. Adiós a la reina .
De: PRISS
Capitulo III: "Un par de palabras".
~ Una pesadilla.
Susurró para si el ainu mientras sus ojos recuperaban su oscuro color.
Había sido tan real, maldita sea, aun estaba temblando.
La angustia le oprimía cruelmente el pecho y no era capaz de deshacerse de la imagen de la rubia itako bañada en sangre, sonriéndole débilmente.
~ Anna.
Horo la buscó a su lado.
De por si estaba desesperado y el no encontrarla en el futon no ayudaba mucho.
Sin siquiera reparar en que le faltaba algo de ropa, el peliazul abandonó el futon y bajó apresurado por las escaleras.
No tenía un rumbo realmente, ni siquiera tenía idea de que estaría haciendo la sacerdotisa tan temprano, mucho menos dónde y con quién. Solo miraba fugazmente por su camino, esperando verla. Y así fue. . .
~ ¡¡Annita!!.
Gritó el Usui, llamando la atención de todos en la cocina.
Ya era la hora del desayuno y él era el último en llegar, eso de por si ya era extraño, pero más lo fue que el ainu se dirigiera tan intima y cariñosamente a la mujer.
¿Dónde quedo eso de "demonio o bruja amargada, fea" y quien sabe cuantas idioteces que Horo Horo usaba para referirse a la rubia?, fingiendo algo que no creía que Anna fuese. Pues desde el primer instante en que la vio, hace tanto tiempo, la consideró una hermosura, fría y cruel, es cierto, pero aun así la quería.
Los recuerdos de la pesadilla lo impulsaron a aferrarse a la figura de la joven.
~ ¿Qué hay Horo Horo?, esta vez el sueño pudo más que tu hambre, ¿no?.
Manta, quien llegó temprano de visita, fue ignorado por su amigo.
Y tanto el pequeño, cómo Yoh, se sorprendieron del extraño y osado comportamiento del peliazul quien lloraba y rogaba, aferrándose a la cintura de Anna, arrodillado frente a ella, hablando incoherencias, mismas que no pasaron desapercibidas por el Shaman King.
Con las mejillas encendidas en carmín, la itako trató de apartar al peliazul, más este no estaba dispuesto a soltarla, ya no más.
~ Annita, ven conmigo a Hokkaido, casate conmigo, tendremos hijos.
La rubia estaba encantada de oír aquellas palabras, aunque el momento y el lugar no eran indicados; su rostro no expresaba otra cosa más que angustia.
La sacerdotisa se giró a ver a su prometido, la culpa desbordándose de sus negros ojos.
~ Yoh, yo. . .
~ Esta bien, Anna. . . yo ya lo sabía.
~ ¡¿Qué dices?!.
El moreno se puso de pie, dedicándole a la rubia una gran sonrisa llena de tristeza.
El Asakura había comenzado a sospechar, puesto que el ainu siempre tenía excusa para quedarse en la pensión. . .
~ Además tus ojos no me engañan. . . tu lo quieres.
~ Qué?!.
Manta soltó un gritó, mirando a sus amigos. ¿Qué demonios estaba pasando allí?. ¿Anna y Horo Horo?. No, imposible, si ella lo aborrecía y él tenía pánico por ella.
~ Hacen bonita pareja, aunque un tanto extraña, ¿no creen?.
Tras estas palabras, Yoh salió del comedor, dejando a la itako con el sentimiento de culpa bien clavado en el pecho.
~ Y nuestros nietos serán hermosos, Anna, ya lo verás.
La mujer curveó una ceja y frunció el ceño. Este imbécil parecía estar en su mundo, ajeno a lo que pasaba a su alrededor.
~ ¿Quieres soltarme ya?.
El grito de la sacerdotisa se escuchó por toda la casa, poco antes de azotar en la pared al peliazul con una simple patada.
Por ahora Yoh era el único que le preocupaba y salió tras de él.
Horo se pasó la mano por los azulados cabellos, ese golpe le había dolido. Alzó la mirada, buscando a la Kyouyama.
"¿En qué momento salió?."
Se preguntaba el ainu, levantándose para buscarla, más sus ojos se desviaron donde la mesa.
~ El desayuno, ¡ genial !.
En un par de segundos, sus intereses y prioridades habían cambiado. Y devoraba la comida tan feliz y desesperado, cómo si nada hubiese pasado ahí.
~ No tienes remedio.
Susurró el pequeño Manta, no sabía si gritarle al ainu o echarse a reír por que ni en un momento así Horo dejaba de comer.
El Oyamada desvió la mirada donde Yoh y Anna habían salido apenas hace unos instantes. Le preocupaban esos dos. . .
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~ Gomen nasai.
Decía la itako a espaldas del Shaman King; simplemente no sabía que más podía decir.
Ella hubiese querido que el castaño se enterase de otra manera, pero Horo Horo lo echó todo a perder.
~ Esta bien, ya te dije. . . que lo he sabido desde hace un tiempo. -Le dijo él, dándole la espalda.- ~ Admito que al principio me sentí celoso y molesto, pero. . .
El Asakura guardó silencio. Esto no era fácil, no, no lo era. Anna es su prometida, la mujer de su vida y se la estaban quitando. ¿De qué servia entonces ser el rey shaman?: de nada. . . de nada.
~ Al ver tus ojos negros brillando por primera vez. . . supe que eras feliz. Horo Horo te hace feliz, ¿no es así?.
La mirada de la Kyouyama cayó al suelo. No quería responder si eso lastimaba al hombre frente a ella, pero el simple hecho de bajar la cabeza fue su respuesta.
~ Tal vez vaya a visitarlos a Hokkaido, ¿quién sabe?, no hay dolor que dure cien años.
La itako forzó una sonrisa ante las palabras del que ahora mismo se estaba convirtiendo en su ex-prometido.
El moreno se acercó a ella y le acarició una mejilla; un casto y pequeño beso en su frente y un par de simples palabras.
~ Sayonara, Annita.
. . . . . Continuará.
Lo siento Yoh, lo siento. Siempre te hago sufrir, siempre te quito a tu Annita.
Bueno, Horo Horo echó todo a perder, pero así lo imaginé desde el primer momento.
No quise un enfrentamiento entre ambos shamanes, no tenía ganas ¬¬'.
MUCHAS GRACIAS POR LEER ESTE FIC:
Lovehao
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Jessy moon 15
