Hey Arnold!
Helga / Arnold
Advertencia: mencion a situaciones algo subidas de tono.
Capítulo IV
Había detectado el problema, sin embargo había optado por no hacerse cargo. No le había sucedido antes y sentía temor, sin embargo era como estar ignorado una parte importante de ella y por lo tanto era una voz interna que clamaba por ser escuchada, Después de todo, escribir era como ella se expresaba y al verse imposibilitada de poder hacerlo, escogió pensar que simplemente no tenía tiempo para satisfacer esa necesidad, pero lo cierto era que por más prolongado el momento en que sostuviera el lápiz en su mano, las palabras que antes jamás había tenido problemas para unir y transformar en un verso con un mensaje oculto en el cual hacía patente entrelineas el anhelo del cariño y la atención de esa persona que tan lejana veía; en ese momento las distintas figuras literarias comúnmente utilizadas no se sentían reales y convincentes como para ser plasmadas; era como si no fuera capaz de escribir más y al finalmente hacerse cargo de aquello, la rabia se convirtió en una más que frustrante impotencia.
Desde hacía unas horas que Arnold se había ido dejándola confundida y con la completa certeza de que se había equivocado en algo, y aunque por más que repasaba mentalmente cada segundo, no sabía en qué instante todo se había torcido.
Él nunca la había mirado de esa manera, ni con las bromas más crueles que le jugó durante años.
Le había dicho lo que en el fondo creía y él se había ido caminando cabizbajo tras escucharla, ¿había sido un error mostrarle tanta inseguridad? Todo lo que quería era decirle que simplemente no desconocía el hecho que alguien más pudiera merecerlo, y que no le extrañaría que sucediera, porque ¿qué chica con un poco de cerebro no querría estar con él? Quedaba de manifiesto el hecho tras que luego haber podido sincerarse y poderle decir que lo amaba que el chico fuera tan buena persona de aceptar los sentimientos de quien lo había tratado como lo peor durante años. Ese era un ejemplo explícito de una de sus muchas cualidades y un día una chica linda también lo notaría y, ¿cómo podría ser ella competencia?
Al verse al espejo y aunque no anhelara ser la chica más bonita, lo que se reflejaba no le desagrada, seguramente se encontraba dentro del promedio. Eso era físicamente, pero por otro lado su actitud tampoco era como se esperase de una niña: se sentaba con las piernas abiertas, disfrutaba jugando con los hombres, le gustaba la lucha libre y no cuidaba su alimentación. Sus compañeras estaban constantemente haciendo dietas y mientras las otras comían lechuga ella ya iba por la segunda hamburguesa doble queso.
Desde que salía con Arnold siempre tenía que recodarse que debía sentarse con las piernas juntas y aunque lo conseguía la mayor parte del tiempo, no era algo que fuera de manera natural. No era que él se lo hubiese dicho, pero un día oyó a Stinky burlándose de lo masculina de su postura y lo había recalcado diciéndoselo a Arnold, y desde entonces le había quedado rondado y cuidaba de ese detalle, pero sabía que había cosas que hacía que podían ser altamente cuestionables y de las cuales no estaba al tanto para poder controlar.
Cerró con brusquedad el cuaderno y comenzó balancearse de manera nerviosa en la silla. De algún modo ese movimiento continuo y constante estaba comenzando a relajarla aun cuando la adrenalina de tener pleno conocimiento que aquello era peligroso estaba presente también.
—No conseguiré nada de esta manera —se quejó consigo misma.
Se levantó y se dirigió a la cama, esperanzada de conseguir que el sueño no tardara demasiado en llegar porque sentía que si seguía pensando se volvería loca.
.
No había sido premeditado, pero de pronto sus piernas se dirigieron hacia ese lugar de manera ansiosa, como esperando que esa persona en particular tuviera la respuesta a sus inquietudes. Había resultado una vez y como no se le ocurría otra solución tuvo la esperanza de que funcionara nuevamente.
—Necesito hablar con la doctora Bliss —exigió.
—¿Nombre? –preguntó una mujer sin siquiera mirarla.
—Helga Pataki —respondió.
—No hay una hora reservada bajo ese nombre —contestó.
—¿Y a qué hora es la siguiente hora disponible? —indagó.
Le pareció que la mujer adquirió un gesto de burla en su rostro al hacer esa pregunta, y luego comprendió por qué.
—La siguiente hora disponible es un año más —aseguró.
—¿Era una jodida broma? ¿Un año? No podía esperar tanto…
— ¿Está segura? —quiso cerciorarse.
La mujer de edad mediana y algo regordeta soltó un suspiro y giró la pantalla donde se mostraba que efectivamente no había ni un solo espacio disponible en la apretada agenda de la doctora. Un rayo de luz que había aparecido se había esfumado de la misma manera que había surgido.
—Eso no puede ser… —se lamentó.
Se sentía perdida y sin saber a quién más recurrir. No creía poder soportar una noche como la que había acabado de pasar.
Se sentó en una silla cercana a sopesar sus posibilidades y a lamentarse que no se percató de que una persona se había acercado a ella.
— ¿Helga? —oyó su nombre.
La persona que había estado buscando y que por un momento había parecido imposible ver estaba justo frente a ella. Oyó a la doctora Bliss decirle a la secretaria que solicitara una entrega de pizza y la invitó a pasar a su consultorio.
—Ha pasado tiempo desde que te vi —sostuvo.
Sí, casi dos años desde entonces. En ese momento no había podido reconocerlo, pero las sesiones con ella le habían servido.
