO NO HICE NADA MALO! – grité tan fuerte que incluso Anne, dio un salto.

- ¿Que no hiciste nada? – el tono irónico de mi padre no me ayudaba mucho a controlarme -, pues me parece que deberías recordar cómo pasaron las cosas y pensar si es que la forma en la que me enteré de tu estilo de vida era la adecuada… piénsalo y trata de ponerte un poco en mi lugar.

Siempre era yo quien cortaba el teléfono en una conversación con mi padre, pero esta vez fue él. Eso me dejó sorprendido, furioso, pero también algo desconcertado lamentablemente para mi salud mental, sus palabras se quedaron dando vuelta en mi cabeza.

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Recién eran las ocho de la mañana y yo ya llevaba dos horas trabajando y cuatro cafés en mi cuerpo. Mi lado creativo, que despertaba de vez en cuando, ahora estaba en su máximo esplendor, como ya tenía los bosquejos hechos ahora solo estaba probando telas, para la blusa de cuello alto que había diseñado, la seda italiana era la mejor opción, pero yo quería algo distinto, algo como…

Prácticamente corrí a donde guardábamos algunas de las telas, sé que había visto un trozo y lo corroboré cuando lo tomé entre mis manos.

Crêpe Georgette.

¡Perfecto!

Sé que en muchos sentidos era considera una especie de seda pero su combinación con el rayón, le daba la justa caída que yo quería en mi blusa.

- Parece que es verdad el dicho… "al que madruga, Dios lo ayuda".

Ni siquiera me molestó que la señorita Swan estuviera espiándome, estaba tan contento que me apresuré a su lado y la tomé de una mano para llevarla a donde tenía todos los implementos necesarios.

- Desnúdese por favor.

Ella me miró algo asustada y yo solo rodé los ojos – Me refiero a que necesito que se saque la parte superior, quiero probarle algo – respondí antes de que se siguiera haciendo ideas erróneas.

- Bien.

Como la señorita Swan andaba con un vestido, se lo soltó desde el cuello que es de donde se amarraba, sus pechos estaban al descubierto por lo que se apresuró a taparlos, yo había visto muchos senos en mi vida, pero ver los de la señorita Swan acompañados de su enorme sonrojo, me incomodaron un poco, por lo mismo agradecí que se cubriera con sus brazos.

- Espere – mantuve mi vista en el frente para que ella pudiera soltar su busto, cuando lo hizo, la rodeé con la tela -, dejé que sostenga esto aquí.

Usando mi pulsera de alfileres, detuve la tela alrededor de su cuello, muy similar a como ella tenía el vestido antes, para apreciar la forma, me alejé un paso. No era para nada parecido a mi bosquejo pero la caída que tenía la tela sobre su figura era maravillosa. Solo necesité eso para saber que estaba a punto de realizar una nueva pieza de arte.

- Me gusta esta tela – la señorita Swan tocó la tela pero supongo que no pudo recocerla -, es seda, estoy segura, pero tiene algo más, no sé lo que es… es como…

Cuando vi que no iba a adivinar, decidí ayudarla un poco – Es crêpe Georgette,una combinación entre seda y rayón.

- Oh, claro, por eso la siento ligeramente más pesada.

Ignorándola un poco, volví a ella y acomodé un poco más la tela, aunque no era mucho lo que podía hacer. Era perfecta.

- Ya puede sacársela.

Me volteé para darle espacio. Cuando ella estuvo lista, llegó hasta mí y me devolvió la tela.

- No quiero decirle qué hacer pero me gustaría mucho ser yo quién modele esa blusa.

Sonreí por su inocencia, no había nadie más que pudiera modelar esa blusa y los otros cien diseños que había puesto en papel y que ahora estaban tomando vida. Aunque, lamentablemente, no podía solo tener una modelo en la pasarela, aunque lo quisiera, tenía que repartir mis diseños entre todas mis modelos.

- Ya veremos, esta es la nueva línea así que no estará lista hasta dentro de un par de meses, cuando lo esté, veré que modelo luce qué pieza.

- Oh – ella asintió –, pero que conste que yo la vi primero.

Ella apuntó la tela ahora desparramada en mi mesa de trabajo, aunque no entendí exactamente lo que quiso decir, me encontré sonriendo con ella.

- A veces se me olvida que solo tiene diecinueve años, señorita Swan, es usted muy joven aún – no quise decirle niña porque sentí que lo podía malinterpretar, pero era eso lo que pensaba.

- Sí, siempre me lo dicen.

Su estado animo decayó un poco, comenzó a jugar con sus manos y a mirar todo lo que estaba en mi mesa, se notaba que era curiosa porque se tomaba su tiempo para mirar cada artefacto, fruncía el ceño y apretaba los labios, se notaba que quería tocar pero no lo hacía, ella prefería apretar sus manos antes que hacerlo.

- Si no vas a romper nada puedes tocar lo que sea.

- ¿Eh? – me miró pero parecía que no había escuchado mis palabras.

- Que puedes tocar mis cosas, siempre y cuando no rompas nada – le aclaré.

La señorita Swan asintió pero aún así no tomó nada – Yo quería darle las gracias.

Ahora era yo el desconectado, dejé mi lápiz sobre la mesa de trabajo y me crucé de brazos para ponerle mi completa atención - ¿A qué se refiere exactamente?

- A Óscar, él es muy bueno y me ha ayudado mucho con mi equilibrio.

Por lo que recordaba, el caminar de la señorita Swan era perfecto, pero supongo que nadie es cien por ciento perfecto así que me alegraba de que estuviera mejorando.

- Óscar es muy eficiente, me entrena desde hace tres años.

- Sí – de nuevo ella pareció ida -, de hecho… hay algo más que quería decirle… yo…

Su teléfono celular comenzó a sonar, ella, algo nerviosa lo sacó y contestó con rapidez.

- Oh, sí, claro… voy para allá.

Cuando colgó ya tenía su cartera colgada en su hombro. Yo no dije nada, esperé a que ella me hablara.

- Señor Cullen, sé como son las cosas, pero ahora de verdad necesito irme, prometo estar de vuelta en dos horas. Por favor no se enoje.

Antes de que pudiera decirle nada, la señorita Swan salió de mi sala a un paso demasiado rápido como para ir de compras.


Hola!

Bueno, acá está el cuarto capítulo.

En un ratito se viene Mi Razón.

Miles de gracias a todos los que leen y comentan, amo leer sus comentarios pero no me da el tiempo de responderlos, lo siento :(

Y gracias a Erica Castelo que me betea y me aguanta aunque tenga tantas historias en proceso :)

Besos, Joha!