—No soy capaz de escribir –confesó.
El decirlo en voz alta hizo que se convirtiera en un hecho, y las lágrimas que no había derramado antes por otras circunstancias que podrían parecer peores a ojos distintos, a ella la había desarmado el verse limitada en ese ámbito.
La doctora lejos de tener una reacción normal como cualquier otro adulto, empujó un papelero a sus pies y le entregó una caja de pañuelos, y agradeció el gesto en silencio, y una vez que se calmó fue capaz de hablar y decirle lo que la había llevado ahí.
—Entonces, estás saliendo con Arnold y desde hace un tiempo que no eres capaz de escribir poemas —resumió.
Ella asintió mientras devoraba un trozo de pizza que la psicóloga había pedido.
—Además él se molestó conmigo y no entiendo por qué si sólo le dije que sabía que eventualmente otra chica aparecería y me dejaría —agregó.
—¿Y por qué piensas eso? —profundizo.
—Porque a él le gustan las chicas bonitas, delicadas y sofisticadas —admitió —. Y por mucho que lo intente y logre cambiar algunas cosas en esencia yo no soy nada de eso...
La psicóloga tomó un sorbo algo largo de limonada, mientras la veía de manera extraña.
—¿Por qué me mira de esa manera? —la interrogó.
—¿De verdad no entiendes por qué él se pudo molestar? —quiso saber.
Ella negó con la cabeza. No llegaba a comprenderlo.
—No conozco demasiado al chico y lo que recuerdo de él es que es un chico serio y gentil —destacó.
—Arnold es… el mejor chico de nuestra edad. No hay ningún otro como él —admitió —. No sólo es serio y gentil: es optimista, sincero, empático, caballeroso y un completo bobo que es capaz de quitarse la comida de la boca para dársela a alguien más…
Los objetivos calificativos que tenía hacia él podían ser infinitos, pero trató de resumirlos todo lo posible. Estaba absoluta y positivamente enamorada de él.
—Si él es todo lo que dices… —recalcó —. ¿Tú crees que estaría jugando contigo?
Por supuesto que ese era un planteamiento que había analizado.
—Pienso que él está agradecido conmigo por lo que hice por él —confirmó —. Ya le dije que el chico es tan bobo que…
Ya no podía insultarlo como antes porque cada palabra de connotación negativa hacia él le hacía doler el corazón.
—Yo sólo quise vivirlo, aun sabiendo que algún día terminaría —susurró —. ¿Me aproveché de su buena disposición?
Ella dejó de comer y por primera vez buscó el contacto físico, aunque sólo dio unas palmaditas en la cabeza.
—Helga, el que tus padres no sepan apreciarte de un modo convencional no quiere decir nadie más lo vaya a hacer —aseguró —. Quizá la razón por la que Arnold se marchó de esa manera es porque se sintió ofendido con lo que le dijiste.
Las lágrimas silenciosas cayeron nuevamente, mientras masticaba con menos deseos el último pedazo de pizza que se había echado a la boca.
—¿Has considerado al menos por un segundo que sus sentimientos por ti sean reales? —planteó con seriedad —. ¿Estás realmente preparada para aceptarlo si es así?
¿Aceptar los sentimientos de él? Nada se oía más maravilloso, pero algo en esa oración no se sentía correcto, porque si de verdad creía en ello y no resultara no creía poder superarlo.
— No es sano para ustedes estar involucrados en una relación en la que no se toma en serio a la otra persona o no se establecen cuáles son los límites —indicó —. Podría ser un precedente negativo para el crecimiento emocional de ambos y basada en mi opinión de profesional te aconsejaría que terminaras con todo esto…
Aunque nunca tenía suficiente pizza, sentía que no le cabía nada más en el estómago, aun cuando sólo se había apropiado de dos trozos y no los cuatro que usualmente comía.
—Eso te diría si fueras una niña convencional y en caso de que yo fuera tu psicóloga —dijo la mujer sonriendo —. Como no soy tu psicóloga y tú no eres una chica normal, ¿estás segura de que eres capaz de dejarlo ir y no hacer algo al respecto para evitarlo?
De seguro su expresión de sorpresa tenía a la doctora divertida porque en sus labios podía ver una sonrisa apenas simulada, sin embargo siguió hablando con convicción, y ella prestó todavía más atención.
—Si me lo hubiesen preguntado, hubiese creído que harías lo que hubiese que hacer para que eso no sucediera —dejó entrever —. Lo que sea que no hiciera que dejaras de ser tu misma…
¿Dejar de ser ella misma? No entendía a qué se refería.
—Sabes, Helga… en ocasiones uno debe renunciar a algunas cosas por un bien mayor y aunque aún creo que tu edad no es suficiente para estar diciéndote estas cosas, estoy segura de que entenderás que no es algo que realmente vayas a hacer por él, sino por ti, para sentirte más segura contigo misma –le explicó.
En ese momento seguía sin estar segura a qué podría referirse, pero tuvo la completa certeza de que luego lo comprendería. Había demasiada información para procesar.
—Y en cuanto a tu bloqueo… ¿has intentado algo distinto a un poema? Una historia, tal vez un cuento… —le cerró el ojo —. Algo en lo que puedas narrar y plasmar de manera más completa tus sentimientos, de una forma más literal y menos figurada.
No lo había intentado jamás, para ella crear poemas era tan natural como respirar, no obstante aquel consejo no le parecía mal. Era algo que podía tratar de hacer si ello significaba poder volver a escribir…
Sonó el intercomunicador y la doctora Bliss se acercó al aparato de mala gana.
—Doctora Bliss, la cita de la una ya llegó —oyó del otro lado.
La psicóloga miró la hora en un reloj mural y soltó un suspiro cansado.
Helga asintió y aunque resignada se levantó.
—Avísale que en cinco minutos puede entrar —respondió apretando un botón —. Espero haberte ayudado en algo.
Quiso agradecerle a ella su tiempo también, pero las palabras amables no salían tan fáciles como las hostiles.
—Estoy muy contenta de que hayas venido a verme…
—Agradezco que me atendiera aun sin haber reservado una hora —contestó finalmente.
—Sólo coincidió con mi almuerzo —le restó importancia —. Me limité a comer con una amiga.
Ella sabía que no era esa la razón, pero no insistió. Había bajado muchos sus defensas y ya iba siendo hora de reestablecerlas dejando claros algunos puntos.
—Un adulto y un niño no pueden ser amigos. Además… los amigos no cobran por verse y conversar –se cruzó de brazos.
— ¿Eso piensas? —contestó suspicaz —. Se parece a lo que creo yo también.
La mujer sonrió y le hizo un gesto con la mano a modo de despida mientras escribía algo y cuando fue a pagar la secretaria le informó que no había cargo. Esa persona sí que era especial para ser un adulto, pensó realmente convencida y aunque insistió en pagar la secretaria simplemente la ignoró cuando llegó otro paciente.
.
No había estado consciente de lo peligroso que había sido salir de casa en un horario en el que no correspondía que una niña de su edad lo hiciera. No había sufrido ningún percance, pero luego de imaginar lo que podría pasar si la encontraban y buscaran hablar con "un adulto responsable" y no lo encontraran… Temía cruzar por las esquinas razón por la que llegar a su casa fue difícil y tardó casi el doble de tiempo tratando de irse por calles menos concurridas; sólo abandonó la paranoia una vez que atravesó el umbral de la puerta.
La conversación con la doctora Bliss había sido realmente interesante, no obstante habían cosas que no habían sido demasiado claras…
¿Realmente se negaba a creer que pudiera existir la posibilidad de que Arnold pudiese quererla de la misma forma que ella lo hacía? Y lo más intrigante, ¿a qué podía renunciar para sentirse más segura consigo misma…?
Luego de haber corrido el último tramo antes de arribar a casa, sin un ápice de delicadeza olfateó su propia axila encontrándose complacida de no encontrar ningún olor extraño, pero si se sintió sudorosa y considerando que estaba más caluroso de lo habitual, decidió tomar un baño y pareció la decisión correcta, porque fue como si aquello le aclarara la mente tras unos minutos bajo el reparador chorro de agua.
La doctora. sin conocerla tanto, había dicho que habría esperado de ella que no renunciara tan fácil luego de haber obtenido lo que tanto había anhelado, sin embargo batallar contra ello se contraponía con su instinto de protección. Era mucho más fácil no creer en los milagros que arriesgarse a creerlos para descubrir luego que no existen, sin embargo tampoco dejarlo ir se sentía bien.
¿Y si fuera un hecho? ¿Y si apareciera una chica decidida a estar con él? Para su egoísta fortuna Arnold no había sido popular con las mujeres porque se había fijado solamente en quienes no veían en él material de novio.
No quería ser testigo de algo así. No se sentía lo suficientemente fuerte para soportarlo.
Entonces entendió que era lo que debía hacer.
La psicóloga había estado en lo cierto al recalcarlo. Ella no era quien se quedaba de brazos cruzados sólo esperando, muy por el contrario, era la clase de persona que movía las piezas que hicieran falta para obtener lo deseado. Sin escatimar en recursos.
Sólo debía hacer que se enamorara de ella.
Era algo tan sencillo como eso y a la vez tan complejo, ¿cómo no se había dado cuenta? Eso de que el amor enceguecía y volvía estúpidas a las personas era tan cierto que daba susto.
Al salir de la ducha observó su expresión, y notó que esa expresión de enojo siempre estaba ahí, aun cuando no estuviera molesta.
—Debe ser por esto —miró su ceja.
Su padre la tenía y su hermana la había tenido. Su rostro había cambiado una vez que se deshizo de aquella sombra similar a la de un ave marina sobre sus ojos.
"Es un rasgo de los Pataki que demuestra carácter. Es un orgullo" había dicho Bob la única vez que lo vio regañando a Olga por haberse definido las cejas.
¿Si hacía algo al respecto tendría más posibilidades de sentirse mejor consigo misma? Harold en más de una oportunidad la había llamado "Uniceja", "Cejarda" o "Cejas de gaviota". No le afectaba realmente, si alguien debiese avergonzarse de algo físico era él que a su edad seguía ocupando ropa más pequeña de la requerida para su talla, dejando ver más de lo que cualquiera voluntariamente quisiera, pero él tenía un punto al respecto, y sin pensarlo mucho más y encontrando una pinza justo frente a sus ojos, la decisión se tomó por sí sola, aunque si hubiese sabido que por cada vello que se quitara soltaría un improperio tal vez lo hubiese pensado un poco mejor…
Al observar el resultado de aquella autotortura a la que se había sometido sin que nadie la forzara, podía apreciar un cambio, pero aquella zona estaba enrojecida, por lo que no fue del todo satisfactorio como imaginó.
—Parece que no valió la pena —se lamentó.
Recostada en su cama mirando el techo y tocando donde antes había pelos, la inseguridad retornó, ¿se vería ridícula? ¿cuánto tiempo estaría irritado? Así no podría salir, aunque no necesitaba nada en particular. Había hecho lo que hizo pensando en que mejoraría su imagen, pero no que la empeoraría…
Aunque la belleza no era realmente su tema, comprendió que quería verse mejor para gustarle a la persona que quería, ¿qué importaba si la molestaban luego por ese abrupto cambio? Si no caía en una vanidad absurda como la de su hermana, todo estaría bien porque unas cejas no la definían y más importante aún: todavía contaba con sus puños.
.
Todo había ocurrido tan rápido… Arnold había llegado a su casa a una hora insperada y había terminado diciendo lo que sólo en sueños había escuchado.
Le había dicho que le gustaba tal como era…
Había reconocido que estaba preocupado de que algo pudiera pasarle…
La invitó a vivir con él…
Observó en sus ojos decisión. Él de verdad creía que aquella era una alternativa.
Si no admitiera que temblaba ante la emción y el desconcierto sería el más grande de los embustes.
—No creo que esa sea una buena idea —respondió finalmente.
Aunque su ansiedad al estar con él había disminuido de manera considerable, sin embargo todavía le costaba trabajo aplacar el nerviosismo y mantener el autocontrol. Vivir con él no podía ser sano para su corazón y su paz mental.
Él no contestó nada, pero ella vio como sus hombros cayeron, y de pronto leyó en su postura una clara señal abatimiento.
Se levantó y en un impulso que no quiso contenter, lo besó. Por lo general él iniciaba o ambos lo querían y era fácil sentir la atmosfera, pero ceder y aceptar que ella era la que lo deseaba era harina de otro costal, no obstante en ese momento, no le importó.
Él aceptó, así como todos sus avances, había comenzado como un roce de labios y a esas alturas se encontró a si misma casi sucionando el labio inferior de su contraparte. Los ósculos que últimamente estaban compartiendo la hacían sentir de esa manera en que la sangre le hervía y al cerrar los ojos sus manos se dejaban llevar queriendo abarcar todo lo posible de su cuerpo… ¿sabría él como todo su ser se alborotaba cuando su lengua y la de ella se rozaban? Tal vez si lo supiera no lo haría.
Cuando se besaban de esa forma a ella le asustaba que en vez de apaciguar sus deseos, estos aumentaran, como si no fuera suficiente y quisiera más y más. y tan sumida estaba lidiando con esas sensaciones cuando terminó sobre Arnold.
Él la miró y fuera de lo que imaginó, su mirada fue tan intensa que tan solo por pocos segundos la pudo mantener. Él la invitó a apoyarse más en él con un gesto que sorprendentemente captó ipso facto, y ella aun sabiendo lo peligroso que podía resultar acceder, dejó caer su peso.
La respiración de ambos se podía escuchar alterada, y el sector donde ella había decido colocar su mano derecha de pronto se sintió pequeño y al descender un poco se encontró con una textura diferente y sin tener que mirar comprendió que de algún modo su ropa se había desordenado y donde estaba posada su mano era su piel. Por unos segundos la dejó ahí, pero luego la retiró como si quemara, porque le había gustado la sensación cálida que había percibido.
—Disculpa… yo no… no sabía... Tu ropa… no fue mi intención —se disculpó atropellando sus palabras.
Quizás no había escuchado o peor, se había molestado, y la incertidumbre sólo aumentó cuando él respondió.
—A mí no me molestó que me tocaras —aclaró con una voz ligeramente más profunda.
Su cuerpo se había tensado por miedo a haber transgredido los límites, y tras oír que sus temores eran injustificados, sintió un enorme alivio. Todavía le costaba trabajo aceptar el poder que sus palabras. Eso que estaba viviendo no era una realidad paralela. Arnold estaba con ella y no la rechazaba; muy por el contrario.
—De hecho… creo que me gustó…—confesó.
Quizás esa frase no tenía el mismo significado para él que para ella, porque su mente tempranamente pervertida, rápidamente viajó hacia un lugar que aunque más que presente en su vida, todavía no se animaba a indagar, aun cuando cada vez se manifestaba de manera más demandante y finalmente reconocer que el amor idealizado y finalmente concretado, sólo traía consigo el querer sin estar buscando realmente el desear tener más…
El aire se hacía escaso y el poco que había se sentía viciado. El estar solos no ayudaba a disipar el ambiente, porque no había ninguna otra cosa su consciencia que la instara a detenerse, y era cuando menos alarmante depender de algo tan débil que se podía adormecer con tan solo un beso o una mirada profunda y duradera como la que compartían en ese momento, no obstante para su buena fortuna o mala, él habló y miró hacia la televisión.
—Mira, son los créditos… creo que nos perdimos el final —comentó casual.
Ella se volteó y vio la pantalla negra con las letras blancas de los créditos.
—Sí… es una lástima…—comentó.
En realidad la tenía sin cuidado, pero aquel momento le sirvió para tomar distintancia y recapacitar sobre cuántos centímetros –o metros quizá- eran considerados como una distancia segura para mantener la virtud de su novio intacta.
Se levantó y miró su lata. Sabía que no le quedaba contenido en su interior, pero eso él no lo sabía. Se acercó y se lamentó frente a él.
—¡Vaya! Se me acabó… —se lamentó —. Iré por otra, ¿quieres tú? –consultó.
El negó.
- Todavia me queda –respondió con una sonrsa.
Por supusto que sí. Mientras él sólo tomaba una, ella podía con dos o tres. Ya apenas sentía el gas mientras bebía, y a él por otro lado se le colocaban los ojos vidriosos con unos pocos sorbos.
—Ya debe estar tibia, no sirve —determinó.
Tomó la lata de su mano y se dirigió a la cocina, donde soltó un largo suspiro una vez que llegó.
¿Qué había estado por hacer? Apenas y era capaz de creer su buena fortuna al saberse correspondida, ¿y ella iba lo asaltaba tocándolo? ¿Qué estaba mal en ella?
Debió haber sabido cuando leyó títulos que en grandes letras recomendaban que no eran apropiados para persona de cierta edad hacia abajo.
Sabía que no contaba con mucho tiempo, por lo que decidió que al volver se sentaría donde no pudiera estirar el brazo y alcanzarlo. Era lo más seguro.
—Toma, aquí tienes —le ofreció.
Él sonrió.
—¿Qué estás viendo? —quiso saber.
—En realidad nada; sólo te esperaba —contestó.
Su corazón que antes había estado trabajando a todo lo que podía, no iba a volver a su ritmo normal con él diciendo esa clase de cosas.
No era particularmente fanática de la música como casi todos los que la rodeaban, incluido Arnold, pero comprendía que a todos les gustara, por lo que sugirió un canal donde vieran videos musicales, y poco tiempo después Arnold estaba enfrascado viendo un video de una de sus bandas preferidas según lo que él mismo le había contado.
Su plan de distracción había dado resultado, o eso había creído.
—No tenías que sentarte allá —recalcó —. Helga… no quiero que las cosas se vuelvan extrañas entre nosotros…
Estaba tomando el último sorbo cuando él dijo eso y por la impresión se atoró.
—¿Estás bien? —preguntó.
Ella afirmó mientras trataba de calmar la tos. No creyó que hablarían de ello. No tan pronto al menos.
—¿Qué harás? —indagó.
Sin que tuviera que decirle a qué se refería, supo que se trataba de la invitación a vivir con él.
—Arnold… no creo que sea una buena idea… —admitió.
En realidad pensaba eso. Vivir con él era una de sus fantasías, sin embargo sabía que no era apropiado y no podía hacer vista ciega a eso.
—Iré con Pheobe o engañaré a Rhonda —aclaró —. Te prometo que no me quedaré sola.
Él no contestó, pero al volver a mirarla le dedicó una sonrisa.
—Está bien… entiendo —aseveró —. Y… ¿Helga? No engañes a Rhonda… Tú me tienes a mí.
Arnold se acercó al sofá en el que ella se había refugiado y en lo que se podía considerar un asalto, la besó y se despidió casi al mismo tiempo.
Al escuchar la puerta cerrarse, ella comenzó a reír de manera animada y seguramente si alguien la oía pensarían —o confirmaría, dependiendo— que estaba loca. De algún modo sintió que todos los problemas que en ese momento la aquejaban no eran mayores al júbilo de saberse completamente correspondida. No iba a cuestionarlo más y se atrevería a vivirlo.
.
—¿Es una broma? —preguntó irritada.
Olga estaba frente a ella manifestando de una manera cursi el orgullo que sentía de que hubiese ganado una beca en otro continente.
—¡Pero yo no quiero ir! —se quejó.
Su vida disfuncional desde hacía un par de años se había equilibrado. Desde que Olga había vuelto y se había enterado de que había estado poco más de un mes viviendo sola, ella se había encargado de hacer los trámites legales para hacerse legalmente responsable de ella hasta que cumpliera la mayoría de edad y desde entonces no les hablaba a sus progenitores, aunque había empezado a aceptar el dinero que su padre insistía en depositar.
Su madre había salido de rehabilitación, y aunque había superado su adicción al alcohol, su personalidad no le permitía estar enfrascada en más que una sola cosa, y en ese momento estaba inmersa ayudado a su padre en el nuevo imperio que comandaba de celulares. Era una adicta al trabajo y era feliz de ese modo y todos preferían eso a lo otro.
Su padre al darse cuenta de lo que había hecho, y por sobretodo por perder el respeto de Olga, estaba más apático y menos violento. Incluso sus niveles de ego habían disminuido.
En la preparatoria todo iba bien. Tenía compañeros nuevos, otros pocos antiguos compañeros estaban en otros recintos, pero siempre se juntaban a celebrar los cumpleaños.
Tenía amigos, una hermana que aunque la sacaba de quicio le había demostrado que verdaderamente podía confiar en ella, y tenía un novio al que amaba. No se imaginaba dejando todo eso para estar sola al otro lado del planeta.
—Helga… ¡es una de las mejores universidades del mundo! Es un completo honor de que ellos te estén buscando a ti de entre todas las personas.
Todo era por haberle hecho caso a la doctora Bliss y su sugerencia de escribir historias en vez de poemas. Resultó ser que de algún modo era medianamente conocida por sus historias, aunque sólo unos pocos sabían que era ella bajo un seudónimo.
El señor Simmons, quien le había hecho prometer mostrarle sus escritos aun cuando ya no era su profesor desde hacía tiempo, sin su autorización había enviado una copia a una editorial, quienes al saber su edad quedaron sorprendidos. Desde entonces sus historias habían dejado de ser sólo un pasatiempo y a ratos incluso le irritaba haberlas creado porque estaba más interesada en vivir su vida como Helga G. Pataki que como Geraldine, la escritora, aunque ambas eran igual de importantes para ella.
—Esta conversación ya la tuvimos antes —respondió con hastío.
Su hermana seguía siendo tan melodramática como siempre, pero en esa ocasión tenía la misma mirada decidida que cuando la arrastró a vivir con ella lejos de sus padres.
—Cariño, por favor piénsalo bien. Esta es posiblemente una oportunidad única en la vida —resaltó.
Su insistencia en el tema estaba comenzando a ser molesta, sin embargo luego de un momento de silencio, ella confesó el motivo.
—A decir verdad yo postulé a esa universidad y no quedé… —reveló.
La sorpresa de saber que su hermana había fracasado en algo la dejó perpleja. Desde hacía tiempo que había sentido que ya no había competencia entre ellas, pero no podía negar que sentía curiosidad de profundizar un poco sobre eso.
—¿Tú…? —quiso confirmar la información.
—Es cierto —afirmó —. Fallé y no le conté a nadie porque pensaba hacerlo una vez que ya tuviera los resultados y como no lo conseguí, no he hablado de ello hasta hoy… y el que estén buscando a mi hermanita pequeña de verdad me llena de orgullo… si aceptas ir estoy segura de que tu futuro será brillante, porque tú eres más inteligente que yo…
Olga recordó que estaba ordenando unas galletas y se fue a la cocina, dejándola a ella y esos pensamientos sobre esa renombrada institución, que estaban comenzando a hacer cada vez más ruido.
.
Se sentía como si estuviera mirando pornografía, aunque en realidad sólo navegaba buscando información sobre esa universidad. La culpabilidad la abordaba de un modo incómodo al comenzar a caer en aquellas descripciones debidamente escritas; hechas para sacarle lágrimas a quienes no conseguían llegar ahí porque miles postulaban sin lograrlo
Desde que su hermana le había dicho que ser aceptada era en realidad un gran mérito, se sintió distinta al respecto. Pheobe de hecho había pensado en postular, pero había obtenido una beca completa en la mejor universidad nacional y la terminó por aceptar, porque estaba en el mismo estado de la que Gerald iría.
—Eso es tan lejos… —se lamentó.
Observaba las fotos de aquel césped verde y brillante, de esos árboles frondosos que ostentaban cientos y cientos de años y de los salones perfectamente equipados con lo mejor que podía pagar el dinero. Incluida esa fachada que aun sin tener ningun conocimiento arquitectónico, se podía deducir que era grandiosa y majestuosa.
—¿Qué está tan lejos? —oyó una voz muy conocida desde la puerta.
—¡Arnold! —exclamó.
Con rapidez presionó las teclas que cerraban la ventana del navegador, alegrándose de poder conseguirlo antes de que él se acercara más y viera la página.
La besó y ella le respondió de la manera que era la habitual en esos días. Conformarse con sólo un roce ya no era posible…
—¡No los escucho hablar! —gritó Olga.
Desde que los había descubierto demasiado inmersos el uno uno con el otro un día, ella estaba más atenta a las visitas de su novio. No fue cínica al respecto ni le pidió que dejara de hacerlo, simplemente le exigió que se cuidara y que respetara los espacios comunes.
Él sonrió y se sentó en su cama a su lado. Habían pasado años y todavía se sentía nerviosa cuando él se presentaba con esa familiaridad en su casa.
—Iré al baño —anunció.
—Aquí te esperaré —le guiñó un ojo —. ¿Puedes prestarme tu computador? Necesito enviar una tarea y desde el teléfono no puedo.
Arnold no era demasiado hábil con los teléfonos, por lo que tras asentir se dirigió al baño.
—¡Hermanita! Toma, llévale esto a Arnold —le pidió y le indicó una lata de jugo —. Ahora voy a salir… ustedes dos, pórtense bien. Despídeme de él…
Esa era una clara alusión a "no quiero convertirme en tía". Tuvo deseos de reír y se burló de ella un poco.
—Hoy no puedo, así que puedes irte tranquila —dijo en voz baja —. No te daré sobrinos en nueve meses más…
—¡Helga! —le llamó la atención.
Su hermana se marchó mascullando algo en "contra la juventud de esos días" y ella regresó a su habitación donde él la estaba esperando.
—¿Conseguiste enviar tu tarea? —le preguntó.
—Sí… —respondió.
Arnold no dijo mucho más y luego de aceptar la lata y perder siete veces seguidas la partida del juego en el que estaban compitiendo, ella finalmente notó que quizá algo no andaba bien.
—¿Te pasó algo? —quiso saber —. Estás muy callado…
Observó que él no pausó el juego, sino que ignoró su pregunta.
—¿Arnold…? —lo llamó.
Él se levantó y arrojó sin mucho cuidado el control a la cama y aquello le llamó la atención, porque él aun cuando estaba muy enojado, no era violento.
—Me habías dicho que no estabas interesada en esa universidad —expuso.
No le preguntaría como se había enterado, porque ya el haberlo ocultado incurría en una falta a la relación que ambos tenían y que se basaba en la confianza.
—Y no lo estoy… —contestó y a la vez se corrigió —. Estaba…
Mentirle no era algo que fuera a hacer deliberadamente. Reconoció que hasta hacía poco en realidad no era parte de sus planes, pero que recientemente estaba comenzando a llamarle preocupantemente la atención.
Él la escuchó atentamente, sin interrumpir en ningún momento, y aun mirándolo no supo qué pensar sobre la expresión que mantuvo hasta el final.
—Discúlpame por cómo reaccioné —solicitó —. Aunque todo esto es repentino no debí…
Ella había sido testigo de reacciones mucho más violentas, por lo que para él era algo demasiado agresivo para ella sólo era una forma no adecuada de expresar la ira.
Se aproximó a él y lo abrazó, y él se dejó consentir respondiéndole y buscando no muchos segundos después sus labios, para detenerse más pronto de lo esperado.
—Me iré a casa —anunció —. No le avisé a mis padre que pasaría por aquí.
Si tardaba posiblemente ellos lo concluyeran por si mismos, pero Helga comprendió que él estaba afectado por lo que acababa de enterarse, por lo que antes de perderlo de vista lo llamó.
—Arnold acerca de lo que hablamos… no tienes que preocuparte, yo sólo tenía curiosidad… no es algo que esté pensando realmente —le hizo saber —. Yo sólo quería entender por qué Olga estaba tan alegre al respecto.
Él hizo un movimiento con la cabeza como señal de que la había oído y poco después oyó la puerta cerrarse. Había aprendido a darle su espacio aunque eso no significaba que no quisiera ir tras él.
Abrió su notebook y rápidamente notó cómo él se había enterado: su navegador estaba configurado para abrir la última página visitada y como siempre eran las mismas las que tenía abiertas, aquello le iba bien. Su propia flojera la había delatado.
.
Estaban rindiendo los últimos exámenes y después de una larga semana, el que fuera finalmente viernes era una bendición. Arnold le había pedido que salieran y ella aceptó, aunque hubiese preferido algo más tranquilo, como ver una película juntos o jugar.
—¿Qué es lo que quieres estudiar? —indagó él.
—¿Realmente tengo que hacerlo? —habló —. Estudiar no es mi cosa favorita en el mundo, ¿lo sabes, verdad?
Él asintió.
—Hablo en serio —dijo.
—Yo también —replicó ella.
Arnold metió sus manos en sus bolsillos, y se sentó a su lado.
—El que no estudies sería lamentable —manifestó con suavidad —. Eres la persona más inteligente que conozco y estoy seguro de que puedes llegar muy lejos.
Su corazón se aceleró ante sus palabras. No era la primera vez que él le decía que creía eso de ella, pero su instinto de escritora le avisó que no había palabras como esas que luego no aterrizaran forzosamente a la protagonista a la realidad.
—¿Por qué no me dices lo que has estado pensado? —soltó con evidente enojo.
—Porque antes necesito que confirmes algo —expuso —. ¿Quieres ir?
Si respondía con sinceridad a esa pregunta algo sucedería, no obstante si mentía todo lo que ocurriera a partir de entonces estaría basado en un embuste.
—Sí –confirmó —. No me había detenido a pensar en qué quiero a futuro porque me siento demasiado cómoda con mi presente, sin embargo el que una universidad así de prestigiosa esté buscándome a mí de entre todos esos candidatos… es halagador.
—También lo creo —estuvo de acuerdo él—. Es un mérito.
No obstante no se oía como si la felicitara.
—¿Y esta conversación a dónde nos lleva? —lo interrogó —. ¿Ahora es cuando terminas conmigo para que yo pueda alcanzar una meta que hasta hace dos semanas no me había dado cuenta que tenía?
Lamentó haber hecho esa pregunta porque él endureció su rostro.
—No te burles Helga, esto no es fácil para mí tampoco —confesó.
—¿Estás hablando en serio? —preguntó incrédula —. ¿Vas a terminar conmigo porque no puedes reprimir esa necesidad tuya de el tener que hacer siempre lo correcto?
—No quiero que terminemos —negó él —. Sólo quiero que tengas claro que te apoyaré en lo que decidas… y…
Él iba a sugerir que continuaran siendo novios a la distancia, cosa que iba en contra de todo lo que ella consideraba sano para una relación.
—¿Acabaste ya? —lo interrumpió -. Hay cosas que desconozco, pero hay una que sí sé: el amor a larga distancia no funciona. Sólo le hace daño a los involucrados. Si me voy esto que tenemos se acaba en el momento que te lo comunique.
—¿No harías ni siquiera el intento? —consultó él contrariado.
—No –se cruzó de brazos —. No nos haría eso.
Arnold se levantó y se sacó las manos de los bolsillos.
—Dado que no considerarás lo que yo pienso, creo que tampoco es necesario que tengas la carga de pensar en el futuro de esta relación –sostuvo con firmeza.
Había imaginado antes que si algún día llegaba el momento en el que se separarían, ella haría algo para impedirlo, sin embargo no lo hizo y aceptó la decisión de él.
—De acuerdo, Arnold… —respondió calmadamente —. Sólo quiero que sepas que atesorare los recuerdos que creamos…y por todo este tiempo juntos… gracias.
Le pareció que él intentó decir algo, pero no lo hizo. Se aproximó y tras abrazarla unos segundos la besó en la mejilla.
—Discúlpame que no pueda ir a dejarte —se excusó.
Hasta el final él era considerado y educado. Luego de despedirse de él con un distante "hasta pronto", tomó el rumbo a su casa forzándose a sí misma a no mirar atrás.
Al llegar se acostó y durmió profundamente, evitando así pensar en lo que acababa de suceder….
Continuará…
¡Hola, buenas tardes!
Espero que estén muy bien. Yo lo estoy, gracias… Agradezco sus comentarios que por supuesto hicieron que me animara a escribir. SIEMPRE me pasa esto, pero cuando anuncio que será el final de alguna historia de pronto me doy cuenta de que no es posible finalizar sin hacerlo demasiado largo, por lo que el capítulo final estará dividido en dos partes. Espero que les agrade o no me odien con la noticia…
A continuación responderé los reviews:
The J.A.M. a.k.a. Numbuh i: Bueno, no se quedó en su cuarto, pero a grandes rasgos se puede entender que hicieron todo lo que se hace cuando un hombre y una mujer que se atraen mutuamente están en una habitación solos…
Yinller: Hola J gracias por tus palabras. Me siento muy feliz cuando me dicen que les agrada como narro las cosas porque muchas veces me pregunto si acaso no doy demasiadas vueltas, así que agradezco el comentario… y respecto a Helga, pues sí… la aptitud de los padres de ella deberían medirla y no calificarían como padres aptos…
CCSakuraforever: pues espero que tus preguntas hayan sido contestadas con este capítulo… y si te surgieron otras ojalá sean respondidas en el siguiente J
Sunny RainbowSmile Sam: ¡no mueras!, quiero seguir sabiendo que opines de cómo ha avanzado la historia jajajaj. Ojalá la espera no haya sido demasiado larga… ¡hasta pronto!
Rous D. Monkey: Parece que me sigues porque has notado que no he escrito demasiado… pues sí, cada día menos ganas de escribir tengo, lo admito…. Pero haré lo posible para concluir los que ya publiqué. No quiero decepcionar a aquellos que aún esperan por las actualizaciones. Gracias por tus palabras…
Lilo: Tu efusividad me encanta a mí, gracias por tus expresivas palabras J
Betsi: Helga es un personaje impresionante y muy real… eso es parte de su encanto. ¡No llores! Helga es fuerte y valiente superará todo lo que intente derribarla… No sé si siga tan apegada al carácter de los personajes, pero hice lo que pude para mantenerlos lo más cercano posible, porque los niños crecen y se convierten en adolescentes y sus prioridades cambian… respecto a que tenga más capítulos, pues resultó que así sería, uno más tendrá… y si escriba de ellos nuevamente, no es algo que pueda asegurar o descartar… veamos primero cómo es recibida esta historia y luego lo sopeso =)
Cuídate mucho y me agradó bastante tu review, así que si tienes algo más que decir la próxima vez no te cortes, porque estoy interesada en saber qué piensas…
¡Hasta pronto!
Guest: bueno no es el final, pero algo se pudo ver de su vida de adolescentes en preparatoria… no se me dan bien las historias largas. Aprecio que te guste, gracias.
zara: ojalá que no hayas cambiado de opinión desde entonces… es importante poder adaptarlos de manera adecuada cuando se escriben este tipo de historias basadas en populares personajes…
DarkDragonfly: ¡Hola! He escrito fanfic más largos, pero lamentablemente –o afortunadamente – no son lo mío, pero es muy interesante que recalques que creas que se me daría bien, ¡gracias!
Helga no me cabe la menor duda que sabe de dónde vienen los bebés, no la veo imaginando que los sacan de un repollo o los trae la cigüeña. Es bien sabido eso de que los niños sin vigilancia pueden descubrir cosas que no necesariamente son apropiadas para su edad y ella siendo curiosa y controladora como es… bueno, creo que se responde solo.
Te agradezco a ti el tiempo que te diste de leer y de dejarme un review tan lindo, gracias y hasta pronto =)
Anjiluz: bueno, no se fue a su casa, pero si se entiende que ellos ya han compartido más que sólo el techo. Ojalá la espera no haya sido demasiado larga, cuídate y gracias ;)
Emelimon: ¿No soy tan mala entonces ahora que sabes que son cinco capítulos y no sólo cuatro? No podré darte un millón de capítulos, ni mucho menos dos millones (qué hay de mi tendinitis? ;-;) por lo que de verdad deseo que te agrade esta actualización y la noticia de que fue dividido en dos partes ;)
Cuídate mucho, gracias por tu review tan simpático xD
Guest: ¡A mí me encanta que me digan que les parece agradable como escribo! En serio, es lo mejor que le puedes decir a alguien que escribe… me siento halagada. Ojalá te siga agradando esta historia con esta actualización, muchísimas gracias por tus lindas palabras J
: No lo dejaré, así que confía en eso… tengo todas las ganas de terminar esta historia de la mejor manera posible.
Seguro pensaste que sería subido de tono por la descripción, pero no, no pretendo hacerlo a menos de que expresamente me lo pidan, podría considerarlo, sin embargo no pretendo eso de momento. Qué bueno que te agradara, es agradable leer eso… ¡hasta pronto!
livi chan: yo tengo sólo una palabra para ti: ¡gracias!
Gracias por lo de que está bien narrado, a veces temo que se vuelva confuso, pero cuando dicen esa clase de cosas me siento más tranquila y halagada. Ojalá que esta actualización te agrade y sigas pensando lo mismo que te motivó a escribir tan expresivo comentario.
¡Hasta pronto!
Lilly: espero no haber tardado demasiado aunque claro, la apreciación del tiempo es subjetiva: lo que para mí puede parecer muy poco para otros puede ser mucho más…
Agradezco que recalques eso, porque a veces es algo que cuesta plasmar. Muchísimas gracias.
Guest: ¡actualicé! ¡Gracias!
En fin, espero que estén muy bien… no duden en mandar sus comentarios, los leeré atentamente y los contestaré si es que son preguntas o sugerencias (y están registrados, por supuesto porque de lo contrario sólo pueden esperar hasta los comentarios del siguiente capítulo)
Hasta el próximo capítulo que si o si será el anunciado final…
¡Hasta pronto!
